Hilo Negro

Sinopsis

El sueño de Spamton es ser el auténtico "pez gordo" de Cyber City. Tras varios intentos fallidos por hacerse un nombre comienza a ser presa de la desesperación hasta que una misteriosa llamada cambia su vida... para mal. Novelización del backstory del personaje. Drama.

Genero:
Drama/Thriller
Autor/a:
Fando
Estado:
En proceso
Capítulos:
4
Rating
5.0 3 reseñas
Clasificación por edades:
16+

El (futuro) pez godo de Cyber City

¿Estás buscando el regalo perfecto para tu ser amado? ¿Ese anillo especial para pedir matrimonio?

¡No pierdas tiempo buscando en otro lugar! ¡En Altervisión hacemos todos los sueños realidad!

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¿Quién dice que el dinero no compra la felicidad?

¡Todo lo tenemos! ¡Todo lo que no sabías que necesitabas lo vendemos!

¡Te llevamos la vida perfecta hasta la puerta de tu casa!

ALTERVISIÓN: DONDE EL CIELO SE PUEDE COMPRAR.


Aquello era lo que anunciaba una pantalla de televisión en la sala de espera. El comercial era francamente horrible con esos gráficos acartonados y actores sobreactuados, lo esperable de cualquier infomercial de una empresa; aunque la melodía era pegajosa, eso sí. Era 1996 después de todo. Frente al televisor había una singular criatura completamente blanquecina al igual que su camisa y con un modesto pantalón de vestir negro. Sus piernas y su larga nariz afilada se movían al vaivén de la música de fondo y sus pequeños ojos negro azabache miraban con nerviosismo al piso. Se quedó perdido en sus pensamientos hasta que una voz le llamó:

—¿Es usted el señor… —se detuvo a mirar el currículo— Spamton G. Spamton?

—S-sí, soy yo.

—Adelante, sígame de favor.

Le escoltaba una figura que le superaba con creces en estatura pese a tener una apariencia física bastante similar. Su piel era amarillada y su cabello se asemejaba a las saetas de un trueno. Su voz sonaba conciliadora y profunda. Subieron por unas escaleras y atravesaron por un pasillo en el que se cruzaron con monstruos mucho más pequeños, de grandes orejas puntiagudas y rosadas, cargando cajas y realizando labores de mantenimiento.

—No es un Addison, ¿cierto?

—Uh, creo que no —contestó llevándose una mano a las orejas, rasgo que los Addison no poseían.

—Nunca había escuchado de un… Spamton. Normalmente para el departamento sólo se contratan Addison, pero parece que a los de personal les gustó su perfil.

Finalmente entraron en la oficina central donde se encontraba el que sería su nuevo equipo de trabajo. La piel de Spamton era tan pálida que el más mínimo sonrojo de emoción teñía sus mejillas de un rojo intenso.

Dentro había otros dos Addison: el de color naranja se encontraba sentado en una silla giratoria dando vueltas como en carrusel de feria y el de azul no se veía nada complacido por su comportamiento.

—Permítame que nos presente —dijo el Addison amarillo—, mi nombre es Addan, Addan Yellow Addison. Él es…

—¡Oye! ¿No eres muy bajito para ser un Addison? —preguntó la criatura naranja de aspecto candente y energético.

—Eh, yo…

—No es un Addison —interrumpió Addan antes de que Spamton pudiese contestar por su cuenta—, es un… ¿qué dijo usted que era?

—Uh, yo…

—No le haga mucho caso a mi compañero —exclamó el Addison azulado que reflejaba una gran seriedad y calma—, si no fuera porque de alguna manera logra vender de casi todo, hace años que yo mismo lo hubiese corrido a patadas.

—¡Hey, Addrien, no me quemes frente al nuevo!

—Mucho gusto, ni nombre es…

—¡Ah, sí, es un Spamton! ¡Spamton D. Spamton!

—En realidad es…

—¿Qué rayos es un Spamton? ¡¿Y qué son estas?! —exclamó la criatura naranja toqueteando levemente las puntiagudas orejas de Spamton.

—¡Addonis, basta! ¡No me obligues a reportarle ese comportamiento a Addley! —gritó el ser azul.

—¡Wow, tranquilo viejo, ya paro!

—Ejem. Sí, como le explicaba, ellos son Addrien Blue Addison y Addonis Orange Addison. Nosotros conformamos el departamento de ventas de Altervisión.

—Pensaba que todos vendían aquí dentro.

—Bueno, sí, de cierta manera, pero nosotros tenemos otras funciones, no somos sólo operativos.

—¡Somos lo top de lo top! —exclamó alegremente Addonis—. ¡Oye, bienvenido a bordo!

Spamton saludó tímidamente sacudiendo su mano. Addonis le regresó efusivamente el saludo mientras que Addrien se dio la vuelta en su silla y continuó con su trabajo sin decir una palabra. “Vaya ambiente laboral”, se dijo Spamton para sí.

La puerta se abrió de golpe y por ella entró un Addison color rosa con el cabello recogido con una coleta, iba a paso apurado y cargando una serie de papeles.

—¡Ay, que bueno que apareces, deja te presento a…!

—¡Ahora no, Addan! Tengo junta con el jefe.

Y sin decir más, azotó la puerta del fondo.

—Discúlpele, ha tenido unas semanas bastante pesadas. Él es Addley Pink Addison y es el segundo a cargo de la compañía. Todas las decisiones importantes debe consultarlas con él. Créame, no es buena idea querer hablar directamente con el patrón.

—Oh, sí. ¿Te acuerdas de Grinny después de esa reunión con el jefe? —interrumpió nuevamente Addonis—. Ni siquiera tuvo la decencia de renunciar, nos dijo que iba ir a la tienda por algo y no se volvió a presentar más.

Spamton tragó saliva.

—Como sea, ya le explico la dinámica de trabajo: nuestra labor es promocionar y vender la mayor cantidad de productos, desde pasta de dientes hasta seguros médicos o viajes a Las Bahamas. Cualquier cosa dentro del margen legal. Operamos de dos maneras: dentro de la empresa manejamos las ventas por “ventana directa” para publicitar productos a loslumínicos. Las ventas por teléfono, como es de esperar, son para públicosombrío. Dentro de la ciudad también manejamos otro tipo de publicidad más clásica con posters y tabloides, aunque nosotros no los diseñamos, sólo nos encargamos de su distribución en puntos estratégicos. Ahora, acompáñeme por aquí para que veamos lo de la firma de su contrato, sus horarios y lo respectivo a su salario. Le doy la más cordial bienvenida a Altervisión.

Spamton salió de aquella oficina con una gran sonrisa llena de sueños y esperanzas, ya que pronto sería el vendedor no. 1 de la ciudad, ¡el pez más gordo de Cyber City!


Al día siguiente, Spamton se presentó a esa misma oficina con su uniforme: una blusa negra de cuello en V y un pantalón verde neón…

Más o menos.

—Buenos días, Spamton —saludó Addan—. Una lástima que no pudiera conseguir ropa de tu talla, normalmente los Addison que entran a trabajar no suelen ser tan… de tu estatura. Pero, oye ¡la adaptaste bien!

Llevaba las mangas remandadas y un dobladillo en el pantalón, aunque la blusa en vez de llegarle a la cintura le cubría parte de los muslos.

—Te ves tan encantador, seguro que tienes buen pegue con las damas —lanzó Addonis sin venir a cuento.

—La verdad es que…

—Hey, muchachos, apenas son las nueve de la mañana y no van a querer que el nuevo tenga atrasos en su primer día de trabajo.

El azulino volvió a su posición. Los cubículo eran una especie de máquina con varios botones y un teclado central. Tecleó un par de comandos y luego oprimió un botón. Frente a él apareció el margen de una ventana. Su gesto frío cambió de un momento a otro: ahora mostraba una gran sonrisa y una expresión alegre con los ojos entrecerrados.

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Una vez cerrada aquella ventana su sonrisa se volcó en una mueca torcida.

—Por dios, ¡¿quién hace esos estudios de mercado?! Con anuncios así nunca voy a sacar para el crédito de la casa.

—Pues a mi se me han vendido bien los de la pizza con piña —dijo Addonis.

—Lo bueno es que nosotros no tenemos que probar las porquerías que vendemos…

—Y bien, Spamton —habló Addan—, vas a empezar con las ventas por ventana o prefieres cubrir la cuota telefónica.

—¿Qué? Oh, no, no. Creí que había quedado claro en el currículo. Yo… trabajo por correo electrónico.

Addan se quedó pensando un momento, rascándose la barbilla hasta que finalmente entendió.

—¡Ah, sí! Ese sistema, no sabía que se podía usar para ventas; bueno, supongo que por eso fue la contratación.

—Deje le muestro.

Se sentó en el cubículo que le correspondía, pensaba que al ser una empresa de tanto renombre el equipo sería bastante más nuevo, pero ese le serviría. Con gran maestría, como si toda su vida hubiese esperado ese momento, sus dedos se hicieron uno con el teclado; en poco menos de un minuto ya había configurado todo el protocolo necesario para trabajar. Addan estaba bastante impresionado con la habilidad del chico nuevo.

Pero la cosa no quedó ahí. Tecleando aquí y allá logró vincularse a una base de datos con correos electrónicos de, quizás, cientos de miles delumínicosalrededor del mundo.

Entonces…

De alguna extraña forma su cabeza se estiró y creció casi del doble de su tamaño. Addan sintió un escalofrío como nunca en la vida, pero no lanzó un grito de horror hasta que vio unas pequeñas criaturas emerger de esa boca… Spamtons diminutos salían uno a uno como alienígenas de una nave nodriza. Cada pequeño Spamton se conectaba a la máquina y dentro de ella generaba una animación de un vagón lleno de cartas viajando sobre un riel. A continuación, la copia se desvanecía haciendo ‘pop’.

Addonis volteó al escuchar a su compañero y gritó él también, más de la emoción de ver algo increíble que de miedo. Cuando Addrien volteó, sintió ganas de vomitar.

La puerta se abrió de repente, Addley acababa de llegar y estaba de un particular buen humor.

Estaba…

Sus colegas se tiraron a sus brazos del miedo por presenciar aquella dantesca escena. Al alzar la vista y ver lo que estaba pasando no pudo evitar gritar:

—¡¿PERO QUÉ CARAJOS ES ESO?!

—Es… es el chico de los correos —alcanzó a murmurar Addan mientras temblaba detrás de la pierna de su jefe.

—¡¿QUÉ CHICO DE LOS CORREOS?! OLVÍDALO, YA ME LO EXPLICARAS DESPUÉS. ¡TÚ! ¡¡DETENTE AHORA MISMO!!

Las copias habían desaparecido por completo, Spamton volteó la vista sólo para ser sujetado de la blusa y levantado por el fúrico puño de Addley.

—¡¡TÚ… LARGO DE AQU-!!

Click…

Click… click… click…

Frente a la pantalla principal el contador de clicks empezó a subir como la espuma, pasó de 0 a más de 1000 en un parpadeo y antes de que se dieran cuenta ya iba en 10,000. No eran ni las diez de la mañana.

No lo podían creer, una marca así en cuestión de segundos.

Addley bajó a Spamton, quien lanzó y largo y tendido respiro de alivio. El miedo del resto rápidamente se desvaneció y corrieron a aplaudir su hazaña. Spamton estaba increíblemente feliz al oír esas palabras de reconocimiento y aliento, aunque su sonrisa se difuminó al notar que Addley seguía visiblemente molesto.

—Sólo… no causes problemas, ¿quieres? —murmuró fríamente antes de darse la vuelta y entrar a su despacho.

—¡Ay, no te desanimes, chiquitín! Desde que es jefe de área Addley está que no lo calienta ni el sol, pero es un buen sujeto, de verdad, ya verás que pronto te coge aprecio —afirmó el Addison naranja.

Finalmente, la jornada terminó. Spamton se despidió de sus nuevos compañeros y emprendió camino a casa sabiendo que pronto su sueño se haría realidad. Un blanco amanecer le esperaba.