INOSUKE X NEZUKO
Cuando Inosuke vió por primera vez esa caja de madera puesta sobre la tierra pudo sentir de inmediato que lo que había dentro no era otra cosa si no un demonio come hombres, y él como cazador que era tenía la misión de exterminarlo sin importar qué, sin importarle el motivo por el que otro cazador la defendía ponoendose en riesgo. Un tipo rubio de carácter escándaloso se había interpuesto en su camino, usandose como escudo humano y evitando así que puediera acabar al ser que se escondía en el pequeño espacio que le cubría del sol y dejando que alguien mas recibiera una paliza mientras evitaba cumpliera su cometido, además de un pelirrojo de cabellera abultada que salió del mismo lugar que el y terminó peleando en su lugar. Había sido tan divertido que terminó por olvidar lo que estaba haciendo en ese momento, ese tipo lo terminó venciendo en batalla de algún modo y no podía dejarlo pasar, su cabeza era más dura que la suya, tanto que logró usarla para dejarlo inconsciente y eso era algo que no podía permitir, debía hacer algo al respecto. Para cuando despertó y el cuervo los llevó a un lugar para descansar, no había logrado convencer al cabezón para que volviera a pelear con el y esta vez poder vencerlo, tenía un comportamiento demasiado extraño, no era capaz de hacerlo enfadar y en su lugar solo le sonreía. Era la primera vez que conocía a alguien así, era demasiado raro para él, le disgustaba su amabilidad y lo hacía sentir extraño. Poco antes de dormir la puerta de la caja que portaba el pelirrojo se abrió y de ella salió el demonio que buscaba antes, era una niña pálida, salió de ahí mirando a todas partes. Había visto demonios antes pero siempre eran de aspecto horrible, deformes y muy asquerosos, pero esa chiquilla parecía tan delicada e inocente como una hoja en el viento, su cabello era oscuro y destellante como la noche y largo como las enredaderas, su piel pálida como la luna y de ojos del color de las flores de los duraznos, parecía como si la misma naturaleza hubiese tomado forma humana y se hubiera mezclado entre los demonios. Se sentía tan extraño que por un momento pensó en dejarla vivir un poco más de tiempo, después de todo ya tenía sueño.
Al pasar el tiempo pudo notar como la chiquilla no hablaba, tenía un pedazo de bambú amarrado en el rostro, era como si le hubieran cubierto el hocico a un perro bravo para evitar que mordiera, tal vez sí había mordido a alguien y por eso lo llevaba, gracias a eso solo podía comunicarse a través de ruidos parecidos a los que hacían los animales pequeños y las crías de otros. Eso le agradaba, podía entenderla mucho mejor que a los otros tipos a pesar de todo y le facilitaba las cosas, no tenía que complicarse en entablar una conversación como la que tenían sus otros compañeros y era fácil pensar en lo que diría pues ella siempre parecía feliz de escucharlo a pesar de que los demás siempre se molestaban por lo que hablaba y por como se comportaba pero ella, ella siempre le seguía el juego y se divertían juntos. A veces, cuando tenían misiones juntos la llevaba con él para cazar algún animal en la oscuridad, no era complicado para ninguno de los dos, el olfato de demonio de la chica y su piel sensible al movimiento los hacía perfectos para el trabajo en eq, además de que podía ser tan salvaje como quisiera pues ella era igual o hasta más en algunas ocasiones y el hecho de que se comunicaran sin palabras era lo mejor, podían pasar horas juntos sin tener que hablar, era de lo más divertido solo jugar y pasar el rato solos, aunque a menudo el rubio los interrumpía con algún regaño sobre las cosas que le enseñaba pues no eran “adecuadas para una señorita”, qué tan estúpido podía ser para no darse cuenta de que ella no era una humana, si no una salvaje bestia nocturna.
- Monitsu idiota - refunfuñaba aún con la máscara puesta.
- ¿Sucede algo Inosuke? - ahí va otra vez con su estúpida amabilidad - ¿Qué te hizo esta vez? -
- ¡Me regaña cada que salimos a jugar! Golpeé al llorón por metiche y la enana se pasó la tarde tratando de consolarlo y ya no jugó conmigo - últimamente le molestaba cuando se le pegaba mucho, no entendía cómo prefería sentarse a su lado en vez de jugar con el, obviamente era mucho más divertido, más genial, más impresionante y mucho más interesante que ese idiota escandaloso - Monjiro ¿Qué le gusta a la enana? -
- Pues le gustaban mucho los dulces, aunque ahora ya no le llaman mucho la atención - pensó un poco, era raro que tuviera interés por alguien más - aún le gustan las flores ¿Por qué? - no reaccionó mucho, estaba tranquilo y espectante, en espera por escuchar qué otras cosas podría nombrar, cosas que le ayudarían a llamar la atención de la pequeña Nezuko. Tanjiro empezó a enumerar las cosas que al parecer aún le interesaba pero solo el hablaba, el salvaje a su lado solo giraba la cabeza de vez en cuando o miraba al cielo en completo silencio - me alegra que ustedes se lleven bien, Nezuko no tenía muchos amigos antes, pasaba el día ayudando a cuidar a nuestras hermanas y hermanos así que casi no salía, gracias Inosuke -
- Ella es igual de rara que tú - el pelirrojo le sonrió, por fin parecía que se estaba ablandando y se abría con los demás, o más bien con Nezuko, y eso le gustaba. Le acarició la cabeza aún con la máscara puesta y se fué, dejándolo solo con sus pensamientos revueltos y su estómago hecho nudos, solo de pensar que se quedaría sin alguien con quién jugar hacía que su mal genio saliera a flote pero no podía mostrarle a la enana, temía decirle algo que la hiciera no querer volver a pasar el rato con él así que la trataba mejor que al resto. Pasó el resto de la noche tratando de pensar en una manera de hacer que ella dejara al rubio para ir con él, aunque también pensaba en por qué le dolía tanto el pecho cuando la veía con él, cuando le acariciaba la cabeza en vez de a él, cuando lo abrazaba o lo consolaba algo se le retorcía dentro, pero cuando era él quien recibía esas atenciones su pecho se inflaba y un monton de bichos se arremolinaban en su estómago. Pero en ese momento, lo único que sentía era frío.
Los siguientes días fueron aburridos, pensó que ir en una misión especial con un pilar tan llamativo sería genial pero no fué así, no solo lo vistieron como una chica, también le prohibieron hablar y tenía que portarse bien o el dios de los festivales le arrancaría la lengua, sin mencionar que sus impresionantes ratones lo vigilaban para que no hiciera una estupide -según dijo- Qué fastidio, estaba enojado por tener que callarse, acalorado por tener que usar tanta ropa, estresado por tener que comportarse todo el tiempo y aburrido por no poder jugar con la enana, pero en realidad, también se sentía triste cuando pensaba en ella, cuando veía los patrones de flores en el kimono que le obligaban a usar le recordaban a sus ojos, cuando anochecía miraba al cielo recordando lo suave y brillante que era su cabello, y de vez en cuando intentaba estirar la mano como si pudiera alcanzarlo, por alguna razón todo le recordaba a ella y eso le hacía sentir aún más frío, frío que se disipó en el momento en que volvió a verla en el campo de batalla.
- ¡Quítenme las manos de encima! ¡Ya estoy despierto, estoy más que bien! - las pequeñas niñas de la finca mariposa trataban de mantener quieto al salvaje sin tener mucho éxito en realidad, trataba de levantarse y averigüar el mismo lo que sucedía, habían ganado, eso lo recordaba pero, solo eso - ¡¿Díganme en dónde está la enana?! -
- ¡Mmmhmm! - se detuvo en seco en el momento en que escuchó su voz atravéz de ese trozo de bambú, pero no sabía si era un regaño o un llanto ya que se escuchaban entre mezclados, la miró directamente y la vió con el ceño fruncido, con los ojos enrojecidos y lagrimeantes, era evidente que había estado llorando - mmm... -
- Nezuko estuvo muy preocupada, no la hagas llorar más - dijo una de las niñas y eso fué suficiente para que se quedara tranquilo, la demonio se hizo pequeña y se acurrucó en una esquina de la cama mientras le sostenía la mano con sus dos manitas, eran tan pequeñas y suaves que de algún modo lo tranquilizaban. Estaban frías pues al ser demonio no tenía calor corporal pero aún así podía sentir la calidez que lograban transmitirle, ambos hermanos eran especiales, le hacían sentir raro pero con ella, con ella era muy diferente, su corazón bombeaba más sangre de lo normal y su rostro se acaloraba cada vez que lo tocaba y siempre lograba calmarlo, una mirada era suficiente para sentirse sumiso y acatar cualquier petición que tuviera ¿acaso lo estaba domesticando sin que se diera cuenta? No podía saberlo con exactitud pero algo era seguro, no quería que siguiera llorando, le dolía el pecho solo de imaginar cuánto tiempo lo había hecho mientras estaban inconscientes, entonces se curaría y tan rápido como le fuera posible la ayudaría a despertar a ese Enfermanchiro, seguro que el también la hacía llorar.
Una vez el pelirrojo se mejoró, pudo irse a misiones por su cuenta a sabiendas que estaría bien, su hermano la protegería a costa de su propia vida, pero tampoco quería que le pasara nada a el, había aprendido a respetar y querer a sus compañeros pero sobre todo, no quería que Nezuko volviera a llorar por nada del mundo.
- Así que ahora puedes hablar enana -
- Ahora puedo hablar - un corto silencio se hizo entre ambos, eso se sentía extraño, no sabía cómo iniciar una conversación, menos con el estómago que se le revolvía cada vez que la miraba sin ese estúpido bambú en la boca - Ino... Inosuke - su rostro comenzó a hervirle de un momento a otro, su corazón parecía desbocado y estaba sintiendo algo raro, escucharla decir su nombre le hacía querer salir corriendo tan rápido como pudiera pero la chica frente a él parecía preocupada por su silencio - ¿I... nosu... ke? -
- ¡Ya no lo digas! - le puso la mano encima, extendiendola por su rostro intentando cubrirla por completo en un intento de calmarse, todo lo contrario, pues el tacto hacía que el calor ahora en su mano se comenzara a extender a través de su brazo, pasando por su pecho y llegando a cada rincón de su cuerpo, en especial cuando la chica usó sus dos manos para quitar la que puso en su rostro y luego le sonrió, esa sonrisa lo hacía sentir aun más extraño que de costumbre, apenas y podía con esa sensación y ahora esto, se sentía como, como eso que Nenitsu decía sentir cuando estaba con ella también, tal vez era un poder demoníaco o la simple impresión que ella provocaba en las personas o talvez, sería posible que igual que su ruidoso compañero ¿Estuviera interesado en ella como una pareja?... ¿Eso era lo que llamaban amor? Al final salió corriendo con Nezuko persiguiendolo, como si de uno de sus juegos se tratara y rindiendose al final, quedando tendido en el pasto con la pequeña Nezuko brincandole juguetonamente en la espalda mientras repetía su nombre, todo debía ser culpa de ese estúpido rubio llorón, si nunca le hubiera hablado de sus “sentimientos” el no sabría lo que eran y jamás los habría sentido tampoco, se las iba a pagar, y con creces.
- Escucha enana - se enderezó y se sentó cruzando las piernas con un rostro muy serio - debes saludar a todos los cazadores con el mismo nombre -
- ¿Mismo nombre? - la pequeña lo imitó fingiendo seriedad, haciendo incluso las misnas porturas y luego ladeó la cabeza.
- Sí, debes llamarnos a todos Inosuke, así que cuando más cazadores lleguen a la finca debes decirles “Bienvenido Inosuke” - el salvaje ya podía imaginar la cara del idiota al enterarse de que podía hablar, y solo de imaginar que lo primero que le escucharía decir sería su nombre... - dilo conmigo, bienvenido Inosuke -
- ¡Bienvenido Inosuke! - qué lastima que tal vez no estaría ahí para verlo.
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Estaban heridos, esa última pelea les había costado muchos sacrificios, algunos más dolorosos que otros, recuerdos que resurgían, sentimientos a flor de piel entre muchas otras cosas, casi perdían a Gompanchiro y había estado dormido varios días ya. La enana, Nenitsu y él no se habían despegado de ahí por nada, quería seguir con ellos, quería que Monjiro despertara rápido y que Nezuko dejara de llorar por él. Nenitsu la consolaba muy bien, sabía que decir y cómo tratar a las personas, cosa que el nunca logró aprender bien, pero no podía conversar con ella y tratar de animarla, desde que era humana de nuevo no sabía cómo acercarse a ella, ya no se veía igual, ya no se comportaba igual y tampoco se sentía igual, aún así, su pecho seguía agitandose si lo tocaba, se estrujaba al verla llorar y dolía horrores cuando se acercaba mucho el rubio. Optó por guardar silencio la mayoría de las veces y escuchar, tal vez con el tiempo también podría hablarle con la misma familiaridad y podría acercarse a ella tanto o más de lo que solían ser antes pues la distancia que se había hecho entre ellos le dolía horrores, el no poder ser capaz de consolarla, no poder abrazarla como solía hacerlo, ni siquiera ser capaz de acariciar su cabeza ni sentir su tacto sobre la suya lo estaba matando.
Con el tiempo, la enana se había vuelto tan normal y tan parecida al rubio que pasaba mucho de su tiempo con el y la mayoría de las veces que se dirigía al salvaje era para regañarlo, aunque nunca fué severa ya que siempre apreció la amistad que forjaron, aún así nunca pudieron volver a ser tan cercanos, la distancia era cada día más grande y era cada vez más cercana a Zenitsu, quien había sabido pretenderla correctamente y Nezuko había terminado por aceptarlo. Por su parte, Inosuke siempre se preguntó si le habría dicho el si a él, si hubiera sido claro con ella desde el momento en que se dió cuenta de lo que sentía, si tan solo le hubiera dicho en cuanto ella recobró el sentido o si habría sido imposible por su carácter. Le dolía pensar que pudo haberlo rechazado por ser como era, por ser “un cerdo salvaje y sin educación” como lo llamaba Monitsu, le habría gustado ser la persona que ella quería que fuera pero entonces dejaría de ser él mismo, habría tenido que cambiar completamente para ser merecedor de al menos ser tomado en cuenta ¿Pero qué clase de basura inútil era eso del amor? ¿Había algo peor que pasar el resto de tu vida fingiendo ser alguien que no eres para complacer a otra persona?
Pasaría un tiempo, tal vez años antes de que lograra comprender algo tan complejo como ese sentimiento, hasta entonces tendría que ver y aceptar en silencio el tener que ver como su primer amor se tiraba a los brazos de otro justo frente a sus ojos, soportando en silencio y escondiendo lo mejor posible sus sentimientos ante todos aquellos que llamaba sus amigos, después de todo, el primer amor nunca se olvida.
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Creo que haré más historias tristes de ahora en adelante, me hace falta hacerlos sufrir más
Pero igual reaccionen 😅 por fa