▍Prólogo.
Departamento Médico Forense.
Agencia de Policía de la Provincia de Gyeonggi.
Suwon, Provincia de Gyeonggi.
Corea del Sur.
𝚅𝚒𝚎𝚛𝚗𝚎𝚜, 𝟷𝟹 𝚍𝚎 𝙵𝚎𝚋𝚛𝚎𝚛𝚘 𝚍𝚎𝚕 𝟸𝟶𝟷𝟽.
𝟷𝟿:𝟻𝟸 𝚑𝚛𝚜.
EL CADÁVER DE ESA OCASIÓN era el de una mujer jóven y muy guapa, y yacía sobre una de las mesas de trabajo en el Departamento Forense.
Entonces, mientras me lavaba las manos con la barra de jabón y me aseguraba de que la espuma entrara hasta en mis uñas, di una rápida mirada al cuerpo a mis espaldas, lo que me motivó a acelerar el proceso de lavado y secado para finalmente poder acercarme. Desde ese momento mi cabeza ya estaba maquinando la recreación del crimen con mis propias hipótesis, sin embargo, no anticipé a asegurar nada hasta no examinar detalladamente el cadáver con mis propios ojos.
Después de secar mis manos y bajar del banco que me permitía elevar mi altura en el lavamanos, me coloqué la bata y seguido de ello, los guantes de látex. Finalmente después de tanto comer ansias, pude acercarme al cuerpo de la mujer para escrutar sus heridas. Qué emocionante.
─Bien, YooRim. Dime, ¿qué observas? ─preguntó mi tía al verme llegar a la mesa.
Ahí estaba éso:
Nombre: Kim ChanMi.
Edad: 29 años.
Fue hallada hacía dos días atrás, aproximadamente a las 08:00 horas. en el parque “Gwanggyo Lake”, sumergida en el agua de la orilla del lago en un burdo intento por deshacerse del cuerpo. Estaba semidesnuda, con las pocas prendas que portaba rasgadas y sin ropa interior. Como era de esperar, su cuerpo tenía laceraciones y magulladuras que exponía haber sido sometida a agresión física poco empática.
Muchas cosas se dijeron, dedujeron y se concluyeron en el examen post mortem realizado por mi tía y mi madre, pero ahora, me tocaba a mí intentar averiguar lo que ellas ya sabían.
Antes de abrir mis labios para expulsar alguna de las teorías que ya había formulado para mí misma, me tomé un momento en silencio para entender su anatomía, para detallar con la vista cada golpe y hematoma y finalmente, llegar a conclusiones más acertadas que mis conjeturas sin fundamentos suficientes. No me sentía preparada para expulsar mis hipótesis. Repasé una, dos, tres, cuatro veces el cuerpo y sus principales heridas, así también, me dediqué a ver sus ojos cerrados como si estuviera contando sus pestañas, y de ahí miré sus labios. Tal vez en un pasado aquellos eran de un seductor color carmín, pero en ese momento eran blancos, casi morados; la poca sangre que prevalecía en sus heridas abiertas se veía negra.
Intenté ocultar mi eufórico sentimiento mientras observaba el cuerpo. Nunca antes me habían permitido ver tan de cerca un cuerpo, así que era la primera vez que tenía el lujo de contemplar un cadáver con tanto detalle y más aún, poder examinar las heridas.
─Hematomas y marcas ─concluí─, especialmente en muñecas y tobillos.
Mi tía asintió mientras avanzaba a pasos lentos rodeando la mesa.
─¿Y qué nos dice eso?
─Son marcas de ataduras ─dije mientras negaba obvia y me encogía de hombros, luego suspiré─. La tenían retenida.
─¡Muy bien! ¿Qué más observas, cariño?
Una vez más miré el cuerpo de la mujer. Quise morder la punta de mi pulgar para pensar mejor, pero con la mascarilla no podía hacerlo y menos con los guantes de látex. Muy antihigiénico.
─Ahh... GaHyeon ─mi madre habló al fondo de la habitación interrumpiendo mi silencio de concentración─. ¿Es buena idea que YooRim esté aquí? Tan sólo es una niña...
─¡Por supuesto que sí! WheeIn, deberías dejar de preocuparte. Ella ya no es una niña. Es impresionante...
Nos sumergimos en un nuevo silencio. La tía GaHyeon observándome de cerca, mi madre aguantando las ganas de seguir argumentando el porqué difería con mi presencia en el sitio y yo, repasando una y otra y otra vez el cuerpo, sintiendo que no era suficiente con sólo ver las heridas. Debía comprenderlas, debía entender la situación, debía armar una escena en base a los golpes.
Imaginar una situación, su situación.
Me aventuré a tocar sus extremidades, sólo para confirmar mi teoría de que las extremidades estaban más…
Flexibles.
Y, sin duda alguna, no era buena señal que los brazos se movieran con tanta ligereza, como el cuerpo de una serpiente.
Finalmente vacié mis pulmones.
─Agresión física, por supuesto ─comenté, ahorrándome para mí el hecho de que sus extremidades tenían múltiples fracturas limpias. Desde luego, no era algo que no se supiera por mi tía y mi madre─. Un acto de sadismo, supongo.
─¡Maravilloso, YooRim! ─dijo mi tía mientras aplaudía con rapidez─. Una última cosa. Ven aquí.
Cedí a su incitamiento y bajé del banquillo. Ella lo arrastró con el pie hasta alinearlo a la altura de la cintura del occiso, o más bien, un poco más abajo de ésta. Y una vez dejando a mi vista esa parte del cuerpo, ella misma abrió las piernas de la mujer, permitiéndome observar sus genitales.
─¿Ves bien?
Asentí en respuesta.
─¡Muy bien, es suficiente! YooRim, sal ahora mismo ─ordenó mi madre, ocasionándome una punzada en mi cabeza debido a su irritabilidad.
─¡Por favor, WheeIn! Es sólo una vagina. Ella ve éso todos los días en clases de sexualidad ─exclamó con calma, igual de irritada que yo por el innecesario drama de mamá, probablemente─. Continua, cariño.
Eso hice. Seguí observando con detalle la zona íntima de aquella cosa con cuidado y, al verme en la necesidad de indagar más dentro, me aventuré a explorar un poco más profundo, dándome cuenta que mientras más heridas y sangre coagulada había en el interior. Esos genitales eran cercanos a las ilustraciones en los libros, más palpable era la enorme diferencia entre una normal y ésa.
Sus paredes vaginales se encontraban lesionadas, habían cortes limpios en su exterior y demasiados internos. Quien sea quien le haya hecho eso a esa mujer no tuvo ninguna clase de piedad por ella.
Y para ser honesta, no me imaginaba cuánto debió dolerle, si es que esas heridas fueron hechas mientras estaba con vida, y vaya, no me cabía duda de que así fue.
«¡Auch!»
─Está completamente destruída ─murmuré para mí, pero completamente consciente de que la tía GaHyeon podía escucharme.
Lo comprobé al mirar de reojo cómo sonreía satisfecha.
Traté de pensar en la situación de la mujer, en sus gritos, sus lágrimas, sus súplicas... Todo se resumía en lo que mis ojos veían. ¿Qué pudieron introducir para que su intimidad terminara de esa forma? ¿Un cuchillo? Probablemente, pero seguía sin imaginarme una escena dónde eso pudiera pasar, y mucho menos imaginaba el dolor que esa mujer sintió en sus últimos momentos de vida.
─Abusaron sexualmente de ella ─culminé al alejar mi mano del cuerpo.
La tía GaHyeon aplaudió una vez más en celebración por mi reciente deducción. Supongo que para mi primera autopsia ─o intento de una─ no lo hice tan mal, o tal vez lo hacía con el único fin de irritar más a mamá de lo que ya estaba, pero incluso con sus festejos innecesarios, yo no pude dar por terminada la investigación en el cuerpo.
Antes de matarla la abusaron física, sexual y psicológicamente de ella de una forma brutal. Las marcas en sus muñecas y tobillos evidenciaban retención; las heridas, fracturas, quemaduras y hematomas un acto de sadismo evidente, lo que significaba que el responsable de ello encontraba satisfacción y placer en infligir sufrimiento en la víctima; su vagina destruída decía más de lo que yo podría decir con palabras, una penetración con objetos externos y, no me cabía duda que después ─o antes─ de ello con un su mismo miembro.
Y con esos datos podía atreverme a indagar más respecto al ignoto: sujeto con fetiches y parafilias extremistas. No necrofílico por supuesto, ya que ellos no suelen infligir daños en los cuerpos post mortem; pocos como Jeffrey Dahmer, pero él los descuartizaba para luego comérselos y este asesino no tenía indicios de hacer algo por el estilo. Las marcas de ataduras sugerían forcejeo y el expediente fortalecía la idea de que sus heridas y violación fueron pre mortem. El increíble nivel de apatía que tenía el homicida para someter a su víctima a una tortura tan brutal como ésa sugería un desorden mental severo como un trastorno antisocial: sociopatía o psicopatía, y podía apostar firmemente que se trataba del segundo caso por la gran dedicación que tuvo para preparar el cuerpo antes y después de la defunción. La escena del crimen se encontraba limpia, sin rastros de sangre o evidencia que sugirieran que fue el lugar del homicidio, lo que significaba que el cuerpo fue transportado una vez asesinada. El cuerpo no poseía ningún rastro de ADN distinto al suyo, ni sangre, ni salvia, ni otros fluidos como semen. Lo que sí se encontró al examinar su destruída vagina fue lubricante. No más.
¿Condón? Sí, por supuesto.
Tratábamos con un maestro del crimen, alguien que había preparado con gran anticipación sus pasos para asegurarse de no dejar ningún rastro y éso, éso sólo podría lograrlo alguien inteligente, perspicaz, con una necesidad de atención pública y carente de empatía. Las cualidades de un auténtico psicópata. No un simple homicida, ni un acosador, ni un sociópata.
Un auténtico psicópata.
Sentía una terrible admiración por el sujeto tras el violento acto, porque asesinos memorables en la historia eran contados, pero era más el ambicioso deseo de querer ser yo quien desenmascarara al responsable, sin embargo, considerarlo un homicida en serie era pronto tomando en cuenta que sólo había una víctima bajo el mismo modus operandi.
Considerar perfecto el crimen era un error de novato. Siempre había algo que los hacía imperfectos, por pequeño y minúsculo que fuera. Y ni un psicópata se libraba de ello. Aceptar que era perfecto sería aceptar que no podía, y era demasiado orgullosa como para aceptar que mi mente no estaba a su mismo nivel.
─Tía GaHyeon ─hablé, apartando la vista de la cosa a mi tía, quien se encontraba a lado de mi madre, realizando el papeleo. Ella me respondió con una afirmación gutural y un suave levantamiento de barbilla, acto que me motivó a continuar─. Bueno... significa que habrá más, ¿no?
─¿Cuál es tu punto, cariño? ─inquirió sin emplear contacto visual, antes de añadir en dirección a mi madre─: Asegúrate de escribir todo. «Corte transversal desgarrando músculos superficiales, arteria carótida primitiva y venas yugular anterior, externa e interna».
─Lo tengo, GaHyeon. Yo nunca omito nada...
─Quiero decir... ─continué. Retiré los guantes de látex de mis manos y bajé la mascarilla antes de enfocar mi vista en el cuello rasgado, con los cortes de un diestro─. Significa que habrá más víctimas, ¿no?
Tanto mi madre como la tía GaHyeon dejaron la labor del papeleo para mirarme.
─Digo... el asesino no dejó rastros, lo que significa que es meticuloso. Los psicópatas lo son, y si tratamos con uno significa que habrá más asesinatos, ¿no es así?
─No si podemos evitarlo ─aclaró─. Nuestro trabajo es recolectar la suficiente información para los detectives, y así evitar más defunciones.
─Bueno, y suponiendo que tratamos con un psicópata, ¿qué tan probable es que vuelva a atacar?
─¿Psicópata? ─Bufó una risa─. Los psicópatas y cualquier homicida potencial encuentra un placer similar al sexo al asesinar. Si como tu teoría estipula, tratamos con uno, las probabilidades de que vuelva a asesinar son altas. Seguras, en realidad.
El problema surgía en que este homicida encontraba placer en el coito y, probablemente asesinando en el acto. Ningún acto sexual podría reemplazar el sentimiento que encontraba al juntar ambos actos en uno, así que no, el homicida no encontraría sustento en el sexo para compensar la necesidad de matar.
Estaba completamente segura: volvería. Así podría confirmar mis teorías y así, estaríamos más cerca de encontrar al responsable.
O en su defecto, estaría.
Me limité a volver a escrutar al cadáver con la esperanza de encontrar algo que pudiera pasar por alto y, mientras tanto, mi madre me observaba con un atisbo de preocupación en su faz que preferí ignorar.
Su preocupación por mí salud mental rebasaba lo absurdo, pero era de esperarse considerando que a mi corta edad tenía un insano gusto por la criminalística y estudio médico forense. Incluso yo reconocía que dentro de lo “normal”, éso no lo era, pero yo encontraba un placer por ello y no pensaba dejarlo, no cuando estaba inmiscuida en el pleno crecimiento de un homicida en serie, uno que, si seguía asesinando, sería de los más asombrosos en la historia criminal.
Una parte de mí quería dejarlo actuar, la otra quería detenerlo a como diera lugar.
No transcurrió ni una semana cuando otro cuerpo volvió a aparecer. Mismo modus operandi, misma carencia de evidencias. Una segunda víctima no era suficiente para considerarlo asesino en serie pero yo estaba segura que lo era. Mis suposiciones estaban enlazadas perfectamente para considerarlo como tal.
Sólo nos quedaba hacernos una sola cuestión:
¿Qué hizo el asesino?
No.
¿Qué hizo el asesino que no debió hacer?
El día del segundo homicidio yo tomé la decisión de ser yo quien resolvería el caso. Absurdo para ojos ajenos, pero importante ante los míos.
Y para los ojos del responsable, un jugador digno.
Entonces, sin siquiera darme cuenta, el juego había comenzado.