00. Intro
"Kim Heechul y Jang Jisoo podrían estar en una relación desde su debut".
La pareja de jóvenes actores pertenecientes a KLP Entertainment ha sido captada saliendo de un bar a altas horas de la noche. Las fotos no sólo revelan que ambos pasaron un divertido rato juntos, sino que muestran acercamientos cariñosos mientras caminaban de la mano al estacionamiento, donde abordaron el mismo auto sin ningún pasajero extra; como se puede apreciar en las siguientes imágenes.
Kim Heechul de veinte años, y Jang Jisoo de veintidós se conocieron desde que eran trainees en su empresa. Siempre habían mostrado una increíble amistad por medio de las redes sociales, incluso acudían a las presentaciones del otro, pero todo este tiempo se negó la existencia de algo más que una amistad por parte de la compañía. Sus fans tampoco creían que existiera una relación fuerte, y normalmente negaban los rumores tanto como la compañía lo hizo.
Ahora, los ojos de la nación entera están puestos en dos de los artistas más importantes actualmente. La pareja del momento ha salido a la luz, y ningún comunicado por parte de la empresa ha dicho lo contrario hasta este momento; nada ha sido publicado por parte de ninguno de los involucrados.
El presidente Kim aventó el periódico sobre el escritorio. Sungmin no tuvo que mirarlo para saber su contenido, porque ya lo sabía. Incluso se había aprendido la nota de memoria por haberla leído tantas veces, preso de una zozobra aplastante. No supo qué hacer en primer lugar. Pensó en comprar todos los diarios con esa noticia y desaparecerlos para que no llegaran al presidente; pero en siglo XXI, con la existencia de todos esos avances abrumadores, era difícil que pudiera lograr su cometido. Pensó en huir del país, pero no gastaría su presupuesto ahorrado para su casa soñada en un capricho, mucho menos se rendiría antes de tiempo porque ese no era él. Así que sólo le quedaba intentar.
Intentó por todos los medios posibles llegar a un acuerdo con el periodista que siguió a Heechul aquella noche, pero era demasiado tarde: la nota ya estaba escrita y las fotos publicadas. El autor se negó a dejar ir una exclusiva tan jugosa como esa, y la editorial no perdería los ingresos que le generaría sacar a la luz una relación por la que otros medios pagarían una exclusiva. Heechul era bastante popular entre las chicas, y Jisoo era una de las actrices más pedidas para los dramas del momento en Corea. El dúo dinámico, la pareja estrella, almas gemelas en la industria; su propia perdición al ser el mánager de Heechul. Los enemigos número uno en su lista negra; si tuviera una.
Y uno de ellos estaba sentado a un lado suyo. El causante de todo el desastre.
—La pareja del momento ha salido a la luz. Un par de envidiables estrellas comparten su brillo —comentó el presidente, citando comentarios que Sungmin también había leído en el artículo. Las arrugas de su rostro se le marcaron en la frente y la mueca de desagrado que hacía su boca al pronunciar cada una de las palabras, le recordó que estaba perdido.
—Yo...
—¡¿Qué demonios se supone que sucedió aquí?!
—Bueno...
—¿En verdad nos llaman así? ¡Genial! —Comentó Heechul con un tinte de emoción en su voz que logró hacer temblar un poco el ojo derecho de su mánager. Estaba más que estresado en ese momento y ese chico no le estaba ayudando en absoluto.
—Heechul, sal de aquí en este instante —ordenó el presidente con un susurro asesino. Sungmin pudo ver una vena de su cuello asomarse un poco más.
—Pero...
—¡Sal de aquí en este instante o te despediré!
—Wow, que intenso —mencionó Heechul despreocupado. No tenía mucho de que preocuparse siendo el sobrino del presidente; Sungmin, sin embargo, no podía decir lo mismo. —Bien, me iré, me iré. Nos vemos después, súper mánager. ¡Eres el mejor!
Sungmin lo miró levantarse de su asiento y despedirse de él con una sonrisa mientras mostraba ambos pulgares arriba para animarlo. Sungmin no se inmutó, y sintió su ojo crispar de nuevo ante la despedida tan alegre. Lastimosamente, ni siquiera eso le servía de algo porque sabía que sólo se acercaba un inminente despido. Y tal vez tenían razón, él no tenía exactamente las cualidades para tratar con Kim Heechul y lo supo desde el maldito momento en el que tuvo que sacarlo de un bar a medianoche.
Pensándolo bien, él tenía muchas habilidades; salvó a aquel joven inexperto y mordaz en tantas ocasiones que incluso los dedos de diez personas no eran suficientes para contarlas. Sí, era un súper mánager, pero estaba cansado de ser un héroe, y su salvavidas. No era su papá, ni tan siquiera se acercaba a la edad de ser su papá. Si es que ser papá estuviera entre sus planes.
—Las fotos fueron tomadas el viernes de la semana pasada, ¿en dónde demonios se suponía que tenía que estar Heechul a esa hora? —Retomó Kim segundos después de que la puerta se cerrara. —Tenía grabación, ¿sí o no?
Maldita sea. —...sí.
—¿Entonces? ¿Por qué estaba tomando hasta quedarse sin dinero en ese lugar, a esa hora, con su compañera de empresa?
—Salió desde temprano, lo busqué, le llamé muchas veces, pero jamás contestó.
—¿Y por qué salió si estuvieron juntos en la mañana en ese programa? —Interrumpió paseándose intranquilo sin dejar de mirarlo cada vez que le preguntaba algo.
—Se escapó —....mientras fui a comprar una crepa. ¿Era un délito amar las crepas?
—¡Fuiste a comprar una postre, Lee Sungmin!
—En realidad no es postre, porque no la compré dulce —explicó, pero su jefe no quería esa explicación y sus ojos acusadores sólo le hicieron saber que se estaba hundiendo más a sí mismo—. Pero sí, podría ser postre...sí.
Sungmin bajó la cabeza. Si era sincero, no se arrepentía de haber comido esa maravilla; se arrepentía de que ya no tendría dinero para comprar más y eso sí era lamentable. Toda su vida supo que trabajaría para comprar cuántas crepas quisiera, financiarse viajes al extranjero, comprar una casa, un auto último modelo y ahorrar para pasar su vejez viviendo fácilmente. Le había salido bien la primera hasta ese momento. Los viajes no los contaba porque salir con su joven estrella del universo no eran vacaciones placenteras precisamente, y su carro no era último modelo, pero era funcional y pequeño. Así que sí: Le había salido bien la primera.
—Estás despedido, Lee Sungmin —dijo al final, sentándose en esa imponente silla—. Puedes pasar después con Jung para hablar de tu liquidación.
—Está bien —. Sungmin se levantó de la silla y se inclinó un poco. —Lamento todo lo que ha pasado hoy, pero créame que hice lo que pude.
El señor Kim levantó una ceja y lo miró con una prepotencia tremenda. Sungmin casi toma la engrapadora y la lanza contra su rostro, pero era un hombre más serio que eso, y sólo se irguió de nuevo. —¿Lo hiciste?
—Lo hice. También me siento muy mal con usted. No encontrará a ninguna persona que pueda controlar a su apreciado sobrino porque usted no lo sabe hacer tampoco. Debería comenzar a ser un poco más serio. Heechul es muy talentoso para perder su carrera de la noche a la mañana por otra situación que se salga de sus manos —. Sungmin le mostró una sonrisa en cuanto el ceño del presidente se frunció por completo. Ya estaba despedido, ¿qué más daba?
Ser echado del trabajo con un guardia de seguridad acompañándolo en todo momento, dio de que hablar entre los trabajadores de la empresa. Incluso algunos otros artistas se quedaron mirando un momento en cuanto vieron al mánager más joven salir con una caja en manos y un guardia a su lado. Llegó al estacionamiento platicando casualmente con el guardia, y, en cuanto abrió su pequeño auto, metió sus cosas y se despidió de él agradeciéndole su compañía; y que no haya seguido al pie de la letra las instrucciones del presidente, que incluían aventarlo del lugar prácticamente.
Se quedó un momento ahí dentro, sin hacer nada, hasta que decidió enviarle un mensaje a su mejor amigo para avisarle que llevaría un par de botellas para beber con él. Ryeowook era ese maravilloso chico contador con el que siempre podía contar (mal chiste), y con quién compartía departamento después de que ambos salieron de sus casas. Era genial y el único ser humano que podía entender todos los momentos extraños de su vida, como el que estaba pasando en ese momento. Lo conocía desde adolescente, y, siendo la persona que creció con él, era su hermano para ese punto, aunque no compartieran el mismo tipo de sangre, ni todas las alergias de Sungmin.
Después de recibir su confirmación diciendo que saldría pronto del trabajo y lo vería en el departamento, encendió el carro, se puso el cinturón de seguridad y condujo por las calles transitadas de Seúl, en una situación muy peculiar en la que todas las etapas de duelo se combinaban:
La negación fue acompañada de risas histéricas: —Mañana será un día mejor, ¡ah cierto! Me despidieron. Pero, vamos, Kim no podía hablar en serio.
La ira seguida de peleas con otros conductores: —¿Cuál es el problema de todo el mundo? ¡Sólo trabajo como mánager, no soy un superhéroe! ¡Fíjate por dónde vas! ¿Quién te dio la licencia de conducir?
La negociación y un par de golpes pequeños en su frente: —Si tan sólo no hubiera ido a comprar esa estúpida crepa. ¡De todas maneras estoy engordando!
La depresión junto a baladas tristes de la estación con música de los ochenta: —¿Por qué nada me sale bien? ¿Acaso la vida me odia?
La aceptación bellamente apoyada por una crepa que compró junto a las botellas que se detuvo a comprar: —¡Como sea, puedo conseguir otro trabajo! Esa no es la única empresa que existe, ni Kim Heechul la única gran estrella de Corea.
Llegó a su departamento con las bolsas en una mano y la crepa entre la otra y su boca. Tocó el timbre tres veces seguidas (que era la señal para su amigo de: manos ocupadas, ábreme, soy yo, u olvidé mi llave). Ryeowook gritó "voy" desde algún lugar en su departamento y unos segundos después la puerta de madera estaba abierta de par en par para él, y su amigo lo miraba a través de sus gafas. Parpadeó con curiosidad.
—¿Qué estamos celebrando? Se supone que deberías estar estresado con el problema de Kim Heechul. Lo he escuchado en las noticias todo el día —inquirió con ese tono formal que siempre tenía su voz. Tal vez era un requisito para ser contador sonar como un contador todo el tiempo.
Sungmin pasó y cerró la puerta ayudándose de su pie. —Ya sabes: Me despidieron.
—No estoy del todo sorprendido al respecto —confesó tomando asiento en la barra que tenían en la cocina, y la cual usaban como comedor. Sungmin se sentó frente a él —Pero, vaya que me sorprende que no estés maldiciendo tu suerte, y a la vida, y a las personas; ni siquiera lo estás haciendo con tu empresa o Heechul.
—No puedo maldecir más mi suerte, lo he hecho demasiadas veces que tal vez soy yo el causante de mi desgracia —comentó bajando los hombros—. Y ya lloré en el carro, gracias.
—¿De nuevo? ¿Con música de ese Yesung?
—Sí, y no. No tenía muchas ganas de poner nada en específico.
—Como sea, sabes lo que te diré ahora: consigue otro trabajo. Y no uno como mánager. La industria es bastante inusual hoy en día. Eres joven, Sungmin, somos jóvenes, y, sinceramente, te he visto más estresado a ti que a mí en fin de mes.
—Sólo fue un mal momento. Mis trabajos anteriores no fueron así en absoluto, todo fue cordialidad, y buenos manejos...no sé cómo terminé de esta manera.
—Tus anteriores trabajos fueron con artistas más maduros y que no tenían su ego en las estrellas. Hoy en día, viendo a tantos de esos adolescentes debutar, dudo que alguno de ellos conozca la palabra madurez.
—Heechul sólo era demasiado consentido, demasiado joven también. No puedo culparlo, a su edad tú y yo también hacíamos estupideces.
—Querrás decir tú, yo siempre fui responsable y genial —corrigió Ryeowook sonriendo—. Y, bueno, consigue otro trabajo así si quieres, pero no te dejes estresar de esa manera de nuevo. Envejecerás pronto por artistas que no lo harán, así que relájate un poco, Min.
—Lo haré. Creo que tienes razón —. Sungmin sacó las botellas de vino y fue por un par de copas para ambos antes de sentarse de nuevo—. Mi problema es lo obstinado que puedo ser con todo. Ya sabes lo perfeccionista que soy, y con esta clase de trabajos no puedo dejar que ningún detalle se me escape.
—El problema es que eres una clase de adicto al trabajo. Tienes horas extras a voluntad e incluso cuando no trabajas te preocupas por el paradero de tu estrella.
Sungmin sirvió ambas copas y le entregó una a su mejor amigo, dejando la otra entre sus manos. —Vamos, no es así.
—Hacías agendas en tus días libres, y organizabas los eventos próximos un sinfín de veces para que no perdieras ningún detalle. Puede que seas muy perfeccionista, pero también eres un adicto al trabajo —señaló tomando un gran sorbo de su copa. No podía contradecir eso.
—Bien, como sea. De todas maneras mi siguiente plan es relajarme un par de semanas antes de salir a conseguir un nuevo trabajo.
Su amigo se rió. —Eso ni siquiera tú puedes creerlo. Sungmin, te conozco como a la palma de mi mano, no aguantarás tanto tiempo de ocio.
—¡Claro que sí! Podré leer, hacer ejercicio, escribir. Hace mucho que no escribo en mi blog. Puedo incluso irme a Jeju un par de semanas. Siempre quise ir ahí más que sólo un fin de semana.
Wook entrecerró sus ojos. —Bien. Házlo entonces. Y si realmente piensas disfrutar de tu tiempo libre, consigue un par de citas, hermano. Haz nuevos conocidos, sal a divertirte una noche entera. Soy la única persona que conoces fuera del trabajo y el mundo de los mánagers; y eso es deprimente.
—¡Por supuesto que lo haré! —Aseguró Sungmin levantando su copa hacia su amigo —. Y no eres la única persona. ¿Qué hay del portero? Adora escuchar mis historias.
Por supuesto que no lo hizo. Era algo más fuerte que Sungmin. No podía dejar el trabajo, ni el estrés de la ciudad, no podía dejar que su cuenta dejara de registrar dinero cuando estaba cerca de conseguir lo necesario para su casa con su amigo, y, sobre todo: no podía dejar de sentirse preocupado al pensar que si no salía pronto a buscar trabajo, después no lo encontraría. La situación era difícil, sobre todo si acababa de ser despedido por una de las empresas más importantes en Corea, y por un escándalo que todos los demás mánagers les evitan a su estrellas. Si no conseguía trabajo pronto, la brecha se haría un poco más grande y sus posibilidades disminuirían tan pronto como sus ganas de seguir leyendo comentarios alrededor de los artículos de Heechul.
Se puso uno de sus mejores atuendos, peinó su cabello perfectamente, usó las gafas que sólo utilizaba para el trabajo en computadora y colgó una pequeña mochila en su hombro. Luciendo como todo un profesional. Salió en cuanto amaneció después de haber considerado un par de diferentes empresas. No le avisó a Ryeowook, pero no hacía mucha falta porque se enteraría al final de cuentas de su cometido. Finalmente, él lo supo desde el principio: No podría aguantar descansando como pensó haber decidido.
Estuvo dos semanas seguidas, buscando empresas números, direcciones y personas sin parar. No descansó en todo ese tiempo, porque cuando no estaba por Seúl buscando un lugar donde pudiera realizar entrevistas, estaba en internet, buscando más lugares donde pudiera ofrecer sus servicios y presentar cualquier clase de requerimiento posible. No durmió bien mientras revisaba sugerencias por parte de sus conocidos mánagers, y tampoco comió lo suficiente porque todo ese esfuerzo y empecinamiento lo podían llevar a no recordar ni siquiera comer. Recibió muchos rotundos "no", y demasiados "te llamaremos luego" que no se cumplían. No le daban mucha esperanza, él mismo comenzaba a bajar los hombros hasta que una galleta de la suerte que compró en uno de esos almuerzos exprés, le atinó un poco.
Un puesto envidiable apareció en la lista de sus posibilidades. PJ Entertainment apareció brillando como nunca antes. Otra de las empresas más grandes del país con tan sólo un par de años de experiencia, él siempre quiso trabajar ahí, pero cuando un mánager salía, otro entraba inmediatamente; sin embargo, en ese momento realmente estaban buscando a alguien. Algunos cantantes que le gustaban, estaban ahí, y él mismo escuchó de una vacante con uno de los que más admiraba hasta ese momento.
No era precisamente un fanboy, pero le gustaba disfrutar de buena música mientras hacía cualquier actividad. PJ Entertainment tenía bajo su cargo a muchos cantautores, así que su giro principal iba dirigido a la música; ni un sólo actor o comediante. Sería la primera vez que intentaría en una empresa así, y esperaba que fuera la definitiva, porque quedaban muy pocas opciones.
Asistió a la entrevista tan arreglado como la primera vez que salió de su departamento, llevando el papelito de su galleta de la suerte porque esperaba que eso le diera un poco de ella, y que el "Hoy inicia tu verdadera historia" fuera real. Estuvo en la sala de espera un rato, compartiéndola con otros candidatos más grandes, y probablemente, más preparados que él, mientras le enviaba mensajes a Ryeowook de todo lo que estaba viendo y sintiendo en ese momento. Su amigo no podía contestarle en ese instante, pero necesitaba sacar todos sus nervios en algún lado porque no estaba dispuesto a titubear delante del CEO.
Cuando su turno de pasar por fin llegó, respiró hondo y se dirigió a la oficina que un secretario le señaló. Entró, dejó su mochila en una esquina y tomó asiento en la silla vacía que se encontraba en esa amplia mesa de madera frente al CEO que había visto miles de veces antes en las noticias, en internet, e incluso en los eventos a los que asistió con sus antiguas estrellas. El imponente Park Jungsoo, quien lo recibió con una sonrisa enorme al verlo pasar. Probablemente porque se trataba del último que tenía que atender ese día.
—Mucho gusto, Lee Sungmin. He revisado tu currículum y estoy verdaderamente impresionado —señaló levantándose un momento de su asiento para seguir leyendo el folder que tenía en sus manos—. Tan sólo veintiséis años, y de todas maneras has pasado por muchas empresas. Incluso KLP.
—Sí...gracias —Logró decir Sungmin. KLP era su maldición en cada maldita entrevista que ha hecho —Estuve muy poco tiempo ahí realmente, así que...
—Y el escándalo de Kim Heechul salió mientras eras su mánager —mencionó Park Jungsoo sonriendo hacia un lado. Era claro que tenía que destacar la única mancha en su currículum, fue lo que hicieron en cada una de las empresas a las que fue antes.
Sungmin asintió. —Hay cosas que escapan totalmente del control de los mánagers. Kim Heechul es un maravilloso actor, sin embargo, es demasiado joven para medir las consecuencias. Veinte años no son suficientes para distinguir correctamente los problemas de esta industria.
—Oh, permíteme discernir. Kim Heechul es bastante astuto, lo he visto antes y en ese joven hay demasiada inteligencia mal dirigida —. Jungsoo tomó asiento de nuevo y lo miró atentamente antes de sonreír—. Por otro lado, tienes razón, esa clase de escándalos amorosos escapan del control de los encargados. Son sus mánagers, no sus niñeros.
Sungmin levantó una ceja sorprendido y entusiasmado. Los CEOs con sentido común seguían existiendo. —Por supuesto. Vaya...tengo que confesar que me siento aliviado de escuchar esas palabras. Usted es completamente distinto.
—Es la razón por la que mi empresa sigue creciendo —Park le guiñó un ojo —Entonces, regresando al tema, Lee Sungmin estoy muy interesado en contratarte, y, si no tienes problema, creo que podemos comenzar de inmediato. Estaba ansioso por poder hacer la entrevista contigo; tienes una edad cercana a él, eso es lo que he estado buscando.
—Por supuesto que no, no tengo ningún problema—Min se apresuró a sacar la pluma del bolsillo de su chaqueta —¿Dónde firmo?
Jungsoo se rio. —Es un entusiasmo peculiar el que tienes.
—Oh, bueno, además de haber pasado un tiempo sin trabajo, esta será una oportunidad de conocer a uno de mis cantantes favoritos. No quiero decir que me desmayaré cuando trate con él, pero he escuchado cosas maravillosas de la gente que ha trabajado con Yesung, y, sinceramente admiro un poco su carrera.
La sonrisa de Jungsoo se fue borrando conforme la de Sungmin crecía. —¿Yesung?
—Sí.
Park se aclaró la garganta. —Hay un error aquí, Sungmin, el contrato del mánager de Yesung aún tiene un año por delante. Han llevado una relación asombrosa todo este tiempo.
—Oh...así que no es Yesung —. No podía decir que no estaba decepcionado, pero qué más daba si era él o no, tenía un trabajo ahora. —Bueno, ¿de quién se trata?
—Cho...
«Demonios, no».
—Kyu.
«Por favor, no».
—Hyun.
—¡¿Cho Kyuhyun?!
—Vamos, no es tan malo como todos los rumores dicen —alegó un poco decaído por su reacción—. En realidad, todos han sido chismes de sus haters. Ya sabes cómo es la gente hoy en día, viven de esa clase de comentarios maliciosos para dañar la imágen de un cantante tan famoso como él. Seguramente lo has visto, es uno en este mundo. Todos esos rumores no son más que viles mentiras...la mayoría, bueno, al menos el cuarenta por ciento.
—No sólo son rumores de las redes sociales, los mánagers que han trabajado con él lo aborrecieron. Kyuhyun es como el maestro que no queríamos que nos tocara en la escuela —. Eso era verdad. Los mánagers también tenían un buen informe de la mayoría de los artistas. Muchos eran un poco inútiles, otros eran genuinamente trabajadores y Cho Kyuhyun estaba catalogado en el peor de los tipos: los que se creían intocables.
—Mira, Kyuhyun es muy diferente ahora. Tiene sus momentos complicados, pero no es esa clase de persona terrible. Es un chico genial, de buen corazón, un poco presumido, pero vamos, tiene derecho después de todo el éxito que está cosechando; es parte de la madurez de un artista —explicó bastante seguro de todas sus palabras. Sungmin no creyó que esos ojos con cincuenta años de experiencia mintieran.
—Eso es verdad. Supongo que yo sólo debería dejar de basarme en un estúpido ranking...
Jungsoo rio entre dientes. —¿Ustedes tienen un ranking?
Sungmin correspondió a su risa con una sonrisa. —Le sorprendería saber todo lo que se sabe en esos blogs.
—Por el bien de mi salud mental, ahora mismo prefiero ignorarlo. Algún día te preguntaré al respecto —Dijo juntando sus manos sobre el escritorio —Entonces, ¿tenemos un trato, Lee Sungmin?
—Lo hacemos, creo en su palabra. Además, he tratado con Kim Heechul, creo que lo demás será pan comido.
—No llamaría a Kyuhyun un pan comido, pero sí un reto interesante, y la vida está llena de retos, Sungmin —comentó regalándole otra sonrisa.
—No puedo discutir eso —coincidió Sungmin. Era cierto eso, además, no sería divertida sin retos. Cho Kyuhyun ya era parte de la verdadera historia que la galleta de la fortuna le anunció que vendría, así que tenía que superar ese reto—. ¿Entonces? ¿Firmo?
El señor Park se rió un poco. —En un momento más traerán el contrato para que podamos discutirlo.
—Bien.
—Ah, cierto. La siguiente vez que nos veamos, será con Cho Kyuhyun. Me gustaría estar cuando se conozcan.
—Está bien —.
«Mejor para mí».
—Perfecto, Sungmin. Bienvenido a mi empresa.