Princes of Penbrook Libro 2

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Sinopsis

Cuatro años después, la vida de Lexi Grant ha dado un vuelco. Atrás quedaron sus días normales en Penbrook como estudiante de último año de secundaria atrapada en un triángulo amoroso. Aquellos eran tiempos mucho más sencillos; ahora lucha cada día solo por seguir con vida. Nuestros chicos, Cameron Knight, Hardy Grey y Wrigley Beaumont, se han convertido en hombres adultos. Sus últimos cuatro años sin Lexi han hecho añicos cualquier vestigio de la relación que alguna vez tuvieron entre ellos. Descubre qué sucede cuando sus caminos se cruzan una vez más. TW: esta es una novela de DARK romance. Trata de temas como tráfico humano, tortura, SA, pedofilia, BDSM, MMMF, contenido sexualmente explícito, asesinato, bisexualidad, trastorno alimenticio, consumo de drogas, infidelidad.

Genero:
Erotica
Autor/a:
Lotusflower
Estado:
Completado
Capítulos:
38
Rating
4.9 18 reseñas
Clasificación por edades:
18+

Capítulo 1

Cuatro años después


Lexi


Los viernes son para fiestas privadas. Eso significa ganar más dinero que trabajando en el club. Con más dinero, Drago suele estar contento con nosotras. Así nadie termina en la jaula.


—El pie, Jasmine —me espeta Marco. Dejo mi delineador y me quito el zapato. Luego acerco mi pie hacia él. Él separa mis dedos y clava una aguja entre ellos.


Al principio las drogas me daban pánico. Ahora, sin ellas, no podría hacer lo necesario para sobrevivir. Son lo único que me ayuda a mantener la cordura.


Las drogas nos vuelven dóciles y sumisas. Así es exactamente como les gustamos a los clientes. Además, llevo cuatro años siendo adicta. Si intentara dejarlas, sufriría un síndrome de abstinencia brutal. Probablemente hasta moriría.


Ver a Marco se ha convertido en lo mejor de mi día. El subidón de las drogas me hace olvidar la vida que tenía antes. Me ayuda a olvidarlos a ellos.


Marco levanta mi pie hasta su boca y saca la lengua. Cuando saca la aguja de mi piel, brota un hilo de sangre. Él pasa su larga lengua por la planta de mi pie para lamerla. A mi yo del pasado esto le daría asco. Pero ahora estoy tan anestesiada que nada me molesta.


Además, soy la única chica a la que Marco trata así. Está un poco obsesionado conmigo, pero no me importa. Tiene sus ventajas. Me llama su ángel y siempre dice que un día me sacará de aquí. La verdad es que él está tan atrapado como yo. Drago es dueño de todos de una forma u otra.


—Sabes que eso hace cosquillas, ¿verdad? —pregunto. Le lanzo una sonrisa coqueta, justo cuando las drogas empiezan a hacer efecto en mi sistema.


—¿Ah, sí? Apuesto a que no te ríes cuando lo hacen esos viejos gordos de mierda. —Él baja mi pie con suavidad.


—No me río porque terminaría en la jaula. Pero aun así, hace cosquillas.


—Algún día, mi ángel, estaremos tumbados en esa playa, lejos de toda esta mierda. —Él suspira y se pone de pie. Luego se inclina y me besa suavemente en la frente. El gesto es dulce y me recuerda a Cameron. Él siempre solía besarme en la frente. Quizás por eso disfruto tanto la atención de Marco. Me hace sentir como en casa.


A medida que las drogas invaden mi torrente sanguíneo, mi cuerpo se relaja. Dejo que mis ojos se cierren.


—Termina de arreglarte, ya casi es hora —susurra mientras se queda de pie junto a mí. Sus ojos recorren mi cuerpo casi desnudo. Luego suelta un suspiro frustrado y se aleja.


Vuelvo a abrocharme el tacón de aguja. Me rocío la cara con fijador de maquillaje para mantenerlo intacto.


—¡Es la noche de los derrochadores, chicas! Se dice por ahí que la mayoría son millonarios —anuncia Teegan en la habitación.


Teegan es la hermana de Drago. Fue ella quien me atrajo a este infierno aquel día frente a la panadería. Está tan jodida de la cabeza como Drago. También es la perra responsable de volverme adicta a las drogas.


No vemos nada del dinero que ganamos. Los regalos y las propinas van directos a Drago y Teegan. Nuestra única recompensa son más drogas. O el favor de no meternos en la jaula.


—¡Vamos, perras! —grita Teegan dando palmas. Como zombis maquilladas, salimos en fila hacia nuestras respectivas habitaciones. Algunas no llevamos más que tacones y un tanga, como yo. Otras llevan ropa de fetiche o disfraces.


Renee siempre va vestida de sirvienta para los que tienen el fetiche de la mujer de la limpieza. Roxy lleva un traje de cuero rojo de pies a cabeza. Solo tiene una cremallera en la boca y dos agujeros cubiertos de tela para los ojos.


Subo arrastrando los pies hasta mi habitación asignada. Luego me arrodillo en el suelo a esperar a mi primer cliente.


La habitación tiene una gran cama con dosel y un sillón tántrico. También hay una gran variedad de juguetes sexuales para que mi amo elija. Además, están las ataduras que estoy obligada a ponerme.


Me pongo las esposas de cuero en los tobillos. Luego me pongo el otro par en las muñecas, antes de bajarme el antifaz negro. Ahora solo espero, dejando que mi mente se desconecte.


Las drogas hacen que todo se vuelva pesado y borroso. Pero me permiten escapar dentro de mi propia cabeza. Viajo al pasado a tiempos más agradables. Recuerdos felices que ahora parecen estar a toda una vida de distancia.


Me ruge el estómago. No recuerdo la última vez que comí algo. ¿Quizás hace unos días?


Voces ruidosas resuenan en el pasillo. El sonido de hombres riendo a carcajadas y haciendo escándalo hace eco en la lúgubre habitación. El ruido al otro lado de la puerta suena como si se hubiera armado una fiesta universitaria. O al menos, así es como imagino que sonaría.


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Hardy


—Venga, tío, dile a Amy que es solo por una noche.


—Hardy, tengo entrenamiento por la mañana —responde Cam.


—Vale, ¿solo unas horas entonces? Te traeré de vuelta por la mañana.


—Lo siento, amigo. Estamos de viaje, no puedo parar y pillar un avión privado para una noche de chicos. ¿Qué hay de Wrigs?


—¿De verdad tienes que preguntarlo? —Suspiro.


—Sí... pregunta estúpida. Está encerrado en su búnker rastreando internet en busca de un fantasma, ¿verdad?


Todos sabemos el nombre de ese fantasma. Pero hace dos años acordamos dejar de mencionarlo. Al tercer año, Cam y yo incluso dejamos de buscarla. Fue por nuestra propia cordura, teníamos que seguir adelante. Es lo que Lexi habría querido.


Pero Wrigley nunca se rindió. Hasta el día de hoy, pasa horas y horas volviendo a ver el mismo video de vigilancia del día que la secuestraron. Luego busca en internet durante horas usando un software de reconocimiento facial de alta tecnología.


Revisa cámaras de tráfico y cámaras privadas. Examina cualquier transmisión de video que pueda hackear, con la esperanza de verla aunque sea un segundo. Se niega a creer que simplemente se desvaneció en el aire.


No creo que alguna vez pueda seguir adelante con su vida sabiendo que ella sigue ahí fuera. Los demás pensamos que está muerta, o al menos eso esperamos. Porque la otra opción es demasiado oscura para que cualquiera de nosotros la imagine.


Desde que me gradué, me hice cargo del imperio inmobiliario de mi padre. Me enterré en el trabajo para que él y Louise puedan viajar.


Ella y Halston se divorciaron poco después de que a Cameron le dispararan. Desde entonces, Halston y Beth se han casado. Sin Halston, no creo que Beth hubiera sobrevivido sola a la desaparición de Lexi. Así que fue lo mejor para todos.


Cameron juega al fútbol para la selección de Estados Unidos. Actualmente están en camino de ganar la Copa del Mundo. Hasta hoy no han conseguido el título. Pero Cam espera cambiar eso. Su padre ganó cuando jugaba para Brasil en sus tiempos. Así que Cameron quiere que se sienta orgulloso.


Esta noche voy a asistir a una fiesta. Es algo así como un evento clandestino. Después de que Lexi desapareció, empecé a meterme más en el mundo del BDSM. Siempre he tenido una personalidad dominante en la cama. Me pone mucho la sumisión de las mujeres que me dejan cumplir mis fetiches.


Pero una vez que perdimos a Lexi, el BDSM se convirtió más en una adicción para mí. Su pérdida me hizo caer en una espiral de necesidad de control. Empecé a sentir que ya no tenía control sobre nada. Como si me estuvieran llevando al borde de la locura, igual que a Wrigs y a Cam.


Todos aprendimos a lidiar con su pérdida a nuestra manera. Cam se refugió en el fútbol. Wrigley se convirtió en un acosador hacker de élite. Y yo soy un retorcido adicto al sexo.


—Bryce, voy en camino.


—Su coche le estará esperando, señor.


Subo las escaleras de mi avión privado. Me siento un poco triste de que ni Wrigs ni Cam hayan podido acompañarme a esta fiestecita. Ambos me han acompañado un par de veces en el pasado, pero sé que no es lo suyo. Los dos se limitan a dar vueltas y mirar. Cam ahora está con Amy, su prometida. Y Wrigs... bueno, ese pobre cabrón no ha estado con ninguna otra mujer desde Lex.


Hace cuatro años fue la última vez que tuvo sexo. Cam también renunció a tener una relación con Wrigley cuando la perdimos. La ruptura entre ellos fue tensa. Casi no se han vuelto a dirigir la palabra.


Doy un sorbo a mi bourbon Rip Van Winkle. Luego echo la cabeza hacia atrás y cierro los ojos. Necesito mentalizarme para esta noche. Estoy deseando liberar esta tensión que tanta falta me hace.


Un cliente me habló de la fiesta de esta noche. Normalmente, no vengo a estas cosas a menos que conozca a alguien o me acompañe un amigo. Las entradas de hoy cuestan 20.000 dólares cada una, lo cual es un poco más caro de lo normal. Pero por lo visto, este evento es para un público con apetitos un poco más oscuros.


Llevo bastante tiempo con ganas de ampliar mi repertorio como dom. Me interesa probar algunas cosas nuevas. Cuanto más pienso en lo que le pasó a Lexi, más depravados se vuelven mis impulsos.


La mayoría de los días, siento que caigo en picado. Esa pérdida de control solo hace que desee aún más este estilo de vida.


Mi cliente me informó que las sumisas no usarán palabras de seguridad. Eso significa que puedo llevar sus límites hasta donde me plazca. Es algo que necesito desesperadamente desde hace bastante tiempo.


El aniversario de la desaparición de Lexi está a solo unos días. Es en lo único que podemos pensar.


Ahora mismo necesito esta distracción con urgencia.


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Hardy


—¡Bienvenido! Soy Teegan, ¿tienes

tu entrada, cariño?


Una mujer alta de aspecto hispano, con un elegante vestido negro, me recibe en la puerta. El escenario del evento de esta noche es una antigua mansión de plantación.


Es mayor, pero sigue siendo bastante guapa, aunque tiene un aspecto algo rudo. Teegan es

una de esas mujeres que siempre se esfuerza por tener clase. Pero nunca podrá huir de sus demonios, y se nota.


Es medianoche. Volé directo desde Nueva York a Nueva Orleans solo para esta fiesta. Como todo lo que es depravado y vive en las sombras, fiestas como esta solo empiezan a la hora del diablo. Eso significa que llego muy temprano. ¿Qué puedo decir? Estoy que me subo por las paredes de las ganas de desahogarme.


La mayoría de los hombres que vienen a esto no son muy exigentes con la apariencia de sus sumisas. Yo, en cambio, prefiero que sean rubias. Quizás viene de la época del instituto. Darcy y Gwen eran rubias. O tal vez la idea de infligir dolor a una morena, como Lexi, se ha vuelto demasiado dolorosa como para imaginarlo.


Meto la mano en el bolsillo de mi traje Armani y saco la entrada. Los ojos de Teegan me recorren con hambre a cada movimiento que hago.


—No eres cliente habitual —comenta en tono coqueto.


—No —respondo secamente. No tengo necesidad ni deseo de crear vínculos. Eso no es lo que busco. Estoy aquí para vaciarme y alimentar a la bestia que se ha escondido en mi alma.


Ella toma la entrada y sonríe con malicia. —Rubias, ¿eh? Bueno, si eso no rompe el corazón, no sé qué lo hará.


Nuestras entradas especifican las preferencias para la noche. Incluyen de todo, desde el aspecto deseado hasta los fetiches preferidos.


—Pásalo bien, cariño. Nuestras chicas son la flor y nata. Pero si no encuentras lo que buscas, yo también ofrezco servicios privados.


—Gracias, Teegan. Lo tendré en cuenta. —Le guiño un ojo y me adentro en el lugar.


En el momento en que cruzo la puerta, entiendo por qué casi se me tira encima. Al mirar por la sala principal, me doy cuenta rápidamente. La mayoría de los asistentes a la fiesta son calvos y panzones.


Al instante me siento fuera de lugar. Quizás esta fiesta es un poco demasiado extrema para un tipo como yo.


Un señor mayor pasa junto a mí vestido con un pañal. Lleva un chupete en la boca mientras sostiene la mano de una mujer hermosa. Ella lo lleva hasta una mecedora, lo sienta en su regazo y se levanta la blusa. El hombre se agarra a su pecho con la boca. Luego procede a mamar de su pecho como un bebé.


Jesucristo... tal vez este no sea mi ambiente. Esperaba más esposas y látigos, y menos fetiches raros.