ᴏᴊᴏ ᴅᴇ ᴠᴇɴᴀᴅᴏ 🧿
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📖 「 𝐎𝐍𝐄 𝐒𝐇𝐎𝐓 」 🍓
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— ¿Porqué hace tanto frío carajo?
Pude ver las noticias y en ellas firmaban que sería caluroso este día, pero para mí sorpresa ahora estoy temblando por creerles a esos estúpidos meteorólogos, tan solo quiero irme a casa y meterme entre mis cobijas.
Mantengo mis brazos cruzados sobre mi pecho, de algo deben de servir para cubrirme del frío nocturno.
Lo que menos me gustaba era saber que tenía que recorrer gran parte de la cuidad para llegar a mi destino y como si la mala suerte estuviese rondando sobre mi cabeza, el tren se había largado.
— Hola, buenas noches —me acerqué a un ferroviario —. ¿Es posible que otro tren pase?
— Oh, lo lamento, ese tren era el último de la noche.
— ¡¿Qué?!
Mi gritó sonó muy estruendoso llamando la atención de las personas a mi alrededor, bajé el rostro por la pena y el ferroviario volvió a dirigirme la palabra.
— No se alarme caballero, hay otra manera de irse a parte del tren. Por medio del tranvía —el ferroviario extendió su brazo con dirección al transporte que estaba a nada de irse.
— ¡Muchas gracias! —dije con fuerza y aceleré el paso para alcanzarlo.
Me sujeté de los tubos que tenía en la parte trasera, iba a tope de gente y esa era una de las muchas razones por las cuales no me gustaba irme en el tranvía.
Otra razón era que tenía que caminar muchas cuadras aún y pasar por un parque al que le tengo un poco de temor.
El parque no cuenta con las medidas necesarias para que sea un lugar agradable y pasar caminando por la noche tranquilamente y tampoco, quiero añadir, es un parque pequeño. Es enorme, se han visto avistamientos de animales que provienen del bosque que literalmente se encuentra por los bordes del parque.
¿A quién se le ocurre hacer un parque cuando detrás se encuentra el bosque?
Si, en efecto a un imbécil.
La sensación hace carcomer mi estabilidad de paz al toparme con la entrada del parque, frío y lúgubre. Tampoco es para terminar atemorizado, su profunda rara belleza, la podías ver a través de su camino de piedra y las hojas caídas. Los pocos faros de luz amarillenta despejaban tranquilidad al andar.
Muchos no creen que tener un ojo de venado funcione para protección, yo en cambio tengo uno, lo rodea un brazalete color rojo. Varias veces me he logrado exponer al peligro sin intenciones y logro salir sin ningún tipo de daño.
Llegando a casa, me esperaba mi lectura que había dejado pendiente. Pronto llegó la hora de irme a la cama. A veces tenía problemas leves al dormir, insomnio en ocasiones, sin embargo, al hacerlo esta vez me dormí enseguida.
No se si fue propio de mi imaginación o fue real, profundidad al soñar era mi más sentida respuesta, pues dormido sentía como estaba apresado sin poder moverme. Sobre mi pecho y mi abdomen experimentaba la sensación de algo afilado que pasaba lentamente, sin olvidar que ese algo, me mordió.
Estaba recogiendo los papeles que se me cayeron al suelo en el pasillo de la librería, al inclinarme más de lo que debería me dolió el costado de mi cadera. Fui directo al baño para levantarme mi camisa lila, y al hacerlo me percate de una mordida que ya hasta se había tornado morada como si de un golpe se tratara.
— ¿No estaba soñando? —me preocupé.
Recordé que sobre mi pecho pasaban cuchillas, y me desabotone la camisa, en efecto tenía leves rasguños. Miré hacia mi muñeca.
No estaba mi ojo de venado.
Durante mi jornada de trabajo, me paseaba por los pasillos repletos de libros, buscando mi brazalete. Bajaba las escaleras y subía a planta media, baja y alta.
Nada.
Entre en desesperación pero fui rápido al entrar en calma, manejé mis emociones lo mejor que pude, tenía que atender a la gente, apoyarla.
Pensaba que perdí el ojo de venado en las calles, pero jamás hasta ese día se había aflojado de mi muñeca, me invadió una tristeza, realmente mi fé estaba almacenada sobre esa pulsera.
Lo siguiente del día fue un completo espanto y muy agotador. En los años que llevaba trabajando en la biblioteca central nunca vi una pelea, no obstante, aquella fue mi primera vez presenciando una.
Si estaba pasándola mal porque no había más personal, se largaron a disque tragar dejándome solo con mi pura cara sonriente. La señora peleaba con un hombre.
— ¡Es el último libro que necesita mi hijo para estudiar! —gritó ella.
— ¡Pero yo tomé primero el libro, debería haber más! —apostó el hombre.
— ¿Algún problema? —me acerqué para acabar con el asunto.
— ¡Gran problema! Me acaba de arrebatar el libro que llevo buscando desde hace media hora por qué tal parece que este lugar está sin personal —me dijo el hombre.
— Disculpe señora —mi amable tono de voz la hizo tranquilizarse un poco —. Hay más libros de ese tomo que busca en el área 3 de la planta media, no hay que arrebatar los libros cuando si no mal veo, ya está etiquetado con el nombre de el amable señor para que pueda llevárselo.
— Creí que este era el último —ella me entregó el libro y se fué para buscar otro.
— Muchas gracias joven, si no hubiera intervenido esta pelea se hubiera vuelto más grande.
Yo le entregué el libro y salió por las puertas, no sin antes agachar la cabeza en forma de agradecimiento.
Bien dicen que los problemas nunca acaban, lo cuál ahora se me hacía raro. Varios niños de entre seis y ocho años estaban tirando de los anaqueles los libros de español, así que opté por acercarme a ellos.
— Niños, ¿Qué les sucede? No deberían de estar tirando los libros.
A pesar de que no me hicieron caso, seguí insistiendo hasta que alcé un poco la voz, llamando la atención de los menores.
— Vamos, ayúdenme a poner los libros en sus lugares.
Respondieron con un rotundo no.
— No son juguetes, pero tenemos varios de ellos para que puedan expulsar su creatividad y sobre todo su hiperactividad ¿Quieren jugar con ellos y reír?
La expresión en sus rostros fue satisfactoria, ellos estaban en shock por las palabras que dije, era buen modo de manipular a los pequeños para que me hagan caso, de todas maneras aún están pequeños y descubren el mundo cada uno a su modo. No debemos ser crueles con ellos, son la población más vulnerable.
Llevé a los infantes al área de niños, donde podían hacer lo que se les antojara con su vibra infantil.
A pesar de el pesado día, me gustó experimentar otro tipo de ambiente en la biblioteca, más lleno de urgencias y de atención. Saliendo de la biblioteca, seguí con la mirada fija al suelo, buscando si de pura casualidad el brazalete estaba tirado, la noche no me ayudaba en mucho pues casi todo estaba a oscuras.
No, pero no lo encontré.
Poco a poco la magia del ojo de venado se iba esfumando de mi, la vulnerabilidad estába al acecho y la biblioteca era mi primera demostración de que sin el ojo, la energía mala puede llegar en cualquier momento.
La segunda demostración fue que en mi trayecto adentro del parque, pude ser testigo de como mataban a un sujeto a golpes, entré en pánico al ver dicha escena y que si ellos se daban cuenta de mi existencia a pocos metros, el segundo en morir, sería yo. Tomé la vaga decisión de retroceder y caminar rápido, choque con un sujeto mucho más alto siendo mi condena. Me comenzaron a tratar de acorralar pero escape corriendo, una sombra de pie a lado de un farol me habló.
— ¿Está sucediendo algo malo?
Por mi miedo no supe responder, al voltear detrás de mi, los sujetos que con anterioridad me perseguían estaban muertos, tirados a varios metros del camino de piedra cubierto con manchas de sangre.
— ¿Qué? —se me salió decir eso, no entendía que sucedía. Solo miraba espectante los cuerpos.
— Estás a salvo por ahora.
La sombra volvió a hablar, y sí ya tenía miedo, este se duplicó al ver que la sombra abría sus ojos de un rojo intenso sin olvidar mencionar que se acercaba hacia mí, más alta e imponente. Tan solo pude ver qué me tomaba del rostro con lo que bien parecía ser su mano, pero más una garra.
— Dime querido, ¿qué es lo que has perdido?
—Perdí mi ojo de venado.
Esas fueron las últimas palabras que dije, pues después de ahí, recuerdo haber caído en un profundo sueño.
Abrí los ojos, al girar mi cabeza me topé con los rayos del sol cubriendome la cara, quería hacerme la idea de que lo que había visto en el parque había sido obra del sueño, tampoco recordaba bien, llegar a casa.
¿Cómo llegué entonces?
De camino al trabajo, en el largo trayecto que hace el tren, me decidí llevarme mi libro para continuar leyendo mientras que llegaba. Casi siempre en el lugar donde me vengo sentado, está vacío, y para mí sorpresa un joven de lentes se sentó frente a mí. No pude concentrarme en la lectura porque dicho joven no miraba a otro lado que no fuera a mi dirección.
Lo observé de reojo, hasta que por fin se digno a dirigirme la palabra.
— ¿Puedo saber en qué capitulo del libro va?
Su pregunta me llamó la atención, no era nada más y nada menos que conocía el libro que leía.
— Voy en el capítulo cincuenta y siete.
— Está a nada de terminarlo, es muy bien libro, cuando yo lo leí me llamo mucho la atención.
Su actitud me pareció muy agradable, me pasé al otro asiento y le acerque el libro.
— Si gusta, puede leerlo conmigo.
Al acercarme pude ver mejor el color de sus ojos, café avellana.
Me la estaba pasando muy bien, lástima que llegó el momento de irme, recuerdo su sonrisa en todo el rato pero al levantarme desapareció, noté tristeza al ver su ceño fruncir. Al levantarme, el imitó mi acción.
— ¿Cuál es tú nombre?
Mi pregunta, ocasionó que volviera a sonreír.
— Mi nombre es Alastor.
— Bueno, tengo que irme, me darán un regaño si llego más tarde de lo acordado.
Al salir del vagón, capté que yo no le dije mi nombre, al darme la vuelta choque con él.
— Disculpa, es que no me dijiste el tuyo —dijo nervioso.
—Me llamo ____ y trabajo en la biblioteca central, puedes visitarme si gustas, así podríamos terminar de leerlo juntos — levanté el libro de mi bolsa.
Sus ojos brillaron y sus mejillas se volvieron rojas.
— Está bien, te visitaré cuando menos lo pienses.
Me faltaba una cuadra para llegar a la biblioteca, sentí una mano en mi hombro y era un compañero mío.
— ____ ¿Con quién hablabas? Casi llegamos tarde.
— Hablaba con un muchacho amable, y es cierto estamos a nada de que no nos permitan el acceso al trabajo.
Me despedí de mis compañeros, y cerré con llave las puertas de la biblioteca, fuí a la plaza que estaba aproximadamente a unas cinco calles de la biblioteca. Nunca se me había ocurrido ir a ese lugar y era mi primera vez. Era un sitio muy iluminado y repleto de gente, extraño ya que eran cerca de las nueve y media de la noche.
Mientras más me adentraba, nuevas cosas aparecían, hasta que un puesto al fondo de los demás, me llamó la atención.
— ¿Extraviaste algo de buen valor?
El señor que atendía, parecía ser un brujo que te podía leer la mano para predecir el futuro.
— No, solo estoy viendo.
— Mentir, mentiras joven, puedo oler su falta de protección, puedo oler su vulnerabilidad a kilómetros.
— ¿Quiere decirme algo?
— ¿Hay algo que quieras escuchar?
Nos encontrábamos en una mesa, el señor brujo, se hallaba sentado frente a varias cartas alineadas.
—Perdí mi ojo de venado.
— Has perdido el ojo de venado, un amuleto protector, capas de transformarte en alguien inmune e invisible al toparte con malas energías y malas almas.
— ¿Tan malo es?
— Es malo, pues si, ya que al extraviar el amuleto dejas de tener un escudo y te vuelves vulnerable, estás siendo testigo de nuevas experiencias, malos tratos, y poco a poco si no es que ya, verás y sentirás cosas que nadie entenderá más que tú mismo.
— ¿Existe alguna manera para poder tener de nuevo esa protección? Últimamente las peleas han sido constantes en mi entorno y también observé la muerte de varios sujetos y una sombra que me hablaba, es complicado porqué pensaba que esto era un sueño y en mi cuerpo tengo rasguños.
— Esto nunca lo había escuchado, puede que tú ojo de venado haya sido arrebatado, y la única manera para volver a tener de nueva cuenta tu protección sea enfrentar a quien te este persiguiendo, de nada serviría volver a tener otro brazalete si la protección no la tienes.
Apenas en la entrada del parque volvieron las palabras que me dijo el señor brujo. ¿En qué me ayudaría enfrentarme a quien me persigue? ¿Y quién carajo me persigue?
Era muy confuso, pues una punzada en la cabeza me hizo regresar a la realidad, parpadee muchas veces y mi vista se enfocó en el farol dónde estaba la sombra.
— ¿Qué eres en realidad? —me recargue en el farol.
A lo mucho pasaron diez segundos para yo volver a caminar hacia la salida, sin embargo un sonido me llamó la atención, al voltear me topé con un sujeto que irradiaba una luz rojiza, sentado en una de las bancas. No tenía aspecto humano y tampoco es que lo fuese.
— Soy, lo qué soy querido —habló sonriendo, sus dientes eran como de sierra.
Entré en pánico y me quedé petrificado, estaban pasando tantas cosas extrañas y si la única manera de volver a tener mi protección era enfrentarlas, debía hacerlo. Mi intención fue salir disparado a la salida del parque, pero las puertas se hallaban cerradas.
— ¿Por qué te alejas? —el poco a poco avanzaba.
Yo retrocedía, no hubo más a dónde retroceder al toparme con un muro, me tenía acorralado. Tomaba bocanadas de aire rápidamente.
— Me temo que aún no has respondido mi pregunta.
— ¿Estoy en una pesadilla? —cerré los ojos al tenerlo tan de frente.
— Siempre me a gustado poder oír el corazón tan latente, cuando tienen miedo.
Al abrirlos de nuevo, ya no había nadie frente a mí. Las puertas de la salida volvieron a estar abiertas y salí sudando recordando a detalle como fue la primera vez que aquel ser, aparecía.
Me encontraba en la biblioteca acomodando nueva mercancía sobre unas escaleras plegables, y no me dí cuenta que Alastor me estaba observando.
— ¿Quieres ayuda? —me preguntó.
— No, ya solo me faltan unos cuantos —le sonreí retomando mi actividad.
— En serio que dudé si era aquí, pero entonces recordé que es la única biblioteca cerca y ya no tuve menor duda —el sujetaba la escalera.
— Disculpe joven —se nos acercó una señora —. ¿Tendrán el libro de la manzana roja?
— Oh, si está en el otro anaquel, Alastor ¿podrías pasárselo?
— Si, claro —el se detuvo a buscarlo
— Lo tomaré yo —dijo ella, agarrando el libro —. Gracias joven.
— Por nada —yo miré extrañado a la clienta —. ¿No te vió o por qué no te agradecería?
— Hm, quizás iba distraída y no me tomó en cuenta.
La hora de mi descanso llegó y salí junto con Alastor a sentarnos en una de las bancas de un jardín trasero.
— ¿Qué haces en tu tiempo libre? —pregunté.
— Pues... Me gusta asesinar gente y comerme sus tripas, claro que antes de que estén muy frías y la sangre tenga coagulos —contó con los dedos y prosiguió a verme a los ojos.
Su respuesta no me la esperaba, claro que me tomé todo en juego, y yo reí.
— ¿Te gusta hacer algo más aparte de ser un canival? Debe ser algo agotador.
— Leer sobre todo en los periódicos, sabes mucha gente no toma en cuenta las letras pequeñas que vienen al reverso, puede ser alto indicio de su deficiencia en la lectura...
Observaba más atento a Alastor, sus facciones, la forma en como se expresaba... Algo no estaba bien, Alastor cambio de posición a estar con el rostro de frente y al instante algo en mis adentros me decía "huye".
Su rostro era muy parecido por no decir que era el mismo, que el sujeto de colores rojos. No sé si estaba en lo correcto y me negaba por mucho.
Alastor decidió pasar todo mi trabajo conmigo, aún cuando ya estaba a nada de cerrar.
— Alastor, hay algo que no me quieras ¿Decir?
— ¿Puedo quedarme a pasar la noche contigo? —me preguntó.
— Claro... ¿Has tenido problemas con alguien?
— Si.
Su respuesta bastó para que lo tomara de la mano y caminaramos hacia mi casa.
Cuando llegamos le ofrecí sentarse en la sala, mientras yo buscaría algo para cenar.
— Es muy lindo de tu parte ofrecerme comida, pero no sería justo que lo hagas tú solo —él se levantó dispuesto a ayudarme.
— Si, insistes —le entregué una cuchara pero cayó al suelo.
Sabía cocinar, y me enseñó a preparar todo, aunque el solo me asesoraba más nunca metía mano en nada. Al probar el guiso me gustó.
Alastor tomó asiento en la silla del otro extremo del comedor, quedamos frente a frente.
— Me temo que ya es tiempo de decirte algo personal —Alastor cerró los ojos, manteniendo las manos entrelazadas en la mesa.
Yo vi de nuevo el plato, tenía restos de partes humanas, y solté la cuchara quedándome muy quieto, abrí los ojos sin creer que estaba comiendo.
— Alastor, no entiendo nada.
El lugar poco a poco se iba oscureciendo, dejando solo visibilidad a nosotros dos, sentía miedo de nuevo.
Los cabellos cafés de Alastor poco a poco se volvían rojos, al igual que su piel perdía color. Sus lentes desaparecían y eran reemplazados por uno solo de cadena. Le crecían unas astas oscuras y al abrir los ojos estaban rojos.
Yo le comencé a aventar lo que tuviera más cerca.
— ¡Hey! —se levantó y esquivó un cuchillo —. Sabía que está sería tu reacción.
— ¡Maldita sea! ¡Eres tú! —grité —. ¡Me has quitado mi ojo de venado y ahora también me has quitado mi protección! —caminé hasta él, pues el enojo ya me había quitado miedo.
— Mala suerte querido, no me deberías hablar con ese tono.
Pasó su lengua por el borde de su boca, y lanzó un zarpazo que me dió en mi pecho, la tela de mi camisa se rasgó y mi sangre brotó, Alastor se abalanzó queriendo aprisionarme, salí corriendo hacia mi habitación cerrando la puerta con seguro recargandome abatido por la herida.
Me desabotone la camisa para ver mejor.
— ¿Por qué has cerrado la puerta querido ____? ¿Acaso no quieres que me alimente con tu sangre? Puedo olerla, quiero verla escurrir frente a mis ojos.
El tono de voz que usaba era más grave que el anterior, rasguñaba la puerta desde afuera y yo solo esperaba lo peor.
Quebró la puerta y se acercó velozmente hacia mi, cerré de nuevo los ojos pero, nada me pasó. Tuve que alzar mi cabeza para verlo, algo le impidió hacerme daño. Poco a poco su forma agresiva se esfumó y quedó simplemente el demonio en su primera faceta, aunque igualmente alto.
Sus manos las sentí por mi espalda, hasta llegar en mis caderas.
—No, aún no puedo matarte —susurró contra mi oreja.
— Que alivio —suspiré todavía sin mover un músculo.
—Pero si puedo estar contigo —Afirmó.
Cada noche Alastor me venía a visitar, creo que a él le gustaba la forma en cómo yo no cedía a sus órdenes o a sus maneras de demostrar que él era muy poderoso. A veces usaba su magia vudú para hacerme reír, y cuando la usaba para atemorizarme yo ya estaba preparado y el se ponía triste.
Nuestra amistad fué fluyendo de una manera increíble, y a pesar de ser de que su muerte fue hace treinta años, no había cambiado mucho el mundo, quizás esa era la razón por la que nos llevábamos bien.
Me había confesado que nadie más podía verlo a excepción de mi, ahora entiendo las reacciones de la gente cuando hablábamos en público, la única manera de que pudiese presenciarse al cien era estar solos.
— ¿Y cómo es? —pregunté.
— ¿Qué?
— El infierno.
Mi pregunta le tomó por sorpresa, estábamos en el bosque y específicamente en una pradera, decidimos organizar un picnic solo que está vez sin nada de cosas canivales, él estaba acostado a un lado mío, su extraño cabello rojizo se movía con dirección al viento.
— Una mierda —sonrió.
Yo comencé a reír por su descripción tan simple del infierno, pero bastaban dos palabras para saberlo.
Muchos recuerdos tengo de Alastor, un día bailamos mientras nuestros pies se mojaban en un lago, al girar el agua cristalina mojaba mi ropa.
Hubo una ocasión en la que pudo ver mi piel desnuda. Sus manos volvieron a tocar mis caderas, yo mantenía mis piernas separadas entre su cintura, le mostré de nuevo la fragilidad de ser todavía un humano. Al tomar mi rostro y besarme, lo hacía con una delicadeza muy tierna, él no quería lastimarme con sus dientes afilados. Sus susurros me recordaban que me amaba, y mis gritos de placer era la respuesta de que yo también estaba loco por ese demonio.
— Quiero devorarte de todas las maneras posibles —decía al mismo tiempo en el que lamía mi cuello y lo mordía.
Corríamos hasta cansarnos por las calles, y la gente comenzaba a dudar de mi estabilidad mental, porqué a mí ya me había dado igual si me tomaban de loco al estar con el demonio que amaba.
Las dificultades comenzaban y no iniciaban conmigo, si no con Alastor, cada vez que pasaba más el tiempo se volvía débil, no sabíamos que estaba ocurriendo, hasta que por fin dimos con la respuesta.
Atendía a Alastor que se encontraba recostado en mi cama.
— Pierdo poder sobre ti.
— ¿Qué estás diciendo Alastor? —no comprendía que quería decir.
— Me vuelvo más débil por tu falta de miedo hacia mi, es difícil de explicar ya que yo ya estoy muerto pero pronto regresaré al infierno.
— Eso quiere decir que mi protección...
—Si, tu ojo de venado.
Alastor tomó de mi mano y en la palma me entregó mi brazalete, el ojo de venado.
— No, Alastor.
—No te preocupes por mí querido, tengo que volver a mi faceta de sonreír todo el tiempo, no me agrada que te quedes aquí solo...
— Entonces llévame contigo.
La idea logró que sus ojos brillaran, lo dije sin pensarlo y eso me trajo un escalofrío.
Con las pocas fuerzas de Alastor, llegamos a caminar hasta el bosque, el ambiente pintaba de un verde grisáceo, muy nublado estaba y el frío me erizaba la piel.
—Entonces que...
Me quedé de pie, sin poder terminar de expresarme, Alastor me había atravesado sus grandes garras en mi abdomen. Mi sangre escurría de entre sus dedos y morí.
El muchacho cayó sobre los pies de Alastor, el demonio lo cargó entre sus brazos y se lo llevó caminando hasta las puertas del infierno.
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🥀: HOLI nenxs, ya se que lo iba a subir hace días pero ¿Hola? Estás viendo es 14 de febrero obviamente lo iba a subir ahora, ojalá que vayan rechazado a alguien, estaré muy orgulloso de ustedes ❣️
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· ≻ One Shot- Alastor
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· ≻ ¿Preguntas? Si todas aquí somos putas
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· ≻ Se viene otro one Shot de Alastor y Vox... ¡Soy multishiper!
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. ≻ Voten y ¿
.
. ≻ Atte. Mila