『 Metro 』

Sinopsis

Versión extensa de "Metro" disponible en el perfil de @Wernobyl en Wattpad. Historia creada para una dinámica grupal.🫶🏻✨️

Estado:
Completado
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
16+

𝐶𝑎𝑝𝑖𝑡𝑢𝑙𝑜 𝑢𝑛𝑖𝑐𝑜

🚞. Narrador omnisciente.


El sonido bullicioso del metro acompañado por el sonido de las voces de la hora pico del mediodía donde todo el mundo salía del trabajo en pleno verano podría resultar demasiado agobiante para cualquiera. El sol se colaba por los enormes ventanales de los vagones mientras la gente apretujada intentaba evitarlo a toda costa, aunque aún así intentaban evitar que sus cuerpos sudorosos se tocaran entre sí. Estaba tan lleno que no podría caber ni un alfiler, o bueno, quizás era una exageración decir eso cuando había gente que sí podía.


El pequeño grupo de niños se escabullian entre la gente para pasar, algunos robaban disimuladamente billeteras u objetos de valor, otros sólo intentaban pasar para pedir monedas a la gente sentada, en varias ocasiones consiguiendo alguna moneda o billete, y algunas veces siendo ignorados hasta que extendían sus manitos sucias y pegajosas a los pasajeros que los observaban con asco, sin atreverse a estrechar las manos inocentes que en realidad sólo intentaban saludar y dar pena para conseguir algo de dinero para comer.


El grupo subía en la primera estación y bajaban en la última, pasando los días así hasta que caía la noche y llegaba el momento de volver juntos al pequeño refugio donde eran resguardados del sofocante calor. El que iba al frente del grupo, guiandolos por las oscuras calles donde había más prostitutas ebrias que negocios abiertos, era Gustabo, un niño de apenas 8 años que llevaba en la calle más de 3 años por su cuenta.


Nadie entendía que hacía en la calle un niño tan pequeño, quizás se preocupaban más al ver aquel cabello rubio aceitoso, las pálidas mejillas con tierra pegada por el sudor mientras su ropa rota y pies descalzos hacía más evidente el estado de abandono en el que se encontraba. Aunque también podría ser más posible que fuera por el estereotipo que la gente tenía, ya que nadie observaba al pequeño niño de 5 años que lo seguía de cerquita al ser moreno.


El grupo de niños se adentraron sin temor por un pequeño callejón, donde los gatos que corrían espantados de ellos mientras hacían pequeños sonidos de sus patas en el suelo húmedo, acompañando los ahogados lamentos de algunas personas en el suelo, demasiado drogadas como para emitir algún otro sonido.


Al final del callejón se adentraron por una puerta que les daba la bienvenida a el lugar donde se podría decir era su "hogar". El señor mayor que los cuidaba estaba sentado en su sillón reclinable viendo un viejo televisor blanco y negro mientras bebía una cerveza, aunque el sonido de la vieja y descuidada puerta de algarrobo le hizo voltearse a ver a los recién llegados.


Los niños se acercaron hasta él y le entregaron todo lo que habían conseguido ese día, viendo al hombre de cabello azabache y dura mirada mientras contaba centavo por centavo y revisaba todas las billeteras o celulares. Cuando parecía satisfecho, simplemente les ignoró y volvió a tomar un largo sorbo de cerveza mientras observaba la televisión; era una buena señal para los niños, ya que no serían castigados o enviados de nuevo a la calle a conseguir más dinero de drogadictos que aveces no eran tan inofensivos como los pintaban en las novelas que el mayor veía por televisión.


El rubio fue el primero en ingresar a la gran habitación donde dormía con sus amigos, el aroma a suciedad y grasitud corporal llegó a su nariz, pero el aroma a marihuana y cigarrillos acompañó los aromas habituales y pudo observar a la novia del mayor que estaba sentada en la única cama fumando un cigarrillo mientras su vista estaba fija en algún punto fijo, seguramente estaba drogada y por eso no le interesaba estar en una posición inclinada hacía el frente presionando su redondo vientre de 6 meses. Pero nadie podía decir nada, no interesaba lo suficiente.


Los niños se recostaron sobre el duro y reconfortantemente frío suelo, donde lo único que los separaba de él eran unas mantas dobladas simulando ser colchones. El aroma a cigarrillos quedó impregnado en su nariz junto al polvo de la poca limpieza del lugar. Dobló su delgado brazo debajo de su cabeza para simular una almohada y dormir un poco más cómodo mientras de fondo sentía el sonido de la televisión con una película de acción escandalosa y aveces las risas escandalosas del hombre mayor, al que todos conocían como "Jack", sin conocer el apellido.


A la mañana siguiente su respectivo estómago despertó al pequeño niño, rugiendo con hambruna mientras cepillaba sus dientitos frente a un espejo con manchas marrones y roto en las esquinas, con una gran grieta en medio. Al terminar de hacer su pequeña rutina mañanera fue al comedor, donde Jack estaba bebiendo whisky con una tostada y el resto de niños tomaba agua con bollitos de pan con mermelada. Se sentó junto al mayor y devoró el trozo de pan, ignorando el aroma del cigarrillo que el hombre azabache estaba fumando a su lado y el dolor en su estómago hambriento fue reemplazado por unas leves nauseas de sentir algún alimento entrar en él.


Cuando el grupo de niños terminó de comer salieron nuevamente a la calle como diariamente. Las temperaturas altas los hacía sudar y lastimaban sus pies desnudos tocando el caliente asfalto sucio. La gente los veía con pena y algunas almas caritativas les daban agua o algo de comer que devoraban con ansiedad y necesidad para llenar sus barrigas ya casi vacías del pan mañanero.


Cuando la noche cayó, los niños fueron de regreso como todas las noches a lo que ellos llamaban "hogar". Una de las pocas luces que lograban iluminar el estrecho y sucio pasadizo con varios drogadictos casi inconscientes en el suelo o sobre cartones se había quemado, dejando el lugar casi en una completa oscuridad, aunque los chiquillos conocían el camino como las palmas de sus manos, así que esquivar cosas no fue mucho trabajo.


Al ingresar el grupo hizo lo que siempre hacían al volver; entregarle las pertenencias que habían conseguido ese día a Jack. El hombre mayor contó centavo por centavo, billete por billete, quedando insatisfecho al ver tan poca cantidad de cosas. Cuando comenzó a gritarles, los niños sólo bajaron la cabeza para ver el suelo mientras el mayor sólo les recordaba que eran "bastardos sin hogar", unos "inútiles buenos para nada" y que "sin él, no tendrían donde estar", que "deberían estar agradecidos y darle más".


Cuando luego de un rato lo único que se escuchaba en la deteriorada y sucia sala de estar eran los sollozos ahogados de los niños angustiados por los gritos y los jadeos molestos del mayor por haber gritado tanto, fue que les ordenó a casi todos los niños irse a dormir, menos a Gustabo.


El rubio quedó inmóvil en su lugar mientras escuchaba los pies descalzos de los otros infantes alejarse e irse a la habitación, su mirada se mantuvo en el suelo hasta que una bolsa de papel marrón golpeó su cabeza con una fuerza medida. Por reflejo la sujetó y volteó a ver al mayor, el cual se volvía a sentar en su sofá mientras se encendía un cigarro.


—Ve a vender esa mierda. No vuelvas hasta que no tengas nada. Y si te atrapan, no pienso ir a buscarte, Gustabin.


Gustabo asintió con su cabeza y salió del lugar por donde había entrado. Agradecía que al menos ese día no lo golpeara de nuevo, ya que parecía ser el muñeco anti estrés del mayor y siempre se desquitaba a los golpes con él, todavía recordaba el ardor y dolor que había provocado en su espalda un día donde lo había golpeado con un cinturón, ya que la hebilla del mismo había lastimado su tierna piel hasta dejarlo sangrando en el suelo, había tenido suerte de que las heridas no se hayan infectado, pero si las heridas le habían provocado noches incómodas donde parecían latir dolorosamente y sólo había logrado llorar en silencio hasta dormirse. Debía lidiar con eso sólo, aunque solo era un pequeño niño maltratado.


A diferencia del día, las noches en Los Santos eran frescas. Por lo que sus pies sucios y desnudos en el helado asfalto era mejor que lidiar con el ardor del sol que quemaba su delicada piel de la planta de los pies.


Caminó durante varias calles en casi penumbra hasta llegar a una pequeña plaza, de día era un lugar medianamente agradable donde algunas madres de esa zona llevaban a los pequeños a jugar mientras ellas se quedaban fumando sus pipas de crack y bebiendo alcohol, pero de noche, aquel lugar era completamente tomado por gente sin hogar, prostitutas dando sus servicios sexuales a algunas personas que iban a pie y/o drogadictos que sin disimular ni siquiera un poco sus pésimos estados mientras se inyectaban.


El rubio se mantuvo parado en una esquina, observando a su alrededor las oscuras calles. Detestaba trabajar de noche para conseguir el dinero que de día no conseguía, ya que al día siguiente tendría que dormir unas pocas horas para volver al metro y el sueño solía hacerlo sentir enfermo del estómago.


Un auto estacionado hizo una señal lumínica con las luces delanteras, parpadeando dos veces para captar la atención del infante. El niño se acercó hasta el vehículo, viendo al hombre castaño y bien peinado de camisa bordo mirarlo casi atónito durante unos segundos.


—¿Cuántas quiere?—Dijo el blondo al notar el silencio del mayor, su manito se introdujo en la bolsa de papel para tomar la cantidad que le respondieran.—


—Tres.—Dijo el mayor logrando salir del pequeño shock, no podía creer que un infante estuviera vendiendo droga a esas horas de la madrugada, menos que un niño tan pequeño se viera tan demacrado. Ya que la suciedad, la ropa agujereada, la falta de zapatos, la delgadez y las ojeras debajo de esos ojos apagados y oscurecidos era muy raro de ver de un niño que seguramente no superaba los 10 años.—


El rubio tomó tres bolsitas del interior de la bolsa grande y le extendió la mano para recibir el dinero al mismo tiempo que entregaba la droga, al recibir los billetes enrollados los contó y se alejó del auto como si nada, ignorando la mirada del castaño mientras se iba a otro auto que también solicitaba su atención. El mayor estaba sorprendido, no podía creer lo que había visto, había sido como una puñalada en su corazón tener que ver a un niño en ese estado, por lo que debería seguir investigando para llegar a Jack Conway.


Así, todas las noches pasaba por la misma zona y repetía ese patrón; Llegaba, se estacionaba y esperaba. Aveces estaba el niño rubio, aveces muchachos adolescentes y otras aveces una pelirroja embarazada que estaba tan drogada que siempre llevaba ropa de invierno en plenas noches veraniegas.


Finalmente obtuvieron suficiente información de rastreo de la pequeña pandilla distribuidora de cocaina y tuvieron que accionar. La policía, vestida con los trajes de SWAT, siguieron a la tambaleante embarazada hasta el callejón donde se encontraba oculta la entrada a la vivienda y al estar todos preparados ingresaron al pequeño hogar.


Los gritos de niños y de la mujer fueron lo primero que se escuchó en el escándalo, y mientras todos los agentes se posicionaban apuntando a las personas dentro. Noah llegó hasta la primera fila, viendo como Jack estaba utilizando al pequeño rubio como escudo humano mientras le apuntaba a la cabeza e intentaba negociar una salida sólo para él y el rubio.


Los ojos oceánicos apagados se mantenían cerrados con fuerza, como si intentará ignorar la situación mientras unas lágrimas amargas se escapaban y su mentón se arrugaba en un puchero de angustia causada por el cañón frío en su cien acompañando los gritos de la grave voz del mayor.


Todos los agentes tenían en su punto de mira a Jack, nadie dejaba de apuntarle, pero era difícil decidir en esa situación si valía la pena arriesgarse a matar al pequeño o no. Pero decidieron evitar una tragedia y dejaron de apuntar como Jack había pedido, se hicieron a un lado para dejar la puerta libre y así el hombre y el niño pudieran retirarse, en todo momento el cañón sobre la cien del rubio no dejaba de hacer presión sobre la misma.


En un momento donde Jack tuvo que voltear hacía atrás para evitar tropezar con un drogadicto que se había dormido en la oscuridad sobre un cartón justo después de que los agentes entraran a la residencia, fue el momento perfecto para que Noah se asomara y de un sólo disparo certero diera de lleno en la cabeza del azabache, sin darle tiempo a reaccionar siquiera para presionar el gatillo.


El pequeño niño rubio gritó con miedo y se quedó estático mientras sentía el cuerpo del mayor soltarlo y caer desplomado en el suelo, ya inerte y sin signos vitales. El castaño se apresuró a acercarse al pequeño, haciendo oido sordo a los otros agentes que habían empezado a apuntar al rubio y le pedían que no se acercara, pero le era inevitable; ya que ver aquella pequeña carita fruncida del terror, las lágrimas cayendo sin control, la respiración agitada que acompañaba el color rojizo de su rostro por el llanto y el pequeño cuerpo delgado y delicado del rubio encogiendose en su lugar despertaba en lo más profundo de su alma algo que jamás había sentido; su instinto paternal.


Así que no le interesó nada, no le interesó la suciedad del menor, ni la poca sangre que le había saltado por el disparo, tampoco los gritos de su equipo para que se alejara y mucho menos le interesó saber que no estaba siguiendo el protocolo como debería. En ese instante, para él, lo más importante en su mundo fue sentir como el rubio se aferraba a él y sollozaba en su pecho en busca de un lugar seguro luego del shock que le provocaría esa situación.


Su mano enguantada se deslizó con dulzura por las hebras rubias, de aquella forma poco a poco logrando tranquilizar al pequeño entre sus brazos, que al calmar su llanto había quedado aferrado a él mientras veía a la mujer embarazada ser escoltada por los agentes y al resto de niños ser llevados en numerosos patrullas. El rubio se quedaba siendo abrazado protectoramente por el castaño que había visto en numerosas noches donde le había tocado distribuir bolsas y que siempre parecía agradable con él y no verlo de una forma aterradora o morbosa como el resto de hombres que solía cruzarse en esas noches oscuras.


De forma suave fue cargado en brazos por el castaño y de esa forma fue llevado hasta el patrulla del mayor, donde lo sentó en los asientos traseros y le coloco el cinturón de seguridad. Luego de que el mayor subiera y se pusiera el cinturón fueron hasta comisaría donde pasaron varias horas donde el rubio esperaba en la oficina del castaño. El mayor buscaba algún indicio que le diera alguna pista de quienes eran los padres del rubio, sin encontrar ninguno. Le daba pena tener que pensar que el rubio tendría que ir a un hogar adoptivo, le dolía la idea de volver a ver a ese pequeño niño tener la posibilidad de siquiera pasar por más dolor y estrés. Su mente pensó en muchas opciones, hasta que finalmente dio con la que creía correcta y procedió a sacar su celular para hablar muy tendidamente con su esposa.


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—Señor Noah Holliday y señora Clara Castro. ¿Aceptan cuidar de este pequeño niño como si fuera sangre de sus sangres, y no hacer distinciones con él comparado con otros niños biológicos?


—Claro que si, su señoría.—Diría la pareja casi al unísono que se encontraba sentada frente a la mujer mayor que los observaba enternecida.—


—Entonces, los felicito por su nueva familia.—La mujer procedió a firmar los últimos papeles frente a ella, colocando su sello y forma sobre los lugares correspondientes y extendiéndoselos a la pareja. Su par de ojos cubiertos de un vidrio transparente grueso voltearon a ver al niño pequeño que se encontraba sentado en el medio de la pareja, viéndose como un bonito muñeco desde que había sido acogido por el matrimonio de mayores; su cabello estaba limpio y bien peinado por su padre, su ropa se veía impecable y limpia, aquellos ojos opacos ahora estaban repletos de brillos y energía juvenil mientras su cuerpo se mostraba relleno y con mejillitas regordetas típicas de un niño.— también felicitaciones para ti, Gustabo Holliday Castro.


El niño sonrió dejando ver los dientes mientras los mayores con mucha emoción abrazaban a su pequeño hijo entre sus brazos. Amaban mucho a su pequeño niño, era un poco revoltoso pero era muy agradable y dulce con la gente, carismático y tomaba aveces el papel de líder, definitivamente brillaba igual que el sol, de una forma magnífica cuando sus rayos no eran cubiertos por maliciosas nubes oscuras que evitaban que lo hiciera.


Definitivamente Gustabo sentia sus sueños ser cumplidos, tenía todo lo que deseaba; una casa limpia y bonita con calor durante las noches frías en invierno y aire acondicionado durante el verano, comidas deliciosas cocinadas por su madre que luego de dejar el platillo frente a él le daba un beso suave en sus cabellos o una suave cariñosa caricia, un padre atento que le enseñaba cosas importantes de la vida y muy divertido, sobre todo cuando el mayor tomaba café y él lo podía acompañar tomando una leche con chocolate como si ambos hubieran firmado un pacto donde durante esos momentos hablaban sobre todo un poco, ya sea películas o cosas que aún deseaban conocer del contrario. Quizás si, quizás para muchas personas fuera insignificante todo lo anterior, pero para Gustabo significaba el mundo entero, y poder disfrutar de sus nuevos padres valía cada segundo que había pasado con Jack Conway.


Al salir de la oficina de la jueza, ambos adultos tomaron las manitos de Gustabo mientras caminaban a paso moderado y la sonrisa de emoción de la familia era inevitable.


—¿Quieren un helado?—Propuso el hombre mientras caminaba con una sonrisa en los labios.—


—¡Yo quiero uno de fresa, papá!


El corazón de Noah se llenó de una emoción embriagante de cariño y paternidad al escuchar por primera vez a su niño, su hijo, llamarle "papá". Tuvo que evitar llorar, porque no quería confundir a un niño tan pequeño, pero definitivamente se iba a esforzar en borrar todas las heridas que el menor tuviera para que los tres fueran una familia, y definitivamente el helado de ese día sería un festejo del cariño familiar. Los tres se dirigieron a su heladería, de la que se habían adueñado al ir con frecuencia, pues significaba que ese día familiar se repetiría muchas veces.


—[ Fin ]