Tócame, Tócate - Goyuu

Sinopsis

"¿Por qué me odia?" pregunta Satoru una noche en la que Shoko consigue meter cervezas de contrabando en los dormitorios. Están en su habitación, bebiendo, y Shoko fumando, sentada en el suelo mientras las latas vacías de cerveza se van amontonando. "Aunque no sea su tipo -lo cual es impensable-, ¿cómo no voy a ser el tipo de alguien? Mírame". Se levanta, ve girar el mundo pero permanece sobre sus dos piernas inestables. Luego extiende los brazos, mostrando a sus amigos y al mundo el tipo de partido que es Gojo Satoru. "Aunque no lo sea, ¡no tiene por qué ser tan mezquino! Con Nanami es incluso más susceptible", se queja Satoru, arrastrando las palabras. Se arrodilla y abraza a Suguru por detrás para lloriquearle al oído. "Suguru, ¿sabías que Yuuji incluso tiene un apodo para Nanami? Precisamente Nanami". Tomado de ao3, yo solo traduzco

Genero:
Romance/Erotica
Autor/a:
lemon who
Estado:
Completado
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Capítulo único

Autor: rizna


Palabras: 7908


Original: https://archiveofourown.org/works/29272467


El fuerte golpeteo de la cama contra la pared ahoga todos los demás ruidos dentro de la habitación de Satoru. Los gemidos y quejidos van subiendo de volumen a medida que los sonidos de la piel encontrándose con la piel se vuelven más frenéticos. 


"Senpai..." Yuuji gime largamente mientras se arquea bajo él. Satoru está embelesado. El cuerpo de Yuuji brilla de sudor y está sonrojado en un hermoso tono rosa. "Gojo-senpai, se siente bien. Te sientes tan bien".


Mierda.


Satoru no es de los que se ponen necesitados de cumplidos en el sexo. Sin embargo, hay algo tan deliciosamente adictivo en la forma en que esas palabras salen de la lengua de Yuuji que se siente a la vez como una súplica y un elogio.  


"Yuuji", dice Satoru sin aliento mientras sus caderas empujan hacia delante, enterrándose en el calor de Yuuji. 


Yuuji le mira con las mejillas encendidas y los ojos suplicantes. "Quiero tocarte. Senpai, quiero sentirte más".


Yuuji se aferra a él, desesperado y necesitado. Satoru no tarda en agarrar la polla de Yuuji y bombearla. En respuesta, Yuuji gime más fuerte y hunde sus uñas profundamente en su espalda, dejando medias lunas rojas en ella.  


"Senpai, tócame más, por favor".


Satoru gime y le acaricia más deprisa. Yuuji tiembla bajo él y Satoru siente el cosquilleo caliente y placentero en el vientre, anunciando su orgasmo. 


"Yuuji", gime Satoru. "Yuuji-Yuuji."


"Córrete dentro-te quiero dentro de mí, senpai."


Satoru gime mientras las palabras le acercan al clímax. Tan lascivias que nunca pensó que pudiera salir de la bonita e inocente boca de Yuuji. 


"Destrózame, senpai".


El cuerpo de Satoru tiembla y...


-abre los ojos y suelta un fuerte grito ahogado.


El sol que entra por la ventana y la intensidad de su orgasmo le ciegan momentáneamente. 


Permanece un rato tumbado en la cama, recuperando el aliento. No hay más ruidos en la habitación que su pesada respiración: ni gemidos, ni quejidos, ni ruidos sexuales, ni, por supuesto, Yuuji. 


Satoru gime fuerte, esta vez de frustración. Aun así, no impide que su mano bombee su polla a un ritmo lento, ordeñándose dentro del pijama. Es asqueroso y pegajoso. Intenta concentrarse en las réplicas de su orgasmo y en el agradable cosquilleo bajo su piel.


Para ser un sueño húmedo, piensa Satoru, ha sido bastante intenso. Me sentí bien, pero eso era todo lo que era, un sueño. Nunca sería tan bueno como el real, aunque Satoru no lo sepa de primera mano. 


"Maldita sea", maldice Satoru mientras se quita la sábana de encima y camina torpemente hacia su armario.


Otro día más. Otro pijama sucio. 


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"¿Por qué está tan cabreado hoy?"


"No lo sé"


"¿Qué crees que pasó?"


"¿Algo estúpido, tal vez?"


"Pero eso no es algo nuevo."


"Lo sé, ¿verdad?"


Satoru gime y se gira para mirar a Shoko y a Suguru. Están inclinados el uno hacia el otro con las manos sobre la boca, aparentemente hablando en susurros pero sin hacer ningún esfuerzo por ser discretos.


"¿Y?", dicen al mismo tiempo, mirándole e incitándole a explicarse. Satoru les fulmina con la mirada. Ninguno se inmuta ante su molestia. 


"¡Y nada! Déjame en paz!"


Antes de que Shoko y Suguru puedan seguir provocándole, una fuerte voz detrás les llama: "¡Senpai!".


Satoru da un respingo y gira la cabeza lentamente para mirar la fuente. Yuuji se cruza en su camino con Megumi y Nobara flanqueándole a los lados. Está tan contento y enérgico como siempre. A Satoru le molesta porque no es justo que su kohai parezca tan fresco, tan descansado, cuando es culpa suya que Satoru no lo esté. 


"¿Oh?" canta Shouko, asomándose por su izquierda y mirándole a la cara. 


"Interesante", dice Suguru, haciendo lo mismo a su derecha. "Así que tiene algo que ver con Yuuji", declara tras observar su expresión. 


"Eso no es ninguna novedad", añade Shoko.


"¿Quieren callarse de una vez?" les grita Satoru, cansado de que le molesten.


"¡Buenos días, senpai!" saluda Yuuji, y Megumi y Nobara hacen lo mismo con menos entusiasmo. 


"Eres demasiado ruidoso, Yuuji", se queja Satoru. 


Los restos del sueño le persiguen hasta la luz del día, haciéndole sentirse molesto y frustrado porque el Yuuji que le mira con ojos hambrientos y cariñosos no existe aquí. En vez de eso, está atrapado con éste, el Yuuji que no sólo es ajeno a sus sentimientos, sino también un poco cruel a veces.


Yuuji ladea la cabeza y sonríe tímidamente, sin inmutarse por el tono de enfado con el que se dirige a él. "¿Perdona? ¿No dormiste bien ayer, Gojo-senpai?".


Eso es algo que Satoru no quiere abordar, y menos con el propio Yuuji. En represalia por haberle arruinado el día, Satoru levanta la mano con la intención de golpearle en la cabeza.


"Quiero tocarte. Senpai, quiero sentirte más".


Satoru se congela. La visión de Yuuji tumbado bajo él, suplicando que le toque, se superpone a la expresión del Yuuji que tiene delante. Tiene los ojos muy abiertos y se ha puesto rígido en respuesta a su gesto. Parece asustado, si no atemorizado. Contrasta terriblemente con el Yuuji de sus sueños. El que le mira con adoración y voluntad. 


"¿Senpai?"


Satoru chasquea la lengua y no ofrece ninguna excusa antes de darse la vuelta y alejarse. 


"Satoru, ¿adónde vas?". pregunta Suguru detrás de él. En respuesta, Satoru se da la vuelta y le hace un gesto con el dedo corazón. "No es asunto tuyo".


"Qué actitud más desagradable". Satoru oye decir a Nobara secundado por Megumi: "También tan temprano".


Satoru se permite echar otro vistazo a sus espaldas. Encuentra a Suguru revolviendo el pelo de Yuuji justo donde Satoru iba a golpearle. Yuuji no está mirando a Suguru, sus ojos están enfocados en Satoru, su expresión es ilegible. 


A diferencia de aquella mañana, el fuego en el ombligo de Satoru no es nada agradable. Se aleja con el sabor amargo del rechazo. 


Yuuji vuelve a ser cruel sin querer. 


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Satoru nunca ha sido de los que se involucran activamente en el contacto físico. Simplemente no está en su naturaleza. Una palmadita en el hombro, un pinchazo juguetón en las costillas, un brazo lanzado casualmente sobre los hombros son comprensibles, pero aún así rara vez se hace entre él, Shoko, y Suguru. Las personas a las que Satoru puede llamar amigos -después de tres años, un par de acontecimientos traumáticos y quizá dos encuentros diferentes con la muerte-. 


Por eso, cuando Itadori Yuuji se matricula en la academia, trayendo ojos brillantes y esperanzados y manos inquietas, desconcierta a Satoru. 


Tarda dos semanas -no es que llevara la cuenta, no es que prestara atención a su kohai desde el primer día, no es que importe- para que Yuuji se ponga cariñoso con Nobara y Megumi. Un abrazo por aquí, un empujón juguetón por allá. Es la camaradería habitual. 


Yuuji tarda otra semana en hacer lo mismo con los de segundo año. Satoru aún recuerda a Yuuji acariciando la barriga de Panda y la cómica cara de incredulidad de Kento cuando se le pegó por detrás.


Cuando llegó el momento de incluir a los de tercer año, a Satoru le coge por sorpresa que Yuuji nunca intente acercarse a él. Al principio, piensa que es sólo cuestión de tiempo. 


Pero no lo es. 


Después de tantas semanas, Satoru por fin se da cuenta de su condición de mero espectador. Ha quedado deliberadamente fuera del círculo de Yuuji. Aislado. No hay abrazos efusivos ni caricias juguetonas. Sólo Shoko y Suguru son dignos de ellos.


¿No soy lo suficientemente bueno para que me toques?


Satoru no es de los que ruegan. Él exige. Por eso se acerca a Yuuji, con la intención de hacerle saber que Gojo Satoru no es alguien a quien pueda dejar de lado. Su idea es acorralar a Yuuji, cogerle la barbilla con la mano, hacer que le mire y exigirle el mismo trato que a los demás.


Es sólo una cuestión de principios y Yuuji está siendo grosero con su superior. Satoru tiene que arreglarlo.


No sale según lo planeado. Yuuji respira hondo, se pone rígido y le mira con ojos muy abiertos y asustados cuando Satoru apenas hace ademán de alcanzarle. 


Satoru decide que si va a recibir ese tipo de expresión, prefiere no recibir nada en absoluto. Tiene lo que necesita en sus sueños, donde la flexibilidad y el deseo de Yuuji de tocarle son algo que Satoru puede obtener.


Y no es que Satoru esté especialmente enfadado con Suguru, o con Shoko, o con Megumi o con todos -el mundo, su mente mezquina- por dejarse tocar por Yuuji y corresponder igualmente a su afecto. Sería demasiado pesado, así que se conforma con enfadarse sólo con Yuuji. En su defensa, Satoru tiene todo el derecho a estarlo. 


No es justo haberse enamorado de alguien a quien le repugna la idea de que le toque.


Satoru es claramente una víctima de acoso emocional aquí. 


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"¿Por qué me odia?" pregunta Satoru una noche en la que Shoko consigue colar cervezas en la residencia. Están en su habitación, bebiendo, y Shoko fumando, sentada en el suelo mientras las latas vacías de cerveza se van amontonando. 


Se están riendo mientras discuten sobre a quién le quedaría mejor la falda, si a Panda o a Yaga-sensei, cuando Satoru ya no puede aguantar más. Suelta su frustración, lanzando las palabras rápido y sin cuidado de la misma forma que vomita sus tripas más tarde esa noche. 


"Aunque no sea su tipo -lo cual es impensable-, ¿cómo no voy a ser el tipo de alguien? Mírame".


Se levanta, ve girar el mundo pero permanece sobre sus dos piernas inestables. Luego extiende los brazos, mostrando a sus amigos y al mundo el tipo de partido que es Gojo Satoru. 


"Aunque no lo sea, ¡no tiene por qué ser tan mezquino! Con Nanami es incluso más susceptible", se queja Satoru, arrastrando las palabras. Se arrodilla y abraza a Suguru por detrás para lloriquearle al oído. "Suguru, ¿sabías que Yuuji incluso tiene un apodo para Nanami? Precisamente a Nanami".


"Me pregunto si le gusta Kento", dice Shoko más para sí misma, y Suguru gime en voz alta antes de reprenderla: "Shoko, no le digas eso".


"¡¿Le gusta?!" Satoru le grita a Suguru al oído, haciendo que Suguru se estremezca. "¡Pero si estoy mucho más bueno que él!".


Shoko pone cara de no estar de acuerdo. Ante eso, Satoru sacude a Suguru de los hombros, desesperado. "¿Qué tiene él que no tenga yo?".


"¿Una personalidad?" Shoko ofrece.


"¿Una buena personalidad?" añade Suguru, cerrando los ojos y tapándose la boca con la mano. "Satoru, para de aplastarme. Me vas a hacer vomitar", advierte antes de hacerlo. 


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La noticia de un trío de estudiantes ingiriendo bebidas alcohólicas en terrenos sagrados de la escuela ha recorrido el campus. Todo por culpa de un idiota -el propio Satoru, según afirman Suguru y Shoko, pero él no lo recuerda, así que no ocurrió- que gritó a pleno pulmón "¡Yuuji, idiota!" despertando a toda la población escolar a las dos de la madrugada, cuando volvían de limpiar los intestinos de Suguru del suelo de la habitación de Satoru.


Satoru no volverá a beber.


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Yaga tiene poca imaginación. Eso es lo que Satoru puede captar de la situación en la que se encuentran actualmente los de tercer año.


"Viendo que te gusta fregar suelos a medianoche, ¿por qué no limpias también todas las aulas de la Academia? Parece un castigo apropiado", dice Yaga.


Primero, no era medianoche, quiere replicar Satoru. Segundo, Yuuji debería ser parte del castigo también, considerando que Satoru gritó su nombre porque estaba borracho y cuidando un corazón roto patrocinado por él. 


Realmente, Yuuji es tan responsable de despertar a todo el mundo a las dos de la mañana como de la forma deshidratada de Suguru junto a Satoru.


Así es como Satoru se encuentra durante la siguiente semana en el ala oeste del edificio, fregando suelos. Lo cual es estúpido. La mayoría de las aulas ni siquiera se usan. 


Un jueves por la tarde, encuentra a Yuuji solo en una de las aulas. Está encorvado sobre su pupitre con un libro abierto delante y mirando como si las palabras de las páginas le insultaran. 


Satoru no puede creer su mala suerte. Sigue cabreado con Yuuji. Ya no ha tenido más sueños húmedos, pero los sueños en los que Yuuji le coge la mano, le acaricia suavemente la nariz con la suya y le besa el lateral de la boca, todavía los tiene. Siempre los ha tenido. Son un recuerdo agridulce de lo que no puede tener en este lado de la realidad.


Satoru no quiere hablar con él, así que se da la vuelta para marcharse. Su corazón traidor grita en protesta, haciendo que Satoru dé un paso atrás y cierre la puerta tras de sí cuando entra en el aula. Todo en menos de cinco segundos y encontrándose ahora bajo la mirada sorprendida de Yuuji. 


"¿Senpai?" 


Satoru responde con un gruñido y empieza a fregar. 


"Oh, este es tu cast..." Ante la mirada de Satoru, Yuuji aprieta los labios, deteniéndose. Espera un momento antes de preguntar, con cuidado: "¿Fuiste tú quien gritó mi nombre el sábado?".


Satoru se estremece y responde rápidamente: "Fue Suguru".


"Ah, pero Getou-senpai dijo...".


"Cállate, Yuuji", gime Satoru. "Estoy tratando de hacer esto rápidamente. No interrumpas".


Yuuji no parece molesto ni dolido por su grosería. Parpadea y dice: "Vale", y vuelve a su libro. 


Satoru quiere patear su escritorio al estilo yanqui y exigir más atención. 


No te rindas tan fácilmente conmigo, idiota. 


Pero Yuuji ha vuelto a su lectura, con los ojos bailando a derecha e izquierda mientras consume las líneas del mismo. Satoru resopla, irritado, y vuelve a lamentarse.


Hay una larga pausa, y a Satoru le molesta, pero no quiere ser él quien inicie una conversación. No después de haber sido él quien exigió silencio. No quiere ceder y preguntarle a Yuuji por qué sigue allí, tan tarde y solo en el aula. O preguntarle por qué es tan susceptible con todos menos con él. O preguntarle por qué no sueña con besar a Satoru por la noche como Satoru hace con él.


Se muerde la lengua para no hacerlo. 


Durante un rato, no hay más ruidos que el constante arrastre del trapeador. Entonces a Yuuji o le cuesta leer o le duele el estómago, piensa Satoru, intentando convencerse y alejar esos ruidos que hace Yuuji de pensamientos más impuros.


"¿Quieres dejar de gruñir? ¿Qué te pasa?" Pregunta Satoru cuando ya no puede más. 


Yuuji levanta los ojos y sonríe tímidamente. "Ah, lo siento, senpai. Es que no entiendo esta parte que estoy leyendo".


Yuuji parece lo bastante acogedor como para que Satoru se acerque e incluso se incline sobre su hombro para leer hacia dónde apunta. 


"Técnica Maldita Inversa", lee Satoru y frunce el ceño. "¿Cómo puedes no entender algo tan sencillo?".


Yuuji sonríe, avergonzado, y dice: "Lo siento, soy tonto".


Satoru arrastra una silla junto al escritorio de Yuuji y mueve el libro para que ambos puedan leer.


"No eres tan tonto", dice, todavía con el ceño fruncido, pero su tono es suave. "Escucha, porque no te lo voy a explicar dos veces".


"¡Sí! Gracias, senpai", dice Yuuji y se concentra en la página. 


Satoru explica, leyendo la teoría y haciendo pausas para dar ejemplos. 


"Mira aquí". Satoru señala los signos menos de la ecuación. "Negativo más negativo-"


"-es positivo", termina Yuuji, señalando el signo más. 


Sus dedos están muy cerca el uno del otro. Podrían tocarse si uno fuera más valiente y el otro menos reacio a él.


Mira a Yuuji por debajo de las pestañas y ve que Yuuji también se ha dado cuenta. Tiene los labios apretados y las cejas fruncidas. Ansioso y, una vez más, con cara de asustado. Eso es suficiente para que Satoru retire el dedo y se aparte. 


"Ves, lo has entendido. No eres tan tonto", dice Satoru, con tono neutro y evitando los ojos.


Yuuji asiente y responde, en voz baja, un poco torpemente: "Gracias, senpai".


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Satoru aún no domina el teletransporte a larga distancia. Es irritante y, en ese momento, exasperante. Satoru corre y, entre salto y salto, se teletransporta varios pasos por delante, intentando llegar a Yuuji lo más rápido posible. Detrás de él, Shoko se queda con Megumi, curando sus heridas. Suguru tomó otra dirección, buscando a Nobara que, al igual que Yuuji, está desaparecido y muy probablemente luchando contra una maldición de grado uno. 


Los de tercer año fueron llamados como refuerzo. 


Algo salió mal con la misión de los primeros años. Se suponía que iban a luchar contra uno de tercer grado y no contra dos de primer grado y una clase especial. 


El corazón de Satoru se aprieta incómodo dentro de su pecho a cada segundo que pasa. Sentir la presencia de Yuuji es tanto un alivio como una fuente de ansiedad. No sabe cuánto tardará en resistir.


No mueras hasta que te alcance. 


Después de lo que parecen unos minutos interminables, Satoru encuentra a Yuuji. Está acorralado y sangrando, con la ropa sucia y rota. La sangre le corre por la cara, cegándole uno de los ojos. Se sujeta el brazo que, por lo que parece, está roto. Su ojo derecho, el que aún está abierto, encierra un fuego en ellos que a Satoru le hubiera gustado contemplar más, pero decide no hacerlo.


"¡Yuuji!"


"¡Senpai!" Yuuji se vuelve hacia él con una sonrisa de alivio en la cara y los ojos brillantes. 


Satoru no necesita más incitación que esa y patea la maldición lejos de Yuuji. Satoru tarda dos técnicas en derrotarla. Cuando lo consigue, vuelve hacia donde Yuuji se ha desplomado sobre un árbol, desmayándose finalmente por el dolor y el agotamiento. 


Satoru se detiene. Sabe que no debería estar tan molesto, tan nervioso ante la perspectiva de cargar -tocar- a Yuuji y llevarlo a un lugar seguro.


Satoru desecha su duda con un movimiento de cabeza. Tiene que darse prisa, las heridas de Yuuji no son mortales, pero ha perdido mucha sangre. Se arrodilla junto a la forma inconsciente de Yuuji y lentamente, con el corazón latiéndole fuerte en los oídos, pasa los brazos por debajo del cuello y las rodillas de Yuuji.


Su respiración se entrecorta. Yuuji se siente tan sólido, tan cálido y pesado en sus brazos, tan real. 


Tiene que darse prisa, vuelve a recordarse Satoru. Aun así, se permite perder un minuto abrazando más fuerte contra sí el cuerpo inerte de Yuuji. Se siente como un asqueroso, y puede que lo sea, pero no le importa. 


Se pregunta brevemente qué diría Yuuji si supiera que la persona a la que tiene tanta aversión le abraza como si fuera un salvavidas. 


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Están en la parte trasera de la ambulancia de la academia cuando Yuuji se despierta.


"Senpai..." susurra Yuuji débilmente, mirándole con un ojo abierto. 


"Yuuji", le dice Satoru en voz baja, queriendo acariciarle la mejilla y pasarle los dedos por el pelo de forma reconfortante. No lo hace. "No pasa nada, volvemos a la escuela. Shoko ya debe de haber llegado con los demás. Ella te va a curar".


"¿Fushiguro y Kugisaki?" Yuuji pregunta.


Satoru quiere decir "Preocúpate por ti primero", pero sabe que está en la naturaleza de Yuuji poner el bienestar de todos por encima del suyo. 


"Están con ella. Suguru llamó y dijo que ya están bien".


Yuuji deja escapar un suspiro aliviado. Se humedece los labios y dice: "Lo siento".


"¿Por qué te disculpas, imbécil?". pregunta Satoru, pero no hay verdadera mordacidad en sus palabras. "Fue demasiado para vosotros. Hiciste bien manteniéndote con vida, Yuuji".


Yuuji parpadea lentamente y dibuja una suave sonrisa en sus labios. "Es la primera vez que el senpai me elogia. Estoy contento".


Satoru siente que sus mejillas se calientan. "No digas cosas embarazosas".


"Eres amable, senpai", continúa Yuuji. 


A Satoru se le corta la respiración cuando Yuuji le toma la mano. Lo hace con tanta naturalidad y espontaneidad que Satoru tiene que comprobar dos veces si no está soñando. Yuuji nunca hace eso cuando no soñando. 


"Yuuji, ¿qué estás...? "


Entonces Satoru se da cuenta de sus ojos vidriosos y baja los hombros decepcionado. Antes de que Shoko se marchara en la otra ambulancia, le hizo un rápido chequeo a Yuuji. Seguramente, le había dado analgésicos y estaban empezando a hacer efecto. 


Yuuji sonríe perezosamente, se lleva la mano a la mejilla y se la acaricia. El corazón de Satoru se detiene un instante. 


"Cálido", aprecia Yuuji, provocando sin darse cuenta una leve arritmia a Satoru. 


A Satoru no le importa que su mano esté ahora sucia de barro y sangre. Puede sentir el calor de Yuuji, y eso es suficiente. Al mismo tiempo, Satoru quiere patear a Yuuji por jugar así con su corazón. 


"La mano de Senpai es cálida y grande."


"Yuuji, idiota", gime Satoru, pellizcándose el puente de la nariz por encima de las gafas de sol y alzando el cuello. Se sonroja hasta el cuello. Está mortificado y eufórico a la vez.


"Diciendo esas cosas y tocándome así tan a la ligera", empieza Satoru, apretándole más la mano. "Estás siendo cruel otra vez".


"¿Yo estoy siendo cruel?" El tono de Yuuji es enfadado y dolido, y Satoru atrae su mirada hacia él ante el repentino cambio de humor. "Tú eres el cruel, senpai. Dejando que te toque todo el mundo menos yo". 


Satoru no está seguro de haberlo oído bien. Parpadea una y otra vez, luego su ojo se tuerce y dice, con tono tranquilo y sereno, a diferencia de su tensa sonrisa: "¿Dijiste qué?".


"Senpai, eres horrible. Dándome un trato especial al aislarme".


Satoru quiere retirar la mano y pasársela por el pelo, frustrado. Pero no lo hace. 


"¿Cuándo te he aislado? ¡Eres tú quien me aísla! "


El cerebro de Yuuji debe de estar funcionando a la mitad de su capacidad. Sólo se centra en la primera parte de su afirmación cuando responde: "¡Usas Infinito sólo conmigo!". 


"¿Eh?" Satoru alarga la pregunta, y el tono termina en una indignación estridente. "¡Yo nunca he hecho eso!".


"¡Sí que lo has hecho! Dejaste que Getou-senpai te tocara, y Fushiguro, ¡incluso Nanamin!". 


"Lo que dices no tiene sentido. Las drogas te han vuelto loco", gruñe Satoru.


Yuuji le ignora y exclama, con angustia: "¿Te gusta Nanamin, senpai? ¿Estás enamorado de él?".


Satoru gime en voz alta: "¿Cómo has llegado a esa estúpida conclusión? ¿Cuántas drogas te ha dado Shoko?".


"Sé que nunca podría igualar la buena apariencia de Nanamin, pero Kugisaki dice que mis puntos de encanto son mi sonrisa y mis labios-" Satoru les roba una mirada, "-así que tal vez aún puedas considerarme...".


"¿Considerarte para qué?"


"¡Para ser tu novio!"


Satoru parpadea y abre mucho los ojos. El corazón a punto de estallarle en el pecho. 


"¿Qué? ¿No-novio?"


"¡Sí!" Yuuji asiente desesperado y le mira con los ojos muy abiertos y desenfocados. "¡Senpai, por favor, sé mi novio!".


Satoru abre la boca al mismo tiempo que lo hacen las puertas de la ambulancia. Sólo entonces, Satoru se da cuenta de que han llegado a la escuela. Shoko le mira con una ceja interrogante al verle nervioso y sonriendo estúpidamente. 


"¿Cómo de fuertes eran las drogas que le diste?". pregunta Satoru, encorvado, con la mano aún agarrada a la de Yuuji. 


Shoko pregunta: "¿Qué drogas?".


Satoru gira el cuello hacia Yuuji, pero ya está inconsciente. 


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Yuuji no había tomado nada. No había sustancias químicas con las que manipular sus acciones. Todo lo que hacía y decía provenía del verdadero Yuuji. Shoko explicó que la lenta pero constante pérdida de sangre, sumada a la conmoción cerebral de Yuuji, fue suficiente para que se confundiera y, aparentemente, se le soltara la lengua. 


Satoru pensaba que tenía a Yuuji bajo control, pero después de ese confuso viaje juntos, ya no está tan seguro. Intenta encontrarle sentido a las palabras pronunciadas ese mismo día, cuando Yuuji se dirigió a él con una sonrisa genuina y un toque amistoso. 


Ya es de noche cuando busca la habitación de Yuuji en la enfermería. Quiere ver cómo está y también hablar, no puede seguir sin respuestas. 


"Está bien", dice Shoko sin apartar los ojos del portapapeles que está rellenando cuando le oye entrar en la habitación. A su lado, y tendido inconsciente en la cama, está Yuuji. Parece como nuevo; su brazo roto está arreglado, como si nunca lo hubiera estado, y su pelo ya no tiene ese horrible tono rojo sangre. Va vestido con una camisa blanca y unos pantalones. 


Satoru se sienta sin decir palabra en la silla de al lado y le mira a la cara, sin importarle apenas lo que Shoko pueda deducir de su expresión.


Ella no dice nada al respecto, pero le da una palmada amistosa y de apoyo en el hombro de camino a la puerta. "Tu bella durmiente probablemente se despierte hasta mañana".


Satoru oye el sutil "Vete a la cama y descansa, idiota".


Resopla con fuerza antes de decir: "Lo que estoy oyendo es que me estás llamando príncipe, ¿eh?".


Shoko no le devuelve la mirada cuando dice: "A veces me gustaría diseccionar tu cerebro para entender cómo puede funcionar a pesar de estar tan dañado".


Satoru no puede responder a eso. Ella ya se ha ido. 


Tal como dijo Shoko, Yuuji no se despierta en toda la noche. Sus párpados permanecen cerrados mientras su respiración constante y suave va ganando volumen a medida que se adentra en la noche. Todo mientras Satoru permanece allí, moviéndose en la silla, inquieto e incómodo, pero decidido a no soltar la mano de Yuuji.


Cuando empieza a salir el sol, una mano suave saca a Satoru de sus sueños. Unos dedos pequeños y juguetones se entrelazan con los suyos. Sabiendo lo que ocurre, Satoru permanece inmóvil, haciéndose el dormido mientras Yuuji juega con su mano. 


Yuuji desenreda sus dedos y acuna tiernamente la mano en la suya más pequeña. Luego, lenta pero deliberadamente, desliza su mano hacia delante hasta que sus dedos se presionan contra el punto del pulso de Satoru. Yuuji le agarra la muñeca sin apretar antes de acariciar el dorso de la mano de Satoru, pasando los dedos suavemente de una forma que hace que la piel de Satoru estalle en piel de gallina. Si Yuuji se da cuenta o no, Satoru no está seguro. A pesar de eso, su kohai no detiene su apreciación y continúa con los dedos de Satoru. Yuuji toma su dedo anular entre el pulgar y el índice. Lo sostiene un momento y luego recorre su longitud con los dedos de arriba abajo.


Los meticulosos toques hacen que Satoru se sienta exultante pero también cohibido. Por un momento, Satoru llega a considerar que Yuuji es un fetichista, al ver que su concentración en su mano se ha prolongado durante demasiado tiempo y, aparentemente, sigue siendo fuerte.


Satoru se muerde el interior de la mejilla, intentando no hacer ruido y guardar silencio, no queriendo asustar a Yuuji ahora que no hay excusa para que sea tan susceptible.


La forma en que Yuuji le toca parece como si estuviera estudiando y tratando de memorizar cada milímetro de su mano. Casi parece como si lo estuviera adorando. Hace maravillas con el narcisismo de Satoru y, aparentemente, con su entrepierna si Yuuji no deja de frotarle el dedo de esa manera. 


"Sé que estás despierto, senpai", dice Yuuji, en voz baja. 


Satoru abre los ojos, derrotado y sin ganas de seguir fingiendo. Acaba de darse cuenta de que ha estado tenso y con el ceño fruncido por la vergüenza desde el principio. 


Se sostienen la mirada un momento. Yuuji está tranquilo, mientras que Satoru no consigue que se apacigüe el calor de su cara. 


"¿Te encuentras mejor?" pregunta Satoru, evitando mirarle a los ojos pero sin apartar la mano. 


"Sí", dice Yuuji secamente. Cuando Satoru le mira por el rabillo del ojo, descubre que Yuuji también evita sus ojos. 


Esto es ridículo.


Satoru agarra con más fuerza la mano de Yuuji, haciendo que éste se vuelva hacia él. 


"Nunca he usado Infinito contigo", explica Satoru, un poco demasiado urgente, continuando su última conversación.


Yuuji abre mucho los ojos ante su exabrupto y luego se encorva sobre sí mismo, avergonzado. "Así que eso no lo he soñado".


"¿Te refieres a la parte en la que me acusabas de aislarte e incluso me preguntabas si estaba enamorado de Nanami?".


Ante eso, Yuuji intenta retirar la mano para ocultar su rostro. Satoru no le deja, y Yuuji se conforma con hacerlo sólo con una.


"-¿O la parte en la que me pediste salir?".


"Senpai, lo siento mucho", dice Yuuji, avergonzado y todavía escondido detrás de la mano, mirándole por entre los dedos. "Yo no me-"


Satoru se mueve rápido y le agarra las mejillas, lo bastante fuerte como para hacer que Yuuji gruña y su cara se vea más llena, deteniendo sus palabras. Satoru advierte despacio, apasionadamente: "Si dices 'no quise decir eso' me voy a cabrear tanto que no volveré a hablarte".


Yuuji parece asustado ante su amenaza. 


"Vale, no lo diré porque es verdad. ¡Lo decía en serio! Iba a mentir porque tengo miedo de que ahora me odies", dice Yuuji. 


"No te odio", se apresura a tranquilizar Satoru y el alivio de Yuuji es visible.


Al ver eso, Satoru se lo piensa detenidamente. Yuuji no es alguien que gaste bromas crueles a nadie, e incluso fuera de sí como era entonces, pedir ser novio de alguien no sería algo que diría normalmente. Que Yuuji le pidiera salir, sólo podía significar... 


"Entonces te gusto, ¿verdad?". Ante su insistencia, la cara de Yuuji estalla en rojo vivo, pero aun así asiente enérgicamente. "Pero, ¿por qué eres tan reacio a que te toque? ¿Por qué no me tocas? -Y no uses el Infinito como excusa".


Satoru afloja el agarre de sus mejillas, y antes de apartar la mano, Yuuji se apresura a sujetarle por la muñeca. Sin tirar, sólo teniéndolo ahí, en su sitio. 


"Es verdad. Intenté tocarte antes, pero no me dejaste. Pusiste el Infinito cuando intenté abrazarte por detrás".


"Eso es imposible. Sé cómo ordenar todo por masa, velocidad y forma y permitir que me toque. Tendría que..." Satoru se detiene ahí. Se moja los labios, se despeina y confiesa en voz baja: "Habría dejado que me tocaras".


Yuuji parece sorprendido, pero se recupera rápidamente al juntar las cejas. "Pero entonces no me dejaste tocarte, y casi inmediatamente dejaste que Getou-senpai te pusiera la mano en el hombro".


Yuuji no parece estar mintiendo cuando continúa: "Fue entonces cuando capté la indirecta. 'A Gojo-senpai no le gusta que le toquen', y pensé que no pasaba nada. Porque yo sólo era un kohai y Getou-senpai es tu amigo, pero entonces vi que también dejabas que Kugisaki y Fushiguro te tocaran".


Satoru frunce el ceño y pregunta: "¿Cuándo fue eso?".


"¿En abril? ¿Quizá la segunda semana? Creo que fue la segunda semana porque caían muchos pétalos de Sakura. Recuerdo que te vi con muchos en el pelo y quise...". Yuuji se da cuenta de lo que está diciendo y rápidamente cierra la boca. 


"Eres un acosador para recordar eso tan bien", dice Satoru, sonriendo satisfecho y tratando de parecer más confiado de lo que se siente. Por dentro, está encantado.


"No es verdad. Yo sólo..." y aquí, Yuuji levanta la vista, encontrándose con sus ojos, "Simplemente me gustas. Desde entonces, senpai".


Satoru no está preparado para esas palabras, al menos no para pronunciarlas tan directamente en voz alta. Su corazón late rápido y fuerte en sus oídos, pero aún no está listo para confesar, no hasta que todas las dudas se aparten y los malentendidos se aclaren. 


De momento, dice: "Abril..." y mueve la mano para agarrar la de Yuuji, sujetándole y asegurándole que se toma su confesión con calma. "Por aquel entonces, aún dirigía el Infinito manualmente".


Tal vez Satoru sabía que Yuuji estaba allí -¿cómo no iba a saberlo con sus seis ojos?-, pero decidió no apagarlo porque Yuuji aún no se había puesto manos a la obra con los de tercer año. ¿Podría ser que Yuuji intentara tocarle a él primero? ¿No a Shoko o Suguru? ¿A él?


Satoru habría apagado el Infinito si hubiera visto a Yuuji tan amistoso con Suguru porque eso habría significado que, tarde o temprano, él iba a ser el siguiente.


"Entonces, ¿no me alejaste deliberadamente?" Yuuji pregunta, apretando su agarre y mirando esperanzado.


"Claro que no, idiota. ¡Idiota!" repite Satoru, frustrado porque parece que todo ha sido un gran malentendido. Por la mirada avergonzada de Yuuji, él también parece haberse dado cuenta. 


"Pero espera...", dice Satoru, estrechando la mano de Yuuji con exasperación. "¿Esto significa que no has vuelto a intentar tocarme?".  


"¡A los demás les dejaste, pero a mí no! Me sentí tan desanimado!"


"¿No eres estúpidamente valiente? ¡Para qué te sirve el valor si no lo usas! ¡Senpai está decepcionado, Yuuji!"


Yuuji parece más ofendido que dolido y reprende, frunciendo el ceño: "Bueno, tampoco es que intentaras tocarme para hacerme saber que era bienvenido. Además, siempre fuiste grosero y brusco conmigo".


Yuuji le agarra la mano con más fuerza en represalia.


"Me enfadé porque parecía que me habías aislado. ¿Y cómo se me ocurría tocarte cuando parecía que tenías miedo y estabas a punto de llorar cada vez que lo intentaba?" pregunta Satoru, y esta vez pellizca el dorso de la mano de Yuuji como venganza. 


Yuuji se la retira un momento para sacudirse la sensación, pero se la devuelve para que la sostenga. 


"Ya te he explicado por qué no lo hice. ¡Y no tenía miedo! Estaba tan nervioso y emocionado porque el senpai iba a tocarme".


"¿Esa es tu cara de emoción? ¡Porque es una mierda!"


"No puedo evitarlo, ¿ya?" Yuuji se defiende. "¡Todo el mundo se pone nervioso cuando la persona que le gusta le toca! Encima, Gojo-senpai es tan genial y tan guapo. Es demasiado para mí".


Yuuji es ajeno al efecto que sus palabras tienen en el ego de Satoru. No es el momento de centrarse en eso, Satoru lo sabe y se guarda esas palabras para más tarde.


Con eso fuera del camino, finalmente junta todas las piezas. Dice, despacio y exasperado: "¿Me estás diciendo que no me tocaste porque pensaste que no te dejaba. ¿Pero que no volviste a intentarlo porque yo no lo hice?".


Yuuji frunce el ceño y los labios, mira al techo como si volviera a reproducir en su cabeza la declaración de Satoru. Demasiado enrevesado para que le encuentre sentido a la primera.


"¡Sí!" Yuuji exclama y asiente. Entonces, se da cuenta y le mira con incredulidad: "¿En serio? ¿Es eso lo que ha pasado de verdad?".


"No puedo creer lo tonto que eres, Yuuji", dice Satoru, completamente serio y actuando como si tuviera la moral más alta.


"Senpai, tú tampoco te habías dado cuenta hasta ahora".


Satoru suspira con fuerza y afirma, haciendo una mueca: "No me lo puedo creer. No me lo puedo creer. No volveré a enamorarme de nadie".


Ante sus palabras, Yuuji le aprieta suavemente la mano y le pregunta: "¿Entonces?".


Satoru le mira con una ceja levantada. Yuuji dice: "Aún no me has dicho que te gusto, ni siquiera has respondido a mi pregunta".


A Satoru se le ha subido la sangre a la cara. Aun así, le apetece burlarse de Yuuji porque se lo merece. Un castigo apropiado por todo el tiempo que Satoru pensó que estaba en un enamoramiento infructuoso y unilateral. 


"Suenas tan seguro de que me gustas, Yuuji", se burla Satoru con una sonrisa burlona.


Yuuji frunce el ceño. "Por favor, no juegues conmigo".


"Eres un kohai tan maleducado. Quizá debería enseñarte a tratar mejor a tu senpai". Satoru regaña suavemente.


"¡Senpai!" incita Yuuji, impaciente y expectante.


Satoru suspira con una suave sonrisa, sintiéndose lo bastante benevolente como para dejar de tomarle el pelo. Se sienta en la cama y apoya la frente en la de Yuuji.


"Idiota", dice lentamente. "¿No es evidente? Tú también me gustas y permitiré que seas mi novio". 


La risa de Yuuji está llena de alegría, y está tan cerca que Satoru puede sentir los ligeros temblores de su cuerpo y su cálida exhalación en la cara. "Esa respuesta es tan propia de ti, senpai".


"Cállate", murmura Satoru, ruborizándose.


"Pero está bien", continúa Yuuji, "Así es como me gustas".


Los labios de Satoru dibujan una sonrisa rígida pero sincera. Que esas palabras le vengan tan fácilmente después de haber estado atrapado en un enamoramiento no correspondido es demasiado para él.


Yuuji aparta la mirada tras una pausa y se lame los labios. Satoru sigue el movimiento con ojos ansiosos. Entonces, Yuuji vuelve a mirarle y se acerca más a él, lo que provoca que Satoru haga lo mismo y se incline también. Satoru cierra los ojos y lo último que ve es a Yuuji haciendo lo mismo. 


Tras la oscuridad de sus párpados, todo se vuelve más intenso: la sensación de cosquilleo en sus labios al encontrarse con los de Yuuji, cálidos, agrietados y, sobre todo, acogedores. El suave aliento que le acaricia la mejilla. La mano pequeña y suave que le acaricia la mandíbula. 


Satoru se pierde en las sensaciones y las guarda en la memoria. Es increíble la cantidad de cosas que puede recordar incluso con los ojos cerrados. Cuántos lugares tocan Yuuji y él. Casi da la sensación de que cuando se separe, esos lugares quedarán marcados en rojo y brillante, con un agradable cosquilleo durante días. 


Satoru no puede creer que éste sea sólo su primer beso y ya siente que su pecho está a punto de estallar.


Se separan, y Satoru encuentra la expresión sonrojada y cariñosa de Yuuji a un par de centímetros de distancia. Por un momento, se pregunta si está reflejando su mirada.


Tras una pausa, Satoru es el primero en inclinarse. Esta vez, besa a Yuuji con más confianza y entusiasmo. Yuuji le rodea los hombros con los brazos y lo pone encima de él mientras encajan sus labios, mordisqueándose suavemente. 


"Senpai", gime Yuuji sin aliento contra sus labios. "Tócame... ¿Por favor?"


Satoru se da una palmadita en la espalda al no venir de eso. No estaba preparado para las palabras que le iba a decir fuera de sus sueños el Yuuji real -el Yuuji sólido, cálido y cada vez más duro-.


Satoru deja de besarle y coloca la mano sobre su ombligo vestido. Yuuji echa la cabeza hacia atrás, se muerde los labios y gime. Satoru no sabe si es el hecho de que ambos están tan hambrientos de caricias el uno por el otro que cada pequeña cosa se realza hasta un punto que les está volviendo locos. 


"Yuuji", dice Satoru cuando se inclina hacia delante, buscando de nuevo sus labios y frotándole la polla por encima de los pantalones. 


Yuuji se sobresalta y jadea contra su boca. "Senpai..."


Satoru gruñe, satisfecho de que Yuuji se ponga más rígido bajo su mano. 


Acaban de confesarse, y en el fondo de su mente, Satoru aún conserva un poco de racionalidad para saber que van rápido -demasiado rápido-, pero a Satoru no le importa. Ha estado privado de esto durante demasiado tiempo. 


Ambos lo han hecho. 


Satoru tira de Yuuji para que se siente derecho. Él se mueve para acomodarse, de modo que están uno frente al otro y sus entrepiernas están juntas.


"Quiero tocarte", dice Satoru, ni como advertencia ni como petición. Sin embargo, Yuuji asiente con impaciencia, tan desesperadamente que el ego de Satoru se infla una vez más. 


"Por favor".


Le baja la cremallera de los pantalones a Yuuji y le mira a la cara antes de sacarle la polla de los calzoncillos. Cuando lo hace, Yuuji se sonroja, cierra los ojos y aprieta los labios con fuerza, avergonzado.


"Yuuji, tú también puedes tocarme".


Yuuji abre los ojos y lenta y nerviosamente se relame los labios antes de bajar la mirada a su entrepierna. 


Satoru suspira por la nariz cuando Yuuji le coge la polla con manos nerviosas y torpes. Satoru se inclina de nuevo para apoyar sus frentes y empieza a bombear a Yuuji. 


Yuuji maúlla, y Satoru gime cuando la pequeña mano de Yuuji le acaricia, lenta al principio, luego ganando un ritmo más rápido. 


"Senpai, tenía tantas ganas de tocarte. No tienes ni idea... Siempre he querido..." La respiración de Yuuji se entrecorta, cortando sus palabras. 


"Yuuji, idiota", gruñe Satoru. Casi suena como un término cariñoso cuando se dice así, soltado junto con un beso contra las mejillas, el cuello y los labios de Yuuji: "Deja de decir esas cosas vergonzosas".


Satoru nunca admitirá que hay un torbellino de los mismos pensamientos dentro de él. Las palabras de lujuria y afecto intentan superponerse unas a otras, formando un estrepitoso lío de voces dentro de su cabeza. La única palabra que es más clara y fuerte por encima de todo lo demás es el nombre de Yuuji, dicho una y otra vez, como una plegaria. Una que no sale de sus labios pero que está a punto de desbordarse de ellos. 


"Senpai, me gustas", dice Yuuji, jadeando ruidosamente mientras las manos de ambos trabajan para llevar al otro hasta el final. "Me gustas mucho, senpai".


El ombligo de Satoru se estremece, la sensación de la mano de Yuuji construyendo constantemente su orgasmo y su sincera confesión es demasiado para él.


"Yuuji, Yuuji, Yuuji...", canta Satoru mientras Yuuji gime con fuerza. Su polla está resbaladiza de pre-semen, Yuuji está tan mojado que el sonido de aplastamiento hace que la polla de Satoru se retuerza en la mano de Yuuji ante el obsceno sonido. 


Una mano le toca la cara, y Satoru abre los ojos para mirar los vidriosos de Yuuji. Yuuji tiene los labios hinchados y rojos, las mejillas sonrojadas y la expresión torcida por el placer. Satoru lo compara brevemente con el Yuuji de sus sueños y declara que éste es el ganador. Con sólo mirarle a la cara, Satoru se siente al límite. Saber que es él quien puede hacer que su kohai luzca así le provoca una nueva oleada de placer que hace que su ombligo se apriete, a punto de explotar. 


Mierda. Me voy a enamorar así de ti.


"Senpai. Gojo-senpai-estoy cerca", gime Yuuji y Satoru acelera su ritmo, intentando que se corra al mismo tiempo que él. 


"Yuuji, así, más rápido. Casi... casi...", gruñe Satoru mientras alcanza el orgasmo en un éxtasis cegador. Su cuerpo tiembla mientras el placer viaja bajo su piel en oleadas. 


"¡Senpai!" Yuuji le sigue inmediatamente. Se inclina hacia delante, apoyando la cabeza en los hombros de Satoru mientras se corre en la mano de éste y su cálido semen gotea por ella. 


Ambos ordeñan al otro con suaves y lentas caricias mientras sus pulsaciones se ralentizan hasta alcanzar un ritmo normal. Yuuji es el primero en moverse cuando se aparta para mirarle. Parece nervioso, avergonzado, pero resplandece de satisfacción y felicidad. Satoru quiere seguir besándole.


"Eh... lo siento, me he hecho un lío", se disculpa Yuuji, mirando la mano de Satoru. 


Satoru frunce el ceño, mirando el que ha hecho en la de Yuuji. Se muestra indiferente cuando en su lugar se dirige a algo más importante: "Has venido mucho. ¿Tan bien te has sentido? ¿Tan bien está el senpai, Yuuji?".


Yuuji aparta la mano, soltándolo por fin, y hace un mohín. "Tú también te corriste mucho, senpai. ¿Significa eso que soy igual de bueno?".


"No le contestes a tu senpai", dice Satoru, dejando caer un mordisco sobre su mejilla y, para horror de Yuuji, limpiándose la mano en la parte delantera de la ropa. Lo hace sólo porque puede, sólo porque ver los lindos gestos de Yuuji ha sido siempre la razón de sus constantes burlas, y sólo porque el hecho de que Yuuji sea su novio no le impedirá nunca querer meterse con él.


"¡¿Qué estás haciendo?!"


"Represalias", responde Satoru sin darle importancia mientras sigue dejando caer besos en el cuello de Yuuji. 


Yuuji gime en señal de protesta y le mancha los pantalones con semen a Satoru. Eso hace que Satoru se detenga. "¿Acabas de...?"


"¡Porque tú lo hiciste primero!" Yuuji dice. Satoru se limpia sobre Yuuji una vez más. Esta vez, en su hombro. 


"¡No! ¡Para!"


Están demasiado concentrados en volver el uno al otro cuando la puerta de la enfermería se abre, revelando tanto a Shoko como a Suguru con expresiones similares de disgusto. 


"Atacar a tu kohai mientras está vulnerable en la enfermería", dice Suguru, "no creí que ni siquiera tú fueras capaz de algo así".


Shoko dice: "¿Qué más se puede esperar de una basura como él?"


"¡¿Qué?! No!" Satoru se apresura a responder: "¡No fue así! ¡Ahora es mi novio! ¡Díselo, Yuuji!"


Yuuji se ha quedado flácido en su agarre, fingiendo estar inconsciente el muy cabrón. 


"¡Despierta! ¡Senpai no volverá a tocarte si sigues así!"


Eso "despierta" a Yuuji, pero en lugar de dirigirse a Shoko y Suguru, empieza a discutir con Satoru. 


"¡Senpai! Eres horrible. Deja de amenazar sin corazón".


Mientras la riña sube de volumen, tanto Yuuji como Satoru se extrañan cuando Shoko y Suguru se miran con sonrisas cansadas. 


"Por fin."


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La gente no tarda en enterarse de que Gojo Satoru e Itadori Yuuji ya son pareja. Sobre todo porque Satoru se ha encargado de hacérselo saber a todo el mundo.


La respuesta general de la población escolar es de reticente alivio y cariñosa exasperación. Los amigos y compañeros de equipo se alegran de que su dramática y lacrimógena historia de amor -sólo considerada así por los propios Satoru y Yuuji porque todos los demás ya sabían lo que estaba ocurriendo- por fin haya fructificado. Sin embargo, sus cursilerías en público es algo de lo que pueden prescindir.


Satoru sigue siendo un imbécil que ha añadido los celos a su larga lista de defectos. Eso es lo que dicen Shoko y Suguru, pero son idiotas de mente única y muy solteros también en el aspecto romántico, así que Satoru no les hace caso.


Yuuji se aferra a él como un bebé koala. A veces, sólo porque Satoru está demasiado nervioso para tomárselo con calma, se queja en voz alta de ello aunque él también rodee con sus brazos a su pequeño novio. 


Kento está cansado de ser el blanco de los celos poco sutiles de Satoru y de los tranquilos y preocupados de Yuuji. Shoko le palmea el hombro en señal de comprensión y se limita a aconsejarle: "Los dos son idiotas. Aguanta".


Hay momentos en los que Satoru los envuelve a ambos con el Infinito, y Yuuji lo aborda sutilmente cuando sonríe con complicidad a Satoru y hunde la cara en su pecho, murmurando suavemente: "Me gustas, senpai". Satoru no sabe si se supone que es un gesto tranquilizador o una inocente muestra de afecto. En cualquier caso, le parecen bien ambas cosas. 


Satoru apenas dice las palabras "me gustas" en voz alta, pero la forma en que abraza a Yuuji delante de los demás a la luz del día o cuando están los dos solos por la noche habla a las claras de su amor y adicción por Yuuji.


Satoru no puede creer que hubiera una época en sus vidas en la que no pudieran -no quisieran- tocarse. Esos días parecen tan lejanos, un pasado distante que Satoru entierra bajo la certeza que le proporciona el cuerpo cálido y sólido entre sus brazos.