Con Él | Sesshinu

Sinopsis

Recuerda haberle advertido que tenga cuidado, recuerda haber dañado sus cuerdas vocales en ese momento, recuerda cuando el chico lo volteo a ver. recuerda el ruido de unas llantas en el asfalto frenando de golpe que casi le ensordece, todo pasó tan rápido, un segundo su novio lo estaba viendo y al otro.. estaba tirado al otro lado de la acera, inmóvil. • ────── ✾ ────── •

Genero:
Drama/Romance
Autor/a:
Dasha-Sanz
Estado:
Completado
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
13+

One shot.

...


────「✿」────


****


Los exámenes habían terminado tiempo atrás, sólo tenía que entregar este trabajo para confluir. Era su último mes en la universidad y ese sería el más importante. En poco tiempo seria un arquitecto graduado con honores, pero para eso tenía que terminar ese maldito trabajo (El temido monográfico)


Sesshomaru estaba muy ocupado ese día, no había dormido lo suficiente esta semana. Estaba agotado y sólo quería terminar lo antes posible. Ve pequeño calendario no muy alejado sobre una mesita junto a una foto, 14 de diciembre; la fecha está marcada, no recuerda el por qué ni le da importancia.


Sólo sabe que en tres días era la fecha límite para la entrega del proyecto. Estaba a punto de terminar, era tan sólo cuestión de arreglar los últimos detalles y listo, pero como él era un perfeccionista todo debía ser perfecto. Inuyasha llegó muy animado a su departamento y saltó sobre él interrumpiéndolo.


─Inuyasha. ─Gruñó molesto. ─Estoy ocupado. ─Dijo recalcándolo como si no fuera lo más obvio del mundo.


─Tú siempre estas ocupado Sessh. ─Rodó los ojos divertido besando su mejilla y separándose de él.


Inuyasha estaba más animado que de costumbre y eso estresaba aun más al ya cansado peliplata. Su novio de 21 años, era tres años menor que él, lo conoció cuando este entró el primer día a la universidad. Aún lo recuerda porque fue el inicio de sus mejores días.


...


Lo recuerda perfectamente estaba caminando por el corredor tranquilamente, aún tenía tiempo antes de su primera clase. Como siempre, estaba solo y nadie se atrevía a acercarse, siempre serio e inexpresivo, siempre el gran Taisho Sesshomaru.


Estaba absorto en sus pensamientos hasta que sus ojos se posaron casualmente en una figura no tan casual.


En ese hermoso chico de larga cabellera azabache y ojos del mismo color, tez perfecta y piel ligeramente bronceada, rostro aniñado y encantador. Un perfecto e indefenso ángel que llamaba demasiado la atención en su facultad. El misterioso ángel se veía como un conejo nervioso, miraba a todos lados como si quisiera preguntar pero no sabía qué decir. Adorable.


Se acerco a él antes que unos chicos quienes no parecían tener ninguna buena intención, prácticamente le desnudaban con la mirada sin que el menor si quiera lo notara. Como se lo imaginaba el menor estaba perdido, el ojiambar le dijo que estaba equivocado y que la facultad de artes era la de en frente. El pelinegro se avergonzó bastante, se disculpó por las molestias y le agradeció debidamente. Sesshomaru iba a irse y a dejarlo así, pero el menor lo detuvo sujetando momentáneamente su mano antes de presentarse...


─Mi nombre es Takeda Inuyasha. ─Se presentó con dificultad al ser amable.


Cuando se dio cuenta que lo tenía tomado de la mano lo soltó rápidamente, tenía la expresión agresiva de un chihuahua que le costaba ser amable, que sin darse cuenta le robo una leve pero sincera sonrisa al mayor. Algo casi sobrenaturalmente sorprendente siento él:


Taisho-tempano-de-hielo-Sesshomaru.


─Mucho gusto. Soy Taisho Sesshomaru. ─Respondió sin ese tono altanero y frió que siempre le caracterizo.


Él mismo se sorprendió sonriendo otra vez, cosa que era por demás extraña en él, pero no tuvo tiempo de pensar en nada más cuando ese hermoso chico empezó a sonreír de la forma más radiante y hermosa que hubiera visto antes.


─Otra vez, muchas gracias Joven Taisho. ─Agradeció sin borrar su sonrisa al no darse cuenta de ella. Distraída mente vio la hora y se horrorizo puesto su primera clase ya había empezado y era en otra facultad en un salón que aún no conocía. ─¡Estoy retrasado! Tengo que irme. ¡Nos vemos! ─Se despidió para luego irse corriendo dejando sin palabras al mayor.


¿Pero qué decir? ¿Qué hacer cuando sin esperarlo encuentras un ángel y este luego se te escapa dejándote con una sensación extraña?


...


────「✿」────


...


Tres días después de ese fugaz encuentro con ese pequeño ángel perdido, se encaminó hasta la gran biblioteca para relajarse en un lugar silencioso y tranquilo.


Al estar allí se dirigió hasta donde siempre se sentaba. La mesa más alejada y solitaria del lugar, rodeada por enormes estantes de libros de historia de todo tipo y que nadie buscaba. Bueno, casi nadie puesto a que ese preciso día al parecer a alguien se le dio por interesarse en la historia. Trataba de alcanzar un libro dos repisas más arriba e inútilmente se empinaba para conseguirlo, llevaba una enorme cola alta peinando su larga cabellera azabache, de espaldas a él por lo que ni siquiera había notado su presencia.


El peliplata miro la gran escalera móvil al otro lado del estante, rodó lo ojos puesto a que era obvio que esa persona ni siquiera era consciente de que allí había una escalera. Se levantó de su silla para acercarse ya que estando en la biblioteca no podía gritarle que mirara hacia donde se encontraba la escalera y por algo aún más importante, él era un Taisho.


Cuando estuvo justo detrás de quien descubrió que era un chico puesto a que no tenía las características curvas femeninas, y también su espalda era un poco más amplia. El chico de la coleta parecía estar escuchando música pues tenía los audífonos colocados y eso explicaba lo absorto que estaba del mundo que lo rodeaba, y seguía empinado tratando de alcanzar el libro.


Por segunda vez rodó los ojos esta vez con algo de gracia ya que la escena era algo graciosa. El peliplata alargo el brazo y fácilmente alcanzo el libro, lo que era evidente era más alto que aquel chico.


El chico alzó la vista hacia la mano que se cernía sobre él, luego se quitó sus audífonos y se volteo para verle. Y ahí, donde menos lo esperaba estaba ese hermoso chico, este también se sorprendió al verlo y luego le sonrió.


─Gracias. ─Agradeció el chico cuando le extendió el libro ─¿Tienes complejo de buen samaritano con cada persona en problemas o sólo lo haces conmigo? ─Preguntó con media sonrisa divertida y ligera en el costado de su labio.


─Jeh.. Creo que sólo contigo. ─Respondió galante, cosa que sonrojo levemente al menor. Eso le gusto e hizo algo que no era propio de él.. Apoyó una de sus manos al lado de la cabeza del pelinegro y se acerca más a él, prácticamente acorralándolo entre el estante de libros y su cuerpo. ─Recogiste tu cabello. ─Mencionó mirándolo fijamente.


─Me es.. mas cómodo al leer. ─Contestó algo nervioso por la cercanía del guapo chico frente a él.


─Me gusta más cuando está suelto. ─Confesó acariciando con su mano libre un mechón que caía delicadamente a un lado del rostro ajeno.


"Hermoso."


Ambos estaban inmersos en su propio mundo hasta que una voz (Molesta, si le preguntaban al mayor) los interrumpió.


─¡¿Qué demonios le estás haciendo?! ─La voz del otro chico denotaba que no estaba muy feliz por la posición de ambos.


─¡Koga!. No pasa nada, el joven Taisho sólo me ayudaba con un libro. ─Respondió alejándose de él aún nervioso al entender que, tal vez, estuvieran muy cerca.


─Eso no parece ser nada. ─Acusó el castaño.


Y el buen humor del ojiambar se fue al carajo, era obvio que ese chico andaba tras Inuyasha, y eso, por alguna extraña razón, no le gusto para nada.


─Te digo que no pasa nada. ─Respondió ahora algo molesto. ─Ya encontré el libro así que vamos con Hiten y Jakotsu antes de que vengan por nosotros ¿Quieres?. ─Dijo algo mosqueado caminando serenamente, luego se volteó y le movió la mano en señal de despedida. ─Hasta la próxima, Joven-Taisho-caballero-de-brillante-armadura. ─Se burlo.


El peliplata se rió levemente de su chiste privado, lo que disgustó aún más al tal Koga, quien jaló al menor para luego irse casi trotando.


─Hasta entonces, Inuyasha. ─Murmuró sonriendo.


...


────「✿」────


...


Después de ese día no volvió a verlo hasta dos semanas después, y como sería luego su costumbre, sus encuentros serían siempre algo ridículamente novelesco.


Sesshomaru caminaba absorto en sus propios pensamientos cuando chocó con un distraído chico tirándole su libreta de dibujo y unas tizas de colores las cuales se rompieron al caer. El mayor se agachó a ayudar al chico a recoger sus cosas, y cuando este levanto la mirada no pudo evitar soltarle una ligera sonrisa.


─Hola otra vez. ─Saludó no tan feliz el azabache ya que sus preciadas tizas estaba arruinadas, cosa que de inmediato notó el ojiambar.


─Hola otra vez, Inuyasha. ─Respondió alcanzándole su libreta. ─A unas calles de aquí hay una tienda de herramientas artísticas cerca de un buen café, ¿Qué te parece si te remplazo tus tizas y tú te tomas un café conmigo? ─Sugirió Sesshomaru.


─¿Y si me niego? ─El mayor negó sonriendo levemente, el menor se mordió el labio inferior tratando fallidamente de no sonreír más al saber que no lo convencería de lo contrario. ─Bien. Quiero un capuccino.─Exigió resignado, mientras ambos se levantaban.


No muy lejos de ellos Sesshomaru divisó a ese molesto chico de la otra vez, Kouya, Koutaro o algo así, y una idea pasó momentáneamente por su cabeza. Atrapó la cintura del menor con uno de sus brazos y este le miró extrañado.


─Sera más rápido ir en mi auto. Vamos, esta por acá. ─Indicó encaminándolo en la dirección correcta. A la distancia el castaño parecía echar chispas de la rabia y el peliplata sonrió victorioso.


Después de su cita casual, intercambiaron números y sólo qué cuestión de unos meses para que comenzaran a salir.


...


────「✿」────


.***


Inuyasha vio el calendario y su sonrisa se amplió al ver el circulo remarcando la fecha. Sabía que su novio estaba ocupado pero eso no interrumpiría sus planes aunque se retrasara unas horas, después de todo era su cuarto aniversario.


Una hora y media después Sesshomaru termino por fin. Estaba orgulloso de su trabajo ya que era perfecto, pero tenía una enorme migraña por haber dormido tan pocas horas esa semana, sumado al cansancio y al estrés. Sólo quería dormir pero al parecer su novio tenía otros planes.


El pelinegro le abrazó por la espalda, luego se separó un poco para darle un leve masaje.


─Inuyasha. ─Su voz denotaba cansancio extremo.


─Tranquilo solo quiero que te relajes. ─La voz del menor sonaba suave mientras se esforzaba por atender a su novio, quien al parecer no se sentía listo para disfrutarlos.


─Inuyasha, Basta ─El tono de advertencia en su voz era evidente. Su migraña era horrible y sólo seguía creciendo.


─Sé que estabas ocupado y por eso te he permitido estar horas ignorándome en tu computador, pero hoy es un día especial. Así que déjame consentirte un rato.─La voz del azabache intentaba sonar dulce después de todo, Comenzó a darle leves besos en el cuello y hombros.


─¡Basta! ─Gritó molesto alejándole de un empujón sin medir su fuerza.


Gracias a la sorpresiva fuerza del peliplata, Inuyasha salió despedido hacia el suelo, llevándose consigo una pequeña y delicada mesita de caoba de tres piernas donde se encontraba una de sus fotos.


─Inu.. ¿E-Estás bien? Yo no.. no quería.. ─El mayor se levantó apresuradamente a socorrer a su novio, pero cuando se le acerco e intento ayudarle a levantarse el menor rechazó su ayuda con un fuerte manotazo.


─¡No me toques! ─Exclamó molesto, se levantó rápidamente manteniendo la distancia entre los dos.─Me Largo. ─Sentenció furioso.


─Inu.. yo.. Lo siento mu..-


El fuerte sonido de la puerta azotándose fue lo único que escuchó. Suspiró cansado y molesto consigo mismo. Vio la chaqueta roja de su novio olvidada en el sofá, por la ventana puede apreciar nubarrones negros esparciéndose por el cielo, pronto llovería fuertemente.


Tomó el abrigo rápidamente y algo cayó de él. Era una cajita dorada con un pequeño listón rojo, sutil pero elegante... Era un obsequio.


"Hoy es un día especial..."


Recordó las palabras de su pareja. ¿Un día especial? Y recordó la fecha... 14 de diciembre..


¡Joder!


─¡Maldición! ─ERA EL DÍA DE SU ANIVERSARIO, su cuarto aniversario con Inuyasha. ─Maldito idiota, ¿Cómo pudiste olvidarte de eso? ─Se regañó y sin ni siquiera preocuparse por tomar su chaqueta o alguna sombrilla salió corriendo en busca de su pareja, no debía estar muy lejos.


No era como si había olvidado por completo su aniversario. Claro que no. Meses atrás había elegido al regalo perfecto; el cual estaba guardado en la mesita de noche de su cuarto junto a su cama esperando por él. No lo había olvidado, sólo olvido que ese preciso día era el día.


Corrió por las escaleras de servicio, bajó casi saltandolas porque no podía esperar el ascensor. Al llegar a bajo vio a unos niños jugar con su pelota y les preguntó si habían visto a un chico de largo cabello negro; estos les señalaron la dirección y gritó un "gracias" mientras se marchaba.


Casi tropieza con un gato negro que saltó frente a él desde un muro, sin importarle ese hecho siguió su camino, a lo lejos divisó a su novio quien caminaba sin lentitud alguna en sus pasos sin prestarle atención a su alrededor. Comenzó a lloviznar en ese momento, el pelinegro cruzó la calle descuidadamente murmurando cosas que de seguro serian maldiciones en su contra.


Fue cuando Sesshomaru vio un deportivo rojo acercarse a gran velocidad.


─¡¡Inuyasha!! ¡CUIDADO!


Le advirtió y este volteo a verle. El ruido de unas llantas frenando de golpe en el asfalto casi le ensórdese, todo paso tan rápido, un segundo su novio lo estaba viendo y al otro estaba tirado del otro lado de la acera, inmóvil.


─¡INUYASHA!─Gritó corriendo hacia su inconsciente pareja.


Cuando llegó y lo observo temeroso de tocarle, no se debe mover a alguien después de un accidente. Y su pequeño estaba allí, cubierto de gotas de lluvia y sangre, sin moverse... sin respirar.


─Joder, lo siento.. él salió de la nada. ─Se excusó el hombre al salir de su vehículo.─Lla-Llamare a una ambulancia. ─Susurro preocupado.


...


Cuando volvió en sí se encontraba en la sala de espera de un hospital, el amor de su vida estaba en el quirófano siendo operado de emergencia.


Él estaba en shock, sus manos ensangrentadas enredadas nerviosamente en su cabello. Nunca había rezado en su vida, ni siquiera sabía cómo hacerlo pero eso era justo lo que intentaba. Entrelazó sus temblorosos dedos y apoyo su cabeza gacha sobre sus manos.


─P-Por favor.. Por f-favor... no me lo quiten.. no a él. ─Sollozaba sin pena alguna, sin importarle nada quien lo viera en ese estado tan patético. ─Se los suplico... no a él.


─¡Oh, Dios mío, Sesshomaru! ─La preocupada voz de su madre y su posterior fuerte abrazo le acogieron. ─Todo va a estar bien, cielo, estará bien. ─Irasue casi voló al recibir la noticia de que su hijo había entrado a emergencias en estado de shock y cubierto por la sangre de Inuyasha, el novio de su hijo, el ser más enérgico y espontaneo de la faz de la tierra; quien ahora se debatía entre la vida y la muerte a unos metros de ellos. ─Va a estar bien, Inu estará bien. ─La ojiambar besó la sien de su hijo mientras este se desmoronaba en sus brazos.


...


────「✿」────


...


Pasaron casi seis horas hasta que uno de los cirujanos salió y se les acerco, rápidamente se levantaron de los asientos y lo encararon.


─¿C-Cómo está mi novio? ─Preguntó preocupado y ansioso el menor.


─Hicimos todo lo que pudimos, su condición era muy grave...─Informó el Doctor. ─El paciente no sobrevivió.


─Eso es.. eso es imposible. ─Exclamó una impactada Irasue.


─Tenía una grave hemorragia interna, una de sus costillas rotas perforó su pulmón derecho, estaba perdiendo demasiada sangre. Hicimos lo que estaba en nuestras manos pero al final fue su corazón el que no pudo más y se detuvo.. Lo sentimos.


El doctor les dio el pésame.


─Joven, ¿Se encuentra bien? ─Preguntó estúpidamente al verlo tan pálido como una hoja de papel.


Sesshomaru vio al hombre frente a él sin realmente mirarlo.


Inuyasha estaba..


Mi Inu está..


─Es mi culpa, In.. Inu... está.. ─Murmuró en shock hasta caer en la realidad..


Inuyasha ya no estaba.


El peliplata soltó un fuerte alarido ensordecedor como el de un animal salvaje herido y sumamente peligroso.


Sus ojos no enfocaban nada en particular sólo derramaban lágrimas saladas que no se detenían, su respiración se volvió pesada y dificultosa, su cuerpo no dejaba en temblar y tensarse provocando un fuerte dolor que no sentía ni aunque esto lo llevara a golpear el suelo con sus manos, estaba en medio de un grave colapso nervioso. Un ataque de pánico.


─¡Enfermera, traiga un sedante de inmediato! ¡Rápido! ─Ordenó el cirujano alejado a la ojiambar de su inestable hijo.


─Sesshomaru, cielo, cálmate. ─Pidió asustada su madre, temía que en ese estado se hiciera daño a él mismo.


Dos fornidos enfermeros trataron de contenerlo pero era como tratar de contener una tormenta. Con fuertes golpes el Taisho mando a volar a sus captores liberándose violentamente, era casi dos metros de poder y furia descontrolado.. imparable. Cuando la enfermera llegó con la jeringa, los enfermeros volvieron a intentar someterlo esta vez con la ayuda del doctor.


En cuanto lo tuvieron inmovilizado la enfermera le suministro el fuerte sedante y después de un leve forcejeo el peliplata quedo inconsciente.


...


────「✿」────


...


Al día siguiente Irasue se encargo de cada detalle para el funeral.


Inuyasha iba a ser velado esa mañana y enterrado esa misma tarde.


El cuerpo del pelinegro descansaba rodeado de bellos lirios, casta blanca, dentro de un fino ataúd. Bello y casi etéreo, parecía sólo dormir pero la palidez anormal en él delataba la cruda realidad; El menor no dormía.


El evento fue altamente privado, sólo estaban los más allegados y la poca familia que tenía el menor: Kaede, la abuela del difunto, tíos y sus primos, las gemelas Higurashi y sus amigos: Miroku, Sango, Shippo y Kouga.


Irasue estuvo todo el tiempo allí, junto al féretro hasta que descendió y fue enterrado junto a la tumba de Izayoi, la madre de Inuyasha. En todo ese tiempo Sesshomaru no estuvo presente, estuvo fuera del recinto, lejos de todos, lejos de los pésames y las miradas tristes, lejos de las lágrimas y el llanto ajenos; él no necesitaba más, ya se ahogaba en el propio.


El gran Taisho Sesshomaru estaba arrumbado en el suelo fuera del recinto, abrazando desesperadamente la foto de su hermoso y espontaneo, amado y perdido, novio.


Quien fue enterrado erróneamente entre lirios blancos cuando debió ser rodeado por camelias rojas, hermosas como él, pero no se vio con la fuerza de corregir a su madre, no era tan fuerte como para arreglar los detalles del funeral de su amado, pero ¿Quién lo seria?


Espero allí, lejos de todo hasta que cayó la noche y su madre le obligó a levantarse e irse a casa. Irasue le aconsejo que se quedara en la mansión con ella y no en su departamento, pero se negó y se fue a su departamento, su solitario y frió departamento.


...


────「✿」────


...


Pasaban las dos de la madrugada y el peliplata estaba nuevamente arrumbado en el piso, esta vez rodeado de botellas de diversos licores, su ropa desarreglada y arrugada, ebrio hasta decir basta, inmerso en su miseria y desdicha. Solo.


Observaba las llamas de la chimenea como ido, su vista se posó en la distancia, no enfocaba las cosas pero pudo reconocer su computador, abierto sobre la mesa, esa máquina infernal. Furioso, se levanto, de manera torpe y alcoholizada camino hasta ella; con fuerza la sostuvo entre sus manos y la arrojó a las llamas, la rabia se apodero de él y comenzó a destrozar todo a su paso, tiró también el calendario que aún marcaba la fecha del día anterior, la fecha de su aniversario... la muerte de su amado, el principio del fin de su mundo.


Casi tropieza con un marco que estaba en el piso junto a una mesita rota, cegado por la furia lo recogió y lo lanzó a las llamas. La sonrisa de Inuyasha junto a él aclaro un poco su mente, era la foto de su primer aniversario, y ahora se consumía lentamente en llamas.


Rápidamente corrió hasta la chimenea, si ningún tipo de cuidado la sacó y apagó el fuego de la envolvía con sus manos; afortunadamente la salvo antes de que las llamas consumieran la parte donde estaba su feliz novio.


Sacó lo que quedaba de la foto del arruinado marco que por fortuna había retenido el fuego lo suficiente y la tomó con sumo cuidado para no causarle más daños.


Ahí estaba su pequeño, sonriente y radiante. A pesar de la densa bruma mental producto del alcohol podía recordar ese día, su primer aniversario, esa vez había llevado a Inuyasha a esquiar por primera vez.


***


Habían llegado a la cabaña de su familia con el tiempo justo, el menor estaba fascinado por el entrono, todo estaba cubierto de nieve, un pulcro blanco los rodeaba, era como estar en otro mundo, lejos de todo.


─Esto es increíble. ─Exclamó el menor. A Sesshomaru no le gustaba hacer uso de los bienes de su familia ya que prefería emplear los medios que él mismo poseía, pero si su recompensa era esa expresión de niño emocionado en el rostro de su pareja haría cualquier cosa. ─Es precioso, Muchas gracias por traerme.


─No tienes nada que agradecerme, vamos a dentro y guardemos las cosas. ─tal y como dijo, así lo hicieron.


Luego de eso organizaron sus cosas en la misma habitación, era enorme y elegante, como la habitación de un prestigioso hotel. Colores marfil, azul oscuro y caoba oscurecida se apoderaban del lugar. Había un elegante sofá individual no muy lejos de una enorme ventana con grandes cortinas, la vista de las blancas montañas y el cielo azul era sobrenatural, celestial, pero la protagonista en la habitación era la enorme cama justo en el centro, varias almohadas sobre las delicadas y cálidas sabanas de seda marfil y zafiro, con una resistente base de caoba. Era como estar en un cuento.


...


...


Sesshomaru le enseñó a inuyasha a esquiar, estuvo dos días cayéndose pero al final aprendió a deslizarse y parecía divertirse mucho.


─Sólo es cuestión de que logres no caer de cara. ─El peliplata soltó una que otra broma con respecto a las habilidades del azabache y su poco equilibrio. ─Voy ponerme celoso si sigues besando tanto el piso. ─Se burló ayudándole a ponerse de pie.


─¡Hey, esto es complicado! ─Se defendió el menor tambaleándose un poco buscando no caer nuevamente.


─No lo es, es cuestión de practica. ─Sonrió sosteniéndolo de la cintura para evitando que se cayera. Inuyasha se volteo un poco para mirarlo con el entrecejo fruncido, listo para regañarle en broma, pero la posición no era acta para el snowboard; por leyes de la física, la gravedad y el peso, le hicieron resbalar y caer llevándose a su novio consigo. ─¿Estás bien, Inu? ─Preguntó.


─Sí, algo guapo y cálido amortiguó mi caída. ─Murmuró con una risita, se quitó las amarras del snowboard y se dio la vuelta completa para quedar correctamente sobre su peliplata. ─¿Tú estás bien? ─Preguntó acariciándole el rostro con su mano enguantada. El mayor sonrió levemente y asintió. ─Bien, porque ahora el joven Taisho capaz va a aprender a cocinar. ─Se divirtió con la expresión sorprendida de su novio, bien sabía que Sesshomaru no lograba hacer nada que no dependiera de un microondas y agua caliente.


─Sabes que yo no..


─No te preocupes Sessh, es sólo cuestión de practica. ─Aseguró para luego besarle. El peliplata podía sentir la sonrisa del menor sobre sus labios. Era la venganza por las bromas que le hizo.


Al final terminaron haciendo una muy sencilla pero deliciosa pasta acompañada con un delicioso vino rosa ligero y dulzón. Disfrutaron la cena platicando amenamente, planeado lo que harían mientras estuvieran allí: que sin dudas tendrían que ir el 24 a casa de Irasue porque Inuyasha se negaba a que pasara sola toda las fiestas y luego en año nuevo los tres podrían ir al templo Higurashi a visitar a los familiares del menor y a orar por el nuevo año.


Sesshomaru le contemplaba mientras él hablaba emocionado sobre lo que harían, el peliplata amaba a su novio, todo de él era prefecto, todo a su lado era más fácil y agradable. En poco tiempo ese chico se había vuelto su gravedad, lo que lo mantenía en este mundo.


Sonriendo levemente se levantó de su lugar y se acerco a su niño mimado, este lo miró curioso y cuando extendió su mano hacia él la tomó y siguió hasta el centro de la sala, frente a la chimenea. Taisho se acercó lentamente hasta atrapar sus labios en un beso lento, con cuidado lo recostó en el piso sobre la gran alfombra felpuda y suave.


La ropa fue quedando desplazada y olvidada, el calor de la chimenea menguaba el frió poco a poco, Sesshomaru acariciaba con devoción el frágil cuerpo de su amado quien yacía bajo él, con esa mirada rebosante de amor, ese amor puro, honesto y desinteresado que sólo le entregaba a él, y el ojiambar se encargaba de devolvérselo de la misma manera y con mayor intensidad. Porque lo amaba como a nada, porque era su todo.


Con delicadeza besó y acaricio cada rincón de ese cuerpo, acariciando también el alma con su devoción y amor.


─Inuyasha. ─Susurró sobre su vientre plano repartiendo besos mientras seguía su travesía hacia el sur, marcando ese cuerpo como suyo más allá de la piel, más profundo que el alma. ─Tus palabras son mi alimento. Tu aliento es mi vino. Tú significas todo para mí. no sabes cuanto este hombre te Ama.


El azabache se derretía entre las caricias de su amado, ese hombre que había llegado de la nada y se había convertido en su todo.


Sesshomaru, sin importar la intensidad del acto siempre le hacía el amor, con sus manos, con sus ojos, con los sentimientos que derrochaba en él y parecían ahogarlo, tan intensos y vividos, tan etéreos y tangibles a la vez... tan suyos. Porque no había necesidad de decirlo, lo sabían, habían nacido para estar juntos, por y para el otro... nacidos para amarse.


Unieron sus cuerpos como solían hacerlo, dándolo todo de sí, fundiendo sus almas en una sola, amándose con intensidad, con deseo y desviviéndose por el otro, ahogados en un placer dulce y picante a partes iguales. Volviéndose uno... siendo felices.


El orgasmo impasible pero justo les arrobo. El peliplata contempló la imagen frente a él con precisión. La oscura cabellera de Inuyasha yacía desparramada por la alfombra blanca, su cuerpo desnudo y perlado por el sudor e iluminado por las llamas, su respiración descompasada discrepaba con el crujir de la lecha ardiente, sus ojos le miraban de esa forma especial y llena de amor que sólo le dedicaba a él, y su sonrisa, esa sonrisa bobalicona y enamorada... Perfecta.


Inuyasha estiró sus brazos con pereza hasta su rostro, acariciándole con ternura, sus labios volvieron a encontrarse con calma, como masajeándose suavemente. Abrazados se acomodaron en la alfombro, demasiado cansados y mezquinos para levantarse y separarse unos segundos para subir hasta su alcoba y acostarse en su cómodo lecho, demasiado enamorados para sentir el frió. Así que juntos y abrazados, aun desnudos desafiaron al inclemente clima; sólo se abandonaron al sueño... un sueño que no recordarían al día siguiente pero que de seguro cada uno era el protagonista del sueño del contrario.


...


────「✿」────


***


Las lágrimas volvieron a derramarse de sus ojos sin restricciones, quemando sus mejillas, dejando ese sabor a sal en su boca y desgarrando su garganta, destrozándole un poco más.. Matándole en silencio.


─Sesshomaru. ─La voz de Inuyasha y una pequeña risita divertida se escuchaba a su alrededor. ─Sessh. ─le llamaba una y otra vez.


─¡Inuyasha! ¿¡Dónde estás!? ─El peliplata le buscaba desesperado en la oscuridad.


─Atrápame. ─Su Voz hacía eco como el fondo de un barranco, el pelinegro pasó corriendo a su lado. Estaba allí y le sonreía. ─Vamos Sessh, alcánzame. ─Jugaba con él, se divertía.


─Inu.. ─Trató de tocarlo pero este salió corriendo mientras lo seguía. Corría y corría demasiado rápido para alcanzarlo, no le importo, aumento la velocidad dando todo de sí. Lo estaba alcanzando, Inu, su pequeño rebelde y risueño novio estaba al alcance de su mano; sólo era cuestión de estirarse un poco más. ─Inuyasha.


─Detente. ─La voz del chico de ojos de color chocolate le petrifico con una orden, la fría oscuridad parecía tragárselo todo. Frente a él, Inuyasha le miraba y lloraba. Las lagrimas cristalinas se tornaron carmesí... derramaba lagrimas de sangre. Sesshomaru trataba de tocarle pero estaba inmóvil una fuerza invisible. ─¿Por qué, Sessh? ─La oscuridad comenzó a envolver al menor mientras sollozaba adolorido.


─¡Inu! ¡Inuyasha! ─Gritaba desesperado intentando tocarlo, aliviarlo... Salvarlo.


─Sessh, mi vida. ─La dulce voz de Inuyasha le tranquilizó, ahora había dos pelinegros frente a él. ─No te hagas esto. ─Pidió entristecido el segundo Inuyasha mientras el que lloraba sangre le miró derramando unas ultimas lagrimas antes de convertirse en polvo de cristal y desaparecer junto a la oscuridad dejando sólo la luz rodeándoles. ─Sesshomaru. ─Pronunció su nombre con tanta tranquilidad, su mirada llena de ternura y una leve sonrisa.


Cuando por fin pudo moverse se lanzó sobre su amado para evitar que se alejara.


─Inuyasha. ─Le contempló fijamente con miedo a que si cerraba los ojos volvería a desaparecer.


─Tienes que dejarme ir. ─Pidió sin dejar de mirarle.


─No.. no, Inu.. Por favor, no te vayas... no me dejes.. ─Suplicó el mayor.


─Lo sé, pero no podemos estar juntos. Yo ya no pertenezco a tu mundo.. tienes que dejarme ir. ─Trataba de convencerlo. ─No te tortures más, por favor. ─Acarició su rostro con suavidad mientras le hablaba como se le habla a un niño a quien intentabas convencer de algo. ─No quiero ser un triste recuerdo para ti, tienes que.. Olvidarme.


─¡JAMÁS! ─Se negó rotundamente levantándose de golpe.


─Ahora tienes que volver.


─No quiero irme.. ni quiero dejarte. ─Declaró el mayor y el pelinegro le miró con ternura embozando una triste sonrisa.


─No puedes quedarte, ya no podemos estar juntos.


─N-No me dejes.. Te lo suplico.. Por favor.. Inu. ─Suplicó desesperado.


─No puedo mantenerte a mi lado. ─La tristeza del menor era casi palpable, tampoco quería que se fuera.


─Entonces me quedare. ─Aseguró acercándose y sosteniendo sus manos entre las suyas. El muchacho suspiro y negó. ─Inuyasha, yo.. ─El menor le calló con uno de sus finos dedos y todos comenzó a desvanecerse.


─Yo también te amo, Sesshomaru. ─Se despidió para luego besarle suavemente.


En este momento despertó, en su cama... Solo.


Otra vez.


Había soñado nuevamente con su pequeño mimado, una pesadilla que nunca terminaba de serlo, porque Inuyasha no lo permitía, no le dejaba culparse, torturarse una y otra vez con su muerte. Por el simple hecho de que su novio jamás le dañaría de esa forma, lo sabía, así que cada vez que él mismo se torturaba en sueños su inconsciente creaba otra replica de su novio, risueño y encantador, como siempre había sido, aparecía y le salvaba de sí mismo.


Era un sentimiento agridulce, poder verle pero sólo en sueños puesto que al despertar su amado volvería a irse. Una y otra y otra vez desaparecía, ya había pasado un tiempo desde la muerte de su novio...


31,535.000 Segundos.


525,600 Minutos.


8,760 Horas.


365 Días.


48 Semanas.


12 Meses.


1 año para ser exactos.


Días tras día muriendo en vida, quedándose seco, sin sentimientos... Vacío. Su rostro ahora inexpresivo y frió, su corazón había muerto junto a su amado. Ahora no era más que una maquina que trabajaba hasta caer inconsciente, un robot sin alma, un demonio cruel si se le provocaba.


Pasaban de las 5:00Pm. cuando su teléfono celular sonó y se ilumino en el cuarto oscuro por las cortinas cerradas. Era su madre, Irasue.


─Madre. ─Su voz había adquirido la misma frialdad que su alma con el paso del tiempo.


─Sesshomaru, hijo, ¿Cómo estás? ─Preguntó algo angustiada. ─Hoy es..


─Lo sé. ─Le interrumpió cortante.


─Oh, cielo, quisiera tanto estar allí.. ─La peliplata estaba en Ámsterdam, Alemania, por asuntos de negocios que le impidieron estar en Japón ese día. ─Sesshomaru, no tienes que ir si no quieres hacerlo.. ─Sugirió con voz maternal y entristecida.


─Iré. ─Sentenció, claro que iría a visitar la tumba de su amado. Tenía que hacerlo, ese día, porque ya no podía más.


─Cuanto quisiera que las cosas fueran diferentes.. ─Murmuró. Hace un tiempo, cuando su hijo se refugió en su trabajo para huir del mundo real le pidió que lo olvidara, que olvidara a Inuyasha, sugiriéndole que tal vez debería buscar a alguien más.


Ante estas palabras su hijo reaccionó abruptamente, gritando seriamente ofendido; desde entonces el menor comenzó a estar más distante con ella.


─Lo siento tanto, si hubiera algo que.. ─Su voz se rompía, estaba al borde del llanto. Conoció muy bien a ese chico y sabía que nadie en la tierra amaría más a su hijo que él, nadie más le devolvería la felicidad, ni complementaria tan bien a su hijo.


─Te quiero Madre. ─Su voz se relajo por un segundo. ─ Y Lo siento mucho. ─Concluyó antes cortar la llamada, miró el teléfono unos segundos antes de abandonarlo en la cama. Desapareció tras la puerta del baño ignorando la insistencia del aparato, el cual no paraba de sonar y sonar.


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Caminó por el cementerio hasta llegar a la tumba de su amado, vestía un elegante Kimono negro y llegaba un enorme ramo de camelias rojas. La tumba estaba limpia lo que daba a relucir que los familiares de Inuyasha lo habían visitado antes, también había mucho incienso y unas galletas de arroz como ofrenda que sin dudas eran de parte de Sango. Se arrodillo frente a la piedra pulida y dejó el ramo junto a las demás cosas.


─Inuyasha. ─Nombró con su voz más suave que la que ahora le caracterizaba. ─Yo.. sé que no te he visitado desde entonces, pero es que no podía, no puedo con esto. No sé cómo vivir sin ti, ya no sé cómo respirar, no sé cómo sobrevivir cuando he perdido mi gravedad.. Inu, sabes que aun ahora lo eres todo para mí, se que esperabas más de mí, pero es que ya no puedo. ─Su voz se rompió pero no lloro, ya no le quedaban lágrimas que derramar. ─¿Sabes? Cuando te conocí pensé por un segundo que se trataba de un ángel, un maravilloso espejismo, y es que siempre fuiste para mí, lo más hermoso y puro que pudo dar este retorcido mundo.. Siempre risueño y espontaneo, siempre alterado y tratando de ser amble a tu manera, siempre apasionado y entregado.. siempre amándome.. siempre mío. ─Acarició la pequeña foto en la lapida.


Lo intente.


Intente vivir sin ti.. pero yo..


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Cuando el pelinegro murió cayó en una grave depresión y recurrió al alcohol para acallar la culpa, su madre estaba devastaba por su estado, no sabía qué hacer o cómo ayudarle. Una mañana despertó con una terrible resaca, oyó unos gritos y golpes muy molestos en su puerta; al abrirla fue recibido por el puñetazo de Koga, cosa que desencadeno una gran pelea en su departamento, ambos se golpearon como salvajes hasta caer rendidos sin fuerza. Al final el castaño le abrió los ojos.


─¿Es así como quieres que te vea? ¿Qué crees que pensaría si te viera así por él? Deja de ser un maldito egoísta, Sesshomaru, no eres el único que sufre pero los demás no nos permitimos tocar fondo porque él no lo hubiera deseado. Él te amaba, maldita sea, hazte responsable.. y vive con ello. ─Dicho esto se fue como vino, dejándolo con sus pensamiento y varios golpes.


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─Sé que hay miles de razones para que me odies justo ahora, sé que quizas no vas a perdonarme jamás por abandonar el camino que me viste crear, pero Inuyasha.. Tú eres mi camino, y siempre vas a ser mi camino. Estoy harto de no tenerte junto a mí. Estoy harto de fingir que puedo avanzar, cuando eras tú el que me impulsaba a hacerlo y sin ti, yo.. —Pasó saliva —Lo intente, de verdad lo hice pero ya.. No puedo.. Te extraño demasiado—Hizo una pausa —Tengo que elegir, y te elijo a ti. ─Sacó una cajita plateada con un listón azul zafiro de su bolsillo y la dejó junto a las flores. ─Feliz aniversario, Mi amor. ─Después de eso se levantó y se retiró del lugar.


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Ya era casi media noche cuando estaba en el lugar, observaba la foto quemada de su pequeño sonriente. Las luces a lo lejos resplandecían. Estaba en el puente, su mano extendida con la foto sólo tenía que soltarla, sólo abrir su mano un poco y todo acabaría.. esa noche. Y lo hizo, abrió la mano soltando la fotografía, la cual se fue con el viento.


─Te voy a seguir. Te voy a seguir a todas partes. Te voy a seguir el resto de mi vida. ─Y dio un paso al vacío.


Y acabo, todo su dolor, todo su duelo, todo el vacío desapareció.


Tuvo que deshacerse de la foto, porque su amado nunca le permitiría hacer algo semejante, no le dejaría ser tan cobarde.


Si no podían estar juntos, renunciaría a todo para estar a su lado, le buscaría y volvería a amarlo.. En esta vida y en todas las demás.


Por que siempre estaría:


Con él.


Fin.


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