Prólogo
A veces me pregunto por qué es tan difícil la pérdida. Es gracioso porque cuando era pequeño ese concepto era algo abstracto para mi. Metabolizaba la perdida como algo pasajero y me enfocaba en el presente, dejando de lado todo aquello que me dolía.
En ese entonces era feliz con lo poco que me quedaba y los amigos que iba haciendo en el camino. Uno de ellos era Seojun-un chico castaño de estatura promedio-. Lo habia conocido en el club de pintura de la escuela y soliamos hablar seguido. Lo recuerdo como una persona risueña y algo torpe en el buen sentido. Recuerdo perfectamente la forma en la que sus ojos brillaban cuando hacia sol, cuando entraba en el salon de clases y se reía con sus amigos. No eramos tan cercanos, pero esa lejanía era lo que hacía especial a nuestra relación.
La ultima vez que lo vi, fue un jueves de agosto. Hacía mucho calor, más de lo normal, por ende, el salón de clases tenia prendido el aire acondicionado que, con mucha dificultad mantenia fresco el ambiente.
—Oye Hyun, tengo algo que decirte—mencionó Seojun enrojecido.
—Claro, ¿Quieres salir?—lo conduje a un lugar mas privado.
—No sé cómo decirte esto—pausó—Es nuestro último año y como pronto no nos volveremos a ver, quiero ser honesto contigo—me miró— Hwang Hyunjin...tu me gustas—. Finalizó mirándome a los ojos firmemente.
Anteriormente habia recibido multiples declaraciones, pero para mi en ese momento el amor era un concepto lejano. Un concepto que permitía que existiera exclusivamente en mis poemas y en las canciones que escribia. Para mi el amor era el arte mismo, era algo de lo que yo no formaba parte, sino mas bien observaba como un expectador, como alguien que admira una obra de arte en un museo.
Pero yo no sabía como expresar eso...
—Seojun, lo siento mucho. Tu no me gustas—respondí mientras tomaba sus manos y las entrelazaba con las mías.
—Por que no? pensé que sí.
—Ahora mismo no me gusta nadie, pero no te sientas mal por eso. Estoy seguro que existe alguien...al menos una persona a la que seguro gustas—pausé— Sin embargo, esa persona no soy yo—. Terminé mientras mostraba una expresión de tristeza y decepción.
Desde mi punto de vista, Seojun había entendido mis palabras porque se marchó de manera rápida sin decir una palabra. No entendía que se habia sentido avergonzado.
Algunos recuerdos son borrosos por los hechos que presencié después, pero recuerdo que alguien despues de eso me empujó fuertemente, haciendo que me lesionara el tobillo. Así que me fui temprano a mi casa y esa persona recibió una suspensión.
Cuando llegué no hice mucho ademas de realizar una pintura de una película que decidi ver y escuchar algo de música para inspirarme a escribir algo nuevo. De repente, noté que se hizo de noche y mi cabeza empezó a doler un poco. En ese momento, se me vino la imagen de Seojun a la cabeza y, simplemente, no desapareció. Entonces mi deseo por verlo aumentó hasta el punto en el que senti la necesidad de visitarlo, sin embargo, al llegar, su madre me dijo que no lo habia visto volver de la escuela. Fue ahí cuando me preocupé.
No recordaba a Seojun como una persona que se escapa facil, mas bien al contrario. Lo consideraba una persona cumplida y noble...¿Que había pasado entonces?, ¿Acaso estaba relacionado con mi rechazo? Mi cabeza estaba llena de preguntas, así que a pesar de estar lesionado decidí buscarlo.
No respondía las llamadas y tampoco conocia a sus amigos como para saber si ellos sabían dónde se encontraba. Todo estaba en mi contra, pero tenía fé de que lo encontraría, ¿Acaso eso era amor? O solo lo confundía con aprecio. Aquel pensamiento me atormentaba como si fuera alguna especie de maldición.
¿Que había hecho yo que no lograba sentir algo por Seojun? Tenía un nudo en la garganta que no me dejaba pensar en la posible ubicación de la persona que consideraba mi amigo...¿Eso era? ¿Solo un amigo?
Mientras caminaba, el camino se desvanecía. Estaba llegando a un bosque cercano al final de la ciudad. Era el bosque que casi siempre utilizaba como inspiración para dibujar en silencio. De noche era aterrador, pero la duda era mucho mas grande que el miedo que sentía. Así que sin titubear, entré.
—Seojun, ¿Dónde estas?—grité con desesperación mientras caminaba por el bosque. Hacía frío, tanto que empezaba a tiritar, era como si muriera lentamente a medida que perdía la esperanza de encontrarlo y con cada grito, el silencio se hacía mucho más ruidoso.
Con angustia y un último impulso, decidí llamarlo por última vez. Lo había hecho ya más de 100 veces sin respuesta, pero de repente, como si mis súplicas fueran escuchadas, pude percibir la vibración de un dispositivo dentro de unos arbustos. Me acerqué con miedo mientras que varias gotas empezaban a caer en mi cabeza.
Entonces el pensamiento de la posiblidad de que mi amigo hubiera muerto, surgió y empezó a aumentar en cada paso que daba. Pero yo no quería aceptarlo, me negaba a creer que mi amigo (si podía decirle así) estaba muerto, o estaba a punto de morir.
—¿Hyunjin?—Dijo una voz débil
—¿Seojun?—Contesté, intentando neutralizar mi respiración, mientras sacaba una linterna.
Seojun estaba cubierto de sangre...
—Voy a llamar una ambulancia—dije mientras abría la llamada
—Es muy tarde...—contestó Seojun apartando mi teléfono—esta es mi decisión Hyunjin...
—No, tu no te puedes morir Seojun—él sonrió.
—Gracias por hacerme tan feliz, Hyunjin...Te amo—mencionó por última vez antes de cerrar los ojos e irse para siempre.
«¿Qué significa eso Seojun?, ¡EXPLICAME!»-pensé mientras sacudía el cuerpo inerte de Seojun.
Considero que a ninguna persona la preparan para afrontar la muerte de un ser querido y por más que la vida sea tan efímera. Esa noche entendí lo frágil que los sentimientos pueden ser...entonces junté mis manos y pedí que Seojun pudiera ser feliz donde quiera que estuviera mientras lloraba porque ya no iba a poder verlo jamás.
«Sí, nadie nos prepara para afrontar la muerte... pero yo me enamoré de ella esa misma noche, cuando vi a Seojun morir en mis brazos.»