𝚄𝚗𝚘.
Sobre la cabeza de una mesa fina de madera, estaba sentado un varón de rasgos felinos y astutos, con sus manos entrelazadas cubriendo su expresión incómoda por su visita que estaba en el lado contrario de la mesa, con la cara de irritabilidad.
— ¿Qué necesitas, Chris?, no veo dotes sobre mi mesa.— musitó Minho, temiendo de aquel varón que llevaba una cicatriz rojiza sobre su ojo derecho.
Sabía muy bien la razón de su visita, pero se negaba y pensaba en que pronto vería regalos de agradecimiento y costo equivalente a su hermano que había permitido, esposara.
— Por supuesto que no.— señaló con obviedad, sus brazos estaban cruzados con fuerza sobre su pecho.— Quiero anular nuestro acuerdo.
Una pequeña risa incrédula sonó sobre las paredes junto a unos tacones taciturnos que entraban con dirección a las escaleras de marmol en forma de caracol.
— Mamá, Chris quiere anular el matrimonio.— informó.
La mujer que ahora sólo vestía de negro, miró al varón de cabello castaño con sus ojos cansados y rojizos de las comisuras, posiblemente de tanto llorar.— ¿Porqué, joven Chris?.
El varón suspiró sonoramente.— No me lo tome a mal señora Kim, pero su hijo es insoportable. Seungmin se niega a vestirse como debe, a llevar protección, despilfarra dinero de una forma que asusta y exige que le de detalles de mi trabajo que no estoy dispuesto a compartir.
La mujer escuchó con atención y asentió con la cabeza de forma lenta y afeminada.
— Entiendo, mi marido lo mimó demasiado. Comprendo que no puedas querer algo tan complicado como a mi hijo.
— Pero me temo que no podemos aceptar tus deseos.— espetó Minho antes de que Christopher dijera algo.— Te dejé entrar en mi ciudad y que hicieras negocios tan pronto como mi hermano salió de esta casa. Además, no voy a poder dejar que alguien pida su mano o buscarle un marido.
— ¿Porqué no?, aún ni siquiera se hace pública la propuesta de matrimonio. Su imagen está limpia.
— Eso fue por consideración a tí y a Seungmin.— recordó con su voz áspera.— Les permití que se conocieran para que el día de los eventos posteriores no fuera incómodo. ¿Qué me garantiza que sigue virgen?.
Un siseo salió de los labios de Chris.
— Por favor, me detesta tanto como yo a el, no podríamos dormir en la misma habitación sin que alguno salga por la incomodidad.— argumentó hastiado.
Minho se levantó y comenzó a caminar vacilante y de forma lenta a la esquina de la mesa en donde estaba el castaño mientras rebuscaba en su saco para sacar un cigarrillo que encendió de inmediato.
— Claro, pero eso lo dices tú. ¿Sabes qué pasaría conmigo si no les garantizo que sea virgen?. Oh peor aún, ¿Sabes que te haría el posible futuro esposo de Seungmin si resulta que tú se la quitaste?.
— Por el amor de Dios, estás hablando de tú hermano, Minho.
— Exacto.— recordó sacando el humo que danzó en el aire.— Aceptaste mi acuerdo, tú te casabas con mi hermano, le darías todo lo que alguna vez tuvo con mi padre: casa, ropa, calzado, lujos, caprichos, amor, familia y sobre todo protección, incluso si eso implica tu propia muerte en el intento, a cambio de que yo te garantizara libre comercio en mi ciudad y negociación con mis ciudades aliadas. Ahora, se hombre y sostén tu palabra.— aquello último salió con sus dientes apretados, dejando en claro lo molesto que estaba con la situación.
El mayor de ambos que aún estaba sobre su asiento se levantó de forma brusca haciendo la silla rechinar sobre la loza de color caramelo. Tomó su abrigo que descansabs sobre el respaldo de esta y caminó a zancadas largas y rápidas a la puerta que azotó por el enojo desbordante.
— Tu hermano es difícil de amar, Minho.
— No.— espetó ante la débil voz de su madre que estaba dispuesta a recibir a su pequeño hijo de regreso.— Tú lo amaste desde que estaba en tu vientre, papá lo amó desde que nació y yo lo amo desde que aprendió a caminar solo para darme sodas del frigorífico. Mi hermano no es difícil de amar, Christopher terminará amando a Seungmin, como a nada en el mundo.— dijo después de darle una calada a su cigarrillo, soltando el humo entre palabras.
Aquella última afirmación había sonado más como una maldición, y tal vez así debía ser o sucedería. Minho tenía una rara coincidencia de que todo lo que dijera, terminaba sucediendo; fuera o no a su favor.