Mónaco
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Expulsaba el humo del cigarro con tranquilidad, mirando el ancho mar frente a él, iluminado por las tenues luces de la cuidad, una vista preciosa desde el balcón.
El frio aire movía su enredado cabello, tuvo una noche excelente, buenos negocios, buena cena, y una velada cómoda, no tenía quejas el día de hoy.
– Hermoso como las curvas de Mónaco.
Sonrió ante ese comentario, encarando al hombre que lo dijo, sonriéndole con orgullo. Camino un poco acercándose rodeando el cuello del mayor con sus brazos, cortando un poco la distancia.
– ¿Es por eso que te encanta este lugar?
Coqueto, ese era el tono que usaba cuando estaba con su amado, encantado por esa manera melosa y cariñosa forma de ser que solo ellos tenían, solos, sin los medios de comunicación, ni asesores, manager o jefes de equipo, solo ellos, disfrutando un momento.
– En parte. — bajo sus manos a la estrecha cintura, su chico era bello, con un carácter fuerte y dominante, amable y servicial, cautivador ante los ojos de otros. — Los socios quedaron encantados contigo, afortunado de tenerte amor.
– Entonces ¿solo soy un comodín para obtener mas acciones para la empresa?
– Cierra la boca cariño.
Beso eso labios delgados con un sabor a nicotina, lo odiaba. Pero esta noche no protestará, tenían días sin verse, se acerco mas, dejando un nulo espacio entre ellos, disfrutando del toque intimo que se daban, explorando de nuevo ese cuerpo que deseo por días, y que ahora finalmente tiene.
Volvieron adentro, tomándose de la mano, consientes de lo que sucedería, el menor, al estar un poco desesperado, se retiro su playera de ceda, botón por botón, torturando a su amado, deseoso de verlo, quitando la prenda lento y sensual, quedando con su torso a la vista, indicando que estaba listo y seguro de lo que seguía.
Con algo de torpeza, el mayor despojo su ropa, sintiendo la miranda de lujuria que lograba ponerlo tímido pero exasperante a lo que podrían hacer.
Desnudos en la cama se tocaban dando placer al otro, susurrando palabras tiernas y sucias que combinaban con el momento.
– Por favor, no me tortures mas.
Dijo bajito, deleitado por el toque en su intimidad, disfrutando de los dedos en su interior, sin embargo, quería más, deseaba estar unido por completo con ese hombre.
– ¿Lo quieres cariño?
Amaba esa voz ronca, se movió un poco mas, restregando su erección contra el abdomen del activo, gimiendo de placer, arqueando su espalda.
– Si, ¡por dios si!
El mayor sonrió, saco sus dedos del recto del joven, llevándolos a su boca para saborear el sabor del lubricante, imagen que su amado disfrutó ver, excitándose más. Se introdujo lento, sintiendo esas paredes suaves apretarlo, gimiendo bajo el nombre de su chico, informando que estaba tan complacido de estar en su interior.
Con movimientos suaves le hizo saber que era deseado, único, amado y especial, esa noche le demostró que no solo le encantaba Mónaco por sus lujos o su hermosa cuidad si no por qué tomarlo en ese lugar lo hacía sentir libre, no tenia ataduras ni arrepentimientos.
Podía vivir su secreto tan libre y nadie diría nada, por que aquí solo era un empresario rico que pasaba sus vacaciones con su amante.
Siguió con sus movimientos suaves, susurrando lindas palabras al oído, besando la húmeda piel del cuello de su chico.
Era el cielo, tan placentero estar con él, tomarlo, llenarlo de su esencia y dormir a su lado.
– Terminaré pronto amor.
– Dentro, quiero sentirte.
Y así, con un beso tan profundo donde sus lenguas saborearon la saliva del otro terminaron con un orgasmo muy fuerte y deseado.
– Te amo.
– Y yo a ti.
Salió de él, limpio un poco su piel y decidió dormí un poco, el sol se asomaría en algunas horas y debía descansar, hoy en su último día.
Durmieron bien, abrazados, soñando que tenían una hermosa vida juntos y mostraban ante el mundo que se amaban sin parar.
Sin embargo, el día llegó, el menor se removió en las sábanas, notando que estaba solo en esa gran cama, se sentó y miró alrededor, encontrando una nota en el espejo, se puso de pie y la tomo con cuidado.
“Gracias por la hermosa noche en Mónaco, repitamos en Abudabí”.
Río amargo, arrugó la nota y la tiró al suelo, por más que el mayor le dijera que lo amaba y que era él único en su corazón no quitaba el hecho de que simplemente era su amante, el segundo, la revolcada de una noche, no tenía valor, por más que Kim le jurara que si.
Para el mundo era su asistente, un chico sin nada de valor y fácil de remplazar, a escondidas era el amante del jefe, la joya más preciada y el consentido, sin embargo, la esposa era la principal, por más promesas que le hacía nunca se quedaba más de una noche con él.
Siempre se iba antes del amanecer, tenían sexo, dormía un poco y después se marchaba dejándolo como un puta, tirada en la cama con una nota donde le decía el destino de su próximo encuentro, en donde se repetía la acción.
Estaba harto, fastidiado de esa rutina, donde solo era visto como el recipiente de esperma y el comodín del jefe era vago y vergonzoso.
– Repitamos en Abudabí.
Susurró y decidió ducharse para salir y tomar su vuelo de regreso a Londres, donde la sede de la empresa estaba ubicada, y en donde posiblemente vería a su tan amado mayor, quién a pesar de estar en descontento con las actividades y tratos le era imposible no enamorarse cada día, por qué era enfermizo y tóxico.
Llegó a departamento, estaba cansando y deseaba dormir un poco, el vuelo fue más largo de lo planeado y tuvo que hacer una parada inesperada por complicaciones con el avión.
Suspirando se dirigió a su sofá, contemplando su desordenada sala ¿tan rápido había salido? Regularmente no desempacaba, el señor Kim solía citarlo en lugares lujosos y muy apartados de su hogar, teniendo que viajar.
Al inicio era divertido, ser un secreto y solo vivirlo ellos dos, sin nadie que hablara, pero ahora, quería experimentar ese sentir de ser presumido por su pareja, tomarlo de la mano por las calles donde frecuentaba, salir a citas sin tener que ir a un lugar lejano, sin embargo la realidad era otra.
Dispuesto a irse a la cama y descansar, el timbre lo interrumpió, molesto abrió la puerta, encontrando a su querido hermano.
– ¿Que quieres?
– Si hola yo también te extrañe, ¿Que tal el viaje?
Paso al lugar sin recibir invitación, algo muy habitual en él.
– Me alegro de verte, pero, estoy cansado.
– ¿No te gusto como te cogió en esa isla de ricos?
– Mónaco, se llama Mónaco, y para tu información, no fue una cogida, se llama hacer el amor, cosa que tú nunca experimentarás.
– Si como sea, coger, hacer el amor, sexo,o darle la florecita, es lo mismo, hace lo que quiere contigo y se va.
– ¿A qué viniste?
– La cita con el juez es mañana a las ocho.
Sin más se levantó de sofá, le dio un abrazo corto y se fue, dejandolo con un muy mal estado de ánimo, hace más de diez años que había sido víctima de una violación y mañana tenía que declarar en contra de su propio padre.
– Vaya bienvenida.
– La junta es a las diez en punto, tienes que estar cinco minutos antes.
– Lo se, es molesto cuánto lo dices tantas veces.
Kim estaba en su oficina, esperando su amado café, y a su sexi asistente, quién estaba retrasado por casi una hora.
– ¿Lo llamaste?
– Si, dijo que tenía malestar en el estómago y fue al doctor, que tardará algunas horas.
– Bien.
Molestarse por eso era una estupidez, no tenía control sobre el chico, amenos no todo el tiempo, y demostrar que le importaba un poco levantaría la sospecha aún más.
– Si no llega antes del medio día, comunícale que ya no venga.
– Entendido.
Se quedó solo de nuevo, miró el paisaje que se mostraba por el gran ventanal, preguntándose si había tomado las decisiones correctas.
De joven nunca cuestionó a su padre, siempre hacia lo que le pedía, no se oponía a ninguna orden, sin embargo, con el paso del tiempo, dudaba si era lo correcto obedecerlo.
Cuando le informo que tenía que casarse con la hija de uno de sus socios, se opuso, diciendo que no era de gustos normales, diciendo que prefería a los hombres en lugar que a las mujeres.
Y como era de esperarse su padre se opuso, nos dejaría que su hijo mayor fuera esa clase de enfermo mental, ya tenía suficiente con las locuras de su hermano menor, no quería que la imagen de la familia se seguirá manchando aún más.
– Te casarás con Vanessa, y no está a discusión.
– Pero padre, yo no amo a esa mujer, no puedes obligarme.
– Escucha bien. — recibió una bofetada, haciéndolo baje la mirada, sumiso ante él. — Vas a casarte, por qué yo lo digo, tu no tienes valor ni palabra para decir lo contrario, te casarás, tendrás un matrimonio feliz y me darás nietos ¿entendido?
– Si padre.
Él se condenó, por años juzgó a su hermano por ser tan contrario a su padre, por revelarse y hacer que el linaje de la familia de viera manchado, pero ahora, deseaba ser él, caminar por el mundo sin miedo, mostrarse como era, tomar de la mano a su amado chico, pero era cobarde, tanto que huía cada noche, dejando con el corazón roto a ese lindo ser, que apesar de todo, lo sigue mando.
– Teahyung, tu esposa llegó.
– Dile que pase.
¿Cuando se armara de valor y dirá la verdad?
¿Jungkook esperara por él?
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