𝙐𝙉𝙃𝘼𝙋𝙋𝙔 𝙈𝙀𝘼𝙇 ━━𝘚𝘵𝘰𝘣𝘰𝘵𝘯𝘪𝘬

Sinopsis

¡La historia no es de mi pertenencia! —Que se diga lo que se tenga que decir, y que duela lo que tenga que doler. Él me ama y yo... Volveré por más — ADVERTENCIAS: Esta historia contiene... Situaciones homoeróticas Abuso laboral Manipulación emocional Sindrome de estocolmo Descripciones sexuales explicitas Masoquismo Fetichismo Si te siente incomodo con ello, puedes retirarte. Muchas gracias, y ¡Disfruten!

Genero:
Erotica
Autor/a:
Vicky_SunnySan
Estado:
Completado
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Chapter 1

— 𝘓𝘢 𝘴𝘪𝘨𝘶𝘪𝘦𝘯𝘵𝘦 𝘩𝘪𝘴𝘵𝘰𝘳𝘪𝘢/𝘳𝘦𝘭𝘢𝘵𝘰 𝘯𝘰 𝘮𝘦 𝘱𝘦𝘳𝘵𝘦𝘯𝘦𝘤𝘦, 𝘴𝘰𝘭𝘰 𝘩𝘢𝘨𝘰 𝘦𝘭 𝘧𝘢𝘷𝘰𝘳 𝘢 𝘮𝘪 𝘮𝘦𝘫𝘰𝘳 𝘢𝘮𝘪𝘨𝘢 𝘥𝘦 𝘵𝘳𝘢𝘴𝘱𝘢𝘴𝘢𝘳 𝘦𝘴𝘵𝘢 𝘩𝘪𝘴𝘵𝘰𝘳𝘢 𝘥𝘦𝘴𝘥𝘦 𝘞𝘢𝘵𝘵𝘱𝘢𝘥, 𝘤𝘳𝘦𝘥𝘪𝘵𝘰𝘴 𝘢 𝘴𝘶 𝘢𝘶𝘵𝘰𝘳𝘢 𝘰𝘳𝘪𝘨𝘪𝘯𝘢𝘭.




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—¡En serio que eres un tarado!— gritaba en el tenso sometimiento que ejercía en Stone —Pero no cualquier tipo de tarado, eres de esos tarados que vive para trabajar en una gasolinera en medio de la nada. Tal y como tú, un don nadie en la nada…—


El doctor no tenía regla para medir sus hirientes palabras, así como los lagrimeos de Stone no tenían freno cuando sentía su ego ser golpeado ferozmente por su superior.


Pero al cabo de todo esto ¿Cuál fue el pecado del agente? Fácil: el haber espumado y no cremado la leche del latte de Robotnik.


—Pero señor, es técnicamente lo mismo…— abogó por sí mismo el agente Stone ante el ridículo regaño del doctor, sin embargo esa era la peor idea al tratarse de una persona tan temperamental e impulsiva como Robotnik.


—¡No, no, no! ¡No es lo mismo! ¡Cuando la leche se espuma es un capuchino, y yo te pedí un latte!— Gritó arrebatando la bebida de las manos de Stone y usando un dedo para abrir el cuello de la camisa formal del mismo, derramando de modo grosero e intencional el contenido del vaso en las prendas del moreno, Robotnik no tomó culpas ante su rudeza. Se sentía tan enaltecido por sus títulos y premios. —Recuerda, Stone: Lo peor de ser el más inteligente del mundo es-—


—Que todos los demás son estúpidos— Resongó entre dientes con la paciencia carcomida a la arrogancia del doctor. —Si, lo sé doctor. Usted siempre tan "humilde"— respondió con sarcasmo frío y lleno de ira. No esperó a la respuesta ajena cuando se dió la vuelta tirando con coraje el vaso de café al pequeño contenedor esquineado del laboratorio, también iría a mudar de camisa una vez más en la semana.


Llegando a la cálida cocina incorporada al laboratorio. Se dispuso a dar a luz una nueva bebida ahora hecha con un pulso de cirujano para cumplir los altos estándares de princesa del doctor Robotnik. Al caballero le faltaba su característica sonrisa al momento de realizar los brebajes calientes que tanto le gustaban al doctor.


—Quizás alguien deba darle una pequeña lección a ese "Niño del alfabeto" o como sea…— La tapa ya iba a aterrizar en las orillas del vaso cuando Stone se quedó viendo los milímetros que faltaban para rellenar el recipiente. Tragó saliva con nervios, dejó la tapa a un lado para voltear por los costados de sus hombros con el pulso a mil. Sus manos retiraban el cinturón, y la cremallera descendió parapoder sacar su virilidad.


Stone con las gotas de sudor y con la presión de las manecillas del reloj sonando en el silencio ambientado de sus jadeos al momento de masturbarse a los ojos del inocente vaso de café. Sólo él y la cafetera eran testigos de como Stone disparaba simientes chorros de esperma en el vaso, derramando unas cuantas gotas del mismo producto.


La cólera no lo dejó pensar bien, la culpa lo embarraba de escalofríos. Stone era demasiado bobo para pensar en una lección como esta, quizás un escupitajo hubiera sido aún más inocente. Esta sería una dura cucharada de su propia medicina al doctor Robotnik.


Le colocó la tapa al vaso una vez más y se dio una rápida percinada encomendándose a lo que el todopoderoso quisiera. Dió su último suspiro para retomar su camino derecho a la sala de experimentos.


—Aquí está su latte— Dejó el vaso a un lado de un recipiente lleno de lápices, ni siquiera tenía agallas para mirar a los ojos a Robotnik después de su fechoría. Se fué a sentar lo más lejos que pudo, su pie se movía ansiosamente mientras pensaba en qué pasaría si el doctor notaba el curioso sabor. No tenía tan mal corazón como para poder ver a Ivo deglutar de la bebida. La curiosidad y el nervio le gano, con lentitud giro su cabeza y miró por las espaldas a Robotnik no prestándole atención a la bebida, parecía que sus inventos tenían más protagonismo.


Stone no podía despegar los ojos del enfermizo vaso por más que su corazón empezará a doler del nervio y su moral no diera para más, él quería ser juez de la expresión de extrañeza del refinado caballero.


—…— El dolor de pecho era insoportables, el silencio vagoso entre pausas lo mataba de impaciencia por más que veía ese vaso, ese maldito vaso, tan quieto sacando su vapor. Robotnik apartó el destornillador, eso causó la exaltación de Stone quien sentía una avalancha caer por su espina dorsal, el doctor palpaba la mesa para alcanzar la bebida, una vez alcanzada algo en Stone hizo efecto. El agente se sentía culpable, sentía que su enojo lo había llevado a los límites más mórbidos y bizarros ¿cómo se había dejado llevar por tan bajos instintos? su estómago se revolvía del asco, se había arrepentidó totalmente.


—¡Doctor no vaya-!— Estrepitosamente se levantó de aquella silla donde aguardaba su secreto. Corría entre los atisbos de las mesas dandose varios golpes es los muslos con las esquinas. Llegando a la mesa de Robotnik pudo asaltar aquel envenenado café arrojándolo lejos, muy lejos.


Robotnik clavó la confusa mirada al charco hirviendo de caliente café derramado por toda la suela de sus zapatos.


El doctor giro la cabeza en completa calma sigilosa y silenciosa. Su entrecejo se decoró con un ceño fruncido y las arrugas del disgusto tan complejo de entender en estos momentos.


—¿Por qué?— Fue lo que quebró el silencio.


—…— Temblaba el tierno Stone al sentirse un maldito vulgar ante sus apresuradas y bobas decisiones. Tragaba saliva con dolor en el pecho.


Robotnik exhaló un bufido furioso para empuñar la quijada de su ayudante y aproximarlo a contados minutos de él. Sus palabras fueron limpias y claras.


—¿Qué te pasa?…¿No tienes palabras? Vaya que eres un imbécil— Stone se arrebató del agarre con furia. Se sentía golpeado nuevamente en el ego con tan contundentes palabras recibidas por parte de su amado doctor, sin embargo, Stone no era de esos hombres débiles y temperamentales; él siempre era sensible, tan dulce y tan distinto a todos los demás. Él sólo pudo desahogarse ante tanta rabia y pena con los ojos llenos de lágrimas tan finas y puras como el agua bendita más casta de todas.


Se aposentó sobre una silla de las contadas que había en el laboratorio, cabizbajo con las manos posadas en sus luceros mientras desahogaba sus íntimas depresiones que lo sonsacaron a cometer el pecado más negro que en su vida pudo haber ideado.


—¡Perdón! ¡Tiene razón! ¡Soy un imbécil, y mucho más que eso!— Los sermones lo martirizaban a él y a su pobre autoestima.


—No sé de qué hablas…pero espero que para cuando ese piso esté limpio eso se aclare— Robotnik supiró con calma y le pasó una mopa para limpiar su pequeña pócima de amor. Stone tomó con pena el instrumento, aún con la mirada derretida hacía abajo —No sé qué tenía esa bebida ni qué pasó contigo, pero sea lo que sea Stone…que bobadas las tuyas— el silencio de Stone penetraba las paredes ante su enredada situación —¡Habla tarado! ¿O sólo vas a demostrarme que eres el mismo idiota que lanza vasos llenos de café?—


Stone se hecho para atrás con altanería, haciendo una rabieta en el suelo, frunciendo el ceño para detener las lágrimas que inevitablemente encontraban manera de resbalan entre las arrugas del rostro moreno de Stone.


—Agradecería un gracias repentino— Robotnik arqueo sus morros en una cínica sonrisa dejando escapar burlas que iban escalando más y más a escandalosas carcajadas por las exigencias sentimentales de Stone. No es como si fueran berrinches del sensible muchacho, simplemente Robotnik estaba tan obseso en sus creencias para tomar partido por algo como la salud mental. Ni él podía controlar la suya, mucho menos empatizar con los sentimientos ajenos.


— Seguirás volviendo por más— Dijo absuelto en el egocentrismo. Tomando con violencia la quijada de Stone desde dentro de sus fauces. Ambos respirando centímetros del mismo aire.


Los ojos cristalinos de Stone eran inocentemente vidriosos mientras por dentro de si debatía que tan merecedor era de este trato. Pero, Robotnik tenia razón. Él era adicto a ese trato, él nunca huiría de su maléfico ángel.


Stone pasó días ocultando aquellos sentimientos de debilidad. Él había romanizado la violencia hacia su persona como el gesto más amable que jamás podría recibir o merecer. Sonreía, obedecía y era manejable con mucho amor. Por dentro, más haya del acongoje, la verdad íntima era que esta mierda sentimental masoquista lo excitaba de sobre manera. Esa noche, Stone se encontraba dando vueltas en su cama.


Una vieja cama que se encontraba en la sofocante área de intendencia en el laboratorio. La paredes eran de una delicada tablaroca y la bombilla colgaba chistosamente a la par de un hilo corto de bolitas metálicas. El aroma, no se puede discutir, era fresco pero a la vez húmedo; ¿Cómo un inmobiliaria así de deprimente pudo ser partícipe de lo que en la mente de Stone pasaba?


—Sí que eres un tarado—.


—Sí, sí lo soy~— Exclamó entre furfuños.


—Vaya que eres imbécil—.


—Soy tan imbécil como usted desee que sea— A este punto su erección se encontraba siendo extrangulada por su delicada mano, su pulgar paseaba graciosamente por la mojada punta del pene de Stone.


—Seguirás volviendo por más—


—¡Pero por supuesto que sí, doctor; amor mío!— Dejó en libertad las afirmaciones acompañanas de eróticos alaridos, alaridos rítmicos que se acompañaban junto con los movimientos frenéticos y verticales a lo largo de un venudo falo a punto de estallar en el éxtasis de una mente ciegamente enamorada. Los dedos de pies de Stone se contraían y estiraban al compás del deseo carnal de una autoestimulación perfeccionada con la fantasía del megalomano doctor recorriendo su gracioso bigote por los rincones prohibidos de Stone —Haga de mi su experimento, doctor Robotnik—


Se murmuró a su soledad para en agilidad darse la vuelta, quedando boca abajo con la pelvis pegada a una delicada almohada pálida de plumas finas donde su delicada virilidad se luida al compás de unas apasionantes caderas.


El acanelado tono de Stone había evolucionado al carmesí más adorable debido al extremo calor que le ocasionaba dejarse llevar por la simpática corazonada de un joven enamorado.


Sus manos pasearon por debajo de sus prendas; poco a poco era él quien se despojaba de ellas como si de un baile erótico arriba de una cómoda cama se tratase.


Ya en las garras de su sínico desabrigo, se torno juguetón con sus asentaderas. Las estrujaba, las meneaba y las rasguñaba en nombre del dueño de sus lujurias. Ivo Robotnik.


—Esto está muy mal…—


—Pero claro que lo está— Entre la neblina de la noche se dejó oír esa burlesca voz tan impar.


Stone saltó de la vergüenza, volteando de prisa para encontrarse lo que la situación parecía lo más bochornoso de su vida.


—Bueno. Puede que este mal, mi adorado Stone, o... Sólo puede estar mal si quien lo juzga dicta que lo esta pero ¿Hay más aquí que pueda juzgarte? ¡No lo creo! Jaja—


La soberbia apoderaba lo que alguna vez fueron los escenarios de una erótica escena.


Stone, por su lado tomó los cobertores para tapar lo que le sobraba de su intimidad. Aún sin voz para expresar una disculpa, se preparaba mentalmente para el festín de humillaciones e insultos.


—Pero responde. ¿Hay alguien más aquí quien pueda juzgarte?— Preguntó con un acento pícaro valentón al empezar a acercarse a la cama donde coquetamente se sentó a los pares de un temeroso Stone.


—N-no señor— Con el sentimiento a flor de piel, replicó el muchacho.


—Exactamente. Yo declaró a Stone.. ¡Inocente! Jajaja— Las cosas se apaciguaron gracias a una pequeña pantomima, muy típica del doctor realmente.


Los tiernos labios de Stone también arquearon un milisegundo al sentir que no estaba tan en problemas como creía.


—Para mí esto no está mal. Sólo otra de las curiosas boberías de mi mayor fan. ¿No es así, cariño?—


Robotnik volvió al tema. Sus manos fueron paseando por el muslo que Stone no logró ocultar entre la seda de su sábana.


El calor, la vergüenza y el shock de lo que probablemente era una falla de la realidad de Stone lo hizo erizarse y dar un alarido nervioso.


—¿Vas a seguir fingiendo que no quieres esto, Stone?— Stone empezó a vibrar de ansiedad, sin decir ni una palabra. Su ojos se encontraban abiertos de par en par mirando en varias direcciones. Primero sus muslos, luego a su amo.


Robotnik, por más soberbio que podría ser, no seria capaz de ir más allá sin el permiso debido. Trago un buen cacho de saliva y se dispuso a despegar su tacto del cuerpo ajeno. Stone volvió la mirada a aquella realidad. ¿Qué bobada estaba cometiendo? El universo le estaba otorgando en bandeja de plata a quien tanto amó y deseó en secreto. Al hombre que más eyaculaciones lo hizo tener y disfrutar cada día de su trabajo.


La ansiedad se lo carcomía pero era ahora o nunca. No era tiempo de pensar con la cabeza...Bueno, quizás sí. Pero no la de arriba.


—Espere— Cogió con delicadeza esa mano tan varonil y la regreso a su cuerpo. Ya no en sus muslos, ahora por su cuello, casi cerca de su marcado cuello.


Robotnik hizo una cara de realización personal para acompletar la mueca con una apasionante mordida en sus labios.


Tomó del cuello con pasión a su subordinado quien le sonreía vagamente ante las intenciones clara y pecaminosas de su amante.


Los besos fueron la firma en aquel pacto imaginario que dictaría que desde aquél instante ambos iban a entregarse. Más Stone que nadie. Los sonoros ruidos de ambas fauces familiarizandose se asemejaban a chasquidos, o quizás, al sonido de las brasas tronar.


Sus manos se propasaban ante ambos cuerpos creando escalofríos constantes en ambas pieles.


Ya cansados, ambos de tantos roces sin nada de acción y con sus mastiles bien preparados, se dieron un vistazo a las caras. Ambos rieron de lujuria al verse tan despeinados y colorados.


Robotnik estaba al borde; atrapando el cuello de Stone lo levantó de esa vieja y humillante cama y ambos salieron de aquel claustrofóbico recinto. Stone se apoyo fielmente a esa gruesa mano que asemejaba una correa. Dejó verse en completa desnudez al dejar atrás su sabanas.


La tenue luz de la madrugaba apoyó al reflejo de una sombra que proyectaba a un ególatra masoquista y un desnudo sumiso en camino a una habitación, esa habitación siendo la de Robotnik.


Ese recinto hablaba por sí sólo, reflejaba que para Ivo el escatimar no encajaba cuando se trataba de su comodidad. En aquella cama king size Ivo arrojó con deseo a su agente, agente que se dejaba rozar con las rojizas cobijas de terciopelo de donde se hallaba.


Robotnik se abalanzó sobre su amado ciervo, mientras que la impaciencia lo hacia tardar en una tarea tan simple como desabrocharse el pantalón. Stone tomaba provecho de eso, no se guardó modestia por un segundo y empezó a pasearse en cuclillas por todo lo que le permitía la cama.


—Deja de moverte, ratita de laboratorio— Exclamó el doctor encajando sus uñas en las caderas morenas.


—¿Ahora será papi quien me haga mis lattes?— Dijo con pena.


—Claro que sí, mi bobo. Uno con extra espuma—


—¡Doctor! No sea tonto. Si lleva espuma es un capuccino, no un latte— Stone parodió con cierto recelo. Se sentía con la confiaza de hacerlo.


—Tú mejor que nadie sabe eso ¿Verdad? Por eso le quisiste poner más leche al mio hoy en la tarde ¿no?. Debo confesar que me dejaste impaciente por probar el latte... Latteur a la Stoné, jaja— La comedia no podía faltar en aquél doctor.


—No me diga eso doctor. ¿Siempre supo de que se trataba?—


—Vamos Stone. No se necesitan más de dos dedos de frente para diferenciar lo espeso de una eyaculación con lo líquida de una bebida— Sonó coherente. Stone miraba a todos lados pensando en lo tonto que era al pensar que podría despistar a alguien tan despierto como Ivo. —¿Qué más me vas a discutir hoy, Stone? No me diga que fue una absurda vengancita. Sea macho y expliqueme que fue—


—La verdad. Las ganas de verlo tragandose mi leche, me prende la idea...No de que se tragen mi leche, sino que usted...pues sí— Stone entraba más dentro de sí entre más hablaba hasta que la pena de oírse hablar tan vulgarmente lo detuvo de par en par.


¿Tu leche? Ya veo. ¿Piensas darmela?


—¿La quiere?— Robotnik arqueó la ceja —Lo siento señor, soy muy tonto—


—Si bastante. Pero como siempre lo dije. Tu siempre volverás por más— Esas palabras. Esas palabras fueron punto y coma para dejar la palabrería.


Stone había tomado la iniciativa al posarse tiernamente en el pecho del doctor. Robotnik por su parte lo tomó fuerte del pelo para posar mordidas sobre Stone, además el tenerlo así lo tenia más en control de la relación.


Cuando menos se dieron cuenta, Stone ya se encontraba posando encimado de Ivo. Ivo se negaba a soltar ese bello cuello, pues se encontraba enamorado de la sensación de la manzana de Adán ajena resbalando por sus palmas.


La posición se prestaba para tener la verga bien dotada de Robotnik bien intermediaria entre dos mejillas suaves y gordas que decoraba con repentinas nalgadas y gotas de pre-semen.


—Puede proceder, doctor— Dijo entre temblores el pasivo. Robotnik ante la autorización volvió sobre sí dejando tanta cursilería atrás. Dio un movimiento brusco zafandose de los inferiores de Stone para someter a este sobre la cama.


—¡Pense que nunca lo pedirías! ¡Computadora! ¡Música para la ocasión!—


La ambientación se fué acompañando de canciones ochenteras de aura erótica. Un poco de "Careless whisper", otro poco de "My heart belong to daddy"; pero la canción que lo hizo entrar en frenesí fue "Devil woman". Esa maldita canción sacó la energía de Robotnik a relucir.


Robotnik tenía a Stone de manos a la espalda, con un trasero elevado y una cara ahogada en la almohada. Dejando salir un hilo de saliva que desendio hasta el ano del agente, se dispuso a frotar la punta hasta entrar casi sigilosamente.


—Stone, ¿Lo sientes?—


—Sí...Lo siento, Doctor. Y lo siento tan bien...—Dijo sonriendo a la nada con su lujuriosa facción atrapada entre la suavidad de las almohadas. Las frenéticas embestidas iban medida del estribillo de la canción, junto con el placer de ambos finos señores.


Stone por más fuerte que era, la posición no se acomodaba a él; fue ahí donde Robotnik opto por llevar su ensañamiento, pisando la cara de Stone con el talón y jalando más las debiles muñecas.


Stone no aplicaba resistencia, lo ponía más cachondo sentirse usado. Ser la putita del doctor lo mantenía erecto y al borde de la eyaculación.


—¡STONE! PONTE LISTO QUE VOY A- — No le dejo terminar la frase, ni la canción cuando Ivo ya se había vaciado por completo, dentro y fuera de Stone.


Stone al sentir la calidez de lo que Robotnik podía ofrecerle tampoco escatimó en terminar, manchando penosamente las sabanas recién lavadas, pero ¿Eso importaba ahora?.


Ivo cayó desplomado a un lado de la cama, respirando con pesadez tratando de recuperarse de tanta agonía física.


La espalda de Stone respiro aliviada de igual forma, pero Stone, Stone aún no estaba listo para parar.


De la grabadora preinstalada en la habitación suscitó una canción que abría las puertas al momento del puro romance, la melodiosa voz de Elvis Presley en su canción "I can't help falling in love" le dió ese empujón a Stone.


Se arrastró a pocos centímetros para poder caer lentamente sobre el pecho de Robotnik. Así se quedó unos milisegundos en aquel pecho calido y retumbante de latidos hasta que de las acciones del propio Robotnik nació un tierno abrazo que envolvió a Stone de arriba a abajo. Lo había atrapado con brazos y piernas.


—Gracias, mi querido Stone— Un chispazo de calor recorrió todo el magnifico cuerpo de Stone hasta llegar a dejarse llevar por las emociones. Stone estaba lagrimeando de sentimiento.


—Lo quiero mucho— Dijo para estrujar más a Robotnik. Ivo sólo beso su cabeza y procedió a recostarse mientras despeinaba tiernamente los cabellos de Stone intentando caer dormido sin quitarlo de encima, por primera vez para Ivo, se sentía humano, y sentirse humano le gustaba.


Stone. Él lo hacia sentir bien. Lo hacia sentir humano.


—Tú siempre volveras por más...Y puede que yo igual— Murmuró antes de caer en brazos morfeos.





𝙀𝘴𝘰 𝘧𝘶𝘦 𝘵𝘰𝘥𝘰, 𝘷𝘶𝘦𝘭𝘷𝘰 𝘢 𝘢𝘤𝘭𝘢𝘳𝘢𝘳: 𝘭𝘢 𝘩𝘪𝘴𝘵𝘰𝘳𝘪𝘢 𝙉𝙊 𝙀𝙎 𝘿𝙀 𝙈𝙄 𝙋𝙀𝙍𝙏𝙀𝙉𝙀𝙉𝘾𝙄𝘼, 𝘺𝘰 𝘴𝘰𝘭𝘰 𝘭𝘢 𝘱𝘶𝘴𝘦 𝘦𝘯 𝘦𝘴𝘵𝘢 𝘱𝘭𝘢𝘵𝘢𝘧𝘰𝘳𝘮𝘢, 𝘤𝘳𝘦𝘥𝘪𝘵𝘰𝘴 𝘱𝘢𝘳𝘢 𝘭𝘢 𝘢𝘶𝘵𝘰𝘳𝘢 𝘰𝘳𝘨𝘪𝘯𝘢𝘭: @𝘚𝘶𝘳𝘪𝘮𝘪𝘊𝘰𝘯𝘈𝘳𝘳𝘰𝘻 -𝘞𝘢𝘵𝘵𝘱𝘢𝘥.