SILENCIO en familia

Sinopsis

Una mañana, Kie toma a su pequeña bebé en brazos y se marcha intentando encontrar un buen médico que la ayude a encontrar una solución a la enfermedad que amenaza con quitársela y no vuelve hasta unos años después, cuando la salud de su esposo comienza a decaer y es entonces que Tanjiro conoce a su adorable hermanita menor Nezuko. Aún con el pasar de los años, no es capaz de verla como su hermana, si no como la niña más bonita que sus ojos hayan visto.

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Completado
Capítulos:
1
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Clasificación por edades:
16+

TANJIRO X NEZUKO

Cuando la hermanita menor de Tanjiro nació había estado muy enferma, era tan débil y pequeña que un día su madre la tomó en brazos para irse con ella en busca de un buen médico que la ayudara, quedándose solos él y su padre en espera de que todo saldría bien. Casi no la había visto, apenas y le dió un par de vistazos antes de que desapareciera por esa puerta para no volver en mucho tiempo, conociendo la situación por medio de las cartas ocasionales que sus padres intercambiaban, además de algunos sobres con dinero que su padre enviaba para la salud de la que se supone era su pequeña hermanita, pasando muchos años antes de que volvieran a encontrarse.


Cuando su padre comenzó a enfermar aún más (condición que tal vez heredó la pequeña) su madre tuvo que apresurarse a regresar, cargando consigo una enorme variedad de medicinas y menjurges amargos y dulces, y una pequeña niña de cabello oscuro y ojos de un color claro y rosado. <<Es muy bonita.>> La pequeña se escondió detrás de su madre al tiempo que Tanjiro se tapaba la boca, había dicho eso en viz alta sin haberlo pensado mucho pero no se arrepentía, era la verdad, además de la cara ruborizada de la pequeña era tan linda había valido la pena la vergüenza que estaba sintiendo.


Con el pasar de los días la pequeña se fué acercando un poco más a su nuevo hermano mayor, ya no sentía tanta pena y comenzaba a jugar con el, le gustaba el color de sus ojos que combinaba con su cabello esponjoso, revolviendolo a menudo y acariciandolo bastante, haciendo que el corazón del mayor se acelerara y sintiera como el calor se acumulaba en sus mejillas cada vez. Tal vez era porque tenía poco de conocerla y le tomaría algo más de tiempo acostumbrarse a su cálida presencia que eso sucedía con frecuencia,  no solo cuando había alguna clase de contacto físico, también cuando la miraba a cierta distancia y contemplaba esos claros ojos, pero mientras más tiempo pasaba más se daba cuenta de que no era así, el simple hecho de rozar sus manos, estar bastante cerca para tocar sus hombros o simplemente aspirar el aroma que emanaba de ella le hacían sentir un tumulto de emociones en el pecho que no hacían más que crecer con el tiempo, incluso cuando tuvo más hermanitos pequeños no era lo mismo, comparando la forma en que la veía y se sentía con ella, era distinta.


Luego de unos años, la condición de su padre empeoró, provocando que su madre cuidara más tiempo de él, Nezuko tuvo que hacerse cargo de más cosas en la casa que solía hacer su madre y Tanjiro por su parte del trabajo de su padre, había aprendido desde pequeño y solía ayudar, más con la venta pero era la primera vez que lo hacía solo. Al volver a casa y encontrar a su hermanita (de complexión débil) intentando hacer todo por su cuenta decidió ayudarla, no podía dejar que también ella enfermara de nuevo, se acercó a la cocina y empezó a ayudar con la cena, aprovechando para rozar sus manos de vez en cuando y dar un pequeño besito en su dedo cuando se cortó.


- No te preocupes, pronto te acostumbrarás al tacto entre hermanos - era la excusa que siempre daba cuando la notaba avergonzada, pero en el fondo, lo hacía por simple capricho - creo que nos cuesta más trabajo que con nuestros otros hermanos porque no nos vimos desde pequeños, tal vez en un principio ni siquiera nos vimos como hermanos -


- Descuida, ya pasará - contestó la menor pero eso nunca sucedió, cada vez que su hermano mayor la trataba con tanta gentileza se sentía derretir, suspirando de manera profunda para mantener la cabeza fría y no perder la compostura. Tanjiro, su hermano mayor era muy guapo, amable, atento, trabajador y responsable, no entendía cómo era que no hubiera un grupo de chicas persiguiendolo a cada momento del día, y lo comprobó poco después, su madre había podido atender la labores diarias y acompañó a Tanjiro a la venta del carbón. Hablaba de manera respetuosa con todos, incluyendo las chicas, no dejaba espacio para malinterpretar nada de lo que decía y a pesar de ser amable con ellas era distante, simplemente no parecía interesarle ninguna de ellas. Se alejó dejándola sentada en una banca, habiendo terminado por vender todo muy rápido sobrando algo de tiempo antes de volver y decidieron tomar un descanso y comer algún dulce.


- Eres una chica muy afortunada, Tanjiro es un muy buen partido - la joven se giró para encontrar a dos chicas, una un poco mayor que ella - si tan solo fuera un poco más joven lo habría acaparado desde hace mucho, lástima que mi hermana sea aún más joven o podría darte pelea - se puso tan nerviosa que juraría que su rostro debió de estar más rojo que los ojos de su hermano, ni siquiera tuvo la oportunidad de negarlo y aclarar que eran hermanos, las chicas se retiraron rápidamente en cuanto el pelirrojo regresó con algunos dulces para su hermanita, sabía qué le gustaba y no pudo evitar comprarle algo.


- Nezuko, ¿Te sientes bien? Tu cara está toda roja - se acercó para tocar su frente, su mano era muy cálida.


- Ahhh... E-estoy bien, no te preocupes - su voz casi se había escuchado chillona por la vergüenza, si seguían así realmente parecerían una pareja enamorada y eso no podía pasar, debía terminar con esos sentimientos prohibidos que estaba sintiendo, tenía que obligarse a sí misma a ver a Tanjiro como se le mira a un hermano y no a un hombre pero sería difícil, pues cada día que pasaban juntos se sentía más y más atraída hacia el, su amabilidad y la forma en que la miraba le hacían desear estar aún más cerca, poder tocarlo y besarlo, poder tomarlo de la mano sin temor y que pudiera corresponder sus sentimientos, estar juntos y tal vez llegar más allá, ser más íntimos, que pudiera tocarla también y volverla suya.


Después de varios meses, una época dura para la familia, pasó un breve lapso de tranquilidad, su padre ya ni siquiera era capaz de ponerse de pie y dormía casi todo el día pero sin empeorar su condición, eso le daba algo de libertad a la madre de familia para hacerse cargo de sus labores, tomó a sus 3 hijos más pequeños y los llevó al pueblo a pasear, sentía algo de culpa por haber sobrecargado a sus hijos mayores y quería darles un breve descanso, dejándolos solos en casa mientras Tanjuro, su padre dormía. Se sentaron uno al lado del otro en la orilla de la casa, tomando algo de té y galletas de arroz mientras observaban el paisaje tranquilizador y charlaban ocasionalmente, dejando un lapso entre cada frase, la tensión en el aire era palpable, tratando de disminuirla la joven decidió agradecer a su hermano por todo lo que hacía por ellos, acercándose para darle un tierno beso en la mejilla que terminó en la comisura de su labio cuando giró su cabeza al oír un ruido, separándose nerviosa pero volviendo a acercarse cuando sintió una mano en su nuca que la presionaba hacia él, le había robado un beso, uno húmedo pero de igual modo tierno.


- Pe-perdón, fué un reflejo, no lo hice a propósito, de verdad... - no pudo más, su resistencia cedió y se abalanzó sobre el, haciéndolo hecharse hacia atrás quedando con los codos en el suelo, ese contacto tan ansiado se sentía tan bien, sentía que en cualquier momento se derretiría sobre el y más ahora que sentía que el beso era correspondido, unas manos traviesas se posaron en su espalda recorriendola de arriba a abajo haciéndola reaccionar, pero ya no había vuelta atrás, no podían retroceder y ambos terminaron por ceder, cada día un poco más, al principio con solo besos y caricias pero después llegando hasta el final, siempre que encontraban una oportunidad, ya sea cuando estaban a solas, cuando su madre decidía darles un pequeño "descanso", saliéndose del camino entre los árboles cuando bajaban al pueblo a vender carbón o simplemente en casa cuando no los veía nadie, un ardiente amor prohibido que les quemaba el cuerpo se apoderó por completo de ellos, haciéndolos perder la cabeza y cometiendo un terrible error.


- ¿Cómo puede ser esto posible? ¿Qué has hecho Nezuko? - la madre, asustada de ver como el estómago de su hija crecía cada vez más ya había deducido de qué se trataba, después de ver los síntomas y descubriendo su cuerpo que se esforzaba por ocultar, no era posible que esto pasara tan pronto como su esposo fallecía, solo un par de meses después, llorando a mares por ver manchado el honor de su hija por un hombre del que se negaba a pronunciar su nombre. Decidió entonces qué hacer, la salud de su hija era inestable, ocultarla un tiempo con ese pretexto sería fácil pero el bebé, para hacerlo pasar por su hijo debería de fingir un embarazo, incluso frente a sus propios hijos - te quedarás en tu habitación hasta que des a luz, y nadie puede enterarse de esto, ese niño se convertirá en tu hermano por tu propio bien cariño, si alguien se entera de esto, toda la familia se verá afectada - .


Los meses pasaron y una barriga falsa se asomaba en el cuerpo de la mujer quien reemplazaba por almohadas más grandes cada vez, sus hijos más pequeños pedían ver a su hermana mayor todo el tiempo pero jamás podían hacerlo, el único que podía entrar era Tanjiro, necesitaría de él para poder esconder el atroz hecho que ocultaban esas cuatro paredes, mientras tanto, ella se limitaba a revisar cómo iba cunado le llevaba su comida pero en una ocasión sucedió algo que le hizo darse cuenta de la verdad que se ocultaba bajo su mismo techo. Dentro de la habitación, en medio de la noche, pequeños susurros se oían a través de la puerta, abriéndola un poco por mera curiosidad y deseando no haberlo hecho jamás. ¿Tanjiro había dicho "nuestro bebé"?...esa frase le daba vueltas en la cabeza, una y otra vez, "nuestro", ¿Cómo era siquiera posible? Su propio hijo, su hermano, ese en el que había confiado, el más responsable, honesto y respetuoso... era el responsable de que casi no durmiera por las noches, la razón de tantas mentiras y planes rebuscados para encubrir el honor de su hija, Tanjiro era el padre de esa criatura. Se alejó un poco de la puerta esperando no la vieran, llorando en silencio mientras cubría su boca con ambas manos, nadie, ni siquiera ellos debían saber que ella lo sabía.


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- ¡Date prisa Tanjiro, trae agua caliente y toallas! - el joven pelirrojo corría de un lado a otro trayendo un montón de cosas, los dolores de Nezuko no cesaban y la madre no podía hacerlo sola - ¡Rápido Tanjiro, ya viene! - luego de mucho rato y algunos tormentosos gritos de dolor y sufrimiento de la joven logró dar a luz, el parto había sido difícil, la pequeña apenas había soportado con su débil cuerpo y había caído dormida inmediatamente después, frente a ella el joven pelirrojo cargaba al bebé encantado de lo pequeño, frágil y hermoso que le parecía ese pequeño ser que llevaba su sangre - se llamará Rokuta, y ante los ojos de todos, incluso de la familia, será mi hijo y tú hermano, por favor recuérdalo - a partir de ese día, Tanjiro se esforzaba aún más en el trabajo, veía como Nezuko remendaba sus kimonos con tal de que no le faltara nada a sus hermanos, y a Rokuta, ayudando también en su crianza y siendo muy unidos además de atentos, teniendo mucho cuidado de que nadie conociera aquél tormentoso secreto.


- Le llevaré este adorno para el cabello a Nezuko, le gustará mucho - se dijo a sí mismo mientras caminaba de regreso a casa después de haber vendido todo el carbón, se había hecho tarde y la noche ya se empezaba a llenar de estrellas, se imaginaba comprando un hermoso kimono para Nezuko y dulces para Rokuta, quería darles más pero la situación era difícil, caminaba recordando a su hermana despidiéndolo antes irse esa mañana con el pequeño dormido a su espalda cuando el señor Saburo, un solitario hombre que vivía al pie de la montaña le obligó a esperar al amanecer antes de subir e ir a casa, diciendo que era peligroso por los demonios que merodeaban apenas se ponía el sol, pensó que debía sentirse solo y que tal vez podría llevar a sus hermanos de vez en cuando para alegrarlo. Decidió esperar como se lo pidió y esa noche durmió ahí, soñando con la hermosa sonrisa en el rostro de Nezuko cuando le diera el broche para el cabello que le había comprado.


- No puedo esperar a que amanezca... -


Así que el hermano menor en realidad era hijo de los norteños y Tanjiro no volvió a ver a su bebé 😣 y ya todos sabemos qué pasó cuando volvió a su casa, fin...


A alguien aquí le gusta el NezuTan?