El Vecino Casado

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Sinopsis

Eliseo teniendo 27 años logró conseguir un departamento en donde vivir solo y en paz, lejos del chisme de su familia. En su primer día conoce a la familia del departamento 10, quienes son sus vecinos en el tercer piso. Siendo acosado por el coqueteo insistente de la vecina habla con el esposo de esta, ocasionando que en una de sus vueltas de las reuniones en su trabajo, se encontrará al hijo de la familia esperando fuera de su puerta con una pequeña mochila. Con el niño de 4 años empezando a vivir temporalmente en su casa mientras su madre se va por allí, es inevitable que el padre del niño, Ignacio, se vaya acercando a su vecino del departamento 12. Notas de advertencia: - Matrimonio disfuncional. - Abandono de niños. - Historia dulce entre el vecino que se volvió niñero y el padre del niño, mientras la madre del niño se va a otras camas. - Infidelidad por ambas partes del matrimonio.

Genero:
Romance/Other
Autor/a:
KMuri
Estado:
Completado
Capítulos:
13
Rating
5.0 1 reseña
Clasificación por edades:
18+

C-1 El hijo del vecino.

Eliseo volvía tarde de su trabajo, aunque este era desde casa, ese día tuvo una reunión importante con su grupo.

Cansado no esperaba encontrarse al hijo de los vecinos, de solo 4 años, fuera de su puerta de cuclillas jugando con la tierra del piso.

— . . . Oye, este es mi departamento.

Llamando al niño que solo le miró fijamente como si no entendiera nada, suspirando frustrado se maldijo por su suerte, solo quería volver a casa tranquilo y dormir hasta la siguiente semana.

— Ve a casa, son aproximadamente las 11 de la noche.

— No puedo.

— ¿Por?

— No hay nadie.

— . . .

El silencio entre los dos le hizo mirar al departamento continuo que estaba cerrado y en donde había una pequeña mochila, claramente del niño frente a él, volviendo su mirada al niño ahora de forma seria pregunto cuánto llevaba allí.

— Desde que volví de la guardería.

— . . . ¿Has comido?

Sabiendo que las guarderías por la zona solo atienden hasta las 6 de la tarde, podía ver el tiempo que él niño llevaba esperando, el pequeño de cabello lila pastel guardo silencio volviendo a jugar con la tierra del piso.

— ¿Dónde está tu madre?

— No sé.

Frustrado Eliseo tuvo que masajear su frente, era claro que habían abandonado al niño, al menos por esa noche, debía entrar y llamar a las autoridades pero también le daba mucha flojera el papeleo posterior junto a los gritos de los padres.

— Bien, hazte a un lado y deja pasar.

Escuchando la voz irritada del adulto el pequeño de manera obediente y silenciosa volvió frente a la puerta de su casa, sentándose contra la puerta y abrazando sus piernas pareciendo un pequeño huevo, cerró los ojos escuchando al vecino abrir la puerta.

Una vez la puerta se abrió, Eliseo miro al pequeño peli-lila pastel, dudando suspiro ingresando a su oscuro departamento, encendiendo la luz volvió a mirar fuera de la puerta aún abierta y decidido dejo su mochila de trabajo en su pequeño sofá volviendo a salir del departamento.

— ¿Tienen llaves de repuesto?

— Sí.

— ¿Sabes dónde?

— En el buzón de abajo.

Asintiendo indicó al niño para ir por las llaves de repuesto, estirando la mano al pequeño, este la tomó mientras su mochila volvía a su hombro.

— Al abrir la puerta, te vas a bañar, cambiar y traes tu plato con cubiertos.

— ¿Para qué?

— Supongo que no has comido.

— . . . ¿Me ayuda a hacer la tarea también?

— Bueno.

Charlando tranquilo con el niño bajaron del tercer piso hasta los buzones en la planta baja, a lado de la pared llena de buzones se encontraba el despacho del encargado, sabiendo que ya era muy tarde Eliseo rezó en su corazón porque el encargado aún este.

Al llegar al último escalón se alegró de ver la luz del despacho encendida, caminando con el niño golpearon la puerta llamando al encargado, en pocos segundos el hombre de unos 30 años salió confundido.

— ¿Qué hora crees que son? Si no es algo importante presentaré una queja sobre ti ante mi jefe.

— Es algo serio.

Explicando la situación del niño que seguía a su lado, abrazando la pierna de Eliseo, el encargado asintió y entrego las llaves del buzón siendo devueltas después de recuperar las llaves del departamento.

Despidiéndose y volviendo a su piso, Eliseo miro a su pequeño vecino que en todo momento fue obediente, preocupado después de abrir la puerta del departamento del niño le recordó las reglas básicas.

— No puedes hablar con adultos desconocido; no vayas con desconocidos; si alguien te toca sin permiso grita, patalea y muerde.

— Lo sé.

— Si lo sabes entonces por qué eres tan obediente, ¿Y si te hubiera hecho daño?

— Papá dijo que no eres mal señor.

— ¿Tu papá?

Recordando ahora que solo había preguntado por la madre del niño, se preguntaba en dónde estaba pero antes de expresar su preocupación el niño de 4 años le respondió mientras entraba a su casa.

— Papá tuvo que ir a otra ciudad, ayer.

— ¿Se fue?

— Sí, por trabajo, papá dijo que me traerá un juguete al volver.

— ¿Sabe que tu madre no está en casa?

Confundido el pequeño no entendía por qué su padre debía saber, suspirando ante la confusión del niño negó con la cabeza volviéndolo a enviar a bañarse y cambiarse de ropa.

— Iré a preparar la comida, dejaré la puerta abierta, no olvides tu tarea y cosas.

Volviendo a indicar al pequeño se dio cuenta que tomó un rol de niñera para el hijo del vecino, después de esa noche debía llamar al casero y comunicarle sobre la situación del departamento a lado suyo, de pasó hablar con el padre de niño.


Mirando al niño comer con rapidez y sin parecer saciarse se pregunto cuántas veces pasó hambre a esa corta edad, tenía la puerta abierta y como la mesa de café en la sala se volvió en su comedor, podía ver si la madre de niño pasaba, mirando la hora ya eran 12:30 de la noche.

— ¿Tu mamá a que hora vuelve?

— No sé, cuando papá sale ella se va.

— ¿Y dónde te quedas?

— Con mis tías.

— Entonces.

— Ellas me dejaron fuera del edificio, dijeron que venga a la puerta suya y le esperara hasta que venga.

— ¡¿Qué?! ¡¿Por qué hicieron eso?!

— Hoy se iban de viaje con sus amigos, dijeron que no me cuidarían pero mamá hizo a las profesoras hacerlas ir a verme.

— . . .

— ¿Le estoy molestando?

— Um, no. . . No eres una molestia, peque.

Entendiendo mejor el panorama revolvió los cabellos del niño que había acabado de comer, indicándole que vaya a lavarse las manos al baño, recogió los platos sucios, después de lavarlos vio al niño en la mesita del café revisando sus cuadernos.

Acercándose limpio la mesa y pregunto por la tarea, enseñándole una donde tenía que escribir los números.

— Mi lápiz se dañó y no tengo sacapuntas.

— Ya veo, espera.

Él tampoco tenía sacapuntas por lo que tomó el lápiz amarillo y en la cocina que estaba a un lado de la sala, sacó un cuchillo y empezó a sacarle filo al lápiz.

Los ojos café del pequeño se centraron en el adulto que seriamente le ayudaba, en su mente solo recordó las palabras de su papá a su mamá.

“El chico del departamento de a lado es un buen hombre, se le ve a lejos que él tiene buen moral”

Lo que ignoraba el niño era que esas palabras fueron dichas a la madre, la cual, había intentado descaradamente coquetear con el vecino pero siendo expuesta por este a su esposo.

Jugando con su borrador hasta que el lápiz este, miro el departamento de su vecino, a diferencia de casa que era fría y ordenada, la casa de Eliseo tenía colores cálidos y con un poco de desorden en varios lugares, ejemplo la cocina con todo revuelto o la propia sala en donde el niño encontró debajo del sofá piezas de lego.

— ¡Listo!

La felicidad del adulto no se escondió, volviendo al niño vio que este tenía entre sus manos las piezas del carro lego que había estado armando, pero en un descuido se le perdieron varias piezas.

— ¡¿Dónde las encontrastes?

— Bajo el sofá.

— ¡Ah! ¡Claro! No revise allí.

Dándose una palmada en la frente con una sonrisa de auto burla, le entregó al niño el lápiz mientras dejaba las piezas a un lado para recoger su carro lego incompleto.

Curioso el niño vio el juguete, Eliseo sentándose a lado del pequeño le aconsejo terminar su tarea mientras él terminaba el carro lego.

— Como me ayudaste a completarlo, la próxima vez que vengas o cuando quieras, te presto el carro lego para que juegues.

— Bueno.

Aunque no sonaba muy interesado la carita del niño estaba con clara felicidad incluso moviendo sus pies bajo la mesa de café en la sala, Eliseo miro la tarea y como el niño agarraba mal el lápiz, como hermano mayor que es y quién fue encargado de enseñar la tarea a sus hermano, corrigió la postura.

Terminando pronto la tarea, Eliseo vio como el pequeño, cansado, cabeceaba casi golpeando su frente contra la mesa.

— Es hora de ir a la cama.

— Mm.

— Ya guarde tu tarea, los platos están secándose, te los dejaré en el buzón para que los recuperes.

— Mm.

Viendo al niño solo responder con sonidos, pensó en lo cansado que estaba, saliendo al pasillo le abrió la puerta de su casa entrándole la llave.

— Ve a la cama, duerme bien y cierra pon seguro la puerta.

— Sí. . .

Restregando sus ojitos no soportando más el sueño, se despidió del mayor, deteniéndose miro la oscuridad del departamento ahora indeciso si entrar o volver con su vecino, viendo la indecisión del niño le pregunto si algo malo pasaba.

— E-esta muy oscuro.

Señalando la oscuridad miro con miedo al mayor, Eliseo asintió y entró primero, encendiendo unas cuantas luces llegó junto al niño al dormitorio del pequeño donde encendió la luz para dormir y dejó la puerta entre abierta.

— ¿Es mejor así? Podemos dejar el televisión encendido o algún vídeo reproduciéndose por si sientes que está muy silencioso.

En todo el departamento solo el cuarto de los padres, despacho y la cocina-comedor, eran lugares donde las luces seguían apagadas.

( Solo tiene 4 años, es normal que tema a la oscuridad. )

Se dijo a si mismo al igual que la alta factura de la luz era un buen castigo para esa madre irresponsable y el padre que no se a comunicado, el niño ignorante a los pensamientos del mayor asintió para feliz subir a su cama siendo arropado por Eliseo después de revisar los lugares que sabía, los niños pensaban que habían monstruos.

Con calma indicó que los monstruos fueron alejados para con un arrullo ayudarle a dormir, el niño sintiendo más sueños le pregunto cansado al mayor sus dudas.

— ¿Usted tiene hijos?

— No.

— Entonces, ¿Cómo sabe arropar, ver si hay monstruos en el armario o debajo de la cama y arrullar como lo hace papá?

— . . . Ayude en la crianza de mis 7 hermanos menores.

— ¡Oh! ¿Y es lindo tener hermanos?

— Hay momentos que sí otros que no, basta de charlas y ve a dormir, si pasa algo estoy en el departamento de a lado.

— Sí. . . Hasta mañana señor Vecino.

— Mi nombre es Eliseo, llámame así, dulces sueños.

Acariciando los cabellos se despidió del niño una vez se durmió, saliendo rápido del departamento que había dejado con la puerta abierta, esperaba no ser acusado de nada malo por intentar ayudar al niño.


Despertando aturdido por los golpes en la puerta, fue rápido a abrirla encontrándose con el pequeño listo para ir al kinder antes de asistir a la guardería.

— . . . Hola.

La timidez del pequeño hizo al adulto alejar su sueño para saludarle preguntando que pasaba.

— Yo, debo ir al kinder.

— ¡Oh!

Dándose cuenta del problema, miro la hora aliviado que apenas eran las 6 de la mañana, diciéndole que entrara volvió a dejar la puerta abierta para asearse y acompañar al niño.

Aunque no tenía la responsabilidad ni obligación de cuidar al niño, su lado fraternal había salido en cuanto se dio cuenta de la situación del niño.

— ¿Ya desayunaste?

Recordando la importancia del desayuno para los pequeños, pregunto con dudas siendo respondido por el asentimiento de la pequeña cabeza lila pastel, no seguro pregunto qué comió pero el niño no respondió.

— Peque, solo quiero saber si has comido bien.

— Yo. . .

— Hay bastante tiempo, los niños entran al Kinder a las 8 de la mañana, ¿O el horario de tu kinder es distinto?

Negando la diferencia a la hora de entrada el niño apretó su mandil de cuadros celestes, sentía que si hablaba no iba a ser regañado como lo solía hacer sus tías.

— Pa-pañuelos de papel.

Después de su declaración el departamento se volvió silencioso, el pequeño temeroso de ser regañado cerro los ojos asustado esperando los gritos pero, una calidez le rodeó haciendo el miedo alejarse.

Cauteloso abrió los ojos encontrándose con Eliseo abrazándolo y dando ligeras palmaditas en su hombro.

— Eso no es comida, peque, ven y deja la maleta en el sofá, mira la tele mientras te hago un buen desayuno.

Eliseo no esperaba encontrarse con uno de esos casos extremos en donde los niños comían papel para “llenar” su estómago, con cuidado pregunto al niño sobre los pañuelos de papel ingeridos, la cantidad y si estos tenían algún tinte u alcohol.

Ignorante el niño hablo sobre aquellos pañuelos, el adulto se alivio al saber que comió solo 3 pañuelos de papel blancos sin alcohol u otro contenido, sabía que comer papel podía provocar dolor de estómago, viendo al niño sano se calmó pero le explicó lo malo de comer papel.

— ¿Entonces qué como?

— Cuando no esté tu madre o padre puedes venir a mi, te guardaré algo de comer.

Feliz sabiendo que tendría comida, el pequeño agradeció, obediente hizo lo que el mayor dijo y miro la tele hasta que el desayuno esté listo.

Un desayuno simple fue hecho, tostadas de queso y mortadela con leche tibia junto a un huevo duro, se le fuere servido al niño quien comió gustoso.

Terminando el desayuno acompaño al niño hasta el kinder, antes de salir había pedido al encargado el número celular del padre del niño por lo que al volver iba a tener una larga charla antes de su trabajo.

— Ey peque, ¿Cómo te sabes el camino al Kinder?

— . . . Mamá dice que debo saberlo.

Recordando a su madre quien le seguía mientras iba al kinder pero a una cierta distancia mientras andaba en el celular, miro a su vecino quien iba a su lado, tomados de las manos en lo que hablaba sobre portarse bien en clases y presentar la tarea.

Apretando inconscientemente la mano que le tomaba hizo al adulto detener su charla.

— ¿Ocurre algo peque?

— Fane.

— ¿Eh?

— Mi nombre, Fane Zambrano.

— ¡Oh! Es un buen nombre.

Halagando al niño, Eliseo vio al pequeño sonreír para seguir su camino emocionado.