Único
Era otro día de diciembre como cualquier otro en la UA y el grupo del 1A iba camino a ground beta el campo de entrenamiento que se asemejaba a una ciudad, todos los alumnos en sus trajes de héroes caminaban en grupos conversando y riendo, la mayoría estaba bastante animados, en unos días sería navidad y ya tenían planeado lo que harían.
La cena la prepararía un grupo comandado por Sato, mientras que otro grupo se encargaría de la ornamentación de la sala común del dormitorio dirigidos por Mina y por último otro grupo estaría a cargo de juegos y actividades para el día.
Esa tarde era la última clase práctica que tendrían antes de las fiestas para después comenzar con las prácticas que a todos les hacía mucha ilusión, Katsuki escuchó a dos de sus amigos, Kaminari y Mina hablar entusiasmados de la decoración de los dormitorios y el rubio puso los ojos en blanco como señal de que estaba harto por lo que caminó más rápido alejándose de ellos para no escucharlos más, pero no sirvió de nada porque cuando estaban a punto de llegar a las puertas del lugar de entrenamiento escuchó como su antiguo amigo de la infancia, su ahora rival más grande y el chico al que siempre había atormentado hablaba animadamente con sus amigos.
Al igual que él, Deku estaba en el grupo que prepararía la cena y lo escuchaba hablar con Iida y Todoroki acerca de las cosas que faltaban y que debían ir a comprar. Sin saber por que, su enojo aumentó, solo el hecho de saber que tendría que pasar toda una tarde cocinando cerca del inútil de Deku lo ponía de un horrible humor, y su rabia no hizo más que aumentar cuando el pecoso rió con ganas de algo que había dicho el imbécil mitad y mitad.
El rubio aun no entendía como ese par se había hecho cercano con lo emocionalmente inútil que era el bicolor y lo nerd que era el ojiverde, tampoco podía entender por qué el peliverde siempre le mostraba esa enorme sonrisa a cualquiera menos a él.
Bueno eso era mentira, eso si que lo entendía, él había intimidado al pecoso durante años, durante años lo humilló, lo rebajó y lo despreció con sus palabras, además de que lo golpeó con sus puños y usó su quirk en su pequeño cuerpo, como le mostraría esa sonrisa a él si hasta en una ocasión prácticamente le dijo que se suicidara y a pesar de que el peliverde siempre ha sido amable con él e incluso a tratado de ser una especie de amigos de nuevo desde hacía muchos años no le sonreía.
Estuvo a punto de gritarle al pecoso que se callara y uno que otro insulto pero se vio frenado cuando los profesores encargados de la práctica de ese día aparecieron. Frente a ellos estaban nada más que su profesor a cargo Aizawa Shota y el ex símbolo de la paz All Might
–Bien hoy haremos un ejercicio de rescate–. Explicó el pelinegro con su característica falta de entusiasmo. –Se dividirán en grupos de cuatro, dos serán los héroes y los otros dos serán civiles que los héroes salvarán, para esto sus compañero de tercero nos ayudarán y harán de villanos a los que vencer–. Al terminar de hablar detrás de los héroes aparecieron Hado y Amajiki.
–Sensei–. Llamó Iida levantando la mano. –¿Cómo dividiremos los grupos? –.
–A la suerte–. Dijo All Might sonriendo con su cara huesuda y mostrando unas cajas en sus manos. –Pasen uno por uno, primero saquen un papel de esta caja en donde sabrán si son héroes o civiles–. Levantó la caja en su mano derecha. –Y después por esta para saber qué número de grupo son–. Removió la otra caja en su mano izquierda.
Uno por uno los alumnos fueron tomando los papeles de cada caja e iban formando los grupos que les correspondían, cuando el rubio se acercó a la primera caja sacó un papel al azar y al leerlo su frustración aumentó ya que le había tocado ser civil pero fue peor cuando sacó el papel de la segunda caja y se dio cuenta que estaba en el mismo grupo que Deku.
Que clase de suerte tenía sí siempre que hacían los malditos grupos le tocaba con el nerd, desde aquella primera vez al inicio del curso, ¿porque el maldito mundo se ponía en su contra y lo juntaba con el peliverde siempre que podía? Y como su suerte no podía ser peor al inútil de Deku le tocó ser héroes junto con Aoyama, mientras él sería un simple civil esperando a ser rescatado con la cara redonda, tendría que sentarse de brazos cruzados y esperar a que lo “salvara” la última persona que quería que lo hiciera.
Como su grupo era el último en hacer el ejercicio Katsuki se sentó en el suelo en una de las esquinas del área de espera, desde allí podía ver las cámaras que mostraban el desempeño de sus compañeros y al mismo tiempo estar lejos de los demás que también estaban esperando. Pero desde su posición no pudo evitar mirar de reojo a cierto pecoso que hablaba y hablaba con brillitos haciendo planes y estrategias para vencer a los sempai, mientras el rubio asentía y se movía como si estuviera posando para un fotógrafo invisible.
Después de lo que parecieron años, por fin era su turno, se puso de pie y se reunió con el grupo que le tocaba hacer la práctica, nada le molestaba más que el hecho de ser al que debían rescatar y menos que fuera Deku quien lo salvara, lo odiaba con cada fibra de su ser, por lo mismo no se controló cuando el pecoso le habló.
–No te preocupes Kacchan, Aoyama-kun y yo los rescataremos lo más rápido posible para que no tengas que esperar mucho–. Dijo animado apretando sus puños nervioso, pero de alguna forma quería aliviar el estrés que sabía que tenía su amigo de infancia.
–Me importa una mierda lo que te demores ¡maldito Deku!–. Gritó enojado. –Nunca seré salvado por ti, prefiero morir a que seas tu quien me rescate–. Dijo aún más enojado acercándose mucho al pecoso que lo miraba con ojos muy abiertos.
–Pe-pero K-Kacchan es solo un e-ejercicio–. Trató de calmar al rubio.
–No me importa, ejercicio o vida real, preferiría nunca más verte la cara, entiende que ¡no quiero nada de ti bastardo inútil!–. Gritó y comenzó a alejarse.
–Ka-Kacchan…–. Izuku bajó la vista triste por todo lo que había dicho su amigo de la infancia, aquel que siempre ha admirado y muy en el fondo amado.
Por supuesto todo esto fue visto y oído por los demás participantes del ejercicio, en especial por la castaña que era muy cercana al pecoso y veía lo mucho que sufría por los ataques de Katsuki, así que tomó una decisión.
El rubio y Uraraka siguieron a Hado, ella era la encargada de esconderlos y dejarlos en el lugar al que debían llegar los “héroes”, se adentraron en la ciudad ficticia y la chica los guió hasta un edificio en el que entraron y los dejó en el subterráneo del mismo, les indicó que debían esperar allí hasta que apareciera alguno de sus compañeros para “rescatarlos” o por el contrario ella y Amajiki, si Deku y Aoyama perdían.
Con un suspiro de frustración volvió a sentarse en el piso, el lugar estaba casi a oscuras y era bastante pequeño pero cabían cómodamente los dos, aun así no contó con que la castaña se sentara a su lado.
–¿Cuánto crees que se demoren en venir a buscarnos? –. Preguntó la chica.
–Con el inútil de Deku y el raro del brillitos veremos aparecer a los extras de tercero–. Gruñó enojado y la de mejillas rosadas lo miró entrecerrando los ojos y una pequeña sonrisa apareció en sus labios.
–Yo creo que muy en el fondo esperas que Deku-kun aparezca por esa puerta–. Apuntó a la puerta de la entrada del subterráneo.
–Estas loca, no sabes una mierda–. Gruñó ya harto de soportar a la chica a su lado.
–Sabes, un día tu orgullo se volverá en tu contra–.
–Cállate de una maldita vez cara redonda–.
–Vamos ¿qué más podemos hacer aquí solos más que conversar?–. Dijo animada con una inocente sonrisa.
–Joder este si que es el puto infierno–. Reclamó el rubio para callar a la chica.
Cosa que al parecer funcionó porque estuvieron durante un buen rato callados pero era más que obvio que Uraraka estaba aburrida porque no dejaba de mover las piernas inquietándolo a él también.
–Por la mierda ¿en serio no puedes quedarte quieta? –. Katsuki estaba a nada de hacer explotar todo y acabar con el estupido ejercicio.
–Me quedaré quieta con una condición–. Dijo levantando un dedo entre ambos. –Conversemos–. Y el rubio la miró como si le hubiese salido una segunda cabeza.
–No tenemos nada de qué conversar–. Gruñó el ojirrojo.
–Bueno…–. La chica puso ese mismo dedo levantado bajo su barbilla como si estuviera pensando. –Pues te contaré algo–. Dijo sonriendo. –¿Sabías que tengo un segundo don? –. Preguntó y el aspirante a héroe la miró con sorpresa, de cualquier cosa que podría haber dicho, Katsuki nunca se imaginó que la chica diría eso.
–Estás mintiendo–. Dijo y la chica negó con la cabeza. —¿Entonces por qué mierda nunca la has ocupado?, no me digas que eres como el bastardo mitad y mitad y en el festival deporti…
–No no, es un don que no sirve de nada para pelear, así que no empieces con eso–. Lo paró la castaña. –Es más bien como una habilidad, si eso–. Dijo sonriendo de nuevo.
–Y de qué mierda se trata–. No quería admitirlo pero si estaba un poco intrigado por lo que le estaba diciendo su compañera, no había escuchado a nadie en la clase hablar del segundo don de Uraraka.
–Pues es que puedo ver y hacer ver a otros el hilo rojo del destino–. Dijo encogiéndose de hombros y Katsuki la miró confundida sin tener idea de que hablaba. –¿No sabes que es el hilo rojo del destino? –. Preguntó y el rubio negó enojado, odiaba que alguien supiera cosas que él no. –Muchos creen que es una leyenda o un mito porque muy pocas personas son capaces de ver el hilo, y es que todos en nuestro meñique tenemos un hilo rojo que se conecta en el otro extremo con nuestra alma gemela–.
–Esa mierda no existe–. Dijo sin creer una palabra de la chica.
–¿Quieres probar? –. La chica extendió su mano derecha y el rubio la miró sin entender a qué se refería. –En este momento yo veo tu hilo, en tu mano Izquierda, y si toco tu meñique tú también podrás verlo–.
–No dejaré que me toques, no caeré en tu juego cara redonda–. Gruñó pero no con la fuerza que pretendía, porque aun estaba un tanto intrigado.
–Oh y yo que pensaba que nada te daba miedo–. Murmuró la chica para sí. –Pero está bien Bakugo-kun es normal asustarse por saber quien es tu alma gemela, lo entiendo sabes–.
–¡No me da miedo joder! ¿estás loca o qué? –. Dijo alterado el rubio.
–Bueno si no te da miedo…–. La chica dejó la frase en el aire pero volvió a extender su mano hacia él.
Y por un segundo Katsuki se preguntó si la chica estaba hablando en serio o solo se estaba burlando de su ignorancia en el tema, ¿y si era cierto y todo lo que estaba diciendo era verdad? ¿querría conocer a su alma gemela?, ¿quien seria? ¿conocería ya a esa persona?, un millar de dudas pasaron por su cabeza pero no pudo responder ninguna porque Uraraka aún tenía la mano extendida y muy cerca de su mano.
El rubio no era alguien que se echara atrás en nada y esa no sería la primera vez, así que aun con su corazón latiendo a mil por hora movió su mano y dejó que su compañera tocara su dedo.
–Listo–. Dijo la de mejillas rosadas.
Katsuki no sintió nada diferente en el segundo en que le tomó mirar hacia su mano, pero allí estaba, amarrado en su meñique un delgado hilo rojo que se movía y se extendía por la habitación hasta la puerta y se perdía detrás de ella.
–¿Qué mierda? –. Preguntó al aire mirando su mano desde diferentes direcciones, incrédulo de toda la situación.
–Ves que no mentía–. La chica rió con ganas al verse ganadora de la conversación.
–Se… se está moviendo ¿por qué? –. Preguntó molesto al no entender del todo lo que pasaba.
–Supongo que la persona al otro lado se está moviendo–. Dijo encogiéndose de hombros.
–¿Tu sabes quien está del otro lado? –. Murmuró no queriendo del todo parecer interesado pero en el fondo se moría por saber quién era.
La chica abrió la boca para responder pero no pudo decir nada ya que unos pasos que bajaban hacia donde estaba ellos se escucharon, segundos después la manilla de la puerta se movió pero estaba cerrada con llave y sin decir nada de un momento a otro la puerta fue abierta de par en par por una patada y de ella no salió nada más ni nada menos que el héroe Deku.
–Kacchan, Uraraka-san–. El peliverde entró al subterráneo, todo sudado y con algunos golpes encima, pero además de eso se veía bien, detrás de él venía Aoyama en el mismo estado del pecoso pero les sonreía con orgullo por haberlos salvado.
–¿Están bien? –. Preguntó preocupado el ojiverde.
–¡Deku-kun! Aoyama-kun, fueron bastante rápidos–. La castaña se acercó a los recién llegados.
–Jaja bueno…–. El pecoso se sonrojó un poco por el cumplido y la cercanía de la chica.
Los tres chicos se quedaron conversando unos minutos en donde los “héroes” le contaban a Ochaco como habían vencido a sus compañeros de tercero, estaban tan absortos y metidos en la conversación que pasaron por alto que cierto ojirrojo no había dicho nada en todo el rato y miraba todo con los ojos muy abiertos.
–C-creo que será mejor que volvamos con Aizawa-sensei–. Dijo el peliverde dando media vuelta para salir.
–Ouais–. Respondió en francés el chico de la capa siguiendo al de pecas.
–Claro–. Siguió la castaña, pero antes de salir se giró a mirar al rubio. –Vamos Bakugo-kun–. Dijo con una sonrisa autosuficiente.
–Tu lo sabías–. Gruñó tomándola del brazo para evitar que se fuera
–Por supuesto que sí, te dije que tu orgullo se te devolvería–. Respondió soltándose y se encaminó a la salida.
Con eso Katsuki se quedó de pie sin poder moverse, estaba en shock, su corazón no dejaba de latir como si hubiera corrido diez kilómetros, tenía un nudo en la garganta y sus manos temblaban, sobre todo la izquierda la cual miró nuevamente sin creer lo que veía, y es que desde que el ojiverde entró por esa puerta pudo ver el final del dichoso hilo en su meñique el cual no terminaba en nadie más que en Izuku.
“Deku es mi alma gemela”
Durante el resto de la tarde el rubio estuvo como en modo automático, su mente no dejaba de pensar en lo del hilo y no ayudaba en nada que aun lo pudiera ver y pudiera ver todo su recorrido hasta la mano del ojiverde. Durante la cena fue lo mismo, sus amigos más cercanos se sentaron con él y hablaban del ejercicio de la tarde y la navidad animadamente, pero aunque respondiera el rubio no estaba del todo allí, por lo que terminó de comer rápidamente y subió a su cuarto, necesitaba estar solo, necesitaba poner la máxima distancia con el pecoso, necesitaba pensar.
Una vez en su habitación, se acostó preguntándose si todo era real o simplemente era parte de algún plan de la cara redonda para vengarse de él por siempre estar insultando al peliverde, y es que no podía ser cierto, cómo era posible que de entre todas las personas del planeta sea Deku con quien está unido su hilo, ¿por que tenia que ser él si eran tan distintos? se preguntó qué debía hacer ahora que tenía este conocimiento y que significaba ser almas gemelas, ¿estaría Deku enamorado de él?¿él estaba enamorado de Deku?
“¡No! joder no en ningun caso me gustaria el imbecil de Deku”.
Debía cortarlo no quería estar unido con el pecoso ya tenía suficiente con el hecho de que sea la piedra en su zapato, si por él fuera lo sacaría de su vida para siempre, quizás por eso el ojiverde siempre se cruzaba en su camino, toda la culpa la tenía el maldito hilo rojo, si, si lo cortaba por fin el peliverde saldría de su vida, eso haría, lo cortaría.
Sin pensarlo más se puso de pie y fue hasta su escritorio buscando unas tijeras, pero la decepción se hizo presente cuando ni siquiera podía tocarlo y mucho menos cortarlo con las tijeras que tenía. ¿Qué haría ahora?, tiró de su cabello con frustración y esta aumentó cuando al abrir los ojos vio el hilo a centímetros de su cara. Si el no podía cortarlo debía ir con Uraraka ella fue la que lo metió en ese maldito problema así que ella lo tenía que sacar.
Al día siguiente el rubio caminaba rápidamente por los pasillos de la UA, como nunca iba tarde y todo por la culpa del maldito de Deku, no había dejado de pensar y mirar el hilo en su dedo en toda la noche por lo que en la mañana por primera vez en el año se quedó dormido, ahora que veía la puerta de su salón se sintió un poco aliviado ya que esta todavía estaba abierta lo que significaba que Aizawa aun no llegaba.
Apresuró más el paso cuando ya más cerca pudo ver en la entrada a Uraraka, debía hablar con ella para que cortara el hilo y terminar con toda esa estupidez de una vez por todas.
–Oye cara re…–. Katsuki se paró en seco cuando al acercarse más a la castaña vio que hablaba con cierto peliverde que no tenía ni unas ganas de ver, por lo que optó por entrar al salón y hablar con la chica cuando la encontrara sola. –Quítate estupido nerd–. Masculló el rubio dándole un empujón cuando pasó por su lado.
–Oh b-buenos días Kacchan–. Saludó el pecoso con una sonrisa un poco incómoda pero con esos ojos brillantes que en contra de todos sus deseos hacían saltar su corazón.
–Mmh–. Gruñó encaminándose a su asiento.
El resto del día pasó como cualquier otro para todos excepto para el ojirrojo que no se pudo concentrar en ninguna de sus clases de nuevo por culpa del maldito Deku y su hilo rojo. Lo peor de todo es que en nunca pudo encontrar a la chica de mejillas rosadas sola, siempre estaba, con el nerd o el cuatro ojos o el milad y mitad, incluso cuando la escuchó decir que iría al baño la siguió pero no contó con que fuera junto a la chica rana, en resumen decir que estaba frustrado era poco.
Cuando el timbre que avisaba que la jornada estudiantil había terminado se puso de pie, en un segundo tiró todas su cosas a su bolso y fue donde la castaña para arrastrarla fuera del salón si era necesario.
–Muévete, necesitamos hablar–. Dijo tan serio como siempre en voz baja para que nadie más escuchara pero aun así llamaba la atención que él se acercara a la chica.
–¿Ah? –. Sabía lo que pretendía Uraraka, se estaba desentendiendo de todos los problemas que le estaba causando.
Así que ya harto de todo con la misma fuerza que metió sus cosas en su bolso, metió las cosas de la castaña, tomó el bolso de la chica y su muñeca para sacarla del salón y evitar que cualquiera se acercara a ellos y supiera lo que estaba pasando. Sin soltar a la chica caminó por el recinto hasta que llegaron a un área desierta en el exterior, vio que estaban solos y se deshizo del agarre como si le quemara, lo que provocó que la chica rodara los ojos de exasperación.
–¿Y, qué es lo que pasa? –. Preguntó Uraraka cruzándose de brazos molesta por la forma en la que tuvo que salir del salón.
–Como que “¿y?” cara redonda, ¡tienes que arreglar esto! –. Gritó lo último con frustración mostrando su mano izquierda con el hilo en el meñique.
–No hay nada que hacer, ese es tu destino–. Dijo simple la chica.
–¡El destino no existe! –. Gruñó rabioso.
–¿A no? y cómo puedes explicar entonces que tu y Deku-kun siempre terminan juntos–. La castaña levantó una ceja victoriosa al ver la cara de shock del rubio.
–Córtalo–. Murmuró bajando la cabeza.
–¿Qué? –.
–Que lo córtes, no lo quiero, el imbécil de Deku y yo no tenemos nada que hacer juntos, si lo cortas ya no estará en mi vida–.
–¿Estás seguro?, si lo cortas y no estás 100% seguro podrían…–.
–Si, estoy seguro–. El rubio la miró decidido, pero por dentro su corazón latía a sumamente rápido.
–Bien–. Dijo y se puso a hurgar en su bolso. –Aquí está–. La castaña le mostró una pequeña tijera, que no era más grande que su palma y en la que apenas podía meter los dedos. –Mira, teniendo estas tijeras podrás cortar el hilo que te une con tu destino, por la duración de mi don solo podrás verlo hasta mañana por la tarde y una vez dejes de verlo te será imposible cortarlo, pero antes de que tomes una decisión piensalo bien Bakugo-kun, ni siquiera sabes las consecuencias si lo cortas–. Le explicó Uraraka.
–¿Y qué mierda pasará cuando lo corte? –. Preguntó como si no le importara saber.
–Bueno… varias cosas, en primer lugar ya que tu eres el que lo está cortando nunca podrás enamorarte, tu hilo no se conectará con nadie más–. Katsuki quería saber qué pasaría con el de Deku pero se calló y esperó a que la chica siguiera hablando. –Y segundo pues el hilo de Deku-kun buscará a otra persona con quien unirse, alguien con quien el hilo sienta que será amado–. Dijo encogiéndose de hombros.
El rubio se quedó mirando a la castaña durante unos minutos sin decir nada y tratando de entender del todo lo que le había dicho, pero no podía seguir pensando con sus ojos encima de él, presionándolo para hacer algo.
–Me voy–. Y se dio media vuelta para irse.
–¿Y qué harás? ¿Lo cortarás? –. Preguntó con un tinte de malicia en la voz.
–No es de tu incumbencia, ahora déjame solo–. Masculló y con grandes pasos se alejó de la chica para poder pensar tranquilo, a pesar de que ya tenía una decisión tomada desde la noche anterior al parecer necesitaba pensar más.
Cuando llegó al dormitorio ya en la sala común había varios de sus compañeros, terminando con las decoraciones de navidad que sería al día siguiente, vio de reojo como Mineta y Kaminari ponían muérdagos por todos lados con el fin de ganarse algún beso la noche de navidad, pero eso no le importaba él estaba en el grupo de cocina su trabajo empezaba mañana por la mañana, así que ignorando a todos subió a su habitación para evitar encontrarse con el otro lado de su hilo.
Una vez ya en soledad se sentó en la silla de su escritorio y del bolsillo sacó las pequeñas tijeras y las dejó encima de la mesa para observarlas, preguntándose qué tendrían de diferente de las que había ocupado él la noche anterior.
Posó su mano izquierda al lado de la tijera, debía cortarlo, si, ya lo había decidido, Izuku y él no estaban destinados a estar juntos, la vida no sería una hija de perra para juntar al peliverde con el chico que fue su bully durante toda su vida.
Definitivamente el pecoso se merecía una persona que lo ame por quien es y por como es, no alguien que siempre lo maltrató, si cortaba el hilo lo mas seguro es que el destino encontrara a la persona correcta ahora si, sin equivocarse, porque por ningún motivo Deku podría amarlo a él que siempre ha sido una mierda de persona.
Por otra parte, cortando el hilo él ya no se enamoraría de nadie así que podría ser el héroe número 1 sin ninguna distracción, porque eso es lo que es el romance y toda esa mierda, una pérdida de tiempo, y se podrá concentrar sin sentimientos que entorpezcan su camino.
De otra forma si no lo cortaba estaría atado toda su vida a Deku y no, no quería eso por ningún motivo, ¿porque si no lo cortaba que les depararía el destino estando juntos? ¿serían pareja de héroes?, bueno eso no le molestaría tanto, con Deku y el OFA serían bastante fuertes, ¿tendrían una agencia juntos? eso tampoco estaba mal, con el carácter de Izuku tendrían buenos auspiciadores, ¿serían novios?¿vivirían juntos?, eso significaba que podría tocar al pecoso siempre que quisiera y se besarían y tendrían sexo y…
“¡No! ¡mierda no!, que asco besar y tocar al inútil de Deku no está en mis planes, ¡nunca, jamás!”.
Aquel último pensamiento lo hizo entrar en pánico, por lo que tomó las tijeras y sin siquiera mirar lo cortó, cortó el hilo rojo del destino que lo unía con Izuku.
Agitado y con el corazón corriendo abrió los ojos y lo vio, lo había hecho, el hilo estaba cortado y de su dedo solo colgaban unos centímetros que estaban completamente quietos, ¿estaba bien lo que había hecho?, si, estaba bien y ya no había vuelta atrás, ¿cierto?, se puso de pie, se acostó en su cama boca arriba con una presión en el pecho y con uno de sus brazos tapó sus ojos. Ya no estaba unido a Deku, ya no estaría en su vida, una vez terminada la UA, sus caminos se separarían para siempre y eso…
“Eso está bien y estas no son lágrimas las que salen de mis ojos”.
Al día siguiente su alarma sonó ruidosa para despertarlo, pero Katsuki ya llevaba horas despierto, y es que por segunda noche consecutiva a penas y había dormido, pero a diferencia de la primera noche en donde culpó al ojiverde, esta se debía a él, su corazón se sentía apretado y aunque sabía que era imposible sentía como un cosquilleo en su meñique izquierdo, además de que su cabeza nunca dejó de pensar en si estaba bien lo que había hecho o no, si Deku sería feliz ahora que no estaba atado a él, si él mismo sería feliz.
Con un suspiro de frustración apagó la alarma, debía tomar una ducha y bajar para ayudar con los preparativos de la cena de navidad. Cuando ya estuvo listo bajó a la cocina, allí ya se encontraba la mayoría de los que les tocaba cocinar, por lo que el peliverde ya estaba ahí, rápidamente desvió su mirada a su meñique y al igual que él estaba cortado y colgaban unos centímetros, pero a diferencia del suyo el hilo del pecoso se movía como si buscara algo, ¿estaría buscando a su nuevo destino?.
–Bakugo que bueno que llegaste, necesito que sazones el pavo para dejarlo reposar–. Le dijo Sato mostrándoles el enorme pavo que tenían que cocinar.
Pensó que cuando el pelinegro usara su nombre el ojiverde se giraría y los saludaría tan entusiasma y con ojos brillantes como siempre, pero grande fue su sorpresa cuando el usuario del OFA lo ignoró completamente, no lo miró ni le habló, lo que ocasionó que su pecho se apretara nuevamente, así que así sería el resto de su vida, el pecoso nunca más lo miraría como si fuera el centro de su mundo, nunca más podría verse reflejado en esos enormes ojos verdes que brillaban tanto que le hacían saltar el corazón, si, estaba bien, porque eso era lo que quería ¿cierto?
Pasó el resto de la mañana trabajando como en modo automático cortando y revolviendo en silencio, sin reclamar siquiera a las órdenes de Sato, mirando seguido a su dedo y al de Deku cuando pasaba por el rabillo del ojo, se preguntaba con quien se conectaría el hilo del ojiverde.
Ya tenían todo listo y aún faltaban un par de horas para que empezara la celebración aún tenían que esperar a que llegara Aizawa con Eri y los Pussycats con Kota, así que el rubio se sentó en una esquina a descansar un momento ya que había pasado toda la mañana y gran parte de la tarde cocinando, desde allí podía ver a todos sus compañeros haciendo diferentes tareas, algunos decorando, otros llevando regalos de aquí para allá, y otros poniendo la mesa, entre ellos Deku y Todoroki, pero eso no era lo importante, lo que importaba era que el pedazo de hilo que colgaba del dedo de Izuku se movía peligrosamente cerca del dedo meñique del bicolor.
–Puede que el hilo de Deku-kun ya haya encontrado un destinado–. Dijo la castaña a su lado haciéndolo saltar ya que no la había escuchado llegar.
–¡¿Qué?!¿tan rápido? –. Gritó exaltado. –¿Con el bastardo mitad y mitad? –. La chica a su lado se encogió de hombros. –¿Qué pasa con el destinado de Todoroki? –. Preguntó.
–Bueno Todoroki-kun no tiene destinado–. Dijo mirándolo con un poco de pena.
–¿Cómo es eso posible?, no dijiste que todos nacemos con uno–. Dijo molesto, ya no estaba entendiendo nada.
–Hay varias razones por que una persona no tendría un destino, una de ellas sería que su destino ya murió–. Katsuki la miró con ojos muy abiertos de sorpresa y un montón de preguntas se agolparon en su cabeza pero se quedó callado. –Otra puede ser que el destino de Todoroki-kun estaba esperando este momento, esperando por que Deku-kun se una a él–. El rubio la miró con horror.
Se sentía tan estupido, había cortado su lazo con el peliverde para entregárselo a nadie más que al bastardo mitad y mitad, trató de calmarse y pensar un poco, quizás eso estaba bien ellos eran buenos amigos y se llevaban bien y el bicolor siempre trataba bien al ojiverde, y si sus hilos se unían eso significaba que serían felices uno al lado del otro, además ambos eran fuertes así que serían buenos compañeros héroes y tendrían la agencia de endeavor y serían novios y se besarían y tendrían sexo y … mierda su pecho dolía mucho.
–Según mi reloj te quedan 5 minutos para poder seguir viendo el hilo–. Le dijo la castaña la cuando vio cómo su cara cambiaba del horror al pánico. –Una vez lo dejes de ver todo habrá terminado ¿no era eso lo que querías?–. Preguntó sonriendo inocentemente.
“¿Eso es lo que quiero? mierda 5 minutos, ¿quiero que Deku esté con alguien más en frente de mis narices? ¿de verdad quiero desaparecer de la vida de Deku? ¡joder no! no es lo que quiero, quiero ser yo quien lo haga feliz, quiero ser yo a quien mire siempre, quiero ser yo quien esté a su lado y lo ame toda la vida, Deku es mi destinado y nada lo va a cambiar ni siquiera yo mismo, porque por fin me di cuenta cuanto lo amo”.
–¿Como arreglo esta mierda?–. Preguntó impaciente, solo le debían quedar un par de minutos para seguir viendo el hilo.
–Uniendo sus destinos nuevamente–. Dijo sonriendo como si eso le diera una respuesta verdadera.
–¿Y cómo hago eso? rápido maldición se acabará el tiempo–. Le exigió tomándola de los hombros.
–Pues como se unen todas las parejas ¿no crees? –. Le respondió poniendo uno de sus dedos en sus labios.
¿Debía besarlo?, joder no tenía tiempo para pensarlo más, era ahora o nunca. Con eso en mente caminó en dirección al peliverde que conversaba animadamente con el bicolor, sabía que era una locura lo que iba a hacer pero a la mierda todo, no perdería a su destinado por su estupido orgullo.
Cuando estuvo al lado del ojiverde lo tomó de los hombros y lo movió un par de pasos los cuales el más bajo siguió sin entender qué estaba pasando y no le dio tiempo a preguntar nada cuando Katsuki estampó sus labios con los de él.
Alrededor en toda el área común todos se quedaron callados y miraban sorpresa lo que estaban viendo sin poder creerlo Bakugo estaba besando a Midoriya.
Pero ajenos a todo eso la pareja estaba en el cielo, sobre todo para aquel rubio, ese beso era lo mejor que había experimentado en su vida, lo hacía sentir vivo y al mismo tiempo lo hacía temblar, el cuerpo de Izuku encajaba a la perfección en sus brazos, era tan suave y calentito, y sus labios se movían en sincronía con los suyos como si se hubieran besado toda la vida y quizás hasta en otras vidas pasadas. Si, esto era lo correcto Izuku era su destino y la vida no se había equivocado.
Poco a poco se fueron separando, ambos sonrojados hasta las orejas, fue en ese momento que Katsuki se dio cuenta de que estuvo a punto de cometer el error más grande de su vida, su Deku era hermoso, así de cerca podía apreciar lo preciosas que eran sus pecas, sus labios rojos por el reciente beso y su reflejo en esos grandes y brillantes ojos verdes. Le tomó solo un segundo desviar sus ojos hacia sus manos las cuales nuevamente estaban unidas por el hilo rojo y por fin pudo sentir alivio y su pecho había dejado de doler.
–¿K-K-Kacchan? –. Lo llamó aun en shock el peliverde sin entender lo que había pasado.
–Izuku ¿yo te gusto? –. Preguntó el rubio en un hilo de voz nervioso por la respuesta.
–¿I-Izu… claro que Kacchan me gusta–. Respondió firme.
–No hablo como amigos nerd, sino que románticamente–. Aquello solo provocó que al pecoso se le subieran aún más los colores, todo esto a vista y paciencia de toda la clase.
–¡¿Eeh?! y-yo…–. El ojiverde intentaba esconder su rostro con sus brazos pero el rubio lo tomó de los hombros y lo miró fijamente.
–Tu me gustas Izuku, románticamente me gustas y mucho–. Declaró decidido para que el pecoso le creyera.
Pero Katsuki no estaba preparado para que el peliverde se volviera mas hermoso aun al mostrarle la sonrisa que por tanto tiempo se vio privado, esa sonrisa tan enorme y bonita que lo hacía sentir que flotaba, esa sonrisa que cuando niños le daba tanto miedo por lo que provocaba en él y en su corazón.
–Kacchan también me gusta, románticamente–. Lo último lo dijo en un tono más bajito y jugando con sus dedos, acción que le pareció adorable a la mitad de la clase y por supuesto al ojirrojo.
Por fin ya completamente aliviado de todos los sentimientos negativos que había estado sintiendo desde que cortó el hilo, besó nuevamente al pecoso tomándolo por las mejillas pero cuando estaba dispuesto a perderse nuevamente en la boca del ojiverde escuchó como algunos de sus compañeros silbaban y se reían o celebraban que estaban juntos, así que se separó del más bajo, lo tomó de la mano y empezó a alejarse del resto.
–Kacchan ¿a dónde vamos? –. Preguntó el pecoso siendo arrastrado por el más alto.
–Cállate la boca, vamos a mi habitación–. El rubio sintió como Deku jadeaba con sorpresa y sus compañeros gritaban algunas obscenidades (Mineta) y otros los felicitaban entre gritos. –¡Cállense ya malditos extras! –. Sin más la pareja desapareció en el pasillo.
–Sabes que está mal interferir en el destino de los demás Ochaco-chan–. Dijo el lobo del destino que estaba parado al lado de la castaña y que solo ella podía ver.
–Oh vamos, era obvio que ese par de idiotas siempre se han amado, tarde o temprano terminarían juntos–. Sonrió inocente. –Yo solo les di un empujoncito–.
–Pero decirle que su destinado encontraría otro… ¿no crees que te pasaste un poco? –. Preguntó el gran lobo levantando una ceja y la chica solo se encogió de hombros. –Sabías perfectamente que una vez se acercaran uno al otro el hilo se volvería a unir–. Aquel comentario hizo reír a la de mejillas rosadas.
Porque si, el hilo rojo del destino puede alargarse y encogerse pero más nunca romperse.