I - Rivales
Estaban frente a frente, nadie más los rodeaba. Dentro de aquel castillo que alguna vez estuvo lleno de personas, de vida y encanto, solo se encontraban dos personas. Escuchó como ponían música y se le acercaba aquel chico a pasos lentos y relajados. Se encontraban en el salón de baile, el lugar exacto donde se ganó la confianza de su padre y hermana, el mismo espacio donde ambos se miraron de lejos entre tantas personas, donde juró sentir unas chispas recorriendo todo su cuerpo, y también juró ver los luceros ajenos brillar de la misma forma que los propios.
—Si me hiciera el honor de bailar, mi alteza—
—¿El honor? ¿De qué hablas?—
Estaba confundido, no entendía nada de lo que le decía y era tan raro el como le estaba hablando como si nada hubiera pasado.
Algo que si sabía, es que estaban en un problema grave. Ambos eran rivales, ambos eran hombres y con eso en contra, aun así descubrió el amor con solo verlo. Lo admitía, pero como un error, como un pecado, una cosa de solo una vez, lo tomaba a traición para si mismo.
Aún con la desconfianza que le daba aquella situación. No por inseguridad, si no; por miedo a aceptar que se estaba enamorando profundamente de quien mató a su padre y su hermana. De quien vió la sangre de sus manos resbalar.
Por que aquella persona que veía manchada de sangre no era más que un dulce y hermoso ángel caído, totalmente abrazado por el poder y protección del diablo. ¿Cómo podría un chico verse tan angelical y aún así haber asesinado a su familia?
—¿Entonces, mi alteza?—
—Esta bien, bailaré contigo—
El pelinegro lo jaló, lo sujetó de la cintura y entrelazó sus manos, tomando y moldeando la posición del baile clásico de aquél antiguo reino.
—Sé que me odia y no quiere ni hablarme, o saber mis razones, pero tengo que decir que ese día, anhelaba poder bailar con usted. Pero su padre me hizo pasar todo el rato con su hermana, algo insoportable, le he de comentar.—
Claramente no se esperaba ni una sola palabra de remordimiento, ni una disculpa. Nada, pero ahora, ¿Por qué pasaba a decir eso?
—¿Por qué ahora me dices esto?—
—Me arrepiento mucho de hacerlo llorar esa noche, jamás los hubiera matado de saber que le dolería y le causaría tantos problemas, pero sé que todo lo que pasaba en esta casa eran castigos y heridas para usted. Ambos lo sabemos, ¿No? Vine por eso en primer lugar, para salvarlo—
Solo podía bajar la mirada, no estaba feliz con el resultado de lo que hizo el pelinegro, pero por alguna razón sus acciones y disculpa no le dolían, el recuerdo de ver a su padre y hermana muertos ya no le generaba furia, dolor, ni tristeza. Sin embargo, el no entendía el por que era cada vez más fuerte el deseo de permanecer con aquel pelinegro. No entendía por que sus mejillas se sentían calientes, o por que sus pies se sentían livianos, como si pudiera volar al estar junto al que lo cargaba en brazos. No comprendía la razón de no poder controlar esos sentimientos y que el asesinato de su familia pasara a segundo plano. ¿Por qué se sentía tan bien estar con aquel chico? ¿Por qué de tantas personas, se enamoró de un chico, de un asesino? ¿Por qué se enamoró de Jeon?
Se sentía bien y tranquilo en cierta forma, pero al mismo tiempo estaba confundido y abrumado. No sabía ni que contestarle, pero en cuanto vió la hermosa sonrisa de su acompañante, eligió abrir paso a sus emociones sin importarle nada más. Su corazón abrió lentamente esa jaula que guardaba todas sus emociones y pensamientos; El contrario tenía razón, no sabía como lo sabía y tampoco conocía el como para poder salvarlo, la mejor solución para el pelinegro fué asesinar a su padre y su hermana, pero ciertamente su padre siempre prefirió a su hermana, y el quedaba como alguien insignificante al lado de ella. Siempre sufría a base del maltrato que pasaba en esa familia.
—Supongo que mi padre no fué perfecto, lo admito. Y tal vez mi hermana fue la persona que más daño me hizo. — Dijo con un poco de dificultad, y minimizando todo lo que pasó a manos de su "familia", puesto que el orgullo le estaba comiendo vivo.
—Y tal vez si merecían morir, ¿No? —
—Puede ser, digo. No era exactamente la mejor solución, supongo—
La música sonaba en un melodioso eco, sus pies se movían de forma sincronizada, se miraban a los ojos y se dejaron llevar.
—¿Se esta contradiciendo?—
—No como tal. Era mi familia después de todo, les tenía un poco de cariño—
—Pero ¿Por qué me odia entonces?—
—¿Yo? Yo no te odio. Odiaba la idea de tener que aceptar que me gusta el asesino de mi padre y hermana—
Se escuchó un par de risitas coquetas y traviesas, acompañado del sonido de sus zapatos bailando en ese piso.
—Tal vez, al fin de cuentas, no pude quitarte de mi cabeza—
—Yo a usted lo adoro, y lo protegería de cualquier cosa, así cueste mi vida—
—Bien. Mantengamos por ahora nuestro pequeño secreto, Jeon Jungkook—
—Lo que mi alteza, Kim Taehyung, me diga—
Se miraron y se besaron desesperadamente, acelerados y emocionados. Ambos sabían que esto era su destino. Y como les gustaba ese destino suyo, no iban a evitarlo más.
Taehyung sentía que posiblemente estaba mal, pero ya no quería esconderlo. Ese castillo ahora solo era suyo, ahora estaba libre del sufrimiento, ahora era el rey. Y había encontrado el amor en alguien inesperado, ¿Pero qué podía hacer? Su corazón lo estaba dirigiendo y decidió hacerle caso total, ya no tenía que soportar los gritos de su padre y hermana, no tendría que seguir con sus castigos. No más golpes, rasguños y privaciones.
Se sentían libres, se sentían bien, no iban a luchar contra esos sentimientos. Se habían enamorado profundamente entre ellos,no iban a cambiar ese hecho y se dejaron llevar totalmente por el sonido de la música, abrazando su futuro juntos.