Olivia

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Sinopsis

Aquella mujer que esconde un pasado espeluznante, la que huyó de su horrible pasado uno al que no quiere volver. Llegar a un final feliz la llevará por un camino empinado y rocoso. ¿Los finales felices existen? —Sabes alguna vez me enamore, de esos amores que crees que durarían toda la vida.—Habló mirando al cielo nublado.

Genero:
Romance/Drama
Autor/a:
Sheiraaaaa
Estado:
En proceso
Capítulos:
4
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Capítulo 1





Dos años después…



Nunca olvidé aquella mirada, al parecer me perseguía, nunca imaginé que de tras de esta oscura historia hubiera algo más real que la “fantasía”. Me jure que después de esos dos años siendo su sumisa y entre otras cosas, jamás me volvería a doblegar por un hombre al menos que no fuera por mi placer propio. Sanar fue algo de algunos meses el darme cuenta de que me uso. Hace dos años enterré mi pasado aquel oscuro pasado, mi huida fue lo mejor con lo que pude afrontar el dolor, ahora me encontraba en Grecia viviendo tal vez la mejor parte de mi vida junto a mi mejor amiga Ángela. Si ella nunca me abandonó aún sabiendo mi oscuro pasado, disfrazado de vida perfecta. A veces recuerdo aquellos ojos verdes aquellos que me asechaban aún cuando sabían que me tenían prisionera.



—Olivia, saldré a tomar el sol. Parece que estás consumiéndote por tus pensamientos otra vez estamos muy lejos de él aquí estás a salvo.—toco mi hombro haciendo que reaccionara, le sonreí levemente.



—Sabes que deberíamos de ir a la panadería de el señor Luca sabes que allí venden unos deliciosos postre.—Hable y ella asintió rápidamente. Caminamos quedaba bastante cerca de nuestra casa.



—Has pensado en el perdón Olivia? —Preguntó Ángela mientras estábamos a dos calles de la panadería.



—Creo que si, aveces pienso que debería perdonarlo pero duele Ange duele.—Me miró y suspiró entendiendo mi punto.



—Perdones o no siempre tendrás mi apoyo incondicional y lo sabes cariño.—Sonreí y más aún cuando entramos y chocamos con un gran delicioso olor a pan recién echo y el olor de diferentes postres.




—Ciao, que las trae por aquí, saben que sean han vuelto mis clientes preferidas.—Sonreímos.



—Digamos que es la mejor panadería de todo el área y sabes que moremos por tus postres.—Sonrió. Ordenamos y hasta charlamos por varios minutos con el señor Luca. Caminábamos de regreso cuando vimos una camioneta negra aparcada no tan lejos de la pastelería. Llevaba halló estacionada desde varios días seguido y no era normal.




—Olivia, creo que deberíamos de apresurarnos no creo que esa camioneta sea de por aquí y mira no hay tanta gente en las calles.—Asentí y llegamos a la casa en menos de lo esperado. Pasamos una tarde agradable viendo algunas películas y comiendo todo tipo de postres. Luego nos despedimos pues mañana tendríamos que salir al trabajo.



Ángela se dedica a ser veterinaria mientras yo soy doctora en el hospital central que no queda tan lejos de aquí. Nos va bien de echo vivimos en una área no tan famosa pero aveces puede ver a los turistas disfrutando en los diferentes bares e discotecas.





(“….”)




Había llegado al hospital a empezar una hornada de doce horas. Odio estos días lo juro pero luego se me pasa cuando veo las caras de felicidad de los pacientes. Hoy estaba en la cabeza ya que el cabecilla de los doctores no pudo venir por razones personales so sería más trabajo para mi, está terminando de atender a un niño de ocho años, creía que era Spiderman y saltó de las escaleras rompió su codo. Estos niños tienen mucha ocurrencia.




Respiraba tranquilamente en mi oficina cuando se escucho por los altavoces cómo me llamaban salí corriendo hasta la puerta principal donde se encontraba un hombre lleno de balas probablemente de sangrándose.





—Doctora, el paciente fue impactó varias veces ninguna que preocuparse todas salieron de su cuerpo, pero está perdiendo mucha sangre.—Asentí ayudando a empujar la camilla hasta llegar el quirófano. Limpié y suturé algunas heridas de balas superficiales y me enfoqué en la que se encontraba en su hombro.




—Pinsas.—Con cuidado saqué el fragmente de bala que se encontraba en su hombro. Limpié y sature para luego chequear cómo se encontraba su pulso.—Está fuera de peligro, buen trabajo chicos.—Asintieron.—Trasládalo al último piso probable mente lo que hicieron esto volverán.—Hablé mientras me quitaba los guantes.




—Doctora, dicen que el paciente tiene familia esperándolo afuera.—Asentí.



—Por el momento vamos a trasladarlo, y después bajaré y hablaré con la familia, solo espero que no sean personas mandonas.—Sonreí leve bueno iré a llenar sus papeles y a organizar lo que tendrá que tomar para el dolor.



Caminé por los pasillos, este hospital era muy grande y me gustaba porque no veías a tantas personas juntas en un mismo lado transmitiéndose enfermedades.




—Doctora, escuché al paciente que recién acabas de atender cómo te fue.—Suspiré.



—Otros días han sido peores, pero por lo menos logré estabilizarlo. Mañana es mi día libre tal vez valla a la playa si puedes ve con tu familia.—Hablé mientras caminábamos hasta sala de espera.




—Si bueno estaremos allí sabes que a mi esposa le encanta la playa, y parece que que a mi pequeño también.—Sonreí. Zane tenía un niño de dos años al que ayude a traer al mundo. Ha crecido muy fuerte.




Caminé está donde me dijeron que se encontraban los familiares de mi paciente todos estaban en el pasillo más alejado, y habían más de quince personas esto si es de locos.




—Buenas tardes soy la doctora Romero.—Mire el expediente.—Quiero informarles que está fuera de peligro pero todavía va a seguir bajo observación.—Hablé y vi cómo algunos de ellos respiraron.




—En qué condiciones llego doctora.—Habló una señora un poco mayor. A su lado se encontraba un señor de misma edad sobando sus hombros.



—El paciente llegó con ocho impactos de balas las cuales salieron, pero al parecer por el tiempo que pasó antes que llegara la ambulancia hizo que perdiera sangre, pero lo pudimos estabilizar.—La señora asintió limpiando algunas de sus lágrimas.



—¿Cuando se podrá ir de aquí?—La potente voz me hizo observar al hombre sentado en cual se observaba muy serio.



—Estará en observación por esta semana.—Hablé haciendo que virará los ojos.—Depende de cómo su cuerpo sane y mejore.—Hable y algunos me miraban cómo si me quisieran matar.—Podrán pasar a verlo en 30 minutos en lo que la anestesia deja su cuerpo.—La señora sonrió agradecida y asentí. Me voltee soltando el aire que contenía, me alejé hacia mi oficina. Tome un gran suspiro cuando me pude sentar en la silla desde hace horas no lo hacía y mi cuerpo lo agradecía. Saqué algunas frutas y comencé a comerlas. Tocaron mi puerta rápidamente.



“Doctora Romero repórtese a la habitación 310”

Cuando abrí la puerta me encontré con la enfermera al cuidado de mi paciente.



—Doctora Romero, el paciente se salió de control dice que no se va a dejar atender a menos que sea con usted.—Suspire y asentí.



—¿Parece de algún problema mental o problemas con expresarse?—Pregunto y ella negó lo escribí en el expediente.—Ven con su familia diles que por el momento no podrán ver a su familiar.—Ella asintió perdiéndose por el largo y blanco pasillo, uno tan monótono cómo mi vida.



Suspire antes de entrar, agarre la manilla y abrí la puerta meticulosamente. Y en posición de indio se encontraba sentado, ¿que carajo hacía meditando?



—Buenas tarde.—Hablé manteniendo mi distancia. Su respiración seguía siendo leve y parecía que no se inmutaría a abrir los ojos.



—Doctora, me encanta su olor que colonia usa usted.—Sus ojos se mantenían cerrados.—No me lo diga yo mismo se lo diré.—Sonrió aquellos dientes blancos salieron a la luz.—Usted usa esencia de vainilla, podría decir que hasta se baña con esa esencia.—En mis adentros sonreí. Carraspee un poco y me enderece.



—No estamos aquí para hablar de la esencia que uso, si no estamos aquí porque usted recibió ocho impactos de la bala y al parecer actúa cómo si nada.—Hable mirando de nuevo su expediente.




—No me llames señor mi nombre es Gabrielle, soy joven cómo para que me llames de señor.—Sus cejas estaban un poco fruncidas.




—Bueno Gabrielle, necesito hacerle algunos exámenes, podría por favor abrir sus ojos.—Pregunté sus ojos se abrieron lentamente era cómo si estuvieras en el mar esos ojos azules intensos de harían caer a cualquiera.—Necesito que siga la luz de la linterna por favor.—Moví lentamente la linterna hacia la derecha luego a la izquierda.—Perfecto.—Dije anotando en la carpeta. —¿Siente algún malestar o incomodidad?—Hable y el negó mirando directamente a mis ojos.



—Me duele que nunca me hayas respondido si te duchas con la escénica de vanilla.—Negué tomando su pulso y anotándolo.—O vamos doctora, no me dejes con esa curiosidad.—Lo mire y puso cara de perro mojado.




—Es algo que no le incumbe. Después que termine de cogerle la presión sus familiares podrán verlo.—Asintió desganado.



—Usted es muy mala lo sabía.—Negó virando sus ojos.—Donde está su diversión Doctora.—suspiró.



—Bueno todo está listo, creo que en menos de lo que canta un gallo se podrá ir a su casa.—Hablé y el asintió.—Hablaré para que dejen entrar a su familia.—Volvió a asentir tirándose drásticamente hacia atrás. Suspire cuando salí de la habitación. Esto si va a ser muy tedioso.




—Otro paciente loco.—Asentí.—Tal vez debas descansar tomar unas vacaciones o salir más hacer más amigos, digo eres muy joven para vivir una vida tan aburrida.—Suspire y asentí.



—Ese es mi problema Ana creo que viví lo que tenía que vivir y después de eso creo que se me quitaron las ganas.—Asintió suspirando un poco.



—Mañana iremos a un club nuevo, debería ir quién sabe y encuentres a alguien interesante. Ire a tu casa me encanta cómo Ángela me maquilla, y no espero un no como respuesta Olivia.—Vire mis ojos. Vi cómo se iba por el pasillo esa chica es el colmo. Caminé y choqué con la mirada más fría que eh notado en años su mirada era fría una que me helaba la sangre.



Esos ojos negros eran algo peor que un poso o un laberinto de noche, transmitían poder pero sobre todo ese miedo, que te hacía erizar la piel.