Prólogo
En la actualidad
—Encuentra a uno de ellos, acompáñalo y evita que conozca al otro —dice un oficial de policía, Tachibana Naoto.
—Sí, veré qué puedo hacer —le contesta un pelinegro de ojos celeste, Haganaki Takemichi.
Naoto extiende su mano y pronuncia con mucha determinación:
—Eres el único que puede salvar a mi hermana.
Takemichi traga en grueso, nervioso, sin duda sería algo complicada su misión, pero está decidido, tiene que salvar a Hina.
Extiende su mano, dando un apretón de mano a Naoto, provocando el detonante de su poder.
***
Hace Doce Años
—Oye, Kiyomasa —una voz masculina interrumpe la pelea, llamando la atención de todos—. Estás asustando al público.
«¿Quién es ese?», piensa Takemichi, mirando al que acaba de llegar.
—No intentes pasarte de listo, imbécil —dice el nuevo, acercándose hacia ellos con las manos metidas en los bolsillos.
—Una trenza rubia y un dragón tatuado en la sien... —masculla un castaño con anteojos, Yamagishi, uno de los mejores amigos de Takemichi.
—No puede ser —murmura Makoto.
—El sub-comandante de la Tokyo Manji, Kyuguji Ken, el mismísimo Draken —termina de decir Yamagishi.
—Oye, Kenchin —otra voz llama la atención de todos. Era un chico de baja estatura, ojos oscuros, cabello rubio semi amarrado, y comía dorayakis.
—¿Ah? —Draken lo mira—: No uses ese estúpido apodo aquí —arruga el entrecejo.
—Se me acabaron los dorayakis —el otro al parecer no le importó lo que le dijo el alto.
—¿Quién es ese? —es lo único que emite un pelirrojo, Akkun.
—¿Acaso no sabe en dónde está? —pregunta Makoto.
Todos los chicos se inclinaron al frente y colocaron sus manos detrás de la espalda, dando un saludo de respeto.
—¡Buen día, señor! —dice uno con los ojos bien abiertos reflejando terror.
—¡Buen día, señor! —todos lo saludan con respeto.
El rubio de estatura pequeña pasa su lengua por el labio superior, limpiando unas migajas de lo que estaba comiendo. Alza un poco su mentón, con superioridad, y camina con ambas manos metidas en los bolsillos.
—¡Buen día, Comandante! —dice un desconocido per es ignorado por el rubio.
Él sonríe por el apodo y se acerca a Takemichi.
«¿Este es el cabecilla de la Tokyo Manji? ¿Sano Manjiro?», es lo que piensa Takemichi.
—¡Sano, estoy en la banda 3! —dice uno, intentando llamar la atención del comandante— ¡Me llamo Akaishi!
Él solo lo ignora y siguió su camino sin quitar la mirada hacia Takemichi.
—Estorbas —le dijo Draken a Akaishi—. Mikey solo habla con quién despierta su interés.
Mikey siguió caminando pasando por la vista a Kiyomasa.
—Buen día, señor —este lo saluda con respeto, pero recibe una patada en el estómago por parte de Draken.
—Kiyomasa, ¿desde cuándo te crees tan importante? —Inquirió—: Baja más la cabeza al saludar al Comandante.
Kiyomasa solo se agarraba el estómago, aguantando el insoportable dolor.
—Sí, señor.
Mikey queda enfrente de Takemichi, se acerca un poco para observarlo mejor, pero Takemichi se cae de espalda debido a la cercanía y por los nervios al tener al Comandante en sus ojos.
—Oye, ¿cómo te llamas? —Preguntó Mikey.
—Haganaki Takemichi.
—Ya veo. Takemicchi.
—¿Eh? ¿Takemicchi?
—Eso fue lo que dijo Mikey, Takemicchi —se limitó a decir Draken.
Mikey lo tomó detrás de la cabeza y lo acercó un poco. El cuerpo de Takemichi se congeló, estaba muy asustado por lo que podría hacerle esos dos.
—¿De verdad estás en preparatoria? —le preguntó Mikey. Takemichi abrió sus ojos, con temor—. Takemicchi, a partir de hoy somos amigos, ¿sí? —soltó de pronto.
—¿Eh?
Mikey lo suelta y se endereza, mira a Kiyomasa que tenía sus manos reposando en sus rodillas y la mirada baja, haciendo una reverencia. Mikey se acerca hacia él y le pregunta:
—¿Tú organizas estas peleas?
—Sí —le respondió, alzando la mirada.
Mikey se detiene y le dedica una cálida sonrisa, luego le da una patada en la mandíbula dejándolo semi noqueado. Antes de que cayera al suelo Mikey lo coge del cabello y le dice:
—¿Quién demonios eres? —procedió al golpearlo hasta aburrirse—: En fin. ¿Nos vamos, Kenchin? —le dice a su amigo con una linda sonrisa de boca cerrada, y se podía notar en su rostro que habían gotas de sangre—: Las peleas clandestinas son una idiotez —le pasa por encima a Kiyomasa.
—Dejen de arruinar la reputación de la ToMan —Discrepó Draken.
—Takemicchi, nos vemos —se despidió Mikey.
—Reaccionen de una vez y lárguense —Draken hizo seña de "shu, shu" con su mano.
***
Al Día Siguiente
—¿Cómo rayos voy a evitar que se conozcan? —murmura para sí mismo Takemichi, mientras veía al pizarrón donde explicaba el profesor.
—¡¿De qué escuela son?! —un grito se oye afuera del salón. Llamando la atención.
—¡Largo de aquí!
La puerta se abre y aparece el rostro de Mikey y en el fondo se oían golpizas.
—¡Oh, allí estás!
—¿Eh? —la cara de Takemichi reflejaba: asombro, confusión, miedo y nervios. ¿Qué carajos hacía Mikey allí?
Mikey se adentra sin pedir permiso y en la puerta aparece Draken, quien lo miraba con tranquilidad.
—Salgamos a jugar, Takemicchi —le dice Mikey con una sonrisa infantil y los ojos cerrados, dando la expresión de un niño de cinco años.
—Estamos en clase... —se limita a decir el profesor.
«¡Este tipo está demente!», pensó Takemichi con la boca y los ojos bien abiertos.
***
—¡Todos los de tercer año! —exclama Takemichi al salir del salón, encontrando a todos esos chicos golpeados y en el suelo—: Oye, ¿qué pasó allí? —pregunta y señala.
—¿Ah? ¿Eso? —lo miró y luego a los de tercer año—: Me enojé y los noqueé —expresó como si fuera muy obvio.
Takemichi tragó en grueso e infla sus mejillas aguantando su llanto. Tenía miedo.
—Formen una fila, debiluchos. Los quiero boca abajo —Dijo de manera autoritaria Draken.
Todos le hicieron caso y rápidamente se colocaron como él dictaminó.
—Están demasiado separados. Luego no se quejen.
—¿Qué va a pasar? —dijo uno de ellos.
Respondiendo a su pregunta, pasarles por encima. El comandante y el sub-comandante les pasaban por encima como si fuese una alfombra roja y ellos eran las estrellas de Hollywood.
Takemichi decidió pasar por el lado mientras pensaba que esos dos y la pandilla estaban realmente demente.
***
—¿Has estado bien? —le preguntó Draken a Takemichi, apoyando su brazo en el hombro de él.
—Pero si nos vimos ayer.
—Estás libre, ¿no? —ahora le pregunta Mikey, mirándolo a él y al pasillo al mismo tiempo.
—La verdad es que no —sinceró Take, era en verdad, tenía una cita con Hina al salir de las clases.
—Acompáñanos un rato —le dijo Mikey. Observó de nuevo el pasillo, encontrándose con varios estudiantes en las puertas escuchando y observando lo que pasaba como vecinos chismosos.
—¿Acaso no me escuchaste, Mikey?
Ambos siguieron insistiendo a Take para que saliera a divertirse con ellos. Él se negaba con una sonrisa nerviosa y con las manos. Siguieron por un leve rato hasta que...
—¡Un momento! —interrumpió a Mikey una chica. Los tres se giran y la observan.
—¿Dare? —pregunta Draken.
«Dare: ¿Quién es?»
«¡¿Hina!?», Takemichi le regresaron los nervios. Ella no podía acercarse a esos tipos.
—Lo siento, estoy algo ocupado —le dijo Takemichi a Hina, con la mano detrás de la nuca.
Él creyó que Hina iba a decirle algo, pero lo que no se esperó fue que ella alzó su mano y le dio una bofetada a Mikey, sí, a ese mismo, al Comandante de la ToMan.
Todos jadearon de la impresión.
¡¿Acaso Hinata no sabía con quién se metía?!
—Vamos, Takemichi-Kun —le tomó la mano y lo jaló—. No dejes que estos bravucones te intimiden —los miró de reojo—. Yo te protegeré.
Takemichi miró su mano y nota que ella temblaba ligeramente. Dieron dos pasos, pero fueron detuvieron por la mano de Draken quién cogió la mano de Hina, dando entender un: "¿A dónde crees que vas?"
—Oye, ¿quieres morir mocosa? —pronunció Draken. Sonando frío y amenazante—: ¿Le das una bofetada y te vas sin más? —su cara reflejaba enojo y frialdad—: ¿Quién te crees que eres?
—¿Quiénes se creen ustedes? —contraataca Hina, sin mirarlo—: Entraron a nuestra escuela como si nada e intenta llevárselo a la fuerza. ¡Un amigo de verdad no hace eso! —exclamó—: Takemichi siempre aparece con heridas últimamente. Y si es por culpa de ustedes dos... —da una leve pausa—: ¡No lo voy a permitir! —encara a Draken.
Draken la mira sin expresión alguna, luego siente como una mano se apoya en su hombro, era Takemichi.
—Suéltala —es lo único que emite Takemichi, con la mano temblorosa.
—¿Qué dijiste? No te escuché —le preguntó en un tono amenazante.
Apretó su mandíbula y su entrecejo tenía un tic.
—¡Te dije que la soltaras, imbécil! —pronunció con dureza y detenimiento.
—¿Tienes alguna idea de con quién te estás hablando? —una sonrisa y una mirada algo cínica se reflejó en Draken.
—¡No pienso dejarla ir otra vez! —soltó Takemichi.
—¿Ah? ¿Otra vez? —suelta a Hina y mira a Takemichi con confusión.
—Aahh. Y yo que pensé que podríamos ser amigos —dijo Mikey con ligera lástima—. Dime, ¿cómo quieres morir? —su mirada se oscureció y mira a Takemichi. Se acercó a él con tranquilidad.
—Prométeme... ¡Prométeme una sola cosa! —Draken y Mikey lo miraron—: ¡Que no le pondrás un dedo encima a Hina! —la chica se sorprendió por lo que dijo, Draken no expresó nada, y Mikey...
—¿Crees que me importa? —alzó su puño, listo para golpearlo. Takemichi cerró sus ojos con fuerza, esperando el impacto en su rostro—: ¡Era Broma! —exclama con una sonrisa.
Takemichi abrió sus ojos y solo emitió:
—¿Eh? —sus lágrimas inundaron sus ojos.
—¡Qué tonto eres, Takemicchi! —Mikey comenzó a darle palmadas en el hombro. Metió las manos en sus bolsillos y dijo—: Yo jamás golpearía a una chica —eso hizo que Takemichi soltara un suspiro de alivio.
—Takemicchi, me amenazaste de verdad —Draken pasó su brazo por detrás del hombro de él, apoyándose.
—Sumimasen —se disculpó, aún dentro de su ser temblaba de miedo.
«Sumimasen: disculpa, lo siento»
—Tranquilo. A veces hay que dejarse respetar. No muchos protegerían a su chica igual que tú. Que galán —Takemichi se ríe de manera nerviosa. Draken se separó y le dijo—. No estuviste nada mal —lo felicitó.
—Oye, Takemichi-Kun —susurra Hina—. ¿Quiénes son? —le pregunta mirando a los dos chicos de la pandilla.
Takemichi abrió su boca para explicarle, pero fue interrumpido por una voz.
—¡Con permiso! —la voz era femenina.
Los que estaban en el pasillo giraron su cuerpo para observar quién dijo eso.
—¡N-no puede ser! —dijo Yamagishi, asombrado.
—¿Qué pasa? —le susurró Makoto sin apartar la mirada de la chica.
—Cabello liso azul con morado, ojos rojos rubí, chaqueta de cuero, expresión despreocupada y relajada... Es... Es...
Los chicos se apartaron y le hicieron una reverencia a la chica, y dijeron:
—Buenas tardes, señorita.
—¡¿Ah?! ¿Qué han dicho? —soltó con brusquedad.
—Buenas tardes, Teniente —se corrigieron mientras sudaban frío.
—Eso creí —la chica avanza.
Su piel es clara, ojos rojos rubí, su cabello le llegaba hasta las caderas, arriba es de color azul oscuro y desde la mitad lo tiene color morado, en su boca llevaba un palillo de paleta, vestía: una camiseta blanca de botones, corbata rojo vino con rayas grises, chaqueta de cuero negra, pantalones de vestir negro, y lo más inusual era que sus zapatos no eran como los de todos, eran botines blanco pero con detalles verdes dando entender que era de último año.—¿Dare? —pregunta Takemichi en un susurro.
La chica seguía avanzando hasta llegar enfrente de ellos, les da un vistazo a Takemichi y a Hina, ambos se pusieron nerviosos por su mirada, sentían que les escaneaba el alma.
—¡Mi amor! —la saluda Mikey con una gran sonrisa y brillo en los ojos.
—¡¿Mi amor?! —repitieron asombrados Takemichi y Hina.
—Manji, Kenchin —dijo sus apodos en manera de saludo— y... ¿Amm? —mira a la pareja con una ceja alzada.
—Son Takemicchi y... ¿Amm? —hizo lo mismo que ella.
—Tachibana Hinata —dijo he hizo una reverencia.
—Y su novia, Hina-chan.
—Vale. Un gusto —alza una mano, saludando.
—Chicos, ella es Yami T/N, Teniente de Draken y mío, además, ella es mi novia —lo dijo con mucho orgullo.
«¡¿Teniente de Draken y Mikey?! ¡¿Novia de Mikey?! ¿¡La ToMan tenía a una chica incluida?! ¡¿Qué pasó aquí?! ¡Naoto no me dijo nada de esto!», cientos de preguntas inundaban la cabeza de Takemichi.
—¿Nos vamos? —preguntó ella, en un tono aburrido.
—Sip. ¡Vámonos! —le cogió la mano a la chica y la jaló a la salida.
—¡Espera, tengo que buscar mis cosas! —le dijo.
—Jajajajaja, gomene.
«Gomen, gomene o gomenasai: perdón, perdóname»
***
—¡Gomenasai! —exclamó Hinata, disculpándose con Mikey.
«¿Por qué se disculpa?», se preguntó T/N, con una ceja alzada mirando a Hinata.
—Parece que lo malinterpreté todo —un rubor de vergüenza estaba en sus mejillas.
—No te preocupes —le dijo Mikey—. Aunque fue una buena cachetada —se tocó la mejilla.
—¡¿Ah?! ¡¿Nani?! —T/N miró a Mikey y luego a Hinata.
«Nani: ¿Qué?»
—Sumimasen —se volvió a disculpar Hina.
—¿Por qué te golpeó? —inquirió la Teniente.
—Ya, ya, tranquila, fue un malentendido, creyó que molestábamos a Takemicchi y ella lo defendió, fue valiente. Por eso me cacheteó —aseguró en un intento de tranquilizar a su novia.
—De acuerdo —ella entendió, asintiendo.
—No es malo defender a quienes quieres... —dijo Mikey a Hina.
—Pero no cometas locuras —dijeron al unísono Mikey y T/N, con una sonrisas cálidas.
Mikey se le acercó y le dijo:
—Si te metes con quiénes no debes. Podría acabar mal.
—¡Hai! —se puso firme, mirando al Comandante y a la Teniente. Mikey ríe por su acción.
«Hai: sí (en afirmación)»
—Bueno, tengo que irme —Hina miró a Takemichi.
—Claro, pero, ¿y la cita?
—Eso será en otra ocasión. Vinieron tus amigos a verte, ¿no? —se despidió con la mano.
—Bye, bye. No vuelvas a pegarme —Mikey movía su mano en forma de despedida.
—Bye, Hina-chan, espero volver a verte —dijo T/N, también despidiéndose.
***
Ya estaba anocheciendo. Takemichi, Mikey, Draken y T/N iban pasando por el arroyo montando bicicletas. Takemichi iba en una y atrás estaba Mikey, en la otra manejaba Draken y atrás de él estaba T/N apoyada en su espalda.
—Oye, Mikey-Kun —Takemichi habla y recibe un "¿Hm?"—. Una pregunta... ¿Por qué te llamé la atención? —mira por encima de su hombro al rubio.
—Qué pregunta más idiota —expresa con indiferencia Mikey, provocando que la chica riera.
—Sumimasen —se disculpó Take por haber preguntado.
—Verás... —comenzó hablar Mikey—: tengo un hermano diez años mayor —la risa de T/N se detuvo—. Aunque ya murió. Era muy temerario. No le importaba pelearse con tipos más fuerte que él.
La chica sonrió con nostalgia al recordarlo. Era cierto, era muy temerario y algo por decir genial.
—Seguro que era alguien de lo más genial —mencionó Takemichi.
—Me recuerdas a mi hermano —soltó de pronto con una sonrisa.
—Pero yo no tengo nada de genial —se ruborizó al escuchar eso—. ¿En qué me parezco a él? —quería saber.
—Sí, no daba lástima como tú —confesó de manera divertida.
—Oye, eso duele —Take sintió como una flecha lo destruyó, eso en serio le afectó.
***
—¿En qué piensas, Mikey? —pregunta la chica al rubio que estaba acostado en el sofá de su hogar.
—Mmm, etto, en lo bien que sería que Takemicchi estuviera en la pandilla —se sentó y vio a su novia que traía dos tazas.
—¿Seguro que estaría bien? —le entregó una taza y lo que había era chocolate caliente. Se sienta a su lado y Mikey pasa su brazo envolviendo su cintura.
—¿Desconfías de mí?
—Sabes que en lo único que desconfío de ti es cuando olvidas hacer algo —le aclara ella.
—Eso me afecta, amor —se hizo el dolido—. Pero tienes razón —le da un beso en la mejilla.
—Si quieres ingresarlo a la pandilla no tengo ningún problema, sólo ten cuidado con quiénes logras ingresar —le dio un sorbo a la bebida.
—¿Por qué lo dices? —la mira confuso.
—Solo lo digo, amor. Nada más, no pasa ni pasará nada, ¿vale? —le dedica una sonrisa.
—Vale —chocan sus tazas y proceden a ver televisión y disfrutar de la bebida calientita—. Por cierto —mueve un poco la taza y observa el líquido achocolatado—. Hoy, cuando fui a buscarte a ti y a Takemicchi... No me diste un beso —la mira con un puchero en el rostro.
—Aww, gomenasai, bebé. Pero sabes que no me gusta hacer eso cuando tengo personas desconocidas viéndonos —le acarició la mejilla.
—Mientes.
—Je, bueno, sí. Pero tranquilo, ya te lo doy —le agarró el mentón y le dio un corto beso en los labios—. ¿Contento?
—Eso no fue un beso, eso fue un pico.
—Está bien —pone sus ojos en blanco y sonríe—. No seas tan quejoso y tan infantil —le da el último trago a su chocolate, deja la taza en la mesita de centro y con ambas manos le toma de las mejillas—. Pero cómo no podría amarte si no haces esas cosas —lo acerca a su rostro y junta sus labios con los de ella dando un beso lento y apasionado.
Mikey estira su brazo para dejar también la taza en la mesita, la deja y abraza a la chica por la cintura, apegándola a su cuerpo. El beso se intensificó un poco, ahora no era un beso lento, ahora era un beso francés.
Las manos de él se introducían lentamente por la camiseta de su novia, tocando su piel suave. T/N tembló ligeramente al sentir las manos frías de su novio que se deslizaban por su abdomen, luego por sus costillas, y casi llegando a la curva de sus pechos. Ella se separa del beso y lo observa con una sonrisa.
—Ya te di tu beso.
—Por favor, amor, sigamos —le suplicó con ojos de cachorro—. Veo que me estás seduciendo con esa pijama —le da un leve tirón a los shorts de seda que usaba su novia.
—Mikey, mañana tengo clases —pasa sus manos por el pecho de él.
—¿Eso que importa? —dijo en un tono como si eso sonara tonto—: Ya lo hemos hecho en días cuando tienes exámenes. Anda, te prometo que solo besos y caricias, ¿sí? —saca una mano y la lleva al mentón de ella para que su pulgar acariciara sus labios—: Onegai, Onegai.
«Onegai: por favor»
—Solo besos y caricias, Manjiro —dijo en tono autoritario. Mikey sabía que si ella le decía su nombre era porque algo serio se trataba.
—¡Hecho! —la acostó en el sofá y comenzó a besarla y acariciarla con desespero, como si no la hubiese visto en un año. Olvidaron la película que estaban viendo, solo se dedicaban en su momento romántico hasta llegar al punto que quedaron dormidos en la habitación de la chica.
Continuará...