Chapter 1
Mi respiración agitada, mis pies moviéndose velozmente, la brisa fría de la noche me recorría el rostro y no podía parar de correr si quería seguir vivo. El robo era castigado con la muerte. Podía escuchar los gritos furiosos de los guardias que me perseguían, sus pasos aproximándose, cada vez más cerca. Sentía como la sangre caía de mi nariz, podía sentir el sabor de mi propia sangre en mi boca.
Corre, corre, corre
No podía detenerme, debía seguir corriendo aunque mis pies y mis pulmones no dieran más. Miré a mi alrededor, buscando una escapatoria. Divisé un callejón a la distancia y empecé a dirigirme hacia el con gran desesperación, tenía que esconderme. Me moví entre la multitud, esquivando a las personas que caminaban de un lado a otro por las calles. Aún podía escuchar los pasos detrás mío, algo lejanos y perdidos entre las personas.
Me metí dentro del callejón oscuro, apegando mi espalda contra la pared para ocultar mi presencia. Luché para mantener mi respiración controlada, lo menos que quería ahora mismo era desmayarme por correr tanto. Me mantuve en silencio, escuchando las voces de los guardias.
-¡Encuentren a ese maldito sangre sucia! ¡Pagará por haberle robado al Rey!-
Aguanté la respiración al verlos pasar de largo corriendo, sus armaduras rechinando a medida que corrían. Me dejé caer al suelo con mi espalda aún apoyada en la pared y me saqué mi capucha, de verdad necesitaba descansar después de haber corrido por medio reino.
Escupí sangre al suelo, el sabor desapareciendo levemente, aunque mi nariz seguía sangrando. Revisé mis bolsillos de mi chaqueta, debía asegurarme de que aún lo tenía. Al sentir algo duro y frío entre mis dedos, la saqué con cuidado.
Aquí estás...
La piedra Senya, la piedra real que el Rey mantenía escondida en el castillo. Dejé salir un suspiro de alivio, primero porque no la había pedido y segundo porque no me habían cortado el cuello en pocas palabras.
Miré el color verde intenso de la piedra, Valía una fortuna, más que eso, toda una vida valía, era extremadamente valiosa. El brillo de la joya me envolvía, casi cegando mis ojos con tal resplandor verde jade. Por un momento, había olvidado completamente dónde estaba, quedando hipnotizado con la piedra. Me levanté algo tambaleante, aún cansado y adolorido por la persecución.
Con mi dedo, toqué con delicadeza mi nariz notando que la sangre se había secado, volviéndose a un color más oscuro. Dejé caer mi mano y guarde la piedra en mi bolsillo. Me volví a poner mi capucha y empezé a caminar fuera del callejón.
debía dirigirme a mi hogar.
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Caminé hacia el escondite, había un pequeño refugio en el fondo del callejón. Mantas en el suelo y cajas estiradas arriba para simular un pequeño techo, no era mucho pero me servía. Vivir en los barrios bajos era duro, pero aprendías a conformarte con poco y ser agradecido con lo que tenías. Caminé hacia el refugio y me desplomé en las mantas, el frío de la noche causandome escalofríos.
Me recosté hecho bolita mientras cerraba mis ojos tratando de descansar, mis ojos empezando a cerrarse por si solos. Pero aún así, no estaba completamente tranquilo, sabía que los guardias me buscarían por doquier para dar con mi padadero y finalmente, matarme. Apreté mi mandíbula, el frío sacándome de mis pensamientos.
Maldita sea
Me retorcía de frío mientras trataba de taparme con las mantas algo sucias pero que al menos me ayudarían a qué no me diera hipotermia. Volví a tratar de quedarme dormido, mi pecho bajando y subiendo con cada respiración que daba. Hasta que, pude oír pasos acercarse a mi.
Me desperté y alcé mi cabeza rápidamente, mi mirada posándose en una figura imponente y alta acercándose que llevaba...
Una armadura.