21 𝑟𝑜𝑗𝑜

Sinopsis

Gustabo y Freddy son dos ludopatas que no dudan en apostar todo, incluso hasta sus costosas ropas. • ━━━━━━❪❥❫━━━━━━ • ☁️. Contenido +18. ☁️. AU Freddytabo. Gustabo bottom, Freddy top. ☁️. Pareja BL (ChicoXChico). ☁️ . Las personalidades y formas de expresarse no estan 100% apegadas al rol y van a modificarse para la historia. ☁️. Si este tipo de contenido no es de tu gusto, te invito amablemente a no leerlo y evitar malos gustos para todxs. ☁️. La historia trata de los personajes dentro del rol, no se intenta, ni se sexualiza a los streamers detrás de estos. ☁️. No soy española, por lo que las expresiones y forma de hablar pueden no estar ni siquiera cerca de ser similar a la original y pido disculpas por eso.

Estado:
Completado
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

𝑪𝒂𝒑𝒊𝒕𝒖𝒍𝒐 𝒖𝒏𝒊𝒄𝒐

🎲.Narrador omnisciente 


Era una noche con la presencia de la luz lunar debido a lo despejado que se encontraba el cielo nocturno dejando ver las estrellas brillar. El lujoso y costoso casino por fin había llegado a Los Santos, y la llegada de la gente ansiosa por jugar no se había hecho esperar para llenar el casino.


En la zona Vip, donde sólo podía acceder gente con más de 7 dígitos en sus cuentas de banco, o con fichas que dieran el equivalente a dichos dígitos –ya sea dinero honrado o robado–, se encontraba el tan conocido comisario Freddy Trucazo. Se encontraba jugando en una mesa de ruleta con el superintendente Jack Conway, e iba ganando con aciertos de color, de por medio disfrutaban de algunos sorbos de Whisky, y celebraban o se quejaban cuando perdían o ganaban.


—Ya me voy, que te jodan.—Gruñó Jack al haber perdido más de 700.000 dólares en fichas, tomando su corbata y pistolera del respaldo de su asiento.—


—Hombre, quédate una partida más neno.—Dijo Freddy divertido mientras con ambas manos acercaba hacía él todas las fichas apiladas, viendo a Jack retirarse sacándole el dedo medio de espaldas ya que él le habia hecho perder todo ese dinero al incitarlo a poner más y más.—


El azabache dio un gran sorbo a su vaso de whisky para terminarlo y retirarse. Al dejar el vaso sobre el borde de la mesa una voz llamó su atención.


—Buenas ¿está ocupado?—Preguntó una voz relajada cerca de la mesa, refiriéndose al asiento.—


Freddy sonrió con levedad al ver una cara familiar, después de todo; Gustabo García nunca pasaba desapercibido. Ya sea por esa personalidad tan única que era una mezcla de coqueteos, sarcasmo y manipulaciones suaves; su nombre tan poco común; por su apariencia que hacía que hasta los más heterosexuales como Isidoro cayeran a sus preciosos pies; por aquel cabello dorado brillante y suave; sus facciones masculinas pero suaves; su piel blanquecina adornada con diferentes tatuajes llamativos que cubrían la mayoría de su cuerpo; sus preciosos ojos celestes apagados que te envolvían para que no pudieras dejar de mirarlos intentando descifrar que escondían; o si era el suave aroma de su piel con jabón por la ausencia de colonias. Pero definitivamente se veía bien con aquel traje color blanco y camisa marrón claro abierta en la parte del cuello, dejando ver hasta casi las clavículas que se asomaban con timidez por el borde, junto a los guantes negros que cubrían sus manos completamente combinando con el cinturón negro.


—Gustabiño, siéntate.—Dijo Freddy acomodándose, viendo al rubio sentarse a su lado.—


—¿La mesa está calentita o qué?—Preguntó el blondo acomodándose, cruzando las piernas mientras veía al crupier preparar la mesa para ellos.—


—Tengo la suerte de mi lado.–El pelinegro tomó otro vaso y lo acercó al menor, sirviendole whisky al saber que no iba a negarse; ya que un día por la bodycam lo había visto beber.— ¿tú ya la tienes de nuevo, o voy a verte perder como la apuesta de los pantalonciños?


—Ya la tengo de nuevo, ya verás.—aseguró el menor con una sonrisa mientras se frotaba las manos, viendo al crupier esperar sus apuestas para hacer girar la ruleta.—


—Bien, veamos eso.—el azabache intentó no reírse mientras daba un pequeño sorbo a su nuevo vaso lleno y se acomodaba.—


El muchacho esperó indicaciones mientras sujetaba la bolita de teflon entre sus dedos.


—Apuesto 80 mil.—Dijo Freddy, colocando las fichas delante de sus respectivas manos, sobre el tapete que marcaba el color negro. No podia perder, llevaba una buena racha.—


—Todo.—Dijo Gustabo, colocando todas sus respectivas fichas en el paño en el color rojo, en un total eran 100 mil dólares. Era muy impulsivo con su dinero.—


El menor le dedicó una pequeña sonrisa traviesa al azabache, ya que éste estaba algo sorprendido y confundido observandolo, pero de inmediato volvió a concentrarse en el juego. El crupier hizo girar la ruleta y la esfera comenzó a moverse.


El ojiceleste observaba impaciente, con sus ojos un poco más abiertos de lo común, expectante y ansioso. El mayor sólo observaba la ruleta girar, sosegado, creyendo que iba a ganar. Aunque al ver que la bola se detenía en el 21 rojo inevitablemente sus ojos se abrieron un poco más, ya que él creía que iba a salir negro cómo lo hacía hace mucho rato.


El rubio sonrió y alzó sus brazos, agitandolos un poco con emoción.


—¡Vamooos!—Gritó el blondo al ver que el crupier sacaba de abajo de la mesa las fichas para hacer el doble de la apuesta; 200 mil.—


—¿Qué cojones?—Preguntó el mayor, sin creer posible la suerte de Gustabo.—


—¿Una más?—Preguntó juguetón Gustabo, tomando una ficha con la que jugaba mientras el crupier contaba, mordiendola con suavidad y dando una pequeña risita. Ahí estaban aquellos ojos coquetos y juguetones entrecerrados.—


El azabache volvió a beber un largo sorbo, dejando el vaso vacío.—Chim.


Gustabo río con suavidad al escuchar su asentó, volviendo a colocar sus 100 mil dólares en fichas sobre el tapete para indicar su apuesta al negro. El contrario puso 150 mil, cegado en una pequeña competencia silenciosa contra el rubio, colocando todas las fichas al rojo.


El crupier volvió a hacer girar la ruleta, el menor se inclinó hacía el frente para lograr ver más de la ruleta, y el azabache relamio sus labios al ver la perfecta curva que hacía la espalda contraria curvada como la de un gato estirándose, dando un buen espectáculo de cómo su trasero y cómo se marcaba aún con el saco del traje.


Su mano hormigueo, joder, deseaba nalgearlo. Quizás era el alcohol, o simplemente las terribles ganas que le tenía a ese precioso muchacho desde que lo cruzó saliendo de un bar hace más de cuatro años, no sabe especificar que era, pero sabía que deseaba su cuerpo con sus más primitivos y anti respetuosos instintos.


Una vez más, la ruleta se detuvo en el negro, haciendo ganar al rubio que se burló del contrario. El patrón se repitió algunas veces más, aveces ganaba Freddy, otras veces ganaba Gustabo.


El ojimarron abrió una caja de puros a su lado, acercandole un habano a Gustabo, el cuál lo tomó directamente con la boca de la mano de Freddy, dando una risita traviesa al ver que el mayor casi se congelaba por su acción.


  —No tengo fuego.—Mintió Gustabo, observando fijamente a Freddy mientras se inclinaba hacía el frente. Tenía su encendedor en el bolsillo.—


Freddy tomó un habano y con su respectivos labios lo sostuvo, sacó del bolsillo de su pantalón un encendedor tipo zippo negro e hizo rodar la piedra del mismo, encendiendo la pequeña llama con la que prendió su respectivo tabaco y guardó el encendedor en el bolsillo interno de su saco. Gustabo arqueo sus cejas hacía arriba, haciendo un pequeño berrinche silencioso y de broma.


Abrió un poco más sus zafiros cuando vio que el azabache se quitaba las gafas y tomaba su mandíbula inferior de forma delicadamente firme, seguidamente se acercaba a su rostro y al colocar la punta del habano con el del contrario lo encendía, manteniendo su mirada fija y firme sobre los ojos juguetones con los que impactaba.


  El rubio dio una calada profunda y suave, llenando sus pulmones del delicioso humo que impregnaba todos sus sentidos junto al alcohol. Colocó con suavidad una de sus manos sobre un muslo contrario, acariciándolo suavemente mientras con la mano libre alejaba el cilindro de sus respectivos labios y soltaba el humo restante a un lado.


El azabache sonrió con levedad, amaba coquetear, y amaba más cuando sus coqueteos eran correspondidos por alguien como él. Sujetó las mejillas de Gustabo, viéndolo sonreír con levedad mientras arqueaba sus cejas hacía arriba.


El crupier carraspeo con suavidad, explotando la burbuja de tensión sexual que ellos habían creado. Freddy soltó a Gustabo mientras el contrario cortaba el contacto físico y colocaba todas sus fichas nuevamente en el color rojo.


—Escúchame, Gustabiño ¿te apetece hacer una apuestiña?—colocó algunas fichas al negro para seguidamente voltear a verlo.—


—¿De qué? Tengo la suerte de mi lado por está noche.—El ojiceleste observaba atentamente la ruleta girar, dando un trago whisky.—


—Ya que los pantalones cortos no te hicieron nada ¿Qué te parece si luego de esta partida vamos a jugar unas partidas de Strip Póker en otra sala?—Le resultó gracioso ver como el contrario parecía ignorarlo.—


La ruleta marcó el 2 negro. El menor dio un insulto bajito al perder todo su dinero nuevamente. Sólo volteó a ver al azabache, levantándose de su silla con su habano y vaso en mano.


  —Vayamos, pero tu pagas la sala.—Dijo el rubio, dándole la espalda para ir hacia otra zona.—


Freddy terminó su vaso y lo dejó sobre la mesa de la ruleta, tomando sus respectivas fichas y siguiendo al rubio a una zona de salas privadas. Uno de los beneficios de los vips que buscaban intimidad.


—¡Estás haciendo trampa!—Gritó el menor al perder por quinta vez consecutiva.—


—Es imposible que haga trampa en un juego de azar neno.—Dijo divertido Freddy.— Pagame.


Gustabo refunfuño un poco, estaba molesto por olvidar lo malo que era con las cartas. Ya había perdido el saco, el cinturón, los guantes, los zapatos y los calcetines, ahora tendría que decidir que era lo menos humillante; quitarse la camisa o el pantalón.


  No era vergüenza en realidad lo que sentía, después de todo veían un poco de su cuerpo en los vestuarios diariamente. El problema era sentirse humillado por el mayor, ya que hasta ahora no había ganado ninguna prenda contraria.


  Terminó decidiendo quitarse la camisa y entregársela al contrario mientras mordía su labio inferior con suavidad debido a la rabia propia acumulada al ver a Freddy dar una pequeña risa, se sentía vulnerable.


El azabache se permitió pasear su vista por el cuerpo contrario, viendo los diferentes tatuajes que adornaban su tes blanquecina. Lo que no pasó desapercibido era que tuviera los pezones perforados, se veían bien, de un tono rosado oscuro, redonditos y algo carnosos. El pecho del inspector jefe le daban deseos de enterrar su cara en medio y morir asfixiado allí, ya notaba porque no mentía al decir que "estaba teton" cuando se negaba a correr.


—Está vez no puedo perder.—Se sentó nuevamente frente al contrario, acomodando las cartas en la pequeña máquina que hacía de crupier al mezclar.—


—Tus pantalones se verían bonitos en mi lado de la mesa.—Dio una pequeña risa mientras dejaba la camisa sobre el otro montón de ropa, sólo recibió una mirada molesta.—


—Tu camisa se me vería bien a mí. Sí gano, la quiero.—Dijo por último el ojiceleste mientras se acomodaba con la espalda recta, intentando mantener su porte y no mostrarse humillado.—


La maquina mezcló las cartas y el mayor las repartió. Cada uno planificó su siguiente jugada en silencio, manteniendo sus caras de poker. Al pasar pocos minutos, terminó la partida; Gustabo tenía una escalera de color, mientras Freddy tenía un full, por lo que se sorprendió un poco cuando perdió contra el menor mientras esté festejaba en su lugar.


—Ahora dame tu camisa.—Exigió mientras daba un sorbo al whisky, sonriendo victorioso y burlesco.—


—Yo te daré lo que quiera, como hiciste todo el rato.—Negó mientras gesticulana con sus manos darle su camisa, quitándose uno de sus guantes para darselo en forma de pago.—


—Y una mierda.—Frunció el ceño y se levantó de su asiento, dispuesto a cobrarse por el mismo.—


—Aléjate, o tiro un QRR y te denunció.—Amenazó falsamente Freddy, mientras sujetaba los brazos contrarios que intentaban desnudar su torso.—


—Hazlo, te denunciare por aprovecharte del estado vulnerable de un esquizofrenico y desnudarlo.—Le siguió la pequeña broma, intentando ocultar su risa.—


El menor, en la pequeña lucha suave que estaban teniendo juntando sus palmas y entrelazando sus dedos en una pelea infantil de fuerzas, terminó tambaleándose y sentándose sobre el regazo de Freddy por accidente.


—¿Ahora soy Santa Claus o cómo va la movida neno?—Dijo bromeando el azabache, observandolo sobre su regazo sin muchas intenciones de moverse.—


—Tienes la edad como para serlo.—El menor lo observó divertido, parpadeando y agitando delicadamente sus pestañas mientras se apoyaba en su pecho.—Me porte bien esté año, Santa. He sido un niño bueno.


—¿Tú un niño bueno, Gustabiño?—Sonrió Freddy con levedad mientras acariciaba uno de los muslos contrarios por encima de la ropa, probando la reaccion contraria.—


—Si, he sido un niño bueno. Tomo mis mis pastillas y como vegetales.—El menor acercó su rostro al contrario, rozando de forma suave sus labios mientras entrecerraba los ojos, probando la reacción del mayor.—


—Tendrás que comer otra cosa para demostrarme que has sido un niño bueno.—Susurró con suavidad sobre los labios contrarios, finalmente cortando con la distancia para besarlo.—


El beso comenzó suave y lento, degustando los labios contrarios con el sabor a tabaco y alcohol que se sentía distinto al probarlos de los belfos ajenos. Pero al pasar los minutos, el suave y lento beso comenzó a hacerse más apasionado y necesitado, donde el menor sujetó la nuca contraria y el mayor acomodaba las piernas del contrario a los costados de su cadera.


El rubio jadeo entre el beso al sentir una de sus nalgas ser apretada por encima de la ropa, lo cual el contrario aprovechó para meter su lengua en el beso, dominando esté completamente y explorando la cavidad a gusto.


El ojiceleste deslizó sus manos por el torso contrario, desprendiendo los botones de la camisa negra de abajo hacia arriba. Los dos torsos desnudos se apegaron cuando las caderas del rubio fueron apegadas a la ereccion creciente bajo él, sintiendo sus corazones y pulmones chocar uno contra el otro debido a la dulce lujuria que estaban sintiendo.


El menor desabrocho el cinturón del mayor mientras se dedicaba a dejar sus labios y comenzar a dar suaves besos húmedos a lo largo del cuello, sintiéndose embriagado al sentir el caro perfume invadir su nariz. Olía tan varonil que podría oler ese perfume todos los días si fuera necesario.


  Al quitar el cinturón, deslizó sus belfos por el abdomen contrario, trazando un camino mientras bajaba el pantalón y bóxer de su superior lo suficiente para dejar el miembro del azabache libre.


  Se acomodó entre las piernas contrarias, quedando a la altura de su pene. Dio un suave beso en la punta para lentamente dar suaves lamidas sobre el glande en vueltas. El azabache tomó un trago de whisky, observando la escena que por siempre quedaría grabada en su mente; el rubio con el torso desnudo, con su pene en su boca y algunos cabellos rubios desordenados, pero sobre todo; aquella mirada fría que ya no estaba en aquellos preciosos ojos y ahora lo miraban como un cazador deseoso, satisfecho de haber conseguido a su deliciosa presa.


Deslizó lentamente la punta en su boca, moviendo lentamente su cabeza y permitiéndose acostumbrarse al intruso en su cavidad. Con su mano derecha lentamente comenzó a masturbar el largo del falo que todavía no probaba, mientras poco a poco introducía lo que le quedaba hasta chocar con el comienzo de su garganta.


Freddy gruñó gustoso mientras dejaba caer unos segundos su cabeza hacia atras al sentir su miembro completamente engullido y siendo estimulado por las vibraciones de los ruidos guturales del rubio. Con la mano derecha sostuvo los cabellos rubios unos segundos en esa posición, sintiendo al rubio apretar con sus dos manos sus muslos en un intento de mantener la calma a sentirse ahogado.


  Elevó la cabeza al dejar las hebras teñidas, observando la candente escena que tenía entre sus piernas; el blondo con la boca abierta dando suaves jadeos mientras un hilo de saliva y presemen lo unía a su pene, con los ojos rojizos y brillosos de lágrimas que habia soltado y la respiración agitada y caliente. Acarició con suavidad la melena ajena mientras veía al rubio lamer con suavidad desde la base hasta la punta.


—Vamos a divertirnos de verdad, Gustabiño.


Gustabo entendió a la perfección a lo que se refería, así que con lentitud se levantó, desabrochandose el pantalón blanco dejándolo caer hasta el suelo, quedando solamente con sus briefs negros húmedos y que sujetaban la ereccion que tenía desde que habían comenzado con los besos.


De forma suave apoyó sus manos, comprobado si la mesa soportaría su peso. Al ver que lo soportaba corrió las cartas y se sentó sobre la misma, viendo al mayor lentamente acariciar su suave piel y delinear algunos tatuajes con las yemas de los dedos.


—¿Cómo puede ser que te queden tan bien los tatuajes?—Lentamente se inclinó, besando y mordiendo lentamente uno de los tatuajes contrarios en la zona interna de su muslo.—


—Soy Gustabo Garcia, es obvio que todo me queda bien. Hasta la tinta.—Mordió su labio inferior para ahogar un suave gemido que quería escapar de sus labios al sentir una mordida un poco más fuerte.—


—Esté me gusta más.—Dijo divertido mientras delineaba lentamente con la punta de su lengua la marca notoria de su mordida en una de las pocas zonas sin diseños del muslo contrario, sintiendo los músculos tensarse y temblar levemente a su tacto.—


—Si vales la pena, podría tatuarmelo permanente.—Ya necesitado y deseoso por el contacto físico profundo sujetó el cabello contrario, separandolo de su muslo para verlo directo a los ojos.—Pero debes follarme ya mismo, sino la oferta caduca.


Cuando el rubio lo soltó, el azabache se levantó de su asiento, bajándose los pantalones y bóxer hasta las rodillas, para seguidamente quitar la ropa interior ajena, sorprendiendose para bien al ver un bonito plug plateado con una bonita joya cristalina, Gustabo dio una risita al ver el rostro de Freddy.


—¿Qué es ésto neno?—Preguntó con los ojos aún un poco más abiertos y con una leve sonrisa en sus labios, de forma suave contorneando la única parte visible del plug con un dedo.—


—Una sorpresa.—Sujetó sus nalgas, separandolas para darle una mejor vista al contrario.—


—Lo disfrutaré entonces, Gustabiño.


Freddy lentamente retiró el objeto metálico del interior del contrario, viendo que ya estaba relajado y completamente listo para recibirlo. Sabía que Gustabo era una mente maestra al igual que su padre, todo paso que daba ya estaba asegurado y planeado para dar 10 más, y él quizás ya había sido planeado para terminar así esa noche sin saberlo, y ahora; sin importarle.


El rubio le acercó un condón que tenía guardado en el saco, esperando pacientemente a el contrario mientras se lo colocaba. El azabache utilizó el poco lubricante restante del sobre en la entrada del rubio, deslizando un poco en el interior con sus dedos, sintiendo lo húmedo, suave y caliente que ya estaba para recibirlo.


Con lentitud retiró sus dedos, tomando su respectivo miembro y lentamente hundiéndose en el interior del contrario, sintiendo cómo se contraia a su alrededor, presionandolo tan deliciosamente que tuvo que distraerse pensando en los más horribles detenidos que había tenido hasta el momento para no descargarse en ese mismo momento.


Gustabo gimió con suavidad, elevando su cabeza para observar al contrario, adoraba el cuerpo de su superior, tan tonificado y entrenado, cubierto con cicatrices que lo hacían ver tan jodidamente bien. Desde que había salido del psiquiátrico había sentido el deseo de probarlo, y esa noche había decidido tenerlo para él, siempre conseguía todo lo que quería.


Su cuerpo se estremeció con levedad y un gemido salió de sus labios al sentir al mayor jugar con uno de sus pezones, se habían vuelto mucho más sensibles desde que los había perforado y sentir que los jalaban suavemente mientras estaba penetrado se sentía exquisito. Su interior se contrajo al sentir que el azabache frotaba el pezon rápidamente con el pulgar, de nuevo Freddy tuvo que distraer su mente al sentir lo bien que estaba siendo apretado su miembro.


Se inclinó hacía el frente, su cadera fue abrazada por las piernas ajenas mientras lentamente comenzaba a succionar uno de los pezones, sintiendo el metal chocar con sus dientes al morder delicadamente aquellos botones tiernos. La piel del menor podría volverse adictiva y necesaria para él.


El menor sujetó con suavidad los cabellos azabaches, estremeciendose suavemente ante las mordidas que le robaban jadeos y suaves gemidos placenteros, provocandole pequeñas cosquillas en el abdomen. Si no tenía cuidado, podría volverse adicto al tacto del mayor.


Cuando uno de los pezones contrarios ya se encontraba adolorido y un poco hinchado por su estimulación, se separó un poco, acomodándose sujetando las caderas de Gustabo mientras esté lo abrazaba por las caderas flojamente para permitirle moverse.


Lentamente se deslizó, saliendo del interior contrario hasta la mitad y volviendo a deslizarse al húmedo interior, de ambos belfos salieron gemidos placenteros. Repitió esa acción algunas veces más, hasta que sus movimientos terminaron siendo rápidos y un poco fuertes.


  El rubio dio un gemido un poco más fuerte al sentir su próstata ser estimulada, y el mayor al notarlo sonrió con los labios, comenzando a dar embestidas certeras para no parar de estimular aquel punto donde sentía al menor contraerse y temblar con levedad. Las embestidas pasaron a ser duras y algo bruscas, donde lo único que se escuchaba en la sala aislada y privada del casino era las pieles chocar y la mesa de poker dar leves ruidos metálicos por el movimiento.


El ojiceleste sujetó con sus dos manos los antebrazos del contrario mientras que lo sujetaban firmemente por la cadera y no le permitían escapar de la estimulación que sentía tan deliciosamente agobiante, su miembro goteaba el presemen sobre su abdomen y sus piernas temblaban de placer, se sentía acalorado y que su sudor se mezclaba con el contrario, pero se sentía tan bien que no le interesaba en lo más mínimo.


  Su espalda se arqueo, apoyando únicamente la coronilla de su cabeza al echar esta hacía atrás, su interior se estrechó, los muslos se tensaron más y su abdomen cosquilleo para avisarle que su orgasmo era inminente. Pero eso sólo pareció una indicación a Freddy para no deterse, el cual hundió sus dedos en la tersa piel contraria, sin interesarle dejar marcas e incluso clavar sus uñas, se sentía demasiado bien y las vistas no ayudaban. Ni siquiera el recuerdo del rostro de Teresa lograba que no sintiera la necesidad de correrse, y sabía que seria en breves, ya que sentía aquella sensación jodidamente placentera invadir su cuerpo.


Las embestidas, agresivas y rápidas, lograron hacer llegar al rubio a su tan deseado clímax, soltando su esencia sobre su abdomen mientras daba un gemido alto y su cuerpo daba un temblor. Dio fuertes gemidos altos y sujetó con firmeza los bíceps contrarios al sentir que era sobreestimulado por las embestidas que el contrario aún mantenía rítmicamente. Sacó su lengua hacía afuera al sentir que de tanto gemir le faltaba el aire, ya de sus ojos comenzaban a asomarse nuevamente algunas pequeñas lágrimas.


El mayor volvió a inclinarse sobre el rubio, aunque muy levemente. Soltó uno de los costados de la cadera del rubio y tomándolo de las mejillas lo obligó a observarlo, quería verlo al llegar y sentir su semilla siendo únicamente separada por el delgado látex. Mordió con levedad su labio inferior al ver la excitante escena del rubio debajo suyo, con el rostro sonrojado y acalorado, la lengua asomando suavemente en busca de aire mientras sus cejas se arqueaban hacia arriba y algunas hebras rubias se pegaban a su frente debido al sudor.


Y pocos minutos después, su inminente orgasmo llegó, terminando dentro del condón en el interior contrario y dando un gruñido placentero mientras veía al rostro contrario quedarse en blanco unos segundos debido a la placentera sensación del espeso líquido caliente en su interior, sintiéndose demasiado bien.


Detuvo sus caderas, quedando dentro unos segundos del menor mientras ambos soltaban el agarre sobre el cuerpo contrario. El azabache se inclinó hacía el frente, siendo abrazado por el cuello con los brazos contrarios.


Ambos se abrazaron hasta controlar sus respiraciones agitadas, con los corazones agitados aún y los pechos subiendo aritmicamente. Al controlarse y regular sus sentidos, comenzaron a besarse lentamente de forma suave mientras el mayor salía de su interior, pero sin separarse del menor.


A los pocos segundos del beso, tuvo que separarse finalmente completamente del cuerpo ajeno y le dio la espalda para quitarse el condón, anundandolo y arrojandolo a una papelera a un lado. Al darse vuelta, vio al menor con las piernas colgando del borde de la mesa, mientras con ambas manos separaba sus nalgas dejando ver al contrario su entrada. El menor se movió levemente para observarlo, sonriendo coquetamente mientras lo observaba.


—¿Me das otro regalo, Santa?


—Si sigues siendo un buen niño, lo haré Gustabiño.


El blondo vio al mayor esperar unos segundos a que le diera un condón de nuevo, pero sólo se acomodó mejor con el pecho sobre la mesa.


  —Puedes hacerlo dentro.


  Y sin necesidad de más, sintió la nueva erección contraria rozar con su entrada dilatada. Mordió con suavidad su labio inferior y dejó caer hacía el frente levemente su cabeza al sentirlo de nuevo dentro de él, en esa posición lo sentía más profundo en su interior y estimulaba mucho mejor su próstata.


  Lo que le robó un gemido algo sorprendido fueron las embestidas rápidas y bruscas tan prontamente. Su cuerpo se estremeció al sentir como sus muñecas eran sujetadas por una sola mano contraria, siendo presionado hacía abajo por la sujeción de sus brazos. Sentía como sus pezones se frotaban contra el áspero tapete de poker, haciendo fricción, provocando que sus pezones fueran estimulados con cada arremetida.


Freddy sujetó firmemente la cintura contraria mientras apretaba e inmovilizaba sus manos y brazos. Ver su miembro perderse entre aquellas regordetas nalgas brillantes de sudor, verlas rebotar al chocar y sonar contra su pelvis lo hacía excitar como ninguna mujer lo había logrado hacer hasta ese momento.


La mano que sujetaba su cintura se soltó, levantándose al aire y seguidamente dando un sonoro impacto sobre la nalga derecha, robandole un agudo gemido al menor que se estremeció debajo de él.


  —Si me aprietas tan bien, no podré moverme neno.—Su respiración levemente agitada complicó levemente la comunicación, sin poder evitar sonreir al sentir que le había gustado.—


Elevó nuevamente su mano, volviendo a impactar la palma abierta en la otra nalga, sintiendo las rodillas del menor juntarse y casi derretirse en placer mientras gemia. Ya se imaginaba que el menor tendría ese tipo de tendencias, su cuerpo tintado en alguna zona desde la nuca hasta los tobillos le indicó que su nivel de dolor no era bajo, y que podría soportar algunos golpes en aquellas redondas y firmes pero blandas bolas de carne que tanto había visto en los pantalones ajustados del uniforme.


Dio algunas nalgadas más mientras soltaba las muñecas ajenas para hacerse el cabello hacía atrás, corriendo algunos mechones negros que se habían descolocado por los movimientos. Viendo al blondo aferrarse al borde de la mesa mientras escondía entre sus antebrazos su rostro, fundiéndose en gemidos y algunos chillidos placenteros al sentir la dura mano golpeando tan bien su piel y dejando una sensación excitantemente ardiente acompañado del hormigueo.


Lentamente el mayor paso su mano por la espalda contraria, acariciando lentamente el tatuaje que adornaba todo su lomo. Su mano subió hasta su nuca, sintiendo la piel húmeda y acalorada. Sujetó algunos mechones rubios entre sus dedos y los jaló hacía él, elevando su rostro ya que quería escuchar correctamente los sonidos que hacía mientras lo follaba.


  El ojiceleste soltó un pequeño quejido placentero, su cuerpo se estremeció completamente. Las embestidas duras y rápidas estimulando su punto más sensible y placentero, sus pezones rozando con el tapete, la sujeción en su cabeza que no le permitía bajarla y la sensación cálidamente hormigueante en la piel de sus nalgas lo estaban haciendo gotear, ya estaba cerca del orgasmo.


Pasaron apenas unos minutos más para que su orgasmo llegara con un gemido agudo, manchando está vez el suelo tapizado mientras sus piernas se debilitaban y daban pequeños temblores. Su mirada se nubló unos segundos al sentir nuevamente que su punto G no dejaba de ser estimulado por el contrario, dando pequeños quejidos y gemidos placenteros.


Freddy soltó su cabello, sólo para inclinarse y sujetarlo por el pecho con una mano, pegando la espalda contraria con su respectivo abdomen, y de aquella forma sentirse más clavado en el contrario que sujetaba su brazo con ambas manos y echaba su cabeza hacía atrás para apoyarla sobre el hombro del mayor, dando gemidos y algunos sollozos por la estimulación deliciosa que estaba sintiendo y lo hacía sentir débil.


Sólo faltaron pocos minutos para qué el ojimarron se corriera en el interior contrario, mordiendo suavemente el hombro del menor mientras soltaba un gemido gutural. Deteniéndose dentro mientras sentía al rubio aún tener pequeños espasmos, y su interior aún contraerse y extenderse alrededor de su miembro al ritmo al que lo había estado follando.


Con la mano que no lo sostenía debido a lo débil que estaban sus piernas en ese momento, suavemente tomó la mandíbula contraria y lo hizo voltear a verlo, besandole castamente los labios y manteniéndose cercano al rostro acalorado y sonrojado contrario, haciendo que sus respiraciones aceleradas y pesadas se mezclaran.


  Cuando ambos pudieron recomponerse un poco, Freddy salió suavemente del rubio y lo dejó sentado sobre la mesa mientras iba a por un habano y lo encendía. Al darse vuelta, pudo ver al menor sentado en otra mesa diferente a la del poker, era una ruleta.


—¿Qué te parece si apostamos?—Ofreció Gustabo con una sonrisa traviesa que dejaba ver sus dientes perfectos y blancos.—


—¿Ya te sientes con suerte de nuevo, Gustabiño?—Freddy sonrió con los labios mientras se acercaba al contrario, dando una calada al habano.—


—Si. Sí yo gano, me follas. Y si tú ganas,  yo te follo.—Dijo divertido el blondo mientras sujetaba la pequeña esfera de la ruleta.—


—Ojalá tengas mala suerte neno.—Dijo divertido el azabache mientras se sentaba, acariciando suavemente el muslo del rubio mientras esté tomaba un sorbo de whisky y hacía girar la ruleta.—


Definitivamente ambos iban a divertirse mucho esa noche, y muy seguidamente irían a jugar juntos para intentar conseguir el mismo resultado, porqué ambos eran ludopatas que necesitaban la satisfacción de ganar, y sobretodo; de probar la piel contraria de nuevo.

— Fi