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ANTES DE LEER: esta historia la tengo en wattpad pero decidí también publicarla por aquí para aprender a usar esta app. En wattpad esta mas completa la historia y con presentación de personajes. Soy novata aquí así que pido comprensión. Me encuentran en wattpad como: @soobingirlxx. Gracias!
Domingo.
Asi es como mi familia y yo pasamos un domingo: en casa sin hacer absolutamente nada.
Un día exclusivo para descansar.
Bajo a la sala y encuentro a mi hermano mayor sentando en el sofá con la vista fija en la televisión frente a él. Juro que ni siquiera parpadeaba.
No tenía que ver la pantalla para saber que era lo que lo tenía tan entretenido.
Mi hermano es muy amante del fútbol, creo que los hombres traen algo en su adn que los hace amar ese deporte con locura, porque todos los hombres que he conocido son fans a morir del fútbol. Algo que simplemente nunca entenderé.
Me siento a su lado robándole la bolsa de patatas.
—¡Oye, esas ni te gustan! —se queja pero sin despegar la vista de la televisión.
Me llevo una mano llena de patatas a la boca y mastico con ganas.
Son sabor queso, que no sabían mal pero prefiero las de jalapeño o cualquier chile en general. Que esten de un rojo intenso y los dedos se me queden marcados del color por días.
—Quitamelas entonces —sólo lo hacía para molestarlo.
Mueve la mano en mi dirección pero como no quita la vista de la televisión solo hace intentos torpes de quitarme la bolsa sin conseguirlo mientras me burlo de él.
—No van a meter 2 goles si dejas de ver la televisión, eh —digo entre risas.
Él finalmente voltea a verme y me arrebata la bolsa de un jalón.
—Ja, ja, ja —rié irónico y se lleva una patata a la boca para volver a enfocarse en el partido.
—¿No íbamos a ver una película con mamá y papá?
—Si, cuando termine el partido —responde obvio.
—Ah —hablo desganada y por primera vez dirijo mi mirada hacia la televisión donde estaba viviendose un partido del barça contra no sé que equipo.
Alex es todo un culé por eso reconocí las camisetas azul y rojo tan disntiguidas del equipo. Fuera de esos colores y algún nombre que escucho a mi hermano mencionar, no sé nada.
0-0 con 70 minutos. ¿Podía ser mas aburrido?
—¿Quiénes juegan?
—El barça y el Betis —responde rápido. —Nooo, joder —se pone de pie y se pasa las manos por toda la cara.
El equipo contrario había metido gol y mi hermano estaba que se moría del coraje.
—Ya ganarán otro
—Todos los partidos son importantes, es ganar o nada —estruja la bolsa de las patatas ya vacía en sus manos.
Hombres.
—Por tu salud mental y física mejor le cambio —trato de alcanzar el control sobre la mesa de centro.
Pero él se adelanta y agarra el control antes que yo.
—Orita metemos gol —vuelve a sentarse con el control en la mano y yo suspiro.
El partido esta por finalizar, 85 minutos en el marcador y Alex sigue con la esperanza de que el barça iba anotar gol.
—¡¡¡GOOOOOOOOOOOLLL!!! —se levanta de un salto gritando eufórico.
Yo alzo las cejas pensando:
Dicen que la esperanza es lo último que se pierde, no?
—Igual no ganaron —me gusta picarle.
—Empate es mejor que perder, todo es mejor que perder
Tenía razón pero no lo admitiria.
Estaban pasando la repetición del gol y esta vez se ve de mejor ángulo y con mayor claridad al jugador mientras mete el balón a la portería.
El chico besa su camiseta y eleva sus brazos al aire, después llegan otros jugadores a celebrar. Inconsientemente ladeo un poco mi cabeza al notar que es muy joven, y guapo honestamente.
—Gavi es un crack
—¿Quién? —salgo de mi trance y volteo a ver a mi hermano.
—Él que acaba de meter gol —señala al jugador con el número 30. —Todas las chicas se mueren por él
Ni me había fijado en el nombre y número impregnados en la camiseta.
—Pero deja de comértelo con la mirada, qué asco
No me había dado cuenta que había regresado mi mirada al jugador hasta que escuche a Alex.
—¿Qué no estábamos viendo el partido? Pues eso estoy haciendo
—No me digas que te gustó —niega con la cabeza mientras lleva una mano a su frente.
—Tengo ojos y pues no esta mal —me encogo de hombros.
—Mujeres —rueda los ojos.
—Hombres —lo imito y me dirijo a mi habitación.
—¡Ya no eres mi hermana! —grita desde la sala cuando voy subiendo las escaleras.