Bellos sueños –Radioapple

Sinopsis

Tras el abandono de Lilith y de Charlie, Lucifer Morningstar desarrolló una profunda depresión de la cual fue saliendo lentamente gracias a su amigo de casi 100 años, sin embargo, ¿puede surgir el amor entre dos almas que no pensaban estar atados a nadie más? Una bella historia de un de las parejas fanon más conocidas entre el fandom de Hazbin Hotel.

Genero:
Romance/Humor
Autor/a:
Applepie
Estado:
En proceso
Capítulos:
1
Rating
5.0 1 reseña
Clasificación por edades:
16+

Chapter 1

El frío en su pecho contrastaba el ardiente dolor de las heridas de su cuerpo que abrían paso a litros de aquella sangre dorada que caía junto a sus lágrimas de piedad. Alzó la mirada y observó a aquellos ángeles frente a sus ojos azules como si pedazos de el bello cielo fuesen capturados en su iris. Aquellos ángeles a los que alguna vez llamó "hermanos", los viales lo miraban fríamente mientras sostenían las armas manchadas de su propia sangre. Iba a susurrar otra débil disculpa, pero solamente pudo mover de forma vaga sus sus labios, ya que el doloroso nudo en su garganta atrapaba su temblorosa y quebradiza voz.


La voz de su creador de escuchaba lejana, no lograba distinguir sus palabras, solamente podía escuchar su voz murmurando algo que no entendía mientras tosía con un hilo de sangre escapando de sus labios mordidos.


Y entonces, lo sintió. Una última lanza fue aquello que lo había echado de su hogar, no pudo ver quien fue por el cansansio de sus ojos, solo pudo ver la mirada fría que le daban los ojos de Dios, su creador...


Su padre...


El aire volvió a sus pulmones mientras se sentaha en la fama, teniendo que respirar más de una vez para poder calmar el pánico que lo inundaba. Cerró sus ojos mientras apretaba las manos contra su pecho, como si el dolor físico pudiese opacar el emocional. Lentamente, sus cuernos bajaron y sus alas se escondieron en su pijama, se había calmado solo en horas, así estaba acostumbrado. Se miró las manos y frunció el ceño al ver la sangre dorada en la punta de sus garras negras. Respiró hondo y se acomodó el cabello hacia atrás, volteando a ver el reloj de la habitación, el cual apuntana la madrugada—04:08 AM—. Maldijo por lo bajo mientras volteaba a ver a la mujer por la cual fue echado de su hogar.


Era alta con una belleza impecable, la cual mo se veía al estar de espaldas. Su cabello era rubio y muy largo peinado hacia atrás, con sus cuernos asomándose de su cabeza mientras dormía arropada entre las sábanas al otro lado de la gran cama. Suspiró mientras se levantaba y caminaba en silencio hasta el armario, donde se colocó algo de ropa cómoda para salir a dar un pequeño paseo.


Fue al baño de su habitación, observando el maquillaje de su esposa allí. Suspiró mientras se miraba al espejo, notando las ojeras asomarse por debajo de sus ojos. Tomó aire antes de cerrar los ojos un momento, cepillando sus dientes para luego tomar el maquillaje de su esposa. Usando la base para borrar sus ojeras, sonrió ante la vista en el espejo de cristal. Salió de el baño y de la habitación antes de pasar por los pasillos en silencio absoluto.


Se detuvo en una puerta que decía "Charlie", abriendo solamente para asomarse y sonreír ante la vista de su pequeña niña durmiendo plácidamente, la cual apenas poseía la apariencia de una niña de diez años pese a tener ciento trece años de edad debido a que era de nacimiento un ser inmortal.


—Descansa, linda. —Dijo suavemente antes de voltear y cerrar la puerta detrás de él.


Salió de el palacio en silencio para luego pasear vagamente por las calles infernales. No tenía demasiadas cosas importantes para ver, comenzaba a arrepentirse de salir cuando vió a unos pecadores pelear. Suspiró incómodo para luego cerrar los ojos, dejando que sus pasos lo guíen hasta que sintió una mano en su hombro.


Volteó a ver de quién se trataba y tuvo que subir la mirada al ver a alguien de, por lo menos, dos metros frente a él, haciendo que Lucifer y sus 1.50 cm alcancen muy apenas su pecho. Arqueó una ceja mientras lo miraba, llevaba un traje de color rojizo y con toques de carmín, era alto y llevaba una corbata bajo su chaleco. Sus cabellos eran de color rojo con puntas negras y unas orejas de venado asomándose de su cabeza junto a cuernos negros simulando astas de venado. Sus ojos eran rojos con uno más oscuro detrás de ellos, mirándolo con curiosidad.


—Hola, un placer conocerte, ¿puedes decirme dónde estoy? —El hombre dijo, su voz sonaba como si saliera de una radio junto al bastón a su lado que tenía un ojo en él.


El de cabellos rubios arqueó una de sus gruesas cejas mientras se cruzaba de brazos con curiosidad y algo de molestia, pues no estaba acostumbrado a que ningún pecador se le acerque, eso hacía que se ponga un poco a la defensiva.


—Bienvenido al infierno, pecador. Estás en la ciudad pentagrama, en el anillo del orgullo —Explicó brevemente y haciendo varios ademanes con su mano sin mucho interés.


Aquel pecador sonrió aún más de ser posible, entornando levemente los ojor mientras mostraba sus dientes amarillos. Ladeó la cabeza para ver a aquel hombrecillo desde otro ángulo, disfrutando de su molestia con orgullo antes de comenzar a seguirlo de cerca, a lo cual a unos pasos de caminar, Lucifer se detuvo mientras respiraba hondo.


—Parece molesto —Aquel pecador dijo, como si nada. El ángel caído volteó con los brazos cruzados y una ceja arqueada.


Había tenido un ataque de pánico, no durmió para nada bien, estaba cansado, estresado, con ganas de mandar a la mierda la mínima cosa que se le acerque y solo, no estaba de humor para lidiar con un pecador que se cree que esto es un tour por su castigo eterno, aunque dudaba que sea un castigo teniendo en cuenta que aquí podrá hacer lo que quiera, pero no es asunto de él lo que haga, no tiene por que hablarle, no lo quiere escuchar.


—¿Tienes una simple idea de quién soy?


El pecador pareció pensarlo por un momento, alzando y rodando los ojos lentamente mientras ponía un dedo en su mejilla, pensando sus palabras seriamente antes de reír mientras volvía a agacharse a su altura con una ceja arqueada.


—¿Un duende de la fábrica de Santa? —Responde con burla, haciendo clara referencia a su altura.


«Este hijo de...» No completó sus palabras pero solo respiró hondo antes de sonreír forzadamente, riendo un poco antes de tomarlo de su camisa, acercándolo a su rostro.


—No juegues con mi humor ahora, pecador. No me levanté de buena forma y te juro que te voy matar cuando ni siquiera haz pasado un puto día en el infierno. —Dijo mientras ladeana la cabeza, clavando su iris carmín rasgado en los ojos de aquel pecador.


—Entonces... ¿me darás un tour por el infierno antes de matarme, desconocido? —Dijo con simpleza.


Lucifer respiró antes de soltarlo, podría matarlo, tal vez eso libere estrés. Bueno, verdaderamente no encontraba tanto placer de matar, y no podía desquitarse con un tipo que solo estaba perdido. Y tal vez estuvo demasiado tiempo hablando con Charlie para estar olvidando la sola consideración de matar a este sujeto. Se acomodó sus cabellos hacia atrás y deslizó su mano hasta su nuca, desviando la mirada mientras pensaba. Tal vez mostrarle un poco del anillo sea suficiente para que lo deje tranquilo.


—Sígueme antes de que me arrepienta —Dijo mientras giraba sobre sus talones para comenzar a caminar mientras mostraba el lugar—. Bueno, estás en el anillo del orgullo, en este lugar viven la mayoría de pecadores, como tú, eh...


—Alastor, un placer. —Dijo de forma humilde y educada.


Lucifer lo miró con una ceja arqueada antes de suspirar, riendo suavemente mientras ponía un brazo en jarras, apoyando su mano negra en su pequeña cintura mientras lo miraba curioso.


—De acuerdo, señor de voz satánica, sigamos —Volvió a girar sobre sus talones mientras indicaba com su dedo a que lo siga.


Alastor rió algo forzado ante el apodo, si le dijo su nombre es para que lo llame de esa forma, no para que le ponga apodos. Simplemente rodó los ojos y el recorrido siguió su curso en silencio y de vez en cuando una que otra explicación de parte del rubio, arqueando una ceja al ver que estaba acostumbrado a ver aquellas obsenidad que estaban en ese lugar, Alastor varias veces se sintió asqueado, y notaba que aveces a aquel hombrecillo no le agradaba mucho, pero parecía adaptado.


La duda estaba carcomiendo sus entrañas mientras lo miraba seguir el recorrido en silencio hasta que hicieron un pequeño descanso, sentándose en la acera lejos de los lugares porno. Lucifer miraba un punto ciego antes de notar un bar de jazz cercano, le gustaba el jazz. Volteó a ver a Alastor y arqueó una ceja.


—¿Te gusta el whisky y el jazz? —Pregunta con una sonrisa ladina escapando de sus labios.


Alastor lo miró antes de asentir, entrando al lugar que en esas horas de la mañana no tenía muchas personas. La música sonaba de fondo mientras bebían en silencio para luego escuchar a aquel pecador hablar para romper el silencio y de ese modo también sus dudas.


—¿Cuánto lleva aquí?


Lucifer se quedó un rato sin la respuesta, ¿cómo podría explicar que está aquí desde el inicio? Observando la maldad del mundo hacer añicos su reino, y poco o nada le importaba lo que hicieran. Son frutos de la maldad que dió accidentalmente en el mundo, aquella maldad que opaca la bondad que tanto le gustaba y le fue prohibida ver desde hace millones de años. Alejó el vaso de whisky de sus labios y lo dejó en la mesa de madera en silencio.


—Más del que me gustaría, siendo honesto. —Comentó, suspirando pesadamente al sentir nuevamente esos pensamientos carcomer su buen momento.


Alastor lo miró, notando que el silencio de antes parecía cómodo a comparación del de ahora, tal vez había tocado un tema personal, y la verdad no le importaba mucho, pero dió otro sorbo antes de que las palabras salgan de su boca sin darse cuenta.


—Siendo honesto, nunca creí que algo como el cielo y el infierno existían, ni tampoco en un dios como tal —Murmura mientras mira un punto ciego con el ceño fruncido, respiró hondo, sintiendo la curiosidad en la mirada del soberano que se clavaba en él—. Me parecía ridículo pensar que hay un ser superior que controla todo, y ahora estoy aquí, las puertas del cielo no se abrieron a mi favor y no estoy molesto con ello. Las vidas que arrebaté no me carcomen y me dan lástima, solo adelanté lo inevitable.


Alastor se encogió de hombros, y por un momento se olvidó que estaba hablando con Lucifer, tal vez por el efecto del alcohol que poco a poco afectaba, pero era liberador por fin poder decir que mató personas sin sentir que estaba expuesto. Volteó a verlo, notando que lo miraba pensativo antes de hablar.


—¿Eres un asesino? Vaya, la verdad me lo esperaba, no irás al infierno solo por ser ateo. —Se encogió de hombros antes de reír mientras se acomodaba los cabellos y tomaba un sorbo más.


—También soy caníbal. —Continuó el pecador mientras la sonrisa inmovil en sus labios se relajaba lentamente.


Por um momento, se sentía libre de hablar. En este momento podía decir la cosa más inhumana, odiosa y loca que haya hecho, pues el rubio iba a reaccionar como si fuese algo de todos los días. No pudo evitar verlo de reojo, notando que tenía unapequeña sonrisa ladina mientras cambiaba de lugares sus cejas


—Ah, el paquete completo. —Alastor rió por lo bajo ante sus palabras y asintió inconscientemente.


—Si lo quiere ver de ese modo. —Se encogió de hombros mientras lo miraba de lado—. ¿Usted cómo terminó aquí? —Pregunta inconscientemente, mirando un punto ciego.


—¿Te importa de verdad? —El de menor estatura cuestiona mientras mira la mesa en silencio, pegando la copa de whisky a sus labios.


—No realmente, pero yo te conté de mi vida. Ojo por ojo —Alastor se encogió de hombros antes de mirar al rubio, arqueando una ceja mientras miraba al hombrecito.


El de piel lechosa soltó una risa nasal mientras ladeaba la cabeza para verlo desde otro ángulo, arqueando una ceja mientras reía por lo bajo suavemente, cruzándose de piernas antes de hablar.


—Cuando era más joven, siempre buscaba demostrar mis sueños a mi familia, pero lo encontraban estúpido y peligroso. Me enamoré de una mujer, ella también era una joven rebelde que escapaba de su abusivo y autoritario esposo, me casé con ella pero le dí el fruto prohibido a la nueva esposa de la ex pareja de mi amada. Se podría decir que creé el mal en el mundo.


Alastor casi se ahoga con saliva antes de voltear a ver alterado al contrario. Parpadeó varias veces en busca de algo que le diga que está bromeando. Estuvo hablando, compartiendo, contando y burlándose de de él pensando que solo era un pecador más, creyendo que no era nadie importante o de autoridad.


—Tú... Eres...


Lucifer sonrió y lo miró suavemente, arqueando una ceja antes de mirarlo con sus ojos color rojo cambiando a amarillo y detrás lo mismo, sus cuernos salieron de su cabeza y habló.


—Bienvenido a mi reino, soy Lucifer Morningstar, rey del infierno.