Jae.
Aún recuerdo esa llamada, fue terrible, solo hacia unos meses que ella estaba aquí, a mi lado, hace unos meses fuimos juntos al cine, reíamos de sus chistes que ni graciosos eran, pero ella se reía y eso es lo que a mi me gustaba, salíamos a correr muy temprano mientras yo me quejaba porque me había levantado y quería seguir durmiendo. Mirar el féretro color blanco con detalles dorados, no podía creer que su hermoso cuerpo yacía dentro. El dolor que sentía era inimaginable, jamás en mi vida llegue a sentir un dolor tan inmenso. Sentía que me quemaba por dentro, tenia mis ojos rojos de tanto llorar en mi habitación, siempre lo hacía en mi habitación, nunca fuera de ella, no dejaba que nadie me viera, pero mi rostro gritaba que estaba mal, muy mal.
Tome el primer avión que salió del aeropuerto de Miami Florida a Madrid, estaba tan desesperado que la señorita que atendía el mostrador me pidió que me tranquilizara o llamaría a seguridad, que me daría el boleto con el primer vuelo. Recuerdo haberle gritado que quería el boleto ya, fui grosero lo sé, pero la desesperación que sentía era tan inmensa como el mar.
Estaba toda su familia, su madre, su padre, varios amigos de los cuales me platico y mostro fotos, solo por eso pude reconocerlos, todos tenían los ojos hinchados de tanto llorar, y como no si era una persona excepcional, como ella no hay dos en el mundo de eso estoy muy seguro. Recuerdo cuando la vi fue hace tres años aproximadamente. Estábamos en la preparatoria, tuve que ir a la biblioteca por un libro que un profesor nos encargó, yo jamás había entrado a ese lugar, siempre que necesitaba un libro mi mejor amiga Laura era la que me lo traía, pero esa vez se encontraba en un curso así que entre, inmediatamente percibí un aroma muy agradable, era un poco dulce pero floral al mismo tiempo, busqué el difusor de aroma, pero no lo vi por ni un lado, el aroma me embriago que quería saber de donde provenía. Después de un momento de apreciar el riquísimo aroma e inundar mis fosas nasales, me dirigí a la sección que tenia apuntada en la mano, entre más me acercaba más se intensificaba el aroma, parecía que iba directo a la fuente. Llegué y comencé a buscar el libro, llevaba ya unos diez minutos y nomas no lo encontraba, maldecía en voz baja por que no lo encontraba. Cuando creí encontrarlo, tomé el libro y no era.
—¡Demonios! — Exclame fuertemente, una risa femenina que provenía del siguiente pasillo se burló.
—Con esa paciencia, menos lo vas a encontrar — Dijo ella a través del muro de libros que nos separaba, sonaba tierna, dulce pero segura al mismo tiempo. Sonreí por su comentario asi que decidí retarla, sirve y me ayudaba.
—¿Así? ¿Crees que lo encuentres más rápido que yo? — Eso era imposible, llevaba ya bastante tiempo buscándolo, lo más seguro es que no estuviera.
—Apostaría mi vida —Dijo muy segura y animada.
—Si vienes y lo encuentras en menos de 5 minutos, te debo lo que quieras. —Estaba arriesgándome, pero 5 minutos no era tiempo suficiente para encontrarlo.
—Echo. — Cerro el trato rápidamente como si fuera arrepentirme.
Y en estos momentos quizá si me arrepienta, por que perderla nunca estuvo en mis planes, si supiera que pasaría esto me hubiera ido corriendo de aquel momento.
Mis ojos estaban fijos y ansiosos de ver de quien era esa voz tan bella, y no me decepciono, ahí estaba ella, de estatura baja, cuerpo delgado, pero con proporciones muy atractivas, su piel color blanca y cabello color miel, sus facciones eran perfectas, tal y como su voz. Y justo cuando la tuve de frente percibí su aroma, era ese aroma tan cautivante que me atrapo cuando entre, pertenecía a ella, claro a quien más iba pertenecer. Sonreí al encontrar la fuente del aroma mas rico del mundo, ella también sonrió, quizá porque yo no era nada feo, o eso decía todo mundo, era uno de los mas populares de la escuela y no porque quisiera serlo si no porque me nombraron capitán del equipo de futbol, hacia natación y mi cuerpo estaba en forma, tenía músculos y era de piel clara y con mi cabello cortado uniformemente color castaño. Seriamos la pareja perfecta.
—A ver muéstrame que estas buscando. — Le entregue el papel y soltó una risita ahogada.
—¿Qué es lo gracioso señorita? — Dije fingiendo estar molesto.
—Que estas buscando en la sección equivocada, esto es de física y tu estas buscando en química, jamás ibas a encontrarlo. — Me toque la nuca con la mano, apenado.
—¿Pues lo mismo no? —Volvió a reír, al menos la estaba pasando bien, no dijo nada y comenzó a caminar unos pasillos mas delante, yo la seguí, tratando de mirar a otro lado que no fuera su bonito trasero, no la conocía y quería respetarla, llego al pasillo, busco en unas cuantas filas y como si nada saco el libro, claro en menos de 5 minutos. Me lo extendió.
—Aquí tiene joven — Su sonrisa era de puro triunfo. Tome el libro.
—Gracias, no sabría que hacer sin ti. — Eso salió sin pensar de mi boca, ella abrió los ojos como plato, pero después los relajo y dijo.
—Estarías perdido.
—¿Y que es lo que vas a querer a cambio?
—Un helado— Estaba proponiendo que saliéramos y yo no dejaría pasar la oportunidad.
—Claro, soy Jae.
—Un placer yo me llamo Elizabeth.
Ver como le echaban la tierra en ese hoyo de mierda, hizo que mi respiración comenzara a acelerarse, otra pala de tierra, mi respiración estaba al límite que empecé a respirar entre cortado y ruidosamente, otra pala de tierra, comencé a sentir que me temblaban las piernas, no me sostendrían, otra pala de tierra, sentía que la garganta me quemaba, tenia que gritar para librarme de todo, otra pala de tierra, no soporte más, grite, grite eufórico y muy fuerte, todos me miraron, caí de rodillas.
—¡¡¡Eliiiizaaaaabeeeeeth!!!— Comencé a gritar su nombre sin parar, una y otra y otra vez. Las lagrimas comenzaron a rodar sin que pudiera impedirlo, en mi mente pasaban imágenes de todos los momentos juntos mientras yo seguía gritando su nombre, otra pala de tierra, sentí unos brazos que me rodeaban, pero yo solo podía mirar el féretro cubierto de tierra, las mano me obligaron a mirarlos los ojos de la persona que me había abrazado, la madre de Elizabeth estaba arrodillada junto a mi y su voz resonó muy lejos, pero clara.
—Ella también te amaba— lagrimas corrían por sus mejillas, entonces por un momento dejé de pensar en mi dolor y pensé en el de ella, ella era su madre, la llevo en su vientre 9 meses, la crio desde bebe, la vio crecer, la amo incluso más que yo, ¿Cómo podía ser tan fuerte? Si yo estaba derrotado, aplastado, desmoronado y ella estaba siendo fuerte, tan fuerte como un roble, sus manos me ofrecieron una rosa blanca, la tome confundido. Entonces todos comenzaron a lanzar rosas rojas en aquel féretro cubierto de tierra, me puse de pie con ayuda de su madre y mire la rosa blanca, después mire el féretro que ya estaba cubierto de rosas rojas arrojadas por sus seres querido, entonces con un nudo en el estómago y mientras mis lagrimas volvían a recorrer mis mejillas lance la rosa blanca que quedo encima de todas las rosas rojas, sobresaltaba, era ella entre todos, sobresalía ante todos.
—Voy a querer de vainilla.
—Solo vainilla, pues escoger otro sabor.
—No. Solo vainilla.
—Me pone un cono triple de vainilla por favor— Le dije a la señorita del mostrador
—¿Triple? —Elizabeth se sorprendió, y aun mas cuando vio el cono con las tres enormes bolas de vainillas de su cono, lo tomo con delicadeza y me miraba con asombro.
—El mío doble de napolitano.
Nos sentamos en unas banquitas muy elegantes fuera del local, Elizabeth se movía con cautela, para que no se le cayera el helado. Se sentó enfrente de mí, verla comer su helado era muy tierno, jamás algo me había parecido tierno, pero ella, era lo mas bello y era el concepto de tierna en persona.
—Con un cono sencillo hubiera estado feliz— Me dijo mientras trataba de comer su helado.
—Pues ahora eres el triple de feliz — Ella me sonrió. — No te había visto en la escuela, acabas de entrar.
—Hace unas semanas me transferí, y aparte paso el tiempo libre en la biblioteca.
—Eso explica todo… te gusta leer ¿verdad?
Asintió lentamente.
—¿Y porque de transferiste y de dónde?
—Es un poco larga la historia.
—La tarde es larga y si no alcanza la noche más. — Quería oír su historia, y eso que no me gusta oír a nadie, pero su voz era tan hermosa que podría pasar horas escuchándola y que mejor que conociéndola.
—Vivimos aquí hace años, yo tenia unos 5 años y mi hermana tenia unos 15 años, pero a mi padre le ofrecieron un trabajo en Madrid, mi madre no quería ir porque acaba de comprar un departamento y no quería abandonarlo, ni venderlo, así que decidieron que mi padre se iría primero y en lo que mi madre arreglaba cosas aquí pasaron 3 años mi hermana era mayor de edad. Mis padres peleaban mucho porque querían estar juntos así que dejaron a cargo a mi hermana del departamento y mi madre y yo fuimos con mi padre que le estaba yendo muy bien y ya había comprado una casa, y hace poco cuando pase a la prepa decidí que quería estudiarla aquí y estar con mi hermana, aparte tendría mi espacio y un poco mas de libertad, pero solo en lo que acabo la preparatoria.
—Eso significa que vas a irte.
—Si pero en tres años que son los de la preparatoria asi que me queda un buen tiempo aquí.
Eso me puso feliz, de cierto modo. Le conté un poco de mí, sobre el futbol, de las materias en las que era malo, reímos bastante y al final del día la lleve hasta la puerta del departamento donde vivía, nos despedimos con un pequeño abrazo que ella me dio rápidamente y entro. Ese día fue uno de los mejores que jamás creí tener.
Estaba en la habitación del hotel, no podía estarme quieto, iba de aquí, para allá. No podía creer que acabamos de enterrar a mi prometida, que ella estaba tres metros bajo tierra, tome el celular y marque.
—¿Dónde vienes? ¿media hora? Es mucho, písale, a entonces dile que le pise a ese estúpido chofer acá le doy más dinero. Si aquí te espero me marcas.
Avente el celular a la cama, el sonido del timbre me sobresalto, estaba paranoico o algo porque lo que sentía estaba acabando con mi cordura. Cuando abrí la madre de Elizabeth estaba de pie frente a la puerta, abrí la puerta.
—Señora Clare —Trate de sonar lo mas tranquilo posible pero la oración salió pidiendo ayuda. Ella me miro con condolencia.
—Jae se que esto es… si dijera difícil seria mentira — Tenia razón difícil era un examen de física, difícil era decidir entre ir a Las Vegas o Paris, difícil era prepararte para el examen de la universidad, esto era mas que eso. — Pero ella no quisiera verte destruido. — Se me escapo una risa de absurdo, sentía que ya no quería continuar. — se que puede sonar absurdo, pero ambos sabemos que tengo razón, la conocíamos y quisiera que fueras valiente.
—Si señora lo sé, pero esto está matándome.
—Imagínate a mí — comenzó a llorar — quisiera meterme con ella en aquel ataúd y abrazarla y quedarme ahí con ella. Es mi única hija y apenas había vuelto a tenerla conmigo después de tres años de no verla. Lamento tantas cosas — se limpio las lagrimas — pero lamentarnos no sirve de nada, solo vine a decirte que te estimamos mucho, ella hablo de ti todos estos años con nosotros por videollamada, llegando aquí tu nombre no salía de su boca. Y quería agradecerte en persona por cuidármela estos tres años, por protegerla. Si necesitas cualquier cosa no dudes en decírnoslo — Me ofreció una pequeña caja negra, encima de ella estaba una tarjeta con unos números, lo único que quería de ellos ya no esta en este mundo. Aun así, le di las gracias. Me abrazo, y por un momento sentí que iba llorar de nuevo, pero me aguanté, no quería llorar más. Se marcho, me ofrecí a llevarla, pero me dijo que la había traído su chofer, deje la caja negra encima de la barra, pero la curiosidad de lo que podía ser me atrajo y la tome, cuando la abrí, la mano me tembló, me lleve la mano a la boca para evitar salir el sosollo, mis lagrimas salieron tan rápido que no pude apartarlas. En la caja yacía el anillo de compromiso que le había dado antes de que volviera a Madrid. Cerré la caja, no podía verlo, lo metí a mi mochila para que la tentación de verlo y seguir llorando desapareciera. Lo compre cuando le pedí que fuera mi novia, había llegado un dinero que no tenia previsto, y pasaba por la mejor tienda de anillos, cuando lo vi supe que era perfecto para ella, pero ese día a penas iba pedirle que fuera mi novia así que compre un collar y también el anillo porque yo la quería en mi vida para siempre. Esperaría el tiempo necesario. Cuando supe que ella regresaría le pregunte que iba pasar con nosotros, creí que terminaríamos, pero sus palabras me dieron a entender que me quería en su vida.
—Iré, estudiare la universidad, nos veremos en vacaciones y vendré a verte los fines de semana, y puedes ir a verme, sé que será complicado al principio, pero si ambos queremos haremos que funcione hasta poder volver a estar juntos y esta vez para siempre.
Al día siguiente le prepare la sorpresa de su vida, la lleve a una cita, a su restaurante favorito, la lleve a ver las estrellas porque le gustaban mucho y mientras ella no se daba cuenta, me arrodille y cuando volteo a verme saque el anillo y le pedí que fuera mi mujer. Ella lloro de la emoción, mis ojos se pusieron vidriosos cuando me dijo que sí. Esa noche antes de dormí me acorde que hacia ya dos años le había propuesto que fuera mi novia entregándole el collar con el anillo en la bolsa, tenía planeado contarle esa anécdota en la boda, decirle que cuando le pedí que fuera mi novia en la bolsa del pantalón yacía el anillo con el cual le propondría matrimonio, porque sabia que era ella, lo sabia desde que la vi en esa biblioteca.
Y ahora ese anillo estaba en mi mochila, en vez de su hermosa manita.
Después de una eternidad, tocaron en la puerta yo ya sabia quien era me apresure abrir y la vi, casi lloro, la abrace fuertemente, Laura era la única que quizá podría comprender como me sentía, recuerdo cuando me ayudo averiguar si le gustaba a Elizabeth después de varias salidas a comer.
—Dime, dime que te dijo Elizabeth, ¿Si le gusto o no? — le pregunte impaciente, ya habíamos salido un par de veces, fuimos a comer comida coreana, después la lleve a la pista de hielo, ella parecía fascinada. Después la lleve a un lago y hicimos un picnic cosas que no hacia y que no me hubiera visto jamás haciendo, pero es que Elizabeth sacaba lo mejor de mi, quería hacer todo con ella, se que tenemos 15 años, pero siento que la amo, no quiero parecer desesperado, pero no se si yo le guste a ella.
—Cálmate, jamás te había visto de esta forma, pareces imbécil.
—¿Eso es un sí?
—Me dijo que tenía miedo…
—¿Miedo? — la interrumpí —¿Por qué?
—Si me dejas acabar lo vas a saber, zopenco — asentí desesperado — dijo que tenia miedo porque le gustas a todas las de la prepa y que no se siente preparada para lidiar con todas esas zorras.
—¿Ella dijo zorras? —Me quede perplejo, Laura se rio.
—Por supuesto que no jaja, ella jamás diría zorras dijo muchachas, pero que si que sí le gustabas— brinque de la emoción, le di unos abrazos a Laura que ella se aparto bruscamente y me dijo que si la volvía abrazar no me ayudaría de nuevo.
—Ya me encargare yo que jamás dude de mí, que no me interesa ni una de esas zorras.
—Hay Jae — dijo con lagrimas en los ojos — Como quisiera quitar todo ese sufrimiento que estas cargando, cuando me mandaste ese mensaje, tome el primer vuelo para acá, sabía que no podía dejarte solo, si yo no puedo creerlo y me duele tanto, no quisiera imaginar como estas sufriendo.
—Si, quisiera ser un robot y no sentir absolutamente nada.
—Pero ¿Qué paso? — Comenzó a servir te tranquilizante que cargaba en su bolsa, no podía faltarle nunca.
—Sus amigas la convencieron de ir a una fiesta…tuvieron un accidente automovilístico, ella iba de copiloto.
Aun recuerdo la videollamada que me hizo ese día. Jamás imagine que esa seria la ultima vez que la vería, aunque fuera por cámara. La partida fue dura ese día me levante temprano para llevarla al aeropuerto.
—¿Esta todo listo? — dije subiendo la maleta a la parte trasera del auto.
—Si — dijo desanimada, no me gustaba verla asi.
—Hey iré a verte cuando ya estes lista con lo de la universidad.
—Me lo prometes.
—Te lo prometo, podrás darme un recorrido, y …presentarme a tus padres.
—Si es lo que más ansió, ya les he hablado de ti y se mueren por conocerte. Aparte debes pedirles mi mano formalmente porque, aunque ya te di el sí, tienes que pedirle a mi padre el permiso. — desde que le propuse matrimonio me había prevenido que lo haría y eso si me daba nervios, los conocería en persona, a mis suegros.
Verla abordar me partió el corazón, pero me reconfortaba que la vería muy pronto. Una semana después de que se marcho hicimos videollamada todos los días, el día anterior me hizo videollamada diciéndome que asistiría a una fiesta.
—Si, yo no quiero ir, pero como mi cumpleaños es el lunes dijeron que querían festejarme.
—Tienen un punto a favor, aparte recuerda que iré el miércoles y te festejare.
—Si ya quiero que sea miércoles, extraño mucho verte, voy darte muchos besos, y abrazos.
El día siguiente no supe de ella, me mando un mensaje que ya iba a la fiesta, y no quería ser el novio sofocante así que decidí darle esa noche para que disfrutara y a las 3:48 de la mañana recibí la peor llamada del mundo.
El sonido de la llamada me despertó abruptamente, cuando vi el numero era desconocido, no iba responder, pero sentí un hueco en el corazón.
—Bueno— respondí confuso.
—Jae soy la madre de Elizabeth — se oía sosoyando como si no pudiera dejar de llorar— Ella tuvo un accidente, esta grave en el hospital — el alma abandono mi cuerpo, la mano con la que tenia el celular me temblaba, que no pude sostenerlo y se me cayo.
—Ya tenia reservado un vuelo para mañana miércoles, a penas la vería Laura, ¿Por qué no pude hacer nada para salvarla? — me abrazo. — No quiero un mundo sin ella, entiendes eso.
—No seas estúpido, si hubiéramos sabidos todos haríamos algo al respecto, pero asi es la vida y no podemos cambiar nada, solo ser mejores y tomar mejores decisiones.
—Si la hubiera convencido de que se quedara conmigo, y que estudiara haya, esto … esto…
—No lo sabes, tu no sabes que hubiera pasado… deja de torturarte.
—Solo sé que jamás podre olvidarla, jamás.