Lapso De Tiempo || [TPN Short-Fanfic] Goldy Pond

Sinopsis

En Goldy pond, un lapso de tiempo es más valioso que el dinero, cualquiera que sea el momento, tendrá influencia en si vives o mueres. No importa dónde estés, ni con quién, en este paraíso subterráneo la música anuncia el inicio de una masacre y un festín. Porque el tiempo es relativo cuando tu supervivencia se balancea entre tu suerte y tu cabeza. . . . . . . ¬Contiene spoilers de el arco de goldy pond. ¬La mayoría de personajes que aparecen en este fanfic son propiedad de Kaiu Shirai y Posuka Demizu. ¬Esta historia es de mi propiedad y se prohíbe su copia o adaptación sin MI permiso Escrito en: 16/06/21 y 15/10/24

Genero:
Horror/Action
Autor/a:
Victoria
Estado:
Extracto
Capítulos:
2
Rating
n/a
Clasificación por edades:
16+

ɪɴᴛʀᴏᴅᴜᴄᴛɪᴏɴ

La fría brisa al final del ocaso acariciaba su rostro con simpleza.


El sonido del pasto contra el peso de sus pies, en cualquier otra ocasión hubiera sido agradable, incluso relajante, pero ahora, era la advertencia de que sus días en aquel orfanato habían terminado.


Y esta sería su última vez cruzando bajo la cúpula que resguardaba su hogar; comenzaban acercándose cada vez más aquel gran portón negro, que, como cualquiera pudiera suponer, era la salida del ese lugar.


Jamás añoro esto, salir, dejar su hogar, pero allí estaba, dirigiéndose con su única figura maternal al final de sus días junto a sus hermanos, su familia.


—Maestra Megumi —la primera palabra en todo el camino que pronunció la chica, desde que la puerta de la casa se cerró.


Una mirada cómplice, con un destello de pura preocupación se dibujó en el rostro de quien respondía al nombre 'Megumi'.


—¿Sí, Maia? —la mujer no dejo escapar un tono preocupado, más bien, este era relajado, como si no le molestará nada aquella noche.


La mujer acomodo uno de los mechones rojos que sobresalían de su pulcro cabello, peinado en moño, pues la brisa había desacomodado un poco el tocado.


—¿Usted cree que les agrade a mis nuevos padres? —preguntó la chica de menor edad, sin apartar por un segundo la mirada de la pelirroja frente suya.


—Por supuesto —dijo rápidamente—. ¿Por qué no lo harían?


—A veces las personas son difíciles de entender —un suspiro interrumpió su frase—, y por más que lleves un gran lapso con ellas, no significa que las puedas conocer de verdad. A veces solo dicen que te quieren para no herirte, o evitar el problema de lidiar con tus sentimientos después.


La chica dio un respingo y con sorpresa abrió de más sus ojos azules, casi se había estampado contra el pesado portón de metal.


—¿A qué quieres llegar?


—Ellos pueden fingir que les agrado, aunque no sea cierto. —Maia tocó con curiosidad la superficie lisa de la puerta.


No había poro alguno en el metal negro, el roce frío del portón, dejo en sus dedos una sensación de adormecimiento sutil, como cuando la nieve se posa sobre tu nariz. La brisa suave que choca con su cuello no es la que hizo que se erice su piel; la advertencia que le daba su cuerpo era más que obvia.


Desde que puede recordarlo esa puerta significa despedidas, dolor y nostalgia. Era el sitio donde la vida de sus hermanos cambia, cuando dejan de ser una familia.


—La Maia que yo conozco, sería capaz de agradarle hasta a una pierda —dijo en tono maternal—. Les agradarás, tenlo por seguro.


—Desearía que Zack estuviera aquí —musitó la niña, demostrado más abiertamente lo mal que se sentía de separarse de su hermano, su mejor amigo.


La maestra aguardo en silencio, avanzó lentamente hacia al portón. En la hierba que casi llegaba hasta los talones había hermosos dientes de león, que quedaron reducidos a solo pasto cuando la mujer los piso.


—Sabes que cuidaré de él y de todos tus hermanos lo mejor que pueda, ¿no? —contesto finalmente la mayor. La puerta se abrió lentamente y las bisagras chirriaron hasta que se detuvo el movimiento del portón.


Una sonrisa suave se formo en los labios de la chica, la lampara de aceite que sostenía Megumi resaltó un brillo en los ojos azules de la pequeña. No pudo evitar conmoverse ante una despedida así, ya había podido contener las lágrimas en la casa, pero aquí se sentía un poco más libre de llorar. En la oscuridad de la noche, cualquiera podría confundir sus lagrimas con el reflejo de la luz sobre su rostro.


—Claro que lo sé, después de todo, usted siempre lo ha hecho. —Avanzó hacia el pasillo frente suya, procurando no pisar el único diente de león que quedaba erguido.


El olor a moho se hizo presente en sus fosas nasales, el otro aroma era más parecido a cuando la carne lleva mucho tiempo afuera y comienza a salir larvas de ella. Como a leche podrida.


Sin que la chica lo notara, la expresión de la mujer cambio. Sus facciones no se parecían a las de una muñeca de porcelana, no se notaban postizas ni artificiales. En su rostro se reflejaba un puro desgaste, incluso aunque fuera joven, la luz cálida de la lampara no hacía más que remarcar sus pliegues en la piel. Los surcos alrededor de su boca eran los más visibles, después de todo, al sostener una sonrisa falsa por tanto tiempo en tu cuerpo se terminan grabando las marcas de la mentira.


—Lo siento.


Y como si esa palabra lo arreglara todo, cerró el portón.


Maia ni siquiera escuchó aquella frase, pues su cuerpo se encontraba desplomado en el suelo, con un dardo de pluma roja incrustado en su cuello.