PRÓLOGO:
Somos hermosos ante los ojos correctos, sin importar nuestro pasado, nuestros errores, y nuestras más profundas cicatrices.
...
El atardecer se desplegaba ante mis ojos, tiñendo a la laguna frente a mi de tonos naranja rojizos, una vista hermosa y nostálgica al mismo tiempo...
"El efecto mariposa" había oído varias veces a Mi-hi hablar sobre esa teoría, sobre cómo pequeñas acciones pueden cambiar totalmente el rumbo de una vida, la gente en su mayoría la asocia con eventos negativos, la mayoría creen que el aleteo de una mariposa puede desencadenar ondas y ondas de desgracias.
En ese momento, la nostalgia parecía apoderarse de mí, era increíble como un simple giro del destino había alterado mi vida, en su totalidad.
Aún puedo recordarlo, aún recuerdo esa tarde, el atardecer parece ser el mismo que el que ví aquel día, la única diferencia es que aquellos ojos color café no están aquí... Su delicada voz, no se oye por ningún rincón de esta casa, mi precioso ángel, ¿Que se supone que deba de hacer?
Aquella tarde parecía ser como si el universo hubiera conspirado con el destino para cruzar nuestros caminos en ese preciso instante, desencadenando una serie de eventos que cambiaron la percepción que tenía sobre mi vida, sentí miedo, todos esos sentimientos que me generaron sus preciosos ojos y su melódica voz no eran normales para mí, era la primera vez que mi corazón latía con tanta intensidad, la primera vez que sentí que mi corazón no era mío, que era el de alguien más, suyo, de él.
La emoción y la tristeza se entrelazaban en mi corazón al rememorar aquellos momentos, el sol parecía haberse ido dándole acceso a cielo gris, uno que probablemente no tendría estrellas que lo acompañaste, que no sería iluminado por la luna.
¿Hasta qué punto somos dueños de nuestro destino, y hasta qué punto somos simplemente marionetas en manos del azar?
...
— No voy a lanzarme al vacío, si eso es lo que crees.
Su voz, suave como el susurro del viento entre las hojas había causado en el corazón de Namjoon una paz inmensa, su mente se había relajado, todo aquel estrés y la ira que tenía al ingresar al edificio habían desaparecido, era como si su corazón hubiese encontrado refugio en el dulce bálsamo de aquella voz, que parecía poder detener el tiempo y disolver las preocupaciones en el éter de la serenidad.
— ¿Vives aquí? — volvió a hablar observando el atardecer, ocasionando escalofríos en la piel del otro.
— Si... — respondió Namjoon con la mirada puesta en el chico
— El atardecer se ve encantador, ¿no lo crees? — hablo el contrario colocando un cigarrillo en sus labios
— Si... — respondió en un susurro dirigiendo su mirada hacia dónde el chico de pelo castaño veía, observando como el cielo empezaba a teñirse de un naranja inmenso.
— ¿Quieres uno? — hablo el chico extendiéndole al otro un cigarrillo, haciendo contacto visual
Nam intento negarse y decir "no, gracias", pero su voz parecía haberse esfumado, aquel jovencito era en realidad hermoso, sus facciones eran delicadas, sus ojos parecían ser estrellas reflejadas en una laguna, su piel era blanca como las perlas, era como un ángel.
— ¿No quieres? — hablo el castaño frunciendo el seño extrañado por la rara forma en la que aquel hombre lo veía.
— Si, lo quiero. — respondió inmediatamente acercándose al otro tomando el cigarrillo de forma inmediata.
— ¿Tienes un encendedor? — pregunto sonriendo mostrando sus hoyuelos.
— Si, ten... — hablo sonrojado extendiendo su mano ofreciéndole un encendedor al pelinegro.
— Gracias. — sonrió apoyándose en el balcón de la azotea.
— Me llamo Jin, ¿cuál es tu nombre?
— Mucho gusto, me llamo Namjoon... — respondió sonrojado.
— Nam... — susurro haciendo que el otro se sonrojase más.
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