Capítulo 1
Los mestizos siempre han sido objeto de morbo en la sociedad japonesas, un espectáculo, origen de múltiples y extravagantes fantasías sexuales de cualquier persona promedio, y Arashi Keizo odiaba todo aquello. Su padre era un hombre japonés común y corriente que, en un viaje de la Universidad a Sudáfrica, conoció a la que sería el amor de su vida… Se casaron, tuvieron un hijo y fallecieron de forma espontánea en un accidente aéreo, sobreviviendo Keizo únicamente porque se había quedado con sus abuelos debido al miedo que le tenía a volar; lloró por semanas, pero su tortura no iba a acabar ahí…
La sociedad japonesa es extremadamente xenofóbica y racista, todos sus compañeros de clase lo molestaban y golpeaban sin motivo, siéndole imposible quejarse con los adultos, quienes lo miraban con aires de superioridad por no tener sangre extranjera en sus venas, por considerarse “más puros” que él… Los odiaba a todos, realmente quería callarlos a golpes y así lo hizo. Forjó un carácter duro y tosco, a cualquiera que le insultara, le daba un puñetazo en toda la cara; sus abuelos habían recibido ya varias quejas por niños con dientes menos y amenazas de denuncias por parte de los padres, quienes alegaban que no era normal que un niño fuera tan violento, que de seguro era así por la “sucia sangre africana” en sus venas… Tuvo que prometes a sus abuelos no volver a hacerlo, no quería darles problemas, aunque no era necesario, ya se había hecho de una reputación tan mala que nadie se atrevía a hablarle siquiera
Llegó a la pubertad y con ella, su despertar sexual, bueno, el de todos a su alrededor… Ahí fue cuando descubrió lo intrigante y erótico que podía ser un mestizo a los ojos de cualquier chica japonesa que fantaseaba con “poseer” aquel “exótico” cuerpo, pues varias fueron las que le pedían citas e intentaron encamarse con él para poder presumir que se habían comido semejante “postre”, pero ninguna pudo concretar con él… El cuerpo de las chicas japonesas promedio no estaban hechos para recibir semejante bendición que le había concedido los genes de su madre; la tenía tan grande que no podía penetrar a las chicas, muchas terminaban llorando pidiéndole que se detuviera y varias huyeron del miedo sólo con verlo… Estaba decepcionado, cansado y harto de ese estúpido espectáculo, hacía tiempo que empezó a rechazarlas, incluso cuando creía que eran lindas, o en el caso de una en específico, aún cuando ella le gustaba… Su novia lo quería mucho y él a ella, pero Keizo temía lastimarla y la dejó; ella juró que nunca se lo iba a perdonar
Las clases ese día estaban siendo especialmente aburridas, por lo que andaba distraído; más de una vez logró oír a chica cuchicheando sobre su apariencia, quería pedirles que se callaran, pero prefirió no hacerlo. La campana anunciando el final del horario escolar sonó en cada rincón y Keizo tomó sin muchas ganas su mochila, poniéndola sobre su hombro y saliendo del salón soltando un pesado suspiro, sólo quería llegar a casa y tumbarse a dormir un rato
- Ay, pero que cosas dices – rió una chica en el pasillo, más exactamente Misato, su ex novia, abrazada cual lapa al brazo de uno de los chicos populares de la escuela; evitó mirarla, pero…
- Dios, cómo pudiste estar con ese gorila? – se mofó el estúpido niño bonito ese, claramente intentando provocarle… y lo logró. El moreno de ojos grises dio media vuelta y caminó hacía él, tomando el cuello de su camisa, alzándolo
- Anda! Atrévete a decírmelo a la cara!! – la gente empezó a aglomerarse a su alrededor; le daba rabia estar rompiendo la promesa que hizo a sus abuelos, pero simplemente ya no podía
- Quieres volver a oírlo? Pues te lo diré! Go-ri-la!! – se mofó – Anda, no te atreves a golpearme, te da miedo que te expulsen, negro de mierda! – en ese momento, Keizo se cegó y le empezó a dar de puñetazos ignorando los gritos de su ex novia… Una vez dejó al tipo inconsciente y con la nariz ensangrentada, miró a Misato y esta le dio una bofetada
- MALDITO ANIMAL!! – gritó ella para luego socorrer al chico; con su orgullo herido, el moreno no iba a hacer nada, pero se sorprendió cuando un completo desconocido le dio una puntapié apartándola del chico – Ay!!
- Ups, perdón! No te vi, zorra – dijo con sarcasmo un chico de cabello tan rubio que era casi blanco, el cual se giró para ver a Arashi a la cara – Te van a castigar por esto – rió señalando al chico aún desmayado
- …A ti también por golpear a una mujer
- Me da lo mismo! Yo creo en la igualdad de género – dijo como queriendo demostrar que estaba orgulloso de su actuar…
…Dicho y hecho, ahí estaban, en el aula de castigo. Tenían prohibido hablar supuestamente, pero ningún docente los estaba vigilando, por lo que el desconocido se acercó a Keizo de forma confianzuda, observando su rostro con demasiado detenimiento, haciendo sentir incómodo al de ojos grises
- Podrías apartarte? Estás a 20 centímetros de mi cara – dijo un tanto molesto
- Perdona, es sólo que es la primera vez que te veo de cerca
- De cerca? Acaso te conozco?
- No, bueno, todos te conocen, todo el mundo habla de ti… - Keizo chasqueó la lengua y lo empujó sin demasiada fuerza, sólo lo suficiente para no tenerlo pegado a él
- Déjame, quieres?
- Tanto te molesta que te mire?
- Primero, eres hombre, me produce bastante incomodidad tener a otro chico encima. Y segundo, no soy ninguna estatua en exhibición o similar, así que DEJA de mirarme – dijo con rabia, pero el chico rubio sonrió
- Me caes bien. Me llamo Imaushi Wakasa – se presentó al fin, estirando su mano, esperando un apretón
- … – dudó unos segundos observando la mano que se le ofrecía, decidiendo tomarla – Arashi Keizo…
- Ok, te diré Kei-chan – sonrió Wakasa
- “Chan”? Si ves que mi cuerpo es el doble de grande que el tuyo, no?
- Sólo uso el “chan” en gente que tiene mi respeto, por irónico que suene – a esa distancia, Keizo observó por primera vez los ojos de aquel chico… Un púrpura profundo, muy hermoso, porque sí, no le daba miedo admitir que podía ver belleza en otro hombre – Kei-chan?
- Eh?
- Ahora el que se me quedó mirando fuiste tú – se puso a reír
- No molestes – apartó la mirada a otro lado, pero algo no le hacía sentido – Oye, por qué golpeaste a Misato?
- Un puntapié no es un golpe, es un empujón con la pata que duele – rió
- Hablo en serio, por qué lo hiciste?
- Me cae mal la gente de mierda, por eso lo hice
- Gente de mierda?
- Se metió contigo sólo por morbo y luego andaba hablando mal a tus espaldas, sin contar que te golpeó… Si una chica golpea a un chico, un chico puede golpear a una chica – dijo tronando sus nudillos
- Oye, no digas eso! Te vas a meter en problemas!
- Awww que lindo. Te preocupas por mí – se mofó sentándose en su pupitre… Hubo un silencio de unos cuantos segundos, hasta que Wakasa volvió a hablar, murmurando algo que no se esperaba - …sociedad japonesa de mierda… – el de ojos grises le miró fijamente
- …También eres mestizo?
- Nop
- Entonces… en qué te afecta?
- Hehe también soy una de esas personitas a las que la sociedad tiene apartado, pero a la vez somos utilizados como combustible para “fantasías”, grandote
- …?
- Nah, olvídalo! – el rubio tomó su mochila y se la puso a la espalda – Me voy, ni nos están vigilando, no quiero perder mi valioso y hermoso tiempo aquí encerrado, aunque bueno, perderlo contigo no está tan mal, me agradas – sonrió – Nos vemos, Kei-chan~ – y salió por la puerta
Unos quince minutos después de que Wakasa se fuera, un profesor llegó al aula de castigo y le dijo al moreno que podía irse; preguntó si habría consecuencias por lo que le hizo al otro chico, pero el profesor dijo que sus padres se negaban a poner una querella, además, no le había roto nada. Sin entender nada, aunque sinceramente le importaba la nada misma, tomó su mochila y se salió de la escuela de una vez por todas… 17 años, ya en último año, sólo podía suspirar ante lo aburrida que era su vida. Su único hobby era entrenar, de ahí que su cuerpo fuera tan musculoso, y la única locura que había hecho en su vida había sido tatuarse a los 15 los pectorales y los hombros; no sabía que iba a hacer con su futuro, pero le daba igual, no tenía motivación para nada
- MARICA DE MIERDA!! – oyó un grito no muy lejos
- Suéltenme, imbéciles!! – respondió la voz de Wakasa; rápidamente corrió siguiendo las voces hasta llegar a un lote baldío donde varios sujetos tenían rodeado al rubio, quien se notaba cansado y bastante golpeado
- Te vamos a matar y nadie te va a echar de menos, maricón!! – gritó un tipo alzando una tubería de hierro dispuesto a golpear la nuca Wakasa, pero en menos de un parpadeo, el tipo estaba tumbado lejos debido a un puñetazo que Keizo le conectó en la mandíbula
- Y tú quién putas eres, maldito?! – imperó el escuálido sujeto que parecía ser el jefe
- Tantos idiotas para pelear contra UN SOLO chico? Son unos cobardes – rió tronando sus nudillos sin darse cuenta de como el más bajo no podía apartar la mirada de él
Mientras el moreno repartía golpes y aprovechaba de liberar el estrés de su monótona vida, Wakasa se puso de pie y empezó a dar elegantes saltos, dando paradas a cualquiera que osara acercarse por la espalda al musculoso sujeto… Ambos salieron victoriosos de aquella pelea, jadeando agotados por el desgaste físico
- Sabía que estar así de inflado servía de algo – rió el rubio dándole un pequeño golpe en el brazo con su puño
- Y tú no te mueves nada mal…
- Practico artes marciales mixtas desde niño y hago parkour, digamos que mi estilo de pelea es una combinación de ambas cosas
- Me parece correcto – sonrió Keizo; Wakasa se acercó a él mirando fijamente su rostro – Pasa algo?
- Nada, tu sonrisa es… interesante – sonrió de vuelta – En fin, cada quien a su casita. Muchas gracias por ayudarme
- No fue nada
- Ah! Y otra cosa…
- Sí?
- Soy gay. Siéntete especial, eres el primero al que se lo digo – dijo de la nada antes de irse corriendo, dejando a un atónito Arashi Keizo de pie entre un montón de delincuentes en estado comatoso
- …y eso a qué vino?! – se preguntó a sí mismo en voz alta; su vida cambiaría bastante desde entonces