CRUCE DE CAMINOS

Sinopsis

En un intercambio estudiantil Sara viaja a Corea y en el transcurso de su estancia conoce a su Idol favorito. Las cartas sobre la mesa se mueven y sus destinos se verán entrelazados, para bien o mal, por algunos sucesos poco comunes.

Estado:
En proceso
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
16+

UN NUEVO HOGAR

El avión aterrizó en la ciudad de Seúl, Corea del Sur. Los nervios abandonaron su cuerpo cuando les avisaron que habían llegado a su lugar de destino.


Sara aflojó el agarre de sus manos al asiento y respiró hondamente con alivio.


Era la única estudiante de su colegio que había conseguido la vacante de intercambio. El continente asiático era uno de los lugares que hace un tiempo atrás le obsesionaba, sobretodo, por el furor y la fiebre del Kpop que se esparcía entre sus contemporáneos, pero después esa emoción se fue apagando poco a poco. 


En el aeropuerto la recogió la familia que la acogería el tiempo que estuviera en Corea, se trataba de una pareja de mediana edad que no tenían hijos y que se dedicaban a dar hospedaje a estudiantes extranjeros.


Al salir observó fascinada la enorme ciudad llena de luces y edificios gigantes; pensó en su pequeña ciudad y país, realmente no eran ni la cuarta parte de este gran continente.


Respiró profundamente hasta que el aire helado llegó a sus pulmones, se había esforzado mucho para conseguir esto, quería regresar con orgullo de sí misma y con la frente en alto donde su familia con una sonrisa de oreja a oreja y las palabras "lo logré".


En el trayecto del camino buscaba entablar conversa con la pareja pero los nervios le jugaron una mala pasada y pronto el idioma que llevaba mucho tiempo aprendiendo se le disolvió en la cabeza y las palabras empezaron a faltarle.


La mujer agradeció su esfuerzo y le animó a seguir, pero luego de otro momento no encontró más que decir, sumergiéndose así en un profundo silencio, al cual estaba más acostumbrada. 


Se dijo así misma que perfeccionar el idioma era lo primero que haría el día de mañana.


La casa donde se hospedaría no era muy pequeña, a decir verdad, era bastante grande para dos personas. Observó detenidamente que constaba de una segunda planta que prometía tener algunas habitaciones. Era realmente bonita y elegante, sobretodo, la sala de estar. 


Con razón se dedican a acoger a estudiantes, hay mucho espacio. - Se dijo así misma.


-Nail du myeong- ui jeolm- eun iga yeogie meomulleo ol geos- ibnida. (mañana vendrán dos jóvenes a hospedarse aquí) - dijo la dueña de casa con una leve sonrisa -Wonhaneun bang-eul seontaeghaseyo. (escoge la habitación que desees) 


-Maeu gamsahabnida (muchas gracias) -respondió Sara de forma atenta después de hacer una reverencia y disponerse a subir la elegante escalera de estilo caracol. 


Revisó uno por uno los cuartos para decidir en cuál se quedaría.


La primer habitación a la que entró le pareció un poco sombría, no tenía ningún punto de luz que viniera  de afuera excepto por dos pequeños traga luz ubicados a unos centímetros debajo del techo de loza en una de las paredes. Era de color blanco, no sabía por qué pero aquel color le inquietaba mucho. El segundo era muy similar al primero, excepto por el color rosa pastel que le daba cierta apariencia de claridad, aunque realmente era parte de la ilusión del color porque tenía la misma cantidad de traga luz que la habitación anterior, incluso de forma extraña este segundo cuarto se sentía más frío que la casa misma.


Casi decepcionada por el drástico cambio al que tenía que adaptarse, anheló su antigua habitación, siempre llena de luz y muy cálida, realmente no entendía bien por qué tan grande casa tuviera habitaciones así, sin ventanas que dieran paso a la luz natural.


Abrió el último cuarto esperando encontrar lo mismo, sin embargo, a pesar de que la fachada y la distribución del espacio parecía ser la misma que del resto, había una pequeña ventana  como de unos 40cm de ancho por 30cm de altura, su forma no encajaba con la habitación como si hubiera sido hecha mucho después de haber construido la casa y sus compartimientos, los filos de la misma no estaban bien alineados, era como una ventana mal hecha, sin embargo, a Sara le pareció que la habitación era la mejor, la luz entraba un poco más y se podía respirar el aire de afuera. 


Desempacó sus cosas y ordenó detalladamente la ropa en el armario. Sin darse cuenta la noche había comenzado a descender, el frío de afuera empezó a colarse por la ventana abierta. Se excusó con los dueños de casa diciendo que no bajaría a cenar porque el viaje la había agotado mucho y prefería descansar. 


Con el pijama puesto se acostó en la cama y pensó llamar a su familia pero las considerables 14 horas de diferencia le detuvieron y se limitó a dejar un mensaje de voz para saludarles y avisarles que había llegado con bien. 


Ya estoy aquí... empiezo clases dentro de tres días, es una ventaja tener tiempo de sobra porque así puedo conocer un poco el perímetro. 


¿Quiénes son los que llegan mañana? ¿serán solo hombres o solo chicas? o ¿será un chico y una chica? 


El reloj marcaba las 10:30 de la noche, regularmente Sara acostumbraba a dormir a las 10:00 como máximo, para poder despertar con energía al día siguiente, pero ahora no conciliaba el sueño, sería tal vez por la emoción de estar en otro país o por su nueva habitación que le era complemente ajena, desconocida. Apagó la luz de la pequeña lámpara del buró y se cubrió con las cobijas hasta el cuello, cerró los ojos esperando que la pesadez del sueño llegara poco a poco...


...


¿Pesadilla? algo completamente extraño porque no era algo a lo que estaba acostumbrada, normalmente nunca recordaba lo que soñaba, sin embargo, hoy es diferente... Corre de un lado a otro por un pasillo sin salida de un hospital, su cuerpo se mueve incómodo en la cama pero Sara no es capaz de abrir los ojos, se queja como si luchara con todas sus fuerzas por despertar. 


La ventana de la habitación es azotada por un fuerte viento que logra abrirla.


No deberías estar aquí, vete, vete de aquí. 


El viento susurra, la luna en su esplendor parece sangrar, Sara no despierta, la ansiedad y el temor se apoderan cada vez más de ella, visualiza la silueta de un hombre vestido de blanco, ese color que tanto le incomoda, se estremece cuando éste parece acercarse.


Un grito ahogado se escapa de su garganta como si se hubiera quedado sin voz, su pecho agitado sube y baja, el sudor recorre su frente y finalmente sus ojos de par en par contemplan la oscuridad de la noche y la luz de la luna que se filtra por la ventana abierta, recuerda a aquel hombre y su estómago se revuelve, las náuseas se asoman por su garganta y sin poder contener corre al baño a vomitar. Sus piernas tiemblan y siente cómo el miedo formula en su cabeza historias escalofriantes. 


Tienes que calmarte -se dice a sí misma.


Saliendo del baño cerró la ventana y al ver que ésta se había aflojado colocó una hoja de papel doblada en algunas partes para que ajustaran la ventana al cerrar. 


Intentó volver a dormir y convencida de que el cansancio del viaje le había ocasiono una pesadilla se entregó a la oscuridad del inconsciente relajado en el dulce dormir. 







Escrito de la autora:


Hola! Si has llegado hasta aquí, te agradezco mucho por tomarte un tiempo de leer esta historia. La estoy haciendo con mucho cariño, espero que te guste tanto como a mí.


Algunas palabras están escritas como se pronunciaría en Coreano, sin embrago como no sé mucho del idioma he usado un traductor, cualquier error ortográfico te pido me sepas disculpar, procuraré escribir lo mejor que puedo.


Un abrazo fuerte querida/o lector.


Atte: Tulipán holandés 🌷