Entre sombras y luces en edén

Sinopsis

En el pintoresco pueblo de Edén, es la definición de pueblo chico infierno grande, y con la llegada de la familia fuera de lo tradicional despierta la curiosidad y el rechazo de sus conservadores habitantes. Aziraphale, atrapado entre creencia y su curiosidad, se ve intrigado por Crowley, el enigmático chico de cabello alborotado y pelirrojo. A medida que los dos se encuentran en situaciones inesperadas, surge una tensión palpable que desafía las normas establecidas del pueblo y lleva a Aziraphale a cuestionar sus propios sentimientos y creencias como a Crowley a intentar vivir nuevamente. En un entorno donde las sombras del pasado y las luces del presente se entrelazan, ¿podrán Aziraphale y Crowley encontrar la aceptación y la verdad que buscan?

Estado:
En proceso
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
13+

Capítulo 1

Edén, era un pueblo pintoresco y con bellos paisajes, lo rodeaba un bosque frondoso y colorido, a pesar de ser un lugar bastante alejado de la ciudad, habían muchas casas grandes e imponentes, que logran mimetizarse con la naturaleza del lugar, que estaba impregnado de una energía hogareña en cada rincón, podía aceptar eso con un poco de dificultad, pero para Crowley, también era un lugar demasiado conservador, que lo ponía de los nervios y definitivamente repudia eso. Definía el ambiente, tal cual, como había dicho su hermana en cuanto pusieron un pie en el lugar: ”lleno de moralistas de mierda“. Por supuesto, eso le había valido un zape, suave, pero un zape al fin de cuentas por parte de su padre. Sabía que en secreto los tres coincidían en ese pensamiento; Crowley pensó que la escuela sería un poco mierda, y por supuesto, no se equivocó. Sin embargo, siempre había ovejas descarriadas con las que podía conectar.

A pesar de sus reservas iniciales, tenía que admitir que el lugar tenía sus encantos. La vista desde su habitación era impagable, daba directo al bosque que rodeaba el pueblo, y frente a él se encontraba un manzano, su fruta favorita. Además, el hecho de que su padre le cediera el cuidado del jardín no hacía más que reforzar su conexión con el lugar.“Casi le gustaba, solo casi...”Sabía que si su hermana escuchara sus pensamientos, lo trataría como el peor traidor y estrellaría lo que tuviera cerca en su cara.

Ahí se encontraba, taciturno, desparramado en su cama, como cualquier sábado en la mañana, con la vista fija en la ventana, esperando que la tentación apareciera por su ventana.

—Por fin apareces… —murmuró para sí mismo.

Como cada fin de semana desde que se habían instalado, un chico hacía acto de presencia. El pelirrojo sintió un leve tirón en sus labios, hasta que una sonrisa fugaz terminó de escapar cuando lo vio con mayor nitidez.

Crowley vio como el chico se acercaba sigilosamente al árbol, pensó:“su árbol”.El intruso parecía asustado y vigilaba en todas direcciones para asegurarse de que nadie lo note. Siempre le sorprendía, que a pesar de ser un manojo de nervios, logra su cometido sin fallar. Podía comprender un poco la paranoia del chico; sus vecinos son bastante rectos y estirados.

Él tenía que darse ahora un punto a sí mismo. A pesar que disfruta observar desde las sombras al menor de la familia Fell a hacer lo que para ellos debe ser uno de los peores pecados en su extensa lista, esta vez decidió intervenir. Él definitivamente se dio un punto, dejó su placer y le complicó un poco las cosas al chico que parecía totalmente descolocado con el nuevo panorama.

ahora en su mente identificaba al chico como: “Esponjosito” ya que, le recordaba a una nube blanca y porosa. Ayer, por la tarde, se encargó de retirar todas las manzanas que estuviera al alcance de su víctima, que al parecer estaba sopesando sus opciones por la inesperada dificultad. Crowley estaba ansioso por saber qué decidirá para lograr su objetivo, solo esperaba que no se marchase. Se conmovió al ver cómo el intruso daba saltitos para alcanzar el preciado manjar, con las mejillas sonrojadas... Estaba a punto de agarrarla y de pronto…


Se cayó de bruces al suelo. Antes de que pudiera levantarse para ayudarlo, el intruso se puso de pie de un salto, con la fruta en alto en su mano, sonriendo victorioso. No pasó mucho tiempo antes de volver a ser un manojo de nervios, verificando que nadie haya visto su traspié, emprendió un rumbo torpe de vuelta por donde apareció, saliendo de su campo visual. Crowley estaba agradecido que el chico jamás se hubiera cuestionado por qué la ventana de esa parte de la casa siempre está abierta o que curiosamente se acerca, demasiado, des cubriéndolo.

Después de su espectáculo de sábado, favorito, el pelirrojo decidió levantarse. Sus amigos vendrían pronto a buscarle y él no tenía nada preparado. Comenzó a acomodar todo con el pensamiento de un día poder sorprender a“esponjosito”, pero hoy no sería ese día.