Episodio 1. (Parte 1)
En algún lugar del reino del trébol, en la Aldea remota de Hage. Era un día nublado con las nubes de color gris, el cielo también era de ese color. Igualmente, se podía oír llantos de bebes, los cuales estaban en unas canastas diferentes, además que estaban enfrente de una iglesia en esa remota en la aldea. Un hombre que había salido de la iglesia, había escuchado los llantos de los bebes.
- ¿Otra vez? - pregunto el hombre, quien se acercaba a los niños y se hinca. Los mira por un rato para luego entrar con los niños en la iglesia. En algún punto de la iglesia, el padre hace una fogata para el y los bebes se calienten. - Buen chico. - decía el hombre mientras caminaba hacia los pequeños. - Por fin se calmaron. - dijo el hombre se estiraba y suspiraba viendo a los pequeños que tenía en la cama, los cuales estaban durmiendo. - ¿Serán mellizos? ¿Gemelos? - preguntaba el padre viendo a los dos. - Lo dudo. Este es muy tranquilo. - dijo mirando a Yuno. - Y ella tiene mucha energía. - dijo mirando a Asta, quien estaba moviendo su cabeza de un lado a otro con un sonrisa y con sus manitas en sus mejillas. - Y para empezar, no se parecen en absoluto. - acerco su mano a los pequeños para destapar uno y vio el nombre del primero. - ¿Yuno? - dijo mirando su nombre y viendo el collar que tenía con él. - A ver como se llama la energi... - no termino de hablar porque había recibido una patada de la chica en su nariz. - ¡Tienes mucha energía! - expreso agarrándose la nariz para luego levantarse, cundo se levantó miraba a la beba con un enojo para luego relajar la expresión con una sonrisa viendo a la beba reír. - Asta, ¿eh? - dijo viendo el nombre que tenía la bebe. - No se preocupen por nada, chicos. - dijo el Padre con las manos en su cintura y sonriendo. - A partir de hoy, este es su hogar. - miro a los bebes que tenía al frente. - Asta y Yuno.

Pasaron 15 años desde entonces, ahora podemos ver a personas trabajando en el campo con su magia en un día soleado y las nubes blancas hermosas.
- Espero que este año tengamos una cosecha abundante. - decía un hombre que trabajaba en su tierra.
- Sí. - le respondió su compañero quien estaba haciendo una bola de agua para luego hacerlo explotar.
- ¡Hermana Lily! - se escuchó grito de una señorita.
- ¿Qué pasa? - pregunto el hombre del hacha mirando a la iglesia.
- ¿Otra vez la muchacha de la iglesia? - pregunto el hombre del poder del agua con las manos en las caderas.
En la iglesia, se podría ver a una chica corriendo por todas partes para escapar del Padre, quien la estaba siguiendo. Mientras la hermana Lily estaba con una canasta de ropa y chámaras.
- ¡Aún no me rindo! - gritaba la chica con todas sus fuerzas para luego esconderse detrás de la hermana Lily.
- ¿Qué pasa, Asta? - pregunto la Hermana Lily confundida con la situación.
- El Padre me quiere poder un vestido y no quiero. - justifica la señorita con un puchero.
- Pero Asta... - intento decir el Padre, pero estaba cansado y jadeando de tanto correr detrás de ella. - Te verías bien linda con un vestido.
- ¡No! No quiero. - respondió con enfado para luego alejarse de la hermana Lily para subir a un árbol.
- ¡Ah, Asta baja de allí! - regaño la hermana Lily. - Eso es peligroso.
- ¡Eso es, hermana! - decía una niña peli-morada aplaudiendo, con ojos de color verde claro. Y estaba acompañada con otro niño de pelo de color café claro al igual que sus ojos.
- No voy a bajar para que me pongan ese vestido. - le reprocho con las mejillas infladas. La hermana Lily y el Padre suspiraron, el segundo guardo el vestido para volver. - Gracias, pero aun así no pienso bajar.
Lastimosamente, sus palabras no fueron escuchadas, ya que en ese momento, la golpeo un fuerte viento causando que se cayera, pero no sintió en golpe del piso, puesto que el viento la había amortiguado su caída. Con en solo hacer esas acciones, sabían quien había sido, solo había uno quien podría usar la magia de viento. Asta con cara molesta vio al responsable y se acercó con molestia.
- ¿Por qué te entrometes tú también, Yuno? - le recrimino la peli-gris al peli-negro.
- ¿Qué por qué? - le respondió arrogante con su mano en su barbilla. - Eres una ruidosa, baja, nerviosa y poco tolerante. - esas palabras cada de esas palabras que decía Yuno. Asta sentía que se clavaban flechas en su cara, además se sentía un poco herida. - Nada que pueda gustarle a un hombre a decir verdad. - él decía mientras caminaba junto a ella sin mirarla. Ya debería saber que ella no estaba interesada en esas cosas.
- ¡Esa no es forma de hablarle a alguien con quien has vivido 15 años! - le recuerdo enojada. La verdad es que lo sacaba de quicio. - ¡Maldito donjuán!
- Te ayudaré. - le ofreció Yuno a la hermana Lily, quien tenía la canasta en sus manos.
- Gracias. - agradeció la hermana Lily.
- ¡No me ignores! - le grito Asta a Yuno.
- Asta, por una vez no seas tan infantil y deberías a comportarte como la señorita que eres. - decía Yuno mientras se volteaba a verla. - Aunque tengas 15 años.
- Cállate. ¡Maldita sea, Yuno! - susurraba Asta con mucho enojo, si lo sacaba de quicio. - ¡Enfrentémonos, Yuno!
- Me niego. - rechazo Yuno inmediato la confrontación.
- ¿Por qué? - pregunto la chica molesta.
- No quiero perder el tiempo. - bien eso si fue un golpe un poco bajo para Asta.
- ¡Repite eso! - le exigió Asta.
- Ya esta Asta. Sabes que no puedes vencer a Yuno. - le dijo Nash, quien estaba con las demás niñas.
- ¡Te haré probar mi arte mortal! - expresaba con seguridad Asta que empezó a mover los brazos mientras gritaba.
- Asta, tú no puedes usar magia. - comento el niño veía Asta moverse y con una mano extendida en dirección a Yuno, pero como se esperaba no salió nada.
- ¡No salió nada! - grito de frustración para tirar al piso haciendo gruñidos para luego levantarse nuevamente. - ¡Pero aún no me rindo! - decía la muchacha.
Se ríe una niña de pelo de color negro. - Asta es muy graciosa. - dijo la niña feliz.
- No tiene talento. - dijo Nash mientras miraba a Asta en su intento de que salga algo de magia. - Es increíble que no pueda usar nada de magia a su edad.
- ¡Esa no es forma de hablarle a alguien mayor que tú! - le regaño Asta a Nash.
- Cállate. En este mundo, la magia lo es todo. - le contestaba Nash con una expresión aburrida y con un dedo hacía fuego. - Cualquiera puede usarla. Eres la única que conozco incapaz de hacerlo.
Bueno eso se puede decir que le echo sal a la herida con ellas palabras y claro que no podía decir nada al respecto porque era la verdad en palabras. Asta suspiraba resignada a seguir hablando con Nash mientras que Yuno mostraba su magia de viento, todos los presentes se asombraban.
- ¡Yuno es la esperanza de esta iglesia! - decía el padre de maravillado de Yuno y con orgullo.
- Él puede convertirse en uno de los caballeros mágicos del Rey Mago. - expresaba Nash con mucha felicidad.
A cambio Asta, solo podía oír lo que decían de Yuno. Eso la puso triste, ver que todos alababan a Yuno por su magia y destreza con ella a diferencia que con ella, le tiraban siempre la verdad en su cara. Y esa tristeza no paso desapercibida por la hermana Lily, la cual se acercó a la muchacha.
- Pronto será la ceremonia de entrega. Cuando tengas un grimorio, probablemente puedes empezar a usar magia. - intentaba animar a la chica y le dio una sonrisa.
- Hermana... - solo pudo decir eso viendo a la hermana, para ella, es como una madre a decir verdad. Siempre la animaba y la curaba de sus heridas. En ese momento, Asta volteo su cabeza para ver los huesos de los que un día fue demonio que ataco hace mucho tiempo. “Pronto tendré un grimorio. Por fin, ¡Por fin”, pensaba Asta mientras veía los huesos. - Conseguiré el mejor grimorio de todos, me haré caballero mágico y un día me convertiré en Rey mago, como tú.
- Ya vuelve a decir tonterías. - dijo Nash mirando a la animada Asta.
- ¡Y entonces reformaré esta iglesia ruidosa! - dijo Asta sin pensarlo mucho y eso hizo que el padre se enojara.
- ¡Siento que sea ruidosa, enana! - dijo el adulto con enojo y señalándola con un dedo.
- ¿Verdad, Yuno? - pregunto Asta mirando al nombrado con una sonrisa. Pero este no dijo nada al respecto. - ¿Verdad? - intento de nuevo haciendo su mano un puño para que chocaran, pero no dijo nada y solo se fue dejando a una Asta triste. - Ya verás. - dijo para luego empezar a correr. - ¡Ya verás, maldita sea! - grito con todas sus fuerzas mientras corría hacia el bosque, apenas hermana Lily pudo ver algunas lágrimas en los ojos de Asta.
- ¡Espera, Asta! - grito la hermana Lily, pero ella ya estaba un poco lejos.
- ¿De verdad es mayor que yo? - pregunto Nash mirando a Asta correr mientras que la hermana Lily solo pude sentir tristeza ante lo ocurrido.
Entonces ella quiso tomar cartas en el asunto y entro a la iglesia en donde estaba Yuno parado dándole la espalda.
- Yuno, ¿por qué no intentas llevarte mejor con Asta? - pregunto la hermana Lily. - Como antes, de niños siempre estaban juntos. Tú solías llorar mucho hasta el día en el que volviste con Asta muy lastimada. - dijo la chica recordando la escena, en donde Yuno tenía agarrada a Asta de la cintura mientras que ella pasaba su brazo detrás de su cabeza con una sonrisa. - Desde entonces dejaste de llorar.
- No puedo llevarme bien con ella. - dijo seriamente Yuno sorprendiendo a la hermana Lily.
“Ahora que lo pienso, Asta empezó a volver llena de barro a partir de aquel día. ¿A dónde ira y que hará?, reflexionaba la hermana Lily mientras su cara expresaba tristeza.

En un lugar lejos de la iglesia, dentro de la figura de los huesos, se encontraba una muchacha de pelo gris largo, ojos de color verde claro con su brillo característico y esa misma chica estaba haciendo ejercicio en aquel lugar ya mencionado.
- Novecientas noventa y cuatro, novecientas noventa y cinco, novecientas noventa y seis, novecientas noventa y siete. - empezó la chica a contar mientras tenía sus piernas arriba y con sus manos se impulsaba hacia arriba y hacia abajo. - novecientas noventa y ocho, novecientas noventa y nueva. - ahora lo estaba haciendo con una mano. - ¡Mil! - dijo para luego impulsarse hacia atrás con una mano y empezar a beber. - ¡Y bebo jugo de hojas Moguro para aumentar mi poder mágico! - luego de beber, empezó mover sus brazos adelante y hacia atrás simultáneamente. Se detuvo por un rato mientras una gota de sudor caía y recuerdo el juramento que hicieron ellos de niños. - Seré el Rey Mago. No cederé ante nadie. - decía con seguridad mientras jadeaba. - ¡Y empezaré perfeccionando mi cuerpo! - dijo la muchacha mientras hacia lagartijas y gritaba a todo pulmón.

Marzo, cuando vuelan los dientes de león luciérnaga. Una vez al año, los jóvenes del Reino del Trébol que cumplen 15 años se reúnen para recibir su grimorio que aumenta su poder mágico. Ya relatando eso, nos encontramos en la Torre de los grimorios, todos los jóvenes estaban reunidos en ese lugar.
- ¡Es impresionante! - grito nuestra protagonista viendo los grimorios en ese sitio tan cerrado. - ¿Todos esos son grimorios? ¿Cuál será el mío? “Cuando tenga uno seguro que podre usar magia. Alcanzaré a Yuno enseguida”, se animó y pensó positivamente ante la situación, si podía tener un grimorio estaría a la par de Yuno, su rival y su amor verdadero, pero eso no se lo digan a nadie, además ella no lo sabe todavía.
- Hoy seré un mago hecho y derecho. - dijo un chavo mientras presumía su presencia y no venía solo.
- Mira eso. - le dijo a su compañero viendo a donde estaba Asta y a Yuno. - Que andrajosos. No veo necesidad de darle grimorios a esa gente.
- Tú lo has dicho. - respondió el rubio viendo a los dos. - Aunque debo admitir esa chica es hermosa.
- ¿Crees que se presenten al examen de caballería dentro de medio año? - le pregunto en tono de burla a su compañero. - Solo aprueba gente de la nobleza o la realeza que nace con gran poder mágico. Por si fuera poco, oí que esa lindura no puede usar magia.
- Increíble. Entonces hay que tratarla con cuidado a la joven. - decía su compañero rubio. - Es una especie protegida.
- Bienvenidos, receptores. - hablo un anciano que flotaba. - A partir de hoy, cada uno emprenderá su camino. Que los acompañe la honestidad, la esperanza y el amor. - decía el anciano mientras bajaba con su magia en una alfombra. - Soy el guardián de esta torre de grimorios. - se presentó el anciano. - Esta región no ha generado ni un solo Rey Mago y pocos caballeros mágicos se han destacado. - seguía dando su discurso. - Espero que algunos de ustedes llegue a ser Rey Mago algún día. ¡Lo digo en serio! - grito eso último con los ojos abiertos y tose para nuevamente empezar a hablar. - Sin más preámbulo, les entregaré sus grimorios.
En ese momento, empezaron los grimorios a volar hacia sus respectivos dueños. La bulla no se esperó más, ya estaban hablando de hacer. Algunos veían el tamaño, el color, lo largo que eran sus grimorios. Los de antes dijeron que iban al examen y aprobarían y todos se sorprendieron. El anciano les deseo buena suerte y a todos también. Y Como era de esperar, nuestra querida Asta no recibió ningún grimorio y todos se empezaron a burlarse de ella, y para colmo, detrás de ella algo comenzó a brillar. Era ni más ni menos que el grimorio de Yuno, el cual estaba brillando frente a él. Y no era cualquier grimorio, era un grimorio de cuatro hojas, dicen que guarda un poder asombroso y trae buena fortuna. Segundos después el grimorio dejo de brillar y cayó en la mano de Yuno.
- Me convertiré en el Rey Mago. - dijo Yuno a los demás. Todos se asombraron y gritaron de alegría todos los presentes.
- Es la esperanza de Hage. - dijo el Padre con orgullo. Entre otros halagos de los niños de la iglesia, se asombraban de verdad que Yuno tenía un grimorio de cuatro hojas.
Mientras todo eso pasaba, Asta empezó a caminar hacia la salida. Estaba demasiado deprimida como para decirle algo a Yuno, aunque de verdad quería decirle unas cuantas cosas, pero se las guardo para ella misma. Todos los demás estaban mirando a Yuno, excepto la hermana Lily, quien estaba observando a Asta irse de aquel sitio.
- Iré a ver como esta Asta. - les aviso a los demás para irse detrás de ella. Pero lastimosamente, no la pudo alcanzar para hablar con ella. Un rato de después, salieron los demás de la iglesia para volver a ella.
Continuara...