Esta Es Nuestra Historia | JiKook

Sinopsis

Park Jimin y Jeon Jungkook son dos hombres divorciados que se reúnen nuevamente después de todo un año, únicamente por ser el cumpleaños número dieciocho de su hijo adoptivo. La reunión aparenta ser tranquila en sus inicios; los abuelos dándole regalos a Jihyun, los tíos teniendo charlas sarcásticas entre ellos y algunos primos pequeños correteando por la estancia. Pero las cosas se ponen tensas en cuanto todos abandonan la casa, incluso el cumpleañero, y sólo queda Jimin para limpiar el desastre. Hasta que en un momento de la noche, Jungkook aparece por algo que había olvidado. Jimin intentará tener una conversación sana, ¿o Jungkook se mantendrá cortante el resto de la noche? ¿Hablarán de "eso" que hace un año atrás les hizo firmar el papel de divorcio? 》OneShot. 》Contenido erótico. Jm top. Jk bottom.

Genero:
Romance/Drama
Autor/a:
Selena
Estado:
Completado
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
16+

Esta Es Nuestra

《El pasado solo existe en nosotros, por eso es que jamás me acostumbré por completo a tu ausencia.》


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Era increíble como el aura de todo el alrededor podía cambiar con un simple accionar, y que todas las tensiones sean arrancadas de raíz para dejar salir a la luz los deseos y fantasías más íntimos. Eran dos. Dos almas que se amaban como jamás amaron a otra persona, eran el amor de su vida el uno para el otro y no había nadie más con quién quisieran compartir acto tan íntimo como hacer el amor.


Pero era increíble como el mundo había pintado tan romántico y suave que incluso se llamaba hacer el amor. Porque sí, ellos se estaban entregando en cuerpo y alma, dejando de lado cada inseguridad para después. Sin embargo, ¿quién decía que hacer el amor, eran sólo caricias suaves y besos tiernos? Porque, joder, ellos se amaban tanto, pero se tomaban entre sí de una manera tan salvaje y potente que nadie pensaría que eran un amor más allá de lo carnal.


Parecía de otro mundo cuando él le empujaba sobre la cama, le ponía de espaldas con ansias, con deseo marcado en cada poro, y le follaba tan duro que creía romperle en dos. En esos momentos no se preocupaba por romper a su amado. Y vamos, que a él también le encantaba que su próstata sea rudamente jodida por la persona que le hacía querer vivir más. Era esa persona que le daba el café por las mañanas y le decía que se cuidara cuando saliera del trabajo, el mismo que le tomaba por el cuello mientras le follaba con furor, que le hacía perder el aliento pero vibrar cada centímetro de su piel, que le decía lo caliente que se veía debajo de él.


—¡A-ah! ¡Ahí!


Se sostenía como podía de el mueble frente a él, que por culpa del sudor de sus manos se hacía más y más resbaladizo. Sus rodillas temblaban ante cada embestida dada por su marido, que si no fuera porque Jimin le sostenía de las caderas, caería.


Jungkook sabía que lo que hacían era imprudente. Su hijo estaba en el piso de arriba durmiendo y siendo tan ruidosos, se arriesgaban a pagar un terapeuta infantil por los siguientes meses.


Pero ahí estaban, Jungkook siendo follado contra el mueble de fotos familiares por su esposo, Jimin. Y aunque las fotos de la abuela de Jimin no eran ni el más mínimo estímulo, le ponía demasiado los grunidos y maldiciones que soltaba el rubio.


—Shh... Amor, nuestro retoño está arriba —murmuró en su oído, pero contrario a sus palabras, aumentó la intensidad de sus embestidas, como si disfrutara ver a Jungkook morder la corbata de su camisa desabotonada.


Ambos estaban semidesnudos en la sala, con las camisas del trabajo como única prenda encima. Se suponía que llegarían cansados a casa, pero eran pocas las veces que el cansancio laboral les detenía.


—Tú... s-sigue- ¡Ah! —Jungkook tapó su boca con una mano y su espalda se arqueó al sentir ese golpe tan preciso en su próstata.


Estaba cerca de terminar, importandole poco el golpe de su cara contra el cristal, Jungkook se soltó del mueble y llevó su mano al trasero desnudo de Jimin y lo empujó contra él mismo, como si, de alguna manera, podría llegar más profundo de lo que estaba.


—Tan obsceno, tan impaciente... Me encanta —Jimin tomó a Jungkook del mentón y le plantó un beso mientras daba las embestidas que hicieron a ambos terminar en abundancia.


Momentos después, ambos salían de la ducha luego de un baño juntos, se recostaron desnudos.


—Sabes... —Jungkook se abrazó al abdomen de Jimin—La mayoría de parejas casadas lo que menos tienen es una vida sexual activa, me siento suertudo de que seamos una excepción —rió.


Jimin sonrió mirando a su pareja: —Qué puedo decirte, este trasero —Jungkook dió un salto al sentir la mano se Jimin en uno de sus gluteos—, pero principalmente esto de aquí —Jimin señaló el lado izquierdo del pecho de su esposo—, me generan muchas cosas.


Ambos se miraron con una sonrisa, Jimin beso tiernamente la frente de Jungkook, pero se sorprendió al sentir una erección en su pierna, entonces sonrió con sorna mientras miraba a su marido.


—Oh, lo lamento, pero a mí también me produces muchas cosas —dijo sonriente mientras se subía a él.


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Su garganta se sentía seca, sabía que se debía a la falta de líquidos pero se negaba a ensuciar su sistema con ese jugo barato para niños. Le era increíble la falta de alcohol y se preguntó qué hizo mal para que su hijo desarrollara un asco profundo hacia las bebidas para adultos. No sólo para él ya no era un niño, sino que literalmente ya no lo era y por eso su regalo fue una botella de champán de los más caros, botella que por cierto, ahora estaba abandonada en la nevera junto al pastel de cumpleaños cortado.


Movió su vista a lo largo de la habitación y encontró a su hijo, Jihyun, charlando animadamente con sus primos. Una sonrisa en sus labios hizo que su vista se acortara un poco; sí, le hacía feliz ver a su chico pasándola bien en su noche.


—¡Papá! —Jihyun sacudió su brazo mientras corría hacia su padre sentado en un sofá de la esquina—. Ven, tomemos una foto —dijo con una sonrisa.


—Claro, hijo. Las que quieras —habló acomodando un poco su cabello rubio.


—Qué bueno que lo digas —su hijo tomó el brazo de Jimin—. ¡Papá, papá! ¡Ven a tomar una foto!


Del otro lado de la sala, un pelinegro volteó al oír la voz de su hijo y feliz de complacer su pedido, trotó hacia donde él estaba, su sonrisa se borró en cuanto vió de quién iba acompañado.


—Hola, Jungkook —saludó Jimin.


—Jihyun, ¿quieres que les tome una fotografía? —preguntó sonriente hacia su hijo, ignorando por completo a Jimin.


El rubio suspiró, adivinando que esa sería su respuesta. Así se había comportado desde que la fiesta comenzó.


Seguía molesto.


Y lo entendía por completo, aunque siguiera doliendo.


—No. Quiero que los tres nos tomemos una. Ya saben, papá y papá —Jihyun extendió su brazo izquiera hacia Jungkook esperando por una respuesta que no se tardó en dar.


Jimin sonrió cuando Jungkook se puso junto a Jihyun, justo al otro lado de él. Le recordó al montón de fotos que se habían tomando antes de separarse.


—Lo que tú quieras. Hoy es tu cumpleaños, mi pequeñín —Jungkook sacudió el cabello de su hijo, haciéndolo reír.


—¡Tío Wong! ¡Trae la cámara! —Jimin llamó al hombre que charlaba junto a la mesa de refrescos. Caminó hasta ellos y tomó la cámara que colgaba de su cuello.


—¡Bien! Uno, dos, tres, ¡familia feliz!


Luego de eso, el flash golpeó a los tres.


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Las mesas estaban repletas de platos y vasos plásticos sucios, la mesa dulce casi vacía, algunas decoraciones de las paredes se habían caído y el suelo estaba lleno de serpentina: sin duda la fiesta había llegado a su fin.


Lo peor es que era la casa de Jimin, todos se habían ido —incluso el cumpleañero— y nadie se quedó a ayudarle aunque sea un poco. Era él solo contra todo ese desastre.

Aún así, Jimin estaba contento. La fiesta de su hijo logró hacerse en su casa, que era donde solía vivir, le hizo feliz saber que, a pesar de todas las cosas que habían cambiado, al menos una se mantuvo como era.


Jimin puso a la obra, subió las mangas de su camisa negra y con unos guantes de goma empezó a juntar todo el desastre. No supo en qué momento, quizás las una de la mañana, cuando oyó el timbre sonar. Con la bolsa de basura en una mano caminó hasta la entrada y miró por la mirilla.


Retrocedió al instante. Miró a todas partes mientras pensaba en qué hacía él aquí. El timbre tuvo que sonar nuevamente para que bajara de su nube, y con duda, abriera la puerta de madera.


—Buenas noches-


No alcanzó a terminar, Jungkook pasó rápidamente chocando su hombro.


—Olvidé mi saco junto con mi billetera.


Jimin aún estaba en la puerta cuando lo oyó decir eso desde la sala. Sacudió su cabeza y caminó rápidamente.


—Lo dejé en el closet bajo la escalera —dijo quitándose sus guantes—. Iré por él.


—No, está bien. Iré yo mismo —Jungkook caminó hasta el closet, lo abrió y rebuscó entre las otras prendas que estaban allí—. Cambiaste de lugar esto, solíamos usarlo para guardar los juguetes de Jihyun, ¿no me digas que los tiraste? —preguntó aún buscando.


—No, no. Los juguetes de Jihyun están todos en su cuarto y los demás en el garaje. Jamás los desecharía —murmuró con las manos juntas.


—Es lo mínimo que podrías hacer.


Jungkook por fin había encontrado su saco, cerró el closet y dio la vuelta, caminó por la sala pero en cuanto pasó junto a Jimin, éste le detuvo tomándole del brazo.


—¿Diremos qué es lo mínimo que podría hacer el otro? Vamos, no era necesario que te comportaras como un chiquillo toda la fiesta. ¿Tanto te molestó que Jihyun quisiera festejar su cumpleaños en su verdadera casa y no en tu ridículamente lujoso penthouse?


Jungkook, molesto, se safó de su agarre y acomodó su camisa gris.


—No seas ridículo. Y sí, admito que me molestó tener que volver a pisar esta casa, por la misma razón que odio verte la cara, Park Jimin. Jihyun es demasiado bueno por haberte perdonado, pero yo jamás perdonaré que casi haces que pierda a mi único hijo.


A esas alturas, ambas respiraciones eran aceleradas. Jimin bajó la mirada aguantando el temblor en sus manos al oír las palabras de quien fue su esposo.


—He cambiado.


Fue todo lo que dijo Jimin mientras miraba sus propios zapatos.


—¿De verdad lo hiciste? Mírame —Jungkook tomó sin la más mínima amabilidad el mentón de Jimin—, mientes. Lo sé, incluso ahora mismo hueles a alcohol.


Los ojos de Jimin estaban brillosos por las lágrimas, pero aún así no dejaría que Jungkook le acusara de esa forma tan cruel, el olor a alcohol sobre él tenía una explicación.


—El tío Wong arrojó su bebida sobre mí. Estoy limpio desde entonces —se defendió.


Jungkook rió sin la menor gracia.


—¿El tío Wong también te obligó a emborracharte y luego subir al carro con nuestro hijo en él? ¡¿Eh?! —Jungkook tiró su saco al suelo.


Jimin sentía que iba a explotar, y no lo soportó más.


—No fue así —murmuró con un nudo en la garganta.


Un nudo que llevaba desde aquel accidente. Un nudo que había ocultado hasta de su propio esposo en ese entonces.


Jungkook miró a Jimin sin poder creerlo, por su mente pasan cosas como: ¿Cuándo admitiras que casi matas a nuestro hijo?


—Que no fue así —repitió—. ¡Que no fue así! —Jungkook se arrojó sobre Jimin, tirándole al piso, quedando sobre él y sosteniéndolo de la camisa continuó—¡¿Qué carajos quieres decir?! ¡Di algo, mierda!


—¡Fue Jihyun!


Jungkook paró de golpear el pecho de Jimin, miró al rubio con sus ojos desbordando en lágrimas.


—¿Cómo te atreves a culpar a mi pequeño? Hijo de-


—Él iba al volante, yo sólo traté de evitar una tragedia, pero no serví de nada —Jimin tapó sus ojos con una mano, no quería romper en llanto.


Había guardado ese secreto por todo un año y asumido la culpa, y es que en el fondo, Jimin se sentía tan culpable de no evitar ese accidente como si él hubiera sido quien iba al volante.


—No te creo, no-


—¿Lo recuerdas? Ese día tú y yo discutíamos porque llegué a casa pasado de bebidas —Jimin decía mientras veía al techo—. Jihyun escuchó todo y quiso irse de la casa, a penas sabía conducir, por eso fui detrás de él, yo quise-


—Cállate —Jungkook tapó la boca de Jimin, y éste sintió su corazón partiste en dos al verlo llorar—. Eso no puede ser verdad... Porque eso significaría que... que... También soy culpable —murmuró con la voz temblorosa.


Jimin odió escuchar eso. Él y sólo él era el culpable. No permitiría que ese peso también cayera sobre Jungkook. Porque más allá de que ahora no era más que su ex esposo, aún lo amaba, lo amaba como a nadie.


—No, no, no. No digas eso —Jimin se sentó, intentó acercar sus manos al rostro de Jungkook pero éste retrocedió—. Mnh, no es tu culpa, Jungkook-


Jimin no pudo decir nada ante la repentina mirada de Jungkook. Sus bellos ojos estaban rojos y aún habían lágrimas amenazando con salir. Jungkook lo miró fijamente y luego de pensarlo, lo abrazó con mucha fuerza.


—Perdóname —pidió.


Jimin estaba asombrado, Jungkook le había creído. Eso, en el fondo y un poco por fuera, le dió la ilusión de que al igual que él, sus emociones mutuas se mantenían intactas.


¿Era así? Jimin se aferró a esa posibilidad tanto como sus brazos al cuerpo de Jungkook.


—No hay nada que deba perdonarte, mi amor.


Jungkook enseguida rompió el abrazo, Jimin se alteró pensando que le molestó que le llamara así.


—Claro que sí... Oh, mi amor, hay tanto por lo que te debo pedir disculpas. Por mí nos divorcia-


Fue interrumpido por Jimin, por sus labios específicamente.


Se besaron, Jungkook tomo al rubio por la nuca y éste abrió más su boca. No fueron conscientes de que tan lejos habían llegado hasta que Jimin tomó con fuerza los muslos de Jungkook.


—Por cada vez que me dices mi amor, dejo atrás cada cosa que nos mantiene separados —dijo Jimin, mientras peinaba un mechón de cabello del pelinegro—. Sólo dame esta noche, si quieres insultame y odiame mañana, pero hoy, deja que seamos aquellos amantes que se adoraban con tanta pasión.


Jungkook jamás creyó volver a ponerse rojo de la vergüenza. Esas cosas eran para los jóvenes y novatos amantes, él ya era un total adulto. Pero no era cualquier persona la que le ponía así.


¿Es que acaso algún día te superaré? Se preguntó Jungkook mientras tomaba con ambas manos el rostro de quien solía ser su esposo.


—Te dejaré amarme hoy, con la condición de que me dejes hacerlo mañana.


Ambos sonrieron.


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Jimin cerró la puerta detrás de él, y guió a Jungkook frente a la cama.


—Te haré el amor aquí —se acercó al rostro de Jungkook hasta rozar sus narices—, en la que solía ser nuestra cama, mi amor, eres el único que estuvo aquí —a medida que hablaba, le desprendió la camisa y se la quitó.


Pasó lentamente su mano por todo el abdomen de Jungkook hasta llegar a sus pantalones. Jimin besó los labios de Jungkook, éste, perdido en la sensación, ni siquiera fue consciente del momento en que ya se encontraba totalmente desnudo.


Los besos del rubio bajaron hasta su barbilla, luego a su cuello y no se detuvo hasta tener la hombría de Jungkook frente a él totalmente erecta.


Las comisuras de sus labios se alzaron.


—¿Tanto extrañaste que te tocara, Jungkook? Oh, cariño, no me imagino cuánto habrás sufrido sin mis manos sobre ti —decía mientras comenzaba a masturbarlo.


—C-cállate... ¡Ah...!


Jungkook tomó el cabello de Jimin en cuanto éste puso su polla dentro de su boca.


Jimin se sostenía del trasero de su compañero y cerraba sus mejillas alrededor de su pene con fuerza, su plan de que Jungkook terminara en su boca fue un total éxito. Se limpió los labios y miró a Jungkook desde su lugar.


—No sabes cuánto extrañé tu polla en mi boca, mi amor —sonrió mordiendo su labio inferior.


Jungkook se encontraba recuperando el aliento, ahora con las manos descansando sobre los hombros de Jimin.


—No cambiaste nada, estás loco —suspiró.


—¿Loco dijiste, amor?


Jimin se levantó rápidamente y empujó a Jungkook sobre el colchón, se quitó el cinturón negro y por un momento Jungkook pensó que sería usado en él si seguía hablando.


El rubio no paraba de sonreír casi de forma malévola —desde un punto de vista ajeno—. Subió al colchón y se puso en medio de las piernas de Jungkook, tomó ambas y las beso, mordió y marcó.


—Abre la boca —ordenó.


Jungkook obedeció por inercia, Jimin metió sus dedos en la boca del pelinegro, le hizo chuparlos. Luego los mismos dedos bajaron hasta su entrada y lentamente fue metiendo uno por uno.


El movimiento de Jimin era lento, quería ser gentil y no lastimar a Jungkook, pero no sabía que éste último estaba loco porque aumentara la velocidad y dejara la amabilidad de lado.


—Más —musito tratando de retener un gemido.


Jimin alzó una ceja ante su ansiedad y su lívido no podía estar tan caliente, pero vió la prisa de Jungkook como una oportunidad para saciar una duda que picó en su cabeza durante toda la fiesta.


—¿Mmnh? Amor mío... ¿Acaso alguien más se encargó de prepararte? —preguntó deteniendo todo movimiento—¿Acaso... fue ese tal Hoseok que no se despegó de ti en toda la fiesta?


Jungkook abrió los ojos alarmado.


Sí, él había llevado a Hoseok con él a la fiesta, pero para nada sentía algo más que cariño fraternal por él, por más que lo intentó le fue imposible si quiera besarle.


—No, no. No es así, en serio.


Jungkook tragó saliva esperando que Jimin le creyera.


—¿Sí? ¿O es que querías darme celos?


Jimin movió duramente sus dedos en el interior de Jungkook, provocandole un gemido de dolor.


—¡Ah! No, bueno, sí. Quería darte celos, quería que creyeras que ya te había superado... y que no te la pasabas en mi mente como lo haces cada maldito día que te tengo lejos.


Jungkook tapó su rostro y Jimin supo que fue demasiado lejos en cuanto le escuchó sollozar.


—Jungkook, amor —le llamó separando las manos de su cara—. Lo siento, fui demasiado lejos. Independientemente de cual sea tu relación con ese tipo, yo ya no tengo derecho a reclamar.


—No siento nada por él —dijo secando sus lágrimas—. Desde que nos separamos has sido como un palo en el culo para mí romanticamente hablando —rió—. No he encontrado a nadie que logre igualarte, Park Jimin, mi amor.


Jimin sonrió pegando su frente a la de Jungkook.


—¿Se puede ganar dos veces la lotería? Porque siento que yo lo he hecho, de nuevo.


Jungkook rió y Jimin se sintió completo al tenerlo así: desnudo en su cama y riéndose de su romanticismo acaramelado. Bueno... casi completo, aún faltaba algo.


—Jimin, deja de decir tonterías y hazme el amor.


Jimin sonrío, feliz de cumplir su petición, se quitó todo lo que tenía encima. Se quedó un momento de pie frente a la cama, para qué mentir que le gustaba presumirse a sí mismo, o que no le ponía aún más duro ver cómo Jungkook se mordía el labio mientras le miraba la polla. Ese era su límite, se subió en el colchón y quedó encima de Jungkook.


Besó el lunar en su hombro, con su otra mano acarició cada parte de la piel de Jungkook mientras besaba su clavícula y dejaba alguna que otra marca de amor. Separó las piernas de Jungkook mientras lo miraba a los ojos, un segundo antes de entrar en él, le dijo que lo amaba, para después penetrarlo de manera lenta.


—Te amo —dijo con los ojos cerrados, sintiendo lo apretado que era—. ¡Te amo! —repitió comenzando a moverse.


—Ámame más —pidió agarrado de los hombros de Jimin—. ¡Ah! ¡F-follame más!


Los movimientos eran desesperados, había pasado tanto desde que no se entregaban el uno al otro, desde que no se tocaban la piel o sinceraban el alma. Todo hizo colisión y ahora los restos se convitieron en ellos; en su unión física y mental.


Lo que verdaderamente fue uno alguna vez, volverá a serlo tarde o temprano.


El desenfreno era como ninguno, el placer del sexo y el saber que eran ellos. Pero había un sentimiento nuevo allí, entre el sudor y los jadeos, los besos y movimientos certeros, nació una nueva emoción: la seguridad.

La seguridad de seguir amando, de seguir queriendo y dando. Todo estaba intacto y ni la pelea más tormentoza logró derribarlos.


Ellos eran los únicos que se rompían y se volvían a reparar mientras hacían el amor, mientras Jimin ponía en cuatro a Jungkook y éste gimía su nombre lo suficientemente alto como para que entienda cuánto lo necesitaba.


El cansancio físico llegó a ambos luego de un tiempo, el sol se asomaba por la ventana mientras Jungkook, sentado sobre Jimin, le repartía besos por el rostro y el rubio sonreía abrazo de su cintura.


En medio de los mimos y sonrisas cómplices, Jimin se puso serio.


—¿Pasa algo? —preguntó el pelinegro mientras le agarraba las mejillas.


—Jungkook, cásate conmigo, otra vez.


꧁Fin꧂