Fuego Sueño

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Sinopsis

Él estaba acostumbrado a una vida sin problemas, con viviendo con sus abuelos y alejado a la atracción de las tecnologías actuales. Sin embargo, un día en particular. Exactamente un día antes del décimo quinto año consecutivo del célebre día que se conmemoró al Dios Tian ke. Un ser extraño y sin matices de colores más que un oscuro profundo cayó en el jardín del joven Kirim.

Estado:
En proceso
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Capitulo I

En el primer piso se podían oír los gritos de la abuela Killia, tan grueso y tosco, repitiendo una y otra vez las mismas palabras: "Esta lloviendo".

No le habría importado si no hubiera recordado que el día anterior se colgaron ropas y sábanas húmedas. Levantarse no le complico, siempre acostumbrado a que le perturben sus horas de sueño.

Bajo rápidamente y con brusquedad, casi se cae de las escaleras, el muy torpe. Abrió la puerta y se quedo mirando el estado de la lluvia, o quizás la ropa.

ㅡ¡Que haces ahí parado, ve recoge la ropa! ㅡ,dijo casi en un grito arenoso, que terminó por asustar a Kirim, el cual terminó saliendo corriendo.

Cada gota de lluvia parecían ser más grandes que la anterior, no importó cuán veloz fue su andar, simplemente terminó mojado, y las ropas que intentó salvar estaban igual a su estado. El frío entraba por lo más bajo de sus pues hasta las puntas de los dedos de su mano, cerró la puerta a penas pudo.

La abuela Killia estaba molesta, la ropa y sábanas mojadas, un total desperdicio. Termino por mandarle a que se cambiara mientras ella preparaba agua caliente para el té.

Así fue como lo hizo, al llegar a su habitación abrió el baúl que contenía algunas prendas. Revolvió todo pero no encontró nada que hiciera a la par con otras piezas, tenía guardado ahí su primer traje de la celebración en su nombramiento del primer año. Cada vez más pequeño al pasar los años, había pensado re-utilizar esa tela para otras túnicas. Pero eso era para más después, tenía que encontrar algo antes que los abuelos amargos lo reprendieran.

Tomo uno de los regalos que trajo su madre por su reciente cumpleaños, era una túnica Blanca por su interior, y en el exterior de un color lila claro. Era de una talla más grande y le quedó mas holgado de lo que había imagino.

Antes de ir con la abuela Killia fue a despertar a su tatarabuela y abuelo paterno. Ellos tenían un sueño profundo a diferencia de Killia, quien se levantaba a cada hora por cualquier cosa.

Cuando entro a la habitación de su tatarabuela se encontró con la sorpresa de ella, ya estando despierta. No pudo evitar sonreír ante la situación, pensó en la casualidad del que la más mayor siempre era la última en levantarse.

ㅡ¿Qué te paso?¿Por qué tu nariz está roja como la de un payaso, eh? ㅡDijo entre risas, mostrando sus encías sin dientes.

Kirim estaba acostumbrado a verla así cada mañana, quizás un poco peor, aún así siempre le daba escalofríos ver el futuro de la mayoría que llega a la alta edad. Él se prometió a sí mismo que jamás sonreiria si quedaba sin dientes, ni hablaría mucho, o comer con tanta gente al rededor.

ㅡNecesito mi té de hierbas...

Una forma implícitamente de decirle que le ayude a llegar al comedor. Después de los noventa, la tatarabuela Sened había dejado de caminar con normalidad, y necesitaba de alguien quien ayude en diversas cosas. Como bañarse, ir al baño, llevarla a donde quiera ir.

Si preguntaras cuál de todos era peor, Kirim sin duda diría que acompañarla ir al baño.

Antes de salir agarro una manta de cuatro colores con patrones a lo largo. Lo acomodó entre sus hombros y ató un nudo en el medio, en el proceso, Sened la miró con duda. Era grande y había veces que no identificaba bien el clima, cuando hacía calor tenía frío, también en viceversa.

ㅡEsta lloviendo, esta un poco fresco. Puede agarrar un resfriado. ㅡRespondio a sus dudas silenciosas.

Ya en la mesa se encontró con su abuelo junto a Killia, ya estaban sentados tomando su propio té. Dejo a Sened justo a lado de la abuela Killia, y él se sentó junto a su abuelo. La mesa era pequeña y solo tenía las sillas suficientes para ellos. Antes de que el llegara a esta residencia tenían una mesa pequeña y tradicional, no llevaba asientos sino que se arrodillan. Para Kirim fue una suerte que lo hayan cambiado, no estaba acostumbrado a esas cosas tradicionales y tampoco le llamaba la atención.

ㅡHoy me soñe con algo espantoso! ㅡ, con cierto pesar. Mientras mantenía sus ojos cerrados y agarraba su té en mano. Comenzó a contar sus sueños de puro invento.ㅡ Era como si una sombra oscura se pronunciaba por toda la ciudad, y la luz del sol se esfumó.

Sus otros abuelos atentos ante el relato de Killia, que más que palabras solo eran inventos del aburrimiento.

ㅡ¿Y qué pasó después? ㅡPrengunto con intriga el viejo abuelo.

Antes de continuar con su relato tomo un sorbo de su té de manzanilla. Al terminar, miro a los presentes uno a uno, manteniendo una mirada seria como si tratara de sembrar más incertidumbre.

ㅡ¡Habla de una vez vieja lenta! ㅡEscupio sin escrúpulos, la tatarabuela Sened. Mientras dio un suave pero no ruidoso golpe en la mesa.

La abuela Killia cambió de expresión, de una seria y calmada, a otra con una pinta rojiza. Como dos tomates, agrios y nada apetecible. Estaba molesta, y si fuera una tetera le habría salido humo por sus fosas nasales.

ㅡVieja usted, ya parece momia. ㅡRespondio fuerte y alto, solo faltaba que se levantara de su asiento y le apuntara en la cara. Sin embargo, ya son muy grandes para eso, y si llegase a levantarse abruptamente tendría un dolor en la columna en vez de una plática acalorada.

ㅡEs más, no soy vieja, solo un poco mayor...

Tanto el abuelo Jiabao como Kirim, decidieron desayunar tranquilamente ignorando la discusión de ambas mujeres de la edad mayor. No es que Kirim no haya intentado detener uno de esos alborotos, porque si, era casi a diario estos escenarios. El problema era cuando intervenía, no apaga al fuego, en vez ponía leña y con un abanico trataba de revivir las llamas.

Una vez terminado el desayuno Jiabao lo miró y dijo:ㅡQuerido hijo, en la tarde podrías traerme los libros de la estantería en mi cuarto. Tengo ganas de leer con este clima.

Kirim accedió, pero primero limpió los vasos y cubiertos usados. No podía dejarlo en manos de sus abuelas, por alguna razón poco misteriosa, cuando ellas se encargaban algo siempre terminaba roto. La decisión más sabia fue sacarlas de la cocina. En especial a Sened, cuando aún podía movilizarse por ella misma.

Ya en la tarde cuando termino de limpiar su habitación , habían desaparecido de su vista los tres abuelos. No tenía que buscarlos, sabía dónde estaban. Decidió buscar los libros del abuelo Jiabao primero.

Camino hacia el patio, con los libros ya en mano. Recordaba vagamente la primera vez que llegó a este lugar, su madre y él fueron recibidos por ese lugar. Era la parte trasera de la casa, tenía un jardín grande que contenía plantas medicinales y algunas flores, hasta árboles de naranja y limón. Había un camino de piedras que te llevaba hacia el interior, tenía puertas corredizas grandes, esa vez estaban abiertas. Dentro yacían los tres abuelos, sentados y con un aura tranquila. La abuela Killia estaba pelando la cáscara de una mandarina, mientras que Jiabao leía muy concentrado, y la tatarabuela Sened estaba tejiendo.

Era su lugar favorito para relajarse, siempre cada cierta hora iban a ese lugar. Específicamente después del desayuno, y en la tarde. Muy aburrido para Kirim, quien los primeros días lo había disfrutado, pero con el tiempo era como una roca en plena erosión, desgastada. No había nada en esa casa, mejor dicho, en todo el pueblo. Y con nada uno se refiere a creaciones tecnológicas. Mizu había crecido inicialmente con su familia en la capital de la ciudad, rodeado de televisores y celulares. Fue difícil para el estar en otro entorno, sumando el hecho que no había nada llamativo.




ㅡYa dejó de llover, eso es bueno ㅡDijo Jiabao mientras abría las puerta hasta sus extremos. ㅡYa me estaba cansando del calor, es tan pesado ya con la edad.



Sus dos abuelas estaban de acuerdo en sus pensamientos. El joven vio como Killia ordenaba sus fichas estelares, un juego que creo ella. Frente de ella estaba Sened, quien comía una papilla de manzana, que había hecho el día anterior.



ㅡAqui tienes abuelo, hoy es martes, así que te tocan leer estos.



Le entrego en sus manos, luego Jiabao se sentó junto a sus compañeras. Pero no muy cerca, si no poco se concentraría en leer, ya que ellas son tan charlatana.



Se iba a retirar pero su abuela Killia lo agarro en su descuido y lo obligó a sentarse.



ㅡEl pequeño Kirim está creciendo ㅡSonrio de costados mientras pelliscaba sus cachetes. Una vez que lo soltó dejó ambas mejillas un color rosáceo, por el pequeño apretón o quizás porque a Kirim no le agradó nada ese acto, lo repudiaron hasta la muerte.



ㅡ¿Dime Kirim, te conté sobre lo que soñé hoy? ㅡContinuo la abuela Killia una vez que el joven nego con la cabeza. ㅡuna sombra oscura se pronuncia sobre la ciudad, opacando al sol. Había como pequeños agujeros, pero en vez de negro, era brillante e intenso. De allí salieron bestias con cabezas de leones, y eran montados por una persona con cabeza de cerdo...



"Esta bien, desearía tener la imaginación de mi abuela"



Fue lo primero que pensó Kirim al oír el relato de su abuela. Esta claro que es un sueño, pero contenía demaciada historia como para ser real. Su madre ya le había advertido sobre ello, no creyó que fuera tan profundo sus inventos.

Después de eso dejo de apretar atención a lo que decía, más había veces que escuchaba un poco.



ㅡEl ratón se enamoró de la garza, pero su ambición era más grande, fue entonces que la astuta rata movió los hilos y saltó sobre las personas presentes, el hombre de cabeza de cerdo, el pato parlante, el gato sereno, el pavo dorado, y muchos más. Fue así como llegó al queso. ㅡDijo con seriedad en los ojos, luego taraeo al final, termino por decir entre risas ㅡoh, así no era, creo que ya olvidé.



ㅡ¿El pato parlante, el hombre con cabeza de cerdo? solo parece un sueño retorcido, abuela ㅡKirim ya estaba cansado y aburrido de estar ahí, prefirió partir antes que cuente otro cuento.ㅡ Lo siento, abuela, pero tengo que acomodar de nuevo la ropa. Creo que ya no lloverá, el sol está saliendo.



ㅡAh...si, ve y no te olvides de fijarte el estado de las plantas. Quizás con esta lluvia alguna habrá salido afectada.



Antes de alejarse por completo oyó como su tatarabuela Sened, pedía que siguiera con su relato. Era algo gracioso para el joven.



Una vez ya terminado de colgar, se fue a forjarse a las flores, la primera que vio fue a la flor llamada Jazmin. La cuidaba con demaciada vehemencia, era una de las favoritas de su hermano mayor. Los recuerdos del verano anterior se hacen presente, en ese entonces todo parecía mejor. Su madre decía cuanto había crecido su pelo y prometía contárselo después, sus hermanos bromeaban sobre ello, decían que era como un dizfras.



Kirim odiaba este lugar, porque inevitablemente siempre terminaba recordando su pasado, y dolia ver su presente.



Termino más rápido de lo que imagino en un inicio. El sol ya estaba por ocultarse, eso significaba una cosa, la hora de cocinar había llegado. Sin embargo, antes de avanzar oyó el ruido de una maceta al caer.



El jardín era grande, oscuro ahora que el sol se alejaba, y si Kirim fuera valiente iría a fijarse quien provoco el ruido. Pero él en realidad no es valiente, tampoco admitiría que le asustaba la oscuridad, solo se alejó rápidamente diciéndose así mismo que se hacía tarde para cocinar.



Intento quitar toda tensión en su cuerpo y cocinar tranquilamente. Los abuelos esperaban en la mesa mientras charlaban sobre el aumento de los precios en las verduras y frutas. Él no era nada ajeno a eso, lo cual el ambiente creado por ellos le brindó seguridad. Todo pensamiento negativo se esfumó con las críticas de Killia hacia el gobierno.



La comida estuvo lista a las ocho en punto, eso alegro un poco a Kirim, siempre le costó cocinar y ahora puede hacerlo más rápido que al inicio de su práctica. Sirvió en planteos ondos a todos, menos a el mismo.



ㅡ¿Tu no comerás, hijo? ㅡPregunto Killia, sus demás abuelos esperaban su respuesta.



ㅡNo, al cocinar comi un poco y me terminé llenando...iré a mi cuarto ㅡRespondio rapidamente, estaba con baja energía, deseaba acostarse y dormir, como sus abuelos en la mayoría del tiempo en el día a día.



Se marchó antes de tiempo, pero escuchó claramente cómo decía la abuela Killia: ㅡ"Si este chico no come, se morirá de hambre y estará todo flacucho".



No deseaba discutir con nadie ni nada, solo cerar los ojos. A veces se imaginaba el día en que le preguntase el porqué el esta ahí con ellos. Pero eso se veía lejano.



A penas entró a su habitación y se acostó en su cama con rapidez. Cerro los ojos unos instantes, sintió que todo estaba tan oscuro y silencioso. Claro, no le gustó y decidió ocultarse dentro el acolchado. Volvió a intentar cerrar los ojos, pero luego de unos silenciosos minutos el calor le terminó asfixiando.



Sentío en su interior que no debía destaparse, en especial cuando sintió una presencia que lo miraba. No era ajeno a eso, desde pequeño vivió con terror a la oscuridad y lo que se ocultaba allí, todo por las películas de terror. Aún así, una cosa era una película o cuando era niño, Kirim ya había crecido y no dejaba de sentir eso, no sabía la causa que generó ese sentimiento. Penso por un instante en el extraño sueño de la abuela Killia.



Decidió que se destaparia rápidamente y miraría a su alrededor, así de una buena vez estaría en paz al ya haber verificado. Contó hasta tres y se destapó.



Miro de un lado, luego del otro. Se relajó al no encontrar nada sospechoso, se iba a dar vuelta para dormir, hasta que vio perfectamente, por el rabillo del ojo como una cosa oscura, mucho más oscura, se movía muy cerca de su armario.

En ese instante, Kirim sintió con perfección como su corazón dejó de latir, y el reloj de mecánico dejo de sonar. El sonido de los pájaros eran lejanos. Incluso sus abuelos, que continuaban en el comedor, eran lejanos, como si se unieran para hacer un silencioso vacío.



Había imaginado un día en el que su corazón estuviera acelerado. Cómo cuando se enamorará de una chica, quizás cuando su familia se reuniera de nuevo...



Nunca, cuando viera algo tan extraño, como ese ser que intento ocultarse de los ojos del joven Kirim.