La maldición del faraón [DekuKatsu]

Sinopsis

Esa era la noticia que corría de persona en persona en la ciudad, todos se encontraban preocupados por su rey y su extraña enfermedad, los doctores se encontraban buscando la cura de manera casi inmediata, pero aunque tuvieran tiempo suficiente, no creían encontrar la cura definitiva a tiempo, a menos que recurrieran a los Dioses, más específicamente a Inpu, el Dios Anubis, el guardián de la vida y la muerte para que éste le salvara la vida a su faraón. Izuku realmente estaba dispuesto a ofrecer cualquier cosa al Dios Anubis con tal de que éste salvara su vida, aunque terminará arrepintiéndose un poco al principio.

Genero:
Romance/Other
Autor/a:
Double A
Estado:
En proceso
Capítulos:
2
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Capítulo 1

La tranquilidad afuera del gran palacio se podía apreciar desde el balcón donde el faraón Izuku observaba con suma tranquilidad mientras tomaba su desayuno sin premura alguna, su mente se encontraba sumida en el preocupante pensamiento sobre las extrañas y desconocidas marcas que habían comenzado a aparecer en su cuello desde hacía un par de días, había tenido que recurrir silenciosamente a los doctores para saber qué eran, pero ni siquiera éstos parecían tener idea de lo que se trataba y eso no hacía más que preocuparlo mucho más, aunque fingiera que nada sucedía realmente puesto que tenía una ciudad entera de la cual hacerse cargo y si él mismo se alarmaba por eso, su gente estaría mucho peor.


Ese día tenía entendido que los doctores llegarían para hacerle saber la información que habían recopilado, pero antes de eso tenía que encargarse de su trabajo, aunque prontamente hubo un pensamiento que llegó a él mucho más fugaz que todo lo demás, al punto de hacerlo levantarse con rapidez de la silla para dejar su desayuno a medio comer e ir hacia la biblioteca del palacio, debió pensar desde un principio en la opción de que los textos que sus antepasados dejaron para los siguientes en la línea de faraones, debía contener alguna clase de información que le diera las respuestas que necesitaba, así que se apresuró, corriendo por los pasillos sin importarte tener a su consejero yendo detrás con total preocupación por su extraño comportamiento.


Las puertas de la biblioteca fueron abiertas por los guardias del palacio que custodiaban la biblioteca real y de esa manera fue que Izuku pasó de largo para comenzar a buscar la información sobre aquellas manchas en su piel que apenas y eran visibles para sí mismo, tomó un candelabro de mano de una de las repisas para comenzar a caminar entre los grandes pasillos del lugar, observando los títulos de información que habían en las paredes hasta dar con la sección de “enfermedades” que era la que le interesaba y la que buscaba.


—Aquí están —Murmuró con emoción antes de tomar todos los textos que habían en una pila de no más de diez papiros.


—¿Faraón Izuku? ¿Sucede algo? —Cuestionó el consejero a unos pocos metros del rey.


Izuku ni siquiera respondió, simplemente caminó con los textos en brazos hacia la mesa más cercana donde los dejó con cuidado antes de acomodarse frente a la misma con expresión seria y concentrada, comenzando a abrir el primer texto para leerlo y buscar alguna pista de lo que necesitaba, perdiéndose en su lectura por un par de horas, siendo que solamente uno de los textos era el que le dio poca información acerca de lo que sucedía con las manchas en su cuerpo y lo que averiguó no fue nada menos que preocupante, por ello fue que se levantó rápidamente para salir de allí y buscar al mensajero.


—¡Quiero a los doctores en el palacio para ahora! —Ordenó en exclamación.


—Justo venía a informarle que estaban aquí en el palacio, faraón Izuku —Anunció el mensajero con absoluta calma.


—¿Ya han pasado tantas horas? —Cuestionó Izuku sorprendido de que los doctores hayan llegado antes de mandarlos a buscar.


—Tres horas, para ser específicos, faraón Izuku —Respondió el mensajero sin perder su calma antes de indicarle el pasillo hacia la derecha. —Lo esperaban en el gran salón, faraón.


—Está bien, gracias Keigo.


Izuku no tardó en dirigirse hacia el lugar indicado por el mensajero, llevando en su zurda el texto donde había encontrado la poca información, para su desgracia, el texto estaba roto y no había forma de saber qué hacer para su recuperación, pero al menos ya sabía qué decirles a los doctores en caso de que éstos no hayan podido averiguar nada durante su ardua investigación. Entró al gran salón luego de que los guardias le abrieron las puertas del lugar y cruzó estas para caminar hacia la mesa del centro, sentándose a la cabeza del resto mientras acomodaba el texto sobre la mesa.


—Doctores, gracias por venir, díganme ¿qué averiguaron? —Cuestionó viendo a cada uno de los hombres presentes en el lugar, siendo que uno era más viejo que el otro.


—Gracias a usted por recibirnos, faraón Izuku —Saludaron todos en un coro antes de que el más viejo tomara la palabra. —Lamentablemente no encontramos mucho y lo poco que averiguamos es realmente preocupante.


—Es una maldición ¿cierto? —Cuestionó Izuku para confirmar lo que los textos decían, era cierto.


—¿Ya lo sabe? ¿Cómo? —Cuestionó el doctor bastante sorprendido.


—Los textos en la biblioteca real, antes no se me había ocurrido buscar allí, pero esta mañana los recordé y encontré sólo un poco de información sobre las manchas, siendo que está enormemente escrita la palabra maldición en rojo —Explicó Izuku con calma antes de pasarle el texto con el que había llegado.


—Nosotros encontramos uno similar en el lugar de trabajo que perteneció al doctor que atendió a su padre, el faraón Hisashi —Comenzó a contar otro de los doctores. —Realmente no nos gustó el hecho de saber que no hay cura alguna, al menos no una que aquel doctor haya encontrado en el tiempo en el que su padre fue atendido.


—¿Mi padre también tenía esta maldición? —Cuestionó Izuku sorprendido por la información mientras los otros asentían levemente. —Mi madre nunca me contó nada sobre eso —Murmuró consternado.


—Suponemos que la reina Inko no creía que usted fuera a tener la misma maldición que su padre —Explicó el hombre antes de tomar un respiro hondo. —Lamentablemente parece ser que la maldición pasa de generación en generación, por lo que podemos notar, recuerde que los faraones anteriores no vivieron más de la mayoría de edad y los pocos que llegaron un poco más lejos, murieron a los treinta y nueve años —Comentó con preocupación antes de proseguir: —Creemos que todos ellos también tuvieron la maldición y sólo unos pocos lograron salvarse, pero no dejaron escrito el secreto de lo que hicieron y el doctor sólo dejó una nota donde especificaba que la maldición cobraría su vida apenas cumpliera la mayoría de edad.


—A usted le falta un año para cumplir la mayoría de edad y sus manchas recién es que aparecen —Recordó la doctora con total seriedad. —Tenemos ese poco tiempo para comenzar a buscarle la cura, no permitiremos que muera, sobretodo porque todavía no tiene un heredero siquiera en camino.


Izuku formó una línea con sus labios ante el comentario realizado por aquella doctora, no era como si no supiera que debía ya tener un descendiente en camino, pero realmente no le gustaban las mujeres y aquello no era algo que fuese a decir en voz alta, desde miles de años atrás que la relación entre personas del mismo sexo estaba completamente prohibida entre la gente y los mismos Dioses quienes fueron los que hicieron dicha ley, aunque hay rumores que dicen que aun así hay un par de Dioses que no prestan atención alguna a dicha ley y se enamoran de sus lacayos e incluso de los mortales de su mismo sexo, aunque nadie nunca ha confirmado dichos rumores. El caso era que a él solamente le atraían los chicos y era la razón de que ni siquiera tuviera una reina a su lado, pero de nuevo, no era algo para decir en voz alta.


—Doctor Toshinori, doctor Aizawa, doctora Chuzenji, les dejo a cargo de mi maldición, espero puedan encontrar la cura durante este año que me queda —Inquirió viendo a los tres doctores con seriedad.


—No le fallaremos, faraón Izuku —Respondieron todos al mismo tiempo con la misma seriedad y un asentamiento al unísono que el pecoso mismo copió también. —Comenzaremos dentro de dos días que es cuando empieza la fecha de la Diosa Higiea, encargada de la salud de todos nosotros, mientras iremos recurriendo al Dios Panacea.


—Perfecto, entonces los estaré esperando para ese día.


Izuku se despidió de los tres doctores, dejándoles el texto a pedido de la doctora y se marchó del gran salón para dirigirse a la habitación principal donde solía hacer su trabajo, ese día no tenía que escuchar las quejas y pedidos de su gente de frente, solamente leer lo que éstos le mandaban a decir por medio de cartas que el mismo Keigo le entregaba cada ciertos días, eran pocas las cosas que negaba, por ello era que no era odiado más que por el tres por ciento de su gente y nada más, el resto eran los que importaban.




Dos días después.


Las cosas en el palacio estaban realmente tensas luego de que una de las trabajadoras en el palacio había visto las manchas en el cuello del faraón Izuku y no había tardado en esparcir la información a cada persona del palacio, por supuesto que Izuku la castigó con la muerte por eso, pero ya la noticia había corrido tan rápido como el agua de los ríos y para su mala suerte, las personas mayores que vivieron durante el mandato de su padre reconocieron su enfermedad y no tardaron en correr la información sobre aquellas machas, siendo lo que más escuchaban:


“¡El Faraón Izuku ha contraído una desconocida y extraña enfermedad que atenta contra su vida!”


Lamentablemente Keigo ni los guardias dieron con las primeras personas que corrieron el rumor, por lo tanto no pudo castigarlas por decir aquello que había querido mantener como un secreto que quedaría entre los doctores y él mismo. Por ello era que había pasado de mal humor esos dos días, siendo que había castigado a todos ya que no aceptaba ninguna petición egoísta, solamente aquellas que serían necesarias para la ciudad y nada más, de esa manera esperaba que su gente se diera cuenta que no estaba contento con los que habían iniciado la noticia, además de que también esperaba que la gente misma los llevara a conocer a los culpables de la misma.


Ese día se encontraba en su habitación en cama, las manchas en su cuello eran más y tanto el estrés de lo que en la ciudad se hablaba junto a los de su maldición, levantó fiebre y un pequeño resfriado que lo mantenía descansando, su consejero ya había llamado a los doctores para que llegaran antes de la hora planeada para que lo pudieran atender cuanto antes, Izuku no creía que enfermar hiciera que aparecieran más manchas, pero quizás si provocaría que cambiaran de un morado casi transparente a uno morado más fuerte, tenía algunas así y no contento de que hayan estado saliendo en su cuello, se dio cuenta que también le habían salido unas muy pequeñas en el cuerpo que acompañaban las pecas que toda su piel tenía, producto de la genética.


La puerta fue tocada un par de veces antes de ser abierta por su consejero quien llegaba con los tres doctores detrás de sí quienes entraron y se acercaron para revisar a Izuku con preocupación, aunque éste primero mandó a su consejero y la sirvientas retirarse de allí antes de mostrarles o responder alguna de las preguntas que le habían hecho.


—Me siento mejor de lo que esperaba, no se preocupen —Contestó con tranquilidad antes de despojarse de sus ropajes. —Solamente estoy preocupado por las nuevas pequeñas manchas que he adquirido en estos últimos dos días.


—Lamentablemente la maldición manchará todo su cuerpo poco a poco hasta que quede siendo una mora humana —Contó el doctor Toshinori con una mueca sobre sus labios. —Al parecer aparecen casi transparentes antes de volverse completamente moradas, es sorprendentemente preocupante —Comentó antes de tocar una de las manchas más oscuras. —¿Le duele?


—Negativo —Respondió Izuku de manera escueta sin decir nada acerca del resto de sus comentarios, era algo que ya sabía, al menos lo segundo ya que lo primero realmente lo tomaba por sorpresa. —Mi fiebre fue por el exceso de estrés, nada más, doctora Chuzenji —Comentó al escuchar la especulación de la mujer.


—Sí, lo supusimos, faraón Izuku, también hemos escuchado las diferentes noticias que han estado circulando por la ciudad en los últimos días —Respondió la doctora Chuzenji mientras sacaba un par de medicamentos. —Le daremos algo para su fiebre antes de comenzar con lo de su otra enfermedad.


—Averiguamos un par de cosas que podrían funcionar para la maldición, al menos es lo que esperamos —Comentó el doctor Aizawa antes de formar una mueca. —Como último recurso tendremos que pedir ayuda por su vida y alma, faraón Izuku.


—Hagan lo que tengan que hacer, pero cúrenme —Ordenó Izuku permitiéndoles todos los permisos que no le pedían verbalmente.


Los tres doctores asintieron levemente antes de que la doctora le entregara la medicina líquida para la fiebre al faraón, acomodándose los tres alrededor de la cama para iniciar con los distintos medicamentos que habían preparado mientras Izuku solamente observaba, comía o bebía lo que se le era entregado por los adultos; la medicina a la que solían recurrir era mayormente ciencia, pero sabía que en algún momento añadirían elementos mágicos, cada uno de ellos trabajaba con algo diferente, por lo que no sabía cómo sería todo, nunca había tenido que recurrir a ese punto hasta ese momento, así que secretamente estaba emocionado por observar el trabajo de los tres grandes y conocidos doctores de la época.


Lamentablemente su agotadora sesión no llegó a ese punto, de hecho fue algo agotador, tuvo que ir al baño repetidas veces por todos los brebajes y extrañas comidas, estaba doblemente estresado por toda esa situación con la cual llegaron a absolutamente nada, los doctores también estaban decepcionados, pero todos sabían que esa enfermedad no se curaría en tan sólo el primer día en el que comenzaron a trabajar, aun así no quitaba el negativo sentimiento de sus corazones. Los doctores prometieron volver cada dos días para poder probar todos los medicamentos con los que pudiesen trabajar, además de comentar sus avances con otros compañeros de diferentes ramas de la medicina para tener diferentes opiniones que les pudieran ayudar de mejor manera.


Izuku se despidió de los adultos para luego soltar un resoplido con los hombros caídos, pasó la zurda por sus rizos antes de decidirse a levantarse de la cama, caminando hacia afuera de su habitación en completo silencio mientras se dirigía a la habitación que anteriormente había pertenecido y usada por sus padres, tenía bastantes años sin entrar a aquel lugar y solamente le permitía la entrada al par de sirvientas que limpiaban el lugar, pero no las dejaba demasiado tiempo dentro de la gran habitación; se acercó a las puerta para abrirlas despacio, entrando lentamente a la habitación antes de cerrarlas a sus espaldas, se encaminó por el lugar con una mueca sobre sus labios al detenerse en una de las paredes donde sus padres habían sido retratados por un pintor que se volvió famoso luego de hacer dicho retrato, ahora que lo pensaba, tenía mucho de no saber de él y ciertamente en esos momentos no le importaba demasiado saber dónde se encontraba, quizás para después lo mandaría a buscar, en esos momentos sólo necesitaba respuestas.


—Es increíble que hayas tenido una maldición y ninguno haya dejado nada de información.


Fue el regaño dado hacia la imagen de sus padres antes de suspirar, no eran espíritus que le pudieran dar alguna expresión o algo, aun así quería liberar la molestia que tenía contra sus padres, sobre todo con su madre quien fue quien lo vio crecer, la mujer debió contarle algo, darle siquiera una pequeña pista, pero no había nada como eso en su memoria, todo lo que quedaban eran recuerdos felices que se iban directo a la tragedia que fue su muerte, un suceso terrible que procuraba no recordar para no sentirse mal emocionalmente. Soltó un suspiro y sacudió su cabeza para despejar su cabeza de dichos pensamientos, comenzó a caminar alrededor de la habitación para comenzar a buscar cualquier cosa, una pista, una señal o incluso su árbol genealógico para tratar de entender aquella extraña enfermedad que se lo iba a consumir poco a poco hasta su mayoría de edad, sinceramente no quería morir -si es que ese era su destino- todavía tenía que encontrar una mujer que fingiera con él una relación frente a su gente y le diera aquel tan ansiado heredero que todos esperaban, sabía que no sería sencillo, ni un poco, considerando que no le atraían las mujeres, pero haría el intento, el sacrificio de intentarlo con tal de fingir frente a su gente y es que, aunque fuese el faraón de la ciudad, sus habitantes eran los que debían votar para cambiar alguna de las leyes, ya que así fue como sus antepasados lo dictaron desde un principio.


—Dioses, necesito una señal para saber a dónde dirigirme para obtener conocimiento.


Rezó entre murmullos mientras desordenaba la habitación por información, misma que no consiguió y más frustrado a cuando entró, salió con un resoplido molesto y el ceño fruncido, mandando a que fueran a limpiar aquel desastre mientras caminaba hacia su habitación donde debía esperarle la cena, porque sí, se habían pasado veloces las horas allí adentro y su estómago parecía rugir de hambre. Dejó caer los hombros antes de masajear sus sienes con levedad, tendría que dejar todo en manos y conocimientos de los doctores, esperar a que éstos consigan respuestas de alguna manera y además, esperar también que no sea demasiado tarde para cuando supiesen algo sobre la cura.


—Solamente son doce meses ¿qué tanto se pueden tardar en averiguar una cura para mi extraña enfermedad?


Fue la pregunta hecha al aire con una sonrisa confiada que salió de repente de sus labios, confiaba en sus doctores y en la avanzada ciencia que tenían de conocimientos entre todos, así que no serían tantos meses, sería curado antes de siquiera darse cuenta.




Dos meses después.


No ha sido pronto, definitivamente.


Izuku estaba agotado física y mentalmente, en esos últimos dos meses ha tenido que observar cómo las manchas aparecen en su cuello con lentitud y otras se oscurecen de manera mucho más visible, los doctores le han dado y hecho de todo hasta el punto de terminar usando sus elementos mágicos -talismanes, amuletos e incluso invocaciones- de diversas maneras y ninguno ha podido hacer que siquiera una mancha desaparezca, de hecho, puede poner las manos al fuego y decir que la última invocación mágica no hizo más que acelerarle la aparición de dichas manchas, por eso las prohibió completamente, no quería que le acortaran su vida de esa estúpida manera.


—Esto es estúpido, nada está funcionando —Resopló mientras veía con hastío a los tres doctores quienes se veían realmente arrepentidos. —¿Nadie más puede ayudarlos? —Cuestionó como última instancia. —Realmente estoy dispuesto a dejar que traigan a todos los doctores que tengan una idea distinta a la que han usado para curar mi enfermedad.


—Todo lo que hemos intentado han sido ideas en conjunto de nosotros tres y algunos compañeros doctores que conocemos, faraón Izuku —Respondió Yagi con una mueca sobre sus labios. —Realmente le pedimos perdón por no encontrar todavía su cura.


Los tres doctores se arrodillaron frente al peliverde de manera arrepentida, decidiendo aceptar cualquier castigo que el menor quisiera darles por su lentitud, a pesar de que solamente habían pasado dos meses y todavía le faltaban diez meses para cumplirse el tiempo estipulado, pero realmente habían querido conseguir la cura antes de que el tiempo se terminara.


—Levántense, no los voy a castigar por no haber conseguido todavía la cura, aún les queda tiempo para que sigan investigando —Comentó Izuku con un suspiro cansado. —Solamente quisiera que eviten en serio las invocaciones.


—No más de ellas —Aseguró Shōta quien era el que las realizaba y formó una mueca al levantarse, viendo hacia sus compañeros antes de volver a ver al menor. —Quizás podríamos recurrir a los Dioses, alguno nos debería poder dar una manera para conseguir su cura definitiva.


—¿La Diosa Higiea? —Cuestionó Izuku con la esperanza volviendo a brillar en su interior.


—Podría ser —Aceptó Shōta con un asentamiento.


—Pero faraón Izuku, debe tener en mente que los Dioses no darán respuestas gratis, debe estar dispuesto a entregar cualquier cosa que éstos le pidan sin rechistar —Comentó Chiyo observando seriamente al rey frente a ellos.


—Lo sé y lo entiendo, doctora Chuzenji, a este punto estoy dispuesto a entregar incluso mi vida y mi alma si me la piden para curarme —Respondió Izuku con total seriedad y sinceridad.


Los tres doctores asintieron y no tardaron en despedirse del rey para marcharse del palacio mientras Izuku se dejaba caer en el asiento de su trono con los ojos cerrados, pensando en lo que había dicho, era cierto que podría ofrecer su vida y su alma con tal de que fuese curado y pudiese seguir gobernando en su ciudad, de esa manera podría seguir evitando buscar un heredero, tendría mucho más tiempo… aunque en esos momentos tenía que ver las opciones que su consejero le consiguió luego de ordenarle que buscara candidatas, en ese momento fue la única circunstancia en el que vio al hombre sonreír y mostrarse emocionado como si hubiera estado esperando dicha orden en algún momento, era sorprendente, pero aun así no mencionó nada sobre ello cuando lo vio llegar con una lista ya preparada, desde quién sabía cuándo.


—Faraón —Llamó el consejero con tranquilidad al verlo perdido en sus pensamientos, al parecer. —¿No le gustaron las opciones que le conseguí?


—Sigo viendo sobre ellas, Iida —Respondió Izuku sin decir que realmente no le interesaba ninguna, pero que sí o sí tenía que escoger alguna. —Son buenas opciones —Felicitó con sinceridad, aunque no le atrajera ninguna, no significaba que no fueran excelentes elecciones.


—Me alegra que sean de su agrado faraón, las escogí a todas en base a su personalidad para que de esa manera pudiesen tener una vida larga y próspera, además, la genes de cada una junto a los suyos darán bebés fuertes y sanos —Contó el consejero con una sonrisa amplia por su investigación anteriormente hecha para ese momento.


—No creo que lo sean si resulta ser niño —Murmuró Izuku con un suspiro hondo y una mueca sobre sus labios.


—No sea pesimista faraón, verá que los doctores encontrarán la cura para su enfermedad y de esa manera podrá pasar su sabiduría a sus futuros hijos —Comentó el consejero con ánimo, queriendo que este se le contagiara a su rey.


Izuku soltó un suspiro sin poder tener la misma confianza que su consejero, realmente quería, pero se le hacía imposible luego de que ya han pasado dos meses y le ha tocado en serio comenzar a buscar esposa, observó de vuelta la lista con expresión en blanco antes de levantarse de su trono y vio hacia el consejero, escogería al azar, esperaba que el destino estuviera de su lado.


—Trae a la princesa Yaoyorozu.


Ordenó antes de marcharse, escuchando la respuesta del hombre a sus espaldas antes de que las puertas se cerraran y él mismo se dirigiera hacia el gran jardín para poder descansar un poco mentalmente, necesitaba un respiro de su vida como rey y allí es cuando más extrañaba a su madre, ésta lo hubiera ayudado y lo hubiera dejado tomarse unos días de sus quehaceres, pero realmente no tenía a nadie que lo ayudara en esos momentos, así que le tocaba aguantarse y esperar a que todo se despejara un poco de su mente en ese rato a solas.


Tres días después.


Los rumores volvieron a correr de manera veloz, ya todos en la ciudad sabían que el faraón se encontraría con la hija del faraón de la ciudad vecina, la mujer llegaría en la tarde a pasar tiempo conociéndose con el faraón Izuku y casi todos esperaban que ambos se unieran pronto en matrimonio.


Eso llegó a oídos de Izuku quien solamente se encontraba masajeándose las sienes con hastío, era increíble que su gente ya lo estuviera casando con la chica y ni siquiera se habían visto, era realmente estresante, él solamente iba a negociar con la mujer para tener a su heredero y luego dejarla vivir su vida como más quisiese, fuese o no en el palacio, realmente no le interesaba mientras no difamara luego su nombre.


—Faraón, ya llegó la doctora Chuzenji —Anunció el consejero luego de entrar al gran salón donde se encontraba el pecoso trabajando.


—¿Sólo vino ella? —Cuestionó Izuku con extrañeza al ver al otro asentir. —Déjala que pase.


—Enseguida la traigo —Respondió el consejero antes de marcharse.


Para Izuku era extraño que sólo se encontrara allí la mujer, aun así esperaba buenas noticias y por ello se acomodó en su trono, acomodando también su ropa para verse presentable, accediendo el paso de la doctora cuando escuchó el toque la puerta y el anuncio de su llegada, le indicó en silencio para que se sentara en la silla que había en el centro de la gran sala y esperó con ansias a que la mujer hablara.


—Gracias por recibirme un día después de su usual visita, faraón Izuku —Comenzó a hablar la doctora Chiyo, viendo al menor asentir levemente en silencio, así que prosiguió: —He venido hoy para contarle que contactamos con la Diosa Higiea y el Dios Panaceos —Contó, notando la sorpresa en el rostro del pecoso, aun así no se detuvo. —Le explicamos su situación y… lamentablemente no pueden ayudarlo.


Aquella noticia le cayó a Izuku como un balde de agua helada y sus hombros al igual que la esperanza en su rostro, cayeron de inmediato, no se esperaba que esa fuera la noticia que la mujer le haya ido a entregar justo ese día, ahora su mente se encontraba trabajando a mil por hora, su enfermedad no tenía cura alguna e inevitablemente tendría que morir dentro de diez meses cuando cumpliera la mayoría de edad. ¿Qué clase de castigo divino estaba pagando como para pasar por todo eso? Quería llorar de la frustración, pero aun así mantuvo su rostro estoico cuando vio que la doctora aún tenía más para decir.


—Sé que no es la noticia que esperaba, pero hay algo bueno en mi visita y es que Yagi y Shōta decidieron contactar con otro de nuestros Dioses, uno que no tiene nada que ver con la curación ni la medicina —Comentó la doctora Chiyo con calma mientras desenvolvía un papel donde se encontraba el Dios del cual hablaba para mostrárselo al faraón.


—¿Inpu? —Cuestionó Izuku con sorpresa al ver a la mujer asentir. —¿Creen que podrá ayudarme?


—El Dios Anubis es el protector y guía de los difuntos y por lo que los Dioses Higiea y Panaceos nos dijeron acerca de su enfermedad, él es el más indicado para darle una cura definitiva —Respondió la doctora Chiyo antes de proseguir sin darle chance al menor de decir nada. —Pero deberá hacer un pacto con él para que cure su enfermedad y aceptar lo que el Dios Anubis le pida a cambio de eso.


Izuku formó una línea con sus labios al escuchar lo que la pequeña mujer le decía, el Dios Inpu era conocido como el ser más huraño entre los Dioses, era un ser despiadado que no solía hacer pactos con todo el mundo a menos que le interesara el corazón y el espíritu de la persona en cuestión, y eso solamente solía suceder con aquellos que no habían sido crueles en la vida… él mismo había sido bastante cruel con muchísima gente, sería imposible que Inpu aceptara un pacto con él y por la mirada que la doctora le daba, ella también lo sabía, aun así ésta volvió a tomar la palabra.


—Creemos que si hablamos primero con él y le mostramos que no es un faraón cruel y malo como algunas personas lo llaman, aceptará hacer un pacto con usted y curar su enfermedad a cambio de algo que él le pida —Le comentó la doctora con una sonrisa pequeña sobre sus labios antes de continuar. —Por eso debe estar dispuesto a aceptar cualquier cosa que el Dios Anubis le pida a cambio de curarlo.


—De acuerdo, confío que lograrán convencerlo y cuando eso suceda, yo aceptaré cualquier cosa que Inpu quiera de mí —Aceptó Izuku con un asentamiento leve con su cabeza.


—Perfecto, entonces pasaré el mensaje a mis compañeros y al Dios Anubis, así la próxima vez que nos veamos será en el momento en el que usted ya no porte esta maldición —Respondió la doctora Chiyo levantándose de la silla para hacer una venia al rey y caminar hacia la puerta para marcharse, pero se detuvo en el momento en el que las puertas se abrían para voltear hacia el menor. —Espero que su encuentro con la princesa Momo traiga muchas bendiciones y tratos de paz entre nuestras ciudades, verá que serán muy felices sin que nada se les interponga.


Luego de eso la mujer se marchó e Izuku no pudo evitar cerrar los ojos para dejar caer la cabeza en la cabecera del trono antes de suspirar de vuelta con cansancio, definitivamente todos esperaban su pronta unión con alguna mujer que le pudiera dar descendientes mientras que él mismo solamente quería encontrar a algún chico y enamorarse sin que nada ni nadie se interpusiese en su amor ni en su vida, pero ese sueño se estaba volviendo realmente lejano y no hacía más que deprimirlo.


Decidió no pensar más en eso y centrarse en su trabajo mientras esperaba la llegada de la princesa, su gente se encontraba preparándose de igual manera bajo las órdenes del consejero Tenya quien lanzaba indicaciones a diestra y siniestra, queriendo que el encuentro la princesa y su rey fuese perfecta, ambos tenían cosas en común, así que era imposible que no se llevaran bien, su expresión no hacía más que mantener al resto con la misma confianza.


En el camino hacia el palacio del faraón se encontraban los guardias de éste último junto a los de la princesa, escoltándola en completo silencio y completa atención, la mujer no parecía muy contenta de estar asistiendo a aquel encuentro, pero nadie sabía que ésta iba con intención de hacer un trato con el faraón para conseguir aquello que tanto quería y que estaba aunado a su libertad, esperando que el hombre lo aceptara a cambio de darle aquel heredero que el rey estaba buscando.

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