Algo más que asesinos

Sinopsis

En la vida hay caminos que no se eligen, pero si hay algo que Rei y Kazuki van a controlar es el elegirse mutuamente siempre. Yaoi/ Boys love Lemon 🔞 Universo alternativo con OOC mínimo y necesario para la trama. Guiños al canon. Los personajes y la imagen no me pertenecen.

Estado:
En proceso
Capítulos:
14
Rating
5.0 1 reseña
Clasificación por edades:
18+

Algo más: Amigos

La vida era limitada en ese lugar. No era mala, pero tampoco daba para más.

En el orfanato se les daba un techo, una cama, ropa, comida, educación básica, preparación para la vida y atención médica pero todo eso tenía algo en común y es que todo era limitado.

El espacio por niño era limitado, las cobijas de la cama eran limitadas – una por niño sin importar el maldito frío –, la ropa era limitada hasta que estuviera en condiciones inexcusables de ser cambiada por otra que ya había sido usada antes, ya sea por alguno de los niños mayores o donada por algún alma caritativa, la comida era limitada, solo comidas saladas, gracias a las hermanas de la orden, siempre eran guisos calientes, pero limitadas a eso, solo a llenar el estómago; aunque ellas quisieran no había forma de darles un postre o algo correctamente balanceado siempre, la atención médica también era limitada, estaba reservada solo para aquellos casos que las hermanas y la medicina empírica no llegaran a resolver.

Y eso a Rei no le importaba. Pero a Kazuki si y mucho. Tanto que no había forma de que Rei lo hiciera reservarse sus opiniones o le cambiará el tema sin dificultad cada que el rubio púber empezaba a hablar de irse de ahí y buscar un trabajo que les diera las suficientes monedas para comprar un abrigo, postres o ir a visitar a su hermana.

***

Kazuki era huérfano pero no estaba solo en el mundo. Tenía una hermana. Lo separaron de ella porque sus tíos decidieron, tras la muerte de sus padres, que sería muy problemático mantener dos niños, así que se quedaron con la chica, que serviría bien de criada al ser la mayor.

Kazuki le prometió que volvería y la buscaría y ella juró que esperaría y se esforzaría también para estar juntos.

Tras la abrupta despedida y cientos de lágrimas Kazuki fue abandonado en el orfanato con sólo lo que traía puesto. Aún con los ojos hinchados, recibió la manta que le tocaba y le asignaron una cama. A punto estaba de poner la cobija sobre la cama cuando un chico de piel muy blanca y un cabello negro, demasiado brillante para su estado nutricional, se metió entre él y la cama impidiéndole el paso con los brazos extendidos.

- Oye, si eres el matón del grupo debo decirte que no temo golpearte y quitarte el puesto – dijo Kazuki haciéndole frente y tratando de sacar ventaja de los 5 cm de estatura de más.

- Nada de eso – contestó Rei bajando los brazos.

- El último niño que durmió ahí murió, se lo advertí porque el anterior también murió y no me hizo caso, ambos tuvieron fiebre. El colchón tiene garrapatas, lo leí en un libro, las garrapatas transmiten enfermedades. Puedes dormir aquí al lado, conmigo.

A Kazuki lo recorrió un escalofrío de asco. Tampoco supo si creerle a alguien tan pequeño pero igual no iba a arriesgarse.

- Gracias por la advertencia. Dormiré en el suelo.

Rei negó con la cabeza y se levantó la manga mostrando algunas cicatrices.

- Hay ratas. Te morderán por curiosidad y si no despiertas lo suficientemente rápido te darán un buen mordisco. Es peligroso.

Kazuki hizo una mueca y apretó la manta junto a su pecho.

- Gracias.

El rubio dejó la manta en la cama de Rei y se sentó en la orilla. ¿Cómo demonios había empeorado tanto su suerte en tan poco tiempo?

Rei se recostó al otro lado de la cama y recogió un poco la manta para que Kazuki pudiera entrar bajo ella cuando decidiera dormir.

Kazuki por fin se recostó y se cubrió con la manta de Rei, luego extendió cuidadosamente su manta para cubrirlos a ambos.

- ¿Cómo te llamas? – preguntó el rubio.

- Soy Rei ¿Y tú?

- Kazuki Kurusu. Mucho gusto – Kazuki se giró de lado para ver a Rei y extendió su palma como saludo – tengo 10 años.

Rei lo miró raro y le dio la mano con duda.

- ¿Cuántos años tienes Rei?

- No sé.

- Ah… ok. Buenas noches.

Rei se quedó mirando a Kazuki un momento, se veía inmensamente triste. Rei lo supo, llevaba toda su vida ahí, sabía perfecto que todos lloraban la primera noche y Kazuki no iba a ser la excepción. Cerró los ojos para descansar y un rato después los sollozos del rubio lo despertaron, así que puso la mano en la boca del estómago del niño nuevo y la dejó ahí, nunca había recibido consuelo de nadie, pero su perspicacia infantil no le permitía quedarse indiferente hacia las lágrimas de su compañero.

Unos minutos después el llanto del rubio cesó y ambos cayeron dormidos.

***

Sin saber exactamente porque Kazuki se ponía feliz cuando había avena para desayunar y su personalidad era tan extrovertida que todos podían notarlo. Recibió su ración pastosa justo después de Rei y ambos empezaron a caminar para sentarse a comer su desayuno.

Como era costumbre al ser un orfanato católico, Rei y Kazuki juntaron sus manos, agacharon la cabeza y cerraron los ojos fingiendo rezar, Rei lo hacía por costumbre ya que estaban bajo la supervisión de las monjas y ser atrapado comiendo sin dar las gracias te mandaba en automático a fregar los pisos de la capilla por la tarde durante 3 días. Kazuki si rezaba, su madre le había enseñado, rezaba por salir de ahí, porque su hermana estuviera bien, por todas las cosas que se le ocurrían día a día incluido Rei.

Mientras Kazuki rezaba y Rei ya había empezado a comer, uno de los chicos más grandes tiró el plato de avena de Kazuki al piso a propósito.

Kazuki abrió los ojos por el ruido y de inmediato su cerebro le reveló lo que había pasado. Se levantó y jaló al chico mayor del brazo.

- Dame tu avena, sé que tú tiraste la mía- Kazuki lo dijo muy serio porque nunca había segundo plato para quien desperdiciara su comida, a propósito o por accidente. Todo era limitado.

- ¿Y como sabes que no fue Rei? – se burló el otro.

- Rei no es estúpido, solo alguien falto de cerebro desperdiciaría la comida.

Kazuki recibió un empujón dando dos pasos hacia atrás - ¿A quién llamaste estúpido?

Kazuki dio dos pasos adelante para encarar al chico frente a él. Pero Rei ya había saltado sobre el chico mayor con brazos y piernas tirándolo al piso y empezó a golpearlo en el rostro a puñetazos.

- ¡Espera Rei! ¡Te castigarán!

Pero Rei estaba inmerso en su tarea sin cansarse... seguía golpeando mientras parecía decir para sí mismo:

- NO EMPUJES A KAZUKI Y NO ME CULPES POR TUS IDIOTECES. NO EMPUJES A KAZUKI Y NO ME CULPES POR TUS IDIOTECES. NO EMPUJES…

Kazuki trató de separar a Rei del pobre diablo bajo él pero no lo logró, las monjas llamaron al conserje y el hombre fue el único que pudo levantar a Rei y hacer que dejara de golpear. Antes de que lo llevarán castigado con la madre superiora Rei gritó:

- ¡Cómete mi avena Kazu, solo le probé un poco!

Kazuki sonrió asintiendo.

“Ese Rei, no tiene remedio”

***

De nuevo los habían castigado por “pelear” entre ellos. Kazuki y Rei estaban limpiando la oficina que hacía de dirección y sacando cajas de archivo muerto, quitando las telarañas y varias cosas más. Ambos con la cara llena de moretones ya que, a falta de actividades extracurriculares y a fuerza de ya haberse leído todos los libros de la biblioteca, habían decidido que las “peleas amistosas” eran lo que más les gustaba hacer juntos. Así que frecuentemente empezaban con un empujón, luego otro… Kazuki molestaba a Rei con las odiadas cosquillas y él se abalanzaba sobre el rubio para terminar rodando por el suelo moliéndose a golpes muertos de risa.

Rei regresó a la oficina con el trapeador y el balde de agua jabonosa para limpiar el piso y encontró a Kazuki sentado en la vieja computadora de la oficina.

- ¿Qué haces ahí idiota? Nos castigarán de nuevo.

- Acabo de encontrar algo súper interesante, grandísimo estúpido.

- Ok. ¿Qué?

- Tu fecha de cumpleaños.

Los ojos de Rei se abrieron con sorpresa. Dejó la cosas en el suelo y se acercó a la espalda de Kazuki apoyándose en sus hombros.

- 10 de Agosto – leyeron los ojos azules sobre la pantalla.

- Así es. Solo eres un año menor que yo – Kazuki puso su palma sobre la mano de Rei que seguía recargado sobre sus hombros.

- ¿Entonces tengo 14? Se siente raro… que un simple número signifique tanto.

- Es porque es parte de ti. Y tu apellido es Suwa.

- Oh vaya. ¿Qué más dice?

- Es todo.

Ambos escucharon pasos y se levantaron corriendo a terminar sus labores compartiendo una sonrisa de complicidad bajo los moretones que se habían causado.

Por la noche Rei no podía dormir. La información que había descubierto con Kazuki y las ideas del rubio no dejaban de darle vuelta en la cabeza. Por fin había germinado en él la semilla de la duda sobre qué había afuera y las ilusiones que había sembrado Kazuki en él empezaban sentirse suyas.

“Afuera. ¿Cómo será estar afuera?”

- ¿No puedes dormir? – Kazuki se giró a mirarlo con sus sonrientes ojos color granate. Apenas había espacio en esa pequeña cama para los dos.

- No.

- ¿Te duelen los golpes? Porque a mi si me duele mucho la herida del labio. Exageraste idiota.

- Lo siento, yo sé que eres un pobre imbécil debilucho, debí contenerme – Rei sonrió con sarcasmo pero se giró a ver a Kazuki – Ya en serio, déjame ver.

El rubio abrió un poco la boca y se llevó la mano al labio inferior, cerca de la comisura izquierda – aquí – señaló.

Rei lo inspeccionó de cerca, la poca luz le impedía ver bien pero hizo un esfuerzo y traccionando suavemente el labio de Kazuki se dio cuenta que la herida era profunda hacia dentro del labio.

- Te duele porque la herida se vuelve más profunda en la parte de adentro – Rei seguía mirando con atención el labio de Kazuki y, a su vez, Kazuki miraba con atención los ojos azules y las pestañas tan pobladas de Rei, no eran muy largas pero enmarcaban perfecto los ojos de su amigo.

Rei levantó la vista sin evitar los ojos de Kazuki y sin dejar de levantarle el mentón con su índice.

- ¿Qué? – preguntó Kazuki en la cercanía.

- Lo siento – Rei se acercó mucho a su amigo, cerró los ojos, recargó su nariz al lado de la Kazuki y descansó sus labios en el mentón del rubio. Justo debajo del moretón que le había hecho.

Sus corazones latían fuerte. Ninguno sabía explicar porqué pero estar así se sentía bien, increíblemente bien. No supieron si fue Rei o fue Kazuki pero su labios se tocaron en un medio beso torpe, fugaz y casi estático.

- Tenemos que irnos de aquí – dijo Rei.

Kazuki estaba más sorprendido por eso que por el beso. Fue fácil ver la determinación en los ojos de Rei.

- Bien. Prepararemos todo para escaparnos.

Rei asintió mirando a Kazuki y sonrió apenas.

El rubio juntó sus labios de nuevo, el beso fue inexperto y corto pero tierno, como si sellaran la promesa de seguir adelante juntos y como los críos que eran imaginaron que eso sería suficiente.

- Buenas noches Rei.

- Buenas noches Kazu.

Semanas más tarde, de madrugada y aún en la oscuridad Rei y Kazuki saltaban el muro gris del orfanato. Kazuki se puso en cuclillas y levantó a Rei. Una vez arriba el chico de pelo negro tomó la mano de su compañero y ambos saltaron al otro lado. Solo se llevaron sus mantas y un poco de las galletas que las monjas hacían para venderlas y obtener dinero para el orfanato, les dio vergüenza robarles pero Kazuki dejó una nota diciendo que las pagarían después y Rei estuvo de acuerdo.

En cuanto pusieron un pie fuera Kazuki sonrió. Rei estaba impresionado, nunca lo había visto sonreír tan ampliamente, le pareció lindo pero no lo dijo, y no porque no quisiera o lo avergonzara sino por algo más básico aún, Rei nunca había tenido mucha necesidad de expresar sus pensamientos, tenía en el orfanato lo que necesitaba, no le hacía falta nada más y tampoco conocía nada más, así que simplemente se guardó la imagen del guapo rubio sonriente y llamándolo.

Para Kazuki, 5 años ahí habían sido demasiado, se moría de ganas de buscar a su hermana y de vivir la vida como la conocía. Se moría de ganas de mostrarle a Rei todo lo que él desconocía, su amistad con el chico le había provocado protegerlo, también debía decir que le gustaba ahora, pero a Kazuki se le rompió el corazón cuando leyó en el expediente que la madre de Rei murió en la reja del orfanato protegiendo a su pequeño de apenas un año, eso era tan triste que Kazuki se propuso solo enseñarle las cosas buenas de la vida a Rei que nunca conoció nada fuera de ese edificio gris.

- ¡Ey Rei! ¿Qué miras tonto? ¡Vamos!

- Te miro a ti zopenco – dijo echándose a correr hacia Kazuki. Ambos rieron y empezaron a caminar hacia el pueblo. La primera idea de Kazuki era conseguir trabajos.