Prólogo
Taehyung amaba caminar por distintos lugares cercanos al río Han, podía tomar bastantes elementos para crear sus poemas y algunos ensayos, así que como cada tarde de domingo, salía hacia su encuentro con las inspiraciones momentáneas de aquel sitio, sin saber quienes serían sus próximas musas para su futura pieza de arte.
Kim no perdía tiempo, si algo tenía en mente, iba de inmediato por aquello, sentía que el universo era suyo y no estaba muy lejos de lograrlo, porque nadie podía resistirse ante la seducción y las palabras de aquel hombre, que de inmediato hacía caer de rodillas a cualquiera frente a él, era jodidamente mágico.
Estar con él era sentirse prisionero de sus manos aparentando con demasiada fuerza la piel de uno, mientras que por otra parte te atrapaba por debajo como si no hubiera un mañana, que te hacía sentir deseado, y con pequeñas mordidas te hace suyo, de las palabras, ni se diga, todo es una escritura erótica, es como si fuera una máquina de versos cada que hablara.
Era simplemente el deseo más oscuro y el sueño más salvaje que puede haber existido en la historia de la humanidad.