VIOLETAS (RADIOAPPLE)

Sinopsis

Lucifer tiene un matrimonio de años, aunque es feliz hay actitudes de su cónyuge que lo pone triste, últimamente recibe detalles de un admirador secreto que lo hacen sonreír y suspirar. Este es un oneshot inspirado en una canción. Ship Radioapple, si no te gusta esta pareja porfavor no leer ni reportar. ● Los personajes no me pertenecen, créditos a vizziepop ●La imagen de portada no me pertenece, créditos a su respectivo artista por este bonito fanart

Genero:
Romance
Autor/a:
MonEli16
Estado:
Completado
Capítulos:
1
Rating
5.0 3 reseñas
Clasificación por edades:
16+

ÚNICA PARTE

Eres demasiado hermoso, que solo mirarte me deja sin palabras.

Bello ángel que me hace suspirar con solo una sonrisa.


           PD: AMO TU BELLA SONRISA


Lucifer leía la pequeña nota una y otra vez, su corazón se sentía cálido con cada palabra escrita, su sonrisa se extendió y llevó el pequeño ramo de violetas a su nariz para poder capturar el dulce aroma florar.


Hace más de tres años recibía esos detalles, no sabía de quién se trataba, la tarjeta nunca estaba firmada pero saber que alguien pensaba en él lo llenaba de alegría.


La puerta principal se escuchó al ser abierta y con rapidez guardó la tarjeta dentro de su camisa y las flores las colocó en un florero con agua.


— Cariño, llegaste


El rubio salió de la cocina recibiendo a su esposo con una sonrisa, se acercó hasta el contrario para poder besarlo pero una mano en su pecho impidió que logrará su objetivo.


— Lucifer, sabes que no me gusta que invadas mi espacio personal


  Las palabras de su amado le dolieron tanto.


— Sí, lo siento — dijo cabizbajo


Llevaban años casados, y sabía que esto siempre ocurría.


"Ahorita no, estoy cansado"


"Sabes que no me gustan esas cursilerías"


"Lucifer, no me gustan los abrazos"


Siempre era lo mismo


No lo malentiendan él era feliz con su matrimonio, amaba a su esposo, claro que su relación no era como los demás, era diferente, sin embargo, Lucifer nunca vio la asexualidad de su marido como un empedimiento para ser un matrimonio funcional, sabía que ya debía estar acostumbrado pero él solo quería demostrar su amor a su esposo así que las evasivas de siempre dolían igual o más que el primer rechazo.


— ¿Otra vez violetas? — preguntó el recién llegado.


Lucifer dejó de respirar, nunca le había preguntado por las flores hasta ahorita


— Sí, yo...Las compré cuando fui por la despensa


El otro hombre asintió aceptando la respuesta y sonrió al ver el nerviosismo de su cónyuge.


— ¿Cómo te fue en el trabajo?


  Lucifer trató de cambiar el tema pero al ver la mueca que apareció en el rostro de su marido se arrepintió.


— Ya sabes, lo normal — contestó cortante


— Tu programa fue excelente como siempre cariño — volvió a hablar el rubio


Amaba oír la voz de su esposo en su trabajo, podía oír la pasión por su trabajo en ella


— Gracias


Su esposo era una persona muy seria y cerrada, siempre guardaba sus sentimientos tras esa sonirsa pero él sabía cuando algo anda mal.


— ¿Ocurrió algo en la emisora?


  La misma mueca anterior volvió a aparecer en el rostro del hombre.


— Nada que deba preocuparte, solo Vox siendo el mismo idiota de siempre — gruñó con molestia


— Oh, Ali, ya sabes que él solo quiere joderte la vida


  Lucifer sabía que el tipo le gustaba molestar a su esposo desde que Alastor se negó a dejar la radio por la televisión, se acercó de nuevo manteniendo cierta distancia, el castaño lo miró directamente y eso puso nervioso al rubio.


— Lo sé, por eso te dije que no te preocupes


Ahora fue el moreno quien invadió el espacio del más bajo, se inclinó un poco dejando un beso en la frente de éste.


— Ve a cambiarte, hoy iremos a dar un paseo.


Lucifer le sonrió y lo miró muy feliz, esos pequeños detalles eran los que le hacían pensar que su esposo lo amaba.

Corrió a la habitación para poder cambiarse a un atuendo más limpio que la ropa que traía puesta.

Alastor se acercó a la mesa donde reposaba el florero con la violetas, agarró una y la olió, sonrió al sentir el perfume de ésta y la volvió a colocar en su lugar.


Lucifer regresó ya listo, Alastor abrió la puerta para poder salir y continuar con su camino.


[...]


Dos días después y a la misma hora que las veces pasadas, la puerta fue tocada.

Lucifer corrió para abrir la puerta muy feliz.


— Lucifer Morningstar


El hombre frente a él le tendió una tabla para que el rubio firmara los papales que avalaban la entrega.


Cerró la puerta después de tener el regalo en sus manos, olió las violetas y después de ponerlas en el jarrón, abrió la tarjeta.


Como el sol alumbra y calienta la tierra, así tú iluminas mis oscuros días y brindas calor acogedor a mi frío corazón.


       PD: TUS OJOS SON HERMOSOS


Lucifer pegó la tarjeta a su pecho al terminar de leer aquellas bellas palabras, su corazón se sentía tibio, sus mejillas dolían de tanto sonreír y se sentía amado.


Se sentía como si en cualquier momento su corazón se saldría de su pecho, la puerta fue abierta, Lucifer dejó la nota en la mesa del comedor girando para ver a su esposo entrar, le sonrió como cada día lo hacía.


— Llegaste, toma asiento ahorita te sirvo de comer


Alastor alzó la ceja y vio a su esposo con sorpresa, Lucifer no se había intentado acercar para besarlo o abrazarlo, eso era algo realmente extraño, se quitó el saco antes de sentarse en frente a la mesa.

Su mirada se dirigió a un papel en la mesa junto a esas hermosas flores, estaba por agarrarlo cuando llegó su marido y lo agarró con una rapidez jamás antes vista.


— Lo siento Al, olvide limpiar la mesa, voy a tirar esto ahorita regreso


Lucifer se volvió a dirigir a la cocina, soltó un suspiro, como se olvidó de la nota, por poco es descubierto, se guardó el papel en su ropa y salió tratando de actuar de manera natural.


— Entonces tuve que cubrir a mi compañero porque no llegó a la presentación y mi jefe estaba muy molesto...


Lucifer le contaba con entusiasmo su día laboral pero guardó silencio al notar que Alastor lo veía de manera aburrida y sin interés, no le prestaba atención, su alegría se borró y siguió comiendo en silencio.


Lucifer observó al moreno frente a él y empezó a imaginar como sería aquel que le enviaba las flores y esos bellos poemas.


¿Sería tan alto como Alastor? ¿Joven o viejo? ¿Qué color sería su cabello, piel o sus ojos?


Sintió como los colores se le subían a las mejillas al recordar cada ramo de flores y tarjeta en estos últimos tres años.


— ¿Te sientes bien Lucifer?


La voz de su esposo lo sacó de su trance, y se puso más rojo, la vergüenza, era la causante, había estado pensando en otro hombre estando junto a Alastor.


— Sí, si... estoy bien, gracias


Alastor vió el nerviosismo en la voz y el cuerpo del rubio y le preocupó.


— ¿Seguro?


Se puso de pie acercándose al más bajo, colocó su mano en la frente del contrario.


— Estás caliente y tu cara es roja


— Estoy bien, es solo que hace calor


Se levantó de la mesa para poder empezar a limpiar, Alastor lo siguió.

Lucifer lavaba los platos pero sus manos temblaban al sentir la mirada de su marido, se paralizó cuando sintió a Alastor detrás de él quien le agarró las manos.


— Cariño, déjame ayudarte, ve a descansar


Lucifer no le dijo nada solo se abrió camino y se dirigió a su habitación, se acercó a su tocador abrió su joyero.

Dio un vistazo para corroborar que Alastor no estuviera cerca, sacó la nota con mucho cuidado, la leyó una vez más, la acercó a su pecho y luego a sus labios dejando un beso antes de guardarla.


— Siento que empiezo a amarte


Se dejó caer a la cama con las manos en su pecho y una sonrisa en sus labios, dejó salir un suspiro enamorado, la soledad sería su confidente, pero lo que no notó fue la alta figura en su puerta, quien sonreía tan ampliamente al verlo en esa situación.


[...]


Lucifer llegaba de su trabajo, esta semana había sido agotadora, se sentía estresado, cansado y triste, pero más lo último.


— Al parecer ya te cansaste de mí — dijo decaído


Esa semana dejó de recibir flores, no debía sentirse de esa manera, él era un hombre casado, y extrañar los regalos de otro hombre era fallarle a su marido.


— Alastor no se merece esto


Susurró con tristeza, había fallado a su matrimonio, faltó a sus votos cuando aceptó aquellas flores y cuando guardó las cartas llenas de poseía ocultandoselas a su esposo.


Se dejó caer en el sillón de la sala, las lágrimas salían sin su permiso, su visión se nubló, y su respiración se hizo errática por el llanto.


La puerta fue abierta pero el rubio no se percató por estar llorando y sentirse culpable por todo lo vivido en esos tres años.


— ¿Luci?


Alastor se acercó a él, arrodillandose para quedar a la altura del rubio, sus manos apartaron las manos de Lucifer de su rostro.


— ¿Qué pasa?


Volvió a preguntar pero el más bajo continuó llorando, los pulgares del moreno se movieron de forma circular acariciando el dorso de las blancas manos de su esposo, tratando de tranquilizarlo.


— Mírame cariño


El apodo cariñoso saliendo de los labios del más alto hizo que el corazón de Lucifer se rompiera, él no merecía esas dulces palabras ni esas caricias, no cuando él se había enamorado de alguien más.


Alastor lo miraba sin decir nada, solo lo observaba y apretó sus manos en señal de que él estaba ahí como apoyo.


Después de unos minutos donde los sollozos del rubio eran los únicos que se oían entre ellos, Lucifer se armó de valor y decidió contarle todo a su esposo, y aceptaría cualquier decisión.


— Lo siento Al — sollozó — te he sido infiel


Alastor alzó las cejas y miró con incredulidad al hombre frente a él, no lo creía, Lucifer era imposible de hacerle algo así.


— ¿Cuando? — fue lo único que preguntó


— Desde hace tres años


Ambos guardaron silencio.


— Ni siquiera sé quién es... solo me mandaba esas estúpidas flores con bonitas palabras y...


La confesión de Lucifer fue interrumpida por la estruendosa carcajada de Alastor, el rubio no entendía la actitud de su esposo.


— Mi Luci, no me has sido infiel — contestó en un tono divertido


— Claro que lo fui, nunca debí aceptar algo de otro hombre.


Alastor volvió a reír, se puso de pie caminando a la mesa junto a la puerta, Lucifer vió que algo había agarrido de ahí pero por su vista borrosa por las lágrimas no distinguió bien lo que era.


Hasta que el castaño se acercó de nuevo, en sus manos llevaba un bello ramo de violetas que le extendió a su marido.

El más bajo quiso volver a llorar al ver aquello.


— No, no llores mi amor


  Alastor agarró la blanca mano de Lucifer para ponerlo de pie frente a él.


— Agarra las flores, Luci, por favor


El contrario hizo lo que su esposo le dijo pero se seguía sintiendo fatal.


— El color de tus ojos es tan hermoso como el azul del mar, tu risa tan dulce y suave como una bella melodía y tu amor tan puro como la inocencia de un infante.


La voz de Alastor retumbaba en los oídos de Lucifer, cada palabra llegaba a lo más profundo de su corazón.


— No, no lo entiendo — habló confundido


— Mi bello ángel ¿que es lo que no entiendes?


El castaño se acercó más al contrario, colocó su mano en la mejilla de su esposo y se inclinó para besarlo, el rubio suspiró y tembló al sentir el tacto lleno de sentimientos.


Algo hizo clic en su cabeza al repasar lo que dijo su marido Bello ángel.


— Entonces todo este tiempo — susurró Lucifer


— Así es, mi vida, todo este tiempo fui yo — contestó Alastor — nunca me fuiste infiel


Las lágrimas del rubio volvieron a acumularse en sus ojos, pero ya no eran lágrimas de dolor o tristeza, sino de felicidad.


El hombre misterioso del cual se enamoró, el amante por el cual suspiró, ese amor secreto que tanto atesoró, no era otro que su Alastor, su esposo, el amor de su vida.


— Luci, cariño, por favor quedate conmigo por el resto de mis días.


  Lucifer no sabía que decir y solo asintió antes de abrazarlo, su corazón se lleno de alegría al ver que Alastor le correspondía.

Se separon y el moreno no apartó la mirada del más bajo.


— Prometo amarte hasta en la muerte


Era una promesa muy importante, Alastor lo sabía, pero amaba al hombre frente a él y sabía que valía la pena hacerla, por eso la selló con un beso, no un beso salvaje, no, un beso suave que demostraba los sentimientos de ambos pero más los del locutor, donde no eran necesarias las palabras para poder decirse cuanto se amaban.





Ay no sé que rayos hice, estaba escuchando una de mis canciones favoritas y se me ocurrió escribir una historia con ella


La canción es mexicana, se llama Ramito de Violetas


La verdad espero les guste, es la primera vez que escribo algo de esta ship