Segunda Oportunidad {Charrleo}

Sinopsis

Han pasado dos años desde que Leo San Juan, el héroe de Puebla, se ha enfretado al Charro Negro y perdió su don de ver lo sobrenatural, por lo tanto podría poder vivir su vida como cualquier persona normal. Y al aparecer tendrá reencuentros de varias personas que le apoyaron en sus aventuras, pero no se imaginaba que la última persona que quería ver, apareciera y no es otra persona que el mismísimo Charro Negro. Mientras el Charro Negro volvió y buscará a Leo, pero esta vez no para hacerlo su sucesor o para vengarse, sino para algo más, algo que ni Leo se imaginaba, ganar su corazón, su amor... ¿Porque el Charro Negro cambió de parecer? ¿El Charro Negro ganara el corazón y cariño de Leo? ¿Leo le dará una segunda oportunidad? * La imágene no es mía la saque por Pinterest y la edité para la portada. * En su época casi el 65% en Puebla apoyaba la comunidad LGTB. * Los personajes no son mios pertenecen a Amima de la saga "Las leyendas"

Genero:
Romance/Fantasy
Autor/a:
Rose Moon
Estado:
En proceso
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
13+

Prólogo



Era una noche muy tranquila en Puebla, la luna blanca brillaba junto con las estrellas que adornaba el cielo nocturno, en un balcón de la famosa panadería San Juan, un joven de piel morena, cabello suave de color chocolate y ojos de un hermoso color avellana.

Leonardo San Juan, el famoso cazafantasma que derrotó a la Nahuala, venció a la Llorona, ayudó a las momias a volver a tener su descanso eterno en Guanajuato, libero al Chupacabras y por último se enfrentó al Charro Negro.

Leo estaba viendo el paisaje desde el balcón, era muy hermoso especialmente en la noche, hace casi dos años había terminado sus aventuras y también perdió su don con lo sobrenatural, lo cual lo habían separado de sus amigos más cercanos que tuvo durante en sus aventuras.

Los extrañaba demasiado, se sentía tan solo, pero por otro lado estaba feliz, por fin después de tantas aventuras puede por fin estar con su familia, su abuela, su hermano y vivir como un adolescente normal, pero después de enfrentar a la Nahuala acaso sabía la palabra "normal".

Recordando todos esos momentos felices que tuvo antes de separase de ellos, para llegar un recuerdo que su amiga más cercana, Xóchitl, le había robado un beso, no es que se haya disgustado, es solo que paso lo mismo en su primer beso con Valentina, no sintió nada, la quería, pero no en una forma romántica. Tan decaído que no escucho a su hermano entrar al cuarto.

—Chisguete!! Que bajes a cenar!!— Llamo su hermano desde la entrada del cuarto, pero Nando se dio cuenta de la expresión decaída y triste de su hermano menor —Ay Leo, entiendo que los extrañas, yo también extraño mucho a Teodora, pero es momento de dejarlos ir, además sé que ellos no quieren que tu estés triste y puedas vivir tu vida— Dijo Nando de manera cálida a su hermano menor, y ayudo demasiado.

—Lose, es solo que...— Dijo Leo para dar un largo suspiro cansado y voltear a ver a su hermano mayor que lo miraba preocupado desde la entrada —Me siento muy solo— Dijo Leo para que pocas lagrimas escaparan de sus ojos, y se apartó su mirada de su hermano, no le gustaba que lo viera llorar como paso con la Nahuala, por pensar que su hermano lo viera cómo un niño cobarde y llorón que era en el pasado, pero Leo no sabe que Nando ya no piensa eso, al contrario le dolía ver a su hermano menor en ese estado, Nando siempre se recordaba a las cosas malas que hizo a hermano en el pasado, al ver a su hermano así.

El mayor solamente se acercó para abrazar a su hermano menor y este le correspondía apoyando su cabeza al hombro del mayor, dejando escapar algunas lágrimas mojando un poco la camisa del mayor.

—No estás solo Leo— Dijo Nando para separarse de su hermano del abrazo y limpiaba las lágrimas restantes que aún salían de los ojos del menor —Estas con la abuela y conmigo— Comento Nando mientras se sentaba en su cama —Además, también tienes a tu noviecita— Dijo en un tono de burla, pero Leo solamente se sonrojo de molestia y vergüenza, sin embargo, Nando lo tomo por otra cosa y empezó a reír a carcajadas tan fuerte que molestó mucho a Leo, que empezó a regañarlo.

Pero ambos no se dieron cuenta que de la nada empezó a nublar el cielo, para oscurecer repentinamente, cuando un fuerte estruendo se oyó fuera de la panadería seguido de un rayo que estrelló tan cerca de ahí y un fuerte viento que obligó a Leo a entrar a la habitación seguido que todas las velas se apagaran en un instante, Leo miro con asombro ya que el rayo cayó casi cerca de él y Nando esperaba que no haber mojado la cama del susto.

Cuando el viento se calmó, Leo se reincorporó para ir a cerrar la ventana por el repentino clima, se preguntaba porque cambio el clima rápidamente, si hace poco era una hermosa y tranquila noche de luna llena y ahora lo cambia por una tormenta, pero antes de cerrar del todo la ventana escucho un relincho de un caballo, abrió un poco para ver que era, vio a un hombre vestido de charro de color negro con detalles de hueso con un sombrero negro que no dejaba ver su rostro venía montado sobre un caballo tan negro como el carbón, pero el caballo tenía los ojos rojos como el fuego.

Leo se paralizó al verlo, no sabe si se estaba imaginando o realmente estaba viendo al mismísimo Charro Negro, el hombre que ni quería verlo, ni en sueños, rápidamente fue reaccionado por su hermano que giró a verlo.

—Que enorme susto me llevé, mejor ya vamos a cenar y de paso voy a comer un bolillo por el susto— Dijo Nando casi gritando de temor y levantando de la cama —Ya vamos chisguete y cierra bien la ventana— Dijo Nando retirando de la habitación.

Leo nuevamente miro afuera para ver que el hombre vestido de charro ya no se encontraba ahí, ver que el cielo ya empezó a llover y finalmente cerro la ventana con seguro, salió de la habitación para ir bajar a cenar, se encontró con la mesa preparada junto con su abuela recibiéndolo con una cálida sonrisa y Leo correspondió dando una de sus dulces sonrisas a su abuela.

—Ay mi Leo, mi niño, que buenos que bajas, ya está la cena y espero que comas bien— Dijo Toñita a su nieto mientras señalaba una silla libre para que se sentara.

—Esta bien abuela— Dijo Leo para sentarse en unas sillas a lado de su hermano y al frente de su abuela.

—De pronto tuvo que llover muy fuerte Doña Toñita, que no hubo otra que cerrar la panadería por el repentino cambio de clima— Dijo Nana Dionisia llegando con una pequeña canasta llena de pan de dulce y bolillos —Por cierto, mi niño, ¿estas bien?— Preguntó Dionisia con preocupación a Leo, que este asintió mientras Toñita miro confusa y Nando ni prestaba atención ya que estaba comiendo un bolillo que trajo Dionisia.

—Porque el último cliente que atendí me dijo que afuera cayó un rayo cerca del árbol que llega a su cuarto y que tú estabas afuera en el balcón, y me preocupe que el rayo te había lastimado— Dijo Dionisia que causo que su abuela se asustara.

—No te preocupes, solamente me asuste, pero estoy bien Nana, gracias por la preocupación— Dijo Leo dando una cálida sonrisa y Dionisia también sonrió, y Toñita suspiro, entonces todos empezaron a comer, bueno Nando ya había empezado a comer.

—Por cierto, Leo, ya descubriste quién es tu admirador que te envía rosas en las mañanas— Dijo Dionisia divertida para crear un ambiente divertido que causo un enorme sonrojo a Leo, su abuela soltó una risa divertida y Nando casi se ahoga con su atole de chocolate caliente.

—Nana!!— Grito Leo avergonzado con la cara roja como un tomate, mientras las chicas se reían y Nando lo miraba con recelo —Pero aún no— Dijo Leo aún rojo y sin mirar a los mayores, los adultos miraron picara y Nando muy furioso.

—Cómo?! Alguien te envía rosas misteriosamente?! Si es así, espero que no sea un chico, porque ni muerto dejaré que salgas con él— Grito Nando levantándose del asiento.

—Fernando San Juan! Siéntate!!— Grito Toñita enojada a su nieto mayor y este se sentó molesto —Tu hermano tiene el derecho de salir con alguien, sin importar si es varón o mujer— Dijo Toñita calmada y mostrando apoyo a Leo, y Leo este sonrió con cariño.

—Es que el chisguete aún es muy chico para andar con alguien y que hay de esa amiga que conoció en Guanajuato— Excusó Nando para ver a su hermano menor.

—No recuerdas?— Dijo Leo serio a su hermano y este se negó —Valentina ya tiene pareja hace más de un año Nando— Dijo Leo con seriedad que causo que Nando se sorprendiera y quiso preguntar, pero Leo hablo —Fue el día que tenías prisa para ir a tu cita con la chica que se parece a Teodora y también ese mismo día recibí una carta de Valentina que escribió que ya empezó a salir con alguien— Para seguir comiendo

Lo cual Nando se quedó pensativo hasta que logró recordar que ese día tenía tanta prisa para llegar a su cita que no había escuchado a su hermano decir a todos que su amiga ya tiene pareja y está feliz por ella.

—Ahhh, pues en mi defensa no presté atención— Excusó Nando, que nadie se creía —Pero aún pienso que eres demasiado joven para que tengas una cita con alguien y ahora que me acuerdo por eso tenemos ese florero con ese enorme ramo de rosas y en unas cuantas más explotaría el florero— Dijo Nando molesto señalando el florero de un enorme ramo de hermosas rosas rojas —Yo pensaba que era tuyas abuela— Dijo Nando mirando a su abuela con esperanza que dijera que si son de ella.

—Me encanta las rosas Nando, pero no son mías, son de Leo, hace casi dos años Leo recibe rosas misteriosamente, por lo que conseguí un florero para que Leo pusiera sus rosas, pero creo que debemos conseguir otro florero— Dijo Toñita a su nieto mayor y dándole la razón en la parte que pronto va romper el florero por la enorme cantidad de rosas que hay —Dionisia, mañana temprano vamos a la plaza a conseguir otro florero— Pidió Toñita que Dionisia asintiera sonriente —Leo, te puedo encargar de la panadería mientras no estamos— Y Leo asentía forma aprobatoria, lo cual Nando no se quejó, ya que el mismo sabe que a veces es muy descuidado.

En unos minutos después, todos terminaron de cenar, recoger la mesa y lavar los platos, los hermanos San Juan se fueron a su habitación no sin antes de decir buenas noches y dar un enorme abrazo a su abuela, al llegar a la habitación se cambiaron por unas pijamas para dormir, Nando pensaba fingir dormir para atrapar al quien coquetea a su hermano pero terminó durmiendo de verdad y empezó a roncar como oso mientras que Leo estaba sentado en su cama leyendo un libro y cuando checo que su hermano mayor se durmió, aprovecho para poder hojear un poco su libro y encontrarse con una pequeña hoja doblada y tomarlo.

Toda la familia y su hermano reciente sabe que recibe rosas en las mañanas al despertarse, pero no saben es que junto con las rosas también recibe una pequeña hoja que en ella está escrito una hermosa poesía que los guarda secretamente en una pequeña caja dentro del armario, pero la que tiene guardada con él es de la primera vez que lo recibió junto con sus primeras rosas.

Fue unos meses después de derrotar al Charro Negro y volvió a Puebla, en la mañana cuando se despertó en su mesita de noche había dos hermosas rosas rojas atadas con un lazo rojo junto con una carta, se levantó y se cambió, al tomar las rosas y la carta pensó que talvez era para otra persona pero al chequear la carta decía que era para él, guardo la carta en su chaleco y se llevó sus rosas, al bajar se encontró con su abuela y Nana haciendo pan para vender, pues varias razones vieron a Leo con las rosas y atacaron a Leo con varias preguntas, después de ese incómodo momento su abuela le dio un florero para que él pudiera dejar su rosas.

Unas horas después cuando se encontraba solo en el mostrador aprovecho para leer la carta y lo que decía, no lo podía creer:


"Tu hermosa piel de color canela combina perfectamente con las rosas de mi fuente,

tu cabello se ve tan suave que siempre siento la sensación de poder acariciarlo,

tus ojos de color avellana son tan hermosos que no puedo dejar de pensar en ellos,

tu sonrisa, es tan bella que haces que mi corazón se llene de calor y de felicidad,

tu corazón tan puro como tu alma que iluminas a todos a tu paso, eres perfecto,

tu eres el dueño de mi corazón, me he enamorado de ti, y no sé cómo, pero no puedo negar este sentimiento y quiero estar a tu lado que me sonrías, poderte abrazarte y sentir tus labios sobre los míos, quiero todo de ti"


Al terminar de leerla no pudo evitar sonrojarse por el contenido, aunque temía que fuera falso o una especie de broma y por alguna razón la letra le parecía familiar.

Siempre lo guarda ya que hace su corazón latir al leerlo, lo llena de cariño y protección, pero procura no ilusionar, pero lo más principal, quien lo envía y como logra enviar sin que nadie se diera cuenta.

Ya que siempre ha preguntado a sus vecinos si han visto alguien entrar a la panadería por la medianoche, pero todos responden que no ha visto a nadie entrar a esa hora, además quien estaría merodeando a esas horas. Pero si han escuchado sonidos de un caballo cerca de la panadería en la madrugada, pero nunca han tenido el valor para ver que era.

Leo sospechaba que no era alguien que estaba vivo, pero cuando dijeron que habían escuchado sonidos de un caballo se asustaba que podría ser el Charro Negro, pero descartaba esa idea.

Por dos razones: en primera, sabe que es por su don de ver lo sobrenatural que hace su heredero y como ya no tiene el don, entonces ya no tiene del porqué buscarlo; Y segunda porque el gran Charro Negro, el terror de Nueva España que ahora es México, se fijaría en alguien como él, un chico tan común y corriente.

Así que decidió dejar un lado el tema, y guardo la carta dentro de su libro para ponerlo encima de su mesita de noche y por fin acomodarse para dormir, lo cual estaba tan cansado que no tardó mucho en quedarse dormido.

Pasaron horas y faltan muchas horas para amanecer, el joven Leo se encontraba durmiendo con tranquilidad o eso era, hasta que empezó a sudar y removerse en la cama con desesperación, sin notar que empezó a soltar pocas lágrimas.

En las sombras cerca de la cama de Leo apareció una energía negra que pronto tuvo forma de un hombre vestido de charro, el hombre estiro su brazo hasta que su mano oscura se posó en el brazo del menor, se sobresaltó dando entender que la mano del mayor estaba helada, pero no se molestó, el mayor decidió acariciar el brazo con cariño y se acercó al oído del menor.

—Shhh, tranquilo, no te asustes mi pequeño, estoy aquí— Susurro con amor en el oído del menor, gracias a eso Leo se calmó y sin notar sonrió.

El mayor era el mismísimo Charro Negro que ahora estaba sonriendo y no uno de diversión, sino estaba dando una sonrisa real de felicidad, se aliviaba ver que Leo se tranquilizó y le encantaba que estuviera por fin durmiendo tranquilo.

Si, el Charro Negro es quien enviaba las cartas y las rosas a Leo, ama a Leo más que a nadie y quiere conquistarlo, ganar su corazón.

Después de un pequeño rato consolando a Leo, tomó la cobija y lo cubrió para que no tuviera frio por lo que queda aún de noche y le dé un resfriado mientras jugaba algunos mechones de Leo, le encantaba ser eso ya que su cabello es tan suave como lo imaginaba y era lo único que puede relajarse y expresar su amor y cariño sin la necesidad de besarle sus labios.

No quiere decir que no piensa en querer besarlo, le urge sentir la suavidad de sus labios, probarlos, pero no quería besarlo mientras duerme, él quería que estuviera consciente para poder probar sus labios y si el no acepta pues respetaría su decisión, porque lo ama y quiere verlo feliz a pesar de que podría doler que no lo corresponda.

Pero quiere intentar ganar su confianza para al menos dejar que lo proteja, se levantó y dejó una rosa junto con otra carta en la mesita de noche, decidió ver nuevamente a Leo que descansaba tranquilamente en su cama, con eso sonrió.

—Pronto nos veremos nuevamente Leo San Juan y esta vez lo que quiero es estar tu lado para protegerte y dar todo mi amor para que seas feliz— Pensó el Charro Negro antes de convertirse en energía negra y desaparecer entre las sombras.