Introducción.
𝑨𝒏̃𝒐 2022.
Encantada de conocerte, soy Bonnie Hansen Collins, estudiante de tercer año de universidad, estudió administración de empresas por si te lo preguntabas, aunque lo dudo mucho jajaja, estaba de camino a ver a Mikaela…de tan solo pensarlo hasta mi piel se me erizó, no estamos en buenas condiciones ahora, déjame contarte un poco sobre ella.
Mikaela es mi mejor amiga de preparatoria, al principio no nos llevamos muy bien o por lo menos yo no le agrade demasiado a ella, la verdad no quería siquiera llamar la atención.
𝑨𝒏̃𝒐 2019 𝒂 𝒊𝒏𝒊𝒄𝒊𝒐𝒔 𝒅𝒆 𝒔𝒆𝒑𝒕𝒊𝒆𝒎𝒃𝒓𝒆.
— Tesoro, despierta, tienes que levantarte, hoy es tu primer día de preparatoria — dijo mi madre con un tono suave casi susurrando.
— No tengo ganas de ir — puse una almohada encima de mi cabeza.
— Tienes que y lo sabes — dijo está vez un poco más seria.
— Está bien, está bien, ya entendí querida madre.
Mi madre salió inmediatamente de mi habitación para darme tiempo en lo que ella preparaba mi desayuno, sabía que no era muy buena cocinando, un par de veces casi quemaba la cocina, que tontería por parte mía.
Me metí a bañar y me aliste para ir al instituto, mi uniforme era mi favorito, era una camisa blanca y corbata, lo que más me gustaba usar, podíamos usar falda o pantalón lo que fuera de nuestro agrado.
Terminé de colocarme todos mis aretes, parecía más un colador de tanta perforación que tenía; aquel día quería estrenar ese reloj negro que mi madre me había regalado por mi buen puntaje en el examen, era algo costoso, pero eso no le preocupaba a mi madre, nos daba pequeños lujos de vez en cuando.
Baje las escaleras a toda prisa me sentía llena de energía a pesar de que no quería asistir, abracé a mi madre y le di un beso en la cabeza.
— Buenos días querida madre, hace rato no te di un beso de buenos días, así que…bueno — sonreí.
— Parece que ya tienes más energías que hace rato — me dió una cálida sonrisa.
— Sigo sin querer ir, pero me siento tranquila, supongo — me encogí de hombros y solté un suspiro.
— Siéntate a desayunar, no quiero que se te haga tarde, ya verás que hoy te irá bien.
— En seguida madame, yo confío en sus palabras — hice un saludo militar como me enseñó mi abuelo y ella solo se rió de mis tonterías.
Me senté en la barra donde comía durante la mañana ya que solamente éramos nosotras dos a esa hora, tome uno de los libros que dejaba ahí para leer durante la mañana cuando desayunaba o estaba aburrida.
Desayuné tranquilamente, la verdad está vez no estaba ni siquiera un poco impaciente de presentarme a la escuela, vengo de una familia que trabaja muy duro para darnos una buena vida.
Durante mi kinder, primaria y secundaria había ido a una escuela privada y de prestigio, pero está vez mi madre quiso que me esforzará por entrar a una buena preparatoria por mi propia cuenta.
Durante aquel verano estudie día y noche para cumplirle el entrar a una de las mejores preparatorias y así fue, tal vez no sería lo mismo que una escuela privada pero vaya que era una buena escuela, según mi padre, él había estudiado ahí así que bueno era su opinión, pero quería confirmarlo por mi misma.
Me quite mis botas y me puse los patines para ir al instituto, estaba algo nerviosa, no sabía si me iba a poder acoplar a aquello que me resultaba nuevo.
En cuanto entré pude ver a una chica de cabello ondulado en el patio, acompañada de otras dos chicas, por distraerme viéndolas termine chocando con un chico que parecía ser de tercer año.
— Lo lamento mucho, no estaba atenta a mi alrededor — tome mi cabeza.
— No te preocupes, ¿estás bien? ¿No te lastimaste?
Me di una revisión rápida pero al parecer había salido intacta de mi despiste.
— Estoy bien — sonreí — ¿Tú estás bien?
— Tranquila estoy bastante bien ¿De qué año eres?
— Primero.
— Ya veo ¿Te ayudo a llegar a tu salón? Este lugar es enorme y te puedes perder.
— Si, por favor.
Él asintió con una sonrisa, primero que nada me ayudó a llegar a mi casillero donde deje mis patines para ponerme mis botas nuevamente, a pesar de que nos habíamos conocido hace pocos minutos parecía que compaginamos al instante, eran de esas amistades que al instante hacían “click”.
Me dió un pequeño recorrido para poder facilitar más el desplazarme en este nuevo entorno, aquel descanso terminó, habíamos llegado a mi salón, no estaba feliz de entrar pero debía, me despedí del chico y entré a mi salón.
Al fondo en la última fila ví un asiento disponible, no quería llamar tanto la atención ya que sabía que preguntarían por mi pasado, mi reputación en mis anteriores escuelas no era muy buena, a pesar de que era alguien inteligente también era muy problemática y los profesores lo sabían.
Deje mi mochila a mi costado y me senté recta como mi madre me enseñó, una buena postura también habla demasiado de ti así que no podía relajarme ni un solo momento, la verdad no soy buena socializando así que saque uno de mis libros para leer y tranquilizarme un poco, aquellos nervios estaban que me mataba.
De pronto escuché los murmullos entre mis compañeros, la verdad no era la primera vez que escuchaba a alguien haciéndolo en mi presencia, cuando fue mi cambio de una secundaria a otra aquella vez que me mudé también llegué a escucharlos así que ya había aprendido a ignorarlos
De pronto escuché un “¿Oye cómo te llamas?” de una de mis compañeras, pero estaba dispuesta a evitar sus preguntas a toda costa, realmente no era de mi interés ni tenía intenciones de hacer amigos.
— Chica callada, ¿cómo te llamas? — preguntó la voz de un chico está vez.
Voltee a ver a mi lado, una chica un poco más alta que yo estaba viéndome con una sonrisa de par en par, ví por arriba de mi libro y un chico de tez morena me estaba viendo fijamente, al parecer todos ahí eran muy alegres porque me estaba sonriendo de oreja a oreja similar a cuando los perros están alegres.
Solo los mire un poco y volví la mirada a mi libro, no era muy empática que digamos, para mí el hacer amigos era aburrido y mis pensamientos me decían que no los necesitaba…no después de tanto dolor.
Tratando de evitar sus preguntas y sus palabras hubo algo que me hizo reír, algo raro en mí, todas las barbaridades que decía la chica me parecían divertidas.
— Ya ves ya logré hacerla reír — afirmó con orgullo.
— Ya ves me haces quedar mal — hizo una cara de cachorro triste y solamente pude rodar los ojos aún sonriendo.
Al poco rato llegó la profesora, era la primera vez que estaba en una escuela pública así que solo imite a la gente de mi alrededor, me levanté y se dió el saludo como se acostumbraba.
Las siguientes clases fueron bastante tranquilas, a veces me daba tiempo de continuar mi libro, aunque bastantes de mis compañeros se fueron acercando poco a poco halagando mi forma de vestir o pidiendo saber más de mi.
Realmente no le presté tanta atención hasta que llegó la clase de inglés, fui rápidamente a mi salón y me percate que nuevamente me había tocado con los mismos chicos de antes, mi memoria era bastante buena así que pude reconocer los rostros de inmediato.
Todo parecía ir bien hasta que el profesor me pidió pasar adelante para presentarnos en inglés y así practicar nuestro speaking, al ser una alumna de escuela particular salió impecable mi habla haciendo que mis compañeros me notarán, en ese momento me di cuenta de lo que sucedió, maldición, no quería llamar tanto la atención.
El profesor orgulloso de lo bien que lo hable hizo que me pusiera de ejemplo cosa que no me agradó nada, el grupo de chicas de esta mañana me veían como si fuera un bicho raro y así me sentía con todas las miradas encima mío.
Tome asiento nuevamente, sentía sus ojos encima mío, como si estuvieran cazando a su presa, el chico moreno de antes me pidió ayuda para hablarlo así de bien y pronto se le sumó un montón de personas pero había un grupo en particular que aún me veía con esa mirada matadora.
Solté un pequeño suspiro esperando no llamar aún más la atención y comencé a ayudar a mis compañeros.
Durante toda esa materia me sentí incómoda ya que con cualquier cosa que decía lo aplaudían como si fuera la cosa más grandiosa del mundo, al acabar está iba a salir corriendo, pero las chicas de antes me detuvieron.
— Permiso…necesito salir o perderé mi siguiente clase — dije algo sería.
— Seguro te crees la gran cosa por lo de hace rato, Mikaela es muy lista y seguro no podrías contra ella si fueran en las mismas clases — afirmó una de las chicas con un tono de grandeza.
Desde ese comentario sabía cuál había sido mi error, lo que menos quería eran problemas y justamente es como si los hubiera invocado, me crucé de manos.
— Realmente no me creo la gran cosa y que bien por tu amiga, no me importa realmente si lo es o no.
Traté de evitarlas y nuevamente me bloquearon el camino, lo más gracioso de esta situación es que ellas eran más bajitas que yo así que si quería hacerlo a la fuerza podría sin ningún problema.
Por educación trate de hacerlo al buen modo, pero al no notar cambios decidí mejor empujarlas, en ese momento la chica de la que hablaban salió de en medio gritándome.
Su voz me provocaba dolor de cabeza severos me pare delante suyo con una buena postura para aparentar aún más altura.
— No estaré perdiendo el tiempo por ustedes, realmente no me importa demasiado si tú eres bastante buena o no.
De tan poco interés que les tenía a mis compañeros ni siquiera había escuchado adecuadamente el nombre de la chica que en ese momento tenía enfrente mío, tampoco iba a preguntar por algo que me causaba tan poca curiosidad.
Las terminé empujando para evitarla, no quería más líos con un par de chicas, tomé mi última clase antes de las siguientes dos horas que eran libres, en cuanto salí fui a pedir algo de comer, cuando estaba pagando mi comida sentí una palmada en mi hombro.
— ¿Ya vas a comer, niña callada?
Me quedé pensando si no era evidente ya que tenía mi comida en mano, pero me limité a hablar demás.
— Así es, ya voy a comer — respondí sería.
— No nos has dicho tu nombre.
— Bonnie.
— Encantados Bonnie — dijeron ambos con una sonrisa
— Yo soy Peter.
— Y yo Nakia.
— Un gusto.
Recibí mi cambio y comencé a marcharme del lugar, estaba a punto de irme, quería comer en otro lado donde no hubiera tanta gente pero alguien me detuvo.
— ¡Espera! — me tomaron del brazo.
— Estábamos planeando que nos hicieras compañía, estamos sentados en la mesa de por allá y como estabas sola pensamos que sería buena idea.
Los mire realmente estaba dudando en darles una respuesta, no me gustaba la compañía, pero se habían tomado la delicadeza de invitarme, acepte su propuesta, sabía que si me veían con alguien más tampoco llamaría tanto la atención, llegamos a la mesa y noté un gran grupo de personas, no pensé que serían tantos, me senté junto a Nakia, me sentía más cómoda con ella ya que con los demás no había convivido en lo absoluto, todo estaba callado hasta que alguien se atrevió a hablar.
— Y bien… ¿Cuál es tu nombre?