O tal vez no tanto.
No odiaba el día de San Valentín como todos pensaban, o al menos no más de lo que despreciaba la Navidad (gracias, Enji). Contrario a la creencia popular, el chico problemático de la Clase A no odiaba ese día que para muchos resultaba tan empalagoso y solo otra técnica más de mercadotecnia. No, en serio que no, Dabi símplemente odiaba el chocolate.
Y aquello podía resultar un pecado más grande de todos los que había cometido en su corta, pero imprudente vida, pero así había sido siempre.
Aún cuando era un niño y todos sus hermanos se peleaban por quién tenía la porción más grande del pastel de chocolate especial de su madre, él no tenía problemas en dar el suyo para calmar las peleas entre Natsuo y Fuyumi. Rei primero se había sentido como si le arrancaran el corazón, pero poco después entendió que su hijo mayor tan solo no era fan del chocolate.
No lo veía muy inusual, o al menos para alguien que era la personificación de todo el paquete de emo edgy y que leía libros gore como cuentos para dormir desde los doce, que Dabi no disfrutara el chocolate era lo más normal entre todos sus gustos.
De cualquier forma, fuese o no San Valentín, nunca nadie se le confesaba. Nada tenía que ver que no fuese atractivo, porque incluso él con sus tendencias auto degradantes podía aceptar que no era feo; muy lejos de eso según lo que había escuchar al pasar. Chicas (y chicos también) murmurar sobre cómo era "un sueño húmedo culposo" con sus piercings y todo el rollo de chico malo que se cargaba de pies a cabeza.
El verdadero problema era que, sin importar que muchos fantaseaban con vivir su propia historia de amor prohibido con él, casi todos le tenían mucho miedo a Dabi para siquiera pensar en confesarse. Muy seguros de que el Todoroki les arrancaria el corazón para usarlo de pisa papeles o una mierda gótica como esa.
Eso le causaba más gracia de la que probablemente debería, Dabi entendía mejor que nadie el poder que tenían las apariencias y cuando se aburría de estar solo; tampoco le era muy difícil encontrar un lindo par de piernas para distraerse.
Sabía que era deseado por muchos, pero nunca recibía confesiones llenas de sonrojos y clichés adolescentes como los otros niños buenos de su clase. Y suponía que eso estaba bien, después de todo, no sabría qué hacer con el chocolate si alguien fuese tan valiente para intentarlo.
El San Valentín de su último año no fue muy distinto al resto, los pasillos decorados con corazones y papelitos rosas por todas partes, las chicas yendo de allá para acá con las mejillas carmesí y las manos llenas de chocolate para sus enamorados. El amor flotaba en el aire, o así lo había descrito Toga, tan melosa como siempre.
Dabi notó varios ojos sobre él durante todo el día, chicas y algunos chicos que parecían mirarlo con determinación, pero cuando les sonreía salían corriendo avergonzados. Bien, tal vez lo hacía con más malicia de la necesaria, ¡pero en su defensa, era muy divertido verlos ponerse rojos como tomates y huir como corderitos del lobo feroz!
Por favor, solo tenía un par de aretes y se pintaba las uñas de negro, ni siquiera podía entrar en personaje por completo gracias al uniforme. Jin muchas veces le había dicho que no era sólo su apariencia, algo en sus ojos resultaba tan intimidante que incluso él tenía problemas a veces para respirar al mirarlos fijamente.
¿Qué tipo de problemas? Dabi no necesitaba saberlo.
Cada año tenía curiosidad sobre si por fin recibiría la confesión de alguien, tal vez de una chica tímida con la que podría jugar un rato o un chico curioso al que le enseñaria todo lo que estuviese dispuesto a aprender. Pero, ya estaba a punto de graduarse y todavía no había pasado.
Por eso San Valentín lejos de molestarle, le aburría y como cualquier otro contaba los minutos para poder volver a casa. O tal vez mejor escaparse un rato más con sus amigos y hacer cosas que enojarian mucho a su padre.
Sí, eso sonaba mucho mejor.
Dabi giró la cabeza a un lado, mirando con aburrimiento el asiento contiguo donde estaba sentado su supuesto mejor amigo. El otro pelinegro le ignoraba como siempre y el mayor se estiró lo suficiente para robarle el libro que estaba leyendo demasiado entretenido.
-Dame eso, pedazo de basura-le exigió Tenko sin moverse demasiado, tratando de intimidarlo lo suficiente con la mirada para no tener que hacer un esfuerzo físico muy grande.
El Todoroki sonrió un poco más divertido al tener la atención del otro y pasó el libro a su otra mano, para así alejarlo lo más que podía del alcance ajeno.
-Pidelo bonito, Shiggy-se burló Dabi y rió más alto cuando los ojos carmesí se entrecerraron contra él.
-¿Por qué siempre debes ser un idiota tan grande?-le escupió su amigo, pero todavía no parecía estar dispuesto a esforzarse más que eso y con un resoplido decepcionado el más alto le devolvió su dichoso libro.
-Porque me aburro y a veces molestarte es más entretenido que esperar a que termine esta tortura de clase-dijo Dabi con simpleza y quizás debería controlar mejor su tono de voz, pero al profesor Aizawa parecía importarle tan poco como a él.
Tenko lo miró sin mucha reacción, ya estaba más que acostumbrado a la personalidad extraña de su amigo y tal vez era un poco hipócrita de su parte; siendo él el más extraño de los dos viéndolo de forma objetiva.
Pero, al menos él no resultaba un dolor tan grande en el trasero como Dabi.
-¿Qué, estás irritado porque nadie se te ha confesado?-murmuró burlón Tenko, sonriendo con gracia cuando el otro se estiró para intentar quitarle el libro de nuevo.
Fue más rápido esta vez y con un golpe en el pecho alejó a Dabi de él, sin ningún remordimiento lo miró sobarse con una mueca de dolor parecida a un patético puchero.
-Como si eso me importara una mierda-habló el de ojos turquesa con su tono plano de siempre y aunque Tenko sabía que decía la verdad, devolverle el dolor de cabeza a Dabi nunca estaba de más.
-No te sientas mal, tal vez tu benevolente padre se apiade de ti y te regalé una cirugía facial completa... así tendrías más suerte el próximo año-dijo Tenko con un tono supuestamente empatico y se rió cuando el más alto se giró a verlo indignado.
-¡Hey, pequeña mierda, puedo tener una personalidad horrible y muchos traumas paternales, pero no soy feo!-se defendió frunciendo sus cejas teñidas y después sonrió con acidez-Lo se porque lo único bueno que tiene Enji son los genes y su cuenta bancaria-
-En eso tienes razón-le concedió Shimura, compartiendo en silencio el desprecio que su amigo sentía hacia su progenitor.
Como el coro de un ángel, la campana que indicaba el comienzo del segundo receso del día interrumpió su conversación sin sentido y Dabi se levantó de su asiento como cualquier estudiante desesperado. Ni siquiera se había molestado en sacar sus cosas, asique solo debió colgar su mochila en su hombro y comenzar a caminar sin esperar a Tenko.
-¡Estaré donde siempre, si ves a Spinner recuérdale que me debe mi maldito pudding o le rompere el otro pulgar!-gritó Dabi justo antes de salir del salón, sin voltear a ver para confirmar que su amigo había escuchado y seguro de que aquel comentario haría maravillas para su ya muy mala reputación.
Como si no fuese un bicho raro para muchos, caminó entre la masa de gente casi volviéndose invisible y trató de recordar cuántos cigarrillos le quedaban. En la mañana había tenido que llevar a Shoto a la escuela y olvidó por completo comprar una nueva cajetilla, asique esperaba los que tenía fueran suficientes.
Se dirigió a las escaleras con la intención de subir a la azotea, su escondite perfecto para fumar gracias a que todos los que se cruzaban con él no volvían a pasearse por ahí después. Dabi estaba seguro que si por fin se tatuaba la gente tendría infartos con solo verlo; Enji podría ser un buen conejillo de Indias para probar esa teoría.
Antes de poder subir al segundo piso, sintió una mano sujetar su muñeca y cuando miró por encima de su hombro para ponerle un nombre a la persona que lo había detenido, una pequeña sonrisa se escapó de su rostro.
-Hola, pajarito-saludó con voz aterciopelada, complacido al ver la sonrisa ajena crecer en el rostro de Keigo cuando se giró por completo a él.
Le causó gracia haber quedado un escalón más alto que él, la diferencia de estatura todavía más pronunciada de lo normal. Keigo también pareció notarlo, porque arrugo la nariz con cierta molestia y para compensar subió dos escalones más.
-Hola, Dabs-le regresó el saludo con efusividad, el rubio de nuevo alegre al casi estar al mismo nivel que el otro y poder apreciar mejor sus ojos turquesa.
Sintió cómo Keigo soltó su muñeca tal vez muy delicadamente y aunque nunca le molestaba el contacto físico con el otro, suponía que eso era normal entre simples amigos.
-¿Alguna razón en especial para que me estuvieses buscando o este encuentro solo fue cosa del destino?-se burló Dabi, alejándose un par de pasos para poder apoyarse en la pared y cruzó los brazos encima de su pecho.
Tal vez era un mal lugar para comenzar una conversación, pero parecía que todos los estudiantes del segundo piso ya habían salido de sus salones porque nadie pasaba por ahí. Eso era bueno, quería ahorrarse los regaños de Keigo si lo veía fumando en la escuela otra vez.
-No te sientas tan arrogante, iba al salón de Rumi para buscarla y te vi subiendo las escaleras-explicó el más bajo, acercándose otra vez para imitar al otro y también usar la pared de apoyo.
Los dos se miraron en silencio y de pronto Dabi notó algo nuevo adornando el cuello ajeno. No se resistió y estiró su mano, hasta poder atrapar la delgada cadena dorada entre sus dedos. Keigo trató de disimular la forma en que su cuerpo reaccionó cuando sintió el suave calor ajeno rozar su piel.
Los ojos turquesa estaban inspeccionando el collar no muy interesados, mientras Keigo no podía apartar su mirada del rostro siempre aburrido del mayor. Sus párpados caídos y sus labios pálidos relajados en una línea recta.
-¿Cómo se llama tu nueva admiradora?-preguntó Dabi en voz baja, no lo suficientemente fuerte para sacar por completo a Keigo de su trance.
-Sonare como un idiota, pero no lo recuerdo-respondió el rubio con cierta vergüenza.
Dabi dejó el collar en paz y lo miró con diversión, una sonrisa cínica creciendo en su rostro que tuvo al menor sin aliento en un segundo.
-¿Uh, así de exitoso ha sido tu San Valentín, Kei?-preguntó con gracia, casi burlón y Keigo apartó la mirada soltando una risa todavía un poco avergonzado.
Muy impropio de él, pero desde hacía unos meses ya se encontraba a sí mismo haciendo muchas tonterías cuando estaba cerca del pelinegro.
-No es mi culpa ser popular entre las damas-se encogió de hombros y sonrió cuando sintió a Dabi darle un golpe extrañamente suave en el brazo. Miró de soslayo y se mordió los labios, de pronto sintiendo una pequeña ansiedad crecer en la boca de su estómago-¿Y tú qué, rebelde sin causa? ¿Cuántos corazones has roto hoy?-
Keigo agradecía ser un experto aparentando, porque su corazón latía como loco y casi sintió que un tono nervioso se les escapaba en la última pregunta. No sabía si estaba listo para escuchar la respuesta del otro.
-¿Además del de mi viejo? Ninguno-respondió Dabi sin mucha emoción, estirando sus piernas en el escalón con más libertad al decidir que nadie pasaría por ahí y pasó sus brazos cruzados atrás de su cabeza-Sabes que eso de las confesiones no es lo mío, pajarito-
El rubio quiso suspirar aliviado al escuchar eso, pero se ahorró el gesto que en definitiva resultaría extraño y fuera de lugar para cuando estuviese solo.
Porque entonces de nada habría servido haberse tragado sus sentimientos durante casi medio año y fingir que no estaba enamorado de Dabi, ni que quería que lo profanara entero. De todas sus mentiras, esa resultaba la más difícil cuando el pelinegro era tan jodidamente caliente sin siquiera intentarlo.
Keigo tenía la teoría de que todo se debía al piercing en su lengua y que todos decían con uno de esos el sexo oral se sentía increíble (como si él supiera algo de eso). Fuese por la razón que fuese, ya había aceptado lo rendido que estaba por el mayor.
Se habían conocido en primer año durante la bienvenida, cuando Dabi todavía no se teñía el cabello y solo tenía una perforación en la oreja. Conectaron casi de inmediato aunque sus personalidades parecían ser como el agua y el aceite. Al destino poco le importó la linda amistad que florecia entre ellos, porque no quedaron en los mismos salones y sus horarios apestaban.
Pero, para eso tenían los recesos, los almuerzos y las veces que Dabi le convencía para saltarse clases con él. Iban al parque, a veces al cine, caminaban por la cuidad o a la casa del mayor aprovechando que su padre no estaba. No hacían nada raro, solo hablar, reír de tonterías o jugar videojuegos.
Solo eran amigos, hasta el año pasado, cuando Keigo se dio cuenta que quería mucho más de Dabi y sabía que no se podría conformar toda la vida con solo ser su amigo. Muchos pensarían que sería fácil para un cazanova confiado y experto como él, pero aquello era diferente.
Sabía que era popular y tenía a todos comiendo de su mano, había tenido muchas novias, había llegado a tercera base con varias y hasta se había besado una vez con un chico en una fiesta que apenas recordaba. Pero nada de eso importaba si sus sentimientos no eran recíprocos.
Estaba seguro que le agradaba a Dabi, el pelinegro no tenía muchos amigos y podía notar que de entre todos tenía un trato diferente para con él. Sus sonrisas no eran tan socarronas, le hablaba suave sin parecer notarlo y sus ojos no centellaban tan crueles. Era bueno con él, le abrazaba cuando tenía frío y le daba su porción de pollo en el almuerzo porque sabía que era su favorito.
Comparada con la forma en que casi se escupia con Tenko o peleaba hasta los golpes con Spinner por cualquier cosa; Keigo podía decir que Dabi era, tal vez, especial con él. Ni siquiera era tan suave cuando se trataba de Toga, Jin o Atsuhiro, y sabía que ellos eran sus "favoritos entre todos esos idiotas".
Se sentía en las nubes cada vez que le decía "pajarito", lo llamaba cuando no podía dormir para hablar de tonterías y cómo dejaba que le pintara las uñas aunque era un desastre haciendolo. Amaba cuando se quedaba a dormir en su casa, cuando aceptaba sin muchos problemas que no tenían futones extras y al despertar sentía cómo le abrazaba cerca de él.
Por momentos, sentía que sí lo eran, que sus sentimientos no eran algo de una sola vía. Pero luego, recordaba que era Dabi, que a veces le gustaba ser cruel y jugar con las personas. Era confuso y ya estaba harto de no saber dónde estaba pisando.
Asique, ese año había decidido que era momento de confesarle a Dabi todo lo que sentía y tal vez era muy cliché hacerlo precisamente en San Valentín. Pero si lo rechazaba, siempre podía fingir que los chocolates eran solo porque sabía que no había recibido ninguno.
Había probado muchas recetas y con ayuda de Rumi había logrado hacer los bombones perfectos, compró una caja muy linda y tenía toda la mañana practicando en su mente lo que diría. Ya entendía cómo se sentían todas esas chicas que tristemente debía rechazar.
Keigo se regañó cuando volvió a pensar en el desastre que sería si era rechazado y cómo eso tal vez arruinaria su amistad, se había prohibido pensar en eso porque no podía permitirse acobardarse.
Era el momento, no era un marica y esa mañana había escuchado a ese precioso chico albino de la clase C (Geten, creía que se llamaba) hablar con alguien sobre que tal vez "el idiota de Todoroki" no era tan desagradable después de todo. Cuando al espiar vio el sonrojo en esas pálidas mejillas; supo que debía actuar rápido.
Solo que, todavía no había encontrado el momento perfecto para hacerlo y en el fondo sabía que no lo habría. Porque estaba enamorado de un desastre andante y ni todo el amor en el mundo podría dejarle tan ciego para no verlo.
Dios, a ese punto nunca lo haría y Dabi caería en las redes de Geten o muerto por una sobredosis.
-Pajarito, ¿me estás escuchando o tanto estrellarte contra ventanas te dejó sordo?-escuchó un chasquido de dedos y la voz aburrida de Dabi, y ahí notó que había estado pensando demasiado desde hacía quién sabe cuánto.
Se espabilo lo mejor que pudo y se giró ocultando bien su nerviosismo, pero Keigo pudo sentir el rosado pintar sus mejillas cuando encontró el rostro ajeno muy cerca del suyo.
-¿En qué pensabas tan concentrado, eh? Juro que pude escuchar los engranajes girar allá dentro-se burló Dabi dando unos suaves golpes con su dedo en su frente y se alejó un poco, sin notar la forma en que los ojos dorados lo miraban anhelante.
Keigo se pellizco la pierna con disimulo y pronto pudo reponer su sonrisa fácil como si nada hubiese pasado.
-En el examen del profesor Shirakumo, no se porqué siento que me irá del carajo-se excusó el rubio con maestría, en parte porque no era completamente una mentira.
Dabi chasqueo su lengua perforada y asintió dándole la razón, aunque no estaban en la misma clase los dos compartían algunos profesores y Shirakumo era despiadado cuando quería.
-Te entiendo, ese bastardo quiere reprobarme y tenerme en esta cárcel por siempre-se quejó el Todoroki, pero no sonaba tan preocupado como seguramente debería.
El menor rió bajito y miró al frente, su vista cayendo en el reloj de pared y notó que no les quedaba mucho del receso. Después de eso, solo tendría el almuerzo para confesarse o hacerlo después de clases; y Keigo quería saberlo antes de invitarlo a ver una "película" a su casa.
¿O tal vez eso sería muy pronto...?
Ah, no importaba, todavía ni sabía si Dabi lo veía como más que un amigo o solo era más amable de lo normal con él porque le gustaba jugar con sus sentimientos.
-¿Por qué alguien querría pasar más tiempo del necesario contigo, Dabi?-se burló Keigo y su risa murió un poco cuando sintió la cabeza de Dabi apoyarse sin mucho cuidado sobre su hombro.
-Pues tú estás aquí y no te escucho quejarte, Kei-murmuró relajado, cerrando sus ojos aunque no estaba cansado y el rubio lo miró con nerviosismo bien disimulado.
Eran esos momentos en los que odiaba la forma tan transparente y despreocupada de Dabi; donde podía leerlo y saber que todo lo que hacía lo hacía porque quería. No habían trucos, quería estar cerca de él y lo único que todavía no podía descifrar del todo era el porqué.
Dabi siempre hacía ese tipo de cosas, tocarlo por más tiempo del necesario, sujetar su cintura cuando caminaban o dejar que sus manos rozaran como si fuesen accidentes. Cuando se sentaban juntos solía tomar una de sus piernas para ponerla sobre las suyas y así tener libre acceso a su muslo.
El pobre rubio tenía que hacer ejercicios de respiración para no morir cada vez que esos dedos largos se acercaban más de la cuenta y cuando miraba al otro, no encontraba más que esa mirada soberbia. Dabi podía casi estarle manoseando en el tren camino a casa y aún así no estaría seguro de si lo hacía solo como un juego, o como una indirecta.
Dabi era bueno con él, pero al mismo tiempo tan malo.
-Eso... eso es porque me da pena dejarle todo el trabajo de soportarte a Shimura-contraatacó Keigo no tan rápido como hubiese querido, pero pareció funcionar porque Dabi rió y no se apartó.
-Ah, qué buen corazón tienes, espero que no te explote por comer tanto chocolate-
Chocolate, chocolate, chocolate...
Ese era el momento, debía hacerlo, debía ser valiente y decirle a Dabi todo lo que sentía. Keigo sabía que tenía que hacerlo antes de que Geten lo hiciera y le ganara. Porque podía ser seguro de sí mismo y saber que era atractivo, pero ese enano de la Clase C era precioso y nadie podía culparlo si se sentía algo intimidado.
Keigo quiso moverse lo suficiente para tomar su mochila, buscar en ella la pequeña cajita negra que había decorado especialmente para el mayor y repitió en su mente el discurso que se había aprendido porque según él así sería más fácil.
Pero entonces escuchó pasos como los de una estampida subir por las escaleras y antes de poder pestañear, frente a ellos ya estaban la pequeña pandilla de Dabi.
-¡Dabi, por fin te encontré!-chilló Toga con felicidad, sus mejillas como siempre sonrojadas y sonrió más grande cuando notó la presencia del otro chico también-¡Oh, Hawks también está aquí!-
El rubio se quedó quieto por un momento, pero al sentir cómo Dabi levantaba la cabeza de su hombro se recompuso y logró agitar su mano en el aire a modo de saludo. Debía mantener las apariencias ante todo.
-Pensamos que estarías en la azotea-habló Jin, cruzado de brazos aunque tan pronto tuvo la atención de Dabi apartó la mirada y le dio la espalda con dramatismo exagerado-Aunque no es que me importe-
Dabi se rió, ya muy acostumbrado a la actitud extraña y casi bipolar de Jin. Aún cuando a veces se sentía perdido al no entenderlo del todo, al menos era gracioso.
Sin decir nada también se asomó Tenko y al ver lo cerca que seguía de Keigo, lo miró arqueando la ceja de una forma muy poco sutil. Sabía lo que pensaba, y agradecía que de todos fuese el menos imprudente.
-¿Dirán qué quieren o se quedarán ahí parados como unos idiotas hasta que la campana suene y causen un embotellamiento?-preguntó Dabi, tan indiferente como siempre pero Toga y Shimura pudieron notar un pequeño tinte de molestia bajo su voz.
Tenko hizo una nota mental para burlarse después de su mejor amigo y Toga no le hizo mucho caso, pensando casi eufórica todavía en todo el chocolate que Jin le había regalado esa mañana.
-Spinner quiere verte, al parecer busca la revancha y en sus palabras "puedes besarle el culo antes de que te dé su maldito pudding"-respondió por todos Atsuhiro, su tono de voz elegante haciendo un extraño contraste con las palabras vulgares.
El pelinegro entonces soltó un gemido de queja y sin muchas ganas se levantó, sabía que no tenía mucho tiempo antes de que el receso terminara para poder encontrar a Spinner y quería su jodido pudding.
Se giró a ver a Keigo, recordando la forma en que el rubio lo había mirado como queriendo algo más y por un momento se sintió igual a un idiota por dejarlo. Pero suponía que él también debía buscar a su amiga de piernas lindas como había dicho.
-Pajarito, debo irme, ¿seguimos hablando en el almuerzo?-le propuso Dabi, porque aún así la idea de irse cuando sentía que la conversación no había terminado le dejaba un mal sabor de boca.
Keigo alzó la mirada y se encontró con los ojos turquesa, suaves aunque todavía socarrones y no dudó mucho antes de asentir. No tenía sentido demostrar lo decepcionado que se sentía por haber sido interrumpido, menos con todos sus amigos ahí viéndole.
-No te preocupes, Dabs, de todos modos todavía debo encontrar a Rumi-dijo Keigo levantándose también, colgando su mochila en su hombro con cierta pesadez y le sonrió a todo el grupo.
Notó la forma en que Tenko apartó la mirada nervioso al escuchar el nombre de su amiga y su sonrisa se volvió un poco más real. Sabía que Rumi y el amigo raro de Dabi tenían semanas tonteando. Estaba seguro que se gustaban en serio y la peliblanco había estado esperando que el chico se le confesara.
Quería darle su espacio porque sabía que era algo tímido e inseguro, pero si no lo hacía para el final del día ella misma tomaría las riendas del asunto y tenía su propia cajita de bombones hecho en casa por si las dudas.
-Bien, sabes dónde estaré-esa fue la simple despedida de Dabi y se fue con el resto de sus amigos sin esperar algo a cambio.
Keigo no se movió, escuchando hasta que se hizo muy pequeña la voz de Dabi alejarse por el pasillo (riendo sobre algo que decía Jin y apostaba que el rubio estaba revoloteando a su alrededor como un cachorrito emocionado; para después fingir total indiferencia) y apretó sus puños con frustración.
Genial, ahora solo tenía la hora del almuerzo para hacerlo y cruzar los dedos porque en el camino no se encontrara con ningún chico lindo de otra clase además de él.
¿Confesarse era así de difícil siempre o él símplemente era una reina del drama...?
Saber la respuesta no le haría sentir mejor, asique se resignó y marchando donde sabría Rumi le estaría esperando para su siguiente clase, se prometió a sí mismo que en el almuerzo dejaría de pensar y se lanzaría sobre Dabi.
✧ ✦ ✧
Dabi suspiró de alivio cuando escuchó la penúltima campana del día sonar y se preguntó si algún día no odiaria tanto la tortura legal que se hacía llamar escuela; la respuesta probablemente sería "Nunca". Con razón Enji estaba tan decepcionado de él.
-¿Almorzaras en la azotea?-escuchó la pregunta de Tenko y por su tono sabía que no estaba demasiado interesado por la respuesta, pero aún así se giró a verlo con una sonrisa floja.
-Nah, no tengo hambre, creo que solo iré a fumar y hablar con Keigo-
-¿No que te patea cada vez que te ve fumando en la escuela?-se burló el otro pelinegro y comenzó a ordenar sus cosas de nuevo en su mochila sin mucha rapidez.
Como si él mismo no hubiese sido citado también para encontrarse con cierta morena preciosa de cabello blanco y centellantes ojos carmesí. Ni que Tenko estuviese nervioso por verla o algo parecido.
-Pues sí, pero parece que tiene algo importante que decirme y espero pueda perdonarme por esta vez-dijo Dabi, rascándose la nuca con un presentimiento que no sabía si era bueno o malo y suspiró-En serio necesito fumar, creo que estoy ansioso-
Tenko dejó de moverse por un momento y sus ojos ya no tan desinteresados se enfocaban en él, con una preocupación que pocas veces veía en su amigo.
-¿Has tenido problemas con Enji otra vez?-preguntó en voz baja y con un tono cuidadoso, los dos sabían que esa tema era igual a caminar sobre cascarones de huevo tratando de no romperlos.
Como esperaba, el Todoroki apartó la mirada y se levantó de su asiento con algo de brusquedad. Guardando sin cuidado el único libro que había sacado y la colgó en su hombro supuestamente despreocupado.
-Las cosas han estado calmadas, nada más que unos gritos y parece que dejó la jodida maña de castigar a Shoto por cualquier cosa-murmuró Dabi, porque aunque odiaba hablar de eso sabía que su mejor amigo no lo dejaría ir a menos que fuese honesto-Todo está bien, en serio-
Podía parecer que se odiaban la mayor parte del tiempo y se trataban como basura, pero los dos sabían que podían confiar sus vidas en el otro y se querían como hermanos. Aún si Shimura insistía en que no era más que un desperdicio de carne y Dabi adoraba joderlo hasta hacerlo perder los estribos.
-Okey-aceptó Tenko, porque después de tanto tiempo podía saber cuándo mentía y sabía que nunca lo hacía si se trataba de sus hermanos.
-Lo que sea, ya me voy, no se aparezcan a molestar esta vez-dijo Dabi como despedida y apenas alcanzó a escuchar el comentario burlón del otro antes de alejarse.
-Oh, ya entiendo de dónde viene esa ansiedad-y el bastardo se atrevió a reírse también.
Dabi lo ignoró y siguió su camino, disfrutando la invisibilidad que le daba la multitud desordenada cuando los periodos terminaban. Todos muy desesperados por salir a tomar algo de aire fresco o alcanzar los mejores almuerzos en la cafetería.
No le había mentido a Tenko cuando le dijo que no tenía mucha hambre, pero aún así en el camino se detuvo en una máquina expendedora para comprar el pudding que Spinner todavía no aceptaba le debía.
Seguro tendría que darle otra paliza después de la escuela.
-¿Todoroki Touya?-una voz suave dijo a su lado al momento que ingresó el código del postre que quería en la máquina y cuando se giró encontró un par de ojos gelidos mirándole desde abajo.
No sabía quién era, pero Dabi creía haberlo pescado un par de veces mirándole cuando creía que no se daba cuenta. Era un chico bajito (estaba casi seguro que era un chico), más pequeño que Keigo y con el cabello blanco como la nieve largo hasta los hombros, rasgos finos y labios rosados como una muñeca.
Era precioso, pero le recordaba a su madre y algo de eso le descolocaba.
-Normalmente me dicen Dabi, en realidad-respondió con tono plano, ya un poco disgustado por escuchar su verdadero nombre pero sabía que el lindo extraño símplemente no estaba consciente de su drama familiar.
-Soy Geten, voy en segundo año de la Clase C, ¿tienes planes para el almuerzo?-preguntó un poco más suave esta vez, directo al grano y gracias a su palidez Dabi pudo notar el leve rubor creciendo en sus mejillas.
Sintió curiosidad por el chico, más por la decisión que brillaba en sus ojos pero la forma en que sus dedos se movían inquietos sujetando su bento. Tenía una pequeño teoría de lo que quería pero a pesar de que había estado esperando ese momento todo el día, sabía que no podía.
No podía dejar plantado al lindo pajarito que seguro lo mataría si lo dejaba esperando, otra vez.
-Lo siento, Geten, pero ya le dije a un amigo que almorzaria con él-trató de que su tono fuese lo más empatico posible, como Atsuhiro le había enseñado las personas normalmente rechazaban a otras para no herir tantos sus sentimientos.
Pareció funcionar, porque Geten no se vio muy afectado y solo asintió suavemente. Aunque detrás de esa máscara de frialdad estaba decepcionado, había esperado poder acercarse al mayor y tal vez por fin darle alguna lógica a la atracción que sentía por él.
Pero al escuchar la forma aterciopelada con la que dijo "amigo", como si fuese mucho más que eso, sabía que ya era muy tarde.
-Entiendo, adiós, entonces-fue todo lo que dijo y con pasos ligeros se giró para después alejarse por el pasillo.
Dabi lo miró perderse entre la multitud todavía curioso, pero escuchó el pudding caer dentro de la máquina y recordó que debía llegar antes que Keigo a la azotea para al menos poder fumarse medio cigarillo.
Subió las escaleras con prisa, ignorando las parejas melosas que se quedaban a medio pasillo para demostrarle su amor al mundo y agradeció encontrar la azotea vacía cuando llegó. Tal vez Keigo había sido interceptado por su séquito de fanáticas y todavía no había podido escapar.
Se sentó contra la cerca de metal, dejando su pudding a un lado y sacando la cajetilla de su mochila junto al encendedor. Encendió el cigarillo con facilidad y dándole una calada buscó una cuchara en el desorden de su bolso.
-Maldita sea, no me digas que no traje ninguna-murmuró con molestia y soltó un quejido cuando no encontró nada parecido a una cuchara entre toda la basura que nunca tiraba-¿Y ahora qué...?-
Consideró ir a la cafetería para robarle a Jin o Tenko la de su almuerzo, pero implicaba moverse y no iba a desperdiciar un cigarrillo por eso. Tendría que comerlo al llegar a casa, aunque tuviese que esconderse de Natsuo para que el peliblanco no intentara robarselo.
Se rindió y se conformó con seguir fumando su cigarillo, pero la paz no duró mucho más porque escuchó pasos acercarse por las escaleras y de la puerta apareció el bonito rubio que estaba esperando.
-Voy a matarte-dijo Keigo apenas lo vio con el cigarillo entre sus dedos y Dabi soltó una carcajada a todo pulmón.
-Y yo pensaba que estarías felíz de tenerme todo para ti-se burló el más alto y si comenzó a calar más rápido por si las dudas nadie podía culparlo.
Keigo no respondió nada, solo cerró la puerta detrás de sí y algo en su andar le dijo a Dabi que estaba inquieto. El rubio no era muy fácil de leer, pero eran las cosas pequeñas como la forma de arrugar su nariz cuando algo le molestaba o cómo pateaba al caminar cuando se sentía ansioso, que lo delataba.
-¿No trajiste almuerzo?-preguntó deteniendose frente a él, a un paso de que sus pies se tocaran y Dabi miró hacia arriba, algo le decía que el rubio no tenía intenciones de sentarse.
-No tengo hambre-respondió con sencillez pero Keigo fruncio el ceño aunque sabía que era sincero.
-¿Y piensas sobrevivir a base de cigarrillos y mala decisiones?-
-Me ha funcionado hasta ahora-soltó una nube de humo y sonrió socarrón cuando Keigo le dio una suave patada en la pierna-¿No planeas sentarte, pajarito?-
Fue entonces que algo extraño pintó el rostro del más bajo, sus mejillas se calentaron demasiado rápido para ser sano y dio un paso atrás, buscando crear distancia entre los dos. Dabi arqueó una ceja interrogante y observó a Keigo buscar algo en su mochila.
-Necesito decirte algo, y quiero que los dos estemos de pie para eso-dijo con voz firme, pero el rubio sentía que el corazón se le iba a salir del pecho cuando encontró la dichosa cajita.
Agradeció que no se había dañado y con una rápida ojeada confirmó que los bombones no se habían derretido, tenía suerte de que el día había estado en su mayoría fresco.
-La gente normalmente dice que te sientes cuando te darán malas noticias-habló Dabi y aunque tenía bastante pereza, se levantó para cumplir la petición no tan suave del otro.
Ese presentimiento que lo había estado molestando creció en la boca de su estómago, pero aún con Keigo frente a él no pudo definir si debía asustarse todavía.
El rubio casi le estaba dando la espalda, al parecer todavía buscando algo en su mochila y Dabi ladeo la cabeza con curiosidad. No tuvo oportunidad de preguntar cuando Keigo se giró de vuelta a él y parecía que ocultaba algo en su espalda.
-No son malas noticias, o al menos depende de cómo lo veas-se rió sin mucha fuerza, el nerviosismo apoderándose cada vez más de él pero no podía permitirse flaquear a ese punto.
Podía hacerlo, era Takami Keigo, claro que podía hacerlo. No era la primera vez que se le confesaba a alguien y aunque no estaba acosumbrado al rechazo, se obligaría a poder con ello también.
-Me estás intrigando, pajarito-
-Eso es bueno-murmuró Keigo sin notarlo, alzando su mirada para encontrarse con los ojos turquesa y le alivió al menos de no ver burla en ellos-Maldición, creo que es mejor dejar los rodeos, ¿no?-
Con sus manos temblando y sus hombros rígidos, el rubio sacó sus manos de su espalda y con ellas lo que había estado escondiendo del más alto. Dabi alzó las cejas con sorpresa cuando reconoció lo que le era ofrecido, la mirada de seguridad de Keigo casi resultando asfixiante.
Una cajita mediana, negra y decorada con flamas azules a los costados terminada con un pequeño lazo del mismo color arriba. No tenía ninguna nota y cuando Dabi la tomó entre sus manos sintió una calidez extraña llenar su pecho.
La abrió con cuidado, el lazo solo era decorativo asique no tuvo que arruinarlo y apretó sus labios cuando vio el interior. Nueve bombones le saludaban, parecían hechos a mano, algunos decorados con pequeños corazones de chocolate blanco y otros con lo que parecían ser pequeñas llamas.
Se veían muy lindos, demasiado lindos para ser recibidos por alguien como él y cuando alzó la mirada de regreso a Keigo; estuvo seguro que sus cejas tocaron el inicio de su cabello.
Keigo tenía las mejillas carmesí, como las había visto todo el día en chicas enamoradas y sus ojos dorados centellaban más de lo normal, podría jurar haber visto un par de estrellas en ellos. Sus puños estaban apretados a los lados de su cuerpo y sus labios temblaron antes de hablar.
-Me gustas mucho, Dabi, como más que un amigo y no se si sientes lo mismo, pero ya estaba harto de seguir ocultandolo-confesó Keigo tal vez en una voz muy alta, mareado por los nervios y apretó los ojos cerrados cuando mantener la mirada ajena fue demasiado.
Se sintió como si un peso era levantado de sus hombros y al mismo tiempo una bomba había caído sobre él. Ya no se sentía tan ansioso, pero el miedo latía cada vez más fuerte al no escuchar una respuesta del mayor.
Aunque no se sentía listo abrió sus ojos de nuevo, sintiendo un hormigueo al encontrar que Dabi no lo estaba mirando a él; pero sí a la caja, como si no le hubiese confesado que gustaba de él hacía unos segundos.
-Yo... no me gusta el chocolate-su voz calmada fue como un golpe, pero no el que Keigo esperaba y casi sintió sus uñas cortar la piel de sus palmas cuando apretó sus puños buscando calmarse.
-¿Entonces me estás rechazando?-susurró el rubio obligándose a ser fuerte, contando en su mente para luchar contra las inminentes ganas de llorar y se reprochó el haber pensado que tenía una oportunidad.
Dios, si su amistad se iba al carajo por esto...
Ver a Dabi rodar los ojos debió ser una mala señal, el mayor lanzó el cigarillo que había olvidado entre sus labios lejos; aún cuando sabía le quedaba un poco menos de la mitad y cerró de nuevo la cajita con el mismo cuidado de antes.
Lo miró con párpados caídos, pero sus ojos lejos de estar aburridos se veían más encendidos que nunca. Keigo se quedó sin aliento por segunda vez ese día, y todo causa de él.
-Dije que no me gusta el chocolate, pajarito, nadie dijo nada sobre rechazarte-dijo Dabi con su tono de terciopelo y cuando sonrió de la forma más sincera que le había visto nunca, Keigo entendió que no estaba alucinando.
Tal vez tardó más segundos de lo debido en entender, pero cuando lo hizo sintió la euforia burbujear en su pecho y la sonrisa que soltó fue tan grande que casi le dolieron las mejillas. Keigo no supo qué más decir, asique siguió su instinto y se lanzó sobre Dabi.
Besar a Dabi no era como se lo había imaginado tantas veces, era mucho mejor. Su boca era caliente, sus dientes atrevidos y su lengua experta, jugueteando tan cínica como su dueño con la suya y aunque el piercing se sentía algo extraño, podía imaginar la gloria que sería allá abajo.
Dabi tomó sus caderas con fuerza mientras mordia sus labios con maña, no sabía dónde había dejado la caja de chocolates pero eso le importaba muy poco en ese momento y se dejó guiar por el mayor hasta que sintió una pared contra su espalda. El cuerpo más grande le apreso y gimoteo cuando una rodilla se hizo paso entre sus piernas.
Por un segundo recordó dónde estaban, pero cuando las manos calientes se escurrieron dentro de su camisa y quemaron todo su camino hacia arriba, Keigo sólo podía pensar en porqué no había hecho esto antes.
¿En serio todo eso estaba pasando, o se había quedado dormido otra vez en clases de química y estaba soñando cosas que definitivamente no debería soñar en la escuela?
Se sentía sofocante, nunca antes había sido besado así; la fuerza de sus manos, el calor de su lengua, la brutalidad que Dabi sabía Keigo podía tomar. Solo pensar en cómo sería en la cama hizo temblar sus piernas como gelatina.
Oh, lo quería tanto.
Soltó un gemido quejumbroso cuando la boca de Dabi se alejó, siguiendola con hambre sin darse cuenta y escuchó una risa grave contra su piel. El más alto se movía como una serpiente, una de sus manos todavía conociendo las ondas de su abdomen sin deshacer su camisa y la otra subía por su muslo con un destino muy claro.
Dabi besaba su quijada, mordiendo cuando se sentía cruel y no se resistió en dejar una mancha púrpura bajo su oreja; ahí donde todos podrían verlo y saber cómo había terminado el San Valentín del niño estrella. Besaba, chupada y mordia, complacido al sentir cómo Keigo se derretia entre sus dedos.
El pobre rubio solo podía morderse la lengua para no gemir tan alto, porque sabía que alguien podría escucharle y ese pensamiento no debió calentarle como lo hizo. Pero no pudo evitar jadear cuando Dabi lo apretó por encima de la ropa y sabía que no podría.
-De... D-Detente, un momento...-balbuceó como pudo, una parte de él algo frustrada por no poder volver en sí mientras las manos de Dabi seguían tocandole así.
Como una contradicción, se quejó cuando el pelinegro le hizo caso y se alejó lo suficiente para poder mirarle a los ojos. Turquesa y dorado se encontraron, pupilas dilatas y vidriosos por el placer que se acumulaba en sus vientres.
-¿Muy pronto?-susurró Dabi con la respiración agitada y sintió el olor a cigarillo rozarle la nariz.
Normalmente ese olor le molestaría, pero Keigo no podía encontrar algo en sí mismo para rechazarlo cuando lo tenía tan, tan cerca. No se había dado cuenta cuándo sus brazos se habían envuelto en los hombros ajenos, pero apretó su agarre y buscó desaparecer toda la distancia que torturaba sus cuerpos.
Gimio cuando sintió la erección de Dabi en su vientre, entendiendo que los rumores sobre su tamaño eran muy reales y no le importó el dolor cuando su cabeza golpeó la pared. Al sentir la corriente de placer que el mayor causó en él cuando movió sus caderas y sus pelvis se rozaron.
-Maldición-susurró Keigo intoxicado y si sonaba muy necesitado, era porque lo estaba.
Los labios calientes volvieron a su cuello como un adicto, esta vez besando más suave la piel ofrecida, más tentativos al dejar un camino húmedo y pecaminoso hasta su oreja. Dabi mordió su lóbulo lento, jugando con el arete y su respiración cálida lo hizo temblar.
-¿Por cuánto tiempo has querido esto, pajarito?-susurró con malicia, porque Dabi era un hijo de puta y no podía evitar jugar con su comida.
Keigo cerró los ojos al sentir otro temblor recorrerlo y subió sus manos hasta el cabello azabache, enredando sus dedos en las hebras para jalar y sonrió cuando escuchó un gemido grave del mayor contra su oreja.
-Más de lo que te imaginas, pero no te pongas arrogante, Dabs-sonrió con sorna y gimio bajito cuando sintió la mano bajo su camisa juguetear con uno de sus pezones-No creas que follaremos aquí, estamos en la escuela y el día no ha terminado-
Al escuchar eso, Dabi alejó su boca de su oreja y lo miró a los ojos otra vez; sus párpados caídos por el placer y su mano no se detuvo. Más bien, la sintió más caliente contra su piel sensible y jadeo cuando retorcio su botón entre sus dedos crueles.
Keigo no se daba cuenta, pero tenía una mirada suplicante y Dabi no sabía cómo podría resistirse a sus mejillas rosadas, sus labios brillantes y cómo se aferraba a él. Cada respiración temblorosa que le arrancaba iba directo al bulto en sus pantalones y sabía que debía parar.
-¿Quieres que me detenga?-preguntó Dabi muy bajito, lento y aterciopelado porque sabía que estaba haciendo trampa.
El rubio no era el primero que se deshacía entre sus manos, pero maldición si su pajarito no era el chico más precioso que había visto nunca y después de tanto fantasear con hacer esto no podía detenerse.
Carajo, esto era en serio, Keigo se le había confesado. Le gustaba a Takami Keigo, le gustaba y se le había confesado de la forma más cliché posible.
¿Acaso así se sentía el amor?
-No, p-pero...-gimoteo el rubio con debilidad, tapándose el rostro con una mano porque creyó que eso le ayudaría a tranquilizarse y se tragó un gritito cuando Dabi volvió a mover las caderas contra él-Aquí no... no podemos...-
No quería parar, pero tampoco quería que su primera vez con Dabi fuese en la azotea de la escuela. Porque alguien podía aparecer de la nada para interrumpir, porque no tenía ni siquiera crema de manos para usar de lubricante y porque todavía no se creía del todo que el mayor en realidad correspondía sus sentimientos.
Todo podía ser solo un juego, y Keigo no sabía si estaba dispuesto a ser símplemente otro juguete.
Sintió las manos de Dabi sostener con cuidado sus mejillas, obligándole a mirarlo a los ojos y encontró algo parecido a la dulzura entre la neblina de lujuria en las lagunas turquesa. Keigo a veces no entendía todas las contradicciones que podían haber en el otro.
-No tenemos que hacerlo si no quieres, admito que me emocioné un poco con lo que dijiste-susurró Dabi sonriendo con suavidad, sus manos delineando con cuidado los costados de su rostro e hipnotizandolo sin querer otra vez-No soy bueno diciendo mierda cursi, pero no sabes cuánto había querido escucharte decir eso, quiero más que solo sexo de ti, Keigo... no tienes porqué sentirte presionado a hacer algo que no quieres-
Dabi dejó un beso lleno de cariño en sus labios, tan delicado que casi se sintió hecho de porcelana y Keigo se quedó pasmado. El más alto volvió a alejarse de él para darle espacio, con esa sonrisa fácil en sus labios pálidos y sus manos todavía le sostenían como a algo preciado.
Antes de darse cuenta de lo que hacía, Keigo cayó sobre sus rodillas y frente a su rostro encontró la hebilla del pantalón de Dabi. Sus ojos se abrieron como los de una caricatura exagerada, porque jamás pensó que lo vería tan de cerca fuera de su imaginación y ni siquiera se suponía que lo haría tan pronto tampoco.
Gracias a que los pantalones del uniforme eran algo sueltos podía ver con facilidad la silueta del bulto ajeno y de pronto pareció que su boca comenzaba a salivar al pensar lo que se ocultaba en la ropa del mayor.
-¿Uh... Keigo?-habló Dabi casi estrangulado, tratando de no mirar hacia abajo porque sabía que entonces perdería la poca cordura que le quedaba y tragó grueso cuando sintió las manos de Keigo sostenerse de sus muslos-¿Qué estás haciendo?-
-No lo se, pero creo que en verdad quiero darte una mamada ahora-respondió el rubio sin pensarlo, como si su cerebro se hubiese apagado por un momento y cuando se escuchó a sí mismo casi no pudo creer lo que decía.
No era mentira, pero se suponía que Keigo no quería llegar más lejos con Dabi ahí, no tan pronto... y ahora le estaba pidiendo permiso para hacerle sexo oral en la azotea de la escuela.
Tal vez después de todo el más idiota de los dos era él.
Dabi respiró profundo y exhalo varias veces, contando hasta diez y tratando de regresar la sangre que ahora iba como manguera de presión directo a su dolorsa erección gracias a lo dicho por el menor. No sabía si era una broma, pero estaba seguro que si no lo era entonces no podría decirle que no.
Corrección, no quería, por supuesto que no quería, ¿quién le diría que no a alguien tan precioso como Takami Keigo?
-¿Estás seguro?-murmuró Dabi, cometiendo el grave error de mirar hacia abajo y temió que no hubiese más sangre para bombear a su cerebro porque ahora toda estaba en su pene.
Porque tal vez estaba exagerando, pero tener a Keigo arrodillado frente a él, con sus mejillas rojas, el sudor comenzando a deslizarse por su cuello y sus ojos brillantes mirándole tan dispuestos. Era una de las cosas más excitantes que había visto nunca.
Y era todo para él.
Keigo asintió y no tuvo que pedir permiso para llevar sus manos a la hebilla de su pantalón, con dedos nerviosos se deshizo del cinturón y agradeció que los temblores no eran tan fuertes como para no poder abrir el botón. El sonido del zipper bajar le recordó a una porno amateur y no supo qué hacer cuando se encontró con él monstruo cara a cara.
No se permitió detenerse a pensar y bajó un poco los pantalones para mayor comodidad, dejándolos colgando a la mitad de los muslos ajenos. Notó cicatrices extrañas en la piel pálida, algunas muy rosadas para ser antiguas y quiso preguntar ahora que las veía tan de cerca, pero sabía que no era el momento.
Besó uno de sus muslos, evitando las cicatrices que se veían más recientes (porque pensó podría incomodar a Dabi) y subió dejando besos húmedos con cuidado hasta que sus labios ansiosos encontraron tela. Con curiosidad, elevó una de sus manos y cubrió lo que pudo de la extensión escondida detrás del boxer con ella.
Dabi gruñó de placer y se sintió caliente en su mano, pesado aunque todavía había una barrera entre sus pieles y se imaginó sin mucha vergüenza cómo sería montarlo hasta que sus piernas temblaran. Lo masajeo con lentitud, disfrutando la forma en la que el mayor apretaba la mandíbula y sentía los ojos turquesa quemando sobre él.
Queriendo escuchar más del otro, besó la punta gruesa cubierta de tela y la lamio como recordaba las chicas hacían con él. Pareció funcionar, porque escuchó a Dabi maldecir bajito y se sintió extrañamente orgulloso. Volvió a lamerla, esta vez presionando más su lengua y con su mano continuó acariciando el resto del falo.
Pronto se sintió codicioso y quería más, quería escuchar a Dabi gemir su nombre y maldecir con esa voz que lo calentaba hasta las cenizas. No sabía si estaba haciendo las cosas muy rápido, pero con dedos más seguros tomó el borde del boxer y bajó la última barrera que los separaba.
No le gustó el vergonzoso gemido de sorpresa que soltó cuando la erección de Dabi le golpeó en la cara, literalmente. Escuchó al mayor reír y eso le hubiese molestado si no estuviese ocupado mirando el pedazo de carne frente a él como si fuese la octava maravilla del mundo.
No había visto muchos en su vida fuera de la porno y tal vez su enamoramiento podía hacerlo una persona no muy parcial, pero de solo ver el pene de Dabi sintió ganas de adorarlo como un Dios.
Era largo, grueso como imaginaba se sentiría exquisito y lo único rosado en el cuerpo pálido de Dabi. Podía ver las venas hinchadas e imaginaba cómo se sería repasarlas con su lengua, cómo le llenaría la garganta hasta dejarlo sin respirar.
Ah, y por supuesto Dabi también tenía piercings ahí.
Una ilera de cuatro freum plateados subiendo por el tallo hasta llegar a la punta, donde en el glande se erguia orgulloso un brillante príncipe Alberto. Recordaba los nombres porque Dabi le había hablado que planeaba hacérselos cuando estaban en segundo año pero hasta ese día nunca había podido verlos con tanto detalle.
Sería un poco raro inspeccionarle el pene en las duchas o pedirle ver sus piercings, "solo por curiosidad". Sabía que Dabi le dejaría sin pensar mucho al respecto, pero Keigo a veces era más gallina de lo que quería admitir.
Y aún así, ahí estaba, su boca a solo centímetros del glande goteante y sus manos hormigueaban al imaginar cómo sería tenerlo entre sus dedos.
-¿Es la primera vez que ves uno, pajarito?-escuchó la voz grave de Dabi retumbar desde sus oídos hasta su propia erección encerrada, su tono malicioso saliendo a jugar y Keigo se mordió la lengua para no gemir.
-Claro que no-respondió con una seguridad falsa y alzó sus ojos para encarar al mayor, y le gustó mucho lo que encontró.
Las mejillas normalmente pálidas del mayor estaban comenzando a tomar color, un tono rosado que pensó jamás vería en el otro. Podía ver la forma en que respiraba con rapidez y sus labios seguían rojizos de sus besos. De pronto sintió ganas de volver a sentirlos contra los suyos.
Dabi entonces sonrió con arrogancia y tomó su erección en una mano, obligándole a regresar su atención al pedazo de carne por el que estaba babeando y miró como en trance la forma en que bombeaba con lentitud toda la extensión.
Sus dedos largos se envolvían en sí mismo, subiendo y bajando casi con pereza, flojo y Keigo sabía que lo hacía a propósito. Con su pulgar tomó las gotas de preseminal que brillaban en la punta y el rubio se preguntó qué sabor tendría.
-Puedes tomarte tu tiempo, pero después no me culpes si pierdes tu última clase-dijo Dabi en voz baja y complacida, sin detener su mano y manteniendo el ritmo sin prisa.
Keigo no pudo soportarlo más, aún cuando se sentía un poco frustrado de no poder disfrutar todo con la paciencia que quería, las ganas de solo lanzarse eran más fuertes.
Asique eso hizo, como un malcriado apartó la mano de Dabi y la reemplazo con la suya; envolviendo la erección lo mejor que podía con sus dedos inexpertos. Se sintió pesada en su palma, caliente como la había imaginado y el suave frío metálico de los piercings le hacía imaginar cosas que le apretaban el pantalón.
El pelinegro jadeo cuando comenzó a mover su mano, un lento vaivén de arriba a abajo, imitando el ritmo provocativo con en el que movía las caderas y apretando donde su instinto le decía. Dabi no avisó al llevar su zurda a los cabellos ajenos y enredó sus dedos en las hebras, apretando y buscando un soporte cuando Keigo aceleró el ritmo.
Tal vez estaba siendo arrogante, pero no imaginaba que pudiese ser tan difícil. Después de todo, había recibido muchas mamadas en su vida y había hecho su propia investigación de campo en Internet cuando se dio cuenta que al parecer bateaba para los dos equipos. Gracias a cierto intento de emo con complejos de pirómano.
Con más valentía, Keigo abrió la boca y sacó la lengua como haría para comer un chupetin de fresa. Como un gatito, lamio el camino entre los piercings subiendo por el tallo y con la punta de su lengua jugueteo alrededor del príncipe. El sabor y la sensación contra su lengua era algo que nunca había probado; era extraño, pero no desagradable.
Estaba tan concentrado en hacerlo bien, que ni siquiera notó la forma en que Dabi echaba la cabeza hacia atrás gimiendo alto y solo volvió en sí cuando la mano en su cabello jaló con fuerza, pero no para detenerlo.
Gimio, su lengua todavía presionando en el glande y alzó sus ojos para buscar la mirada turquesa por aprobación. Repitió el mismo movimiento con lamidas más rápidas, atreviendose a cubrir la punta con sus labios y chupar suavemente. A él le gustaba que le hicieran eso, asique se imaginó que a Dabi también podría gustarle.
Dabi maldijo y por fin lo miró de nuevo con las cejas fruncidas al medio, Keigo gimio felíz cuando vio esos ojos nublados y sus mejillas más rojizas. Unas gotas de sudor que quería lamer deslizandose desde su frente por el contorno de su rostro hasta perderse en su cuello fuerte.
Se preguntó cómo se vería desde arriba, en sus rodillas y con la boca ocupada. Se sintió extrañamente caliente al imaginar que el mayor le tomaba fotos en un acto tan posiblemente perjudicador y no supo dónde vino aquello.
Sería para después, en esos momentos Keigo solo pensaba en cómo haría que todo ese pedazo de carne le entrara en la boca. Sabía que era posible, pero no sabía si él sería de las personas con el talento divino de poseer una garganta profunda. No se le había ocurrido practicar con un pepino y el dildo que había comprado pensando en Dabi no se comparaba al real.
Abrió la boca y trató de meter todo lo que podía, sintiéndose más valiente por el gemido largo que escuchó del mayor y tratando de relajar su mandíbula sin saber muy bien cómo. Se sentía extraño, toda la situación excitante y bizarra a partes iguales; se había imaginado algo como esto, pero era muy diferente verlo y ser quien lo recibía a ser el que se ponía de rodillas.
De pronto Dabi siseo y con un apretón en su cabello lo detuvo, la mitad de su erección a punto de rozar la campanilla al fondo de su garganta y Keigo gimio disgustado por ser interrumpido. Trató de pensar en lo que había hecho mal, pero la lujuria no dejó a su cerebro funcionar correctamente.
-Los... lo dientes, pajarito-mumuró Dabi, su voz apretada por la excitación y con otro jalón de cabello hizo que Keigo se alejara, sacando la erección palpitante de su boca y gimio cuando vio un hilo de saliva todavía uniendo el glande a los labios del rubio-Ten cuidado, usa tus labios y lengua, no los dientes como si fuese un raspa y gana-
Keigo se sintió mareado y un poco confundido, extrañando quizás muy rápido la sensación caliente de tenerlo en su boca pero asintió. Tal vez se había equivocado y no era tan fácil como parecía, o tal vez símplemente estaba tan desesperado por complacer al otro que había sido descuidado.
No dejó que eso le desanimara, no cuando Dabi acariciaba su cabello con cierta parsimonia aún cuando estaba ansioso de que regresara a su trabajo. Lo veía con malicia, una sonrisa burlona bailando en sus labios y Keigo arqueó una ceja en una pregunta muda.
-No debe darte vergüenza que esta sea tu primera vez, Kei, yo te guiare-susurró Dabi juguetón y el rubio solo atinó a continuar con el suave vaivén de sus manos todavía aferradas a la erección ajena para callarlo.
Dabi apretó la mandíbula para no darle el gusto de escucharlo gemir y ni la corriente de placer que le recorrió fue capaz de borrar esa mirada de "Soy un hijo de puta" del rostro.
-No soy virgen-dijo Keigo con tono firme, los dos sabían que era verdad y se sintió tonto por querer recordarselo al mayor.
Habían hablado muchas veces de sus historiales, sin nombres porque no eran unos idiotas y Dabi sabía bien lo casanova que era el rubio. Después de todo, las chicas lo adoraban y casi tenía un club de fans que besaban el suelo por donde pasaba.
Pero Keigo también sabía que Dabi tenía mucha más experiencia en estos temas, por los rumores de que le robaba el novio a todas y las veces que en fiestas había visto a su amigo yéndose a casa con chicos que a su opinión no le llegaban ni a los talones.
No tenía sentido mentir o sentirse avergonzado por nunca haber hecho nada parecido a una mamada, pero en el fondo se sentía como una competencia contra todos los que habían estado en su lugar antes.
Dabi solo asintió, porque él también sabía todo eso y los dedos en su cabello comenzaron a masajear su cuero cabelludo tratando de relajarlo. Tomándose su tiempo, como si no estuviesen en la azotea de la escuela, a medio almuerzo, con el pene al aire y el chico dorado en sus rodillas para él.
-Oh, no, estoy seguro que eres genial en el rollo de hetero... pero creo que ya notaste lo diferente que es tragarte un pene a comerte una vagina-se burló Dabi sin importarle las quejas de Keigo y lo calló tomando su quijada en una mano-Abre grande, saca la lengua, relaja la garganta y cuidado con los dientes, no intentes imitar la porno y tragarte todo; no es una competencia, Keigo, solo tenerte de rodillas ya me tiene al borde-
Al escuchar eso, las mejillas del rubio se volvieron imposiblemente más rosadas, sus ojos dorados chispearon y asintió con lentitud; inclinandose contra el tacto de esa mano que (demasiado) pronto le soltó. Como un cachorro siendo amaestrado, obedeció las órdenes de Dabi y recordó lo que estaban haciendo.
No era un partido de béisbol ni un examen de química, no tenía porqué sentirse presionado en ser el mejor aún cuando quería fingir que tenía toda la experiencia que su reputación prometía para impresionar al otro.
Estaba tan acostumbrado a ser bueno en todo y tenerlo bajo control, que no se le ocurrió que Dabi pudiese leerlo tan bien entre líneas.
Abrió la boca de nuevo, sacando su lengua con cierta timidez y con más cuidado volvió a meter la erección en su boca. Recordó no rozar la carne con los dientes, bajando su cabeza hasta que sintió se estaba ahogando y mientras su lengua se movía en su boca; acariciaba lo que no podía tomar con su mano.
Dabi maldijo sin cuidar el volumen de su voz y sonrió complacido por las burbujas de placer que subían por su vientre. Miró a Keigo y todavía no podía creer que aquello fuese real, la calidez de su boca torpe y la forma en que sus orbes brillantes lo buscaban por aprobación.
Se veía tan lindo así, las mejillas carmesí, su cabello rubio entre sus dedos y sus labios esponjosos rodeandole con terquedad; la humedad de su boca creando sonidos obscenos dignos de grabar. Lágrimas comenzaban a aparecer en los bordes de sus ojos, sabía que se estaba esforzando y eso le hizo gemir arrogante.
-Eso es, pajarito, lo estás haciendo mucho mejor-jadeó Dabi entre dientes, su mano libre limpiando una lágrima que se había escapado en la mejilla ajena y llevó sus dedos a su lengua para probar el sabor salado-Muy pronto serás una perfecta puta para mí, ¿eso te gustaría, Kei?-
Keigo gimio y succiono con más emoción, no le importaba entender porqué esas palabras tan degradantes habían hecho que su pobre erección olvidada goteara. Imaginarse así otra vez, en sus rodillas, sobre su espalda, sus piernas abiertas y todo él ofrecido al mayor...
Sintió que podría venirse encerrado en sus pantalones sin siquiera tocarse.
-Ah, quién hubiera dicho que a Takami Keigo le gusta ser tratado como una zorra, eso es lo que en verdad eres, ¿verdad?-su voz ronca se deslizó entre sus oídos con crueldad, haciéndole rodar los ojos y gemir cuando sintió el glande golpear el fondo de su garganta-Desesperado por ser follado y jodido hasta arruinar el último centímetro de ti... no te preocupes, pajarito, yo te trataré muy bien-
Con cada palabra, parecía que Dabi se movía más rápido, sus caderas empujando para encontrarse con su boca y pronto Keigo sintió que era demasiado. Pero no se detuvo, bombeando con más fuerza para igualar lo que el pelinegro quería y gemia sin poder evitarlo al sentir su cabello siendo apretado.
Le gustaba la forma en que Dabi lo usaba para guiar el ritmo, cómo parecía disfrutar de las vibraciones que causaban sus lloriqueos y Keigo sabía que estaba perdiendo el control por la forma en que empujaba cada vez más profundo.
-Cuida... cuida los dientes, mueve más tu lengua... sí, así, maldición...-ordenaba Dabi apretando sus ojos cerrados hundiéndose en el placer de esa boca caliente, obligando al otro a tragar más y más pero Keigo tomaba todo obediente; eso le hacía sentir más extasiado-Buen chico, eres tan bueno, Keigo... me pregunto si tu culo se sentirá mejor que esto-
Keigo quiso gimotear, las lágrimas cayendo de sus ojos y su mandíbula comenzaba a sentirse entumecida, sabía que después doleria. Pero valía la pena, todo valía la pena si podía escuchar los gemidos de Dabi y sentir esa mano dirigirlo como un tirano hambriento.
No podía apartar sus ojos, embelesados por la forma en que su cuello se movía tragando saliva y de sus labios no dejaban de salir maldiciones con cada estocada en su boca. Dabi siempre se veía caliente, pero en esos momentos Keigo temió que lo derretiria en serio.
Necesitaba alejarse para respirar, pero ya había caído enamorado por la forma en que los piercings de Dabi se sentían contra su lengua y su garganta ardía por el abuso. Era demasiado, todo era demasiado y no quería que terminara nunca.
Siguió chupando, lamiendo y masajeando con una desesperación que le pareció ajena, Keigo podía decir que era un buen amante pero no del tipo necesitado. Y aún así ahí estaba, dándole una mamada a Dabi como si su vida dependiera de eso y no sentía vergüenza alguna.
Sus rodillas empezaban a doler y se preguntó si la última clase ya habría comenzado, pero nada de eso importó cuando Dabi tomó su cabeza con sus dos manos y sus estocadas fueron tan fuertes que pensó le rompería el cuello.
Keigo se estremeció, lloriqueando con apuro y miró a Dabi entre pestañas mojadas en lágrimas devolverle la mirada con una sonrisa intoxicada.
-Lo siento si es demasiado, pajarito, pero estoy cerca y tu boca se siente como el jodido paraíso-el pelinegro se rió extasiado y Keigo juró que jamás había escuchado algo más hermoso, aunque sus oídos zumbaban y sus manos temblaban-Lo estás haciendo tan bien, tragate todo y te daré un premio que te encantará-
Keigo podría decir que comenzó a succionar con más frenesí por la emoción del premio prometido y no por la arrogancia de saber que Dabi estaba a punto de correrse. Quería que lo hiciera, quería sentirlo en su boca y como quemaba hasta el fondo de su garganta.
Creyó escuchar a Dabi reír entre maldiciones y gemidos, pero no le importó saber si se estaba burlando y siguió con su trabajo. No se detuvo, su mente flotando en una nebulosa hasta que sintió las estocadas en su boca más erráticas y escuchó un gruñido bajo.
-Pajarito, voy a...-se quedó a medio aviso y un segundo después Keigo pensó que se ahogaria en serio al sentir los chorros de semen llenar cada centímetro de su boca.
Quería alejarse para respirar, pero no podía permitir que ni una gota cayera al suelo. Tragó todo lo que pudo aún si era demasiado, sintiendo cómo invadía su garganta como olas sin control y con su lengua recuperó avaricioso lo que se escurria por su mentón. Keigo sabía que debía verse como una puta necesitada, y no le molestó en lo absoluto.
Dabi maldecia todavía en la cima, hipnotizado por la forma en que el rubio lo tomaba todo y seguía empujando sus caderas contra esa boca maltratada. Keigo entendió el mensaje para limpiar con su lengua todo rastro blanco que quedó en la erección enrojecida que no podía dejar de chupar.
Hasta que el pelinegro se detuvo, jadeando y respirando como si hubiese corrido una maratón, Keigo podía sentir cómo sus muslos temblaban y se sostenía de la pared. Dabi se alejó, sacando su pene con lentitud de esa linda cavidad que había decidido era suya y se maravilló de ver las pocas gotas que el menor no había tragado deslizarse por su cuello, junto al sudor y la saliva.
Su cabeza seguía dando vueltas por el orgasmo, estaba lejos de ser la mejor mamada que había recibido, pero maldición si tener a Takami Keigo en sus rodillas solo para él no era el mejor de sus sueños húmedos hecho realidad.
El rubio lo miró todavía abajo, con sus labios tan rojos que pensó era pintura y todo su rostro gritaba que había sido profanada. Le pareció que Keigo se veía como una obra de arte; sus ojos brillaban por las lágrimas, el delineador corrido y sus manos se aferraban a sus muslos sin querer que aquello terminara todavía. Su cabello imposiblemente desordenado por la crueldad de sus dedos.
Creyó que Keigo esperaba otra orden y eso le hizo sonreír casi drogado, mientras metía su pene complacido de nuevo en sus boxers negros y bajo la mirada dorada (algo decepcionada) subía el zipper de sus pantalones.
Keigo entendió el mensaje, apartando la mirada y se levantó como pudo con sus rodillas sintiéndose de gelatina. Estaba casi tan agitado como el más alto aunque él apenas había sido tocado. Se limpió la boca con el dorso de su mano, aunque pensó eso no era mucho mejor y sintió las manos de Dabi atraerlo de vuelta a él.
No esperaba el beso tan suave contra sus labios, pero se dejó hacer y suspiró del gusto cuando sintió los besos emigrar por su quijada. No sabía qué decir o lo que estaba sintiendo burbujear en su pecho, pero sabía que quería volver a sentirlo muy pronto.
-Para ahorrarnos una posible escena...-escuchó susurrar a Dabi con voz ronca y Keigo se obligó a alejarse para mirarlo a los ojos; sus párpados caídos y la sonrisa de satisfacción más grande que le había visto-¿Esto será un amor prohibido y secreto, o está bien que nos tomemos de las manos frente a tus fans?-
Keigo pensó que podría llorar, pero sabía que eso sería extraño después de lo que había hecho asique se limitó a sonreír y darle otro beso lento a Dabi como una respuesta sin necesidad de palabras que sabía el otro entendería.
Cuando se separaron, Keigo notó que estaba contra la pared otra vez y supuso que su cuerpo inconscientemente había buscado algún soporte; sus piernas todavía temblaban y se sentía un poco mareado (tal vez por la falta de oxígeno gracias a su terquedad). Estaban tan cerca, tan embelesado por el mayor y de pronto Dabi sonrió burlón.
Siguió el camino de su mirada maliciosa y terminó en el bulto no tan ostentoso en su pantalón, su propia erección olvidada pidiendo ayuda a gritos para que le dieran un poco de atención y Keigo tembló cuando casi pudo leer la mente de Dabi.
Quería decirle al mayor que debían volver a clases sin importar que estaría incómodo el resto del día, ahora demasiado consciente de dónde estaban y que la hora del almuerzo definitivamente ya había terminado. Pero no tuvo tiempo para nada de eso, Dabi ya en sus rodillas antes de que pudiese abrir la boca para devolverle el favor.
Keigo no pudo detenerlo cuando lo sintió abrir sus pantalones y sus manos no respondieron para alejarlo aunque sabía que debía. Aún cuando sabía que tenía un examen esperándolo y esto definitivamente no era una excusa valida para faltar.
Pero un calor abrasador le envolvió hasta la punta de sus pies cuando esos labios crueles le envolvieron, esa boca experta le tomó como nadie y creyó que iba a morir entendiendo por fin la maravilla que eran los piercings en la lengua.
Ah, estaba tan jodido.
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-Tengo curiosidad, ¿con qué mentira lograste convencer a Kurogiri para haber llegado veinte minutos tarde y aún así te dejará presentar el examen?-escuchó la risa de Dabi al otro lado de los casilleros y suspiró mientras cambiaba sus zapatos.
Keigo suponía que tendría que estar molesto con él, porque cuando llegó al salón, apenas presentable después de haber tenido uno de los mejores orgasmos de su vida; todos lo miraron casi acusándolo, como si supieran lo que había hecho.
Sabía que era porque había llegado muy tarde y no porque pudiesen leer en su cara "Le di una mamada mediocre a Todoroki Touya y de alguna forma me gané un pase al cielo con piercing incluido a cambio". Pero aún así se sentía inquieto y tal vez se debía a las secuelas de todo lo que había pasado en tan poco tiempo.
Todavía no podía creer que fuese real, tantos meses pensando que estaba estancado en la friendzone y resultó que solo debía recuperar la confianza en sí mismo.
-Le dije que me caí por las escaleras y tuve que ir a la enfermería, tengo suerte de mi buen rendimiento o Shirakumo-sensei no me hubiese creído sin ver un permiso antes de la enfermera-explicó el rubio, sus zapatos listos y cerró el pequeño casillero, ignorando las cartas de amor que todavía lo esperaban en su interior.
No quería ser cruel, pero ya no las necesitaba.
Dabi volvió a reír, más alegre de lo usual y pronto estuvo de pie frente a él con una mirada felíz pero perezosa, también listo para irse. Keigo sintió sus mejillas calientes, definitivamente un efecto secundario de lo que habían hecho hacía tan solo una hora.
-Me gusta ese color en ti, te hace ver menos feroz-dijo Dabi con una mano atrapando su cara, para luego apretar con cuidado sus dos mejillas y hacer que abultara sus labios como un pollito.
Dabi estaba muy cerca, demostrando que no le importaba que alguien los viera aún cuando todavía habían personas cerca y eso hizo algo que no sabía pesaba ahí derretirse en el pecho de Keigo.
-Me gusta verme feroz-respondió Keigo como pudo, pero tampoco intentó alejarse del calor ajeno y rió cuando el mayor imitó sus labios abultados para dejar un sonoro beso en sus labios.
-Lo que tú digas, ave de presa-
Podía sentir varias personas mirándolos, seguramente muchos sorprendidos de lo que veían. No de Dabi, el chico tenía fama de follarse todo lo que se movía y en ninguna momento había sido tímido al respecto. Nunca se molestó en ponerse una etiqueta a sí mismo y a los demás tampoco debía de importarles un carajo.
Keigo supuso que debió ser más difícil salir del closet, pero no podía pensar en eso cuando el de ojos turquesa volvió a besarlo más suave y soltó con cuidado su rostro. No podía hacerlo cuando Dabi tomaba su mano como algo precioso y entrelazaba sus dedos para que caminaran juntos a casa.
Pensó que se perdía en el azul tan cristalino de nuevo y fue la voz socarrona de su dueño quién lo trajo de vuelta a la orilla.
-Tengo hambre, ¿quieres ir a comer algo de comida chatarra y gastar el dinero de Enji de forma irresponsable?-meneando las cejas teñidas de forma sugestiva, Dabi alzó una tarjeta de crédito que sabía era de su padre y Keigo rió.
-¿Me estás invitando a una cita, Dabs?-preguntó supuestamente burlón, pero en el fondo se sentía casi nervioso.
Dabi sonrió y se tomó el mentón fingiendo que lo consideraba.
-Supongo que después de estrenar esa linda boca tuya es lo menos que puedo hacer-respondió el mayor como si nada y Keigo no pudo evitar reírse por la vergüenza que se suponía debía fingir.
-Pues sí, idiota, y también deberías comprarme una dotación de pollo frito para un año-
Aquel par tan extraño comenzó su camino, tomados de la mano y riendo sin preocuparse de lo que pensaban los chismosos a su alrededor. Keigo pegado a su costado como un pajarito buscando calor y Dabi se burlaba de todas las chicas que seguro estaban llorando en ese momento.
Suponía que su club de fans tendría muchas bajas cuando la noticia llegara a los oídos de todos. Seguro para mañana hasta el conserje sabría que Takami Keigo había caído en las garras del chico problemático de la Clase A.
Y Keigo no podría estar más feliz por eso.
Resultó que el San Valentín de su último año fue muy distinto a lo que esos dos esperaba y aunque el rubio terminó comiendo los bombones que había preparado para Dabi; el mayor estaba felíz de por fin haber saciado su curiosidad de cómo se sentía una confesión.
Tal vez el chocolate no era tan malo después de todo.
En poco tiempo llegaron al restaurante de comida chatarra más cara que Keigo conocía, ninguno tenía ganas de algo muy elegante pero Dabi quería gastar todo el dinero posible para celebrar. Y porque era divertido joder a su viejo.
-¿Shiggy, qué carajo haces aquí?-escupió Dabi apenas encontró a su mejor amigo sentado en la mesa contigua a donde él y su pajarito planeaban sentarse.
Tenko lo miró sin inmutarse, pero Dabi notó el sonrojo en sus mejillas normalmente tan pálidas como las de un muerto (mira quién habla) y pronto entendió la razón cuando cierta peliblanco apareció casi saltando como un conejo.
-No tenían nada vegetariano, tuve que sobornar al cocinero pero dijeron que nuestra comida estará lista en unos quince minutos-dijo Rumi llegando hasta ellos y cuando notó a su mejor amigo junto al pelinegro mayor sonrió maliciosa-¡Oh, pero mira quién está aquí! ¡Hola, tortolitos!-
Dabi arqueó la ceja y miró sin mucha sorpresa a Keigo, el rubio se encogió de hombros con una pequeña sonrisa y las mejillas rosadas. Por supuesto que le iba a decir a su mejor amiga y no pensaba excusarse por eso.
-¿Van a comer aquí? Pueden sentarse con nosotros, será como una cita doble-ofreció Rumi, su enorme sonrisa dejando a la vista todos sus dientes blancos e ignoró las quejas de Shimura como una experta.
El Todoroki rió, recordando porqué la chica le agradaba tanto y sin decir nada tomó asiento en el otro lado de la mesa. Keigo lo siguió felíz y Rumi se sentó junto a Tenko.
Los cuatro adolescentes pasaron el resto de la tarde hablando de ridiculeces, riendo de cualquier cosa y sin pensar en nada más que en las personas que estaban a su lado. Todos tan felices (incluso el amargado de Tenko) que ni siquiera notaron cuando el sol cayó atrás de ellos.
Rumi y Keigo chocaron puños bajo la mesa, sonriendo como los cómplices del crimen perfecto y siguieron mirando embelesados cómo sus no-importa-qué se mataban entre ellos por la última porción de takoyaki.
Definitivamente, el chocolate no era tan malo después de todo.
Buenaaas, valido para cualquier hora en la que estén leyendo esto 🤠✨
Si vienen de wattpad a releer, hola otra vez besties, pero si es la primera vez que me leen, me disculpo por posibles errores jeje
Todavía no entiendo muy bien la interfaz de aquí y como esta historia la escribí en el 2020, me dio flojera checar otra vez que todo estuviese perfecto pq editar es la pena de mi existencia. Si el smut quedó muy kk, mi excusa es que soy bastante virgen y no se me da muy bien escribir cochinadas. Tal vez por eso se sienta un poco incómodo de leer a veces, pero la vdd eso es lo que quería lograr lol
Anyways, como siempre chinga tu madre Endeavor y espero que les haya gustado, si fue así pueden votar o comentar. Amo leer sus opiniones🤗💕
Luv u all,
Claude💜