Noche de Luna Llena | MuzanDaki

Sinopsis

Esa fatídica noche que marcó su estino, Daki regresó al burdel, encontrándose una grata sorpresa. "Nadie es tan bella como tú. Y tampoco tan fuerte. [...] Eres la lujuria encarnada y mi demonio más especial." Una reinterpretación de una bella escena de KnY T2.

Genero:
Erotica
Autor/a:
Jackari
Estado:
Completado
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Parte Única

Después de haber asesinado a aquella mujer, Daki se apresuró a regresar a su habitación corriendo sobre el tejado, acompañada por la luz de la luna y del griterío de la gente al ser testigos del cadáver que yacía inerte en el suelo.

Rápidamente, Daki se posicionó sobre el marco de la ventana al haber llegado a su oscura habitación y fijó su mirada en el interior, llevándose una grata sorpresa.

—¿Cómo estás? —preguntó aquel demoníaco hombre entre las penumbras.

—¡Señor Muzan! —exclamó Daki con felicidad mientras sus mejillas se enrojecían.

—Parece ser que has devorado un montón de humanos —evidenció Muzan con una ligera sonrisa al alzar medianamente su rostro, dejando que la luz lunar iluminase su blanquecino rostro, y continuó—: Estás mucho más apetitosa y poderosa que antes. Me siento orgulloso de ti —reconoció el demonio.

—¡Gracias! —agradeció la chica, al tiempo en que realizaba una estrafalaria reverencia en el tatami, llevando su cabeza hasta el suelo.

El corazón de Daki latía peligrosamente rápido cuando se encontraba con el señor Muzan. Lo admiraba tan profundamente que, alegraba sus noches cada vez que la visitaba.

Admiraba y deseaba al señor Muzan con todo su corazón, gracias a él gozaba de exquisitos platillos nocturnos.

—Pero no debes bajar la guardia, cuando mejor creemos que van las cosas, es cuando es más fácil tropezar —agregó Muzan, manteniéndose en su lugar.

—¡Lo tendré en mente! —acató Daki, alzando medianamente su vista sin perder la postura.

—Los cazadores de demonios son muy habilidosos. Y los pilares son capaces de reconocernos de inmediato —comentó Muzan —. Con nosotros es distinto, a no ser que destaquen tanto como los pilares, nosotros no somos capaces de distinguir a los humanos entre sí.

» Pero tenemos una habilidad que ellos no poseen: reconocemos su tipo de sangre, enfermedades y sus genes.

Daki le escuchaba atenta y en silencio.

El demonio terminó de explicar y luego se levantó de su asiento al igual que llamaba a la contraria por su nombre—: Daki.

—¡¿Sí?! Sí, ¿señor Muzan?—exclamó, con una gran sonrisa adornando su rostro, luciendo dócil.

—Tengo grandes planes para ti, mi pequeña —mencionó, a la par que se aproximaba a ella con pasos suaves. Una vez se colocó frente a ella, llevó sus frías manos al suave rostro de su subordinada, a la par que decía—: Nadie es tan bella como tú. Y tampoco tan fuerte. El asesinato de siete pilares precede tu habilidad. No tengo ninguna duda de la fuerza que obtendrás al final.

» Eres la lujuria encarnada y mi demonio más especial.

El silencio abundó en la oscura habitación los siguientes segundos, Daki se encontraba pasmada por todas esas bellas palabras que su señor le había dicho. Estaba llena de dicha. Ahora lo deseaba y amaba más que nunca.

Era tan feliz.

El mayor fue acercando cada vez más su rostro hacia la joven para otorgarle su recompensa por tales méritos.

Pareciera que el tiempo para Daki se detuvo cuando Muzan plasmó sus fríos labios sobre los de ella en un placentero beso que hizo estremecer por completo a la chica.

Temblorosa, Daki llevó sus manos al pecho de su superior y las colocó suavemente sobre este, para después estrujar la tela del chaleco cuando Muzan comenzó a profundizar el beso.

Las gruesas manos se aferraron al pequeño y delicado rostro y los dedos se enredaron en las hebras oscuras.

Los labios del mayor se movían con destreza sobre los de la joven, que a pesar de no ser la primera vez, Daki movía sus labios con timidez.

Los besos de su señor eran embriagantes.

—Mi pequeña Daki, ¿aún no te acostumbras? —cuestionó Muzan, con una sonrisita cuando cortó el beso para retomar el aliento.

—No es eso... yo... yo puedo hacerlo, señor Muzan —contestó ella, con pequeños jadeos.

—Perfecto, porque hoy te daré más —anunció Muzan.

Daki sintió el retumbar de su corazón en sus oídos y apretó sus piernas.


Hincados en el suelo, Muzan rodeó a Daki con un brazo para pegarla a su cuerpo y llevó su boca a la fina piel de la garganta de esta para comenzar a besar.

Daki rodeó al señor Muzan con sus brazos y estrujó la tela del chaleco que cubría la ancha espalda y se dejó llevar por la sensación que le otorgaban los húmedos besos en su garganta, por lo que dejó salir suaves gemidos.

A Muzan le gustaba jugar con Daki, era una entera exquisitez que no dejaría ir por nada.

Besaba y mordía la suave piel de la garganta como si de un manjar se tratara.

Daki era una delicia.

—Ngh... señor Muzan —gimió Daki, para después morder su labio inferior.

La chica, con tan poco, estaba completamente abochornada. Su entrepierna palpitaba fuertemente, así como su corazón. Apretó sus piernas e irguió su espalda, levantando medianamente su pelvis.

Se sentía necesitada de más.

Quería más.

Muzan notó el ligero movimiento de parte de la contraria y decidió que era hora de ir un poco más lejos. Se abrió paso entre los gruesos muslos de Daki con una de sus piernas y presionó la vulva con esta, provocando una reacción satisfactoria en la contraria.

Con sus labios creó un camino de besos hasta el esternón de Daki, colocando Muzan, su cara entre los prominentes pechos de esta.

El demonio alejó su rostro y con su mano derecha tomó uno de los gruesos tirantes del vestuario y lo hizo a un lado, descubriendo el pecho enseguida.

Muzan observó, inerte, el pecho y llevó su boca al pezón erguido y comenzó a mamar de este con completo deseo.

—¡Agh-! Maldición —vociferó Daki en un agudo gemido, producto del estímulo en su pecho sensible.

Acto seguido, Muzan acarició el abdomen desnudo de Daki con su mano derecha y esta misma la llevó directo a la vulva húmeda, por dentro de la braga.

Al sentir la fría mano en su parte íntima, Daki dio un respingo y clavó sus uñas en la espalda de su señor cubierta de ropa.

Mientras chupaba el pecho con voracidad, Muzan acarició con sus dedos la vulva, y luego acarició la vagina por fuera, empapando sus dedos con el fluido que no dejaba de secretarse por la excitación. Masajeó la zona en círculos y luego acarició los labios interiores entre sus dedos, para al final, subir al clítoris y comenzar a masturbar.

Muzan movía sus dedos de una forma tan magnífica, que Daki no dejaba de gemir y lloriquear.

Se sentía en el paraíso.

El demonio no solamente se enfocó en el clítoris, también acariciaba los labios y en ocasiones masajeaba la vagina por encima.

El hombre dejó de chupar el pecho para retomar el aire y mantuvo su rostro a escasos centímetros del de Daki, que estaba completamente sonrojado y brilloso.

Sus alientos chocaban con el del otro, intensificando más el momento y sus ojos no dejaban de ver con deseo los labios del otro.

Muzan decidió introducir dos de sus gruesos dedos en la vagina de Daki, la cual recibió fácil y gustosamente estos en su interior palpitante, cálido y húmedo. El demonio comenzó a embestir el interior con sus dedos de forma agresiva, golpeando constantemente el punto G de ella, que gemía cada vez más alto.

Daki enredó los dedos de su mano izquierda en los cabellos oscuros de su señor y estrujó, a la par que movía sus caderas y apretaba los dedos en su interior.

—Eres muy ruidosa, mi pequeña —mencionó Muzan, para después acallar los gemidos ruidosos con un fogoso beso.

Cuando el amo sintió que Daki estaba a punto de llegar al orgasmo, introdujo un tercer dedo, el cual entró con facilidad y embistió con ferocidad varias veces hasta que no pasó mucho para que Daki se corriera.

Daki tensó su cuerpo por completo y apretó su entrepierna al llegar al orgasmo, apretujó su agarre con sus manos y terminó rompiendo el beso.

Pequeñas lágrimas habían escapado como producto del placer y sentía que ya no hallaba de donde más aferrarse por la placentera sensación.

Los jadeos se abrieron pasó en Daki, quien una vez que relajó su cuerpo, se dejó caer sobre su señor, que no la soltaba.

—Buena chica —pronunció Muzan, con una sonrisa ligera.