Reencuentro Inmortal en Newport [GetoSuguruxOC] [Jujutsu Kaisen CROSSOVER]

Sinopsis

Históricamente, un lazo prohibido. Sin embargo, en los locos años 20, las reglas son para cambiarse.

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Completado
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18+

Reencuentro Inmortal en Newport

Aún se sentía bastante cansada, el exorcismo de Yuuji había estado muy potente para ella y sus primas. Mas, ese día no podía quedarse descansando en Spellbound Manor en lugar de asistir a una ocasión crucial para su clan. Salió de la bañera en su baño personal y se prestó a vestirse solo con su bata, más tarde ya podría arreglarse. Encendió un cigarrillo junto a su respectiva boquilla y se dirigió a su vestidor con la intención de hallar el vestido adecuado. Sonrió con entusiasmo y sus ojos verdes recorrieron la variedad de telas y colores a su disposición, simplemente adoraba observar y tocar sus propias creaciones. ¿Cuál sería la mejor elección para que el señor Suguru la mirara aún más de lo que ya lo hacía? Resopló algo molesta y se reprochó a sí misma al reparar en lo que estaba pensando.

Cierto era que tenía veinticinco años, estaba en el límite de lo que la sociedad de Newport, en Rhode Island, consideraría el máximo de edad apropiada para contraer matrimonio en los años 20. No obstante, se creía a sí misma tan distinta de las otras chicas de la alta sociedad que venían a solicitarle sus vestidos de moda...

Dejó su vestidor, dirigiendo sus pasos hacia afuera de su hermosa habitación a la vez que acomodaba su lisa cabellera, corta y rubia. El pasillo se mantenía tranquilo y acogedor, tanto como cada uno de los rincones de la lujosa mansión. Miraba a todos lados, preguntándose dónde estarían Andrew y Nina. De seguro aún ni pensaban en tomar un baño.

—¡Andrew!... ¡Nina!... —los llamó mientras fumaba, boquilla en mano. El ama de llaves hizo su aparición desde las escaleras con una sonrisa amable—. Señora Adeline...

—Señorita Bethany, su prima y el pequeño Andrew se encuentran en la sala de estar. —Le contestó la adorable mujer de unos cincuenta años, alcanzándole un edredón. Dio un suspiro, sin duda debía haber decenas de mantas repartidas por el caserón, debido al poder de su prima.

—Oh, te lo agradezco —dijo la aludida, sonriendo también y recibiendo el cobertor. Se apresuró a bajar las escaleras con precaución, afirmándose del pasa manos. Las risas del niño, provenientes del lugar indicado por el ama de llaves, le confirmaron que estaba jugando con su madre. Al asomarse, vio un hermoso unicornio blanco echado en plena alfombra, siendo acariciado por el infante rubio de ojos dorados, quien jugueteaba con él y su característico cuerno. Soltó una pequeña risa de ternura, llamando la atención de ambos—. Vamos, Nina. Tienes que bañarlo para que así puedas bañarte tú. En unas horas comienza la Fiesta de Beneficencia.

—Lo siento, mi niño. Tu unicornio debe alistarse para un evento social —dijo una voz suave y femenina con tono apenado, proveniente de la criatura mágica. El pequeño de cinco años frunció el ceño, desanimado.

—Pero mamá, solo cinco minutos más.—Le reclamó.

—Mañana seguiremos jugando, lo prometo.

—Bueno, está bien.

El unicornio se transformó en una preciosa mujer, su prima, de ojos avellana claro y melena pelirroja. Bethany cubrió su desnudez inmediatamente con la frazada que había traído y Nina soltó una pequeña risa, avergonzada.

—Anda, dale un baño a Andrew y me lo dejas para que te bañes tú. —Le ordenó la líder del clan. La aludida le guiñó un ojo, arrastrando a su hijo hacia las escaleras mientras que su prima la siguió, con la intención de volver a su habitación para vestirse y arreglarse.

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Ya adentro del Packard negro conducido por su respectivo chófer y ubicadas cómodamente en los asientos traseros, Bethany y su prima Nina, iban camino a la mansión de los Morgan. La hermosa diseñadora miraba las calles de Newport por la ventana y la otra joven bruja aclaró su garganta, observándola con seriedad y con un cigarro encendido en su boquilla.

—Con respecto al señor Suguru... —dijo y al escuchar ese apellido, revolotearon mariposas en el vientre de la aludida. Esos intensos ojos marrones aparecieron otra vez en su mente y dio un suspiro.

—Nada, seguiré ignorándolo. —Le contestó la rubia, evitando devolverle la mirada. Su prima fumó antes de hablar.

—Verás, con Felicity pensamos...

La ojiverde miró a Nina y esbozó una pequeña sonrisa.

—No importa, prima. Agradezco... —comenzó y la pelirroja la interrumpió,

manteniendo la calma.

—¿Podrías escucharme, maldición?

—Oye, Nina...

—Creemos que no tiene nada de malo que salgas con él,... si es que quieres —continuó ella, con la intención de hacer que Bethany se sintiera apoyada y respetada en sus decisiones con respecto al amor por ella y su otra prima, Felicity. La sonrisa de la rubia se borró y Nina volvió a fumar—: Lo digo en serio, en nombre de las dos. Si queremos cambiar tradiciones del clan que consideramos anticuadas, debemos pensar las cosas de otra manera.

—Entiendo, pero aún... —se excusó, algo nerviosa y la bella joven de claros ojos avellana le sonrió. La había comprendido.

—Está bien, prima. Todo a su tiempo. —Le dijo, pensando que seguramente, aún le pareciera un poco fuera de lugar para una bruja como ella, jefa de clan, mantener una relación amorosa con... alguien como Geto Suguru. Un hombre totalmente fuera de lo común. Volteó su rostro, fumando y contemplando las calles tal como lo había estado haciendo Bethany, quien solo observó el camino hacia adelante. Pronto llegarían a la Hacienda Morgan.

La rubia permanecía soltera y libre a sus veinticinco años, y siendo una chica de la aristocracia, era bastante peculiar para esos años 20 en Rhode Island. Para empezar, era la líder de lo último que quedaba de un gran e importante clan de brujas, y dirigía todo tipo de trabajos conjuntos relacionados a ello. En segundo lugar, llevaba la administración de las inversiones de la familia en las industrias del petróleo, el acero y el sector financiero, siempre con la ayuda y el apoyo de sus primas. Y en tercer lugar, había estudiado diseño de vestuario en el Rhode Island College of Education y ahora, confeccionaba ropa femenina.

Por su lado, Nina era la viuda de Edward Elric, el padre de su hijo Andrew. El hombre de su vida había fallecido hace cuatro años atrás y como siempre, obedecía las órdenes de la líder Bethany en cuanto a hechicería y colaborando con ella cuando se trataba de los negocios igualmente. Hace unos días, había tomado la decisión de dejar el apellido de su fallecido esposo, con el objetivode volver a ser una Spellman. El haber conocido a Yuuji Itadori, el último hombre a quién le habían realizado un difícil pero exitoso exorcismo, llamaba a su alma, su corazón y su cuerpo a abrirse nuevamente al amor y la pasión. Eso no significaba que no amara a Edward ni que se encontraba olvidándolo, mas se hallaba segura de que sus sentimientos hacia el pelirosado eran reales y además, correspondidos. Ella merecía ser feliz con un hombre tanto como lo merecía su prima.

Entonces, vieron la belleza y la suntuosidad de la mansión de la familia Morgan, los invitados llegando en sus autos de lujo y todo hermosamente adornado e iluminado. Bethany y Nina intercambiaron una mirada y una sonrisa de felicidad y complicidad. Aparte de que tenían la certeza de encontrar a los objetos de su amor en la Hacienda, siempre la pasaban muy bien en las fiestas de aristocracia, fuera cual fuera su motivo. El chófer de las primas brujas se estacionó en la entrada y un amable anfitrión las ayudó a bajar. Sonrieron aún más, caminando con gracia y sensualidad hacia las escaleras que daban al interior del palacete, observando todo a su paso.

Esa noche, lucían maravillosas vistiendo las creaciones de la bruja diseñadora de vestuario. Bethany llevaba puesto un vestido ajustado y escote redondo sin mangas en rojo, tela encima de la cual iba una capa de gasa muy fina en negro con un hermoso diseño de lentejuelas negras en fila y también dejaban ver algo del rojo. Su falda asimétrica llegaba a la mitad de sus muslos, desde cual borde colgaban los flecos negros. Zapatos taco alto en rojo oscuro junto a unas medias negras, además de una diadema roja oscura con plumas y un adorno plateado, el que combinaba con su collar de finas perlas. Su cabello rubio caía ondulado en una melena corta con un flequillo sobre la frente, su maquillaje constaba de sombra en tonos tierra oscuro, rubor y labial rojo.

El vestido de Nina era negro con diseños de lentejuelas en dorado, ajustado y de falda asimétrica hasta la mitad de los muslos. Su escote iba de hombro a hombro y era manga corta, con flecos negros cayendo de su falda y acompañado por un par de guantes negros un poco más arriba de los codos. Tenía puestas medias negras traslúcidas y zapatos de taco alto en negro, los que hacían juego con su diadema de cadena negra sobre su melena lisa y rojiza y un collar de perlas doble asimétrico. Llevaba sus claros ojos avellana maquillados con sombras gris y negro, rubor en las mejillas y labial color vino.

Luego de saludar alegremente a los dueños de la Hacienda Morgan en la entrada, Bethany y Nina se prestaron a ubicar a Felicity y su esposo Kyojuro entre sus saludos a otros asistentes conocidos a la fiesta de beneficiencia.

Sin duda Charlotte, la fundadora del clan, había sido muy inteligente. Se había encargado de traspasar sus enseñanzas de economía para amasar una fortuna y adquirir un palacete familiar, Spellbound Manor, con el fin de impulsar y mantener a las siguientes generaciones de brujas. Sin embargo, eso no era lo único que las primas habían aprendido. Las tres adquirieron personalidades distintas, contando con dos aspectos relevantes en común. Por un lado, ponían

sus dones espirituales al servicio de los demás. Ayudaban a quien fuera y no a cambio de dinero, sino que a cambio de que se mantuviera su secreto, con la confidencialidad e importancia que esto tenía para ellas. Y así había sido siempre, solo algunos pocos en los rincones de Rhode Island estaban al tanto de la existencia de un clan de brujas como el suyo. Por otro lado, cooperaban con causas orientadas a ir en ayuda de los más necesitados. Debido a ello, esa

noche estaban comprometidas a asistir a una fiesta a beneficio del nuevo

orfanato inaugurado.

La bruja pelinegra y su esposo ya habían sido abordados con gentileza por Geto Suguru, sin embargo esta vez, ella había desistido de leer su mente. No tenía caso repetirlo si ya no le funcionaba de ninguna manera, aunque le parecía que andaba esperando a Bethany. Con respecto a Yuuji Itadori, solo lo había visto por ahí y no solo su mente, su mirada denotaba su anhelo y su deseo por Nina. Ella sabía muy bien que el fuego ardería esa noche como nunca en Newport.

Al rato después de verlos, fue que Felicity divisó a sus primas. Se hizo notar con uno de sus trucos de telepatía, y ellas la miraron automáticamente. Rieron juntas y se acercaron, la chica de la cabellera negra soltó la mano de su marido para ir al encuentro de Bethany y Nina. Al igual que los diseños de la líder del clan y su prima Nina, el vestido de Felicity también era una creación de Bethany Ashcroft. Se trataba de un vestido de flecos dorados en diagonal, ajustado, con breteles finos y con falda a medio muslo, junto a un collar de perlas. Usaba zapatos de taco alto dorados y una diadema en blanco con plumas sobre su melena negra ondulada, su maquillaje constaba de sombras en tonos café oscuro, las mejillas con rubor y sus labios de café oscuro.

—Allí está Felicity. —Le comentó Nina a Bethany, tirándola del brazo muy alegre.

—¡Primas! —exclamó la ojiazul sonriente, siendo seguida por su esposo. Se aproximó a ellas y se abrazaron cariñosamente—: Solo diré que ví a un par de hombres que estarán interesados en verlas.

—Ay, cariño... —dijo Bethany.

—Lo que dice mi esposa es cierto —dijo Kyojuro, y se saludó con ambas brujas—. Déjense querer, chicas. No hagan sufrir a un par de hombres.

—¿Ya escucharon, bellezas? —preguntó la azabache y rieron juntos.

Bethany Ashcroft no era una chica normal y sus primas de su misma edad, Felicity Rengoku y Nina Elric, tampoco lo eran. Las tres eran brujas herederas del clan Spellman, escondidas detrás de esa fachada de mujeres de aristocracia y de su mayúscula mansión, haciendo todo tipo de trabajos mágicos sin fines de lucro, combinándolo con su vida social.

Bethany y Nina se separaron de Felicity y Kyojuro, cada una dirigiéndose a saludar y compartir con otros amigos, disfrutando del cocktail y los tragos que llevaban los meseros o que se podían encontrar en mesas por aquí y por allá. La fiesta tenía un agradable aire de entusiasmo y había música jazz de la mano de una orquesta, acompañando las conversaciones de los invitados.

Felicity y Kyojuro fueron por una copa y ella encendió un cigarrillo en su boquilla, cuando se percató de la figura de Yuuji aproximándose a ellos. Utilizó su telepatía y leyó su mente otra vez, él iba a preguntarles por Nina. “Aún no la ha visto”, pensó Felicity y junto a su esposo, esbozaron una sonrisa. El pelirosado los saludó amablemente.

—Te ves mucho mejor luego de tu... tratamiento —comentó Kyojuro, haciendo referencia al exorcismo que le habían hecho las brujas Spellman, algo que él conocía muy bien por medio de su esposa.

—Sí, estamos muy felices por ti —dijo la ojiazul, con alegría.

—Yo también, me siento mucho mejor. Les agradezco mucho —dijo el hombre de ojos caramelo, acentuando su sonrisa y haciendo un gesto de sincero agradecimiento.

—Fue un placer —dijo la aludida, asintiendo. Él estaba apunto de preguntar por Nina y ella lo sabía, así que se adelantó—. Si quieres ver a Nina, ella ya llegó.

El corazón de Yuuji dio un brinco al escuchar el nombre de aquella hermosa pelirroja y miró a otro lado unos segundos, quedándose callado. Felicity fue capaz de ver su mente y quedó impactada ante la imagen de una gata blanca con ojos avellana claro y un pequeño pájaro blanco que se presentaban ante el pelirosado. Claro que se trataba de Nina, y claro que ni ella ni Bethany sabían de lo que hacía a escondidas para verlo. Él regresó su mirada caramelo hacia la ojiazul y su esposo, con un leve sonrojo.

—Lo siento, tal parece que estoy siendo muy obvio. —Les dijo y Kyojuro sonrió aún más.

—No, está bien. Mi prima también es muy obvia cuando le encanta un hombre —comentó Felicity y soltó una pequeña risa. Yuuji volvió a mirar entre la gente, esperanzado—. Anda, ve a buscarla.

El pelirosado volteó a despedirse con un gesto amable y los dejó nuevamente a solas, con el objetivo de hallar a Nina. No solo pensaba en hablarle, invitarla a salir y conocerla, tenía en mente jugar todas sus cartas para hacerla su mujer y ser como un padre para Andrew. La ojiazul escuchó eso y sonrió ampliamente, el fuego entre ambos era intenso y verdadero.

Bethany se encontraba hablando animadamente con un par de buenas conocidas que solían comprarle sus diseños y en un momento, ellas se despidieron y la rubia continuó caminando sola entre los asistentes y los meseros, con una copa de Martini en la mano. Repentinamente, los elementos dentro de sí misma se alborotaron y reconoció a aquella presencia que la hacía sentir así. Cierra los puños, conteniendo la manifestación de sus poderes y buscando con su mirada a Geto Suguru en el lugar. De un segundo a otro, lo sintió acercarse por su espalda. Ella respiró hondo ante el escalofrío que recorrió su espina dorsal y se volteó. Sus ojos verdes chocaron de lleno contra la penetrante mirada chocolate que tanto deseaba ver.

—Señorita Ashcroft. Buenas noches —dijo él, con esa voz varonil que la hizo sentir mariposas en el estómago. Esbozó una suave sonrisa seductora de medio lado y ella también sonrió, coqueta. El palpitar de su corazón se disparó, recordando la sensación de la lengua de Geto contra la suya.

—Señor Suguru —contestó, con voz suave.

—Me da mucho gusto verla aquí esta noche —dijo el aludido, dando otro paso más y tomando su mano con el fin de inclinarse a besarla. No le quitaba los ojos de encima, y ella tampoco.

—Gracias —dijo la rubia y él soltó su mano con delicadeza para recuperar su postura erguida.

—Pensé que no asistiría, sabiendo que podría estar yo.

Bethany se ruborizó y soltó una pequeña risa, al tiempo que recordaba ese beso a la perfección. La sensualidad y la humedad de su boca, volvieron a causar estragos en su ser y una vez más, apretó los puños. Debía mantener en calma a sus cuatro elementos, pero no dejó de sonreír.

—¿Está diciendo que por lo que... pasó el otro día entre nosotros, yo dejaría de venir a una fiesta de beneficencia a la que mi familia fue invitada? —indagó. El azabache acentuó su sonrisa sexy.

—Por supuesto que no, sé que gracias a usted y a sus primas, los Spellman mantendrán su tradición —dijo.

—Eso es seguro, mi familia jamás dejaría de asistir a un evento social de importancia por... solo un beso.

El atractivo hombre de ojos marrones se le acercó, lentamente.

—No creo que fuera solo un beso, pude escuchar lo rápido que latía tu corazón, y... me besaste también —susurró y sus miradas se fijaron mucho más. Bethany suspiró, estaba apunto de rendirse completamente.

—Geto, yo... Perdón, señor Suguru... —dijo y se mostró algo avergonzada y nerviosa al equivocarse.

—No, dime Geto. —Le rogó, su expresión deseosa por la rubia.

—Geto, es que... —comenzó y el aludido se aproximó un poco más. Nuevamente, el pasado nublando el presente de la bruja líder del clan. ¿Hasta qué punto podría aguantar aquél impedimento?

—No tienes que repetirlo, ya lo sé. Pero, ¿por qué no disfrutamos esta noche? Pronto viene la subasta, anunciarán las donaciones y habrá baile. ¿Qué dices? —Le ofreció él, con aires de ánimo. Honestamente, prefería no incomodarla y dedicarse a disfrutar a su lado.

La familia Morgan se presentó muy feliz y emocionada, dando las gracias por la presencia de todos los miembros de la clase alta en su mansión y en su fiesta. Reliquias familiares para subastar y donaciones de varias personalidades filántropas de Newport se dieron a conocer, en pro del nuevo orfanato inaugurado. Entonces, fue el turno del baile y sobre los brillantes pisos del gran salón, las parejas con atuendos y joyas costosas accedieron a bailar al son del charleston, entre el brillo y los lujos de la alta sociedad.

Geto se dio prisa a sacar a Bethany a bailar, antes que otro hombre pudiera hacerlo. No importaba lo que ocurriera, el vampiro solo quería compartir un poco de su inagotable tiempo con la bruja líder de clan que tenía al frente. No obstante, tiempo no era lo único que deseaba darle. Sentía la necesidad de hacerle saber cómo se había sentido desde la primera vez que se conocieron, un sentimiento que iba en aumento conforme avanzaban los segundos. Sospechaba que a ella le pasaba lo mismo por el modo en que sus ojos lomiraban, por los rápidos latidos de su corazón resonando en sus sensibles oídos y por cada gesto coqueto al bailar.

Tenía que hablarlo con ella y supo que era el momento indicado cuando después de un largo rato bailando charleston, hablando y riendo, tocaron una pieza de foxtrot. Estaban teniendo la oportunidad de aproximarse más, él pudo posar una mano en su cintura y con la otra sostener la mano de la rubia, quien ubicó uno de sus brazos apoyándolo sobre el brazo del hombre de ojos marrones. Intercambiaron una mirada fija más junto a una sonrisa sugerente y se dejaron llevar por los pasos de baile.

—Señorita Ashcroft... —comenzó a hablar en voz baja, volviéndose serio. La diseñadora se preocupó al notar su cambio de expresión y tembló ligeramente de nervios.

—Puede decirme Bethany —lo corrigió la ojiverde.

—Bethany... Mi corazón no late como el tuyo, pero... desde que te conocí, es como si lo hubiera recuperado —explicó y la respiración de la rubia se aceleró tanto como su palpitar. Tragó duro e inhaló suave y profundo, en pro de continuar refrenando su poder—. Por favor,... confírmame que correspondes mi sentir.

No habían dudas acerca del conflicto histórico entre brujas y vampiros, eso se lo había reiterado la abuela, su madre y sus tías, en varias ocasiones. Mas, las palabras de Nina en el Packard negro y sus propias ganas de fluir con sus emociones, pesaron más en ese instante. Ya le parecía que no había razón para ocultarse ni reprimirse. Dio un suspiro nuevamente antes de responder.

—Sí —susurró. Los ojos de Geto cobraron un brillo especial.

—¿Qué dijiste? —indagó.

—Sí, siento lo mismo que tú... y ya no lo resisto más.

Los cuatro elementos se mezclaron dentro de Bethany, estaban apunto de desbordarse, pero el contacto que ella misma buscó con los labios del vampiro, la ayudó a aplacarlos en cierta medida. La humedad y la calidez de sus lenguas obligaron a la música, las risas y el ajetreo de la fiesta a bajar su volumen. Ella sintió su característica fuerza en sus manos al agarrarla de la cintura para pegarla a su cuerpo y él se deleitó con su dulce respiración agitada y su acelerado palpitar. Sin embargo, otra vez, los dos reconocieron un sentimiento que ya habían sentido antes. Una sensación mucho más acentuada, de que ya habían experimentado eso mucho tiempo atrás.

El movimiento de la gente que aún bailaba foxtrot alrededor, les puso los pies de vuelta en la tierra y se separaron solo un poco, para intercambiar una mirada fija. El amor y la pasión se notaban con claridad en sus ojos, sus almas pidiéndoles un encuentro... o reencuentro...

—¿Vendrías conmigo? —dijo el hombre de ojos castaños, en voz baja y ronca. A la diseñadora solo le quedaba una pizca de duda, que en un segundo se disipó pues sus ganas de él eran mayores. Asintió y él la tomó de la mano firmemente, arrastrándola entre la gente, hacia la salida.

Ninguna de sus primas la notó retirándose de la mansión, las dos estaban en sus asuntos. Logró ver a Felicity y a Kyojuro, bailando y disfrutando junto a sus amigos, y a Nina junto con Yuuji, saliendo de algún lugar oscuro y arreglándose sus ropas. Soltó una risa antes de abandonar completamente la fiesta.

Nuevamente se encontraba en el palacio Suguru, pero esta vez era distinto. Los besos y las caricias desesperadas y llenas de pasión no eran suficientes. Una lluvia suave comenzaba en las afueras, el dueño de casa usaba sus poderes de control del clima para darle en el gusto a la rubia que tenía entre sus brazos. El ruido del fino aguacero y del viento gorjeaba, como pretendiendo calmar los jadeos y la respiración agitada de los amantes en la habitación, mas ya no había vuelta atrás.

En medio de besos y caricias, avanzaron hacia la cama y un cordón del fuego de la diseñadora los rodeó. Los dos sonrieron lujuriosos, por fin podían dar rienda suelta a sus poderes y a muchas cosas más que clamaban por salir. Determinaron dejarse caer, pese a que la confusión crecía tanto como sus ansias y es que esa corazonada como de estar encendiendo un montón de cenizas, se volvía cada vez más certera.

—Te deseo, te necesito —murmuró él, estrujando sus pechos por sobre la tela y ella dejó escapar un suave gemido.

—Y yo a ti,... Geto Suguru —dijo ella y terminaron con lo último que los separaba.

Sus ropas cayeron despacio y no demoraron en reconocer la suavidad de sus pieles en contacto la una con la otra. El azabache ya había experimentado bajo sus manos y su boca tal calidez, y cierto descontrol estaba apunto de apoderarse de él como hace mucho tiempo atrás.

—Demonios, tu piel... —dijo entre jadeos, el filo de sus colmillos rozando delicadamente la piel de la rubia debajo de él—. Bethany... Tu cuello...

Ella tragó duro, pero lo que sentía era demasiado.

—Lo sé,... puedes morderme —murmuró y el vampiro se detuvo, con el fin de mirarla a los ojos. Su mordida significaba mucho más que sólo hincarle los dientes y beber su sangre. La líder del clan de brujas era el objeto de su amor y cuidado en ese momento, lo que menos pretendía era lastimarla.

—¿Lo dices en serio? —indagó, a lo que ella solo asintió. El azabache puso una de sus frías manos en su mejilla, de manera gentil. Le sonrió con una mezcla de dulzura y lascivia—. Te juro que seré muy gentil.

La joven quitó el mechón negro que enmarcaba el rostro de Geto, prestando atención a sus colmillos asomándose y sonrió junto a él.

—Me gustas... Me gustas mucho. —Le confesó.

—Y tú me encantas —dijo él y volvieron a besarse con pasión, al tiempo que las manos de ambos patinaban sobre los afanosos cuerpos desnudos. Esa singular sensación todavía estaba ahí, lo que no impidió que siguieran aventurándose a averiguar lo que podía ocurrir—. Abre las piernas para mí.

Bethany acató su orden y su amante bajó inmediatamente a hundir su rostro en su caliente y húmeda entrepierna.

—Dios mío... —gimió la bruja, contemplándolo desde arriba, asombrada por lo bien que se sentía—. Así, ahí...

La lengua del vampiro lamiendo sus pliegues húmedos ya amenazaba con llevarla a su límite, cuando decidió introducirle un par de dedos y sus jadeos fueron en aumento. No obstante, en sus mentes, imágenes difusas hicieron su aparición como un parpadeo que al parecer, solo hizo que su apetito empeorara. Ellos...

—Eso es... Hazlo —ordenó el azabache, haciendo presión con su boca y dedos. Esa sensación tan deleitosa se liberó, avivando la hoguera que ella misma había creado alrededor de los dos.

El orgasmo se extendió en todo el cuerpo de la ojiverde, así como varios recuerdos de la mirada enamorada y lujuriosa del objeto de su amor y su deseo. Gimió más fuerte y el vampiro sonrió triunfante al sentirlo en su boca también, tanto como aquellas remembranzas de haberla tenido así antes. Bethany y Geto ya se habían conocido y... habían compartido más que solo una cama y una mordida vampírica.

Él se incorporó y volvieron a mirarse fijamente, comenzaban a entender a qué apuntaban esos espejismos borrosos y ese sentir ya conocido. No servía de mucho preguntarse en ese momento qué era lo que les sucedía cada vez que escalaban un peldaño en su contacto amoroso y físico, pues era como si eso fuera a responderse por sí solo.

—Tómame —musitó ella, sin poder resistir las ganas de él, quien la cubrió con su cuerpo. Se besaron ardorosamente y el vampiro entró en ella despacio, provocando los gruñidos masculinos que se combinaron con los de su amante.

—Oh, Bethany... Qué bien te sientes.

—Qué grande —susurró la aludida, apreciando cada centímetro de él, entrando y saliendo suavemente.

—¿Te gusta así?... ¿Lento?

—Sí.

Las miradas cargadas de pasión y erotismo conectaron de nuevo, pero esta vez fue distinto. A cada embestida, su ritual se sentía como el más anhelado y deseado de los reencuentros. Los sentimientos del uno por el otro se desataban como una bandada de pájaros escapando de su jaula. Las olas de delirio golpeando sus almas y sus cuerpos eran como volver a vivir algo que habían extrañado con cada fibra de ellos mismos.

—Déjame ir más rápido —rogó Geto, sus ojos empezaban a cambiar de color a rojo. El contacto con la mujer que tanto amaba y ansiaba se hallaba cerca de descontrolarlo.

—Ve más rápido... y más fuerte —jadeó la bruja líder del clan y su amante así lo hizo. El murmullo de la lluvia y de las llamas rodeándolos se revolvía con los gemidos y el sonido de su danza vehemente.

—Córrete... Quiero sentirte —dijo el vampiro con voz ronca y Bethany alzó un grito que coincidió con la placentera sensación estrujando su verga. Él la besó profundamente, su nivel máximo de concupiscencia iba a desbocarse y casi lastima la boca de su amada con sus colmillos, sin querer. La contempló de cerca, sus ojos ya se habían vuelto completamente rojos y finalmente, se dieron cuenta. Estaban juntos otra vez, pero dejarían que sus cuerpos y sus espíritus continuaran hablando—. Preciosa. Voltéate.

Pese a que ya todo estaba claro para ellos, sus ansias por vivir su amor y su deseo sin interrupciones, por lo que ella siguió su indicación y el azabache la tomó por la espalda.

—Ah, Geto —dijo la rubia entre gemidos, a la vez que el aludido reanudaba el vaivén de sus caderas. No obstante, tener el cuello de su amante a su disposición, avivó la flama de su interior.

—Quiero morderte... Ahora,... por favor —suplicó en su oído, causando un escalofrío en la hermosa chica y para su fortuna, ella asintió, respirando hondo. El placer dulcificó el dolor de los colmillos hundiéndose en la piel y una fuerte embriaguez dio en el alma del vampiro, para quién era casi obvio que ese sabor le resultaría familiar. Dio un pequeño sorbo deseoso y lamió el área—. Maldición, tu sangre...

—Oh, sí... —susurró la diseñadora, más entregada que antes al vampiro a sus espaldas y él tomó una de sus piernas con el fin de obtener acceso a su clítoris—. Dame más...

—Bethany... Corrámonos juntos —gruñó Geto, frotando ese centro de placer inflamado a la vez que la penetraba con mayor fuerza y velocidad. Solo segundos bastaron y todo ese amor y esa pasión junto a esos recuerdos tan vívidos de un romance anterior se reunían con el fin de elevarlos a lo más alto.

—Dios mío —gritó la ojiverde y el aguacero al igual que la fogata parecieron explotar, asemejándose a sus almas y sus cuerpos, alcanzando el límite.

Él la tomó del rostro con delicadeza, ayudándola a girarse un poco y selló aquella potente liberación con un beso suave y apasionado. Hace mucho que un evento fatal había puesto fin a su historia, pero los giros del mundo y del amor se habían empeñado en hacerlos reencontrarse. La bruja y el vampiro, estaban juntos una vez más...