Amiga, date cuenta.
Solía ser una persona astuta y calculadora, Keigo juraba que no era un idiota, no uno tan grande al menos. Pero debía admitir siquiera a sí mismo que esa no era una de las mejores ideas que había tenido en su corta (pero ya bastante dramática) vida. Porque ser inteligente no le quitaba ser un adolescente y todos sabían cómo funcionaba el cerebro de un adolescente.
No lo hacía, ese era problema y gracias a ello ahora estaba ahí; bebiendo solo en una fiesta donde sabía también estaba su ex.
El mismo ex que todavía no lograba superar, aún si habían terminado hacía más de cuatro meses y esta era la quinta (o quizás más, ya había perdido la cuenta) vez que terminaban en tres años. Pero era la más larga hasta ahora, nunca soportando más de dos semanas sin el otro y Keigo no quería creer que fuese la definitiva. Sin importar que Dabi fuese un gran hijo de puta.
Dabi, el que había sido su primer amor y su primero en todo lo demás. Dabi, que era tan malo y cruel como una serpiente venenosa siempre a punto de atacar. Dabi, el chico problemático del que estaba tan profundamente enamorado y del todos le habían advertido. Dabi, el nombre que se había tatuado en la cadera porque sabía que antes se borraba de su piel que de su corazón.
No lo había visto desde el día que terminaron, después de una pelea estúpida como todas las que tenían y lo había mandado a la mierda porque supuestamente estaba harto. El enojo le duró dos semanas, pero Dabi no intentó buscarlo y eso le dejó en pedazos como cada vez que terminaban.
Tal vez ya debería estar acostumbrado, las cosas siempre eran así. Ellos terminaban, lloraba hasta quedarse seco y maldecia a los cuatro vientos el día en que lo conoció; queriendo olvidarlo aunque parecía imposible. Luego Dabi volvía, en verdad arrepentido y lo intentaban como si no estuviesen cortando sin parar sobre una cicatriz mal curada.
Una y otra vez, ya casi era un chiste, ya casi ni siquiera dolía porque Keigo sabía que siempre regresarían al otro. Pero esta vez, había escuchado que Dabi se había follado a un tal "Geten" en una fiesta a la que claro que no había sido invitado y no quería creer que fuesen más que rumores.
Ya eran dos meses de eso, cuatro meses desde que terminaron y tres años desde que se enamoró de él. Keigo todas las noches se preguntaban cómo sería no amarlo más, pero ya ni siquiera podía recordar cuando no lo hacía.
Estaba mal y era patético, él lo sabía muy bien, ¿pero qué podía hacer si ya no era dueño de su propio corazón?
Era el cumpleaños de Shimura Tenko, el mejor amigo de su ex y sabía que no era una buena idea haber venido. Pero después de todo, el chico era novio de su mejor amiga y en el fondo, tenía la esperanza de volver a ver a Dabi. Aunque fuese desde lejos y también viera cosas que no quería.
Rumi también sabía que era una mala idea, la peliblanco le había insistido en que no debía ir si no se sentía listo; Tenko entendería y de todos modos tenía la teoría de que no le agradaba tanto tampoco. Ella siempre estaba ahí para él, era su hombro para llorar y desde el primer día había recogido sus pedazos rotos aún si supiera que no podría ponerlos en su lugar de nuevo.
Por eso no le gustaba engañarla, pero tal vez sí era un idiota después de todo. Porque no podía superar a su ex, sin importar cuando lo intentara y esa noche más que ninguna otra extrañó el calor de Dabi. Extrañó sus manos, extrañó sus ojos cansados y sus sonrisas maliciosas.
Keigo era un experto aparentando y no fue difícil convencerla de que todo estaba bien, para así poder acompañarla a la fiesta sin tantos reclamos. Le aseguró que necesitaba salir para distraerse y que el idiota del Todoroki seguro estaría ocupado buscando a quien follarse (solo que se ahorró la parte donde Keigo esperaba que esa persona fuese él).
Se arregló como si fuese a una alfombra roja y no sólo a una fiesta de adolescentes; sabía que era uno de los chicos más atractivos de su año (algunos decían que incluso era más bonito que muchas chicas) y esa noche más que cualquier otra le sacaría provecho.
Se puso sus pantalones de cuero que hacían ver a su culo como la octava maravilla del mundo y una camisa sin mangas que dejaba también a relucir los músculos de su espalda esbelta. Delineador para realzar sus ojos dorados, gloss de cereza para dejar sus labios jugosos y solo una persona sería lo suficientemente afortunada de saber si se había puesto una tanga o no.
Al llegar a la fiesta confirmó que se veía como el pecado en persona, casi pudo escuchar a más de uno babear y recibió complacido muchas miradas de deseo por donde pasaba. Pero, él solo tenía interés en una turquesa y maliciosa en particular. Quería ver a Dabi, solo a Dabi y esperó encontrarlo con Tenko cuando fue con Rumi a felicitarlo.
Fueron hasta el garage ignorando el semi desastre que se estaba formando en la sala de estar, con adolescentes bailando cada vez más borrachos. No habían tantas personas como esperaba, después de todo Shimura no tenía muchos amigos y Keigo supuso que de los invitados se había encargado Dabi; como siempre.
Al parecer el cumpleañero se estaba escondiendo de todos en lo que Dabi llamaba "La Shiggy-Cueva" y no le sorprendió. No habían muchas personas ahí, solo el resto de los amigos raros de su ex hablando y riendo escuchando música a un volumen menos dañino para los tímpanos. Casi no pudo ocultar su decepción cuando no lo encontró ahí con los demás.
Tenko lo notó, pero no le importó lo suficiente para hacer un comentario y Rumi tampoco se lo permitió. Se lanzó sobre él apenas pusieron pie en la habitación, sentándose en su regazo mientras lo felicitaba y le daba una bolsa de regalo celeste entre besos.
Keigo sabía que dentro había un disfraz de conejita que le daría hemorragias nasales a cualquiera y por la forma en que el chico se sonrojo, mirando el interior de su regalo con un bochorno apenas disimulado y escuchando los susurros de su novia. Sabía que Tenko no era muy diferente al resto de los mortales.
El rubio lo felicitó sin acercarse mucho, una mirada rápida y sabía que Dabi no estaba ahí. No quería ser un idiota, los amigos de su ex le agradaban a pesar de todo y admitía que a varios también los extrañaba. Pero su objetivo era uno solo y no podía perderlo de vista.
Keigo le avisó a su amiga que buscaría una bebida y tal vez pasearia un rato por la casa. Rumi le recordó que siempre tuviese su celular encendido, para llamarla si necesitaba algo y continuó su trabajo tan divertido de ocasionarle problemas a Shimura en los pantalones susurrando adelantos de su regalo.
Buscar a Dabi no fue tan fácil como esperó, no encontró al pelinegro por ninguna parte y distraerse bebiendo cualquier trago que le ofrecieran fue la mala idea número mil del día. Una hora después, estaba mareado sentado afuera de la casa de los Shimura, molesto como un niño berrinchudo y con ganas de llorar.
Las resistió como un campeón, porque su delineador no era a prueba de agua (debió suponer que lo necesitaría) y no podía permitirse lucir mal si de casualidad Dabi aparecía.
Dabi...
Lo extrañaba tanto, solo quería hablar con él, escuchar su voz en algo que no fuesen viejos mensajes y tenerlo cerca, solo por un momento. Tan solo quería verlo, solo quería una pequeña casualidad, pero parecía que el destino no estaba de su lado esa noche.
Era tarde y como cualquier adolescente mínimamente ebrio que no podía superar a su ex; tomó su celular y buscó entre sus contactos el número que ya se sabía de memoria. Intentó llamar un par de veces, sintiéndose cada vez más impaciente al no escuchar los timbres detenerse y se rindió a la tercera.
Keigo hizo un puchero viendo la pantalla de su celular algo borrosa, dejó su vaso de lado al darse cuenta que no quería estar tan mal si veía a Dabi y mejor decidió mandar un mensaje en su chat de Whatsapp. Otra vez evitó llorar cuando se dio cuenta que no hablaban desde hacía cuatro meses.
Para: Hot Stuff♥
Dabi np s e dondr esyas pero será mwjot que no te estrs cpgiendñ a nafie mqldit0 infuel
Estpy axuera d lacsa de temko sql quoerp jablsr
Los envío sin pensar, porque estaba ebrio y sentía que si no veía a Dabi en diez minutos entonces se largaria a llorar como un bebé. No le importaba verse patético y tirar a la basura toda la dignidad que Rumi se había encargado de recordarle era más importante que cualquier otra cosa en esos cuatro meses.
Quería ver a Dabi, era todo lo que necesitaba y estaba harto de estar lejos de él. Lo amaba, lo quería tanto y ni siquiera recordaba porqué habían terminado esta vez; pero sabía que las razones no eran tan importantes para dejarlo ir.
El pequeño rubio se quedó ahí, sentado en el suelo del porche. Rechazando invitaciones de personas que no podía reconocer ni el rostro y por suerte nadie había intentado aprovecharse de él. Se reprochó perder el control con la bebida, pero nunca podía evitarlo cuando las cosas iban mal con Dabi.
Dabi, Dabi, Dabi...
¿Dónde estaba Dabi? ¿Estaba con Geten, quién era Geten, acaso era más lindo que él?
¿Se lo estaba follando, lo estaba besando hasta hacerlo sangrar, lo estaba haciendo gemir y suplicar? ¿O lo estaba abrazando con suavidad para darle calor, porque era mejor que una manta en invierno?
Dios, su pecho... su pecho dolía tanto. Keigo no sabía en qué estaba pensando al ir ahí, Dabi claramente ya lo había superado y él era el único que seguía llorando sobre las cenizas de su defectuosa relación. Siempre supo que iban a terminar así, siempre supo que sería él quien recibiría el golpe de la caída, pero nunca quiso aceptarlo.
Porque prefirió ser ciego y dejarse guiar por él, porque Dabi era malo pero también tan bueno. Porque era un hijo de puta, pero también era suave y le hacía reír con sus chistes mordaces. Porque era un idiota, pero le follaba tan bien como nadie más podría. Porque quería fingir que era frío y distante, cuando solo tenía miedo y Keigo siempre quiso ser el que le enseñara a volar otra vez.
Solo que olvidó que de los dos, Keigo siempre fue el más débil. Porque nunca podía resistirse cuando se trataba de esos ojos turquesa y esa forma retorcida que tenía de amar.
Poco a poco fue recobrando el sentido otra vez, pero eso solo le dijo que Dabi todavía no aparecía y ya debía haber pasado al menos una hora desde que le había escrito. Keigo quiso golpearlo, pero para eso debía encontrarlo primero y parecía que el pelinegro quería todo menos eso.
Escuchó a alguien salir de la casa pero no le prestó atención, muy ocupado tratando de no llorar mientras veía como embobado su fondo de pantalla. Era Dabi (por supuesto) y él, en su primer viaje a la playa cuando se volvieron pareja. Él sonreía mirando a la cámara mientras su ex sacaba la lengua y el dedo medio, porque nunca podía dejar su papel de chico malo y edgy.
Era una de sus fotos favoritas de ellos y aún cuando terminaban nunca se atrevía a cambiarla. Keigo en verdad era la persona más patética del mundo, ¿eh?
-¿El asiento está ocupado?-preguntó una voz burlona que reconoció al instante, pero pensó que sólo había sido su imaginación y el alcohol que todavía había en su sistema.
Alzó sus ojos irritados por retener las lágrimas y debió sentirse casi eufórico por ver a Dabi ahí. Por fin de pie frente a él después de haberlo buscado toda la jodida noche, mirándolo desde arriba con una sonrisa. Como si nada, tan fácil como aparecer y darle vuelta a su mundo de nuevo.
Pero, todo lo que atinó a hacer fue levantarse lo suficiente para darle un buen golpe en el estómago, con toda la fuerza y coordinación que podía tener aún en su estado ligeramente ebrio. Se sintió complacido cuando lo escuchó maldecir y doblarse un poco hacia adelante por el dolor.
Keigo se volvió a sentar donde estaba, permitiéndose a sí mismo disfrutar de la vista ahora que había calmado su sed vengativa un poco. Dabi se veía jodidamente caliente, como siempre; con su cabello azabache despeinado, su ropa a juego y sus perforaciones que conocía tan bien. Todos sus dedos tenían anillos y sus uñas estaban pintadas de negro como todo el resto de su ser.
Dabi no se veía diferente a como cualquier otro día, pero Keigo se sintió tan enamorado como el primer momento.
-Buen saludo después de cuatro meses sin vernos, pajarito-murmuró el mayor con cierto dolor tiñendo su voz, pero la burla seguía ahí y algo dentro de él tembló al escuchar ese sobrenombre después de tanto tiempo.
Debió sentirse molesto por reaccionar tan fácil al otro, pero no era nada que no hubiese esperado ya.
-Eres un jodido idiota, Dabi, ¿por qué tardaste tanto, con quién estabas?-preguntó Keigo sin preocuparse en ocultar su molestia y tal vez sus celos, cruzandose de brazos sin despegar su mirada de los ojos ajenos.
Tan turquesas como las lagunas de los cuentos de hadas, pero su dueño no era nada como los príncipes de los que su madre solía contarle cuando era un niño. Tal vez ella también estaría decepcionada de saber lo patético que su hijo se había hecho.
¿O acaso estaba siendo melodramático?
-Bueno, primero fue difícil descifrar el código que me enviaste y segundo, Jin tuvo un ataque de pánico y no iba a dejarlo solo hasta saber que estaba bien-respondió su ex novio con sencillez y Keigo sabía que era sincero, porque Dabi nunca se molestaba en mentir.
Los dos se quedaron en silencio por un momento, no porque fuese extraño o incómodo estar frente a frente otra vez. Se sentían más bien ansiosos, deseando saltar sobre el otro y unirse de nuevo después de tanto tiempo. Pero Keigo sabía que no debía dejar las cosas tan fáciles y Dabi quería ir más lento después de ese golpe.
No se esperaba ver al rubio esa noche, Tenko le advirtió que la chica conejo por supuesto iría a su fiesta, era su novia y la única persona que en realidad quería ver. Pero aún si Rumi era su mejor amiga y esos dos se cuidaban siempre las espaldas, supuso que Keigo declinaria la oferta.
Porque sabía que él estaría ahí, porque se suponía que ahora lo odiaba y no lo quería devuelta en su vida. Dabi jamás se alegró tanto de estar equivocado.
-¿De qué querías hablar?-el más alto rompió el silencio, harto de esperar y Takami lo miró sacar una cajetilla nueva de su bolsillo.
Keigo se preguntó si ya se había terminado la antigua o si esa era la primera que abría en todo el día. Dabi tenía muy malos hábitos, asique no debió pensarlo mucho para saber cuál sería la respuesta correcta.
No respondió de inmediato, hipnotizado por la forma en que sus dedos largos sostenían el cigarillo y la facilidad con la que lo encendía; el fuego viéndose tan perfecto entre sus manos y labios. Odiaba saber que se hacía daño, pero no podía negar lo bien que se veía fumando.
-Quería preguntarte algo-dijo Keigo, no muy seguro de nada y sólo buscando una excusa lo suficientemente buena; porque no se le ocurrió un plan mejor que ese.
Dabi asintió una vez, dejando salir una lenta nube de humo y el olor a nicotina le recordó a días mas felices. Todas las veces que se abrazó a él en la cama, después del sexo, haciendo nada en vez de estudiar; cuando el más alto necesitaba de su confort y ser sostenido pero era demasiado orgulloso para admitirlo.
Se preguntó si seguía yendo al parque a fumar después de cenar y si Enji había descubierto sus cigarillos otra vez. Keigo esperaba que no, todavía podía recordar los quejidos de Dabi al curar sus heridas y todas sus excusas que él sabía no creía ("Ni siquiera es la peor paliza que me ha dado, no te preocupes por mí, pajarito").
-Te escucho-
El rubio se removió en su sitio, frotando las palmas de sus manos en los pantalones de pronto demasiado ajustados, para tratar de calmarse. No quería demostrarlo, pero de solo pensar en la posible respuesta sentía que quería correr. O atacar.
-¿Es verdad lo que dicen los rumores... te follaste a Geten?-preguntó Keigo con sorpresiva firmeza, sonando más valiente de lo que en verdad se sentía y Dabi alzó las cejas con cierta sorpresa.
Eso no fue una buena señal.
-¿Conoces a Geten?-respondió con otra pregunta y su tono era tan plano como siempre, como si el rubio no hubiese llorado mil veces pensando en lo que hacía con otros y ya no con él.
Keigo se sintió mareado de pronto, pero sabía que no era por el alcohol y apretó su mandíbula hasta que sus muelas dolieron. Sabía que las lágrimas estaban volviendo, porque su mirada se empañaba como el espejo de un auto descompuesto bajo la lluvia.
Ese dolor punzante volvía en su pecho, nunca se había ido; tan fresco como la primera vez que había escuchado esos murmullos en los pasillos.
"Todoroki Touya y el chico lindo de segundo están saliendo, no, no están saliendo o tal vez sí".
"Dicen que los vieron juntos en la fiesta de Chisaki Kai y Dabi le robó la virginidad, ¿por qué siempre se queda con los más guapos?".
"Dabi es un idiota, seguro lo dejó como follamigos y sólo está usando al niño".
"Hey, ¿él no era novio de Takami Keigo desde... como, no se, siempre?".
Y su favorita, "Tal vez ya se aburrió, Geten es tan bonito y Takami debe ser demasiado que soportar".
Lo había escuchado de tantas bocas distintas, tantos rumores que conducían a lo mismo y quería fingir que no le afectaba, pero claro que sí lo hacía. Ni siquiera había visto a Geten (no se había atrevido a buscarlo en todo ese tiempo), pero se había pasado más de una noche pensando en todas las cosas que tenía y él no.
Una de ellas, Dabi.
-Entonces es verdad-susurró Keigo comenzando a temblar, porque sabía que no tendría la fuerza para decirlo en voz alta, para admitir que era cierto.
El pelinegro fruncio el ceño y apartó la mirada con brusquedad, llevando el cigarillo de vuelta a sus labios pálidos y dándole una profunda calada. Keigo quiso golpearlo de nuevo para que respondiera de una buena vez.
-¿Y qué si lo es, olvidaste que fuiste tú el que terminó conmigo, pajarito?-escupió Dabi con veneno, su lengua chasqueando entre el humo como el ataque de una serpiente y ese fue el punto de quiebre para Keigo.
Se levantó en dos segundos, ignorando los mareos por el movimiento tan fuerte y se obligó a estabilizarse sobre sus pies. Necesitaba estar cara a cara con Dabi, necesitaba estar al mismo nivel y así tal vez quitarle algo del poder que tenía sobre él.
Lo miró con tanto odio que esperó dagas aparecerían para atravesarle la cabeza y se tambaleo hacia él para golpear su pecho con fuerza como un niño haciendo una rabieta. Eso no pareció afectar mucho a Dabi, asique Keigo lo golpeó otra vez.
-¡No me llames así, ya no puedes llamarme así después de lo que hiciste, Touya!-gritó sin importarle si alguien escuchaba, su voz deslizándose extraña por su lengua pero rota por la traición-¡¿A cuántos más te cogiste a mis espaldas como la puta infiel que eres?!-
Al escuchar eso, Dabi maldijo en voz alta y regresó su vista a él; los ojos turquesa encendidos y las cejas teñidas juntas al medio. Se veía molesto, o tal vez herido, Keigo estaba demasiado cegado por su propio dolor para notarlo.
-¿De qué carajos estás hablando, qué mierda se supone hice? Tú y yo terminamos hace meses, Keigo, y pensé que esta sería la última-habló con fuerza porque claro que no se quedaría callado, pero no gritó y su tono gélido dejó paralizado un momento al rubio.
No duró mucho, para mala suerte de Dabi y pronto siguió con su histeria.
-¡¿Por qué pensarías algo como eso, maldito idiota?!-no dejó de gritar, no podía y solo había cesado los golpes porque Dabi había tomado sus dos muñecas con una de sus manos.
En esos momentos maldecia la fuerza del otro, aunque aquello siempre fue una de las cosas que más le gustaba de él; cuando lo manejaba como a una muñeca en la cama. O cuando lo cargaba de regreso a casa si se sentía muy cansado después de la escuela, no podía pensar en sexo estando tan molesto.
-Porque tú lo dijiste-susurró Dabi con amargura, como si fuera algo dolorosamente obvio.
-¡¿Y por qué me creiste, eres imbécil o qué?! Tengo tu jodido nombre tatuado y siempre volvemos, sabes que yo...-su voz se quebró, se sintió frustrado y Keigo ya no pudo más. Se dejó caer sin fuerzas, su frente chocando contra el delgado pecho ajeno; inhalo profundo sin poder evitarlo y pareció que había pasado una eternidad sin volver a su hogar-Sabes que yo te amo, Dabi-
Cerró sus ojos con fuerza cuando la mano liberó sus muñecas y tan fácilmente se envolvió en su cintura para sostenerlo; para acercarlo más a él. Podía escuchar los latidos rápidos de Dabi y estaba seguro que iban al mismo compás que los suyos.
Después de tantos meses, Keigo pensó que podría llorar del dolor y la felicidad. Se sentía asfixiado, todo resultando demasiado y muy pronto como un golpe sin aviso. Tal vez porque el final nunca se había sentido tan inminente como esa noche.
-Estás hablando en presente, Kei-susurró Dabi contra su sien, como un náufrago encontrando tierra firme y el cabello rubio le hizo cosquillas en la nariz.
-¿De verdad crees que si pudiera superarte no lo habría hecho hace años?-balbuceó contra su pecho, rindiendose a las lágrimas en sus ojos y los dos sabían que tenía razón.
Keigo juraba que no era idiota, pero parecía difícil de creer cuando un par de minutos después de enterarse que todos esos rumores eran ciertos; estaba besándose desesperado con su ex detrás del auto de alguien y olvidaba todo el dolor que le había hecho sufrir.
-Dabi, Dabi...-jadeó contra su boca, sintiendo cómo el mayor aplastaba su espalda contra la puerta metálica mientras sus manos se hacían camino en su cuerpo y el frío de la noche le hacía temblar.
O tal vez solo era Dabi, él y la forma en que jugaba con su lengua como si fuese su juguete favorito. Cómo mordia su boca a su antojo y hacía estragos en su cabeza con ese piercing contra su paladar. Tal vez solo lo había extrañado con todo su ser, y por fin estaba explotando.
Gimio cuando una de sus rodillas presionó su erección, haciendo espacio entre sus piernas y Keigo se aferró a su cuello cuando comenzó a frotarla con la intensidad que sabía le gustaba. Dabi sonrió sin parar de besarle con fuerza, sus manos traviesas encontrando lugar sobre sus pezones firmes por el frío y la excitación.
Keigo lloriqueó cuando sintió esos dedos largos retorcer sus botones, girandolos entre las llemas de sus dedos a través de la ropa y Dabi liberó su boca para poder escucharle. Delineo sus labios hinchados con su lengua, preguntándose si el rubio se había puesto gloss para él y puso solo un poco más de presión en su rodilla.
-Dios, Dabi... ah, yo...-balbuceó el pequeño rubio, sin poder resistirse a mover sus caderas contra el muslo ajeno en busca de más fricción y lanzó la cabeza hacia atrás cuando el mayor mordió su cuello.
¿Cómo había podido sobrevivir cuatro meses sin esto?
-Ah, adoro tanto tus patéticos intentos de hablar cuando te tengo así, pajarito-ronroneo Dabi contra su yugular, besando y chupando la vena hinchada con maña.
Keigo apretó sus ojos cerrados, sonriendo cuando se imaginó la marca violeta que encontraría ahí en la mañana y trató de acercar más sus cuerpos aún si no podía respirar. Dabi bajó por su cuello, dejando un camino de besos crueles y mordió la tela de su top borgoña cuando llegó al borde del abismo.
-¿Te he dicho lo precioso que te ves de rojo?-preguntó el Todoroki aunque sabía que no obtendría respuesta y rió cuando en vez, escuchó los intentos de Keigo para no ser tan ruidoso.
Se trató de alejar un poco para poder mirarlo, amaba cómo se veían sus mejillas sonrojadas y su delineador corrido alrededor de sus ojos cuando lo besaba hasta hacerlo llorar. Se veía tan destrozado, Dabi amaba cada segundo que podía mirar esa obra de arte.
Pero Keigo no lo permitió, sus manos de inmediato apresando su nuca para acercarlo de nuevo y besando su boca con desesperación. Era torpe y desordenado, a Dabi no le molestaba aún si sabía que podía besarlo mejor que eso.
-No... n-no te detengas, Dabi, p-por favor-suplicó entre gemidos, sus ojos llenos de lágrimas y Dabi sonrió al escucharle tan roto.
-Oh, pero cuando lo pides así suena tan tentador hacerlo-susurró con burla y Keigo pudo reconocer con cierto temor la maldad brillando en esos orbes-¿Qué harás si me detengo, lloraras o seguirás suplicando hasta que me encargue de tu culo necesitado?-
Keigo sollozó, ahogandose muy en el fondo de esa mirada turquesa y creyó que podría correrse en ese instante solo con la crueldad ajena.
-Dabi...-se quejó Takami y abulto sus labios en un puchero cuando el más alto se alejó lo suficiente para ver su rostro.
Ah, se veía mucho mejor de lo que recordaba.
-Ha pasado tanto, pajarito y aunque extraño como no tienes idea joderte, también quisiera...-susurró Dabi con párpados caídos, tomando con su zurda la quijada ajena y apretó ligeramente entre sus dedos.
Keigo no podría apartar su mirada aún si quisiera, y no quería. Tembló cuando sintió el pulgar acariciar con lentitud su labio inferior y abrió la boca obediente cuando presionó contra ella. El rubio lo miró a los ojos, el dorado brillando con euforia mientras Dabi exploraba su cavidad con su dígito caliente.
En esa sonrisa socarrona había una petición muda y Dabi no tuvo que decir nada para que bajara en sus rodillas. Abrió su pantalón con desesperación, sin importarle donde estaban o quien podría verles; y Keigo puso su boca a trabajar después de cuatro largos meses.
Ya no se preguntaba quién era Geten, dónde estaba su dignidad o si el pelinegro en verdad lo amaba como él lo hacía. Esto era todo lo que necesitaba, tenerle así para él, tenerle de cualquier forma que pudiese tomar.
Después se sentiría como el patético desesperado que era, en esos momentos solo podía pensar en cuánto había extrañado esas manos en su cabello y ese calor en su lengua. Los golpes contra su garganta y la forma tan adictiva en la que se quedaba sin aire por ocasiones.
Dar una mamada no debería sentirse tan bien, pero Keigo se encontró a sí mismo gimiendo mientras se tragaba todo lo que podía de ese pedazo de carne y trabajaba lo que no con sus manos temblorosas. Sus dedos se sentían fríos contra la piel ajena, pero sabía que a Dabi le gustaba.
Agradecía que al parecer no había perdido la habilidad por la falta de práctica, o al menos eso pensó cuando sintió que el mayor se corría con fuerza jadeando de satisfacción; después de abusar de su boca todo lo que quiso.
Keigo se sentía encantado.
-Maldición, pajarito, te extrañé tanto-gruñó Dabi cuando alejó su boca de él, los rastros de semen todavía bajando por su garganta y alzó su rostro cuando sintió dedos acariciar su mejilla con suavidad.
Los ojos de Dabi lo veían encendidos desde arriba, sus mejillas apenas sonrojadas y respiraba descontrolado. Podía ver el sudor bajar por su cuello y recordó cuánto adoraba la sonrisa casi maniática del otro después de un orgasmo.
Su garganta hormigueaba y sus propios pantalones seguían apretando dolorosamente, pero en esos momentos todo en lo que podía pensar era en cómo sería ahogarse en esos ojos crueles.
-¿Seguro que no solo extrañaste mi culo?-murmuró todavía muy cerca, dejando a su aliento caliente rozar con todo el propósito de joder al más alto y sonrió complacido cuando lo escuchó sisear.
Una de las manos volvió a su cabello, enredandose en las hebras rubias y fue el turno de Keigo para gemir cuando jaló de ellas con fuerza. Dios, cómo había extrañado esto.
-Déjame llevarte a casa y lo comprobamos-dijo Dabi, con ese tono que te envolvía como el terciopelo y antes de darte cuenta ya estabas jodido.
Keigo sabía que lo estaba, cuando Dabi le ofreció sus manos para ponerse de pie otra vez y lo besó con toda el hambre que cuatro meses separados le dejó. Estaban famelicos, desesperados y muy cansados para pensar en terceros.
-Vamos-jadeo el rubio contra su boca sin importarle sonar desesperado, necesitaba más de esas manos y más de todo Dabi o juraba que moriría.
Dabi sonrió cuando se separaron, dándose el tiempo para volver a poner todo en orden en sus pantalones y lo tomó de la nuca para darle un último beso caprichoso. Mordiendo y chupando todo lo que se le antojó; Keigo suspiró felíz y se dejó hacer hasta que el más alto se sintió ansioso.
Sin decir nada, se separó y tomó su mano, guiandolo a un auto que estaba seguro le había robado a su padre y abrió la puerta para él. Keigo no pudo evitar soltar una risita, muy infantil para lo que había hecho con la boca hacía tan sólo unos momentos y entró al asiento de copiloto.
El camino a su casa jamás se había sentido tan lento, besándose en cada semáforo porque todavía eran adolescentes hormonales y podían. Agradecía que su madre nunca estuviese en casa, prefiriendo pasar sus fines de semana con su novio al otro lado de la ciudad y Keigo le daba todo su apoyo si así podía gritar con la libertad que quisiera.
Como si fuese la primera vez que lo hacían, corriendo desesperados a la habitación del menor como cuando tenían dieciséis y Dabi no lo tomó ahí mismo en la sala porque sabía que sería mucho desastre para limpiar en la mañana. Entre besos y gemidos subieron las escaleras, llegando a la puerta con torpeza y Keigo casi la pateo al abrirla.
-El lubricante y los condones están donde siempre-dijo el rubio sin respiración acercándose a la cama mientras se quitaba la camisa y pateaba los pantalones fuera de sus piernas.
Se veía increíble, pero el cuero y una erección definitivamente no eran una buena combinación.
El más alto lo imitó, dejando a la vista los tatuajes de su pecho y brazos; esos que tanto adoraba y él ocultaba con la ropa cuando debía o Enji jodia más de la cuenta. Keigo se acercó para besarlos con hambre, usando su lengua para imitar las líneas de tinta en la piel ajena y Dabi le apretó las caderas por el gusto.
-¿Ya no te gusta al natural?-preguntó jadeando en su sien, pero no sonaba molesto y Keigo mordió su clavícula con fuerza, porque él sí lo estaba.
-Me gustará cuando te hagas los exámenes y sepa que sigues limpio-sentenció con aprehensión, sus uñas apretando en su espalda solo por la maña de hacerlo sufrir y Dabi gimio al sentir el suave dolor que tanto había extrañado.
-Suena justo, pajarito-
Con eso, empujó al rubio hasta tenerlo sobre la cama y se deshizo sin mucho cuidado de la ropa interior de ambos; para después hacerse paso entre sus piernas y frotar sus erecciones juntas como si fuesen animales en celo. Los dos se sentían muy desesperados para ser lentos, después tendrían tiempo para los preámbulos.
Antes de poder pensar, Dabi lo puso sobre sus rodillas y el pecho contra el colchón, su culo alzado en un ofrecimiento que aún le pertenecía. Se abrió paso en su cuerpo, ese lindo y apretado canal que había esperado con ansias su regreso lo recibió tan cálido como lo recordaba. Sus dedos expertos encontraron lo que buscaban sin mucho esfuerzo y sonrió arrogante cuando Keigo gritó de placer contra la almohada.
Dabi conocía su cuerpo tan bien como la palma de su mano y el rubio mejor que nadie sabía lo bueno que su ex era usando los dedos.
-Otro...-exigió Keigo en un gemido, chillando felíz cuando un tercer dígito empapado de lubricante sabor cereza se hizo lugar y juntos atacaron su próstata sin piedad-¡Dios, Dabi! ¡Sí, maldita sea, sí, ahí, ahí!-
Sus caderas se movieron con el pelinegro, marcando un ritmo más rápido contra su mano izquierda como si quisiera romperla y le impresionó darse cuenta que ni él mismo conseguía hacer rodar sus ojos por el placer como lo hacía Dabi.
Maldito hijo de puta que era tan bueno en la cama, pero tan malo en todo lo demás.
Sintió besos siendo dejados en el interior de sus muslos, subiendo hasta sus nalgas y Dabi mordió en uno de sus cachetes con fuerza al mismo tiempo que golpeaba en su interior. Keigo gimoteo, apretando las sábanas entre sus dedos hasta verlos volverse blancos y casi sollozó cuando la lengua ajena apareció para jugar.
-Ca... carajo, ¡D-Dabi!-apenas logró decir, su cabeza dando vueltas por todas las sensaciones y sentía cómo su vientre burbujeaba ansioso; estaba cerca, tan cerca-¡Maldita sea, Dabi, Dabi, Da... ah!-
Sabía que el pelinegro debía estar sonriendo como un fanfarrón, pero Keigo no podía culparlo por ser tan arrogante. Realmente era bueno en lo que hacía y se preguntó a cuántos más había hecho llorar hasta el clímax. Un pensamiento cruzó su mente, picando donde no debía y con esfuerzo se sostuvo en sus manos al girar apenas para poder mirarlo.
Sus ojos conectaron, su mirada siempre en él mientras lo trabajaba con los dedos y lengua, su otra mano apretando sus mejillas dejando su erección olvidada a propósito. Keigo lloriqueó cuando se sintió arder bajo esos ojos y Dabi lo tomó todo más que complacido.
-Dabi...-logró decir más firme, seguía siendo un gemido pero un poco más claro que los anteriores y pareció llamar su atención lo suficiente.
Dabi no detuvo sus dedos, pero alejó su boca de su entrada necesitada y Keigo pudo ver la saliva mezclada con el lubricante manchando desde su boca rojiza hasta su mentón.
Bendito sea el presentimiento que le dijo debía depilarse la semana pasado.
-¿Qué necesitas, pajarito?-preguntó Dabi meloso, suave solo porque tenía sus dedos torturandolo como quería y se sentía benevolente al verlo tan tembloroso.
Qué hijo de puta.
Keigo sabía que tal vez decir aquello arruinaria todo, pero necesitaba saberlo antes de ir hasta el final y poder sacarse esa espinita del pecho.
-¿T-Te gustó... estar con Geten?-balbuceó como pudo, pero se aferró fuerte de las sábanas y mordió su lengua para callar los gemidos por un momento.
El mayor pareció sorprendido por la pregunta en un momento así, pero sus dedos no dejaron su trabajo en su interior y Keigo agradeció saber que no se detendría ahora. Estaba tan cerca que si Dabi lo dejaba así colgado probablemente lloraria.
-Geten es lindo y se derritio como un helado en mis manos... pero no, Kei, no me gustó más que romperte a ti-supo leer entre líneas y sonrió socarrón cuando el rubio gritó gracias a un golpe especialmente fuerte contra su próstata; y tal vez un poco felíz por su respuesta-Fue algo de una sola vez, te extrañaba y me recordó a ti por ser tan enano-
-¡He-Hey!-intentó quejarse Keigo, pero solo logró temblar y lloriquear de nuevo contra la almohada.
Era demasiado, todo era demasiado. La mirada maliciosa de Dabi, los dedos crueles jugando con su próstata, esa lengua afilada delineando los pliegues rosados que ya se sabía de memoria. Las mordidas en todo lo que podía alcanzar para recordarle en la mañana que había estado ahí.
Claro que lo haría, cómo no podría si sentía que iba a desmayarse y ni siquiera había entrado en él todavía
De pronto necesitó más que sus dedos, solo un poco más para llegar a la cima y Dabi pareció leerle la mente. Lo sintió moverse a sus espaldas, el colchón hundirse más cerca y no tuvo que quejarse cuando los dedos dejaron su interior; porque pronto fueron reemplazados por algo más.
Keigo sonrió al sentir el glande rozar contra su entrada más que preparada, el pelinegro tanteando para dejarle recordar la forma del piercing que se erguia como corona en la punta y gimio cuando también recordó cómo se sentía contra su próstata. No tuvo que pedirlo, Dabi tampoco era muy paciente y con toda la lentitud que podía comenzó a entrar.
Cuando tocó fondo, llenando todo lo que había a su paso y sintió el pecho del mayor contra su espalda; Keigo sollozó extasiado por la cercanía y las burbujas del placer a punto de estallar en su vientre.
-Sí, él también te extrañó-susurró Dabi contra su nuca y soltó una risita, una de sus manos tomando su cadera (esa que tenía su nombre grabado en cursiva y tinta negra) buscando un mejor ángulo y la otra subió para enredarse en su cabello.
Se quedaron así un momento, para que el rubio pudiese acostumbrarse al no tan sutil tamaño en su inferior que ahora le abrumaba. Tan cerca que en ese instante entendieron de nuevo que estaban unidos de formas que tal vez nunca entenderían del todo. Keigo quiso llorar, Dabi quizás lo haría un poco después.
-Muévete, Dabs, por favor-suplicó el rubio, su voz llena de esa adoración a prueba de fuego y Dabi dejó un camino de besos suaves por sus hombros, como si fuese la primera vez que exploraba las pecas en su piel bronceada.
El primer golpe se sintió como una revolución que casi no pudo soportar, tan certera como sólo él podía y Keigo pensó que había rozado el nirvana demasiado pronto. Escuchó a Dabi gemir contra su cuello, apretando su pelvis contra su culo y supo que él también entendió el sentimiento.
Keigo se preguntó entonces si entendía más que eso, si entendía todo lo que le llenaba el pecho cada vez que le veía y cuando no igual. Después de tanto, debería estar seguro, pero muchas veces las cosas se volvían borrosas y no bastaba solo con suponer.
Pero ahí estaba otra vez, con él, besandole con cuidado mientras lo jodia con crueldad; una de las tantas contradicciones que amaba en Dabi. Le rompió y lo armó de nuevo, lo hizo gritar, llorar y maldecir. Por primera vez en cuatro meses Keigo no quería que parara.
Se preguntó si algún día dejaría de amarlo como lo hacía, y no necesitó saber la respuesta del destino. Porque "Nunca", siempre sería la suya; no pudo pensar en nada más que eso mientras el sol se colaba por su ventana y Dabi de regreso en su corazón.
Oh, por favor, como si alguna vez se hubiese ido.
✧ ✦ ✧
Cuando despertó, Keigo supo que Rumi iba a matarlo, no sin antes torturarlo hasta hacerlo suplicar clemencia. Y no era que no se lo merecía, porque tal vez sí lo hacía (definitivamente lo hacía) pero eso no quería decir que aceptaría su final sin luchar un poco. Todavía le faltaba mucho por vivir, una de esas cosas era justo la razón por la que sabía Rumi lo mataría después de tantos meses de amenazas y advertencias.
Y con "luchar" se refería a esconderse en su habitación mientras su amiga le llenaba el celular de mensajes; todos muy probablemente llenos de maldiciones y descripciones de cómo lo mataría cuando le pusiera las manos encima. Por suerte ya se había rendido con las llamadas, esas siempre eran las peores.
Podía parecer un cobarde para algunos, pero eso era porque nunca habían visto a Usagiyama Rumi realmente molesta y siendo justos... esta tampoco era la primera vez que cometía ese error.
Pero siendo todavía más justos, tampoco había cometido un crimen y muchas personas hacían peores cosas que acostarse con su ex. Ni siquiera entendía porqué Rumi estaba tan molesta con él, seguro solo estaba exagerando y la morena en realidad no estaba tan neurótica como él lo imaginaba.
Keigo se estiró escuchando el colchón bajo él quejarse, hasta que pudo tomar su celular que hacía poco seguía vibrando como loco en su mesita de noche y todavía con cierto miedo desbloqueo el aparato.
Abrió sus ojos con sorpresa cuando leyó lo que se iluminaba en la pantalla, sintiéndolo más como una pena de muerte que una simple notificación de Whatsapp.
67 mensajes y 23 llamadas pérdidas de su mejor amiga; el mensaje más reciente de hacía quince minutos. Sip, Keigo estaba muy jodido.
Con dedos temblorosos puso la contraseña y buscó en su pantalla de inicio sintiendo la cobardía volver a él ese temido logo verde. Se distrajo un poco por su fondo de pantalla, pero eso no hizo más que recordarle lo furiosa que seguramente estaría su amiga.
Después de darle una par de vueltas más por fin entró a la app e ignoró todos los chats excepto el que se asomaba de primero. Ya podía darse una idea de lo que esperaba y cerró los ojos como en una película de terror antes de oprimir su dedo sobre el chat.
No quería hacerlo, pero se dijo a sí mismo que en algún momento tendría que enfrentar el castigo a sus pecados y era mejor no darle más tiempo a la ira de la chica para cocinarse.
Con su dedo subió en el chat, hasta el último mensaje que había respondido. Era del día anterior a las once y media de la noche, antes de que eseerror ocurriera (o en otra palabras, cuando decidió que sería buena idea irse de la fiesta para follar con Dabi) y trató de no temblar por el miedo al leer todos los mensajes.
De: Rumi🐰💗
Keigo, dónde estás???
No te encuentro por ninguna parte y Tenko me dijo que te fuiste con Dabi
Takami Keigo será mejor que Tenko esté mintiendo
Si lo que dice Tenko es verdad juro que voy a matarme
Voy a matarte
En serio voy a matarte
No puedo creer que seas tan tonto, en serio
KEIGO CONTESTA EL JODIDO CELULAR
CREES QUE IGNORANDO MIS MENSAJES Y LLAMADAS PODRÁS ESCONDERTE DE MÍ???
CUATRO MESES
CUATRO MESES DÁNDOTE CONSEJOS, CONSOLANDOTE Y DANDOTE APOYO
CUATRO MESES LLORANDO Y SUFRIENDO POR ESE HIJO DE PUTA
CUATRO MESES Y EL MARIHUANO DE DABI SÓLO DEBE DECIRTE HOLA PARA QUE TÚ VAYAS OTRA VEZ A SER SU PENDEJO
ES QUE NO TIENES DIGNIDAD, AMOR PROPIO, ORGULLO SIQUIERA???
Ignorarme solo alimenta mi furia, Keigo
Dile a Dabi que me deje un poco porque cuando te vea te rompo el culo y no como te gusta, idiota
Los demás mensajes no eran mejores que esos, pero Keigo tuvo que tragarse todos y cada uno porque sabía que la había cagado. Porque no solo había usado su dignidad para limpiar el piso anoche, pero también se había llevado a su amiga con él en el camino.
Justo en ese momento recibió otro mensaje de Rumi y no tuvo forma de escapar gracias al estúpido visto de Whatsapp que no desactivaba solo para tener a cierto alguien vigilado.
Al menos ten la decencia de decirme que estás vivo y no te secuestraron, Keigo
Si no fuese por Tenko, mi jodido novio al que ni siquiera le agradas, no habría sabido con quién te fuiste anoche
Keigo apretó los labios y agachó la cabeza aunque nadie lo estaba viendo, porque Rumi tenía razón. En el momento no había pensado en lo preocupada que podría estar su amiga, sólo había pensado con el pene y su corazón idiota.
Escribió varios mensajes, pero los borró todos antes de enviarlos porque sabía que en ese momento nada le salvaría de la furia de Rumi y no sabía cómo disculparse. De nuevo.
Para: Rumi🐰💗
Lo siento, Rumi, estoy sano y salvo, no me odies por favor:(
Al final, y porque era estúpido, aquello fue lo mejor que se le pudo ocurrir y no tuvo que esperar más de cinco segundos por una repuesta.
Hasta que por fin apareces, idiota
Sabes lo preocupada que me tenías??? Aunque suponía dónde estabas no contestabas mis mensajes y claro que el inútil de Dabi tampoco
Keigo se mordió la lengua al recordar la noche anterior y no trató de excusar al pelinegro, porque sabía que eso solo sería echarle gasolina al fuego.
En serio lo sientooo, en su momento no pensé en nada
No creí que llegaría a tanto ni que nos iríamos así de la fiesta sin avisar, mi plan solo era hablar con él un rato
Ah, sí???
Porque según Tenko te vio chupandole el pito engrapado al idiota de Dabi detrás de un auto y después se fueron a quien sabe dónde
Suena a un plan totalmente diferente para mí
Keigo hizo una nota mental de patear a Shimura cuando lo viera, sabía que estaba saliendo con su amiga y lo tenía amarrado de su dedo meñique, ¿pero no se suponía que era mejor amigo de Dabi también? ¿Por qué los estaba lanzando abajo del autobús así?
Maldito chismoso.
Puedo explicarlo
Deja eso para cuando te esté asesinando, dónde estás???
El rubio miró a los lados como si estuviese siendo observado y consideró sus opciones. Sabía que no era buena idea decirle la verdad, pero también sabía que sería peor no decirle porque de todos modos Rumi se enteraria.
En mi casa pero por favor calmate, ok? :((
Calmarme mi trasero
Dabi es un hijo de puta y tú un idiota por permitir que te siga usando así
Amiga, date cuenta
Amiga ya me di cuenta pero c0ge rico
Keigo se arrepintió al segundo que mandó ese mensaje, definitivamente no saldría vivo de esta.
Espero que Dabi no esté ahí cuando llegue o te revivo solo para matarte otra vez
Después de eso Rumi no contestó más sus mensajes sin importar cuántas veces le imploro que se tranquilizara y que podían hablarlo el lunes en la escuela; donde habrían más testigos potenciales y para ese momento tal vez no lo odiaria tanto.
El rubio se rindió y dejó el celular lejos, deslizándose por el colchón hasta que su cabeza tocó otra vez su almohada y se cubrió hasta la nariz con la manta. De pronto tenía frío y como si le leyera la mente por la puerta de su baño apareció su calentador personal... y la razón de todos sus problemas.
Dabi no pareció sentir su aura deprimente, muy tranquilo secándose el cabello después de tomar una ducha y una toalla envuelta en su cintura era lo único que cubría eso que Keigo ya conocía tan bien. El mayor se paseó por la habitación en busca de su ropa y cuando la tuvo toda, se sentó en el borde de la cama dejando la toalla de lado para comenzar a vestirse.
El rubio quiso suspirar dramático o patearlo para tener su atención, pero algo se calentó en su pecho cuando vio las líneas rojas bajar desde los hombros hasta lo bajo de su espalda. Keigo sonrió mordiendose el labio, recordando cómo las había hecho anoche por maña y venganza.
Se sentó de nuevo, ignorando el dolor habitual de sus caderas y culo después de una follada (y qué gran follada), pensando con decepción que tal vez ya era hora de vestirse al ver que Dabi lo hacía.
Lo habían hecho hasta el amanecer, en tantas posiciones que Keigo tenía la mitad del cuerpo entumecido y la otra mitad envidiosa. Cuando ya no pudo más Dabi lo llevó al baño para que se dieran una ducha rápida antes de dormir, pero ninguno de los dos vio necesario el vestirse después de todo lo que habían hecho.
Se despertó enredado a Dabi, su mejilla sobre su pecho y sus brazos abrazando la cintura ajena. Una de sus piernas sobre las del mayor y como era lo justo, una de las manos de su ex sosteniendo su culo como si fuese un osito de peluche.
Se había esforzado en no olvidar cómo se sentía despertar junto a él todos esos meses que lo extrañó como a nadie, pero los recuerdos se sentían como polvo comparados a la realidad.
-¿A dónde tienes que irte tan deprisa?-preguntó Keigo, abrazando sus piernas contra su pecho y ladeo la cabeza sobre sus rodillas, mirando como hipnotizado la espalda rojiza del otro-Pensé que podríamos desayunar, al menos...-
Dabi se detuvo un momento, tal vez considerando la oferta pero siguió vistiendose unos segundos después. Keigo hizo un puchero que el otro no se giró a ver.
-El viejo necesita que lo ayude en algo, no puedo quedarme aunque quiera-respondió con honestidad y el rubio sabía que no estaba nada feliz de lo que decía.
-Pensé que odiabas a tu padre-
-Y lo hago-el pelinegro se rió sin gracia y metió su pie derecho en su bota negra de gótico estándar-Pero Natsuo no quiere hacerlo, Shoto está con unos amigos y no pienso dejar que Enji se acerque más de la cuenta a Fuyumi-
Keigo entendió todo lo que dijo y lo que no también, porque él sabía bien todo lo que pasaba cuando las puertas de esa casa se cerraban y odió saber que las cosas parecían igual de jodidas. Se acercó gateando hasta el mayor, para poder besar su cuello con cuidado y abrazar sus hombros sin otras intenciones.
-Pensaré que solo es una excusa para no quedarte más de lo necesario, Dabs-se burló Keigo, porque pensó que eso era lo que necesitaba el pelinegro y sonrió cuando lo escuchó reír.
Dabi estiró su mano hacia atrás, hasta poder tocar su cabello y enredó sus dedos en los mechones rubios con cariño. Keigo casi pio por los mimos.
-Si solo quisiera follarte te lo habría dicho, pajarito-dijo Dabi solemne, o todo lo que alguien como él podía y se giró lo suficiente para poder besarlo hasta dejarlo inquieto; su aliento fresco por la pasta dental y Keigo se preguntó cómo estaría el suyo-Además, sabes que me gusta acurrucarme-
Lo escuchó decir cuando se alejó, muy rápido para su gusto y Keigo quiso quejarse, pero sabía que no debía y tampoco tendría sentido ser egoísta ahora. Habían cosas más importantes que él, como la mierda que su ex tenía por padre.
Su ex, es verdad, Dabi seguía siendo su ex; después de todo, lo que habían hecho anoche no significaba que todo estaba mágicamente resuelto.
Keigo quiso preguntar, pero no se sintió tan valiente y en ese momento el mayor se levantó de la cama. Dabi revisó algo rápido en su celular y cuando se giró, no disimulo al mirarlo de arriba a abajo con un hambre que al parecer todavía no estaba satisfecha.
Siempre le complacia ver los rastros de su trabajo aparecer en el rubio, los puntos púrpuras marcando un camino por su cuello y pecho; las mordidas bajando hasta su vientre. Podía ver cómo se pintaban con suavidad unos dedos en sus caderas y donde se había sostenido de sus muslos sin medir su fuerza.
Keigo estaba hecho un desastre y sabía que su culo no estaba mejor, había tomado fotos para no olvidarlo. El pelinegro casi gimio por la preciosidad que esperaba tener entre sus manos otra vez muy pronto.
-No sabes lo hermoso que te ves así, Kei-susurró Dabi y sin poder resistirse, se acercó para poder tomar su rostro entre sus manos con delicadeza.
Se inclinó para besar sus mejillas y mordió su quijada, evitando con maldad tomar su boca como sabía el rubio quería. Keigo era como un niño malcriado cuando se trataba de los besos y amaba ser besado por el más alto.
-¿Jodido?-suspiró cuando sintió su espalda tocar el colchón otra vez y ni siquiera se dio cuenta cuándo Dabi tomó su lugar entre sus piernas como si fuese tan natural como respirar.
Entrelazo sus tobillos en la espalda baja ajena, necesitando más cercanía y aunque sabía que no llegarían a nada; tenerlo así unos minutos más podía ser suficiente. Al menos hasta que Dabi se fuera y volviera a extrañarlo como un perrito abandonado.
Sintió vibrar un sonido de afirmación en el otro, dejando un beso suave en su mentón antes de alejarse para mirarlo a los ojos con párpados caídos. Keigo estiró sus manos para delinear su rostro y quiso llorar al darse cuenta cuánto amaba a ese hijo de puta.
Dabi sonrió socarrón, como si le hubiese leído la mente y se agachó para por fin besar su boca con lentitud torturante. Sus labios se deslizaban y sus lenguas bailaban como antiguos amantes; había algo en sentir el piercing del mayor rozar contra su lengua que no se comparaba a nada más.
No quería separarse, no quería que aquello terminara y Dabi se fuera, pero cuando el más alto se alejó de su boca no intentó detenerlo. Se miraron en silencio y dedos cálidos jugaron con su cabello.
-Te amo, pajarito-susurró Dabi y Keigo pensó que el pecho le explotaria como una supernova en ese instante.
Sin poder evitarlo, abrazó con fuerza al pelinegro y escondió su rostro en su cuello. Sin importar la incomodidad de sentir la ropa rozar contra su piel sensible o el dolor en su espalda baja. Keigo sabía que estaba llorando y Dabi no hizo más que acariciar su cabello con parsimonia.
-Lamento haberte herido, lamento no buscarte antes y ser siempre un hijo de puta-dijo el mayor inhalando profundo en su cabello, cómo había extraño ese olor a miel y limón que desprendía su chico.
-No te perdono, pero considerare hacerlo si mañana vienes otra vez-habló Keigo muy bajito, tan bajito que estaba seguro el otro sólo podía escucharlo porque lloriqueaba contra su piel.
-A tus ordenes, Kei-aceptó Dabi sin pensarlo, feliz de saber que al parecer todavía tenía una oportunidad y levantó al rubio lo suficiente para poder abrazar su cintura con la misma fuerza que era sostenido.
Los dos sabían que debían separarse muy pronto, lo hicieron cuando el celular de Dabi sonó y supo que era su padre cuando el pelinegro maldijo en voz alta. Lo soltó con mucho cuidado y Keigo tuvo que resistir las ansias de llevarlo consigo otra vez.
-Ahora sí tengo que irme, al viejo le dará un infarto y aunque me complaceria mucho, supongo que sería más molesto lidiar con el papeleo-dijo Dabi al soltar su cintura, no tuvo que pedir deshiciera el agarre de sus piernas y se alejó con lentitud porque quería todo menos eso.
Dabi lo miró con cierta frustración y le dio un último beso antes de irse, las despedidas no era lo suyo. Keigo vio su espalda salir por la puerta de su habitación y no se movió hasta que escuchó la puerta de su casa cerrarse también.
Con un suspiro de felicidad, se dejó caer en el colchón con dramatismo aunque nadie lo veía. Pensó en todas las cosas que habían pasado anoche, lo que había hecho y lo que había deseado por tantos meses se cumplió al despertar por la mañana.
No debería estar tan feliz por haber sacrificado su dignidad a cambio de volver a estar con su ex y él lo sabía, pero Keigo siempre podía culpar de todo a la idiotez del amor adolescente de la que todos alguna vez eran presas. Aunque sabía que lo suyo iba mucho más allá de hormonas y malas decisiones.
No quería moverse, solo quería acurrucarse en su cama abrazado a la almohada que aún tenía el olor de Dabi y cubrirse con la manta que tenía sus olores mezclados para seguir durmiendo. Pero sabía que Rumi llegaría en cualquier momento y si lo encontraba tan recién follado, la tortura sería el doble.
Asique contra todo lo que deseaba, se levantó, se dio una buena ducha y se vistió con ropa que cubría lo mejor que podía las pruebas en su cuerpo de lo que había hecho anoche. No tenía caso cubrir con maquillaje los chupetones de su cuello, tampoco era tan descarado.
No escuchó a nadie tocar en la puerta, pero sin aviso un torbellino de cabello blanco y ojos rojos apareció en su habitación llenando todo el lugar con su sed de sangre. Keigo tembló del miedo antes de sentir como era pateado a la cama otra vez.
-¡Takami Keigo, prepárate para morir, zorra sucia!-gritó Rumi llena de furia y sus ojos centellaron como los de un animal rabioso, Keigo chilló del miedo al ver a su mejor amiga acercarse con lentitud y cubrió su cara por instinto-¿Últimas palabras?-
Keigo tragó grueso y apartó las manos para mirar a su mejor amiga, la chica tenía una de sus piernas listas para lanzar una poderosa patada que sabía podría matarlo. El rubio agradecía al menos tener el recuerdo de la noche anterior fresco en su mente.
-¿Lo siento?-intentó como un niño regañado y usó sus mejores ojitos de cachorro para tratar de aplacar a la bestia frente a él.
El ceño de Rumi se arrugo con más profundidad, pero chasqueo la lengua y relajó su posición de ataque. Keigo sabía que aún así no debía bajar la guardia.
-Eres un idiota, Keigo-dijo la chica, por fin en un tono que no sonaba a grito de guerra y negó con la cabeza al darle un barrido rápido con la mirada-Carajo, no quiero ni imaginar cómo te dejó el culo...-
-¡Rumi!-se quejó Keigo, pero no pudo evitar reír y la peliblanco rodó los ojos.
Pareció rendirse un poco y se sentó a su lado en el colchón, pero pronto recibió otro golpe en su costado y Keigo lloriqueó del dolor. Y eso que sabía no era lo peor que su amiga podía hacer, no entendía cómo Tenko no había muerto de un senton todavía.
-Habla antes de que me arrepienta de perdonarte la vida-ordenó la de ojos carmesí y Keigo tomó la terrible decisión de relajarse.
Le contó todo, porque seguía siendo su mejor amiga aún cuando seguramente quería darle la paliza de su vida. Rumi escuchó cada detalle con atención y aunque Keigo se había saltado las partes que sabría le ganarían una patada en la cara; la chica no se vio ni un poco contenta cuando terminó.
-¿O sea que así de fácil volviste con él?-fue lo primero que preguntó cuando Keigo dejó de hablar y el rubio resopló irritado.
-Estuvimos separados cuatro meses, Rumi, no actues como si hubieran sido sólo dos días-dijo casi ofendido, cruzandose de brazos y se arrepintió al segundo de ver la ceja de la chica temblar con molestia.
Keigo por un momento pensó si Dabi había descompuesto su cerebro al follarlo anoche con tanta fuerza. No dudaba que hubiese rebotado como pelota de goma en su craneo por los golpes contra la cabecera de la cama que estaba casi seguro era la razón de que su resaca le estuviese jodiendo tanto.
-¡Se que fueron cuatro meses, yo estuve ahí limpiando tus mocos todo este tiempo!-le reprochó Rumi, pero sabía que incluso si sonaba furiosa lo volvería hacer todo otra vez con tal de verlo felíz; aunque esta fuese la quinta vez que tenían esta conversación-¿¡Y tu dignidad qué, basura?!-
-La dignidad no me va a follar como él, Rumi-
Definitivamente Dabi había arruinado su cerebro y ni siquiera intentó quejarse cuando su amiga se lanzó a su cuello para poder estrangularlo gritándole lo idiota que era. Apenas pudo liberarse cuando escuchó el timbre de un mensaje llegando a su celular y cuando lo tomó sonrió como bobo.
De: Hot Stuff♥
Creo que dejé mi chaqueta en tu casa, pajarito, ¿puedo ir a buscarla esta noche?
Sintió a Rumi atrapar sus pies y jalarlo por el suelo como si fuese un muñeco para poder seguir golpeandolo. Pero Keigo estaba muy ocupado riendo como niña enamorada y respondiendo el mensaje de su ex temblando de la felicidad.
-¡Keigo, será mejor que no estés hablando con a Dabi o juro por Dios...!-
Para: Hot Stuff♥
Te estaré esperando, Dabs
Buenaaas, valido para cualquier hora en la que estén leyendo esto 🤠✨
Si vienen de wattpad a releer, hola otra vez besties, pero si es la primera vez que me leen, me disculpo por posibles errores jeje
Todavía no entiendo muy bien la interfaz de aquí y como esta historia la escribí en el 2020, me dio flojera checar otra vez que todo estuviese perfecto pq editar es la pena de mi existencia. Se suponía que esto iba a ser algo más de comedia porque está inspirado en un meme, pero como siempre no pude evitar ponerme intensa con estos dos
Mi nuevo headcanon favorito gracias a las páginas de feis es que Hawks no puede superar a su ex marihuano y ese ex es Dabi, asique de eso nació este One-shot. De nada😔✌
Aclaro q cuando escribí esto todavía no se sabía que Geten era un Himura y en este AU no tiene parentesco con Dabi, porque este triángulo amoroso es un gusto culposo muy grande como para dejar de usarlo, perdón
Sin más que decir, chinga tu madre Endeavor y espero que les haya gustado; si fue así pueden votar o comentar, saben que amo leer sus opiniones🤗💕
Luv u all,
Claude💜
