Como parte de un sueño
“¿Por qué te quedas atrás cosa 3? Toma te daré estas nueces brillantes.”
La pelea contra el tren empezaba, la temible bestia carnívora y jefe de aquella área boscosa estaba por ser derrotada por el gran Inosuke Hashibira y sus fieles seguidores, cosa 1, un pelirrojo dientón de enorme cabeza, cosa 2, una cosa rara de pelos amarillos que lloraba mucho y cosa 3, una enana que mordía un bambú y usaba el lenguaje de los animales. La pelea era asombrosa, el jefe de las cosas se estaba luciendo proclamándose como vencedor al final, siempre lo hacía y como no hacerlo si era el más fuerte, asombroso y musculoso de todos, todo era perfecto pero aún faltaba algo, sentía un enorme vacío en el pecho que no sabía que tenía, entonces recordó qué era, le faltaba su voz, sus atenciones y sus halagos, los de cierta persona que le hacían sentir mareado.
“Felicítame Gompanchiro”
¿Quién? Las cosas se miraron entre ellas, no sabían de qué estaba hablando y por unos momentos él mismo tampoco, comenzó a repetir ese nombre varias veces tratando de recordar lo que creía debía de saber hasta que las cosas lo interrumpieron para comenzar a halagarlo por el grandioso espectáculo que acababa de dar, lo que hizo que se distrajera de nuevo presumiendo su más reciente hazaña, una que le había costado trabajo al tener que salvar, otra vez, a sus siempre fieles y torpes compañeros. Era increíble ser el rey de la montaña, todos lo adoraban y alababan como a un Dios pero no podía simplemente quedarse sentado, debía continuar entrenando si no quería que Monitsu y Kentaro lo alcanzarán...pero ellos no estaban ahí ¿dónde se habían metido? apenas y los recordaba, Monitsu y Kentaro, Monitsu y Kentaro ¿A dónde habían ido? No recordaba nada después de haber conocido al asombroso y molesto pilar de la llama; su instinto le gritaba que todo estaba mal, todo ahí era raro, las cosas no solían ser así, nunca fueron así y no quería que lo fueran, quería a sus amigos de vuelta, cosa 1 se le acercó para alabarlo un poco más pero fué recibido con un fuerte golpe que lo tiró al suelo y el azabache lo levantó por las ropas, quería saber qué pasaba y él tenía que responder a sus preguntas.
“¿Dónde demonios está Santaro? ¡Responde maldito imbécil!”
Cosa 2 y cosa 3 se habían acercado para ver qué pasaba, intentaron soltar el agarre sobre su amigo pero era casi imposible, no eran tan fuertes como él; intentaron hablarle, explicarle que esa persona no existía y que tal vez estaba alucinando por el golpe en la cabeza que se había dado durante la pelea pero no recordaba que algo así hubiera pasado, tocó su cabeza y se dió cuenta de que llevaba vendas puestas, vendas que no recordaba en qué momento le habían puesto, no las tenía hace unos minutos ¿verdad? Sus instintos le gritaban que tenía que huir, que nada estaba bien en ese lugar pero no podía pensar claramente, necesitaba algo, a alguien, trató de pensar y entonces lo recordó, el demonio del tren nunca se había mostrado realmente, no recordaba nada después de eso, nada después de sentarse junto a Nenitsu, entonces llegó a una conclusión apresurada...ese lugar no era real, era la técnica de sangre del demonio del tren y había caído en ella, tenía sentido pues no recordaba nada sobre las cosas frente a él, nada además de que le ayudaron a pelear.
“Así que volviste a darte cuenta, es una pena... creí que esta vez te estaba gustando, pero no ¿Qué es lo que deseas realmente? Estás tan confundido que tú subconsciente no es claro”
Las tres cosas hablaban al mismo tiempo con una sola voz, como si fueran de esas marionetas que puedes controlar con hilos casi invisibles, como en el monte Natagumo, solo que esa vez Tontaro se había dado cuenta, pero no estaba ahí, no en ese momento. Las cosas guardaron silencio un momento antes de comenzar a sonreír de una manera extraña, diciendo que si era lo que quería entonces se lo darían pero había una condición, debía continuar durmiendo, solo así tendría todo lo que pudiera imaginar, todo incluyendo al pelirrojo de aretes hanafuda pues en su realidad estaba destinado a morir gracias a la orden que su señor le había dado no solo a él, si no a todas las lunas restantes, dijo que era un caso pedido y que la única manera de estar juntos sería precisamente en sus sueños.
Al terminar el discurso del demonio, Inosuke no parecía contento, se veía aún más molesto que hace unos minutos, parecía que en cualquier momento podría sacarle los ojos a las cosas con tal de entender lo que pasaba, pues habían sido creadas débiles para complacer su fantasía.
“Si Santaro está en problemas entonces lo rescataré, así me dará muchos cumplidos”
Parecía ¿emocionado? Comenzaba a reírse como un lunático a los ojos de aquellos seres, pero aún así exudaba desesperación, las ansias de volver con el moreno lo estaban volviendo un manojo de nervios pues al parecer estaba en peligro de ser cazado como un animal y no sabía cómo regresar. Cosa 1 comenzó a acercarse poco a poco y mientras lo hacía su apariencia se iba distorsionando, su tamaño, ojos, boca, color de piel, incluso su ropa cambió drásticamente tomando una apariencia conocida, la del joven Kamado, el lugar en donde estaban también cambiaba lentamente dejándolos en un bosque, era de noche y la luna brillaba mucho, estaban a la orilla del camino cuando notó que solo estaban ellos dos, no entendía como eso podía estar sucediendo realmente ¿Qué clase de técnica de sangre fastidiosa era esa? De la nada sintió un golpe, su amigo frente a él lo había tacleado y tirado al suelo, y mientras caía pudo ver una enorme garra que bien pudo atravesarlo fácilmente y dejarlo muy mal herido.
“Inosuke cuidado, por favor no te distraigas”
El chico de los aretes se levantó rápidamente desenvainando su espada, usando una de sus clásicas posturas de la respiración del agua pero sin hacerle mucho daño al demonio que los había atacado, recibiendo un fuerte golpe que lo arrojó incluso más lejos de lo que estaba al principio; el azabache reaccionó inmediatamente levantándose de un brinco al sentir las intenciones asesinas sobre él apenas logrando esquivar el golpe ¿De dónde había salido? No lo sintió acercarse y Monjiro tampoco lo había olido, era muy escurridizo, quizás por el tamaño que tenía, era pequeño y feo como un gremlin, pero con grandes garras y colmillos afilados, antes debió ser un niño pequeño pero ahora era un demonio, eso conmovió al moreno provocando cierta incomodidad en el salvaje pero así de raro era él ¿no?
De vuelta en la realidad el moreno recién había despertado del sueño en el que había sido atrapado, uno muy lindo y melancólico que le hubiera gustado fuera real, pero debía continuar y ayudar a su hermana, a la Nezuko real, la que había sido convertida en demonio y que no dejaría sola sin importar lo hermoso que fuera el sueño. Intentó despertar a sus amigos pero no podía, además de que estaban atados a niños con una cuerda que olía a sangre, intuyó se trataba de la técnica de sangre y le pidió a su pequeña hermanita las quemara mientras intentaba avanzar.
Apenas habían podido derrotar al demonio enano, era demasiado fuerte y una de las doce lunas aunque la más débil, un niño que era una luna, si así era la más débil de ellas no se imaginaba qué tan fuertes serían las demás, y peor aún Kibutsuji, habían sido necesarias las muertes de dos pilares para derrotarlo y casi morían ellos en el intento. El pelirrojo estaba asustado, estaba decidido a encontrar una cura para su hermana pero no sabía si sería posible, quizás incluso moriría antes de que eso pasara y entró en un ataque de pánico ¿Desde cuándo Santaro era tan debilucho? Empezaba a molestarlo así que le dió un fuerte golpe intentando calmarlo.
“Inosuke ¡huye conmigo por favor... vivamos! ”