Capítulo Único

Itadori Jin se esforzó por ser un marido amoroso y ser un buen padre. Por eso es desconcertante que se descubriera que engañó a su prometida a meses de casarse.
El secreto estuvo oculto por más de una década hasta que recibió una llamada de Gojo Airi, la mujer con la que tuvo una aventura, revelándole que quedó embarazada de él y pidiéndole que cuide de su hijo porque en cualquier momento ella moriría a causa del cáncer.
La vida «perfecta» que Jin había construido podría derrumbarse si comprobaba que aquel chico era su primogénito. Los tabloides lo van a devorar, la junta cuestionará su liderazgo, su esposa e hijo lo odiarán. Qué idiota, no debió consumir cannabis. Era su primera vez probando drogas y, aunque fue un viaje agradable, terminó en el asiento trasero de su Ford Mustang con una mujer que conoció en el club.
Creyó que nunca volvería a verla. Pero el destino planeó otra cosa.
Transcurrieron unos días y por fin obtuvo el resultado de la prueba de paternidad en sus manos. El miedo lo corroe y los músculos de su cuello están tensos por el estrés. Jin respiró profundo y se dirigió al final de la hoja.
El señor Itadori Jin, es incluido como padre biológico del menor Gojo Satoru, esta conclusión se fundamenta en los resultados de la prueba genética obtenida por el análisis de ADN, en donde la probabilidad de paternidad es de 99,9%.
Jin cerró los ojos, lamentándose del resultado.
Dos días después de la confirmación de la paternidad, Airi falleció en la cama de un hospital con su hijo sosteniendo su mano.
Es cierto que Jin es un maldito infiel, pero no va a abandonar a un hijo.
Satoru se graduó de la preparatoria hace poco, consciente que su pésima situación económica no le permitiría estudiar en una prestigiosa universidad. A él nunca le importó saber sobre su padre y no es como si a su madre le gustara tocar el tema, así que para él se trataba del típico caso del padre que huye de sus responsabilidades. Cuando su madre le confesó quién era su padre y cuáles fueron las circunstancias que la llevaron a relacionarse con él, el chico estaba anonadado.
Por su mente jamás se cruzó la posibilidad de que su progenitor fuera uno de los hombres más adinerados del país. Además, está casado y tiene un hijo que es dos años menor que él.
Luego del funeral de Airi, Jin le dijo a Satoru que se haría cargo de él y que a partir de ese momento viviría en su hogar, con su familia. No es como si el adolescente dispusiera de muchas opciones y mudarse a una mansión es infinitamente mejor que quedarse en un pequeño y cutre apartamento. Adicional a eso, tiene la oportunidad de ingresar a la universidad que quisiera.
Itadori Kaori quedó devastada los primeros días al enterarse de la traición y que el hijo de esa aventura viviría bajo su techo. Cuando estuvo más calmada, asimiló la situación y reflexionó que Satoru no tenía la culpa. No obstante, eso no significa que perdonaría a su esposo. Nunca volvería a confiar en él. Por supuesto que pensó en el divorcio, pero el amor que siente por él y los hermosos momentos de su matrimonio influyeron en su decisión de seguir casada con Jin.
El que sí estalló de rabia fue el hijo legítimo de los Itadori. Yuuji no daba crédito a la terrible situación. ¿Cómo es posible que su padre, la persona que más admira, haya traicionado a su madre? Tampoco podía creer que tuviera que convivir con un desconocido que afirman que es su hermano mayor. Un hermano que es producto de esa traición.
Para Yuuji, Satoru era un intruso y nunca lo aceptaría como su hermano. Ese chico no era nada para él.
Ni el paso de los años ayudó para apaciguar el rencor de Yuuji y a Satoru, sinceramente, le importaba una mierda que su medio hermano lo detestara.
Entonces la tragedia golpearía a Yuuji cuando sus padres murieron en un accidente aéreo y le gustara o no, Satoru era su único familiar. Por orden del testamento de su padre, Satoru se quedaría en la mansión Itadori y heredaría una parte de la empresa, mientras que Yuuji se convertiría en el CEO.
Las discusiones entre ambos se volvieron más frecuentes y pese a que Satoru podía irse y seguir su vida gracias a su sueldo como médico cirujano y herencia, permaneció al lado de Yuuji.
Actualmente, con veinticinco años y veintitrés años, parece imposible que se lleven bien.
—¡¿Qué mierda te importa que siga trayendo mujeres aquí?! —exclamó Yuuji, con sus ojos marrones observando con furia a un hombre alto—. ¡Esta es mi casa y yo hago lo que se me dé la puta gana!
—Por si se te ha olvidado, esta también es mi casa y no quiero seguir viendo a una mujer diferente cada día bajando las escaleras —habló gélido, cruzándose de brazos y entrecerrando sus ojos.
—¿Crees que voy a obedecer tus órdenes? —soltó con indignación—. ¡No soy un maldito perro! Y no eres nadie para darme órdenes.
—Soy tu hermano mayor —dijo Satoru.
Yuuji gruñe.
—¡Te lo he dicho miles de veces, no soy tu hermano! —bramó enrabiado—. ¡Y jamás lo seré!
—Escucha, Yuuji. Ya estoy harto de tu actitud infantil. ¡Somos medios hermanos! ¡Supéralo! —Lo miró exasperante.
—¡No! ¡Me niego a verte de esa forma! ¡No puedo verte de esa forma! —El timbre de enojo en su voz se debilitó con las últimas palabras—. Yo no puedo aceptarte como mi hermano. —Desvía la mirada.
—¿Por qué? —Camina en su dirección, haciendo que Yuuji retroceda—. ¿Por qué no puedes verme como tu hermano?
—Porque… Porque eres un bastardo, la prueba de que mi papá engañó a mi mamá —respondió con titubeo.
—No. —Niega con la cabeza, acercándose más a Yuuji hasta acorralarlo contra el refrigerador. Agachó la cabeza para que sus rostros quedaran a una corta distancia—. La razón es porque no quieres sentir esos sentimientos prohibidos e inmorales.
Yuuji es sepultado por una avalancha de pánico.
—Disculpa, ¿qué? —murmuró.
—Deberías ponerle cerrojo a tu puerta. —Envalentonado, acaricia su mejilla con su dedo índice—. Nunca se sabe quién podría entrar y ver lo que haces con tus manos durante la noche.
—No sé qué carajos estás hablando. —Intenta escapar, pero Satoru lo retiene contra su musculoso cuerpo—. ¿Qué mierda te sucede? ¡Suéltame! —Forcejea.
—Te vi, Yuuji. —Él se detiene y mira estupefacto a Satoru—. Te vi como gemías mi nombre mientras introducías tus dedos e imaginabas que era mi polla —soltó con arrogancia.
—Estás loco. Yo jamás haría algo tan asqueroso. —Tragó en seco y de nuevo trató de huir del fuerte agarre.
—Relájate, también soy hombre y comprendo las necesidades sexuales. —Ladea una sonrisa que electrifica la espalda de Yuuji—. Es más, voy a confesarte un secreto.
Yuuji intenta verse imperturbable, pero está ansioso por la confesión.
—¿Qué secreto? —susurró, estremeciéndose por el cálido soplo que Satoru le envía a su cuello.
Aprieta los puños y trata de controlar las emociones que se desataron por sentir el cuerpo de Satoru contra el suyo.
—Yo también me masturbo pensando en ti. —Yuuji jadeó sorprendido por la revelación. Satoru le sujetó la mano para posicionarla por encima de su entrepierna. La dureza de su polla deja desconcertado a Yuuji—. Cada día es una tortura por no tenerte debajo de mí, metiéndote mi polla una y otra vez.
A Yuuji se le corta la respiración.
—Detente… —Los labios de Satoru se encuentran con su cuello y él gimotea—. Esto no está bien, detente.
—Odio que traigas a esas mujeres. Odio que te acuestes con ellas. —Agarra la parte inferior de la playera de Yuuji, subiéndola para apreciar esos botones rosados—. Odio que les entregues tu cuerpo. —Le arranca un fuerte gemido a Yuuji por la traviesa mano que recorre sus duros abdominales—. Tu cuerpo debe ser mío, solamente mío. —Atrapa uno de los pezones, jalándolo y moviéndolo con cuidado.
—¡Ah! No…, por favor. No hagas esto —rogó para que se detuviera, sin embargo, Satoru hizo caso omiso, divirtiéndose con el pezón y las expresiones sensuales que Yuuji hacía.
«Joder, él es tan follable. Debí hacer esto antes», pensó Satoru.
—Me pides que me detenga, pero tu cuerpo desea esto igual o más que yo. —Obliga a Yuuji a levantar los brazos para enseguida quitarle la playera—. No sigas resistiéndote, quieres esto o de lo contrario ya me hubieras golpeado y largado a tu habitación. —Se aloja en el cuello, deslizando su lengua por la piel bronceada y tersa.
—¡Ah! —Apoya las palmas en el refrigerador—. Satoru, esto está mal… So-somos hermanos…
—Tú has dejado en claro que no somos hermanos. No somos nada —le susurra en la oreja y luego lame el lóbulo. La respiración de Yuuji se vuelve irregular mientras deja de luchar y se queda quieto—. Además, nadie tiene por qué enterarse. Será nuestro secreto.
Yuuji le mira, debatiéndose en realizar la maldita fantasía que ha tenido con su medio hermano desde hace un tiempo. Sabe que es repulsivo y amoral. Sus ojos no deben verlo con lujuria. Pero Satoru es endemoniadamente sexy. Él no puede evitar que su polla se emocione al observar su pecho desnudo cuando se relaja en la piscina. Su amplio pecho, sus abdominales de acero, su espalda fornida, su marca V... Es demasiada tentación.
Ni siquiera follando a cuánta mujer se ofrece a él puede desaparecer su deseo por Satoru. Esta enfermiza necesidad surgió inesperadamente y continuó creciendo.
Los escenarios lascivos con Satoru lo atormentaron más durante su adolescencia. Noche tras noche imaginó que él irrumpía silencioso en su habitación, subía a su cama y lo follaba con rudeza. Deslizar sus dedos o un consolador dentro de su agujero no fue suficiente, Yuuji quería que la polla de Satoru lo desarmara a su antojo.
Ahora su fantasía puede cumplirse.
Satoru está listo para cruzar la puerta. Depende de Yuuji dejarlo entrar.
Se muerde el labio inferior y reuniendo el coraje, consigue que la espalda de Satoru choque contra el refrigerador. A continuación, se pone de rodillas, bajando los pantalones de chándal de color blanco, mirando con asombro la polla larga y gruesa que sale al descubierto. Yuuji siempre pensó que su hermano era grande y no se equivocó. Coge la polla mientras que dos dedos de la otra mano se dedican a acariciar en círculos la raja del glande. Se maravilla con el líquido preseminal, alza la mirada y le sonríe pícaro a Satoru. Se introduce los dedos en su boca y saborea el fluido.
Las sensaciones viajan como una montaña rusa en el cuerpo de Satoru. Sus ojos cerúleos contemplan hambrientos como Yuuji lame su erección, manteniendo el contacto visual con él. Complacido por su lengua, su polla se pone más dura.
Yuuji está en las puertas del cielo, tantos años ocultando sus sucios sentimientos y al fin puede tener a Satoru. Su parte racional y moral le gritan con severidad que debe tenerse. Yuuji consigue callar esa molesta vocecita y sigue lamiendo como si de una paleta helada se tratara. Su cuerpo empieza arder de pasión e intuye que Satoru se encuentra en la posición.
Satoru quería que su hermano se dejara de rodeos y se metiera su polla hasta el fondo de su garganta. Yuuji lo observa divertido, después simula abrir la boca y Satoru aprieta los dientes al ver que la lengua de Yuuji continúa patinando sobre el glande. La pequeña mierda está jugando con él.
—Maldito seas, Yuuji —masculló, enredando sus dedos en las hebras rosadas y tirando de ellas con vigor, ganándose un quejido de dolor de Yuuji—. Abre esa maldita boca y chúpame la polla.
Sin vacilar, Yuuji acata con la orden y pronto la gran erección de Satoru se aloja en lo más profundo de su garganta. Sus uñas se clavan en la cintura de Satoru, esta era la primera vez que realizaría una mamada y la polla de su hermano es mucho por manejar. Yuuji lo tomó como un reto y relajó los músculos de su garganta. Se sorprendió de no sentir las terribles arcadas y lanzó un agradecimiento a cualquier divinidad por su inexistente reflejo nauseoso. Yuuji apretó el muslo de Satoru, indicando que procediera a embestir su boca.
Satoru le lanza una mirada en plan «¿estás seguro?», y Yuuji gira los ojos como diciendo «solo hazlo, puedo con esto». Satoru sonríe socarrón y sus hermosos ojos brillan con perversidad.
Las caderas de Satoru se balancearon de adelante hacia atrás con un ritmo parsimonioso; lo que menos quiere es ahogar a Yuuji. Está siendo considerado porque sabe que Yuuji no ha estado con hombres y no quiere que su primera mamada termine en asfixia. Era jodidamente sicalíptico ver cómo Yuuji se tragaba su polla sin problemas, como si su boca fuera hecha para esto. La libídine refulge en sus ojos y le parece adorable el rubor que cubre sus pómulos. Aun cuando su mente ha caído en la cuneta, su subconsciente pudo ladrarle que lo que estaba haciendo con su medio hermano era un terrible y asqueroso acto. Si bien ellos no se criaron desde niños y Yuuji se rehúsa en considerarlo su hermano mayor, la realidad es que comparten ADN y esto es incesto en su mayor esplendor.
Satoru se percató que Yuuji había alcanzado su límite en tomar su erección, así que se retiró de su cavidad bucal. Yuuji cogió aire y Satoru le dio tiempo de reponerse. Asegurándose de que Yuuji recobró sus sentidos y su respiración regresó a la normalidad, agarró sus manos y tiró de ellas para levantarlo. Llevó el pecho de su hermano contra la isla de la cocina, luego deslizó sus pantalones hasta sus tobillos, alzó cada pie para desprenderse de la prenda y la arrojó en alguna parte.
Al igual que Satoru, a Yuuji le dio la gana de no usar bóxer.
—No tengo lubricante a la mano y no me apetece subir al dormitorio para conseguirlo —expresó Satoru, quitándose los pantalones y de inmediato se arrodilló sobre las baldosas blancas—. Tendré que hacértelo crudo.
—Espera, no tienes que… ¡Aaah! —gimió por el repentino lengüetazo a su glúteo—. Sa-satoru, ¿qué planeas hacer?
—Voy a lubricarte con mi boca. —Retiene una sonrisa burlona y procede a mordisquear el culito sexy que se cargaba su hermanito—. Lindo trasero. Es grande y suave. —Le da una nalgada y deja una marca rojiza, causando que Yuuji grite por el dolor—. Oh, veo que eres sensible aquí, ¿eh?
—Realmente lo estás disfrutando —dijo irritado—. Supongo que estás emocionado por convertirme en tu juguete personal.
—Tú quieres ser mi juguete personal. Has estado tentándome por años y no seré responsable por lo que voy a hacerte, hermanito.
Yuuji volteó su cabeza para observarlo.
—No me llames así —soltó, frunciendo el entrecejo—. Y menos en la situación en la que nos encontramos.
—Yuuji, debes aceptar la verdad. A pesar de que Jin nunca reveló que soy su hijo y me hizo pasar por su ahijado, no cambia el hecho de que seamos medios hermanos.
Suspirando hastiado, Yuuji retoma la palabra.
—Te has cargado el momento. No quiero seguir con esto, suéltame.
—Quieto. —Lo detiene, agarrando con firmeza sus caderas—. Prenderé el ambiente otra vez.
—¿En serio? —pregunta con rostro aburrido—. Dudo que vayas a… —sus palabras mueren cuando sus nalgas son divididas. La cálida y húmeda lengua de Satoru patina sobre su agujero—. Jodeeerr… —gime, y de repente sus piernas se sienten débiles y tiene que sostenerse de la isla.
El momento erótico resurge con la habilidosa y traviesa lengua de Satoru paseándose de abajo hacia arriba sobre su entrada. Azorado por la nueva experiencia de un beso negro, Yuuji cierra los parpados, dejándose arrastrar por las corrientes del placer. Envalentonado, Satoru abrió el agujero y escupió para alojar su dedo dentro. Unos segundos después, otro dedo se inserta y Satoru estira las paredes con movimiento de tijeras.
La mente de Yuuji se convirtió en nebulosa, los pensamientos coherentes mueren y entra en una zona placentera. Diversas sensaciones asaltaron su cuerpo, transformándolo en un desastre de gemidos. Los largos dedos de Satoru lo deleitaron de una manera inimaginable, ni siquiera el sexo vaginal lo había llevado a tal extremo.
No. No solo se trataba de saciar sus deseos carnales por su hermano. Había mucho más en juego. Sin embargo, Yuuji no estaba listo para abrir esa lata de gusanos. Al menos no en este momento.
La preparación parece mágica, Satoru realmente sabe qué movimientos hacer y qué zonas tocar con precisión. Cada rincón de su cuerpo se enciende y empieza a desesperarse. Le gustan los juegos previos, pero ha esperado demasiado y quiere acelerar las cosas. Por eso suspira aliviado cuando Satoru retiró sus dedos y se incorporó.
Gimiendo gutural, Yuuji sintió el líquido preseminal cuando la cabeza de la polla se situó en su entrada. Como el interior de Yuuji es estrecho y la saliva no era tan eficiente como el lubricante, Satoru requirió de una fuerte embestida para meter la mitad de su polla, lastimando un poco a Yuuji en el proceso. Se compadeció del grito de dolor que soltó y besó su nuca como disculpa. Aspiró profundo y continuó empujando su longitud, luchando por no herir otra vez a su hermano. El esfuerzo dio frutos y la dura polla se metió hasta lo profundo.
Satoru escuchó los quejidos incómodos de Yuuji y giró su rostro para besarlo con cariño. Ambos habían imaginado que su primer beso sería alocado y apasionante; fue todo lo contrario. Los labios de Satoru atraparon los labios de Yuuji de manera dulce y gentil. Experimentaron una euforia por unir sus cuerpos. Es retorcido, sí. Y también es maravilloso y se siente tan bien.
El beso no cesó y Satoru empezó a dar leves embestidas. Yuuji separó sus labios y le dio acceso a su lengua para situarse en su interior. Sumergió su lengua en su cálida y húmeda boca, entrelazando su lengua con la suya, probando los rincones de su suave cavidad oral y saboreando el aliento mentolado. Echando un vistazo a la postura de Satoru es obvio quien tiene el control, manteniendo a su hermano a su merced. No obstante, los latidos frenéticos de su corazón demuestran el estallido de felicidad de poder tener al hombre que se apoderó de su mente, se convirtió en su fantasía prohibida y robó su corazón. Quiere que esto dure para siempre. Ser el único que posea su cuerpo una y otra vez. Está seguro de tomar el riesgo y enfrentarse a las consecuencias de este amor indecoroso.
Por tener a Yuuji está dispuesto a todo.
La temperatura comienza a ascender y Satoru aumenta el ritmo de las penetraciones. Yuuji ignora la quemadura por ser abierto con fuerza como un campeón, y se enfoca en la increíble boca de su hermano, a la vez que ahoga sus gemidos y disfruta las embestidas.
Separaron sus bocas y un hilo de saliva se estira entre ellos.
—Joder, estás muy apretado —susurró, embistiendo más rápido por la increíble sensación de estar empujando dentro de él—. No tienes idea de cuánto he deseado estar dentro de ti. —Una de sus manos baja y sujeta la polla de Yuuji mientras que la otra mano atrapa su pectoral grande para acariciarlo—. Para ser la primera vez que tienes sexo anal, estás tomando bien la polla de tu hermano.
—¡Agh! —soltó ásperamente, apretando sus puños y gimiendo como si no hubiera un mañana.
—¿Qué sucede? ¿Acaso te ha excitado que te diga eso? —preguntó taimado, trazando círculos en la punta del glande con su pulgar—. ¿Te excita mucho saber que es la polla de tu hermano la que te está follando?
—¡Satoru, cállate! —le ordenó, pero Satoru se ríe, impulsando con vigor su gruesa polla dentro y fuera de su agujero—. ¡Ah, ah, ah!
—Eso es, Yuuji. Siente la polla de tu hermano, siente como te la meto una y otra vez. —Yuuji lo deleita por medio de un coro de gemidos impúdicos que resuenan entre las paredes—. Eres una puta, poniéndote cachondo por tener la polla de tu hermano en tu culo.
—¡Joder, Satoru! ¡Tu polla me va a partir en dos! —clamó agitado. Está abrumado por el bombeo a su erección y las duras estocadas a su cálido interior—. Esto está mal… Lo que estamos haciendo está mal… —reflexiona entre jadeos—. Pero se siente bien… Se siente tan bien que estoy enloqueciendo. No pares, por favor.
—Sí, esto está mal. Pero no me importa y tampoco las consecuencias que vendrán a futuro. Yo te quiero para mí, Yuuji. Eres mío. Mío. —Mordisquea el lóbulo de la oreja y enseguida acelera el movimiento de sus caderas.
—Encima que estás follando a tu medio hermano, también eres un posesivo de mierda. —Exhala una bocanada de aire—. Debería darte vergüenza… —Goza de la llamarada que se asienta en su vientre y enardece el resto de su cuerpo—. Follar el agujero de tu medio hermano… —gime—. Eres un jodido degenerado…
—Puedo ser un degenerado, pero tú eres una puta desvergonzada. —La pasión está tan avivada entre ellos que han decidido despotricar sus lascivos pensamientos—. Gimiendo desesperado por mi polla, sabiendo que somos hermanos.
—Soy una escoria por disfrutar esto —lanzó un grito al sentir el glande golpear su próstata—. ¡Joder!, ¡justo ahí!, ¡se siente increíble ahí! —gime desenfrenadamente—. Tu monstruosa polla me transformará en sátiro de tanto placer…
—Mierda, Yuuji. Tu agujero me está succionando tan bien la polla que no aguantaré mucho y me correré en tu interior. —Esa información hace que las paredes de Yuuji se aprieten y empiece a empujar hacia atrás para ayudar a profundizar las penetraciones—. Oooh. —Se ríe—. Eso quieres, ¿eh? ¿Quieres que tu hermano llene de semen tu agujero descarado?
—¡Sí! ¡Córrete dentro! ¡Hazlo, lo deseo tanto!—Las lágrimas se aglomeran en el borde de sus ojos, su rostro está ardiendo y unas gotas de sudor escurre por sus sienes.
—Qué puta tan linda resultaste ser. —Da varios besos sobre sus omóplatos—. Ya has esperado suficiente. Te daré todo.
Satoru empuja su polla con intensidad mientras bombea la erección palpitante de Yuuji. Los sonidos que produce el golpe de sus pieles son una oda obscena y hermosa. Tanto Yuuji como Satoru se aproximan al clímax. Yuuji gime más fuerte, sus mejillas empapadas por las lágrimas de placer debido a la sobrecarga de dopamina y la tensión que se genera en su ingle. Satoru lo folla áspero, rápido y desesperado, lo que significa que casi ha llegado a su límite. Después de unas profundas embestidas, Yuuji es el primero en correrse, gime el nombre de su hermano y vierte su semen en la mano de este. El orgasmo de Satoru ocurre de inmediato porque las paredes cálidas de Yuuji lo presionan con fuerza. Coloca su frente sobre la nuca de su hermano y expulsa hasta la última gota de semen dentro de él.
—Quédate… —El débil susurro de Yuuji saca a Satoru de su estado postorgasmo—. Quédate conmigo, Satoru…, eres lo único que tengo —suelta un sollozo y las siguientes lágrimas que brotan son de dolor y miedo.
Por un instante, Satoru queda paralizado. Esta es una faceta que jamás vio en su hermano. Yuuji siempre se levantaba luego de que el mundo pusiera carga tras carga sobre sus hombros. Incluso superó las expectativas que sus padres tenían de él. Su radiante y amable sonrisa no desapareció ni con la muerte de sus padres. Secretamente, Satoru lo admira y lo apoya.
Pero el Yuuji que tiene contra la isla de la cocina es un joven vulnerable que tiene el corazón roto. Satoru sospecha que una de las cicatrices que posee su corazón es por su culpa. De ser cierto, él debe tomar la responsabilidad.
Sale del interior de Yuuji y lo voltea.
—Siempre estaré contigo. Te lo prometo, Yuuji. —Seca sus lágrimas con cuidado y besa su frente—. Nadie sabe que somos hermanos y así se mantendrá.
—¿Y qué sucederá si alguien lo descubre? —preguntó angustiado—. No quiero que desconocidos juzguen mi amor por ti.
Satoru sonrió.
—Estaremos bien. Me aseguraré de que nadie se interponga entre nosotros. —Sus nervudos brazos lo envuelven protectoramente contra su pecho—. Ahora que eres mío, no voy a dejarte ir.
—No iré a ninguna parte. Mi lugar está junto a ti. —Sube la mirada, contemplando esos iris que lucen como una galaxia—. Yo te amo, Satoru. Siempre lo hice y lo seguiré haciendo hasta mi muerte.
—No. Ni siquiera la muerte podrá acabar con este amor. —Presiona su frente con la de él—. Te amo, te amo, te amo.
Sus labios se unen en un suave beso que rápidamente se transforma en uno apasionado, absorbiendo el amor que se profesan.
Sellando de este modo un amor prohibido.