¿𝗘𝘀𝘁𝗮́𝘀 𝗱𝗶𝘀𝗽𝗼𝗻𝗶𝗯𝗹𝗲? [𝙝.𝙝.𝙟] 🔞

Sinopsis

Su vida era monótona, casi perfecta, pero había algo que ella no sabía que le hacía falta...

Estado:
En proceso
Capítulos:
3
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

𝙐𝙉𝙊

Tamborileaba el escritorio con mis uñas acrílicas hechas dos días atrás. Miré al reloj que tenía colgado en la pared frente a mí, era hora, por fin de irme a casa. Tome rápidamente mis cosas y me dirigí al ascensor, dispuesta a tomar un taxi que me llevara lo antes posible a casa, más no contaba con que hubiera un diluvio afuera.


Al llegar a mi edificio pagué el taxi y el portero de mi edificio llegó con un paraguas, dispuesto a resguardarme de aquella tormenta. Le agradecí y fui directo a mi piso, sacando mis llaves y entrando a mi solo y oscuro departamento, notando que había llegado justo 1 hora antes de que vengan por mi.


Me duché rápido con agua caliente y sequé mi cabello, permitiendo que ondas naturales se formaran en la punta del mismo. Opté por llevar un vestido rojo que mi mejor amiga me había regalado para usar en una ocasión especial el cual era de tirantes y se sujetaba de atrás con unos listones. Me calce unos tacones plateados y me maquille muy ligero y natural, justo faltando 5 minutos para que Chanyeol, mi novio, pase por mí.


Suspiré y me acerqué al sillón donde había dejado mi bolsa con mi teléfono móvil, notando, al tomarlo, que tenía un mensaje de audio de Chan.


"Mi amor, ¡feliz cumpleaños! No sabes cuánto lamento cancelarte a última hora, pero estamos haciendo los últimos preparativos para la propuesta de campaña para los americanos y justo quieren reunirse con nosotros. Traté de convencer a Kai que me permitiera faltar, pero ya ves que como soy el jefe de campaña y eso, se me es imposible. Prometo compensártelo. Te amo"


Bufo dejando el celular en la mesita auxiliar y me quito los tacones, sobando un poco mis talones que dolían un poco ya que prácticamente volé para estar a tiempo. Camino hacia la cocina y me dirijo directamente a la alacena donde guardo los licores, tomando una botella de vodka casi a terminar. Voy a refrigerador y tomo una coca cola y hielos que deposito en un vaso de vidrio. Vierto más vodka que soda en aquel vaso y lo miro frente a mí.


-Feliz cumpleaños Haneul-me digo y me bebo de golpe todo el contenido, sintiendo como quema mi esófago.


Escucho mi celular sonar y camino despacio hasta el pero no contesto, es Liz, mi loca y abrumadora madre que parece que hoy si se acordó del cumpleaños de su única hija. Regreso y me preparo otro trago llevándolo conmigo a la sala, bebiéndolo, esta vez, por sorbos, mientras busco en mi bolso la tarjeta de un restaurante al que fui con mi mejor amiga Lily para pedir comida, pero solo doy con una servilleta doblada en cuatro la cual desdoblo para solo recordar su contenido.


"Palabra clave: ¿Estás disponible?" Junto con un número de teléfono.


El recuerdo de aquella chica animada que conocí semanas atrás en un bar viene a mi mente. Había ido con mis compañeros a celebrar que la nueva campaña había sido un éxito y se me habían pasado las copas. En ese estado en mi espera en la fila del baño conocí a aquella chica hermosa, de visual estilo idol y cuerpo maravilloso, y me había quejado con ella de la poco y/o inexistente actividad sexual con mi novio de un tiempo atrás y de cómo, aun cuando lo hacíamos, se sentía raro.

Aquella chica me compartió una mirada y risita pícara y cómplice y me entregó dicha servilleta.


-No te arrepentirás. Solo debes llamar y decir la clave. El chico es un dios en la cama, enserio, 10 de 10.


Dudé un poco mientras inspeccionaba aquel pedazo de papel, pensando en si llamar o no. Digo, no es que me fascine la idea de citarme con un perfecto desconocido a perder el respeto y el pudor, pero al fin y al cabo no tenía nada que perder y me merecía celebrar mi cumpleaños, aunque sea una vez.


Marqué aquel número, pero me arrepentí, tomando de golpe mi segundo trago y levantándome para prepararme otro, y otro. Al primer sorbo de mi cuarto trago, tome valor y por fin presione "llamar" en mi teléfono.


- Hola? -maldita sea, su voz me dejo petrificada. Mis manos temblaban y sudaban y tuve que tragar saliva-. ¿Hola? -su tono cambia de pronto a uno un poco más coqueto y grave, erizando los vellos de mis brazos.


-¿Estás disponible?


-Si. ¿Dónde nos vemos?


-No lo sé, tu dime.


-¿Te queda cerca el hotel Niagara?


-Si, a unos 20 minutos.


-Perfecto, te veo en el lobby en media hora. ¿Cómo te reconozco?


-Amm, soy de piel blanca, cabello ondulado, y llevo un vestido rojo. ¿A ti como te reconozco?


-Solo lo sabrás. Te veo en 30-y sin más truncó la llamada.


Corro prácticamente hasta la sala volviendo a ponerme mis tacones y poniendo lo esencial en mi bolso, me levanto rápido y tomo un abrigo del armario mientras pido un Uber en la aplicación. 25 minutos después estoy pasando por la puerta principal del Niagara Hotel. Jamás había estado en un hotel de 5 estrellas a pesar de mi trabajo y lujitos. Era hermoso por dentro, muy acogedor.


Camino por el lobby nerviosa, sintiendo como todos me mira como si supieran lo que vengo a hacer. De pronto paro mi andar y casi inmediatamente una voz susurra en mi oído.


-¿Estás disponible?-su aliento acaricia mi cuello llenando mi cuerpo de una descarga eléctrica y erizándome por completo. Giro lentamente hasta encararlo. Dios, la chica se quedó corta. Es el hombre más guapo que he visto en mi vida.


Su tez blanca, sus ojos marrones con una mirada felina, su cabello era largo y oscuro, sus labios perfectamente rosados. Este tipo era un adonis encarnado, totalmente digno de ser llamado un dios. Llevaba puesto un traje completamente negro con una corbata que hacía juego con mi vestido. Me ofreció su brazo y deslicé el mío lentamente en él. Me dirigió hasta el piso 20, el último, y caminamos hasta la última habitación del pasillo izquierdo donde el sacó una tarjeta y abrió la puerta dejándome pasar a mi primero.


-¿Cómo conseguiste mi número?-pregunto y lo encaro de nuevo.


-Una ammm amiga me lo compartió.


-¿Te explicó las reglas?


-No, solo me dio la clave. ¿Qué reglas?


-Reglas que sirven para que esto funcione bien-explico y comenzó a caminar hacia mí-. Número 1: nada de nombres. Número 2: no preguntas personales que nos hagan saber quiénes somos en el mundo exterior y aburrido.


-Lo tengo-contesto como una niña en salón de clases. El inspecciona mi rostro a pocos centímetros de distancia. Puedo sentir y ver sus ojos bailar por cada línea y parte de mi cara. Desliza delicadamente mi abrigo, acariciando mis hombros y brazos en el proceso. Su solo tacto me descoloca y no me explico cómo es que solo con esto me siento tan jodidamente excitada.


Se acerca aún más tomando mi rostro con una de sus largas manos y comienza a repartir besos desde mi cuello. Comienzo a jadear de inmediato y jamás había deseado tanto besar a alguien como deseaba hacerlo ahora. Él pareció leer mis pensamientos y acortó la distancia con un beso lento y placentero al cual yo correspondí con desesperación, completamente cegada y ansiosa por probarlo.


Sus manos viajaron a mi espalda y sentí como los listones se aflojaban. Bajó los tirantes acariciando mi piel y yo le quité el saco y comencé a desabotonar su camisa. Su cuerpo era de ensueño y sin siquiera pensarlo mordí mi labio inferior al ver su trabajado abdomen y sus fuertes brazos.


El ríe un poco y desliza por completo mi vestido dejándome solamente en bragas. Me guía sin dejar de besarme hasta la cama y me tumba en ella boca arriba mientras se saca el pantalón y de éste un preservativo. Se acerca a mi dejando aquel envoltorio plateado en la mesita junto a la cama y comienza a besar y masajear mis senos, haciéndome gemir. Me sorprendo a mí misma ante mi reaccionar ya que siempre he sido del tipo silencioso y conservador al momento de tener relaciones, pero él me está volviendo loca. Baja sus besos por mi abdomen mientras retira la única prenda restante en mí y me retuerzo de placer en cuanto siento sus húmedos besos en la parte más íntima de mi ser, es tanto placer el que me hace sentir que no paro de gemir y tomo fuertemente el edredón de la cama al sentir como casi llegaba al clímax. Él se separa de repente y se quita su ropa interior tomando el condón y poniéndoselo, disimulo un poco ya que me da un poco de pena verlo y el pudor amenaza con regresar a mí, pero un beso apasionado acalla todos mis pensamientos y casi instantáneamente abro las piernas ante su posición sobre mí, jamás había querido tanto sentir a alguien dentro de mi hasta este momento, y cuando por fin lo hace, me siento en el cielo, hasta creo que vi lucecitas y fuegos artificiales.


Él comienza a jadear y gemir por lo bajo y eso me excita aún más haciendo que no pare de gemir hasta sentir algo que jamás había sentido seguido de movimientos más apresurados de su parte hasta que ambos literalmente explotamos del placer. Me cuesta recobrar la respiración y el descansa un poco sobre mi pecho intentando hacer lo mismo. Al cabo de unos minutos se levanta con dirección al baño.


-¿Ya te vas?-pregunto intentando no sonar triste y afligida.


-Si, pero si quieres puedes quedarte, la habitación ya está pagada-explica y recoge sus pertenencias.


-Espera... Tu... Am...-intento preguntar, pero me interrumpe.


-Regla número 3: nada de sentimientos ni lazos afectivos-sentencia y me guiña un ojo para luego adentrarse en el baño.


Suspiro y sonrío, en definitiva, es el mejor cumpleaños que he tenido en mucho tiempo a mis cortos 23 años de edad. Me acomodo sobre la almohada y es tanta la relajación que lentamente me quedo profundamente dormida.