Behind your Smile [ MDZS ]

Sinopsis

En donde Jin GuangYao secuestra a la persona que le gusta y lo utiliza como método para desestresarse.

Genero:
Scifi/Thriller
Autor/a:
LotusRubrum
Estado:
Completado
Capítulos:
4
Rating
n/a
Clasificación por edades:
16+

Detrás de tu sonrisa.

El constante goteo comenzó a irritarle.


Su cuerpo se encontraba dolorido, demasiado dolorido.


¿Cuánto tiempo había pasado ya?


No lo sabía, tampoco quería pensar demasiado en eso, era irritante, después de todo, daba igual saberlo de todos modos.


La venda en sus ojos le generaba estrés, sus demás sentidos se agudizaban demasiado, cualquier sonido, cualquier olor, todo, absolutamente todo lo estresaba.


¿Cuando volvería?


Era un incógnita que lo mantenía inquieto. No sabía que esperar a estas alturas, había hecho de él lo que quería ¿Cuando lo dejaría ir? ¿Que ganaba torturandolo de esa manera?


Su cuerpo se tensó cuando escuchó el constante resonar de los pasos. Bien podría ser ese tipo o bien podría ser el encargado de alimentarlo o para su mala suerte también podría ser el lunático que disfrutaba provocándole dolor.


Todas las opciones eran pésimas compañías.


Respiró hondo, relajando su cuerpo para fingir estar dormido. Sabía que no funcionaria pero valía la pena intentarlo.


Escuchó la reja ser abierta, luego más pasos y por fin sus brazos cayeron al ser liberados del grillete que los mantenía en alto. Tal parece su castigo había finalizado.


— Ah... ¿Tienes hambre? — preguntó suavemente una voz demasiado sedoso.


Su cuerpo se estremeció al saber de quién se trataba, sabía perfectamente que si ese tipo venía directamente a alimentarlo debía resignarse a terminar sucio cuando se fuera o posiblemente ser limpiado de formas demasiado vergonzosas.


— ¿Mmm...? ¿No dirás nada? — preguntó.


Mordió su lengua sintiendo impotencia, daba igual, independientemente de lo que le pasara no podía volverse lo que el otro quería.


De todas formas, tarde o temprano iba a terminar muerto.


Un tirón brusco envío una oleada de dolor, más ningún sonido escapó de sus labios.


— Ya que no quieres hablar ¿Tal vez deberíamos cortar esa bonita lengua? ¿Te gustaría? — preguntó, uñas clavandose en su mentón.


No respondió. Solo apretó firmemente los labios, volviéndolos una fina línea.


— Ah... Realmente quiero romper esa voluntad tuya... — comentó, su tono era frío pero podía percibir un rastro lleno de diversión. — pero... Es precisamente eso lo que me gusta de ti. Contradictorio.


Lo odiaba, realmente lo odiaba.


Odiaba haberlo ayudado.


Odiaba haberlo tratado con respeto.


Odiaba haberse encariñado con él.


Odiaba haberse enamorado.


Lo odiaba por varias razones, tanto como se odiaba así mismo porque sabía que una parte muy profunda suya le gustaba todo lo que le hacía.


Se sentía asqueado consigo mismo por simplemente tratar a veces inútil mente de pensar que todo podría volver a ser como antes.


¿Cuando todo se torció tanto? Ah, cierto, cuando fue aceptado en Lanling tanto como solía contarle en ciudad sin noche.


— ¿Sabes? Es... Aburrido ser el único que habla aquí — su cuerpo se estremeció al sentir  como una de sus manos recorría su cuerpo desnudo. — ¿Por qué siempre te niegas a hablarme? Extraño que seas tú quien iniciaba la conversación.


Odiaba su cuerpo.


¿Por qué lo traicionaba siempre? ¿Por qué reaccionaba siempre a su toque? Ah, cierto, porque ese idiota era su alfa, le gustase o no.


Ahogó un jadeo al morderse la lengua, aquella mano jugueteó con su pezón, retorciendolo, pellizcando, halando.


— Tu cuerpo siempre es tan... Honesto — una risita baja le puso los vellos de punta.


Su aliento rozando con su cuello. Reprimió un quejido al sentir como dejó un mordisco brusco en su cuello, estremeciendose al sentir una cálida extensión saboreando su piel.


— ¿No te da asco hacer esto conmigo? — preguntó ya sin poder aguantarse.  Su voz salió estrangulada, más ronca de lo normal por estar tanto tiempo sin hablar.


El cálido aliento de esa persona hizo tensar su cuerpo, podía imaginarlo sonriendo. No con aquella sonrisa falsa y postiza que solía poner al público, algo que debía admitir era que él debía ser una de las pocas personas que podía verlo sonreír de forma sincera. Por muy retorcidas que sus sonrisas fueran.


— Para nada ¿Por qué debería? — preguntó, su aliento rozó con el botón que anteriormente había sido abusado.


Se estremeció.


— Te recuerdo que no me he bañado — comentó, reprimiendo su inquietud.


Se encogió ligeramente al sentir como algo cálido atrapaba su pezón, una leve mordida le arrancó un pequeño gemido ahogado.


— Es cierto... Debes estar incómodo  — su voz sonaba complacida.


No quería saber la razón detrás de eso. Quería huir de los brazos que lo alzaron con facilidad, lastimosamente estaba demasiado débil y drogado para poder lograrlo.


Odiaba que su aroma relajase su cuerpo, que este lo reconociera y lo aceptara. Odiaba ser un maldito Omega marcado por este estúpido y enano alfa.


Se supone que ya estaba casado. ¿Por qué no iba con su esposa y le hacia a ella todo lo que le hacía a él?


Recordaba como se había embarazado hacia cuatro años atrás, como su hijo fue cambiado por el hijo de esa mujer para ser su reemplazo. No entendía el porqué de eso, sin embargo recordaba claramente el malestar y el dolor que sintió al verse alejado de su cría.


Temía de lo que Jin GuangYao podía hacerle a su hijo, al fin y al cabo, vió con sus propios ojos como el hijo de Qin Su era asesinado a sangre fría por el que se supone era su padre.


Recordaba claramente la calidez de aquel cuerpecito perder calor en sus brazos, se había sentido impotente y aquella vez había llorado como nunca pues al inicio pensó que ese era su hijo.


Su Omega se sintió herido hasta que aquel lunático le contó que era el bebé de Qin Su, que el suyo estaba entre sus brazos, vivo y sano. Pese a que lo relajó un poco, se sentía mal al saber que su bebé estaba en brazos de otra.


Se sintió culpable al pensar que la muerte del hijo de aquella mujer no le afectaba en absoluto.


Aquellos días aún podía ver, aquellos días aún no le habían colocado la venda, aquellos días en los que aún no había tratado de huir.


Un escalofrío le recorrió, llamando la atención de la persona que lo cargaba. Recordar su intento fallido de salir de ese lugar ponía sus vellos de punta.


— ¿Que sucede? — preguntó.


No respondió, solo se acomodó mejor en sus brazos, ocultando su rostro contra su pecho, el aroma de Meng Yao lo adormeció.


La mirada de Meng Yao en aquel entonces le recordó a un loco. No había ningún tipo de raciocinio, aquel día fue tomado de forma brusca y violenta, siendo humillado de formas diferentes.


Las secuelas de aquel día aún no se iban del todo, sus piernas aún no se curaban y dolían cuando intentaba caminar, además gracias a eso, había perdido al nuevo bebé que se estaba gestando en su vientre sin que lo supiera.


Su estabilidad se había ido al retrete, pero tuvo que aguantarse pues sino el secuaz del alfa se encargaría de darle una buena razón para sentirse mal.


Xue Yang lo aterraba. Siempre solía aprovechar el hecho de que podía hacer lo que quisiera para intimidarlo de cualquier forma que se le ocurriera.


Incluso la última vez casi perdía la vida luego de ser su juguete experimental. Disque quería ver lo que había dentro de un Omega. Por primera vez desde su secuestro sintió alegría de ver el rostro del Jin.


Curiosamente desde entonces no veía a ese tipo. Tampoco es como si quisiera que se le apareciera, aún le dolía donde le había cortado. Agradecía levemente el trato suave de Meng Yao en cuanto a sus dolencias luego de ese incidente.


Sintió como su cuerpo era colocado en una especie de superficie suave, luego escuchó el sonido del agua y el movimiento de algunas cosas.


— ¿Cómo está? — preguntó luego de mantenerse en silencio un buen rato.


— ¿Mm...? ¿Te refieres a A-Rong? — preguntó, el Omega se estremeció de pies a cabeza cuando sintió el aliento del Jin en su rostro.


— Si... — respondió. Su voz casi minúscula.


— Está bien, pronto cumplirá los 6 años de edad — declaró.


¿6 años? Pensó que solo habían pasado 4. Asintió vagamente, sintiendo una caricia en su rostro.


— Anímate, algún día podrás verlo — comentó suavemente, mimandolo con atenciones suaves y cariñosas.


Cualquiera diría que era un alfa amable. Que risa.


Próximamente sintió como era cargado de nuevo, no dijo nada más, solo se dejó sumergir en el agua tibia. Sus músculos adoloridos se relajaron, sus heridas aún frescas se quejaron un poco, lo ignoró cuando sintió como las manos de aquel tipo comenzaron a pasearse por su cuerpo, acariciándolo.


Involuntariamente se estremeció, quiso pelear y alejarse pero sabía que sería en vano considerando el estado de su cuerpo. Además, estaba siendo muy suave.


Solía tratarlo bien cuando estaba de bueno humor ¿Algún acontecimiento especial? Jadeó sorprendido al sentir como sus pezones eran atacados, no debió distraerse.


Sintió como el alfa se metía junto a él, su pequeño cuerpo fue a parar al regazo del alfa,  su aliento rozando su nuca.


Aún recordaba la vez en la que lo había marcado, aquel día en el que lo había rescatado de aquel grupo de alfas y betas luego de haber entrado en celo. Aquellos habían estado jugando como se les dio la gana con su cuerpo, manchandolo y mancillandolo cómo quisieron, insultandolo, golpeandolo.


¿Que podía esperar? Era un trofeo de guerra, el hijo menor de Wen Ruohan, el Omega de QishanWen.


Había perdido la motivación desde que su padre le había ordenado largarse, terca mente se quedó a su lado hasta el final. Vio como su padre murió, murió a manos del tipo con el que había convivido todo el tiempo desde que llegó, del alfa que había hecho que su corazón  se volviera loco.


En ese momento odió no tener habilidades de combate.


Aquel alfa que conoció cuando apenas ambos eran unos niños, cuando él aún seguía viviendo en aquel burdel, se conocieron por casualidad, pero aún así se llevaron muy bien.


De no ser por eso, nunca le hubiera pedido a su padre que no lo matara cuando apenas había llegado. Se arrepentía, se arrepentía mucho.


¿Si Meng Yao hubiera muerto aquel día su vida sería diferente? ¿Seguiría teniendo a su padre? ¿A sus primos? ¿A sus hermanos?


Tal vez no eran las mejores personas del mundo, pero siempre lo trataron bien, siempre lo cuidaron y velaron por él. Hasta ese día nunca había sido maltratado de ninguna forma. Tenía muchos remordimientos y también extrañaba muchas cosas.


Extrañaba a su prima Qing, ella solía enseñarle muchas cosas con respecto a la medicina y aunque a veces la hacia enojar, sabía que era porque se preocupaba por él.


Luego estaba Wen Ning, aquel beta que más parecía un Omega y solía ser continuamente molestado. Su pequeño primo siempre solía seguirlo cuando eran niños, pegándosele de forma adorable. Cuando crecieron, para su tristeza fueron separados pues estaba mal visto el que un Omega y un hombre beta fueran tan cercanos.


Wen Chao era algo brusco, pero solía demostrarle su cariño de formas peculiares, en consecuencia el solía ayudarlo con su seción de belleza. Siempre había considerado a su hermano mayor como un alfa extraño pero aún así lo quería.


Wen Xu era más reservado pero nunca dudó en ir en su ayuda cuando veía que algo iba mal, entre todos, el era el que mayormente velaba por su bienestar físico. Incluso había propuesto a su padre el entregarle a Wen Zhuliu para protegerlo.


Su padre era un hombre complejo, severo con sus hermanos alfas mientras que con él era más suave. Solía consentirlo de todas las formas posibles. Muchos lo veían como alguien sin corazón sin saber que en realidad era blando muy en el fondo. Su humanidad seguía intacta, cubierta por muchas capaz, pero seguía ahí. Solo debías aprender a destaparlo.


Se preguntaba ¿Que pensarían si lo vieran en el estado en el que estaba?


Su cuerpo hacía bastante había sido manchado, cubierto de moretones y heridas.


El hombre que decía amarlo lo mantenía cautivo dentro de una casa más parecida a una prisión de oro. A veces encerrandolo en una prisión helada y con un goteo molesto, permitiendo que sus hombres lo golpeasen e insultasen cómo se les viniera en gana.


Muchas veces había pensado en suicidarse. Y lo intentó, vaya que lo hizo. Lastimosamente Jin GuangYao no se lo permitió.


Soltó un sollozo sin poder evitarlo.


El cuerpo debajo suyo se tensó, deteniendo sus movimientos, no le importó. Ignoró el dolor y se encogió, abrazándose a si mismo. Quería ir con su familia, pero tampoco quería dejar a su hijo, quería verlo, reconocer sus rasgos. Quería abrazarlo, envolverlo con su aroma.


Quería ser libre.


Quería morir.


Después de todo, aunque sobreviviera, un Wen jamás sería bienvenido, su vida se estancaria al ser un Omega con marca, sin un alfa a su lado nadie le tomaría enserio, solo serviría por volverse un Cortesano* y ya tenía suficiente con que "su alfa" viniese a verlo cada que quería tomar su cuerpo.


Se sentía solo.


Sentía que en cualquier momento explotaría.


¿Que había hecho para que lo tratarán de esa manera?


Era patético, realmente patético. Su gente había sufrido por culpa de su familia, los que llamaron Cultivadores justos solo vieron que eran Wen's y rápidamente decidieron que eran malos, los maltrataron hasta el exterminio.


Estaba seguro que él era el único con vida aún. ¿Por qué no podía seguir a su gente? Solo quería irse.


Sus sollozos se volvieron llantos rápidamente.  Jin GuangYao lo observaba en silencio, podía sentir su fría mirada.


Sentía su pecho oprimirse, le dolía, no podía respirar.


¿Se estaba muriendo?


Los llantos pasaron a convertirse en risa histórica. Eso, hasta que un golpe sordo contra su mejillas hizo que saborease su sangre.


Se calló de forma brusca. Sus uñas se clavaron en sus palmas, perforando su piel, su mejilla dolía. Tarde se había dado cuenta de que la presencia del Jin ya no estaba debajo de su cuerpo.


— Deja de armar escándalo — gruñó.


— A-Yao... ¿Por qué ya no me matas? — preguntó suavemente.


Sin darse cuenta había usado el tono con el que solía hablarle antes, cuando aún estaban en Ciudad sin Noche, cuando solía escaparse para ver las estrellas en una parte alejada de Qishan y era encontrado por Meng Yao, el alfa sonriente y amable.


No obtuvo una respuesta, pero estaba bien, tampoco esperaba que le respondiera.


— Me siento cansado... — susurró.


Su conciencia se estaba perdiendo poco a poco, su cordura se estaba desvaneciendo con el paso del tiempo.


Cuando la venda fue retirada luego de sabe quién cuánto tiempo, tal vez días, meses, ¿Que importa? Los colores lo marearon, le molestaron.


Sus ropas habían sido cambiadas con anterioridad, su comida había aumentado aunque sinceramente el no tenía hambre. Sabía que debía acabar todo lo que le servían si no quería tragarse su propio vómito después. Desde ese día no volvió a tocarlo, sus heridas visibles se curaron. Sus cabellos fueron arreglados con atención y cuidado.


Jin GuangYao lo observaba espectante. Más su expresión seguía igual, vacía. Notó como las cejas de GuangYao se fruncian ligeramente, y sin despedirse, se fue. A él no le importó, solo observó la pared dorada de su habitación.


Pasaron algunas horas antes de volver a escuchar sonidos, a estas alturas se había acostado en la cama. Viendo el techo.


Una suave risita atrajo su atención.


Cuando dirigió su mirada, sintió un espasmo recorrer su cuerpo, las ganas de llorar lo atacaron violentamente.


Una mirada inocente lo observaba con curiosidad, un pequeño de seis años se encontraba en los brazos del Jin, viéndolo fijamente.


— A-Song, te presento a un amigo mío — declaró con suavidad.


"Amigo" cuánto asco le causó una simple palabra. Aunque el desagrado fue opacado por la emoción de ver por primera vez en años al niño que había dado a luz aquel día y al que ni si quiera pudo conocer.


Desde que nació A-Son no había podido tener más hijos, todos a medio camino morían, aumentando el vacío en su corazón. Sabía que incluso antes de que él naciera hubo uno más. Aquel pequeño había nacido y, al igual que A-Rong fue alejado de sus brazos, y asesinado cruelmente en sus narices por el maldito bastardo de Jin GuangShan.


Recordaba con satisfacción el haberlo herido en "esa" zona de su cuerpo, antes de ser sometido y castigado, para luego ser curado por un serio Jin GuangYao.


— Es muy bonito — susurró para su padre, aunque el Omega igual pudo escucharlo.


Una pequeña sonrisa se posó en sus labios. Meng Yao asintió, de acuerdo con su hijo.


— ¿No deberías presentarte? — preguntó, arqueando una ceja juguetonamente.


— Umm... — asintió, poniendo una adorable expresión de madurez.


Fue dejado en el suelo, a lo que con algunas pasitos más, caminó hasta posarse enfrente de la cama del Omega.


— Jin Yun, de cortesía RuSong — exclamó, haciendo una perfecta reverencia.


Parpadeó, luciendo como un idiota ante su hijo al no saber que decir o como actuar. Observó con ligero nerviosismo al alfa, este sonrió suavemente, sus olluelos marcándose.


— Lo traje porque A-Su ha estado sintiendose mal últimamente por lo que no puede cuidarlo y yo tengo que ir con Er-ge y Huaisang a una caza nocturna en conjunto con Yummeng, no confío en nadie más para que lo cuide... Así que... — dejó las palabras a medias.


— Ya veo... — respondió.


Sus ojos brillaban emocionados. No pudo notar la satisfacción en el alfa al verlo animado.


— A-Song, no le causes problemas ¿Entendido? — el menor asintió.


— Si. — declaró.


Tanto alfa como Omega sonrieron. Este último lo observó con atención, notando las similitudes que tenía con su padre y, felizmente, viendo que poseía sus ojos.


Una vez el Jin se fue, el menor se sentó en su cama, comentando que su padre le había dicho que estaba triste y que algo de compañía no le haría mal. Habló y habló, haciendo sonreír a su madre.


No supo cuánto tiempo estuvieron juntos, solo supo que cuando el Jin volvió era hora de separarse y no quería, pero sabía que debían.


— ¡Papá! — llamó, corriendo al lado del Jin — ¿Puedo venir de visita otro día? — GuangYao arqueó una ceja.


— Depende de como te comportes — declaró, aunque lo estaba viendo fijamente a él y no al niño.


El pequeño inocentemente prometió comportarse para ver al Omega Bonito otra vez.


Desde ese día su rutina se vió algo cambiada, ya no había ningún golpe en su rostro o cualquier parte visible, los moretones se ocultaron mediante la ropa o maquillaje si es que las cosas se iban de sus manos.


No podía quejarse, al menos podía ver a su hijo.


Lo vió crecer poco a poco, ignorante de lo que pasaba a su alrededor, ignorante de que poco a poco comenzaba a sentirse mal y no se refería a las palizas a las cuales ya se había acostumbrado.


RuSong era un alfa adorable. Usualmente le daba obsequios en cada visita y el tenía que aguantarse el dolor o malestar cuando estaba presente, no lo quería preocupar.


Claro que sus visitas terminaron en cierto punto, cuando tuvo cosas que hacer en compañía de Jin Ling, como su mano derecha.


Un día tuvo una visita inesperada. Un joven Omega había encontrado accidentalmente su "casa", al verlo no pudo evitar recordar a Wei Wuxian, tenían cierto parecido.


Este se espantó al verlo, no fue un buen momento considerando que se encontraba limpiando y curando las heridas en su cuerpo. Sintió miedo cuando notó como detrás del joven aparecía alguien demasiado conocido para él.


— A-Yu... No deberías estar aquí... — comentó, el nombrado saltó del susto, volteando alarmado.


Luego de que Meng Yao se lo llevará, no supo más del joven, el Jin no mencionó palabra alguna, solo se centró en satisfacer sus necesidades y luego como siempre lo dejaba hecho un desastre.


A estas alturas había perdido el ánimo en cuanto a muchas cosas, la única razón por la que seguía ahí era por su hijo pues lo demás yo no le importaba.


Fue un día cualquier cuando Meng Yao llegó y sin decir mucho se le lanzó encima. Su aroma dejaba en claro que estaba alterado, no luchó, solo se dejó hacer, solo cuando sintió las intenciones asesinas del hombre fue cuando comenzó a pelear.


Entendió a duras penas lo que quiso decir mientras forcejeaban. Al final, GuangYao se relajó, se recostó encima de su pecho, ambos estaban agitados. El olor de la sangre presente.


Cuando se fue, no volvió durante mucho tiempo, ni Su Minshan le mostró la cara para darle sus comidas.


Las fuerzas poco a poco comenzaron a irse, su enfermedad empeoro y, cuando comenzó a escupir sangre sabía que estaba perdido. Débilmente se acomodó en su cama, tosiendo.


Un día particularmente sintió su cuerpo muy pesado, sus ropas estaban teñidas de rojo gracias a la sangre que caía de su nariz y orejas, incluyendo las veces en la que sus toses venían acompañadas de salpicaduras rojas.


Tenía frío, mucho frío.


Sonrió suavemente recordando a su hijo. Al menos lo había visto crecer, aunque no podría verlo formando su propia familia.


— Me... Hubiera gustado oírte llamarme mamá aunque... Sea una vez — susurró, el cansancio lo estaba venciendo.


Lejanamente escuchó una puerta siendo abierta bruscamente, vagamente escuchó a alguien gritar algo similar a un "A-niang"  y luego todo se volvió oscuro.


Su corazón dejó de latir, pero en sus ensangrentados labios había una sonrisa.

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