Masajista (DKBK/BKDK)

Sinopsis

¿Cómo es que había terminado en la situación en la que se encontraba? Ni siquiera él mismo sabía. Pero una cosa sí tenía claro, ese chaval que conocía desde hacía años y que, esa tarde, por casualidades del destino, se habían reencontrado, tenía las manos más milagrosas del mundo. Créditos al autor de la imagen BKDK de la portada Quirkless Deku Au DekuBaku Aged up: 20 years Historia con escenas sexuales explícitas

Genero:
Erotica/Romance
Autor/a:
Mariichaat
Estado:
Completado
Capítulos:
3
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

MASAJISTA

Llevaba varias semanas quejándose de un horroroso dolor de espalda, tanto que sus compañeros de agencia empezaban a estar hartos de su mal humor. Algunos de ellos murmuraban a sus espaldas su comportamiento y otros, como Kirishima y Kaminari, eran lo suficientemente cercanos a él como para acercarse en estas situaciones.

—Bakubro, deberías ir a un médico para que te revise.

—Ni hablar, se me pasará.

—Hermano, llevas semanas diciendo lo mismo — intervino Denki. —Si no quieres ir a un médico, al menos ve a un traumatólogo.

—Es lo mismo Kaminari — Kirishima rio y Kaminari frunció el ceño confundido.

—¿A sí?

—Sí, rata eléctrica.

—Bah, qué más da — le restó importancia. —¡Ah! ¡Ya sé donde puedes ir! ¡Mi madre me contó sobre un masajista que hace milagros con las contracturas musculares!

—Cierto, — habló Kiri — Fat Gum y Suneater me han hablado muy bien de él.

—¿De quién habláis idiotas?

No le contestaron. Simplemente, Kirishima agarró su móvil y llamó al que, por cómo contestaba, debía ser ese masajista. Katsuki bufó sabiendo que no le quedaba más remedio que asistir a la cita que le había dado esa misma tarde. Si tan aclamado era, ¿no debería tener una agenda repleta de clientes?

—No vayas a escapar Katsuki, que nos conocemos.

—¿Quién crees que soy? No soy un maldito cobarde.

—Bien, pues esta es la dirección de la consulta y la hora — el cenizo notó como su móvil vibraba en su bolsillo dos veces. —Bueno, nos vemos, tengo una cita con Mina en unos minutos, así que debo darme prisa.

—Y yo con Kyoka—suspiró el rubio de mecha negra. — Le pediré que se case conmigo.

— ¡¿QUÉ VAS A HACER QUÉ?!

La voz de Mina se escuchó desde la entrada junto a la de Momo, quienes llegaban con Shoto quien tuvo que tapar sus oídos por el chillido de las chicas. Ambas se acercaron a Kaminari para que diera explicaciones sobre eso.

Shoto vio que Bakugo se alejaba hacia los percheros para recoger su chaqueta. Se acercó a él sin decir nada, lo que al rubio le molestó. Gruñó y Shoto solo dijo: “Bakugo, deberías ir a ver al masajista milagroso como le dicen”.

Que pesados estaban todos con ese tema.

Pero ya no tenía otra cosa que hacer más que aceptar ir a ese sitio.

Salió de la agencia para ir a comer algo rápido, ya que la cita la tenía en una hora. Se dirigió al primer McDonald ’s que vio cerca de la consulta, la cual quedaba a un cuarto de hora del restaurante.

Katsuki se encontraba frente a la puerta de la dirección que le había proporcionado Eijiro. Pensó que iba a ser un lugar muy… pequeño y antiguo. Pero la sorpresa que recibió al estar frente al sitio. La fachada era de piedra, sí, aun así tenía vibras modernas como las enormes cristaleras tintadas.

Llamó al timbre tras respirar profundamente. Se esperaba a un hombre cincuentón, pero cuando la puerta se abrió se quedó perplejo. Reconocería ese cabello y esos ojos en cualquier sitio y año. Era Izuku. Izuku Midoriya, Deku para él, se encontraba frente a él.

—¿Dynamight?

—Sí.

—Adelante.

El peliverde se apartó para dejarle pasar y cerró la puerta justo después. El sitio era espacioso, con varias sillas y una mesa con varias revistas. Supuso que se trataba de la sala de espera. Izuku lo guio hasta una puerta de madera y al entrar un olor a incienso inundó sus fosas nasales.

El sitio contaba con una camilla, varios muebles con los materiales que usaba el peliverde y un biombo para cambiarse. Izuku le dijo que se quitara la ropa y que se pusiera una toalla en su cintura. Katsuki fue a desvestirse pudiendo escuchar las preguntas que le realizaba Izuku. Las contestó y luego se colocó en la camilla boca abajo. Un minuto después sintió una ligera presión en la parte baja de la espalda, la cual fue deslizándose hacia sus hombros.

Esa acción fue repetida unas cuantas veces. Además, en un punto, sintió como la presión que el peliverde ejercía iba hacia la parte superior de sus brazos. Tan rara fue la sensación de notar las yemas de los dedos de Izuku, que un nudo se formó en su garganta y un revoloteo en su estómago se hizo presente. Sabía lo que significaba eso. Sentía algo por el chico que le estaba dando un masaje en la espalda. Pero ¿desde cuándo? A saber.

—¿Va todo bien? —lo escuchó — Te has tensado de repente.

—S-Sí, no es nada.

—¿Estás seguro Kacchan?

Al escuchar ese apodo no creyó que el chico lo hubiera reconocido porque a diferencia del ojiverde, él había cambiado muchísimo físicamente.

—¿Pensabas que no te había reconocido?

—La verdad es que sí Deku.

—No has cambiado nada desde la última vez que nos vimos en persona y eso fue desde la graduación de la Aldera—habló mientras seguía masajeando al rubio. —Te contaré algo curioso… Yo estaba enamorado de ti en ese tiempo— le susurró al oído.

—¿E-En serio? ¿C-Con lo capullo que fui contigo?

—En realidad ahí fue cuando me di cuenta. Me enamoré de ti en primaria o quizás mucho antes.

—Izuku… yo…

—No hace falta que…

—¡Claro que lo hace! — lo interrumpió levantándose de golpe quedando sentado en la camilla — ¡Como dije fui un auténtico capullo contigo y tú no merecías ser tratado de esa manera! ¡Quise disculparme el día de la graduación, pero no pude porque esos malditos extras que me seguían como un perro faldero me lo impedían cada vez que iba a ir hacia ti! ¡Por eso quiero disculparme!

—K-Kacchan — la voz de Izuku falló — te perdoné desde hacía mucho tonto. No podría odiarte. Ahora déjame acabar con el masaje y si quieres después hablamos.

Katsuki asintió mientras una pequeña sonrisa aparecía en su rostro. Se acostó de nuevo e Izuku siguió con el masaje.

Una hora había pasado e Izuku se lavaba las manos mientras Katsuki se vestía. Katsuki insistió en pagarle, pero el peliverde se negó. Al final llegaron al acuerdo de que el de ojos rojos pagaría las copas que iban a tomarse al salir.

Ambos se encontraban en un bar del centro de Musustafu. Cada uno pidió una cerveza. Empezaron a hablar de sus vidas y Katsuki le preguntó a Izuku cómo es que había acabado trabajando dando masajes.

El peliverde le contó que al no tener quirk y no haber podido superar las pruebas de ingreso a las academias militares o policiales, tuvo que buscarse otro trabajo, el cual según su madre, le iría de maravilla. Y vaya que la mujer tuvo razón. En el poco tiempo que había comenzado a trabajar, empezó a ganar reconocimiento entre los héroes.

La tarde se pasó volando dando paso a la noche y Katsuki estaba bastante lejos de su apartamento, por lo que, a regañadientes, aceptó quedarse en casa de Izuku la cual resultó estar en el piso superior de la consulta.

El lugar era espacioso, contaba con un sofá, una televisión, una cocina conectada al salón. Al lado de la cocina había un pasillo que llevaba hasta las habitaciones. Izuku le mostró la suya y le dijo que él estaría a dos puertas, ya que la de en medio era el baño.

Katsuki entró encontrándose con una cama de metro treinta y cinco, decorada con diversos cojines. A un lado de la cama había un pequeño asiento y al otro una mesa de noche. Se sentó en el colchón quitándose la camiseta junto al cinturón y se tumbó mirando al techo. Tanteó en sus bolsillos sacando su móvil y notó otra cosa qué él sabía que era pero que no había puesto ahí. Suspiró. Supuso que fueron algunos de los que se autoproclamaron sus mejores amigos. Hasta apostaría toda la mercancía de All Might de los centros comerciales que había sido Kaminari.

A pesar de todo, pudo pasar una buena tarde, aunque debía admitir que Izuku había cambiado físicamente: tenía más fibra muscular y estaba algo más alto. Recordaba que el peliverde le llegaba a la altura del pecho y ahora eran casi de la misma altura. Solo había escasos centímetros de diferencia.

Los minutos pasaron y Katsuki notó que se encontraba aprisionado contra alguien. Solamente podía ser Deku.

— Deku, ¿qué demonios haces aquí?

—Vine a ver como estabas y te encontré en una postura muy mala para tu espalda. ¿No querrás volver a tener una contractura o si?

—No, pero…

—Pues ya está.

—¿Podrías soltarme Deku?

—No, eres muy achuchable — dijo apretando el agarre.

Katsuki hizo una mueca y rodó los ojos. Deku seguía comportándose como un niño pequeño en algunas ocasiones. Sintió como Izuku aflojaba una mano. Supuso que se había quedado dormido y su agarre disminuyó.

Qué equivocado estaba.

La cremallera de sus pantalones, al igual que el botón, fue desabrochada. Abrió los ojos con sorpresa. ¿Qué estaba tratando de hacer Izuku? Siguió haciéndose el dormido para averiguar qué iba a hacer el peliverde.

La mano derecha de Izuku entró al pantalón y rozó las partes íntimas del rubio por encima de la tela de la ropa interior. Katsuki tragó saliva. Si Izuku descubría que estaba despierto, iba a acabar mal. Prefería dejarle hacer lo que quería a quejarse por alguna razón que ni él sabía.

Un segundo después, tras toquetear, retiró la mano. Creyó que Izuku había terminado, pero para su desgracia no fue así. El elástico de su bóxer fue separado de su cadera. Solo podía significar una cosa.

La mano de Izuku rodeó su pene y empezó a moverla de arriba a abajo de manera rítmica. Katsuki trataba de que los gemidos que subían por su garganta no salieran por la boca. Él no había sido nunca el pasivo en sus relaciones sexuales que había tenido en verano o incluso con Kirishima con quien tuvo que hacerlo para liberar al pelirrojo de un quirk.

Era algo que él se había prometido: <<No voy a ser el de abajo nunca>> Sin embargo, con el peliverde que tenía a sus espaldas ahora mismo, se daba cuenta de lo bien que se sentía ser tocado de esa manera.

El tratar de ocultar su sonrojo, el cual empezaba a manifestarse, y los gemidos, era cada vez más difícil. Sabía que en cualquier momento Izuku se daría cuenta de que no estaba dormido y sería peor.

—Oi, Kacchan, ¿te gusta esto verdad?

La voz de Izuku en su oído hizo que una corriente eléctrica recorriera su espina dorsal. ¡Estaba bien jodido!

—¡Claro que no!— exclamó el pelicenizo — ¡Quita tu mano de ahí nerd!

—Si no te gustara, ya me habrías detenido desde el principio — sonrió con burla el ojiverde. Katsuki abrió los ojos con sorpresa. ¿Sabía que estaba despierto? —Claro que tu ego te hace negarlo. Te conozco más de lo que crees Katsuki.

—Y-Yo…

—No te reprimas, — lamió el lóbulo de la oreja derecha — quiero escucharte Kacchan.

Izuku siguió con su tarea ignorando las palabras de Bakugou quien finalmente se rindió y sucumbió al placer que sentía en esos momentos. Los gemidos y jadeos por parte de Katsuki eran música para los oídos de Izuku quien empezó a besar el cuello y la clavícula del rubio.

—Ah, De~ku — gimió sintiendo como empezaba a calentarse el ambiente —V-Voy a… a …

—Adelante Kacchan — murmuró en su oído —, libérate.

Con unos cuantos movimientos más rápidos, Katsuki liberó el esperma que estaba reteniendo en la mano de Izuku quien sonrió al notarlo. Estaba algo caliente. Sacó su mano de los bóxers dejando libre a Katsuki quien trataba de regular su respiración.

Se volteó hacia el peliverde y, con el poco autocontrol que le quedaba tras lo que había sucedido, se subió sobre el otro quien dejó de mirar su mano con el líquido blanquecino y fijó su vista en un sonrojado Katsuki.

—¿Sucede algo Kacchan?

—Yo…

—Sabes que puedes decirme lo que…

No pudo terminar, ya que el rubio había atacado sus labios con los propios tomándolo por sorpresa pero correspondió de inmediato. Su beso fue tierno a pesar de lo rudo que solía ser a diario pero con los segundos fue aumentando de intensidad, tanto así que Izuku casi se queda sin oxígeno. Mordió suavemente el labio inferior de Katsuki logrando tener algo de espacio para recuperar el aire.

—Deku…

—Kacchan…

—¿Puedes…? — señaló la camiseta del peliverde y este se la quitó al momento. No sabía que iba a hacer el rubio pero no podía negarle nada a esos ojos de cachorro mojado que ponía Katsuki. —Lo siento de antemano.

Izuku frunció el ceño confundido. Con inseguridad Katsuki empezó a lamer y morder suavemente un pezón mientras que jugaba con el otro. Eso, a Izuku, lo excitó. A los cinco minutos, cambió de pezón haciendo lo mismo. Lamía el que había retorcido y jugaba con el que estaba lleno de saliva.

Katsuki había notado como una erección aparecía, ya que chocaba contra su pubis. Besando el resto del pecho y hombros de Izuku, deslizó sus manos hacia el cierre del pantalón con la intención de desabrocharlo. El peliverde, al ver que no lograba atinar, le echó una mano bajando sus pantalones junto a los calzoncillos dejando a la vista su miembro. Y ya que estaba, le quitó a Bakugo los suyos quedando ambos tal y como vinieron al mundo.

—Eso se sintió genial Kacchan

—No es para tanto… Además, yo… me preguntaba si…

—Si ¿qué?

—¿Puedo… ya sabes…? — señaló la erección de Izuku y luego su boca. Le daba vergüenza decirlo en voz alta.

—¿Quieres hacerme una felación? — Katsuki asintió apenado. — Claro que puedes, pero no te presiones ¿sí? Ve con calma.

El rubio asintió y sujetó el miembro con su mano derecha mientras que con la otra jugaba con el escroto. La mano que tenía en el pene se deslizaba de arriba abajo de forma lenta hasta que Katsuki agarró más confianza y finalmente sus labios y lengua lo rozaron.

La lengua de Katsuki, junto con la saliva, hicieron que Izuku se estremeciera. No esperaba que fuera así de calmado y bueno haciendo eso. En el momento que Katsuki introdujo, por fin, el miembro de Izuku en su boca hizo que este último llevara la cabeza hacia atrás chocando contra el cabecero de la cama.

Izuku sintió como Katsuki aumentaba un poco la velocidad de sus movimientos de sus manos y, por consecuencia, las lamidas y chupadas que daba con la boca. Izuku empezó a gemir suavemente pero, por algún motivo, sus gemidos eran algo más gruesos que los de Katsuki.

El rubio siguió hasta que Izuku le dijo que estaba a punto de venirse. Katsuki se detuvo desconcertando a Midoriya. ¿Por qué había dejado de usar su boca? Porque siguió usando sus manos.

—¿Dónde quieres correrte?

—E-En ti…

—¿Pero qué parte? — apretó el falo e Izuku gruñó. — ¿En mi cara, mi boca, mi pecho?

—Dentro…

—P-Pero no estoy dilatado — desvió la mirada.

—Eso no es un problema — sonrió el peliverde mostrándole sus dedos. —Mójalos y eso se soluciona en un periquete.

Katsuki al instante obedeció y chupó los tres dedos que le ofrecía el otro. Cuando estuvieron mojados, Izuku le dijo a Katsuki que se acercara a él sin sentarse por completo. Él hizo lo que le mandaron. El peliverde lo sujetó por las nalgas y, de un movimiento, cambiaron de pose quedando el rubio contra el colchón. Midoriya sujetó una pierna de Bakugou e introdujo el dedo índice en el ano, simulando pequeñas embestidas.

Katsuki, de repente, sintió como otro dedo se sumaba al anterior y chocaron contra su próstata dándole una descarga eléctrica más potente que la anterior.

—La encontré.

—M-Mierda Deku.

—Di mi nombre Katsuki…

—I-Izuku.

Las embestidas dadas con los dedos contra la próstata siguieron dándole la misma sensación una y otra vez. Katsuki se sentía en una nube a pesar de sentir como su cara se calentaba por el sonrojo.

Un último dedo se unió al resto y los movimientos de Izuku eran más rápidos y profundos de lo que Katsuki esperaba. Si así se sintió con sus dedos, no quería ni imaginarse con el pene.

Un espasmo lo recorrió sabiendo que estaba en las mismas condiciones que su compañero. Izuku sacó los dedos y miró a Katsuki sacar lágrimas de sus ojos. Se acostó sobre él y lo besó. Sus miembros chocaron. Izuku los agarró y empezó a masturbarlos.

—C-Creí que…

—Sí, sé lo que dije Kacchan, — lo besó y en ese momento ambos se liberaron — pero me acordé de que no tenía condones…

—¿E-En serio?

—Sí, y no quiero arriesgarme a que tú o yo tengamos alguna ETS. Por eso preferí hacerlo así — con su mano libre acarició el cabello mojado por el sudor de Katsuki. —Pero eso no significa que te hayas librado de mi cachorrito.

—¿Cachorrito?

—Sí, me recuerdas a un cachorro de pomerania.

—Izu…

—Kat…

—Debo confesarte algo Zuku — desvió la mirada mirando hacia donde habían caído sus pantalones.

—Dime, puedes confiar en mí.

—E-En mis pantalones… hay dos condones - no quiso mirarlo a los ojos —. Debí decírtelo pero…

—Shh, tranquilo.

Le acarició la mejilla y se levantó a por los condones. Rasgó el envoltorio y se colocó la protección. Luego volvió a colocarse sobre el ojirubí con su miembro rozando el ojete de Katsuki. Entró suavemente para no hacerle daño. Un quejido salió de los labios de Bakugou deteniendo a Izuku.

—¿Estás bien?

—Sí, solo espera.

El peliverde asintió para besarlo un momento. Katsuki, con una mano, tocó su hombro dándole a entender que podía seguir entrando. Una vez entró por completo, rozó su próstata otra vez haciendo que echara su cabeza hacia atrás y arqueara la espalda. Izuku agarró las piernas de Katsuki colocándolas en su cintura.

Los movimientos de Izuku eran suaves pero intensos logrando el sacar jadeos y gemidos por parte de su compañero los cuales aumentaban de volumen. Suerte que las paredes de la casa eran gruesas o ya hubieran tenido quejas por parte de los vecinos.

—¡Ah~, Izu~ku! - gimió el nombre del peliverde en medio de los gemidos y jadeos.

—K-Kacchan~ - gruñó él- estás muy estrecho y eso me encanta.

—I-idiota.

Izuku agarró las manos de Katsuki y las sujetó por sobre la cabeza con una mano mientras que con la otra lo masturbaba. Todo eso sin dejar de moverse en el interior del pelicenizo quien se sentía en el séptimo cielo. Si alguna vez le hubieran dicho que acabaría teniendo sexo con el que aún consideraba su mejor amigo y, en poco tiempo, crush probablemente hubiera lanzado una explosión a quien lo dijese y aún peor ser el de abajo. Sin embargo, con las manos que tenía Izuku para hacer masajes no negaría la opción de hacerlo más veces con él.

El peliverde notó que el rubio tenía los ojos en blanco por placer y un enorme sonrojo que estaba en el rostro. Esa imagen provocó que los movimientos de Izuku en su interior y los de la mano fueran más fuertes y veloces.

—¡Ah~ah~!

—Eso es gime para mi Katsuki

—¡Ah~, ah~!

—¡Ngh~! — se quejó el ojiverde — Kat, estoy a punto.

—Y yo— gruñó el rubio.

Los movimientos siguieron hasta que Izuku soltó todo el semen en el condón mientras su cuerpo recaía sobre el cenizo quien, a pesar de estar protegido, sintió como la protección usada se llenaba al instante. Izuku respiraba agitadamente en el oído de Katsuki. Salió del interior de él, se quitó el condón y lo ató tirándolo al suelo sin importarle donde caía. Siguió masturbando a Katsuki hasta que él se liberó sobre sus pechos. Un poco de semen cayó en los labios del rubio. Él quería saber qué gusto tenía así que antes de que el peliverde le dijese algo, lamió sus labios recogiendo la gota.

— Mmm~, es dulce.

—Kacchan— rio el peliverde colocándose a su lado mirando el techo—¿por qué has hecho eso?

—Porque quería comprobar si lo que escuché era cierto y vaya que sí lo es.

— Atrevido.

—¿Quién eres tú para hablar de atreverse? — alzó una ceja mirándolo— Te me abalanzaste como si nada.

—No pude evitarlo, llevaba años queriendo hacerlo contigo Kat y me alegro haberlo cumplido.

—Nerd de mierda, — se colocó de lado dejando descansar su cabeza sobre el pecho de Izuku- que sepas que esta ha sido mi primera vez abajo.

—Pues parecías un experto gimiendo - rió Izuku recibiendo un golpe en su pecho.- Lo siento, lo siento.

— Sabes, si alguna vez tengo otra contractura muscular, no me importaría volver a hacerlo.

— No es necesario esperar si quieres. Cuando tú quieras quedamos y lo hacemos.

— Me encantaría pero tengo la agenda muy completa este mes.

—Ya encontraremos un hueco o…

— ¿O qué?

— O podríamos mudarnos juntos.

— ¿Pero qué hay de tu consulta y mi agencia? Da igual donde nos mudemos, uno estará lejos de su trabajo.

— No te preocupes por eso, ya lo arreglaremos — dijo y besó los cabellos del rubio.

Ambos, tras tener sexo, durmieron plácidamente el uno junto al otro. Izuku sabía que deberían haberse duchado para quitarse lo pegajosos que estaban pero lo ignoró, ya que estaba agotado y quería dormir. Ya mañana, que por suerte era sábado, ya se las arreglaría.