Prólogo
Kevin y Julián habían quedado de pasar un rato en casa del argentino, medio argentino según el ya que uno de sus padres era de acá, México, Kevin se decía solo mexicano ya que apesar de que también tenía un padre de Argentina y otro de México siempre paso su vida en el segundo y lo único que tenía de argentino era su papá.
Iban caminando, el calor era todo un infierno así que Kevin agradecía que ese día solo se decidió por un pans deportivo y una camisa azul que le quedaba algo holgada mientras que apesar de que su amigo tenía unos shorts deportivos la sudadera no era de mucha ayuda, no podía quitársela porque decidió justo no ponerse playera, no tenía ninguno agua así que ya esperaban morir deshidratados antes de llegar a casa de los Ochoa.
Pero lo consiguieron, llegaron y pasaron a la cocina donde se encontraron con Lionel cargando a uno de los hermanos de Julián, Ciro de un año y en la mesita estaba Lucciana de seis años dibujando.
— Buenas tarde señor Lionel –saludo Kevin.
El argentino al esc har la voz del amigo de su hijo lo vio con una gran sonrisa.
— ¡Nahin! Que bueno que venís ¿Cómo les fue hoy?
Julian saludo rápido a sus hermanos y a su papá, sirvió dos vasos de agua y se subió corriendo para cambiarse.
— ¿A ese bobo que le sucede? –pregunto Lionel viendo como su hijo corría como si dependiera de algo, Ciro estaba dormitando y el seguía moviéndole a la carne que estaba en el sartén.
— Hace calor y no podía quitarse la sudadera, según yo a Julián le fue bien en la escuela.
— ¿Y a ti Kev, cómo te fue hoy?
Este sonrió, normalmente ninguno de su padre le hacía esa tan sencilla pregunta, sintió su corazón un poco blando.
— M-Me fue bien ¿A usted?
— Acá con este niño dormilón y una hija que finge hacer tarea pero la acabo de ver qué está con el iPad.
Lucciana en ese momento brinco dejando el aparato a un lado y siguiendo con la tarea apesar de que no le entendía, no pasaron ni tres segundos cuando se rindió ya que sabía que no iba a entender nada de lo que estaba escrito en su cuaderno.
— ¡No entiendo esto! Las números son muy difíciles...
La familia lidiaba con una pequeña que apenas había entrado a la primaria y no siempre tenían tiempo para explicarle, Lío suspiro sabiendo que tendría que esperar a que su esposo llegara y le ayudará, era el plan original pero quería ayudar para que no tuviera tantas cosas que hacer Guillermo cuando llegara tan cansado del trabajo pero al parecer no iba a funcionar.
— ¡Keeeeeeev! –hablo la pequeña alargando la "e", Álvarez se dirigió a ella para escucharla– ¿Tu si sabes de números?
Este hizo un sonido afirmativo, ya sabía a dónde quería llegar la pequeña, a decir verdad era bueno enseñándole a los pequeños, le había enseñado a sus primos pequeños.
— Si tan solo tuviera a alguien que me enseñará de números... –dramatizo Lucci, apesar de que Julian luego también le ayudaba ahora mismo quería la ayuda de Kevin.
— ¿Hasta que número te sabes?
— Hasta el... –saco sus manitas y enseño ocho dedos– y tengo que aprenderme hasta el quince.
— No hay problema, yo te ayudo, es fácil.
— Ay Nahin cómo crees, no es necesario, llegaste para pasar tiempo con Juli –hablo Lionel siguiendo con el otro complemento de la comida, puré de papá.
— No me molesta señor Lionel, me gusta enseñar y no tardamos más de media hora, se lo aseguro.
Apesar de que el mayor no estaba muy convencido acepto y agradeció, Julian al bajar se encontró a su mejor amigo nuevamente siendo robado por Lucciana, no le molestó ni un lo más mínimo y se sentó en la sala para esperar a que su amigo terminara de explicarle a su hermana.
Cómo lo dijo, en media hora Lucciana ya estaba saltando de felicidad contándole a su papá del uno al veinte, alcanzó el tiempo para enseñarle cinco números más.
Lionel le agradeció infinidad de veces y este solo sonrió feliz de lo emocionada que se veía la menor, con eso se fue con Julián a la sala para ver una película nueva que había salido, prepararon palomitas, cuando está acabo justo llegó Guillermo, llegaba un poco temprano hoy.
— ¡Llegué! –grito Guillermo desde la entrada y Lucci corrió hacia el– ¿Esa emoción mi niña?
— ¡Kev me enseño a contar del uno al veinte!
Era normal que hasta ahí aprendiera, apenas había entrado a la primaria.
Guillermo la cargo y sonrió.
— Pero que amable que es Kevin me cae.
Cuando llegó al comedor lo recibió Ciro corriendo hacia el y Lío detrás para que su bebé no cayera, lo cargo y le lleno de besos mientras Lionel sonreía, despues lo saludo a el.
— ¿Quieres comer ya cielo?
— Estaría bien ¿Y Juli?
— En la sala con Kevin, les diré para que vengan a comer.
Pero se les adelantó Kevin asustado ya con su mochila con intención de irse.
— ¿Y la prisa? –pregunto Lionel mirando al adolescente.
— Es que tenía que llegar a las seis y ya son las seis y media, perdón por hacer la grosería, me hubiera gustado quedarme...
— ¿Quieres que te lleve? –pregunto Guillermo.
Su casa no estaba lejos, unos diez minutos corriendo y estaría ahí.
— No gracias, ¡Provecho! Gracias por todo.
Casi corriendo se fue de la casa, Julian en la comida vio que su amigo volvía a ser tema de conversación.
— Tenía un rasguño nuevo –hablo Lionel mirando a su hijo.
— Me dijo que adoptaron a un gato...
Julian y Kevin llevaban desde primero de secundaria siendo amigos, apesar de solo tener tres años de conocerse eran uno, el año pasado había llegado un Kevin con moretones en los brazos y llorando pidiendo el apoyo de su amigo porque no tenía en quien más confiar.
Nunca le dijo alguna causa por los hematomas, pidió solo un abrazo y apesar de no quererlo por petición de Guillermo se quedó a dormir ahí para estar un poco más tranquilo.
Mientras tanto Kevin no se la pasaba de lo mejor, corrió tanto como sus pies se lo permitieron, al llegar y abrir la puerta se encontró con sus padres.
Saúl lavaba los trastes y Emiliano parecía molestó, al acercarse al primero sintió un miedo.
— Pá'
El pelirrojo no contesto, le estaba aplicando la ley del hielo pero el que no se quedaría callado era Emiliano.
— ¿Te manejas solo pelotudo?
— No papá, perdóname, no vi la hora...
— Tu padre hizo la puta cena por vos, para que no chillaras diciendo que no te prestamos atención y ¿Lo pagas así? Eres toda una decepción Nahin.
Con eso Emiliano lo mando a su habitación y este obedeció sintiéndose culpable, pensó que todo estaría tenso y solo lo ignoraran pero al escuchar la puerta abrirse se emociono viendo a su padre Saúl aparecer.
— ¿Que tragaste como para que se te quitará el puto hambre cabrón? –pregunto el pelirrojo acercándose a su hijo, pasos determinados.
Venía a pelear.
— No pá', estaba viendo una peli con Julián y no vi la hora, solo comí palomitas y ya está.
— ¿QUIEN TE DEJO TRAGAR PALOMITAS NAHIN?
Era alguien estricto con la comida, las palomitas con mantequilla no estaban permitidas en su alimentación, no solo era estricto, estaba algo paranoico, cuando sintió el puño del pelirrojo cerrarse y levantar su mano se intentó alejar.
— NO PAPÁ, POR FAVOR.
Antes de terminar sintió un golpe en el ojo derecho y todo se volvió oscuro.