Untold [Spartor]

Sinopsis

De dos amigos inseparables, de una declaracion imperceptible y de las camelias que florecen en silencio

Estado:
Completado
Capítulos:
1
Rating
5.0 1 reseña
Clasificación por edades:
16+

Capítulo 1


Ambos corrían hacia el campo como si no hubiese mañana. Sus risas se hacían oír por todo el valle mientras estos dos jóvenes se empujaban de manera juguetona para ganar una carrera que solo existía para ellos. Justo cuando el mayor estaba a punto de llegar a la meta imaginaria, Sparta jaló de su manga tirándolo al pasto fresco para ganar.

“Oye! Eso es trampa” Gritó mientras el mismo metía su pie enfrente de su amigo para lograr que este se callera al pasto con el. Raptor puso su mano en la cabeza de Sparta para empujarlo más contra el suelo mientras él se levantaba intentando obtener el puesto de ganador, sin notar que el otro había agarrado el borde de su mochila para tirarlo de vuelta. Con ambos en el suelo, empezaron a forcejear el uno con el otro mientras sus risas se hacían más fuertes. Demasiados distraídos para darse cuenta, terminaron rodando hacia una inclinación que los tomó de sorpresa. Ambos cayeron cuesta abajo terminando en una zona desconocida para ambos.

“Mierda” murmuró Sparta al levantarse antes de voltearse hacia Raptor para extenderle la mano y ayudarlo a levantarse. Después de cerciorarse de que su amigo estuviera bien, empezó a analizar su paisaje alrededor. Habían caído en la entrada a un bosque con árboles que tapaban el cielo, ocho cuervos le devolvieron la mirada desde la copa de los árboles y sonidos de criaturas desconocidas los mantenían sordos a la civilización. Después de considerar un rato si era buena idea o no, su instinto de aventura cedió y, después de dedicarle una mirada a su compañero, Sparta apretó su mano mientras empezaba a caminar por donde el bosque le dejara.

Raptor estaba callado, sentía su mente vacía y ligera mientras sus ojos no podían ver más que sus manos agarradas con fuerza mientras Sparta lo guiaba por el bosque sin notar el silencio de su mejor amigo. Aprovechando su concentración en el camino, Raptor movió sus manos cuidadosamente para poder entrelazar sus dedos y, por inercia o conciencia, Sparta correspondió. Esta acción tomó por sorpresa a Raptor devolviéndole a la realidad y soltando su mano por la sorpresa de la acción. Sparta se detuvo al no sentir la mano de su compañero y volteo a verlo levantando una ceja preguntando si estaba bien sin decir ni una palabra.

“Me canse de agarrarte, te seguiré desde atrás” se excuso restando importancia a su previa interacción. Sparta lo miro por un segundo cuestionandolo internamente antes de encogerse de hombros y seguir avanzando en absoluto silencio.

Con el paso del tiempo, terminaron dejando atrás la entrada aterradora que los incitaba a irse y encontraron la belleza del bosque en sus adentros. Decir que era hermoso era eufemismo: Las copas de los árboles acariciaban las nubes, el viento parecía soplar susurros en sus oídos y adonde sea que miraras había vida. Los dos amigos miraban asombrados el paisaje mientras el canto de los canarios los acompañaba y llenaban todos sus sentidos de paz.

De un momento a otro, el silencio invadió todo el lugar con nada más que un chillido de advertencia soltado por un mísero gorrión en lo más alto de los árboles. Inmediatamente, Sparta se puso alerta y se pegó a su amigo buscando con la vista alguna amenaza mientras que Raptor, completamente concentrado en la vista, no le prestó atención.

No tardó mucho tiempo en aparecer en su rango de visión lo que había espantado a los pájaros: era un lince que se acercaba lentamente a ambos. Sparta se quedó completamente callado mientras tomaba lentamente a Raptor y lo jalaba para huir silenciosamente. Raptor no captó el peligro que corrían y preguntó en voz alta:

“¿A dónde me llevas?”

Eso fue suficiente para el animal.

El lince corría con toda su velocidad hacia los dos. Sparta jaló bruscamente a Raptor para apartarlo del camino mientras el felino se lanzaba contra el muro detrás de ellos en un intento de atacarlos. Olvidándose por completo la manera correcta de evitar a un animal peligroso, ambos empezaron a correr en la dirección contraria con todas sus fuerzas. Sparta no se detuvo a ver atrás en ningún momento hasta que llegó a un claro donde terminó tropezando llevándose consigo a su amigo quien soltó un alarido cuando cayó debajo de él.

Ambos tirados en el suelo, se quedaron ahí respirando fuertemente sin decir una palabra mientras recuperaban el aliento. Luego de un momento, Sparta se enderezo antes de tomar a su amigo por la sudadera acercandolo a su cara.

“Estas demente?” grito, mientras lo sacudía lleno de adrenalina, “No puedes simplemente quedarte oliendo las flores en medio del bosque, casi mueres por eso!”

El mayor soltó un gemido de dolor al ser sacudido por su amigo, pues el movimiento hacía que una recién obtenida herida en su brazo entrara en contacto con una rama de un arbusto cercano. Después de varios intentos fallidos de calmar a su histérico compañero, Raptor se enderezo, tirando a Sparta en el proceso.

“Deja de sacudirme inutil, ¿no ves que empeoras mi herida?”

“¿Herida?”

El mayor levantó su brazo enseñando una rasguño semi-profundo sangrante que empezaba en su codo y terminaba en el antebrazo. El menor palideció al ver la piel abierta de su amigo. Inmediatamente, se apartó de él y tomó la mochila que tenía Raptor en su espalda buscando con rapidez.

El menor guió gentilmente a su compañero hacia una roca cercana donde lo dejó reposar mientras empezaba a sacar de una pequeña caja con una cruz roja encima. Varias telas empezaron a rodear la parte de la herida apretando en un pobre intento de formar una compresa para detener el sangrado. Ninguno de ellos dijo algo, cada uno completamente ensimismados en sus propios pensamientos acerca del asunto. Sparta fue el que rompió el silencio.

“Deberías cuidarte más, no puedo pasarme la vida preocupado por ti”

“Nadie te obliga a hacerlo”

“Yo si, me preocupo demasiado por ti,” evitaba mirar a su compañero a los ojos “Es molesto.”

“Se nota que me amas” Bromeo.

“Si claro, como no. Apenas y te soporto“ bufo.

Raptor se acomodo para recostarse en el pasto fresco del claro mientras veía el atardecer en el cielo. Pronto tendrían que terminar su aventura y empezar el camino de regreso si querían llegar antes de que anochezca. Sparta se acostó a su lado en total silencio, llegando a la misma conclusión y queriendo pasar sus últimos momentos admirando la naturaleza.

El claro donde ambos estaban acostados estaba rodeado de plantas donde crecían flores blancas con miles de pétalos formando un círculo: Camelias. Raptor se levantó con una idea en mente y se dirigió al arbusto donde las flores estaban en su mejor estado. Se arrodilló enfrente de la planta dándole la espalda a Sparta para impedir que vea lo que estaba haciendo. Con curiosidad, su amigo se levantó y se dirigió hacia él en total silencio para no interrumpir lo que estuviera haciendo.

Con habilidad, Raptor había cortado varias flores dejando un tallo largo y flexible que trenzaba con delicadeza para formar dos coronas de flores. Sonriendo, Raptor colocó una en la cabeza de Sparta acomodándola para que no le tapara la vista. Después de ponerse la otra en su propia cabeza, se levantó de su lugar y se llevó a su amigo al centro del claro para acostarse en el pasto otra vez. En lo que el mayor había hecho las coronas de flores, el cielo se había oscurecido dejando caer la noche. Los grillos cantaban una canción interminable dando sonido de fondo a los dos amigos disfrutando el tiempo.

“Oye Sparta, la luna está hermosa hoy, ¿no crees?” dijo Raptor en un susurro, mirando a su amigo de reojo.

“Raptor... hoy es luna nueva, imbécil”

Raptor soltó una risa nerviosa antes de girarse por completo para mirar a su compañero.

“Es una frase japonesa”

“Y qué significa?” Sparta imito a Raptor y se acostó de lado mirándolo a los ojos. El solo rio

Lentamente y con cuidado, Raptor tomó la mano de su amigo y la llevó a sus labios, besando con delicadeza el dorso. Un sonrojo casi imperceptible apareció en los pómulos de Sparta, quien tenía la mirada perdida en los ojos de su prójimo. Con nada más que la luna mirándolos, juntaron sus frentes en silencio, olvidándose por completo del tiempo, del lugar y de la hora. Todo su ambiente desapareció alrededor de ellos.

El mayor empezó a acercar su rostro a su compañero con cautela, mientras el menor acariciaba su pelo. Sus respiraciones chocaban entre sí por la cercanía de las bocas de ambos chicos. Fue Sparta quien inició el beso, con la timidez de alguien que no quiere arruinar un momento. Con ambas bocas en contacto, ambas manos entrelazadas y ambos cuerpos juntos, se olvidaron de sus alrededores en ese claro de camelias.