Capítulo 1 _ Adios papá
Es una tarde normal.
Shu-shu regresa del colegio, después de una agotadora jornada en el colegio bilingüe para señoritas japonesas de Calidornia.
Su madre está en la cocina con cara de pocos amigo como viene siendo habitual y apenas le dirige una mirada, cuando ella saluda anunciando su llegada.
_Pon la mesa_ ordena la mujer mientras trastea con las cacerolas en los fogones de la amplia cocina de la residencia familiar.
Es una bonita casa en un barrio acomodado, Akane, la madre de Shu, lleva un vestido elegante, como si acabara de llegar de alguna reunión.
_ ¿No esperamos a papá?_ Pregunta la menor sorprendida, pues desde que tiene uso de razón, su madre jamás ha servido la mesa antes de que el cabeza de familia estubiese sentado en su puesto.
_ ¿Al diablo con tu padre! _ espeta la mujer malhumorada tirando practicamente el plato repleto de comida sobre la mesa.
El coche de su padre está aparcado en la entrada, señal de que él se encuentra en casa.
- ¿Pero y papá? ¿No come con nosotras? _ Insiste la joven cada vez más preocupada.
Sus padres discuten a menudo, sobretodo en los últimos meses, pero jamás rompen las normas familiares.
Que sus padres no son una pareja enamorada es algo que siempre ha sabido, pero ambos son respetuosos para con el otro, excepto ahora, que su madre parece estar fuera de sí.
Akane da un profundo suspiro tratando de no perder más los nervios.
_ Tu padre está arriba, haciendo el equpaje_ responde al fin.
Sabe que su hija no tiene la culpa. Hacen lo que pueden, pero ha llegado un punto que la convivencia es imposible.
Shu-shu se dirige al piso superior y ya desde el pasillo escucha a su padre hablar por telefono.
Se acerca y lo observa desde el marco de la puerta del dormitorio/despacho.
Piensa fugazmente que no recuerda el momento en que aquella habitación pasó a ser el dormitorio de su padre, de hecho, no recuerda que sus padres compartiesen cuarto alguna vez.
_Si señor, recuerdo las reglas, sé que nadie debe saber dónde estaré, pero ¿podría usted explicarselo a su hija?, me está poniendo las cosas muy dificiles_ escucha decir a su padre.
Desvía la mirada de su progenitor por un momento para escrutar el interior del cuarto.
Las maletas a medio hacer, están sobre la cama, parece que se irá por más tiempo que la última vez, piensa.
_ ¡Ya lo sé maldita séa, siempre he antepuesto mi deber, solo le estoy pidiendo que hable con ella!_ responde el mayor con tono desesperado al interlocutor.
Sin duda está hablando con el abuelo.
Su abuelo materno tiene una importante ajencia de seguridad y su padre trabaja para él como guardaespaldas.
A menudo tiene que ocuparse de la seguridad de algún famóso o político y a veces las misiones son secretas, como al parecer en este caso, pero es lo normal, por eso se le hace raro que su madre monte tal escandalo en esta ocasión.
_ ¡Estupendo, tendré que hacer de niñera de un niñato, como si no tuviese suficientes pataletas en casa!_ refunfuña el hombre antes de colgar.
_ ¿Hablabas con el abuelo? Tienes una de esas misiones secretas tan importantes ¿no?_ pregunta la niña entrando al cuarto al comprobar que su padre ha terminado la conversación telefónica.
_¡Joder que susto! _ exclama el mayor volteando para ver a su hija.
_ ¿Espiar tras las puertas es lo que aprendes en el colegio? ¿Que demonios le pasa ha esta familía? ¿Tú también vienes a reprocharme algo? ¡Habla! ¿que diablos quieres?_ pregunta irritado.
_ Lo... siento _ titubéa la chiquilla asustada.
Su padre jamás le había levantado la voz de aquella forma.
_ Lo siento, lo siento, ¡llamar a la puerta es lo que tienes que hacer joder! _ responde frustrado.
_ Sólo quería decirte que la comida está lista, pero da igual_ se defiende mientras sale a toda prisa del cuarto de su padre.
No entiende que está pasando, sus padres discuten entre ellos, eso es cierto, pero nunca, jamás estrapolaban su enfado para con ella, algo serio debía estar pasando para que ambos perdiesen los papeles de aquella forma esta vez.
Iwaki, consciente de su error, trata de calmarse y va tras ella.
Golpea ligeramente la puerta del dormitorio de su hija.
_¿Shu-shu, puedo pasar? _ pregunta con voz más calmada.
Del otro lado no hay respuesta.
Llama una vez más y abre despacio la puerta tomando aire nuevamente, está siendo un día complicado.
Escucha que la menor está en el baño y espera paciente.
Frente a él, sobre el escritorio hay un poster de un chico con una pose sujerente y una camiseta trasparente que no deja nada a la imaginación.
Sean Calidornia, reza en letras llamativas. Una estrella emergente, actor de una serie televisiva popular y modelo. Un jovencito rubio con cara de angel y mirada de demonio que hace temblar los corazones adolescentes y que por lo visto a tocado el de su hijita también.
_ ¿A sí que, este eres tú?_ murmura justo cuando Shu-shu entra en el cuarto ya sin el uniforme escolar.
_ No es mi tipo, sólo me gusta como actúa_ apresura a decir la chica avergonzada.
_ Ya y por eso tienes una foto suya a tamaño natural en tu cuarto, ¿a sí que te gustan los chicos malos, eh?_ se burla el mayor tratando de mejorar el ambiente.
_ ¿Que os pasa atí y a mamá? _ pregunta camabiando de tema ella. _
_Parece muy enfadada de que te marches esta vez_ añade mirando a su padre con el ceño fruncido de preocupación.
_ No es nada, ya conoces a tu madre, no se acostumbra a que os deje solas, pero ya se le pasará, no te preocupes_ responde quitandole hierro al asunto el mayor.
_Anda vamos a comer que no quiero que se me haga de noche en carretera_ le apura saliendo del cuarto.
Shu-shu suspira pensando que ambos saben que no es cierto, que las cosas no está, bién y que está cansada de que la traten como si fuese una niña pequeña.
Una vez en la cocina, la batalla entre sus padres estalla de nuevo ignorandola por completo.
_ ¿Por qué tienes que ponermelo tan dificil? sabes que sólo hago mi trabajo_ se defiende Iwaki.
_ Ah, ¿que soy yo la que te pone las cosas difíciles?, perdona, pero la única que está en casa ocupándose de todo soy yo, tú o estas en la ajencia o sabe Dios donde, ¡cada vez paras menos en casa por favor!_ protesta Akane.
_ ¿Y para que demonios me quieres aquí? ¿Para pagar tu frustración Akane? Estoy harto de tus gritos, de tus reproches ¡Lo hago lo mejor que puedo maldíta séa! ¡Se supone que el hogar es el lugar de descanso de un hombre, no su castigo!_ grita de vuelta.
El microondas produce un pitido al terminar de calentar el plato que Shu-shu ha metido y ambos progenitores se dan cuenta de su presencia.
_ Deja de gritar como una histérica, estas asustando a la niña_ añade el hombre sin dejar de mirarla.
_ ¿Ahora te importa tu hija? ¡No seas hipócrita Iwaki! Tú ni siquiera querías que naciese_ prosigue la mujer enfadada.
_ Mira, no voy a responder a tus probocaciones Akane, pero si, tienes razón en una cosa, me alegro de tener que irme, porque estar en esta casa me está volviendo loco_ concluye, cogiendo su equipage y saliendo a paso ligero de allí.
Shu-shu, deja el plato que aún tenía en las manos, apresuradamente nuevamente sobre la mesa y corre tras él, pero este ya está dentro del coche y sale del aparcamiento con brusquedad, visiblemente malhumorado.
_¡Adios papá! _ se despide la menor alzando el brazo mientras ve alejarse el coche de su padre calle abajo y permanece un momento allí de pié incluso después de que este torciese en la interseción y se perdiese de vista.
Tení un mal presentimiento, sabiá que las cosas ya no tenían arreglo, su familia acababa de romperse ante sus ojos y no había nada que ella pudiese hacer.